Abusos contra menores: hora de una CVR

Abusos

En 2013, Australia conformó una Comisión Real para investigar las responsabilidades institucionales frente a los abusos sexuales contra menores de edad. Hasta diciembre de 2017, este grupo de trabajo indagó cómo escuelas, iglesias, clubes deportivos, instancias de gobierno y otras entidades respondieron frente a denuncias en este tipo de casos.

La Comisión recogió testimonios para identificar las fallas en los sistemas de estas instituciones frente a denuncias de abusos, con miras a plantear cambios legislativos y modificaciones en políticas públicas. También se brindó espacios para que las víctimas relataran sus experiencias, así como para recoger sus necesidades de apoyo, defensa legal y reparación frente a estos hechos. El recojo de información, mediante citas privadas y envío de comunicaciones, estuvo sujeto a protocolos escritos. Se realizaron audiencias públicas sobre casos institucionales.

Este viernes 15 de diciembre, la Comisión Real emitirá su informe final, que contendrá tanto los datos recogidos como una serie de recomendaciones dirigidas al estado australiano para una mejor atención de estas denuncias, así como un mejor trato hacia las víctimas de abusos. Durante su trabajo, este equipo fue emitiendo informes parciales de casos, que daban cuenta de la magnitud del problema.

La experiencia australiana, así como nuestro propio camino en la justicia transicional, ha llevado a que algunas personas sugieran la necesidad de un grupo de trabajo similar al creado en Oceanía para nuestro país. Me sumo a la idea por los siguientes motivos.

En primer lugar, porque los hogares y escuelas peruanos son un espacio de violencia para los menores. Según la Encuesta Nacional de Hogares 2015, 81.3% de adolescentes y 73.8% de niños entre 9 a 11 años han sido víctimas de violencia física o psicológica alguna vez en su vida. Asimismo, el 34.6% de adolescentes indica que ha sido víctima de violencia sexual, incluyendo bromas de contenido sexual, tocamientos indebidos y visión forzada de pornografía.

En segundo término, recientes denuncias dan cuenta de un problema que atraviesa a todos los sectores sociales. Los abusos en el Sodalicio de Vida Cristiana y las denuncias sobre tocamientos presuntamente ejecutados por el educador Juan Borea han conmovido a nuestras élites, así como la reciente revelación hecha por el periodista Pedro Salinas sobre un caso sistemático de violación al interior de los Scouts. En los noticieros, es frecuente la aparición de casos de este tipo en los sectores socioeconómicos más pobres.

Tercero, es momento que el Estado y la sociedad asuman que estamos ante un problema grave. Un signo de la poca importancia que damos a este tema está en el hecho de que el Congreso de la República no nombre hasta ahora a los miembros de la comisión investigadora sobre abusos a menores, sin protesta alguna. Y es claro que, dado el estado actual de nuestra representación parlamentaria, se espera poco de este grupo de trabajo.

Por tanto, resulta indispensable que el Poder Ejecutivo haga suya esta iniciativa. Es momento que el Estado peruano cumpla con su obligación de proteger a quienes necesitan de más cuidado en nuestra sociedad. Y, para ello, resulta necesario, dar la oportunidad a las víctimas de hacer sentir su voz y que todo el país conozca la verdad sobre un problema que nos afecta a todos. En Palacio de Gobierno tienen la palabra.

(Publicado originalmente en el diario La República)

Todos los abusos deben investigarse: el caso Borea

Ayer por la mañana, el ingeniero químico Rafael Salgado brindó un fuerte testimonio en su cuenta de Facebook. En el mismo, acusó directamente al promotor y director del Colegio Héctor de Cárdenas, Juan Borea Odría, de haber abusado sexualmente de él a los 10 años de edad.

Luego de la confesión de Salgado, aparecieron, tanto en los comentarios de su muro de Facebook como en otros espacios, testimonios de otros exalumnos del plantel ubicado en Jesús María que acusaban a Borea de inconductas sexuales, abusos de este tipo, así como agresiones físicas y psicológicas.

De acuerdo a lo recabado por este blog, Borea Odría ha pedido licencia como director del colegio que creó hace poco más de tres décadas, sin señalar la veracidad o falsedad de las acusaciones. En paralelo, la Comunidad Héctor de Cárdenas, a la que pertenece el educador – y que no tiene vínculo alguno con el colegio del mismo nombre -, viene recabando información e investigando estos hechos. La CHdC pertenece a la Congregación de los Sagrados Corazones, donde Borea es miembro de la rama secular. De allí que el grupo religioso se haya comprometido a indagar sobre estos hechos.

