H & H. Vida privada, historia nacional

H&H
(Portada: Planeta)

Decía Balzac que la novela es la vida privada de las naciones, como bien lo ha recordado mi colega Iván Lanegra. Contemporáneamente, el periodismo – sobre todo, la crónica -, se ha encargado de aquella labor otrora dejada a la ficción. Más aún en países en los que la institucionalidad es escasa y la vida privada de quienes toman las decisiones, sin duda, es en sí misma un tópico de interés nacional. La trastienda del poder resulta tan o más importante que partidos convertidos en entelequias o instituciones que, como lo comprueban los audios revelados en estas semanas, terminan resolviendo sus decisiones entre ceviches, whisky de doce años y reuniones informales con periodistas.

Marco Sifuentes ha tomado esta premisa para escribir – con prosa prolija – la historia del matrimonio más famoso de la política nacional en H & H. Escenas de la vida conyugal de Ollanta Humala y Nadine Heredia (Lima, Planeta, 2018). Una empresa difícil porque, como nos consta a quienes hemos seguido de cerca los avatares de las personas más influyentes en la política peruana entre 2011 y 2016, el misterio ha primado sobre aquellos personajes que conocemos como Ollanta y Nadine.

¿Cómo acomete Sifuentes esta aventura? Son dos los recursos periodísticos que ayudan a generar un relato creible y comprobado. De un lado, el cotejo de buena parte de las investigaciones y datos sueltos que han aparecido sobre las familias Humala y Heredia desde que aparecieron en la política en 2000, en medios de distintas tendencias ideológicas. De otro lado, un conjunto de entrevistas a 71 personas. El trabajo de Sifuentes y Jonathan Castro – quien  emprende una tarea de verificación de información consagratoria en su carrera periodística – resulta pródigo en recordar hechos que habían quedado sumergidos en la nave del olvido, descartar teorías de la conspiración que involucran al matrimonio más célebre de la política peruana (y a otros personajes) y traer a la luz auténticas revelaciones.

Otro mérito de H & H es la construcción de un hilo conductor atractivo para el lector. Una arquitectura narrativa que se asemeja – por confesión de su autor – al Rayuela de Cortazar o a las estructuras intricadas de Vargas Llosa. Con ello, no solo se permite avanzar con libertad en el relato y contar con capítulos redondos en sí mismos, sino también hace que el lector pueda formar su propia construcción de los personajes centrales y el núcleo que los rodea. Y el ritmo tan bien manejado hace que uno quiera pasar las páginas como si estuviéramos con el síndrome de abstinencia que – a algunos con culpa y a varios sin ella – teníamos ante cada capítulo de la serie de Luis Miguel en Netflix.

Precisamente, no han tardado en aparecer las analogías entre el auténtico protagonista de la serie mexicana – el cantante, manager y explotador profesional Luis Rey – y uno de los actores de reparto de esta historia. Isaac Humala es retratado como un villano auténtico, no solo capaz de perpetrar frases genuinamente disparatadas y racistas, sino también de conducir a su propia familia a un desenlace que se asemeja a las tragedias griegas que inspiraron algunos de los nombres de sus hijos.

¿Cómo quedan los protagonistas de esta historia? Mi interpretación es que el libro no dejará satisfechos a los pocos hinchas que aún le quedan a los Humala, pero tampoco a los rabiosos detractores (sobre todo, mediáticos) que tiene la pareja. Sin caer en el spoiler, el texto de Sifuentes deja en claro que estamos ante dos personas menos calculadoras de lo que se piensa, pero también menos inocentes de lo que ellos mismos consideran.

El libro da cuenta del camino que ambos emprendieron para hacerse del poder, así como aquel que los llevó por nueve meses a prisión. No hay sentencias, pero por momentos uno termina sintiendo compasión y, en otros ratos, rabia por la mediocridad con la que manejaron sus asuntos públicos y privados ambos personajes. El relato señala que hay hechos que deberían ser aclarados ante un tribunal, pero que también hay imputaciones disparatadas. Y también hay cabos que quedan sueltos, precisamente al halo de misterio al que aludimos al inicio de esta reseña.

Es claro, por los retuits de Nadine Heredia, que la aparición del libro no le ha caído nada bien. Y por los comentarios de varios trolls que ni siquiera han comentado el texto, que tampoco agradará a quienes consideran que la pareja es culpable de nuestros males contemporáneos.

Finalmente, otro mérito del texto es que, a través de los comentarios de las fuentes que se refieren a los Humala Heredia, podemos encontrar varios de los males que rigen la vida peruana: racismo, machismo, homofobia, discriminación. Se trata de un fresco sobre las relaciones entre las élites y quienes desean pertenecer a ellas que podría leerse, en paralelo, con los pornográficos audios que conmueven a la nación en estos días.

Por estas razones, H & H. Escenas de la vida conyugal de Ollanta Humala y Nadine Heredia es un libro imprescindible para quien desee reconstruir la vida política peruana. Felicitaciones a Sifuentes y Castro por este estupendo fresco del Perú contemporáneo.

Disclaimer: el autor de esta reseña leyó una primera versión del manuscrito.

