Ni Fuerza, ni Popular. Razones para la debacle del fujimorismo.

Familia Fujimori
(Foto: Keiko Fujimori)

Fuerza Popular había cerrado un 2018 de horror: su lideresa fue encarcelada por actos de obstrucción a la justicia en la investigación que se le sigue por presunto lavado de activos, su popularidad estaba en el subsuelo, su líder histórico vivía en el limbo de la Clínica Centenario y el partido se hallaba en reorganización. Dos años después, habían dilapidado sus reservas políticas, en la misma forma que Alberto Fujimori lo hizo con el erario público en su década de gobierno.

Transcurridas casi dos semanas del nuevo año, la situación ha empeorado. Keiko Fujimori seguirá en la cárcel, las voces que piden que Albeeto Fujimori vaya de retorno al Establecimiento Penal Barbadillo son mayores, Kenji Fujimori no tiene la más mínima intención de retornar a la política, perdieron a Chávarry en el Ministerio Público y la situación parlamentaria es de temer. Ya no cuentan con la presidencia del Congreso de la República, ni con la mayoría parlamentaria. Incluso el APRA, su aliado por varios años, comienza a tomar “respetable distancia”, como enuncia un conocido vals. Y, para remate, algunos analistas que tomaban te y galletitas con ellos comienzan a buscar al “Bolsonaro peruano”, pues comienza a considerar que el fujimorismo es “demasiado tibio” con sus rivales (léase, zurdos, socialdemócratas y liberales).

¿Cómo se llegó a esta situación si, como algunos señalaban, estábamos ante el partido más sólido del país?

Se han hecho varios estudios académicos en los últimos años sobre el fujimorismo. Varios de ellos han enfatizado bien en la construcción de una identidad no ideológica basada en el rescate de los supuestos logros de la década de 1990. Otros fueron más allá y aludieron a una supuesta representación “de los de abajo” (en realidad, sería más preciso decir, del mundo informal y, en varios casos, ilegal, lo que atraviesa a varios segmentos sociales). Y no han faltado quienes aludían a la fortaleza de Fuerza Popular, colocando a la agrupación como un ejemplo de la construcción de nuevos partidos políticos en un tiempo en el que se creía que los mismos desaparecerían.

Sin embargo, la realidad ha develado que el fujimorismo tenía varias de las debilidades de sus rivales. Como señala bien Eduardo Dargent, los triunfos de FP eran equivalentes a los que Universitario, Alianza Lima y Sporting Cristal tienen en el torneo futbolístico local tradicionalmente. Ello produce, a mi criterio, una sobrerrepresentación de lo que podían generar. Si a ello se le suma un triunfo parlamentario proveniente, en buena medida, de los efectos de las reglas electorales (sin dejar de lado a las simpatías que muchos han tenido con el fujimorismo), podemos estimar que en la agrupación liderada por Keiko Fujimori no apreciaron bien sus limitaciones.

De hecho, Fuerza Popular se asemeja más a lo que, con buen ojo, describió bien mi colega Mauricio Zavaleta como “coaliciones de independientes”. Un grupo armado para acceder al poder, sin mucha consistencia ideológica, sobre la base de reducción de costos para participar en la contienda electoral. Para ello, se cuenta con un líder carismático que jala votos, anchas billeteras que respaldan los gastos de campaña, candidatos atractivos en distintas provincias, medios de comunicación y redes sociales para difundir sus mensajes a sus electores. Ello explica porque en FP convivían personas a favor y en contra del enfoque de género o con visiones contrapuestas sobre la economía de mercado. Y también explica porque tantos parlamentarios tenían más anticuchos que las vendedoras de la entrada Sur del Estadio Nacional.

En esa línea, el fujimorismo arrastraba las debilidades de la mayoría de grupos con los que comparte asiento en el Congreso de la República. Y ello explica porque se ha terminado desgajando durante los últimos dos años y medio. ¿Qué tenía en común una exprocuradora con bandera de lucha contra la corrupción con una agrupación que estaba demasiado ligada con la misma? ¿Qué proyecto conjunto tenían los seguidores de Kenji con Ana Vega y Pier Figari, quienes buscaban borrar cualquier vestigio de Alberto Fujimori de la agrupación?

Pero la crisis en Fuerza Popular no solo se ha producido por estas carencias comunes a todas las agrupaciones políticas peruanas. Sin duda, la forma cómo Keiko Fujimori ha ejercido su liderazgo político ha tenido mucho que ver en el declive de su agrupación. Cayó mal en la ciudadanía el estilo obstruccionista, la confrontación, la poca lealtad con la familia (en un país donde una concepción conservadora de la misma sigue teniendo cierto peso) y, sobre todo, el afán de jugar con el tema anticorrupción.

Resultó claro que FP buscó presidir la Comisión Lava Jato con el único objetivo de perjudicar a sus enemigos políticos (varios de los cuales, por cierto, deberán responder a la acción de la justicia), pero una vez que el caso los comenzó a tocar, se notó la notoria vocación por el ocultamiento. La imagen de partido aliado con la corrupción la tienen impregnada desde que Marcelo Odebrecht señaló que hubo contribuciones a la campaña electoral de 2011. Y no se la han podido quitar. Peor aún, muchas de sus acciones devinieron en obstaculizadoras de la justicia, una de las razones por las que hoy reside en Chorrillos.