Conocí a Borea hace veinte años. Varios colegios católicos o de inspiración católica, incluyendo al mío, hacían sus programas de confirmación en forma más o menos conjunta. Dado que vivía cerca del Colegio Héctor de Cárdenas, fui enviado a dicho plantel para confirmarme.

En sencillo: no fui testigo ni víctima de abusos sexuales o inconductas de este tipo. Pero sí noté algunos rasgos que, a la distancia, no eran los más adecuados para el tratamiento de adolescentes. Uso excesivo de lenguaje coprolálico y duro, arranques de ira acompañados de palabras de grueso calibre y cierto tono “mitad monje, mitad soldado” en las formas que él empleaba (y que, según me referían alumnos del Colegio, era aún más marcado al interior del mismo). Sin embargo, dado que existía un equipo mucho más amplio de animadores de confirmación, muchos de estos rasgos quedaban aminorados por una intensa reflexión teológica y acogida espiritual, que sí me sirvió para valorar mi fe y confirmar mis creencias.

En los años siguientes, asistí a varias reuniones de la Rama Secular donde Borea estaba presente. Allí tampoco noté nada extraño. Pero también es cierto que, dentro del carisma de los Sagrados Corazones, la reflexión en torno a la fe distaba mucho del autoritarismo y la culpa y, más bien, se encarnaba en la libertad. Manteníamos un trato bastante cordial, sin que llegara a consolidarse una amistad.

Como es evidente, las acusaciones presentadas son impactantes para muchos de quienes las hemos leido. Pero, a diferencia de quienes las niegan a rajatabla en base a los buenos momentos que pasaron en el Colegio Héctor de Cárdenas, comparto la preocupación de muchos exalumnos de mi generación (a varios de los cuáles conozco) y exijo como ellos, una explicación.

Al leer los testimonios brindados, sí queda claro un posible patrón de inconducta que debe examinarse. Y que, acompañado de otros rasgos, podría configurar otro caso de abusos que resultan intolerables para cualquier persona y, menos aún, para un creyente. Por ello, resulta necesario que tanto el Colegio Héctor de Cárdenas como la familia SSCC, con la que Borea ha estado vinculado, hagan las investigaciones respectivas y, de comprobarse lo evidenciado en los testimonios, procedan a hacer las denuncias pertinentes ante las instancias judiciales correspondientes. Y, por supuesto, tomen las medidas correspondientes en torno a su permanencia tanto a cargo de menores de edad como en una entidad de cariz religioso.

Precisamente, hace algunos años, a raíz de los abusos cometidos al interior del Sodalicio, otro miembro de la Comunidad HdC, Pablo Espinoza, señalaba estas palabras:

Nada asegura que en una comunidad de creyentes, por más abierta o liberal que sea, no se vayan a producir abusos o manipulaciones que deriven en la cosificación de personas hasta llegar a los terrenos que comprometan la afectividad o la sexualidad para beneficio individual. Ello porque en definitiva, como diría San Pablo, el Evangelio es un tesoro que llevamos en vasos de barro, es decir, se trata de la relación y testimonio entre personas, con nuestros límites y pecados. Por ello debemos cuidar la necesaria vigilancia fraterna, el discernimiento permanente de nuestro actuar con los demás, la revisión de vida a la luz del Evangelio y la corresponsabilidad cuando se trata de formar personas.

Es necesario, por tanto, tener acogida ante los denunciantes, sin caer, en ningún momento, en actitudes que pretendan invalidar su credibilidad. Es momento de escucharlos y ser empáticos. Y, al interior de los grupos afines a Borea, ser imparciales en la investigación. Todo abuso debe investigarse. Y es una exigencia que desde aquí hacemos, aún impactados por lo que leímos este fin de semana.

Sodalicio: el Informe de la Comisión de Expertos

(Luis Fernando Figari, reconocido como abusador por el propio Sodalicio. Foto: TV Perú)

Ayer por la tarde, el Sodalicio de Vida Cristiana publicó el informe de la Comisión de Expertos sobre Abusos y Respuestas, que fuera anunciado por el Superior General de la entidad, Alessandro Moroni. Luego de su lectura, creo que se pueden llegar a las siguientes conclusiones:

1. Si quedaba alguna duda que el trabajo de la fiscal María del Pilar Peralta fue deficiente, hoy este documento lo confirma. Luis Fernando Figari es responsable de siete casos de abuso sexual según el propio SCV. En el informe se detallan tanto sus inconductas sexuales como los mecanismos de control y sometimiento, así como su estilo de liderazgo. Sin duda, el informe confirma que el fundador del Sodalicio era un monstruo (y eso que el informe solo menciona al paso la existencia de una servidumbre casi en condiciones de esclavitud a favor de Figari en sus casas de Santa Clara). Algo que no solo deberían escuchar bien en el Ministerio Público, sino también en el Vaticano.