 

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Novos escândalos podem impulsionar ‘outsiders’ no Peru, avalia analista

Marcha Corrupcion - Reuters
Trabajadores de limpieza en Lima protestaron contra la corrupción en multitudinaria marcha ante crisis en el sistema de justicia (Foto: Mariana Bazo – Reuters)

Bruno Salvador, periodista del diario O Globo, el más importante de Brasil, me entrevistó sobre la crisis desatada en la justicia peruana. Reproduzco aquí la nota en portugués, que puede entenderse fácilmente.

RIO E LIMA – O Peru vive uma crise quase sem precedentes em seu Judiciário. Desde que, há duas semanas, áudios de juízes de diferentes instâncias foram revelados mostrando supostas compras e combinações de sentenças para ajudar criminosos, a Justiça sofre um esfacelamento. Já caíram o presidente do Supremo e o ministro da Justiça; um juiz foi preso; cinco ministros do Supremo acabaram suspensos; dois membros do conselho que nomeia os magistrados nacionais renunciaram; e o novo procurador-geral do país tem o cargo ameaçado no mesmo dia em que toma posse, por causa das conversas suspeitas.

O inconformismo só ganha força nas ruas de um país que tem cinco ex-presidentes acusados de corrupção e um Legislativo sempre às voltas com casos de tráfico de influência mostra extrema fraqueza institucional. É o que acredita o jornalista e cientista político José Alejandro Godoy, que colabora para importantes veículos de comunicação do país. Para ele, este sentimento deve fomentar o inconformismo social e impulsionar candidatos fora do sistema para a próxima eleição presidencial.

Qual a dimensão do escândalo no Judiciário? Os efeitos dos áudios que envolveram os membros do Conselho Nacional de Magistratura (CNM), o Poder Judiciário e também o novo procurador-geral só parecem crescer.

Este é o maior escândalo de corrupção no Judiciário desde a queda do regime autoritário de Alberto Fujimori, em 2000. Para além dos efeitos imediatos, o caso gerou uma rápida reação pública e mobilizou as ruas em exigência ao processo rápido dos mesmos. Além disso, a situação ocorre em um momento em que o descrédito sobre a política é amplo no país, devido a vários fatores, entre eles, a Lava Jato, cujos avanços em investigação e em punições no Peru ainda são insuficientes.

O que chamou mais sua atenção nestes casos? Existem tantos áudios e situações controversas envolvidos…

Duas situações mais me chamaram a atenção. De um lado, a maioria das pessoas envolvidas nos áudios já havia sido questionada por ONGs e jornalistas por causa de outros episódios de sua carreira no sistema de Justiça. Do outro, a existência de uma rede que inclui juízes, procuradores, funcionários públicos, empresários e jornalistas, tendo em vista o controle do Judiciário.

O presidente Martín Vizcarra prometeu fazer uma reforma judicial. Como isso pode acontecer, efetivamente?

Uma reforma judicial efetiva implica em uma série de modificações constitucionais e legais, que necessariamente passam pelo Congresso da República. Também requer o apoio de juízes e promotores, já que uma reforma não pode ser feita sem os elementos honestos do Judiciário e do Ministério Público. Mas o apoio de outras organizações também é necessário, tais como universidades, que devem se empenhar em melhorar a educação jurídica no Peru, e associações de advogados, que devem cumprir o seu papel como fiadores da retidão ética dos seus membros.

Vizcarra terá credibilidade e força para fazer mudanças reais? Ele era vice de um presidente também envolvido em um escândalo de corrupção…

Até algumas semanas atrás, a resposta teria sido negativa. Vizcarra governou sem grandes confrontos com o Força Popular (partido dos fujimoristas), que domina o Congresso peruano. No entanto, o presidente começou a mostrar alguns gestos e mensagens que sugerem que ele tenha força para propor mudanças. Vizcarra apoiou as manifestações públicas realizadas na quinta-feira contra a corrupção, bem como a proposta de reforma judicial, o que lhe permite colocar-se como o ator político mais bem posicionado nessa crise.

Todos os Poderes do Peru estão envolvidos em casos de corrupção. A situação da Justiça, os escândalos no Congresso, os presidentes acusados pela Odebrecht… O que isso explica sobre as instituições do país? Qual momento o Peru está encarando?

O Peru está passando por um momento de extrema fraqueza institucional. Embora seja verdade que o país tenha crescido nos últimos 15 anos, não houve o mesmo zelo em melhorar as instituições e a democracia. O país não tem partidos políticos sólidos, e a corrupção, cíclica na História peruana, voltou a ter um pico importante com os casos ligados à Lava Jato. Isso alimentou a desconfiança do público em um país onde a credibilidade da classe política já é bastante baixa. Isto poderia levar à possibilidade de um outsider antissistema, independente de seu signo ideológico, em 2021 (próxima eleição presidencial), o que poderia colocar em risco a democracia peruana.

