¿Es Martín Vizcarra un gobernante autoritario?

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(Foto: El Comercio)

Hace un par de semanas, el expresidente estadounidense Barack Obama publicó en su cuenta en Facebook una lista con los libros que más le habían gustado en 2018. Entre ellos, resalta un volumen con un título bastante provocador: Cómo mueren las democracias, cuya edición en castellano ya se puede conseguir en Lima.

Este texto, escrito por los politólogos y docentes de la Universidad de Harvard Steve Levitsky – un viejo conocido del Perú – y Daniel Ziblatt, trata de explicar las razones por las que líderes populistas de diverso signo ideológico han constituido, tanto en el siglo XX como en la centuria actual, uno de los mayores peligros para la democracia.

En particular, ambos autores buscan explorar, a partir de lo ocurrido en diversas partes del mundo, cómo fue posible el ascenso de Donald Trump y cómo evitar que un liderazgo como el suyo sea nocivo para la preservación de uno de los sistemas políticos más consolidados del mundo. Y parten desde una premisa que Levistky ya ha explorado en otros libros y que a los peruanos nos parece conocida: las democracias ya no solo caen por efecto de una tanqueta, sino (y sobre todo en los últimos 25 años) a través del ejercicio tiránico del puesto.

En América Latina, Alberto Fujimori fue el triste precursor contemporáneo de una tendencia que luego siguieron Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Daniel Ortega y, en menor medida, Evo Morales (aunque anda dando pasos seguros a incorporarse al primer grupo) y Rafael Correa. Desde distintas orillas ideológicas, muchos temen que Jair Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador vayan en esa dirección (aunque solo el primero parece dirigirse aceleradamente, por ahora, en ese rumbo).

En los últimos meses, sobre todo desde que lanzara el referéndum, nuestra “coalición conservadora criolla” ha buscado colocar como idea que el actual Presidente de la República es un gobernante autoritario y que está en un camino de copamiento institucional muy similar al que tuvo Fujimori en la década de 1990. Este grupo de personas esgrime razones muy variadas por las que Martín Vizcarra estaría en esta vía: “tapar la corrupción” de “sus aliados” (léase, Alejandro Toledo, Susana Villarán, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski), “encubrir su propia corrupción” (entiéndase, el caso del aeropuerto de Chinchero) o tratar de tapar “su incapacidad como gobernante”.

¿Es esto cierto? Lamento desilusionar a mis seguidores conservadores, pero la respuesta es negativa, en un doble sentido.

Vizcarra no se ha apoderado de ninguna institución pública. En toda su actuación, ha utilizado las armas que le otorga la Constitución para presentar sus iniciativas: referéndum, comisiones del Poder Ejecutivo, envío de proyectos de Ley al Congreso. Tampoco ha forzado mecanismos de corrupción para alcanzar sus objetivos. Ha hecho, hasta ahora, política pura y dura, dentro de los cauces institucionales. Y, además, no ha buscado la disolución del Congreso de la República.

Para salir de dudas, Levitsky y Ziblatt hacen un examen sobre los indicadores clave de un comportamiento autoritario, que se basa en cuatro aspectos: rechazo (o débil aceptación) de las reglas democráticas del juego, negación de la legitimidad de los adversarios políticos, tolerancia o fomento de la violencia y predisposición a restringir las libertades civiles de la oposición. En ninguna de las preguntas vinculadas a estos aspectos se obtendría una respuesta afirmativa. Compruébenlo ustedes mismos:

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(Fuente: Levitsky y Ziblatt 2018: 33 – 35)

No faltarán quienes digan: “Pero Keiko Fujimori, que es la lideresa de la oposición, está encarcelada”. Pero no es por acción del gobierno. Como lo han señalado ya dos instancias del Poder Judicial, hay serios indicios de comisión de delitos, así como de obstrucción de la justicia. Y, para mayor garantía, al negar el asilo a Alan García, Uruguay terminó confirmando ante la comunidad internacional que cumplimos con los estándares mínimos de una democracia.

También habrán los que indiquen: “pero el proyecto sobre el Ministerio Público constituye una intervención sobre otra institución”. La iniciativa, en particular, no genera un organismo interventor al estilo Blanca Nélida Colán, como se hizo en los noventa, por lo que vocación de control no tiene. Discusión distinta es la de si es la medida más conveniente o si pasaría un estándar de inconstitucionalidad. Y, claro, es necesario mencionar también, como apunta hoy Andrés Calderón, que tanto el MP como el Congreso de la República tienen la llave para salir del señor Chávarry con celeridad y con el menor costo institucional posible.

Descartada la intención autoritaria, quedan las tres críticas hechas desde nuestra “coalición conservadora criolla”. Y las tres no pasan una prueba de sustento.

Como bien refirió Marco Sifuentes en su columna de ayer: “Humala y Heredia fueron a prisión, como ahora Keiko; y la situación de García es de lejos mejor que las de Villarán y PPK, a quienes sí les allanaron las casas y les congelaron las cuentas”. Añado a ello: el proceso de Toledo sigue las rigideces de un tratado de extradición bastante formalista y que, antes de llegar a un juez federal en California, requiere un previo examen de los Departamentos de Estado y de Justicia. Nadie en su sano juicio defiende a estas personas y sus inconductas – muchas de ellas, con contenido penal -, por lo que esta cuestión queda sin sustento.

El caso Chinchero es más sencillo de explicar: un mal contrato no supone un delito. Y ese mal contrato proviene desde el gobierno de Humala. Tampoco hay evidencia que involucre al Presidente actual en ilícitos penales en torno a este tema.

Finalmente, no está mal que el Presidente de la República se compre el pleito anticorrupción. Por el contrario, se trata de una materia que, durante los últimos años, ha sido considerada como una de las dos más importantes para los peruanos. Por tanto, indicar que “se tiene que ocupar de otras cosas” resulta ser una falacia. En lo que sí coincidimos es en que el Poder Ejecutivo debe mejorar su performance sectorial, buena en algunos casos, discreta en otros.

A la luz de la lectura del libro de Levitsky y Ziblatt, queda una pregunta por dilucidar: ¿estamos en peligro de consagrar a un líder populista autoritario en 2021? Intentaremos responderla en un siguiente post, en los próximos días.