2. La Comisión responsabiliza en forma abierta por abusos sexuales a otros cuatro exmiembros del SCV: Jeffrey Daniels, Germán Doig, Daniel Murguia y Virgilio Levaggi.

En este último caso, contactamos a Levaggi en octubre y negó los dos casos que se le adjudicaba. Se le suma un tercer caso de un menor de edad. La pregunta es si la OIT lo mantendrá como funcionario. Consultamos a la entidad laboral por una respuesta oficial y, hasta el cierre de este post, no hemos recibido respuesta.

El caso de Daniels es, sin duda, el más ominoso de todos. El SCV encuentra que las 12 personas que denunciaron abusos sexuales ante la Comisión eran menores de edad al momento de ocurrir los hechos. Y ello es aún más grave cuando Daniels era el encargado de las Agrupaciones Marianas, dirigidas a adolescentes, así como por el claro encubrimiento de la institución en este caso.

En lo que se refiere a Doig y a Murguía, se confirma lo que se decía de ellos. Y, en el caso de Doig, con un mayor número de víctimas a las que se consigna en “Mitad Monjes, Mitad Soldados”.

A mi modo de ver, esto hace que sea mucho más fácil de demostrar la sistematicidad de los casos de abuso sexual dentro del SCV, cuestión que haría más factible la calificación de estos crímenes como de lesa humanidad y, por tanto, imprescriptibles.

3. Resulta preocupante que 3 miembros del Sodalicio aparezcan entre los victimarios de abusos sexuales y que la sancion, hasta ahora, solo sea apartarlos del apostolado o, en un caso, de la vida comunitaria. Esperemos que Sandro Moroni cumpla su palabra de enviar estos casos a la Fiscalía. En realidad, estas personas deberían ser expulsadas del SCV y sus nombres dados a conocer. Es inaceptable que solo se tome una sanción de apartamiento.

Y, de hecho, ya habían trascendido los casos de Ricardo Treneman, Javier Leturia y Luis Ferroggiaro, actuales miembros de la entidad, por posibles inconductas sexuales. ¿Son ellos a quienes señala el informe de la Comisión?

4. La comisión también habla de abusos físicos y psicológicos. Pero sólo se indica como medidas correctivas la salida de puestos directivos o de labores de apostolado. Aquí también debería proceder la expulsión y, por supuesto, la colocación de los nombres. Más aún, cuando la serie de informes “Los Abusos del Sodalicio” ha expuesto a varios de los maltratadores.

5. La comisión reconoce la existencia de una cultura de encubrimiento, pero no señala responsables. Esta es la omision más fuerte del informe y que los firmantes deberán explicar ante la opinión pública. Como indica Paola Ugaz:

El informe tiene un gran vacío: no hay ninguna información sobre la cúpula que encubrió por 45 años lo que pasó en el Sodalicio de Vida Cristiana (SVC).

No se menciona a Jaime Baertl, el encargado de las finanzas de la congregación, ni a todos los que estuvieron y vieron lo que ocurrió cuando eran jerarcas del Sodalicio y lo siguen siendo. Solo se habla de cuatro responsables, uno de los cuales está muerto y otro confinado en Roma.

La verdad es que el superior general del SVC, Alessandro Moroni, tiene miedo de acusar a Baertl porque si lo hace se le cerraría el caño del dinero.

Asimismo, se detallan una serie de medidas implementadas o en vías de implementación. El SCV, por transparencia, debería colocar todos sus nuevos protocolos para el tratamiento de denuncias, así como el disciplinario.

6. Finalmente, es necesario que Alessandro Moroni deje de comunicarse exclusivamente a través de los videos elaborados por Carlos Raffo. Quedan varias preguntas pendientes respecto de este informe, así como en torno a las medidas que tomará el SCV. Es hora que den la cara y no se amparen en la lectura de un telepronter.

Mitad abusadores, mitad impunes

En noviembre de 2000, José Enrique Escardó publicó en la revista Gente una serie de artículos sobre el Sodalicio de Vida Cristiana. Por primera vez, quedaron expuestos el abuso psicológico y físico, las “órdenes absurdas” y las técnicas de manipulación empleadas para captar a menores de edad, en su mayoría, chicos de clases altas y medias altas.

Ya desde allí comenzó un modus operandi que luego sería visto en casos posteriores: presiones económicas contra la publicación de la familia Escardó, intentos de desacreditar al periodista e infundios repartidos por medio Lima.