 

Sistema de justicia: crónica de una crisis anunciada

Palacio de Justicia
El epicentro de la crisis del año (Foto: Gestión)

En un periodo ya complicado por casos de corrupción, ha sido mayúscula la conmoción provocada por la difusión de audios que involucran como interlocutores a miembros del Consejo Nacional de la Magistratura, así como a integrantes del Poder Judicial, atrapados en lo que es, en el menor de los casos, una singular “cadena de favores”. Y, en el mayor, una de las más amplias redes de corrupción vistas en los últimos años en el país (y vaya que hemos apreciado varias), así como un mecanismo de control de la judicatura tan sofisticado como el que se tenía en tiempos de Fujimori y Montesinos.

En particular, lo que me ha impresionado más de este caso es aquello que se sabía y que, durante años, voces solitarias como las del Instituto de Defensa Legal y un puñado de periodistas habían conseguido relatar. Veamos el listado sobre algunos hechos y protagonistas de esta semana:

Como entonaría el finado Héctor Lavoe, hasta hace una semana y media, esta historia “todos la comentaban, nadie la delataba”. Y muchas de las piezas que hoy comienzan a armar un siniestro rompecabezas estaban a la vista de todo aquel que quisiera apreciarlas.

Para resumirlo claro, estamos ante una muestra clara sobre cómo funciona la justicia en el Perú. Un mundo eminentemente masculino, abiertamente misógino – no solo hay que ver las sentencias de Hinostroza, sino también el trato que se da a las mujeres en los audios – , donde no se escatima en discriminar a personas con discapacidad. En el que muchos tratos se consiguen entre platos de la sabrosa gastronomía nacional y vasos de whisky de doce años. Donde el diálogo de picaresca se confunde, una y otra vez, con varios artículos del Código Penal. Y en el que se generaba una cadena de favores en la que todos le debían algo a alguien, que se iban a cobrar en el momento oportuno, como bien demuestra cierta célebre novela de Mario Puzo, llevada a la pantalla por Francis Ford Coppola.

Incluso algunos de los magistrados que podríamos considerar más correctos, como Duberlí Rodríguez, no han podido explicar fehacientemente que hacían en algunas reuniones con alguno de los arriba mencionados. Los balbuceos dados por el presidente del Poder Judicial en la entrevista que dio esta mañana en el programa de Rosa María Palacios, el reconocimiento abierto que la lucha contra la corrupción judicial no fue la prioridad en su gestión, así como la aparición de algunos personajes de su entorno en los audios hacen preguntarnos si es que debe seguir ocupando el cargo que hoy ostenta. Para que notemos la magnitud de la crisis.

¿Por qué llegamos a este punto? En primer lugar, porque los temas judiciales parecen haber estado confinados a la esfera abogadil, lo que hace más difícil su entendimiento por el ciudadano común y corriente, así como evita que se haga más visible, en un ambiente en donde varios se deben favores. En segundo lugar, porque muchos ciudadanos y empresas, con no poca cuota de cinismo, han decidido asumir que nada cambiará en el sistema de justicia y conviven cotidianamente con redes de corrupción en todos los niveles. Y, en tercer lugar, porque nuestras élites terminaron privilegiando una mirada sobre el desarrollo que es criticada por el politólogo Alberto Vergara:

Entonces, ¿por qué en estas últimas dos décadas hemos crecido económicamente mientras la vida pública se pudre por los cuatro costados? Porque como mandaba el catecismo, la inversión era “lo único” que nos haría progresar. Por gracia divina modernizadora, ella se convertiría en mejores instituciones. O, como repetía Jaime de Althaus en su libro del 2011 (¡citando a un marxista!): Sin burguesía no hay democracia. Ese es el corazón del mito hortelano. Que el mundo de la democracia y las instituciones puede postergarse hasta que haya riqueza o burguesía. Y eso hicimos. Pero, chesss (in memóriam, ‘Gordo’ Casaretto), la revolución capitalista no civilizó al juez Hinostroza ni a Becerril. Falló el plan.

El gradual deterioro que ha generado la crisis presente, entonces, reside exactamente en aquello que el hortelanismo deliberadamenteconsidera secundario, sino trivial: instituciones, Estado de derecho y ciudadanos. Somos hechura de nuestra derecha hortelana; más alanista que vargasllosista, menos paniagüista que fujimorista. Basta ver cuánta gente del establishment (no de la ciudadanía) considera que el segundo gobierno de García fue excelente. Tácita confesión de su simpatía por el crecimiento sin ley.

Toca hacer el balance y liquidación del hortelanismo: su principal deficiencia es menos lo que promueve, que lo que impide. El hortelanismo nos paraliza porque las reformas que precisamos generarán necesariamente “ruido político”. Y para el hortelanismo esto es peor que la compraventa de sentencias judiciales. ¿Pelear para que desde la escuela niñas y niños interioricen la igualdad de derechos y oportunidades? No, hermanito, esa batalla va a costarnos un punto del PBI. ¿Defender la Constitución alterada ilegalmente desde el reglamento del Congreso? Eso pondría nerviosos a los inversionistas. Todos deberíamos recordar las opiniones que llamaban a que PPK deje caer a Saavedra, pues la economía se resentiría si daba batalla por la educación. Ofrendaron su cabeza y en el 2017 crecimos la mitad que en el 2016. Ni soga ni cabra. El Estado de derecho y la democracia hacen sostenible el capitalismo; el capitalismo sin Estado de derecho solo segrega corrupción.