Venezuela y Perú: política exterior, politiquería interior

Grupo de Lima
Grupo de Lima respalda decisión del gobierno peruano para evitar llegada de Nicolás Maduro a Cumbre de las Américas (Foto: AP)

 

Los vaivenes del gobierno peruano sobre la presencia de Nicolás Maduro en la Cumbre de las Américas a realizarse en la quincena de abril en Lima pueden resumirse, con total exactitud, en esta caricatura de Andrés Edery:

Edery Maduro Venezuela
Foto: El Comercio

Dejémoslo en claro: hace varios años que Venezuela no vive en democracia. El régimen inaugurado por Hugo Chávez y prolongado por Nicolás Maduro no garantiza elecciones limpias, justas y transparentes. Atenta contra varios de los derechos humanos de sus ciudadanos (sobre todo, de sus opositores). Y con el cuento que se “enfrenta al Imperio” (es decir, a Estados Unidos), el autoritarismo venezolano se va por las dos décadas de gobierno casi ininterrumpido. Peor aún, cada día da más muestras de convertirse en una dictadura desembozada y su política económica ya rebasa incluso los históricos niveles de incompetencia del primer gobierno de Alan García.

¿Este problema debe importar al Perú? Sí. Venezuela es un país con lazos bastante estrechos con el nuestro desde la lucha por la independencia nacional y, tradicionalmente, hemos mantenido buenas relaciones. Nuestro país, desde que cayó el régimen fujimorista, ha tenido una voz activa para pronunciarse sobre la democracia en nuestro continente. Y a ello se suma el importante número de ciudadanos venezolanos que han visto en nuestra patria un destino atractivo de migración.  En suma, el gobierno peruano había hecho bien en condenar los constantes atropellos cometidos por el chavismo – madurismo y en acoger, en la medida de nuestras posibilidades, a la diáspora venezolana que llega a Lima.

El problema es cuando se usa el drama venezolano para asuntos de politiquería interna.

Resulta cierto que la relación entre el chavismo y la política interna peruana siempre ha sido bastante complicada. En 2000, cuando nuestro último autócrata se iba por los diez años de gobierno, las relaciones entre Fujimori y Chávez eran bastante amistosas. De hecho, Venezuela terminó defendiendo al régimen fujimorista en la famosa cumbre de la OEA en Windsor (Canadá), cuando la misión especial electoral declaró que los comicios de aquel año habían sido una farsa. Eran tiempos del “Ritmo del Chino” y de otros bailes.

Keiko Chavez
Keiko Fujimori y Hugo Chávez en singular trencito bailado en un aparte de la Cumbre de Río en 2000 (Foto: La Mula)

Huído Fujimori a Tokio, la relación entre Chávez y el Perú se volvió más tirante. Vladimiro Montesinos terminó refugiado en Caracas y traicionado por sus vigilantes, sin que se llegara a esclarecer si es que el gobierno venezolano lo protegía. Cuando se produjo el intento de golpe de Estado de 2002, Alejandro Toledo saludó la breve caída de Chávez y tuvo que callarse cuando volvió al poder 72 horas después.

Y, cuando el régimen chavista rebosaba en petróleo y George W. Bush andaba en lo peor de su desprestigio en la región, al gobierno venezolano no se le ocurrió mejor idea que crear aliados en América Latina. Los apapachos a Ollanta Humala – con una fundada sospecha de financiamiento – en 2006 iban en esa línea. De allí que, hábilmente, Alan García planteara en la segunda vuelta electoral de aquel año una disyuntiva: “O Chávez o el Perú”. Y así ganó las elecciones.

El intento chavista de inmiscuirse en la política peruana generó un temor bastante fuerte en nuestra derecha. Como indicó hace algunos años Marco Sifuentes, nuestro establishment empresarial – político – mediático – religioso le perdonaba todo a García II y armaba unas teorías de la conspiración dignas de la Guerra Fría en base al miedo al chavismo o al “comunismo internacional”.  A la par – recuerden, la vieja escopeta aprista de los dos cañones -, discretamente García hacía las paces con el sátrapa de Caracas, con miras a un mejor escenario regional por la demanda a Chile sobre nuestros límites marítimos.

Pero nuestra DBA no veía estas sutilezas y se quedó con la “lucha contra el chavismo” como único objetivo internacional. De allí que emprendieran con todo contra Humala en 2011, esgrimiendo que Lima se convertiría en una nueva Caracas. A pesar que el líder nacionalista hace rato que miraba más a Brasilia. Y ya saben cómo quedó aquella elección.

Chavez Humala
El cuco de nuestra derecha, cuando hacía rato que Humala era más cercano a Brasilia que a Caracas (Foto: Perú.21)

Más allá que los vínculos entre Humala y Lula estén más que probados, en el imaginario de nuestra derecha siempre quedó que el exmilitar “sacaría la garra chavista” en cualquier momento. Si quieren explicarse porque el marcaje a presión a Humala en materia económica incluso cuando desechó su plan de gobierno original, se encuentra en este miedo.

Y cuando económicamente no había cómo sostenerlo, este miedo continuó en dos elementos poco aclarados por Humala: la “reelección conyugal” – desmentida luego de un año básicamente por torpeza de quienes gobernaban – y la ausencia de una condena abierta al régimen venezolano. Este último punto, me confirman dos personas que trabajaron con Humala, tenía la misma explicación que la política de acercamiento de Alan a Chávez: no abrirse un frente en América Latina ad portas de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia sobre nuestro diferendo limítrofe marítimo con el vecino del sur. De hecho, como explica bien el internacionalista Óscar Vidarte, luego de superar el juicio en La Haya, el gobierno de Humala fue más proactivo en una posición algo más dura frente a Caracas, sin mucho eco en la región.

Existió otro abono a estos temores: la posición de nuestra izquierda frente al régimen venezolano. Con honrosas excepciones – Susana Villarán y Alberto Quintanilla, entre ellos -, varios voceros zurdos hicieron gala de lo que Fernando Tuesta ha calificado bien como un mito: la solidaridad internacional. En parte de la izquierda peruana sigue primando una postura que lleva al abrazo inmediato hacia aquel que se proclame como ellos o se oponga al cuco eterno: Estados Unidos. Y en otro sector, el temor a quedar “cercano a los intereses de la derecha” hace que varios duden en condenar a un régimen que hace buen tiempo dista de sus sueños de igualdad y lucha por los pueblos. Si el manejo político del “antichavismo” dura aún en la política interna peruana es, básicamente, por la pobre distancia que buena parte de la izquierda peruana ha tenido frente al chavismo.