Debo añadir, además, que fue entre 1998 y 2000, cuando el SCV intentó captarme en sus filas. En tres ocasiones, miembros de la organización intentaron convencerme de entrar, sin éxito. Mi visión de una religión menos basada en la culpa y más fundamentada en la libertad hizo que no fuera blanco fácil de lo que, sin duda alguna, eran medios de manipulación psicológica. Otros jóvenes – hoy en sus treinta – no corrieron la misma suerte.

En 2002, el programa Entre Líneas, conducido y producido por Cecilia Valenzuela, presentó un reportaje bastante completo donde se presentaron las versiones de padres de familia y exmiembros de la entidad católica, quienes documentaron otras denuncias de abusos y lo que, a todas luces, podía ser calificado como secuestro. Asimismo, Escardó presentó su testimonio y el psicoanalista Jorge Bruce analizó el caso. Allí, este último dio un vaticinio sobre lo que se conocería años más tarde: no descartaba la existencia de abusos sexuales en la institución.

A los pocos meses, Pedro Salinas presentó su novela “Mateo Diez”. Más allá de los méritos narrativos de la obra, el periodista contó claramente lo que ocurría al interior de la institución: deformación en la formación de adolescentes y jóvenes, golpes, maltratos, órdenes sin sentido, fascismo en la doctrina y, al final, se insinúa la existencia de un caso de abuso sexual.

En 2007, el sodálite Daniel Murguía fue atrapado in fraganti tomandole fotos semidesnudo a un niño de 11 años. Aunque formalmente fue expulsado del SCV, su hermana Patricia indica que se le puso a un abogado cercano a la institución. Su paradero es desconocido.

A fines de 2010, Luis Fernando Figari, el fundador del Sodalicio, anunciaba su retiro por “razones de salud” para dedicarse a una vida de “contemplación y meditación”. Lo que no se sabía es que ya se conocía que el número 2 de la organización, Germán Doig, tenía a cuestas por lo menos tres casos de abuso sexual. Y que, internamente, la fraterna Rocío Figueroa había pedido tanto que se hicieran públicas las razones por las que se retiró el expediente de beatificación de Doig, como la salida de Figari de la conducción del movimiento. Recién en febrero de 2011 se conocería que el fundador del Movimiento de Vida Cristiana mantenía una “doble vida”.

Y es allí que Pedro Salinas y Paola Ugaz comienzan a investigar el caso. Y se comienzan a saber varias cosas: la existencia de denuncias contra Figari por abusos sexuales; el relato del actor Jason Day sobre un episodio con un sacerdote que, años después, sabríamos que tenía denuncias de abusos sexuales. Y, nuevamente, se repetirían las amenazas, los comunicados negando todo, las columnas de opinión defendiendo lo indefendible.

Hasta que, en octubre de 2015, llegó el libro “Mitad Monjes, Mitad Soldados”. Y ya no se pudo rebatir la verdad de lo que se decía: testimonios de abusos sexuales cometidos por Figari, Doig y Jeffrey Daniels.  Una estructura de abusos psicológicos y manipulación. Captación de menores de edad a quienes luego se introducía a la investigación. Una historia sistemática de encubrimiento. Y todo ello fue reafirmado por la Comisión de Ética para la Justicia y la Reparación, que entrevistó a más víctimas y que concluía cosas como estas:

  • Los daños físicos provienen básicamente de los abusos perpetrados al implementar medidas destinadas a exponer la integridad de las personas, a pruebas físicas para las cuales no se encontraban preparados y en condiciones opuestas a una lógica razonable; también quedan comprendidos los daños infringidos a quienes fueron víctimas de golpes o castigos físicos, incluso perpetrados por sus propios compañeros en cumplimiento de órdenes o instigación de sus superiores.Las exigencias físicas fueron mantenidas aún con diagnósticos médicos que aconsejaban lo contrario, generándose daños incluso permanentes a quienes se las impusieron. Las dolencias físicas no fueron comunicadas oportunamente a los familiares, siendo por el contrario ocultadas, de manera que han dejado secuelas de distintos grados.

  • El SCV, tanto bajo la conducción de Luis Fernando Figari como de Germán Doig y las demás autoridades que han transitado por el SCV, a lo largo de su existencia, no han respondido a la confianza depositada por la Iglesia Católica y no solo han permitido los abusos indicados, sino que también han defraudado a fieles laicos que siguiendo la espiritualidad del SCV desarrollaron modos de vida afines a ellos, se desprendieron de bienes materiales y brindaron su tiempo y dedicación para cumplir con los mismos. Hoy día, esos mismos fieles, sufren el dolor de haber conocido situaciones de abuso que desconocían y reprueban.