No va a ser fácil hacer una modificación en serio. Exmagistrados llaman a los cuarteles a pronunciarse. Un vocal supremo recientemente suspendido se fanfarroneaba de saber cuántos casos pendientes tenía el Presidente de la República. El fujimorismo anda salvaje en redes sociales (aunque ello también implica serias cuotas de desesperación). El CNM quiere seguir funcionando como si nada – y meternos a una accesitaria con vínculos evidentes con el APRA -. Algunos comentaristas están en el plan de “reforma sí, siempre que “no incluya a los caviares”” y el conservadurismo más ramplón quiere aprovechar la ocasión para meter a su gente (y sus ideas de caverna) al sistema de justicia.

Pero será necesario empujar una reforma en serio. Cambios que impliquen corregir todo lo malo que se ha visto en el CNM (lean el libro de la abogada Cruz Silva del Carpio, la persona que mejor conoce esta institución), mejorar el plan presentado por la CERIAJUS hace 14 años, hacer una poda en serio del Poder Judicial y el Ministerio Público e incorporar el enfoque de género. La ciudadanía, en su mayoría, está en esta línea. Queda por ver si tenemos autoridades que estén a la altura de esta urgente demanda.

¿Cómo entender la sentencia de la Corte Interamericana sobre el indulto a Fujimori?

Keiko Alberto Fujimori
¿Preocupada por su libertad o por su futuro político? (Foto: Twitter Keiko Fujimori)

A muchos sorprendió que la Corte Interamericana de Derechos Humanos decidiera no pronunciarse directamente sobre el indulto humanitario otorgado a Alberto Fujimori en la pasada Navidad. Sin duda, la Corte IDH ha tenido mayores momentos de activismo en su actuación, en los que decidía pronunciarse directamente sobre diversas materias en las que ha sentado jurisprudencia de avanzada.

Esos tiempos parecen estar lejos. Hoy la Corte apuesta por sentencias en las que deja a los Estados la decisión final sobre determinadas materias. Esta lógica corresponde a que el tribunal entiende que existe una mayor consolidación institucional en nuestros países – con las excepciones de Cuba, Venezuela y Nicaragua – a la existente en los tiempos en los que sí debía tener una actuación más activista. Con todo, este tipo de decisiones ha merecido críticas (justificadas) por parte de abogados que conocen el sistema interamericano de derechos humanos y su lógica.

Sin embargo, la sentencia de la Corte IDH sobre el caso Fujimori no es ascéptica. Al revisar bien sus fundamentos, queda claro que el tribunal brinda una “hoja de ruta” a la justicia constitucional peruana para tomar una decisión final sobre el caso del sujeto que gobernó el país entre 1990 y 2000. Y que dichos fundamentos no son precisamente favorables al autócrata.

La Corte Interamericana señala, en primer lugar, una serie de parámetros para pronunciarse sobre los “indultos humanitarios”. En particular, busca ponderar la relación entre la vida, la salud e integridad física de los reos con la obligación de investigar, juzgar y sancionar graves violaciones a los derechos humanos.

¿Cuáles son estos parámetros?

  • Si bien la justicia internacional no se ha pronunciado directamente sobre casos de “indulto humanitario”, la jurisprudencia en los sistemas americano y europeo de derechos humanos rechaza que los Estados apelen a figuras jurídicas que busquen suprimir los efectos de sentencias condenatorias o efectúen un otorgamiento indebido de beneficios en la ejecución de la pena.
  • Los tribunales penales internacionales ad hoc y la Corte Penal Internacional no contemplan la figura del indulto, sino la reducción de pena sujeta a un examen exhaustivo en cada caso.
  • La obligación de sancionar a quienes cometieron graves violaciones a los derechos humanos no puede verse afectada indebidamente o volverse ilusoria durante la ejecución de la sentencia.
  • La jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos señala que se debe garantizar la vida y la integridad de las personas privadas de libertad. En los casos de sentenciados por graves violaciones a los derechos humanos, las medidas a tomar deben ser las que menos restrinjan el derecho a la justicia de las víctimas, las que deben ser aplicadas en casos muy extremos y en una necesidad imperante.
  • En los casos de personas sentenciadas por graves violaciones a los derechos humanos, el otorgamiento de un indulto presidencial conlleva “una mayor afectación al derecho de acceso a la justicia de las víctimas de graves violaciones a derechos humanos y sus familiares”.

Asimismo, la Corte Interamericana señaló una serie de hechos controvertidos alrededor del indulto humanitario. ¿Cuáles son?