PPK Capriles
PPK ha mostrado una actitud más proactiva de apoyo a la oposición venezolana. Aquí con el exgobernador Henrique Capriles (Foto: La Mula)

En esa línea, Pedro Pablo Kuczynski había acertado en cuestiones formales, al tener una política más dura frente al chavismo. Se percató que estaba del lado correcto en términos internacionales, pero también se dio cuenta de los réditos internos que implicaba colocarse frente a un gobierno rochosamente autoritario y que goza de pocas simpatías en nuestro país.  Y, precisamente, ante la desesperación tanto por la caída en las encuestas como por el desprestigio internacional de su gobierno, que PPK acude a “la vieja confiable”.

Ya no es un secreto que el Papa Francisco se negó a incluir la palabra “reconciliación” en sus discursos en el Perú, porque estaba prevenido del uso politiquero de la palabra, post indulto irregular a Fujimori. PPK esperaba este aval internacional, que le fue esquivo. Y hoy requiere un tema que le permita, en teoría, hacer un juego a tres bandas: recuperar iniciativa interna y bajar la tensión con el fujimorismo, aislar a la izquierda parlamentaria que hoy busca vacarlo (sabiendo que en el otro lado tiene también a gente con reflejos de 1970, como Marco Arana) y tener algo más de prestigio internacional.

El problema es que la maniobra ha sido tan grosera y la ejecución tan chambona que el papelón ha sido mayúsculo. Nicolás Maduro ha brindado un discurso que le sirve en términos internos, dado que se sigue colocando como la “víctima del Imperio y sus aliados”, como internacionales, dado que podríamos terminar con una Cumbre de las Américas con un posible boicot de los aliados de Caracas. Al mismo tiempo, no pocos opositores al régimen venezolano le han criticado la inconsistencia, pues con los mismos motivos que se han tenido para “desinvitar” a Maduro se le debió retirar la alfombra roja al cuestionado presidente hondureño Juan Hernández (reelegido en comicios que la OEA ha calificado como irregulares) y al dictador de Cuba Raúl Castro. Y somos varios quienes pensamos que lo mejor era dejar que Maduro venga, para hacerle una masiva protesta de peruanos y venezolanos opuestos a su régimen autoritario.

Así las cosas, el gobierno peruano acelera una descomposición mayor, en la que el único objetivo de cada día es sobrevivir. Y cuando ello se convierte en premisa única para la actuación de un presidente, queda más claro que el país está a la deriva. Incluyendo a nuestra política exterior, uno de nuestros pocos estamentos que estaba libre de los vaivenes politiqueros cotidianos.

Hitos comentados de la Visita Papal

Papa Francisco Peru
Foto: El Comercio

Amazonía: Para quienes no han leído o escuchado mucho al Papa en los últimos años, sorprendió mucho la dureza de la palabra del pontífice sobre los problemas que azotan a la selva peruana. Sin embargo, bastaba revisar la visión de la Encíclica Laudato Sí para percatarnos que el Papa no es precisamente un hincha del libre mercado a ultranza (ojo, más allá de su anticomunismo, tampoco lo era Juan Pablo II) y que tiene un mensaje ambiental bastante congruente. Importantes palabras en contra de la trata de personas y la promoción de la interculturalidad. Sin duda, el hito más importante de la visita fue la visibilización de una región y un conjunto de ciudadanos habitualmente olvidados desde Lima. Se viene un Sínodo de obispos amazónicos, donde se discutirá la agenda planteada por el Papa.

Catolicismo: A diferencia de Chile – donde el viaje ha sido calificado casi como un desastre -, la visita tuvo actividades con una importante cantidad de personas. Se ratifica que el país, más allá de la hemorragia de fieles a las iglesias evangélicas, es mayoritariamente católico. Un dato que no es bueno ni malo en sí mismo, pero que también nos indica la necesidad de replantear modos de acercamiento de quienes propugnan una agenda más liberal en lo valórico frente a quienes son creyentes. Debe partirse de la consigna que no todo católico es conservador. Hubo entusiasmo y participación masiva.

Cipriani: Pese a que montó una organización paralela a la de la Conferencia Episcopal Peruana – que incluyó web, redes sociales, himno y equipo de asesores -, no tuvo oportunidad de figurar más de la cuenta. Nuestras fuentes eclesiales nos refieren que la orden papal era clara: ningún obispo sobresale entre los demás. Ello se cumplió e impidió que el Cardenal aprovechara el espacio para legitimar su agenda o prolongar más su estadía luego de lo que será su jubilación obligatoria en diciembre.

Conferencia Episcopal Peruana: Pasó airosa la prueba de la organización de la visita del Papa – buena en términos generales -, pero también recibió un llamado de atención del jefe, quien aludió a que debían trabajar más en la unidad. Francisco sabe de los desencuentros entre los obispos y ello explica porque ha ido nombrando a personal moderado en los últimos años. Aún así, hubo arqueos de cejas por parte de los Dominicos, quienes fueron plantados por el Pontífice a última hora en la visita breve que iba a realizar a la Basílica de Santo Domingo.

Conservadores: Con excepción de la (desatinada) presencia de monseñor José Antonio Eguren (sodálite) en una actividad pública en Trujillo, la agenda focalizada en derechos sexuales y reproductivos estuvo ausente en la visita de Francisco. Con excepción de un tuit con una alusión a la defensa de la vida “desde la concepción hasta la muerte”, no hubo ninguna condena a la “ideología de género” o algún guiño mayor a ese sector.

Corrupción: Otro punto en el que el Papa fue bastante firme. Y sobre el que dio la declaración más política de su visita: “¿Qué le pasa a Perú que cada presidente lo meten preso? Humala está preso, Toledo está preso, Fujimori estuvo preso hasta ahora, Alan García está en ese intento que entro y no entro, ¿qué pasa?…y presos con rabia?”. Lamentablemente, no se apreciaron los rostros de los políticos cuando Francisco aludía en Palacio de Gobierno a una lucha anticorrupción en serio. Había varios con ropa tendida.