Así las cosas, Alberto Vergara terminó teniendo la razón sobre un posible aggiornamiento del fujimorismo. El politólogo y docente de la Universidad del Pacífico expresó su opinión en un artículo publicado en Poder en septiembre de 2012:

(…) todos olvidan que el fujimorismo no solo debe reconvertir su origen autoritario en un presente democrático (tarea ya complicada), sino que, sobre todo, debe limpiar su origen ladrón para construir un partido medianamente limpio. Ni el franquismo ni el pinochetismo fueron empresas para delinquir. Así, no solo debemos preguntarnos cómo se transforma a un movimiento antidemocrático en uno democrático, sino en cómo se transforma lo que fue una organización lumpen en un partido político. El gobierno fujimorista, no lo olvidemos, fue una suerte de ‘utopía mafiosa’ (Hugo Neira). Ver a un fujimorista indignado por los contratitos mal habidos de Alexis Humala será siempre una invitación a la carcajada. Y Humala no le ganó a Keiko Fujimori porque fuera mucho más democrático que ella, sino porque él no estaba teñido de la ladronería de los noventa. Este sigue siendo el principal pasivo para el fujimorismo, nadie quiere sacarse una foto con ellos y, por lo tanto, siguen siendo incapaces, a pesar de ciertos gestos de apertura, de sumar a otras fuerzas parlamentarias a la agenda fujimorista (o de sumar profesionales de renombre al partido).

A ese pasado, por cierto, le sumaron un presente bastante oscuro a la “pesada mochila” con la que ya cargaron en las campañas de 2011 y 2016.

Hacia adentro, el liderazgo de la señora Fujimori resultó ser aún más autoritario que el de su propio padre. Sus dos asesores principales se convirtieron en los “guardianes de la ortodoxia” keikista, a extremos tales que ameritarían una investigación por la posible vulneración de la no sujeción a mandato imperativo de los parlamentarios. Los congresistas que tenían problemas en sus hojas de vida – sobre todo, las mujeres – eran enviados a la Comisión de Ética, una vez que tenían algún viso de subordinación. Los chats en Whatsapp y Telegram se convertían en un vehículo supletorio de los “plenitos” en Morochucos o en Paseo Colón. Y hoy la Bankada, sin esa dirección, se mueve como pollo sin cabeza.

¿Tiene alguna solución esta situación para el fujimorismo? En su columna de ayer, Rosa María Palacios señala que, en el Perú, resulta difícil pronosticar el futuro político. Pero que resulta claro para ella que existen pocas probabilidades para que Keiko Fujimori emprenda los cambios que le salvarían lo que le queda de carrera política: confesar quienes fueron sus aportantes ocultos, tener ideas más allá de sacar de cárcel a papá o vengarse de sus enemigos, distanciarse de su maltrecha bancada y ser creible. A la vez, Alberto Fujimori está más cerca de la jubilación (nuevamente en la DIROES) que la retoma de un liderazgo. Y Kenji Fujimori, por ahora, ha decidido desmarcarse de las imposiciones paternas y fraternas.

Pero la caída del fujimorismo no quiere decir, necesariamente, que la democracia esté a salvo en el Perú. Sobre todo, cuando en nuestras élites siguen existiendo “demócratas precarios”. Insistiremos en la necesidad de vacunarnos frente a los peligros autoritarios en los próximos días.

¿Cómo entender la sentencia de la Corte Interamericana sobre el indulto a Fujimori?

Keiko Alberto Fujimori
¿Preocupada por su libertad o por su futuro político? (Foto: Twitter Keiko Fujimori)

A muchos sorprendió que la Corte Interamericana de Derechos Humanos decidiera no pronunciarse directamente sobre el indulto humanitario otorgado a Alberto Fujimori en la pasada Navidad. Sin duda, la Corte IDH ha tenido mayores momentos de activismo en su actuación, en los que decidía pronunciarse directamente sobre diversas materias en las que ha sentado jurisprudencia de avanzada.

Esos tiempos parecen estar lejos. Hoy la Corte apuesta por sentencias en las que deja a los Estados la decisión final sobre determinadas materias. Esta lógica corresponde a que el tribunal entiende que existe una mayor consolidación institucional en nuestros países – con las excepciones de Cuba, Venezuela y Nicaragua – a la existente en los tiempos en los que sí debía tener una actuación más activista. Con todo, este tipo de decisiones ha merecido críticas (justificadas) por parte de abogados que conocen el sistema interamericano de derechos humanos y su lógica.

Sin embargo, la sentencia de la Corte IDH sobre el caso Fujimori no es ascéptica. Al revisar bien sus fundamentos, queda claro que el tribunal brinda una “hoja de ruta” a la justicia constitucional peruana para tomar una decisión final sobre el caso del sujeto que gobernó el país entre 1990 y 2000. Y que dichos fundamentos no son precisamente favorables al autócrata.

La Corte Interamericana señala, en primer lugar, una serie de parámetros para pronunciarse sobre los “indultos humanitarios”. En particular, busca ponderar la relación entre la vida, la salud e integridad física de los reos con la obligación de investigar, juzgar y sancionar graves violaciones a los derechos humanos.

¿Cuáles son estos parámetros?