  • Poca objetividad de la Junta Médica Penitenciaria, pues la integró un médico que trató anteriormente a Fujimori en Neoplásicas.
  • Diferencias sustanciales entre el acta de la Junta Médica Penitenciaria del 17 de diciembre de 2017 y el acta ampliatoria suscrita dos días después.
  • No existe documento alguno que señale cuáles son las “enfermedades no terminales graves, que se encuentren en etapa avanzada progresiva, degenerativa e incurable” que justifican el indulto.
  • Ningún documento señala cómo las condiciones de la cárcel pueden colocar en grave riesgo la vida, la salud o la integridad del entonces reo Fujimori.
  • La resolución suprema que otorgó el indulto no menciona que Fujimori fue condenado por graves violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad. En estos casos, el Estado debe tener una mejor y mayor argumentación sobre el otorgamiento de esta gracia.
  • El contexto en el que se presentó la solicitud de indulto, vinculado a la vacancia presidencial de PPK y los “Mamanivideos”

En suma, con estos parámetros y hechos, el Poder Judicial o, en su defecto, el Tribunal Constitucional, deberían indicar que el indulto no cumple con la Convención Americana de Derechos Humanos y, con ello, enviar a nuevo a Fujimori a donde corresponde: un establecimiento penal en el que sus condiciones de salud estén garantizadas. Y si para el 29 de octubre de 2018 esto no es decidido por el Estado peruano, será la propia Corte Interamericana de Derechos Humanos quien tome la decisión, en el sentido arriba señalado.

Sin embargo, queda un elemento central en esta historia: la política. ¿Cómo queda el fujimorismo en torno a esta decisión? Rosa María Palacios enunció ayer una posible respuesta, que aún tiene un alto factor de espera:

Por otro lado, la decisión de la CIDH de criticar severamente el indulto “humanitario” a Alberto Fujimori, pero ordenar al Tribunal Constitucional que resuelva su inconstitucionalidad (el Presidente también podría, cumpliendo el mandato de la Corte, declararlo nulo) pone a Keiko Fujimori en aprietos. Ella ha perseguido a su hermano por sacar a su padre de la cárcel negociando con Kuczynski. Nunca quiso a su padre libre de esa forma y así lo reconoció en un comunicado de su partido. Pero si él regresara pronto a la cárcel –y todo parece indicar que la libertad se le acaba, como máximo, en octubre– ella será vista como la gran culpable y su hermano menor se encargará de recordárselo toda su campaña. ¿Qué hacer? Keiko Fujimori ha corrido a tomarse una foto con su padre, ahora sí, pidiendo su libertad. La cara de Alberto Fujimori lo dice todo. No confía en su hija.

La respuesta, por tanto, aún sigue abierta. Con la consiguiente incertidumbre para los familiares de las víctimas de los crímenes cometidos por quien gobernó el Perú en la década de 1990.

Partidor municipal: una campaña fría en Lima

En apenas cinco meses, los peruanos elegiremos a nuestros gobernadores regionales y alcaldes en todo el país. Una campaña en la que la principal autoridad organizadora afronta serias denuncias, algunas reglas electorales terminan degradando el proceso y, en Lima, el aluvión de candidatos no genera – hasta ahora – ningún respaldo que pase el 10% de intención de voto.

Adolfo Castillo ONPE
Adolfo Castillo, actual jefe de la ONPE, afronta el momento más grave de la institución en 18 años (Foto: La República)

ONPE BAJO LA LUPA

Durante las últimas dos semanas, la Oficina Nacional de Procesos Electorales se ha visto sacudida por las revelaciones de Susana Guerrero, exgerenta de Asuntos Legales de la entidad, quien dio cuenta de dos denuncias bastante serias.

La primera se vincula con el presunto trato especial en el proceso del inscripción del flamante partido Podemos por el Progreso del Perú, líderado por el excongresista José Luna Gálvez. Según Guerrero, a esta agrupación se le dieron facilidades que no recibieron otras agrupaciones que estaban en el mismo trance, como el Partido Morado de Julio Guzman. Peor aún, los personeros de Podemos Perú eran personajes vinculados, en su momento, a la fábrica de falsificación de firmas de Perú 2000, aunque fueron absueltos en el proceso judicial.

La ONPE señaló que no hubo parcialización con el partido de Luna, aunque si reconoció en un comunicado que “la subsanación de algunos espacios en blanco, realizados por el propio partido en el local de la ONPE, constituyó  un mal manejo operativo que ha sido subsanado en consonancia con la imparcialidad del trabajo del organismo electoral”.

El jueves, Caretas publicó un informe en el que Guerrero enfilaba sus baterías contra el gerente de gestión electoral Fernando Obregón Mansilla. La exfuncionaria no solo lo acusaba de cambios sospechosos, sino también de sus presuntos vínculos con Cavassa, quien hoy es procesado por el caso La Centralita, cuyo principal implicado es el exgobernador regional de Ancash César Álvarez.

El nombramiento del actual jefe de la ONPE, Adolfo Castillo, no estuvo exento de controversia. Entidades como el Instituto de Defensa Legal cuestionaron su designación, tanto por la falta de transparencia en las reglas, así como por una acusación sobre plagio que el CNM no tomó en cuenta. De hecho, uno de los presuntos plagiados era Obregón. Castillo refirió que el libro fue escrito en coautoría con su hoy asesor. Antier, La República refirió que Obregón Mansilla tiene una denuncia ante el Ministerio Público por un supuesto cobro indebido de una asignación por movilidad. Castillo señaló hoy en RPP que no tiene vínculo alguno con Cavassa.