Francisco: Carismático como Juan Pablo II, pero con un perfil menos macartista. Por momentos, parece un peronista, en la mezcla de preocupación social lejos del mercado y conservadurismo social. Ha venido a apagar incendios y a colocar temas en agenda. Sus esfuerzos parecen haber rendido más éxitos en Perú. Lejos de ser infalible y con problemas de empatía en determinados temas. Para los católicos, es un rock star en toda la linea.

Fujimori: No hubo un solo pronunciamiento ni a favor ni en contra del indulto, por más que PPK quiso meter el tema de contrabando en su discurso en Palacio de Gobierno. Como indica Rosa María Palacios, esta es una forma de decirle al Estado que no se iba a meter en el tema, pero que tampoco lo iba a avalar.

Las Palmas: Lugar seguro para hacer una misa, más allá de las pataletas que Cipriani y su coro hicieran en su momento. Necesidad de mejorar las vías de acceso. Como indica el arquitecto y urbanista Jorge Ruiz de Somocurcio, la visita papal puede ayudar a colocar en la agenda la necesidad de convertir a la base aérea en un Parque del Bicentenario para la ciudad, otorgando un terreno amplio a la FAP a las afueras de Lima para sus actividades.

Monjas: Sin duda, la declaración más disonante de la visita de Francisco fue la alusión a los chismes desde los claustros monjiles. Mal chiste, que alimentó las críticas sobre una institución que sigue manteniendo a las mujeres en un rol secundario.

No creyentes: Como resaltó Marco Sifuentes el viernes en su columna en El Comercio, ateos y agnósticos se hicieron más visibles en estos días (sobre todo, a través de redes sociales). Las pocas manifestaciones públicas en contra fueron lamentablemente repelidas por la Policía, con cargos tan inverosímiles que dejaban en claro que no tenían fundamento alguno para arrestar a alguien con el legítimo derecho de expresarse. El Estado peruano sigue pensando que un no creyente es un ciudadano con menos derechos que los demás y eso es algo en lo que los creyentes debemos insistir en que cambie.

Ornato: Lamentablemente, en todas las actividades papales se vio una gran cantidad de basura al acabar las mismas. Resulta indispensable una labor pedagógica – tanto para eventos religiosos como aquellos que no lo son – que la limpieza es una responsabilidad de los asistentes y no solo de los trabajadores dedicados al recojo de desperdicios.

Periodismo: La Defensora del Lector de Perú.21 Claudia Izaguirre recordó que la CEP y el Arzobispado de Lima hicieron capacitaciones para la visita papal a los hombres y mujeres de prensa. Lamentablemente, sobre todo en televisión, se observo una cobertura que se debatía entre el comentario intrascendente y la pasada de franela religiosa (lo de #ModoPapa lo llevaron a #ModoMasPapistasQueFrancisco). Para decirlo claro, el nivel fue terrible en muchos casos, salvando la transmisión televisiva los acertados comentarios de los sacerdotes invitados (sobre todo, los jesuitas). Podía hacerse una cobertura que, sin dejar de lado las creencias (o no creencias) de cada quien, fuera decorosa. Las ediciones impresas de El Comercio y La República dieron muestra que se podía cubrir la visita papal con sobriedad, rigor y abordando temas incómodos para la propia Iglesia Católica. También hay que decirlo: hubo poco espacio para preguntas en vivo, como sí ocurrió en Chile.

PPK: El Presidente de la República buscó continuamente un baño de popularidad al asistir a cada una de las actividades papales. No tuvo pifias, ni tampoco mayores aplausos. Quedó claro que el Papa no se prestó para su agenda política particular. Sus declaraciones fueron más bien contenidas y protocolares, con excepción de lo dicho a CNN sobre el abordaje de los casos de pederastia en la Iglesia Católica.

Reconciliación: Palabra ausente de todos los discursos papales. Sin duda, si Palacio de Gobierno y los sectores más conservadores esperaban un aval al concepto más manoseado de las últimas semanas se llevaron un gran chasco.

Sodalicio: Fue el gran tema ausente en suelo peruano (¿producto de las contradicciones papales sobre el caso Karadima – Barros en Chile?). Sin embargo, el periodista Ghiovanni Hinojosa de La República hizo la pregunta que muchos esperaban, durante el vuelo de retorno a Roma. Allí Francisco fue claro sobre la materia: Luis Fernando Figari ha apelado la resolución que lo declaraba responsable en el fuero eclesiástico, hay abundante material para procesar al fundador del Sodalicio ante la justicia común y también se han detectado problemas económicos en la institución. También se aludió al caso de Germán Doig, ya fallecido. Sin embargo, se extrañó un mensaje empático hacia las víctimas de los abusos cometidos por Figari y sus secuaces, así como de otros casos.

Trujillo: Contradicción entre las palabras de un pontífice que buscaba alentar a los damnificados del Niño Costero y representantes del Estado que colocaron triplay en el barrio de Buenos Aires para que Francisco no viera lo poco que se se ha realizado a favor de estos ciudadanos. Un auténtico papelón.

Vaticano: Más satisfecho con los resultados de la visita a Perú que a Chile. Sabían que en el vecino del sur existía un terreno más duro, aunque recién se dieron cuenta de la magnitud ante la ausencia en las misas y las críticas por las declaraciones sobre el obispo Barros, vinculado al caso Karadima. En Perú esperaban obtener un terreno más proclive a su mensaje y todo indica que así lo consiguieron. La pregunta es cómo manejaran esta relación con una situación política complicada como la peruana, así como en la transición hacia un nuevo Arzobispo de Lima.

Corrupción e ideología

(Foto: El Comercio)

Durante las últimas semanas, algunos columnistas han impulsado un debate que podría sintetizarse en una pregunta: ¿Quién está más embarrada con el caso Lava Jato: la izquierda o la derecha? Martín Tanaka resume las posiciones:

En este momento inicial, la reacción es un tanto infantil: cada quien pretende esconder sus responsabilidades, y echarle la culpa a los otros. Digamos, para una parte de la izquierda este es el fracaso del modelo económico neoliberal, y para una parte de la derecha, del foro de Sao Paulo. En realidad, la naturaleza del problema hace que esta vez las culpas no estén claramente de un lado, como en la coyuntura del año 2000, sino repartidas por todas partes.