  • Si bien la justicia internacional no se ha pronunciado directamente sobre casos de “indulto humanitario”, la jurisprudencia en los sistemas americano y europeo de derechos humanos rechaza que los Estados apelen a figuras jurídicas que busquen suprimir los efectos de sentencias condenatorias o efectúen un otorgamiento indebido de beneficios en la ejecución de la pena.
  • Los tribunales penales internacionales ad hoc y la Corte Penal Internacional no contemplan la figura del indulto, sino la reducción de pena sujeta a un examen exhaustivo en cada caso.
  • La obligación de sancionar a quienes cometieron graves violaciones a los derechos humanos no puede verse afectada indebidamente o volverse ilusoria durante la ejecución de la sentencia.
  • La jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos señala que se debe garantizar la vida y la integridad de las personas privadas de libertad. En los casos de sentenciados por graves violaciones a los derechos humanos, las medidas a tomar deben ser las que menos restrinjan el derecho a la justicia de las víctimas, las que deben ser aplicadas en casos muy extremos y en una necesidad imperante.
  • En los casos de personas sentenciadas por graves violaciones a los derechos humanos, el otorgamiento de un indulto presidencial conlleva “una mayor afectación al derecho de acceso a la justicia de las víctimas de graves violaciones a derechos humanos y sus familiares”.

Asimismo, la Corte Interamericana señaló una serie de hechos controvertidos alrededor del indulto humanitario. ¿Cuáles son?

  • Poca objetividad de la Junta Médica Penitenciaria, pues la integró un médico que trató anteriormente a Fujimori en Neoplásicas.
  • Diferencias sustanciales entre el acta de la Junta Médica Penitenciaria del 17 de diciembre de 2017 y el acta ampliatoria suscrita dos días después.
  • No existe documento alguno que señale cuáles son las “enfermedades no terminales graves, que se encuentren en etapa avanzada progresiva, degenerativa e incurable” que justifican el indulto.
  • Ningún documento señala cómo las condiciones de la cárcel pueden colocar en grave riesgo la vida, la salud o la integridad del entonces reo Fujimori.
  • La resolución suprema que otorgó el indulto no menciona que Fujimori fue condenado por graves violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad. En estos casos, el Estado debe tener una mejor y mayor argumentación sobre el otorgamiento de esta gracia.
  • El contexto en el que se presentó la solicitud de indulto, vinculado a la vacancia presidencial de PPK y los “Mamanivideos”

En suma, con estos parámetros y hechos, el Poder Judicial o, en su defecto, el Tribunal Constitucional, deberían indicar que el indulto no cumple con la Convención Americana de Derechos Humanos y, con ello, enviar a nuevo a Fujimori a donde corresponde: un establecimiento penal en el que sus condiciones de salud estén garantizadas. Y si para el 29 de octubre de 2018 esto no es decidido por el Estado peruano, será la propia Corte Interamericana de Derechos Humanos quien tome la decisión, en el sentido arriba señalado.

Sin embargo, queda un elemento central en esta historia: la política. ¿Cómo queda el fujimorismo en torno a esta decisión? Rosa María Palacios enunció ayer una posible respuesta, que aún tiene un alto factor de espera:

Por otro lado, la decisión de la CIDH de criticar severamente el indulto “humanitario” a Alberto Fujimori, pero ordenar al Tribunal Constitucional que resuelva su inconstitucionalidad (el Presidente también podría, cumpliendo el mandato de la Corte, declararlo nulo) pone a Keiko Fujimori en aprietos. Ella ha perseguido a su hermano por sacar a su padre de la cárcel negociando con Kuczynski. Nunca quiso a su padre libre de esa forma y así lo reconoció en un comunicado de su partido. Pero si él regresara pronto a la cárcel –y todo parece indicar que la libertad se le acaba, como máximo, en octubre– ella será vista como la gran culpable y su hermano menor se encargará de recordárselo toda su campaña. ¿Qué hacer? Keiko Fujimori ha corrido a tomarse una foto con su padre, ahora sí, pidiendo su libertad. La cara de Alberto Fujimori lo dice todo. No confía en su hija.

La respuesta, por tanto, aún sigue abierta. Con la consiguiente incertidumbre para los familiares de las víctimas de los crímenes cometidos por quien gobernó el Perú en la década de 1990.

Panorama político de Marzo

PPK Flauta
Foto: Perú.21

Pedro Pablo Kuczynski: Jugando a la permanencia en la categoría de Presidente de la República. Busca seguir minando a Fuerza Popular con la hemorragia de parlamentarios causada por Kenji Fujimori. También juega a su favor que, en sectores institucionalistas, su vacancia se ve nuevamente como un mal menor frente a los atropellos del Congreso con la alianza apro – fujimorista. Los dardos envenenados en su contra, más que de Barata, vienen de su exsocio Gerardo Sepúlveda. Su destino político sigue siendo de pronóstico reservado.

Keiko Fujimori: En su peor momento político. La salida a cuentagotas de congresistas de su bancada afecta su imagen de lideresa. Si bien las declaraciones de Barata no la incriminan directamente, le han generado un daño tremendo a su imagen. Una bancada abiertamente obstruccionista no despierta adhesiones en casi nadie. De allí que muchos vean en el apoyo a la vacancia un salto hacia adelante para salvar su proyecto político.

Kenji Fujimori: Por ahora, es el ganador inicial de las disputas veraniegas. Va consolidando una bancada que le permite negociar obras con el gobierno, así como el mantenimiento del indulto a su padre, a cambio de no vacarlo. Aun no se vislumbra sus planes si es que papá vuelve a la DIROES o a Tokio. Y su bancada corre riesgos debido a la cantidad fuerte de acusaciones en su contra ante la Comisión de Ética, a punto de ser revividas por Fuerza Popular. Accesitarios se vuelve una palabra clave.