Para el periodista Miguel Ramírez, quien investigó la falsificación de firmas de Perú 2000, la ONPE debería ser auditada. Hace dos días, el Consejo Nacional de la Magistratura, entidad que designa y destituye al jefe de esta institución, inició una investigación a Castillo. En tiempos electorales, es una mala señal que la entidad encargada de organizar el proceso del 7 de octubre pase por estos apremios.

Marco Alvarez
Desde que inició su segunda gestión, el alcalde de San Borja Marco Álvarez Vargas llevó a su esposa a la mayor parte de sus actividades públicas. Hoy la señora Teresa Ramírez de Álvarez busca sucederlo (Foto: El Comercio)

REGLAS QUE DEGRADAN EL PROCESO

Varios politólogos alertaron en su momento que la prohibición de la reelección de gobernadores regionales y alcaldes ocasionaría más problemas que aportes. Como indicó Fernando Tuesta, una autoridad puede ser corrupta en un solo periodo de gobierno, por lo que esta prohibición no soluciona nada en torno a este problema. Peor aún, no se establece un estímulo claro para autoridades que sí han cumplido claramente con su deber, en un contexto en el que la reelección de estas autoridades ha decrecido.

Lo que se ha terminado incentivando con esta regla absurda es lo que, con acierto, Rosa María Palacios ha denominado como “el regreso de la Panaca”. Esposas, hijos, exesposas, hermanos, tenientes alcaldes, vicegobernadores y otros allegados a estas autoridades buscarán reemplazar a quienes ocupan los cargos actualmente, en un ejercicio que nos devuelve a las más oscuras épocas de patrimonialismo. El decoro más mínimo se ha perdido.

¿Casos emblemáticos? Luis Castañeda Pardo buscando suceder a Luis Castañeda Lossio en Lima. Augusto Miyashiro quiere prolongar la dinastía de veinte años de su padre en Chorrillos. Marlon Jiménez Mogollón quiere reemplazar a su padre en Puente Piedra, pero el actual alcalde Milton Jiménez irá en su lista como teniente alcalde (ni Putin). Teresa Ramírez buscará suceder a su esposo Marco Álvarez en la alcaldía de San Borja. La única forma de parar esta sucesión por herencia es que el Jurado Nacional de Elecciones interprete que esta es una forma de sacarle la vuelta a la ley o que, en caso que estas candidaturas pasen, su voto impida la reinstauración de la panaca como mecanismo de reemplazo de autoridades.

Peor aún, existen alcaldes y gobernadores regionales que van, abiertamente, a desafiar la norma. Consideran que, como fue aprobada luego de iniciar sus periodos en 2015, es una regla que no deben acatar. Para colmo de males, el Jurado Nacional de Elecciones ni siquiera ha salido a defender la legalidad, dejando este caso a las interpretaciones que dará en los próximos meses. Más allá que esta regla nos parezca un absoluto disparate, es evidente que tiene que cumplirse.

Pero si la responsabilidad de este entuerto es compartida entre el Congreso anterior y las actuales autoridades ediles, el otro lío es responsabilidad de este parlamento. Dentro de las modificaciones hechas en este periodo legislativo a la legislación electoral, se ha permitido que los candidatos puedan tener domicilio múltiple. Es decir, un candidato que tiene casas o predios en dos lugares diferentes puede postular en cualquiera de estos distritos o provincias. Ha sido el caso del actual alcalde de Villa El Salvador, Guido Iñigo, quien ahora busca ser burgomaestre de la vecina Villa María del Triunfo (y dejar a su hermano como alcalde de VES), así como del titular de la alcaldía de Magdalena Francis Allison, quien busca ser alcalde provincial de Cañete (teniendo casa en Asia).  Un horror absoluto.

Municipalidad Metropolitana de Lima
Por lo menos, 15 candidatos a suceder a Luis Castañeda Lossio. Ninguno genera mucho entusiasmo (Foto: La República)

LIMA: SIN FAVORITOS Y SIN ENTUSIASMO

Entre quince a veinte personas aspiran a ser el reemplazante de Luis Castañeda Lossio como Alcalde Metropolitano de Lima. Todas las encuestas realizadas hasta el día de hoy muestran que ninguno de los postulantes tiene más de 10%. ¿Por qué?

En primer lugar, porque la campaña electoral no va a calentar hasta después del Mundial. Es claro que, más allá de las protestas regionales que están ocurriendo en el sur del país y los escándalos en el Congreso, la atención mediática estará concentrada en lo que ocurra en Rusia. Si bien varios candidatos van a hacer caravanas, presentaciones y ajustes a sus planes de gobierno, los reflectores sobre ellos serán menores de los que tengan los dirigidos por Ricardo Gareca. Para mucha gente, la política no es tema porque no influye en su vida. Peor aún, luego de dos alcaldes a los que terminó sintiendo lejanos al final de su periodo.

En segundo término, porque no hay un postulante que aglutine un antivoto. Es decir, no hay nadie a quien oponerse, como ocurría en la campaña municipal de 2014 con Susana Villarán. Al no permitirse la reelección, la posibilidad de ataques a la (mediocre) tercera gestión de Luis Castañeda Lossio se reduce sustancialmente como elemento que garantice votos.