Las versiones que acusan a la izquierda parten de un hecho fundamental: el liderazgo del Partido de los Trabajadores de un proyecto político que buscaba consolidar un importante bloque de izquierda en América Latina (vean este documento publicado en el blog de la periodista Jacqueline Fowks para que vean que esto es real). Y dado que el PT es el partido más embarrado con la corrupción en Brasil, lo que habría fracasado al final es un proyecto de injerencia continental con fuertes visos de trapicheo.

El problema es que quedarse en echarle la culpa solo al Foro de Sao Paulo tiene problemas. De un lado, porque el proyecto geopolítico brasileño de expansión de su presencia continental no nació con el PT, sino con Fernando Henrique Cardoso (quien plantea la Comunidad Sudamericana de Naciones y el IIRSA). De otro lado, porque si bien Lula terminó siendo el lobbista de más alto rango de Odebrecht y el Partido de los Trabajadores tiene mucho que explicar sobre sus años en el gobierno, también es cierto que buena parte de la clase política brasileña está involucrada en los casos de corrupción. Ejemplo claro: Aecio Neves, el candidato opositor a Dilma Rousseff en las elecciones de 2014, es uno de los nuevos involucrados en Lava Jato.

Resulta también sugestivo culpar al modelo económico o a los tecnócratas. Como señalamos la semana pasada, es clara la existencia de “puertas giratorias” entre el sector público y el sector privado, que pueden tener aspectos positivos (conocimiento del sector), como también negativos (favorecimiento a empresas o posible uso de información privilegiada). A ello se suman sentidos comunes que, en nombre del “destrabe”, pueden consentir gestiones de intereses que sean impropias o tolerar “un poquito de corrupción”. Y por supuesto, es claro que Proinversión no ha sido la entidad modelo que se pensaba.

Pero también es cierto que ningún modelo económico, en sí mismo, es una garantía contra la corrupción, pero tampoco un imán de corruptos per se. En principio, una economía abierta debería generar mayores incentivos para la competencia, siempre y cuando las instituciones funcionen adecuadamente. Por lo que el problema pasa por realizar algunos ajustes tanto en lo económico como, sobre todo, en lo institucional.

Por tanto, si bien resulta importante que tanto izquierdas como derechas reflexionen sobre aquellos aspectos que los ha hecho permeables a la corrupción, también es cierto que dicha autocrítica no implique un ataque para descalificar al otro lado per se. Resulta indispensable que el procesamiento de lo ocurrido en el caso Lava Jato implique que tengamos una izquierda y una derecha modernas como producto del mismo. Y ello no se podrá hacer si es que seguimos en esta competencia por echarse la culpa.

Embajadores Criollos

Durante sus primeros seis meses de mandato, Pedro Pablo Kuczynski se había cuidado hasta cierto punto en el nombramiento de lo que, en jerga política, se denomina como “embajadores políticos”.

Como es conocido, la Ley del Servicio Diplomático permite que el Presidente de la República pueda designar hasta el veinte por ciento del número de jefes de misión diplomática con personas que no pertenezcan al cuerpo de embajadores de carrera, la misma que se inicia con estudios de postgrado en la Academia Diplomática del Perú.

Hasta hoy, el único “embajador político” designado por PPK era Hugo Otero, publicista en las cuatro campañas presidenciales de Alan García y quien también asesoró a PPK durante la campaña electoral de 2011. La designación de Otero era un claro guiño al APRA, que no ha sido devuelto por García, dado que la bancada aprista ha votado en varias posiciones importantes con el fujimorismo. Los arqueos de cejas fueron menores, además, porque el experto en marketing electoral ya había ocupado ese puesto en Chile en el segundo gobierno aprista.

Sin embargo, un dato aparecido ayer en la revista Caretas y que también contó el periodista Umberto Jara sí ha causado alguna conmoción: la nueva embajadora en Argentina será, de acuerdo a ambas versiones, María del Carmen Miró Quesada Arias, miembro del directorio del Grupo El Comercio.  Pero la conmoción no tiene que ver tanto con su parentesco o con el puesto que ocupará hasta este mes cuando se releve al colegiado más importante del conglomerado mediático más fuerte del país.

Como ha registrado Utero.pe, las columnas de “Maki” Miró Quesada oscilan entre la navieté y el racismo. Peor aún, como comenta la nota de Andy Livise, la docente de francés y experta en temas de arte y decoración, una de sus columnas más abiertamente discriminadoras tiene que ver, precisamente, con nuestros connacionales residentes en el país de Borges. Ya esto convierte al nombramiento, aún no aprobado por el presidente Mauricio Macri, en un tremendo error. Habla la imagen:

(Foto: Matteo Stiglich)

Livise también muestra una paradoja. Miró Quesada Arias – quien ha sido agregada cultural en Paris hace unos años – escribió en contra de la designación de quien también ocupó el puesto similar al que tendría en unas semanas sin ser diplomática de carrera: Cristina Velita, quien fue embajadora en Francia durante el gobierno de Ollanta Humala. Y los “argumentos” iban más por “la falta de clase” antes que por sus calificaciones para el cargo.

A todas luces, el nombramiento es un desacierto. No solo por la poca empatía que la señora Miró Quesada Arias ha mostrado hacia nuestros compatriotas que residen en el país en el que nos representará, sino porque la designación pareciera responder a premiar la amistad de coctel antes que a una eficiente muestra de nuestra imagen y competencia en el exterior. El canciller Ricardo Luna, quien se ha desempeñado hasta el momento con corrección en el cargo, debería explicarle a la ciudadanía las razones de esta designación.

Asimismo, la designación de la señora Miró Quesada Arias resulta contradictoria con los mensajes que ha dado el gobierno para la mejora del Servicio Diplomático de la República y su profesionalismo. De hecho, Luna deshizo los nombramientos de embajadores hechos por el gobierno de Humala en sus últimos seis meses en el cargo. Una tradición no escrita en Torre Tagle señala que no es conveniente hacer estos nombramientos en los últimos tramos de gobierno, por lo que Luna tuvo un gesto inicial de profesionalismo con sus colegas.

Además, el plan de gobierno de PPK indica que uno de sus objetivos en política exterior es “la implementación de la simplificación administrativa y mejora institucional del cuerpo diplomático”. En esa medida, como hace planteamos hace cuatro años en este mismo espacio, es necesario revisar si la disposición de contar con “embajadores políticos” tiene sentido en una carrera diplomática profesional.