Alberto Fujimori: Un retorno sin gloria, lejos del baño de masas que esperaba. El exreo aguarda en La Molina el destino de su indulto. Un arqueo de cejas se debe haber producido anoche, cuando Carlos Bruce indicó que pertenecía a un sector del gobierno favorable a acatar un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contrario a su liberación. Sigue siendo el mejor consejero de su hijo.

Martín Vizcarra: Un silencio que ha creado imágenes distintas sobre su persona. Los más institucionalistas lo imaginan como un Paniagua II. Los fujimoristas lo creen cooptable. Ayer tuvo una victoria, cuando el Ministerio Público archivó la investigación por el caso Chinchero, la mayor amenaza a una posible presidencia suya. La relación con Palacio, sino rota, está bastante deteriorada.

Mercedes Araoz: Preside un gabinete donde importa más la imagen que lo que se hace, al mismo tiempo que se mandan al desvío varias reformas importantes (en particular, en el sector Educación). Más efectivos como operadores políticos para el gobierno resultan Javier Barreda y Jorge del Castillo, otrora enfrentados en el APRA. A su favor, está la lealtad con el Presidente.

Luis Galarreta: Cumpliendo los peores presagios sobre su presidencia del Congreso. Los dos dardos institucionales aprobados en estos días – la modificación de las reglas sobre cuestión de confianza y la posible nueva conformación del Consejo Nacional de la Magistratura – vuelven a la imagen del fujimorismo de la década de 1990. Es el mejor antídoto para vacar a PPK. Con esta imagen y las movidas de Kenji, Fuerza Popular corre el riesgo de quedarse sin mesa directiva en julio próximo.

Alan García: Liquidado electoralmente, apuesta como única salida el caos, contexto donde puede venderse como figura confiable. Si bien puede salir librado judicialmente del caso Lava Jato, la impresión en la opinión pública sobre su probidad es bastante clara (y negativa). Y, para colmo de males, el CEN que impuso con el apoyo de Mauricio Mulder acaba de ser declarado nulo por el Jurado Nacional de Elecciones.

Alejandro Toledo: Por aplicar la segunda parte de su plan para evitar la extradición. De un lado, presionar a PPK con el conocimiento de presuntos hechos irregulares en su administración. De otro lado, jugar con sus abogados – lobistas y sus contactos en Washington. Su caso es el mejor armado de todos los políticos en problemas.

Verónika Mendoza: Aparecer como la artífice de la vacancia le puede generar un serio problema si no prospera. Al mismo tiempo, las indecisiones de su bancada y su entorno sobre Venezuela la siguen enredando en un tema donde parecía haber zanjado posición hace algunas semanas. Anda en búsqueda de un perfil propio aún esquivo.

Pablo Sánchez Velarde: El Fiscal de la Nación anda más sosegado luego que el Consejo Nacional de la Magistratura archivara las acusaciones disparatadas en su contra. Las acciones de los fiscales de lavado de activos hacen que las demoras de sus pares sobre corrupción aún aparezcan con tímidas críticas. La pregunta es si irá o no a la reelección.

Marco Arana: Buscando un perfil más verde que rojo, como indica una bien dateada nota de Juan Carlos Tafur. Apuesta por sus banderas iniciales sobre recursos naturales y medio ambiente, buscando un espacio propio entre Mendoza y Gregorio Santos. No descarta una movida al centro.

Eloy Espinoza – Saldaña: Convertido en la piñata del Tribunal Constitucional dentro y fuera del mismo. Tanto el caso El Frontón como un error en su hoja de vida – enmendado posteriormente – lo han puesto en la picota, pero también han revelado un plan para que el TC termine sirviendo a los intereses de Keiko Fujimori.

Luis Castañeda Lossio: Buscando un legado, a partir de obras por inaugurar (Línea Amarilla) o en inicio (restauración del Teatro Segura). Percibiendo que, con sus candidatos a sucederlo en 10% de intención de voto como máximo, no es mal negocio postular a su hijo como su delfín en el cargo.

Roque Benavides: Fue el único en reconocer que recibió dinero de Odebrecht. Pero la imagen de CONFIEP ha quedado maltrecha por la falta de transparencia sobre su participación en la campaña electoral de 2011. Sin embargo, no han sido proactivos en proponer reformas contra la corrupción o modificaciones al sistema de financiamiento de campañas electorales, cuestiones que los han golpeado en las últimas semanas.

Juan Luis Cipriani: No sacó el provecho deseado de la visita del Papa Francisco y ha vuelto a tener un revés en la Conferencia Episcopal Peruana, que nunca presidirá. Sus objetivos están en seguir obteniendo logros en su visión sobre educación y salud en el Estado, así como conseguir que su jefe nombre un sucesor afín a su conservadurismo.

Julio Guzmán: Uno de los pocos ganadores en la coyuntura actual. Está en el segundo lugar de encuestas presidenciales, cada vez más cerca de Keiko Fujimori. Sus giras a provincias y la construcción de un partido le están generando réditos, al igual que la carencia de acusaciones en su contra. En el debe está una explicación sobre cómo viene financiando su carrera política.

La bronca Keiko – Kenji: hechos y consecuencias

Familia Fujimori
Detrás de la foto familiar, una bronca real. (Foto: Keiko Fujimori)

Con la renuncia de Kenji Fujimori y su facción de nueve congresistas a Fuerza Popular, se abre una nueva fase en la disputa de liderazgo al interior del fujimorismo. 