Tercero, porque el desgaste de las gestiones Villarán y Castañeda ha hecho que la plaza limeña se enfríe como trofeo político. A diferencia de lo que (optimistamente) Alberto Vergara señalaba en 2010 – “podríamos estar asistiendo a una descentralización de la política en la que el único premio codiciado por las figuras importantes ya no es la Presidencia de la República” -, hoy la soledad política en la que acabaron nuestros últimos periodos municipales (Villarán sin reflejos políticos, Castañeda con un partido literalmente familiar) desalienta a que actores con mayor recorrido político se animen a postular. Súmese a ello la salpicada que nuestros últimos burgomaestres limeños tienen con el caso Lava Jato (con mayores evidencias, por ahora, en el caso de la exalcaldesa).

Sin embargo, aún la Alcaldía Metropolitana logra tentar a excongresistas (Reggiardo, Beingolea), exministros (Cornejo, Urresti), alcaldes distritales (Muñoz, Velarde, Gómez Baca, Zurek) o ex funcionarios municipales (Guerra García, Columbus). Ningún proyecto político, hasta ahora, apunta a salir del lugar común. Reiteramos, por ahora.

Sin embargo, como indica Eduardo Dargent, la campaña limeña tiene algunos atractivos para el analista. Se podrá comprobar el efecto de los medios y las redes sociales en las campañas. se podrá verificar si es que determinado tipo de oferta política (seguridad, espacios públicos, inclusión de poblaciones vulnerables) es más cercana a un determinado sector socioeconómico. También podrá verse si es que la profusión de candidatos cercanos a un perfil parecido (Urresti y Reggiardo en seguridad, Muñoz y Velarde con liderazgos similares en distritos AB) puede terminar anulándose entre sí.

Finalmente, la elección limeña tiene un perfil propio. Es notorio que ningún alcalde de Lima, desde Billingurst, ha conseguido que su paso por el municipio más importante del país termine en una carrera presidencial. Por tanto, se trata de un espacio que ha conseguido relevar su importancia política, pero donde las expectativas de un elector decepcionado del elenco estable que presencia a diario se han rebajado sustancialmente.

 

Paradojas de la Memoria

 

Vera Lentz
(Foto: Vera Lentz)

No sorprende el nuevo embate contra el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM). Desde que, hace una década, el gobierno de Alemania ofreciera una donación para su creación, su historia ha sido azarosa. Lo cierto es que el espacio ha resultado incómodo en varios sentidos. Desde las organizaciones de derechos humanos y algunos periodistas como Juan Carlos Tafur, se le ve como demasiado light. Varios exmiembros de la Comisión de la Verdad y Reconciliación hubieran preferido que estuviera la exposición “Yuyanapaq: para recordar” (con imágenes aún más fuertes) en su lugar. Los fujimoristas y los defensores oficiosos del mundo castrense creen que es un lugar tomado en contra de las Fuerzas Armadas, cuando las condenas a Sendero Luminoso son explícitas.  Y aún hay voces que dicen que no deberíamos tener un museo sobre hechos recientes. En medio de dicha batalla, el LUM crece año a año en visitas.

Tampoco sorprende que el gobierno actual se ponga de perfil sobre el tema. En realidad, para ningún gobierno desde que volvió la democracia al país en noviembre de 2000 – con la solitaria excepción de Valentín Paniagua -, afrontar el legado de violencia ha sido una prioridad. Es cierto que han existido algunos avances en algunas políticas públicas sobre la materia, pero no se ha contado con una mirada integral sobre la materia. Y, básicamente, se ha preferido “no hacer muchas olas” en relación con este tema. Incluso Paniagua no se mostró satisfecho con lo que la Comisión de la Verdad y Reconciliación dijo sobre el gobierno de Acción Popular, que no quedó bien parado en el examen del Informe Final entregado hace quince años. Y ello se agudiza más con una administración dedicada a la sobrevivencia, la vocación por la rodillera frente a Keiko Fujimori y una severa y lamentable tendencia a la media tinta.

¿Por qué tanto temor hacia la memoria en torno al periodo de violencia? Tengo algunas intuiciones al respecto.

La primera de ellas se vincula con los términos del debate sobre el conflicto armado interno que vivimos entre 1980 y 2000. Existe una narrativa sobre el periodo de violencia, construida durante la década de 1990, en la que se sostiene que debemos festejar una victoria militar sobre la subversión marxista, donde un rol central y destacado fue jugado por Alberto Fujimori y en el que cualquier vulneración de derechos por partes de agentes del Estado eran meros excesos o, en los interlocutores más avezados, “costos a pagar” por la pacificación. Y, a partir del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, se fue tejiendo otra narración, en la que, junto con la necesaria y justificada condena a las acciones subversivas y terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA, se debía señalar que el Estado, en varios lugares y momentos, no cumplió con su deber de velar por los derechos de los ciudadanos. Por tanto, los actos execrables cometidos por militares y policías debían ser condenados, para separar a los héroes de quienes mancharon los uniformes de Grau y Bolognesi.