Por estas razones, el gobierno debería nombrar a una persona con mayores credenciales para representarnos en un país con el que tenemos estrechos lazos y donde se encuentra una de las mayores poblaciones peruanas en el exterior.

La batalla por la “Ideología de Género”

(Carteles contra la “ideología de género” colocados en la Vía Expresa hoy. Foto: Man Ray)

Como hemos enfatizado en este espacio desde hace algunas semanas, el Perú se ha convertido en el nuevo escenario de una batalla que se viene librando en América Latina: el signo que tendrán las políticas sobre educación sexual y sobre género y salud sexual y reproductiva durante los próximos años.

Desde el lado conservador, la campaña es bastante articulada. Implica un trabajo en redes sociales reales – iglesias, familia, barrio – acompañado de biliosas cuentas en Twitter y Facebook que articulan determinados mensajes fuerza. El más importante, la existencia de una “ideología de género” que pretende acabar con la “familia natural”, entendida la misma como padre, madre e hijos. Y ello se machaca a través de marchas, intervenciones como las producidas hoy en varios puentes de la ciudad de Lima y publicaciones en Internet.

¿A que le llaman “ideología de género? Aunque ningún conservador haya podido responder a esta pregunta con rigor académico cada vez que se le han hecho, el politólogo Gonzalo Alcalde ha podido definirla bastante bien:

Esta “ideología de género“ es un concepto peculiar, porque se usa mucho pero no tiene una definición consensuada, y solo es llamado así por quienes se le oponen. A grandes rasgos, comprendería las posiciones progresistas que supuestamente amenazan a la familia tradicional, relacionadas con la igualdad de derechos para las mujeres y personas LGTBI, el derecho al aborto, la educación sexual, y la salud sexual y reproductiva. El origen de esta denominación no sería latinoamericano, sino que habría sido importado del conservadurismo religioso norteamericano (donde sí ha sido formalizado, controvertidamente, por el American College of Pediatricians)  y adoptado en años recientes como caballito de batalla por católicos y por protestantes latinoamericanos. Y no es un fenómeno que solo involucre a la derecha: apoyado por grupos conservadores, Rafael Correa realizó cambios significativos en las políticas de salud ecuatorianas en 2014 justificando la necesidad de quitarles el contenido de ideología de género y promover la familia.

Vista desde el otro lado, la ideología de género es una manera sesgada y poco rigurosa de describir el conjunto de derechos relacionados con la igualdad para las mujeres y las personas LGTBI, así como derechos a la salud y educación, que formalmente han sido aceptados de manera universal por los gobiernos de la región y que, en la actualidad, se ven plasmados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (que es, a su vez, citada frecuentemente como el gran villano detrás de la “ideología de género“). Al mismo tiempo, el término hace alusión al enfoque de género que en las últimas dos décadas ha ganado terreno en los debates sobre desarrollo y políticas públicas.

¿Cuál es la idea con esta chapa? Al igual que, hace 15 años, se tuvo relativo éxito con el mote de “caviar”, puesto a todo aquel que criticaba casos de corrupción y de violaciones a los derechos humanos y que provenía de sectores sociales altos y medio altos, aquí también la idea es la de la caricatura. Es decir, colocar a quienes defienden valores liberales como una suerte de demonios que atentan contra una estructura social que es valorada en todos los niveles socioeconómicos: la familia. Ya dependiendo del mensajero, algunos adornan esto con mensajes “anti izquierdistas” (para algunos conservadores, los temas de género no son más que “una campaña de la izquierda para acabar, con otros métodos, con la religión”). Y también se apela a la distancia de “las necesidades del pueblo” para caricaturizar a quienes defienden estos valores.

¿Quiénes están detrás de esta campaña? En un exhaustivo post, Carlos Bedoya ha enfatizado en los rostros visibles:

Se trata de Agua Viva de la excongresista Mirta Hornung; el Movimiento Misionero Mundial (MMM) del Rv. Rodolfo Gonzáles, propietario también de Bethel TV; la Alianza Cristiana y Misionera donde militan Julio Rosas (congresista) y su hijo Christian Rosas (fundador de Conapfam); la Casa del Padre de los esposos Guillermo y Milagros Aguayo (antes pastores de Camino de Vida), entre otras denominaciones evangelistas que operan en el país y que están articuladas con otros fundamentalistas en América Latina y Estados Unidos.

Si bien, la Iglesia Católica del Perú no es parte directa de esta campaña, es también abanderada de la lucha contra la misma ideología de género que dicen combatir los evangelistas. De hecho, en agosto del 2016 – también como respuesta a #NiUnaMenos – la Conferencia Episcopal Peruana editó y repartió en todas las diócesis del país, la cartilla “Ideología de Género: sus alcances y peligros”.

Aunque los evangelistas le han sacado ventaja, el cardenal Cipriani toca el temacada vez que puede. Valgan verdades es bien difícil que la iglesia católica, con tantas denuncias por pederastia, pueda tomar un lema que diga que no se metan con los niños.

Hay que recordar que estos grupos tienen redes bastante fuertes: capacidad de movilización (en buses, pero también real), adquisición de recursos (desde el diezmo evangélico, hasta la participación de mecenas, como el fallecido expresidente del ICPNA Germán Kruger, quien hacía donativos para la “Marcha por la Vida”, así como otros cercanos al Opus Dei, Sodalicio y Camino Neocatecumenal con poder económico), conexiones en el exterior – como indicamos hace unas semanas, las iglesias evangélicas han traido a políticos colombianos para apuntalar la naturaleza de “cruzada continental” de sus acciones – y, sobre todo, llegada a personas de distintos sectores sociales.

¿Cuál es el objetivo? Sostiene Bedoya que:

la ideología de género sería una ideología perversa impulsada por el demonio que hay que reprender. La forma de hacerlo es en primer lugar evitar el enfoque de educación sexual integral en la educación en sexualidad, a uno que sea moralista, que vea en el deseo sexual un peligro y un riesgo, y cuyo aprendizaje a transmitir sea la abstinencia.

Y en ello, como indica bien el periodista y abogado, los conservadores llevan la delantera porque una buena parte de los padres considera que los contenidos sobre sexualidad deben ser puestos al mínimo y desde una perspectiva que, en suma, se concentre en evitar que sus hijos tengan relaciones sexuales. Justamente, aquello que el Nuevo Currículo Escolar busca contarrestar, por una mirada más comprensiva de la sexualidad y de los roles de género, entendidos como una construcción social.