Lejos de las teorías conspiranoicas, la bronca que enfrenta a Alberto y Kenji Fujimori con Keiko es real.  Aquí algunos hitos que explican que esta disputa tiene largo tiempo y no es – como dirían en “Amor, Amor, Amor” – un armani.

Keiko Kenji 1
“Fraternidad” al máximo. (Foto: El Comercio)

LOS HECHOS

  • Febrero 2011: La enfermera de Alberto Fujimori, Gina Pacheco, aparece en la lista parlamentaria de Fuerza 2011, gracias al padrinazgo de Alejandro Aguinaga, médico del entonces reo. A Keiko no le cuadró la presencia de la también empresaria y la sacó de la lista a la mala. El Jurado Nacional de Elecciones la repuso.
  • Mayo 2011: Alberto Fujimori discrepa con la estrategia tejida por Jaime Yoshiyama para la segunda vuelta electoral. El exministro apostó por la “desfujimorización” y evitó que la candidata presidencial fuera al sur del país. También le frenó un spot televisivo al patriarca del clan.
  • Julio 2011: Fujimori resiente sus relaciones con Ana Herz de Vega, asesora de Keiko, considerada como una suerte de “segunda madre” y mujer de confianza de la excandidata. Según la periodista Rosa María Palacios, el sentenciado por asesinato y secuestro consideró que Vega frenó un arreglo con Alan García para ser indultado al final de su mandato.
  • Septiembre 2012 – Mayo 2013: Primer intento de indulto humanitario a favor de Alberto Fujimori. La estrategia fue planteada originalmente por el entorno del exdictador, conformado entonces por Aguinaga, Carlos Raffo y el empresario Germán Kruger.  Si bien Kenji jugaba en pared con Raffo, la mala estrategia del publicista hizo que, al final, los hermanos decidieran prescindir de sus servicios.
  • Abril 2013: La revista Velaverde publica un informe de la periodista Laura Grados que relata, por primera vez, disputas internas entre Keiko y Kenji. El benjamín de la familia ya buscaba contactar a congresistas de provincia que se sentían desplazados y maltratados por la lideresa de Fuerza Popular. Sin embargo, tanto su liderazgo como su entorno – encabezado entonces por la periodista Rosario Enciso – eran vistos dentro de la bancada como demasiado bisoños. Al mismo tiempo, Ana Vega no tenía aún los anticuerpos que generó después en parte del fujimorismo.
  • Noviembre 2015: Un reportaje de Marco Sifuentes para la revista Poder revela las disputas de Ana Vega y Pier Figari frente a una parte de FP. Se indica que Octavio Salazar, Leila Chihuán, Julio Rosas y Pedro Spadaro habían querido separarse de la bancada debido a la asesora, pero el intento se logró abortar (Rosas se terminó yendo por las declaraciones “pro choice” de Keiko sobre el aborto en la Universidad de Harvard). Kenji también expresó la “animadversión” que Vega tenía hacia ella y su padre.
  • Diciembre 2015: Con la anuencia de Keiko Fujimori, Vega y Figari encargaron focus groups para evaluar la presencia de los “históricos” del partido en la lista parlamentaria para las elecciones 2016. Allí se recomendó la salida de Alejandro Aguinaga, Luisa María Cuculiza y Martha Chávez. La única histórica que quedaba bien parada era Luz Salgado, quien al final ingresó a la lista. Tanto Kenji como Alberto Fujimori hablaron a favor de los cuatro. Al final, Keiko decidió hacerle caso a su entorno.
  • Abril 2016: En plena segunda vuelta electoral, la cuenta de Kenji Fujimori lanzó una serie de tuits. El más relevante es que él sería candidato presidencial en 2021 si su hermana perdía. Meses después, el parlamentario atribuyó a sus entonces asesores Gustavo Ruiz y Rosario Enciso estos mensajes. Hoy ambos personajes ya no están en su entorno cercano.
  • Junio 2016: Kenji no acude a votar en la segunda vuelta electoral. El indicó que se debió a “factores personales”, que luego ha explicado como la presión que sentía porque sus declaraciones podrían haber contribuido a la derrota de Fuerza Popular.
  • Julio 2016: Keiko cede a Alexei Toledo – hasta ese entonces, el hombre fuerte de prensa dentro de la Bankada – como asesor a Kenji. Sin embargo, el desplazamiento de poder al interior del fujimorismo hace que Toledo y Jorge Morelli queden como consejeros exclusivos de Kenji Fujimori.
  • Noviembre 2016: Rosa María Palacios revela que un grupo de parlamentarias fujimoristas de provincia se comienzan a acercar a Kenji, al verse desplazadas dentro de la bancada, así como asediadas por procesos en la Comisión de Ética del Congreso de la República. Allí se indicó que la rebelión de “las chicas del baño” se daría cuando “Kenji de la señal”.
  • 2017: Hacia afuera, Toledo y Morelli vieron una oportunidad. Keiko y su entorno se colocaban en posiciones cada vez más conservadoras. Entendieron que Fuerza Popular se estaba volviendo un grupo demasiado duro ante la opinión pública. Allí fue que se generó la imagen de un Kenji más liberal en cuestiones valóricas, autocrítico frente incluso a la Constitución de 1993 (con su posición a favor de la unicameralidad) y que aprovechaba cada oportunidad que tenía (caso Sodalicio, Niño Costero) para hacerse sentir. Las ilustraciones de Mario Orihuela buscaban conectarlo con un público en redes sociales cada vez más harto de su hermana y su intransigencia.
  • Diciembre 2017: Horas antes de Nochebuena, Pedro Pablo Kuczynski otorga un indulto humanitario a Alberto Fujimori. Morelli indica que la decisión se tomó en agosto. Tanto Ojo Público como Palacios dieron cuenta de reuniones en la celda de Fujimori en Ate, como de allegados al Presidente de la República, que confirmarían la aceleración del trámite luego del pedido de vacancia presidencial por parte del Keikismo. Fuerza Popular indica no estar de acuerdo con la forma en cómo se otorgó el indulto.