  • Los daños espirituales y morales, provienen de la utilización que ha hecho el SCV de la vocación manifestada por los jóvenes que deseaban integrarse a su organización, sirviéndose de la misma para responder prioritariamente al culto de Luis Fernando Figari, así como al de Germán Doig. Con ello se infringe igual daño a la Iglesia Católica, que confiando en los fundamentos establecidos en las Constituciones del SCV le otorgó su amparo, para permitir y alentar la formación espiritual de los jóvenes y el crecimiento de la fe y la multiplicación de las vocaciones.

  • Los daños psicológicos, vienen también de la implementación de esas prácticas de sobre exigencia física irrazonable, de la exposición a riesgo de sufrir daño, o perder la vida al imponerse prácticas de actividades peligrosas; de los malos tratos verbales, escarnio, burlas, humillaciones; de una constante manipulación de la voluntad, así como de los abusos sexuales infringidos contra algunos de los formandos, incluso menores de edad. Las víctimas de estos abusos sexuales evidencian daño profundo, no solo por los actos físicos de agresión a los que fueron sometidos sino también a las injustas confusiones a las que se les expuso sobre su propia identidad sexual, dificultando duramente su despliegue personal al incorporarse a la vida civil, incluyendo sus relaciones afectivas. En muchos casos el daño se ha visto incrementado por el temor a la vergüenza de no haber podido denunciar la violencia en su contra, así como advertir la indolencia del SCV en los casos en que, enterados de la ocurrencia de esos actos, no procedió con la firmeza y justicia que esos abusos reclamaban. No se protegió a las víctimas pese a conocer lo ocurrido; se las dejó a su suerte y más bien, en ciertos casos, se privilegió cubrir al victimario y proteger a la organización, llevando a cabo procesos de aparente investigación que no concluían en una sanción efectiva. Las dolencias psicológicas no fueron advertidas o tratadas, ni oportuna, ni adecuadamente.

Y sumemos a ello la serie de reportajes que Salinas y Ugaz han presentado después de su libro y que dan nuevos nombres de abusadores físicos y psicológicos, así como describen el amplio poder económico de la organización. O la investigación de Ugaz que describe lo que ocurría con los esclavos de Figari, jóvenes dedicados exclusivamente a servir al fundador de la organización.

Con todos estos elementos, ¿no pudo hacer la fiscal María del Pilar Peralta una investigación que fuera más allá de la mera formalidad? ¿No pudo apreciar que existía una organización paralela dentro de la organización – reconocida por la Comisión de Ética – que incluía una estructura vertical de poder, con roles para cada actor, para cometer actos ilegales y donde existe fungibilidad y predisposición de sus miembros? ¿No pudo percatarse que los daños psicológicos estaban acreditados por peritajes distintos al del Instituto de Medicina Legal – que tenía serias falencias – como por el hecho que el propio Sodalicio solventa el tratamiento psicológico de algunas de las víctimas? ¿Por qué no tomó el testimonio de víctimas que acreditaban el abuso sexual – como “Santiago”, testimoniante del libro de Salinas y Ugaz, o Álvaro Urbina – y psicológico – como Martín Scheuch -? ¿Por qué se negó a aceptar como base el completo libro de Salinas y Ugaz para armar un caso? ¿Por qué ni siquiera mencionan el caso de José Enrique Escardó, uno de los denunciantes?

Como indica el periodista Miguel Seminario, es hora que el Sodalicio y la Iglesia Católica den un paso más allá en la aceptación de responsabilidades, pedido de disculpas y acogida a las víctimas. Y, sobre todo, es hora que el Ministerio Público haga caso omiso a las presiones y haga, en base a la apelación de los abogados de las víctimas, una investigación seria sobre 45 años de abusos.

Es hora que se haga justicia. Y es momento que el Sodalicio expulse a sus integrantes podridos.

Sodalicio: el caso Levaggi

(Virgilio Levaggi, funcionario de la Organización Internacional del Trabajo, involucrado en acusaciones de abusos sexuales al interior del Sodalicio. Por primera vez habla sobre estos hechos. Foto: You Tube)

“Jamás he forzado a nadie a tener relaciones sexuales, de ninguna naturaleza, en contra de su voluntad”. Así nos respondió, vía correo electrónico, Virgilio Levaggi, exmiembro del Sodalicio de Vida Cristiana y actual funcionario de la Organización Internacional del Trabajo, sobre las acusaciones existentes en su contra ante el Ministerio Público.  Se trata de la primera declaración pública brindada por él a un medio de comunicación respecto a su caso.