Por ello es que cada avance en una agenda liberal y progresista en materia sexual es vista únicamente como una amenaza y algo que va contra sus intereses. Es la reacción que se tuvo el viernes cuando salió el Decreto Legislativo que penalizaba los crímenes de odio y la discriminación por orientación sexual.

¿Y que debería tomar en cuenta el sector liberal y progresista en estas materias?

En primer lugar, saber que al otro lado hay una acción coordinada y fuerte. Por tanto, requiere, antes que diezmar fuerzas, articular una acción política efectiva. Identificar a los congresistas y políticos de todos los partidos que pueden ser aliados o personas a convencer para esta causa. Y, claro está, hacer la misma presión que vienen haciendo los grupos evangélicos y católicos conservadores. Para ello se requiere, obviamente, una organización y recursos.

En segundo lugar, saber que, si bien es bueno contrarrestar los argumentos (o la carencia de los mismos) de los activistas conservadores, en realidad el centro de las preocupaciones debe estar en el ciudadano. Como señala el abogado Alonso Gurmendi:

Creo, sinceramente, que si vamos a construir un mejor país y una mejor sociedad vamos a tener que hacer un esfuerzo colectivo para intentar entender cuál es el interés del conservador que lee. Hacer un esfuerzo para incluir siquiera una línea que haga frente a ese interés, a esas preocupaciones. Así, quizás valga la pena gastar unos cuantos tecleos más en nuestros artículos para decir que “por supuesto, la promoción de la igualdad de género no busca convertir a los niños en niñas porque…” en vez de andar diciendo “es estúpido pensar que la igualdad de género propone convertir a los niños en niñas, punto”.

En esa línea, resulta indispensable que los términos empleados en esta discusión sean los más sencillos posibles. Recuerden que se apela a lo más básico de los miedos: “los niños se van a convertir en niñas”, por ejemplo. Y que hay que diferenciar claramente entre el pastor que los enuncia y el receptor de ese mensaje. Apelar a los indecisos en este caso es mucho más provechoso que tratar de convertir a una persona que está inmersa en el fanatismo.

En tercer término, es necesario tener empatía.  Sin duda, el gran defecto de los sectores conservadores es que no se colocan en el lugar del otro. Hablan de la familia bien constituída, pero no demuestran ni un gramo de química hacia personas homosexuales. Mientras que, en el caso del aborto, la mujer que es violada y que no quiere tener al hijo producto de tan execrable acto es vista como una pecadora peor que María Magdalena. Incluso estos sectores tampoco impulsan una legislación que haga más fácil la adopción. Este es un ángulo que el sector más liberal debería explotar más.

Finalmente, es necesario tener en cuenta que se trata de un camino de largo aliento, donde habrá victorias y derrotas. Y en el que es necesario defender un principio claro: la separación entre fe y ley.

Guía para entender los casos de corrupción en Brasil que impactan en el Perú

(Imagen: O Painel)

Los casos de corrupción ligados a constructoras brasileñas, que tienen fuerte repercusión en diversas partes de América Latina, sin duda, ya tienen un impacto en el Perú. Sin embargo, es necesario esclarecer el panorama, para evitar equívocos y saber el estado actual de las investigaciones, tanto periodísticas como fiscales.

1. ¿CUALES SON LAS VERTIENTES DE INVESTIGACIÓN SOBRE CORRUPCION DE CONSTRUCTORAS BRASILEÑAS?

Básicamente, se trata de tres grandes fuentes de indagación.

a) “Castillo de Arena”: Se trata de una operación de la Policía Federal Brasileña y el Ministerio Público, a partir de una denuncia anónima sobre el pago de sobornos por parte de la constructora Camargo Correa, tanto en Brasil como en diversas países de América Latina y África, para el otorgamiento de obras de infraestructura. Si bien este caso fue cerrado en Brasil por temas procesales, lo obtenido está sirviendo para realizar investigaciones en diversos países, incluyendo Perú.

b) Las obras financiadas por el BNDES: Estamos ante la indagación en torno a las compañías constructoras brasileñas que han recibido mayor financiamiento por parte del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil. Todas han terminado involucradas en el caso Lava Jato. Al mismo tiempo, una obra terminó siendo el hilo de la madeja hacia el Perú: la carretera Interocéanica del Sur, donde todas las empresas que hoy andan en problemas tuvieron algún tipo de participación. Todo ello termina confundiendose con “Castillo de Arena” y “Lava Jato”.

c) Lava Jato: Se trata de una investigación en torno a lavado de activos vinculados a la corrupción. Todo comenzó cuando se indagó sobre el otorgamiento de obras de infraestructura por parte de la petrolera estatal brasileña Petrobras a diversas empresas constructoras de su país, para la generación de empleos. Se descubrió que todas habían obtenido los contratos previo soborno. La trama terminó develando el esquema de coimas que estas empresas habían empleado en América Latina y África para la obtención de contratos de concesión de infraestructura. Se emplearon para ello, además de traslados en efectivo, bancos de Estados Unidos y Suiza, razón por la cual ambos países están firmando convenios de cooperación con las empresas involucradas para procesar a los implicados. En Brasil, además del costo político para todos los partidos políticos, se vienen negociando acuerdos de delación premiada (colaboración eficaz) donde los dueños y funcionarios de los conglomerados involucrados contarán todo a cambio de una reducción de pena.

Las empresas involucradas son Odebrecht, OAS, Camargo Correa, Andrade Gutierrez y Queiroz Galvao.

(La controvertida vía fue una de las principales obras de Camargo Correa en Perú. Foto: El Comercio)

2. ¿QUE ES LO QUE SE HA PODIDO SABER SOBRE PERÚ SOBRE CASTILLO DE ARENA?

Las indagaciones sobre “Castillo de Arena” se han concentrado en los posibles pagos de sobornos a miembros de los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García para la construcción de la Carretera Interocéanica, como ha informado el portal Convoca.