Kenji Avengers
Por ahora, Kenji jugará como “alfil de la gobernabilidad” de PPK (Foto: La República)

EL PRESENTE Y LO QUE SE VIENE

La estrategia de Kenji Fujimori resulta clara. Quiere presentar un rostro más amable del fujimorismo, mostrándose como un “garante de la gobernabilidad”. De hecho, hoy presentó un acuerdo en esa línea, casi convirtiendo a su facción en una suerte de bancada satélite del gobierno. No les sorprenda ver a los “kenjistas” asistiendo a inauguraciones de obras junto al Presidente de la República y sus ministros, cuestión que tenían expresamente prohibida por Vega y Figari. Y también va a buscar captar más adherentes a su facción. Por lo pronto, Roberto Vieira, parlamentario no agrupado, sería el congresista 11 de “Fuerza Ganadora”, como se bautizaría a este grupo aún informal. A ello se suma que tiene un equipo más afiatado de asesores de los que contaba hace 5 años (Morelli, Toledo y su propio padre).

Pero este juego tiene límites claros. Si Kenji quiere ser candidato presidencial en 2021, deberá calcular el momento en el que deberá hacer un deslinde más claro con un gobierno que todos los analistas serios ven como débil (Apuesten cuanto tiempo dura “el pacto Barbadillo – Choquehuanca”). La posibilidad de sacar obras para las regiones, donde sus congresistas se tomen fotos con PPK, con un gobierno pasmado, es limitada. Es claro que no tiene por ahora un partido con el qué ofrecer candidaturas regionales y municipales afines (a menos que concrete un acuerdo con Alianza País, cuya membresía ha sido brindada a Julio Gagó, considerado un “albertista”). Y la posibilidad de jalar más parlamentarios descontentos con su hermana estará supeditada al (muy probable) éxito de la demanda que varios congresistas han hecho al TC sobre la conformación de las “bancadas mixtas”.

Keiko Fujimori ha ejecutado un plan discreto, pero más efectivo. Queda bien con los “albertistas” al criticar el informe de la Defensoría del Pueblo en contra del indulto a su padre, pero el comunicado inicial de Fuerza Popular sobre las discrepancias con “la forma” en que se otorgó este beneficio pueden blindarla frente a lo que se puede venir tanto en la Sala Penal Nacional como en la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Asimismo, con la salida de los disidentes, ella afianza su liderazgo propio, lejos de la égida de un patriarca cuyo legado criminal no ha quedado borrado con el indulto. Y, además, da un claro mensaje a quienes se quieren salir. Además, al conservar el control de Fuerza Popular, tiene una mayor capacidad de maniobra para definir candidatos regionales y municipales cercanos a sus congresistas leales. Y, por supuesto, mantiene el principal activo: ser la locomotora para la reelección de sus seguidores. La encuesta de GFK presentada el último domingo valida dicha hipótesis.

Claro está, Keiko también ha tenido pérdidas con esta escisión. Va a tener que ceder algunas presidencias de comisiones ordinarias, de acuerdo a la proporcionalidad. Tendrá menos votos para continuar con las acusaciones constitucionales contra el Fiscal de la Nación y cuatro magistrados del Tribunal Constitucional. Tampoco podrá, salvo que cuente con votos apristas, continuar aprobando leyes por insistencia luego que sean observadas por el Poder Ejecutivo. Aunque también podría, con ello, ir salvando su imagen de “oposición obstruccionista” de a pocos.

Sin embargo, el futuro de esta bronca promete definirse en pasillos judiciales. Cuatro hitos marcan, sin duda, el devenir del fujimorismo: las resoluciones sobre el indulto y la gracia presidencial a dictarse en la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Sala Penal Nacional, respectivamente; la investigación a Keiko Fujimori por sus presuntos vínculos con Odebrecht y otras empresas vinculadas al caso Lava Jato; la indagación a Joaquín Ramírez – el hombre más cercano a la lideresa fujimorista – sobre lavado de activos; y lo que halle el Ministerio Público sobre las empresas montadas por Kenji y Hiro Fujimori Higuchi.

Para ponerlo más claro, Keiko espera que su padre termine de nuevo en prisión o en Tokio y su hermano comprometido con Limasa, mientras que Kenji está a la expectativa de lo que pueda deparar la declaración de Barata y lo que provenga de la DEA.  A tal grado están las cosas que, de acuerdo con nuestras fuentes, en la sesión donde se discutió la vacancia presidencial, un congresista fue a pechar a Kenji diciéndole “si no votas a favor, tu hermana se puede ir presa”. Dicha frase no inmutó al menor de los Fujimori Higuchi.

Como puede verse, esta disputa no tiene – más allá de algunos tuits – ningún trasfondo ideológico o discrepancias sustanciales en lo político. Responde a dos estilos de liderazgo distintos en un movimiento donde lo único que asegura cierto futuro como cabeza del mismo es tener un DNI con el apellido Fujimori.  Lo peor es que, con la debilidad del gobierno, buena parte del destino político del Perú continua signado a un pleito de familia.