El jueves pasado, la revista Caretas publicó que el superior actual de la referida organización católica, Sandro Moroni, había confirmado que la institución ocultó dos casos de abuso sexual presuntamente cometidos por Levaggi. Este blog había conocido esta versión por fuentes cercanas al SCV en semanas previas a su difusión en el referido medio.

Según la declaración de Moroni, que Desde el Tercer Piso pudo conocer, el actual superior general del Sodalicio, gracias a su posición, pudo conocer en el 2015 la existencia de dos denuncias de abusos sexuales presuntamente cometidos por Levaggi hace aproximadamente 30 años. Las dos personas, según señaló Moroni, eran mayores de edad al momento de ocurridos los hechos. Uno de ellos pertenecía, de acuerdo al dirigente sodálite, a la organización cuando sucedieron estos acontecimientos.

Levaggi – quien hace nueve años no reside en el Perú – nos indicó que había tomado conocimiento de la investigación que se le sigue en el Ministerio Público, junto a pasados y presentes dirigentes del Sodalicio, por presuntas conductas delictivas cometidas al interior de esta entidad. Volvió a negar cualquier abuso sexual cometido por él, cuando le preguntamos por la declaración dada por Moroni.

Durante el último año, se conoció la grave magnitud de abusos psicológicos, físicos y sexuales producidos al interior de la organización fundada en 1971.

El exintegrante del SCV nos indicó, al responder un cuestionario enviado para este informe, que “durante estas tres últimas décadas, jamás he sido abordado, por ningún miembro antiguo o actual del Sodalicio, que me haya hecho mención a algún supuesto delito, ni he recibido, ni directa ni indirectamente, alguna acusación sobre abuso sexual”.

Como este blog registró en agosto pasado, Levaggi fue acusado directamente ante el Ministerio Público por cinco exmiembros del Sodalicio de Vida Cristiana. Así se registra en la acusación brindada y que motivó la ampliación de las investigaciones judiciales sobre este caso:

En efecto, en el libro de Salinas y Ugaz, el periodista y exintegrante del SCV da cuenta del episodio del puntero en su testimonio personal. Este es el extracto exacto (vía Correo):

“Mi director espiritual me insistía en que yo acumulaba mucha tensión y que lo recomendable era que practique yoga (…) Entonces, en una sesión de ‘dirección espiritual,‘ me dijo que debía conocer mis chakras, y me pidió que me sacara la ropa, que me quede en calzoncillos, echado en el piso, boca arriba, con los ojos cerrados. Porque el yoga se practica así, en ropa interior (…) tomó un puntero desplegable, de metal, para más señas, y comenzó a pulsarme el hombro, los brazos, el pecho, luego las piernas. Y en un momento me tocó cerca de los genitales. En la ingle, para ser precisos. Entonces reaccioné con sorpresa, abriendo los ojos de súbito y levantándome del piso, como resorte, manifestando mi incomodidad

Según pudimos conocer mediante fuentes que prefirieron darnos su versión protegiendo su identidad, existen dos testimonios que confirmaron las versiones sobre abusos sexuales que habrían sido cometidos por Levaggi, pero no fueron incorporados en el texto publicado hace un año debido a que los testimoniantes decidieron no incluir sus versiones.

Como ya mencionamos, el exmiembro del Sodalicio niega cualquier vinculación con estos hechos. Sin embargo, nos refirió sobre el cúmulo de acusaciones al interior de la entidad a la que perteneció que:

“Si tales situaciones existieron, creo que hay que ser solidarios respecto a las personas que hayan vivido las mismas. Ellas merecen esclarecimiento y justicia, de acuerdo a lo establecido por el ordenamiento jurídico nacional”

De acuerdo al libro “Mitad Monjes, Mitad Soldados”, escrito por los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz, Levaggi ingresó a la institución luego de ser captado en el colegio Antonio Raimondi, donde cursó estudios escolares. Dentro de la misma, fue encargado de Instrucción y Relaciones Públicas del Sodalicio durante varios años. Ser jefe de Instrucción le permitía ser el número 3 dentro de esta organización.

Personas cercanas a la entidad católica nos refieren que Levaggi rivalizaba con German Doig – fallecido en 2001 y de quien se conocen, al menos, 3 casos de abusos e inconductas sexuales – por ser el sucesor de Luis Fernando Figari, fundador y lider del movimiento, convertido ahora en una persona repudiada – al menos, en el discurso – dentro del SCV, sin que se haya procedido a su expulsión.