En el caso de Toledo, la situación es más compleja, dado que su campaña en 2011 recibió contribuciones de las empresas Camargo Correa y Queiroz Galvao, dos de las empresas ahora implicadas en el caso Lava Jato. Asimismo, ayer el Ministerio Público confirmó que una compañia vinculada al empresario Joseph Maiman, amigo personal del expresidente, recibió dinero de Camargo Correa, sospechándose que este depósito se vincula a una coima. Esto podría tener repercusiones mayores, ya no solo por el caso brasileño, sino porque podría ser la pieza que faltaba en el caso Ecoteva, es decir, en la adquisición de inmuebles para uso del exmandatario a través de una empresa off shore constituida en Costa Rica.

En el caso del segundo gobierno aprista, La República indicó la existencia de una cuenta vinculada al ya fallecido exministro de Vivienda y Construcción Juan Sarmiento. Asimismo, la policía brasileña ha señalado la existencia de indicios contra otro exministro, Hernán Garrido Lecca, así como contra los exfuncionarios de Sedapal Guillermo León y Umberto Olcese. En este último caso, la Megacomisión encabezada por Sergio Tejada encontró una transferencia hecha a una cuenta de Islas Caimán.

3. ¿QUE ES LO ENCONTRADO RESPECTO AL CASO LAVA JATO?

Aquí las pistas de indagación son varias. Y los avances también. Veamos punto por punto.

ODEBRECHT

a) Los pagos secretos de Odebrecht en el Perú: IDL – Reporteros ha logrado registrar como movía Odebrecht el dinero de sus empresas off shore hacia el Perú. Esta imagen resume todo:

(Infografía: Luisa García Telles para IDL Reporteros)

b) Estados Unidos: Antes de terminar el 2016, el Departamento de Justicia de Estados Unidos llegó a un acuerdo con Odebrecht sobre los sobornos entregados a través de bancos de dicho país. En el caso peruano, suman 29 millones de dólares. De acuerdo a lo indicado por la entidad, dos obras están en la mira: la Carretera Interocéanica del Sur y el Tramo 1 de la Línea 1 del Metro de Lima. La empresa ha reconocido que tenía una unidad únicamente dedicada al otorgamiento de sobornos.

c) Suiza: Aquí la colaboración con el Ministerio Público peruano ha sido fluida. La República resume:

La cooperación Suiza con las autoridades peruanas es una fuente clave para rastrear el dinero de Odebrecht destinado al pago de sobornos. Parte de la información que ya tiene en su poder el fiscal Hamilton Castro viene siendo procesada y en las próximas semanas podría darse a conocer los hallazgos.

Castro detalló que antes del mes de noviembre tuvieron acceso a información de inteligencia que daba cuenta de la existencia de datos relevantes en Suiza, vinculada principalmente a las cuentas de Odebrecht.

En ese sentido, adelantó que han descubierto transferencias de dinero al Perú a través de tres estructuras off shore vinculadas con la empresa Odebrecht: Constructora Internacional del Sur, Smith & Nash Engineering Company Inc y Klienfeld Services Inc.

Como informó La República, ese dinero fue recibido en el Perú por una red de empresas constituidas por Gonzalo Monteverde Bussalleu y colaboradores.

Estas tres compañía off shore, a las que hace referencia la fiscalía, sirvieron como plataforma para el pago de sobornos en el país.

d) Otras pistas: Aquí será necesario indagar más sobre la donación del Cristo del Pacífico al final del gobierno de Alan García, así como el regalo de arena para la playa La Herradura en la gestión municipal de Susana Villarán. Obras bajo la lupa son, además del Tren Eléctrico y la Interocéanica, el Gaseoducto del Sur, la concesión de Vías Nuevas de Lima, la Costa Verde del Callao, entre otras. También habrá que sumar la conexión del exministro Luis Nava con Odebrecht y las conferencias de Alan García en Brasil. Y, last but not least, los sobrecostos en las obras hechas por la empresa en el Perú.

Por cierto, Odebrecht quiere llegar a un acuerdo con las autoridades peruanas, para colaborar con la justicia, a cambio de mantener sus intereses en el Perú.

OAS

a) Trayendo dólares: Como ha señalado IDL-Reporteros, por lo menos dos testigos en Brasil han señalado que traían dinero en efectivo para el pago de sobornos en el Perú. El mencionado portal también ha registrado la existencia de empresas off shore constituidas en Panamá por las cuales también pasó el dinero. El destino final de la plata aún no se conoce. Entre las obras construidas por OAS en Perú se encuentran la carretera Quilca – Matarani, la carretera Lima – Canta y el Centro de Convenciones de Lima.

b) Las obras en la gestión Castañeda: Sin duda, este es uno de los casos que más atención ha atraido. En el 2009, la gestión Castañeda concedió el proyecto Línea Amarilla, en circunstancias aún por esclarecer. Si bien la gestión Villarán quiso desecharlo por oneroso, al final tuvo que renegociar el contrato para obtener mejoras al mismo. Sin embargo, ya desde su candidatura en 2014, Castañeda buscó bajarse algunos componentes del contrato para permitir que se hiciera un by pass ajeno al proyecto original y restringir la publicidad de lo que se conocía como Vía Parque Rímac. También se conoce que buscó hacerse un proyecto de monorriel similar al que OAS venía construyendo en Sao Paulo.

c) Rocío Calderón: La amiga de Nadine Heredia, a través de la cual ella hizo varias compras, fue asesora de la empresa brasileña.

(La lobista brasileña Zaida Sisson puede ser clave en esta historia. Foto: Perú.21)

LAS DEMAS CONSTRUCTORAS Y OTRAS PISTAS

Otras cuestiones a ver son la supuesta intercesión del exvicepresidente Omar Chehade a favor de la constructora Andrade Gutierrez, así como la remodelación de la avenida Gambetta en el Callao, obra en la que ya se han encontrado varias irregularidades.

Se suma a ello la serie de reuniones y correos electrónicos de la lobista brasileña Zaida Sisson, quien trabajó para el hoy caído en desgracia José Dirceu, exhombre de confianza de Lula da Silva y convertido en gestor de intereses empresariales. Pueden ver esta serie desarrollada por DTP aquí y aquí. Las primeras pistas sobre este personaje fueron presentadas por Daniel Yovera en El Comercio en 2015.

Como vemos, se trata de una investigación bastante compleja, que requiere de un adecuado fortalecimiento institucional, que no solo se aboque a este caso, sino también a la lucha anticorrupción en general. Este será un tema que nos acompañará durante todo el año y, por ello, hemos dedicado el primer post del 2017 para explicarlo en sencillo.