“Todo el tema del indulto ha reconfigurado totalmente el escenario político”

José Alejandro Godoy Ideele

Estuve nuevamente en Ideele Radio para conversar con Glatzer Tuesta y Ernesto de la Jara sobre la coyuntura política posterior al indulto a Alberto Fujimori y el contexto en el que el Papa Francisco llega al país. Sin duda, el mapa político peruano se ha reconfigurado a partir de la pasada Navidad.

Pueden ver la entrevista a continuación:

 

Despejando mitos sobre el indulto

Fujimori indultado
Foto: Peru.21

El indulto es irrevisable. Al ser una injerencia del Poder Ejecutivo en decisiones judiciales, los indultos son excepcionales y contemporáneamente, están sujetos a reglas. Desde el caso Crousillat, pueden ser analizados por jueces constitucionales e incluso anulados.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos no puede revisar el indulto, porque Fujimori no fue sentenciado por crímenes de lesa humanidad. Para el sistema interamericano, basta que un delito sea una “grave violación de derechos humanos” para verificar si amnistías, indultos u otro mecanismo permiten la impunidad. Los casos Barrios Altos y La Cantuta son considerados por la Corte como tales. Y los jueces peruanos sí otorgaron la calificación accesoria de lesa humanidad.

Se han saltado los plazos para admitir un caso ante la Corte Interamericana. Este tribunal puede realizar audiencias de cumplimiento de sentencia a pedido de las víctimas y sus familiares. Por ello, el tribunal internacional revisará el indulto en febrero.

Se cerrarán los pleitos entre los Fujimori. Más allá de la foto de compromiso, el patriarca del clan no ha podido pacificar a sus hijos. Kenji busca concentrar más poder ofreciéndoles a los congresistas conseguir proyectos y obras con el gobierno, conociendo los problemas legales de su hermana, esgrimidos como argumento interno para que voten a favor de la vacancia de PPK. A su vez, Keiko sabe que el indulto puede ser anulado en San José y, con su padre de nuevo en la cárcel (o en Tokio), ella retomaría las riendas del fujimorismo. La bronca es real.

Será posible la gobernabilidad y la realización de reformas de mercado. La actual partición del fujimorismo hace inviable esta hipótesis. Y la mayoría de sus proyectos de ley no son precisamente garantes de la buena marcha macroeconómica del país. En sencillo: la reforma laboral y la pensionaria no les interesan.

El país se reconciliará. Junto con el trapicheo de la palabra reconciliación, el indulto a Fujimori, tanto en fondo y en forma, no ha contribuido a la unión nacional. ¿Quién fue el “genio” en Palacio de Gobierno que pensó en ello?

(Publicado originalmente en La República)

Cinco escenarios del segundo año de PPK

Araoz PPK

Con el nombramiento de Mercedes Araoz como presidenta del Consejo de Ministros, comienza el segundo año de gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, para todo efecto práctico. ¿Qué retos deberá afrontar esta administración en este segundo tramo? Ensayamos una respuesta, a partir de cinco escenarios centrales que deberá afrontar.

La economía

Sin duda, para un gobierno caracterizado por la fuerte presencia de tecnócratas, este es el escenario donde se sienten más cómodos, por dos razones. En primer lugar, porque buena parte de las obsesiones del equipo gubernamental pasan por el éxito en recuperar tasas de crecimiento relativamente altas en forma paulatina. Destrabe es una de las palabras más pronunciadas en los pasillos de todos los ministerios, sobre todo, aquellos ligados a los sectores productivos.

En segundo lugar, porque el escenario internacional suena mejor. Los precios del cobre y del zinc son más que favorables para nuestras exportaciones primarias y reactivarán, sin duda, proyectos mineros dormidos. La recuperación económica en simultáneo de Estados Unidos, Europa y China es otra buena noticia. En los salones de la CONFIEP y otros gremios empresariales se respira confianza, no solo por la buena marcha internacional, sino también por el nombramiento de Claudia Cooper en el Ministerio de Economía y Finanzas.

Sin embargo, más allá de los entusiasmos empresariales, el ciudadano debe sentir que el gobierno trabaja para su bolsillo. Ello va desde calmar las ansiedades por controles de precios que sabemos a dónde nos llevan, hasta una adecuada fiscalización de los derechos del consumidor. Es en esta materia donde PPK y su equipo tienen una seria deuda. Y una “reforma laboral pro empleo”, como la que pretenderían encabezar mediante facultades legislativas, requeriría dotes políticas que hasta ahora parecen escasear en el gobierno.

Donde parece no existir aún un norte claro es en los necesarios ajustes que el modelo económico requiere. Como advirtió el politólogo Alberto Vergara en su columna en El Comercio, es evidente que la economía no crece como quisiéramos hace varios años. Más allá de las responsabilidades particulares del gobierno de Humala o de la gestión Thorne en el MEF, resultaría necesario hacer este trabajo de pensamiento en torno al modelo de desarrollo que requiere el Perú. Pero las reacciones de nuestra derecha liberal en lo económico ante el artículo del docente de la Universidad del Pacífico hacen pensar que, precisamente, las presiones irán por continuar con más de lo mismo. Y es probable que en jirón Junín las acaten.