El actual jefe del Departamento de Alianzas y Apoyo a los Programas Exteriores la OIT nos comentó así su estancia en el Sodalicio:

“Durante mi paso por el SCV, entre los años 1977 y 1986, me dediqué a las actividades externas de la institución especialmente con organizaciones eclesiásticas y centros de estudio, en el área de “Relaciones Públicas” como Ud. la califica. No había una descripción de funciones. Entendí mi servicio en el área de Instrucción básicamente como una acción de difusión del pensamiento social católico, abocándome a la investigación orientada a la producción académica y periodística: escribí, edité y publiqué varios libros y centenares de artículos en diferentes medios en el Perú y en el extranjero”.

Levaggi dejó abruptamente el Sodalicio de Vida Cristiana en 1986. Tres décadas después, en una columna publicada en enero de 2016 en El Comercio, Salinas – en respuesta al superior sodálite en el Perú Fernando Vidal – narró el siguiente episodio:

Concretamente, en 1989, Baertl me confesó en sus oficinas de Lizardo Alzamora, en San Isidro, que en 1986 descubrieron el caso de un jerarca sodálite, muy cercano a él, involucrado en por lo menos un evento de abuso sexual, aprovechando su condición de director espiritual. Entonces Baertl me dijo que se trató de “un hecho aislado”, del cual “no tenían conocimiento”. ¿Les suena el sonsonete?

Lo curioso es que al predador jamás lo expulsaron. Lo aislaron en una suerte de ‘retiro’ –como hicieron años más tarde con el pederasta sodálite Jeffrey Daniels– y le dieron cobijo y protección. Nunca lo denunciaron ante alguna autoridad civil, y el líder sodálite se fue, ya adivinarán, cuando quiso.

Hacia dentro se informó artificiosamente que “había faltado gravemente a la obediencia”. Como cuando comunicaron internamente que estaban cerrando la causa de la beatificación de Germán Doig “porque no alcanzó las virtudes heroicas”, y la verdad era otra, más truculenta. Tal cual.

Personas familiarizadas con la organización nos refirieron que, en efecto, el caso al que aludió Baertl fue el de Virgilio Levaggi quien, como ya hemos mencionado, salió de la institución. Luego de su apartamiento voluntario, trabajó en diversas instituciones públicas y privadas. Durante los últimos veinte años, ha hecho carrera en la Organización Internacional del Trabajo. La OIT no ha emitido pronunciamiento oficial sobre la situación de su actual funcionario.

El exmiembro del Sodalicio recuerda de otro modo su salida del SCV. Esto fue lo que nos manifestó vía electrónica:

“Salí del SCV debido a un afán de desarrollo personal, profesional y laboral, debiendo precisar que dicha salida no se debió a ningún tipo de problema en dicha institución

Cuando le preguntamos sobre lo que pensaba actualmente de la institución a la que perteneció, hoy sumida en la mayor de sus crisis, Levaggi nos contestó:

“Me da mucha pena lo que se publica y me resulta muy confusa la información que se brinda. En estas 3 décadas no he estado involucrado en nada del quehacer del SCV y me cuesta entender lo que podría haber pasado”.

De acuerdo con nuestras fuentes, Levaggi ya ha brindado sus descargos al Ministerio Público, negando las acusaciones, en forma similar a las respuestas brindadas a Desde el Tercer Piso. Sin embargo, su situación judicial se ha complicado, de acuerdo a las versiones recibidas por este blog, por la sindicación directa de Moroni.

Este lunes 10, Luis Fernando Figari deberá prestar su declaración ante el Ministerio Público en el consulado peruano en Roma. Muy probablemente el futuro judicial de Levaggi se juegue en dicha audiencia, en la que el fundador de la entidad católica más cuestionada del país en los últimos tiempos dará, finalmente, su versión por las serias acusaciones en su contra y que también comprometen a varios de sus pasados y actuales seguidores.

El Figari chileno

Captación de jóvenes de clases altas y medias altas. Liderazgo de derecha ultramontana. Muchachos que eran convertidos en rehenes mentales. Abusos sexuales. Acercamiento a sectores políticos simpatizantes de violadores de derechos humanos. Adultos que, luego de varios años, se animaron a contar los horrores ocurridos en una organización vertical, cerrada y donde su dignidad fue vejada.

No estoy describiendo lo ocurrido en el Sodalicio de Vida Cristiana. En realidad, sí lo hago, pero no me refiero a la institución fundada por el hoy caído en desgracia Luis Fernando Figari. Nuestro vecino del sur también tiene un caso similar.

En 2010, james Hamilton, un médico chileno, se acercó a la periodista María Olivia Mönckeberg, amiga de sus padres, para revelarle un suceso atroz. El sacerdote Fernando Karadima, párroco de El Bosque – una de las sedes católicas más concurridas por los sectores más conservadores de la ciudad de Santiago – abusó sexualmente de él y lo manipuló psicológicamente durante varios años. Estos eventos hicieron fracasar su matrimonio y, ante el cierre de puertas en la Iglesia Católica, decidía revelar el caso.