Género

Una materia en la que el gobierno hizo grandes esfuerzos durante el primer año fue en la lucha por la igualdad de género. La gestión de Ana María Romero tuvo como una de sus prioridades la lucha para defender a las mujeres de cualquier tipo de violencia. Al mismo tiempo, se dieron algunas iniciativas a favor de los ciudadanos LGTBI, como el Decreto Legislativo 1323 que incorporó a los crímenes de odio en la legislación peruana.

Sin embargo, esos avances parecen estar en peligro. La nueva titular del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables está más preocupada en el empoderamiento femenino a través del mercado antes que en afrontar situaciones de violencia de género. Si bien la presidenta del Consejo de Ministros está sensibilizada con estos temas y anunció que propondrá un proyecto que busque la igualdad salarial entre hombres y mujeres, habrá que esperar a su discurso de investidura para conocer cuáles serán las prioridades del gobierno en esta materia. Y el tema LGTBI ha desaparecido de la agenda gubernamental. A ello se suma el nombramiento de Idel Vexler y Fernando D’Alessio en ministerios claves como Educación y Salud, siendo conocidas sus simpatías conservadoras.

Al mismo tiempo, confluyen dos escenarios. El gobierno se siente lo suficientemente débil como para encarar varias batallas y uno de los campos en los que indica que arriará banderas en lo referido a la igualdad de género. Y, de otro lado, los sectores conservadores buscan aprovechar la visita del Papa Francisco para obtener cualquier declaración que salvaguarde sus intereses. Si a ello se suma la división interna del gobierno en torno a temas confesionales, tenemos un escenario bastante complicado en esta materia.

El fujimorismo

Uno de los problemas que el gobierno nunca pudo resolver fue su relación con el fujimorismo. Las indecisiones en torno a este vínculo terminaron irritando a todos: detractores de Fuerza Popular que consideran inviable pactar con una mafia, resignados a la real politik que señalaban que “es necesario algún tipo de entendimiento para que avance alguna reforma” y entusiastas con un “cogobierno que le cierre el paso a la izquierda en 2021”.

Con el nombramiento de Araoz y la salida de ministros incómodos para el fujimorismo, cierta tregua política parece haberse alcanzado. Se da por sentado que, más allá de algunas modificaciones, la Ley de Presupuesto 2018 será aprobada. Y el gobierno procura que el clima político se enfríe hasta el verano, aprovechando la visita papal en enero.

Sin embargo, no se advierte aún una estrategia en el gobierno respecto a la bancada mayoritaria. Mejor dicho, hasta el momento no se modifica el status quo de la relación con Fuerza Popular y tampoco queda claro qué es lo que quiere hacer el gobierno. Por ahora, se prefiere mantener la indefinición, pero dos escenarios pueden cambiar las cosas: la aceleración de la crisis en el fujimorismo por el factor Kenji Fujimori y un posible indulto humanitario a Alberto Fujimori.

El indulto

Precisamente este es uno de los temas donde el gobierno tampoco tiene una definición clara. En Palacio de Gobierno, sin duda, se prefiere evitar que Fujimori muera en la cárcel, para evitar las consecuencias políticas de la posible creación de un “mártir”. Sin embargo, varias cuestiones complican una decisión en Palacio de Gobierno.

De un lado, es evidente que Keiko Fujimori no quiere un indulto humanitario a su padre. Ella oscila entre la posibilidad remota de una sentencia judicial que revierta en parte la condena sobre violaciones a los derechos humanos y el silencio claro sobre una gracia que su hermano sí está dispuesto a impulsar y, sobre todo, a tranzar con el gobierno.

De otro lado, el sector más movilizado en torno a reafirmar la culpabilidad de Fujimori en los casos de crímenes de lesa humanidad y corrupción tiene una capacidad de incidencia en el gobierno. No solo porque tiene perfiles mediáticos importantes o una personalidad con capacidad de influencia como Mario Vargas Llosa, sino también porque tiene un elemento que el sector favorable al indulto no puede esgrimir: capacidad de movilización en las calles.

Las élites están divididas sobre este tema, lo que lleva a que la decisión se siga postergando en Palacio de Gobierno. Eso sí, por ahora, está descartada la existencia de informes médicos o que la venida del Papa sea el momento perfecto para llevar a cabo esta complicada determinación.

Conflictos sociales

Por ahora, con excepción del conflicto alrededor de la posibilidad de una consulta previa en el Lote 192, las posibilidades de disputas en torno a proyectos mineros y de energía son reducidas. Los yacimientos más polémicos –Conga y Tía María– no se llevarán a cabo en este gobierno, más allá de los deseos de algunos entusiastas analistas. Por ahora, el gobierno tiene un flanco menos que cubrir en esta materia.

Sin embargo, la prolongada huelga de maestros mostró las debilidades estatales para afrontar conflictos donde lo laboral se mezcla con la política. Se desconoce el rol que tuvo el viceministerio de Gobernanza Territorial en este conflicto en particular, así como el papel que cumplirá en otras disputas de diverso tipo.

Precisamente, es el flanco laboral el que deberá cuidar más el Poder Ejecutivo. La huelga magisterial demostró que gremios con posibilidad de movilización tienen la capacidad de ponerlo contra las cuerdas. Si va por una reforma laboral, sin duda, se vendrán varias movilizaciones que podrían replicar lo visto en las marchas contra la “Ley Pulpín”. Sin política, cualquier cambio o proyecto importante se podría debilitar. Ya lo demostró el primer año de gestión.

(Publicado originalmente en Ideele. El autor hace la salvedad que trabajó en la Presidencia del Consejo de Ministros entre marzo y junio de 2017)