Si bien la prensa internacional – a través de The New York Times – y la televisión chilena fueron quienes detonaron el escándalo (gracias a Juan Carlos Cruz, otro de los denunciantes, residente en Estados Unidos y con buenos contactos mediáticos), el libro de Mönckeberg explora a profundidad y con exhaustividad la psicología de un abusador serial y un manipulador. Karadima terminó siendo un personaje con fuerte poder en la Iglesia Católica chilena: formador de vocaciones (varios obispos actuales eran sus discípulos), varias propiedades a nombre de la parroquia, pagos irregulares a miembros de la misma, una vida opulenta, contactos directos con personajes del pinochetismo y de la derecha chilena. El sacerdote fue, hasta su caída, un personaje poderoso.

Los parecidos con Figari no son casuales. Así lo comenta el periodista Pedro Salinas, quien destapó – junto a su colega Paola Ugaz – el caso Sodalicio en nuestro país:

Un ex sodálite me contó que, durante un tiempo, en las denominadas “casas de formación” del Sodalitium ubicadas en San Bartolo se leía un librito de Marcial Maciel sobre la importancia del rigor, o algo así. Y otro ex sodálite me confirmó luego un dato más inquietante. Que Luis Fernando Figari (junto al actual superior general del Sodalicio, Alessandro Moroni) visitaron, por lo menos un par de veces, a Karadima en Santiago de Chile. El propósito de la reunión, según esta fuente, era que Figari tenía interés en conocer su política y estrategia para atraer a adolescentes de la clase alta. ¿Se imaginan la escena? Solamente faltaba Maciel para completar el trío de predadores sexuales latinoamericanos más conocidos de la región.

En instancias judiciales, el caso fue sobreseído por la prescripción de sus delitos. La Iglesia Católica lo encontró culpable de efebofilia y pedofilia, pero solo se le destinó a una “vida de oración y penitencia” en un convento, lo que cumple hasta el día de hoy. Un destino que, en lo eclesial, podría ser el final de Figari, aunque las cosas le son más complicadas en el terreno penal. Recientemente, el Ministerio Público amplió la investigación contra el exlíder del Sodalicio por cargos que no corren el riesgo de prescribir en el futuro cercano.

Para ver este modus operandi en toda su dimensión, lean el libro de Mönckeberg. Sobrecogedor en sus testimonios, fuerte en su relato, es un texto imprescindible para entender que lo ocurrido en Chile, Perú y México no fue casualidad. Se trató del mismo patrón.

Disolver el Sodalicio

En los próximos días, la Santa Sede nombrará a un interventor para el Sodalicio de Vida Cristiana. Se supone que la persona designada se encargará de administrar la vida de la cuestionada organización católica. Creemos que el encargo no debe ser la reforma institucional, sino su liquidación. ¿Por qué?

Las investigaciones presentadas por los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz revelan la formación de una estructura destinada a la comisión de abusos físicos, psicológicos y sexuales en forma sistemática, durante cuatro décadas.

Como indica el informe de la Comisión de Ética para la Justicia y Reconciliación, el culto a la personalidad y la poca transparencia del SCV hicieron que estas conductas no solo no fueran denunciadas, sino también fueran toleradas y hasta alentadas como parte de un sentido retorcido de la formación católica.

Como también confirman estas indagaciones, toda la dirigencia del Sodalicio es responsable por estos actos, sea por acción u omisión. Peor aún, muchos de los miembros de la cúpula han sido víctimas y victimarios en esta triste historia. La presencia del interventor podría ayudar a la depuración dirigencial, pero no supera el gran problema de fondo.

Su doctrina es una mezcla de preceptos cristianos con fascismo, esoterismo y discurso de autoayuda. Sus métodos de captación se dirigen a jóvenes de clase alta y media basándose únicamente en la culpa y no en una reflexión adulta de la fe. Sus mecanismos de formación nos remiten mayormente a los pasajes más duros de La Ciudad y los Perros antes que a una educación cristiana. Peor aún, la discriminación y el clasismo son prácticas comunes, como la propia Comisión, arriba aludida, ha reconocido.

No cabe duda de que existen personas de bien al interior del Sodalicio. Sin embargo, su desarrollo espiritual corre grave peligro si es que se mantiene al interior de una entidad cuyas raíces están podridas. Si no se cambian las bases, no hay garantía alguna de que estos hechos no se vuelvan a repetir. Y ello pasa por enterrar a su hombre viejo, es decir, a la organización que permitió violaciones sistemáticas de los derechos humanos.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 01.05.2016)