Así, en suma, la disputa giró en torno a las responsabilidades penales, políticas y sociales sobre lo ocurrido. Si bien existe un consenso más o menos claro sobre la responsabilidad de Sendero Luminoso y el MRTA, no ocurre lo mismo en relación con los actores armados estatales o los políticos que dirigieron al país en aquellos años.  Y, por ello, tanto el Informe Final de la CVR como el LUM incomodan. Porque confrontan al militante o simpatizante de Acción Popular, el APRA y el fujimorismo con lo que hicieron sus líderes. Porque delinean la ambigüedad que tuvo la izquierda en varios momentos frente a la violencia. Porque dejan en off side a quienes sostienen que la lucha contrasubversiva debería resolverse con métodos que dejarían a Rambo como un campeón del Derecho Internacional Humanitario. Y porque también colocan a la sociedad peruana en una encrucijada: los terroristas no vinieron de Marte y aprovecharon espacios educativos y contextos de modernización trunca para crecer. La pregunta “¿y qué hice yo al respecto?” surge, jode y no queremos responderla. Del mismo modo que exculpamos fácilmente a Paolo Guerrero – en lugar de asumir que, como todo deportista, debía tener mayor responsabilidad en lo que se metía en la boca -, nos ocurre con aquello que vivimos.

Un segundo temor tiene que ver con la necesidad de triunfos de la sociedad peruana. Y ello es una necesidad aún mayor en el mundo castrense. Buena parte de nuestros héroes provienen de guerras en las que perdimos o donde el sacrificio emprendido no tuvo vinculación directa con un triunfo con las armas. Existe, en el mundo militar, una vocación por fortalecer su moral interna, a través del reconocimiento del heroísmo, tanto a través de estatuas, como de museos e, incluso, de pensiones con cédula viva incluida. Y, peor aún, tenemos civiles más militaristas que los propios militares, que asumen que ello debería llevarnos a una Ley de Amnistía o a ocultar crímenes como La Cantuta, Putis o Accomarca. O a censurar películas como “La Casa Rosada” u obras de teatro como “La Cautiva”. Porque ello iría contra la necesidad de un triunfo que se dio, en realidad, a pesar de todos los errores y horrores cometidos por nuestros militares y policías. Precisamente, no se quiere entender que la derrota de la subversión se debió a que cambiaron de estrategia, no a comportarse como Martin Rivas y la banda liderada por Alberto Fujimori.

Una tercera cuestión por la que nos incomoda la memoria es porque va contra la narrativa de éxito de los años venideros. En el mundo de “El Perú Avanza”, cualquier cuestión que se oponga al triunfalismo económico de la última década y media debe ocultarse debajo de la alfombra. Los desencuentros que han formado parte de la sociedad peruana desde su declaración de independencia hace casi dos siglos deben convertirse en objeto a ocultar, en tema tabú, en cuestión a no tocar.

Y ello se conecta con cierto sentido común de parte de nuestras élites respecto al periodo de violencia. Como señaló el escritor y periodista Marco Avilés:

Pensemos en el cuarentón de la camioneta. También en quienes ahora dirigen el país, desde el Gobierno hasta las empresas. Son los jóvenes que durante la guerra vivieron encerrados en casa mientras afuera las bombas estallaban y la gente era secuestrada. No iban a fiestas ni a discotecas. Sus padres no los llevaron de vacaciones al Cusco. Tengo hermanas mayores y de niño vi el celo con que salían para intentar divertirse. Siempre en grupos. Siempre a lugares cercanos. Si no había condiciones de seguridad, se quedaban en casa. Un día mataron al compañero universitario de una prima cercana en un atentado. Empezaban los años noventa. En los meses siguientes, ella hizo todo lo posible para irse del país y nunca más volvió. Muchos se fueron. Otros no se fueron nunca. Se quedaron. Y terminaron de formarse en ese país aterrorizado, corrupto, donde se estafaban o mataban unos a otros. Veinte años después, cuando la paz es esto que vivimos, ellos están en el poder. Están en el Gobierno, en las empresas, dirigiendo sus propias familias. Quieren darles a sus hijos lo que nunca tuvieron: seguridad a cualquier precio. Sienten el derecho de tomar lo que antes les fue negado. Y lo hacen con ese mismo frenesí de los niños que salen al recreo después de haber pasado mucho tiempo castigados y encerrados. Quizá intuyen que la libertad será breve, pasajera. Que deben conseguirlo todo para hoy. Porque quizá el mañana no existe.

Y, en ese frenesí, cualquier alusión que no se condiga con esos recuerdos de niñez en casa y adolescencia en la que ir al cine era casi deporte de aventura no es la verdad. Se trata de una memoria sobre este periodo que parte desde el privilegio y que no se cuestiona si es que otros peruanos vivieron situaciones mucho peores.

Finalmente, hay una razón adicional y quizás sea la central. Todas estas discusiones nacen en Lima Moderna, donde la violencia se vivió en modo distinto a Ayacucho. Y donde tanto las víctimas como los victimarios resultaban ser relativamente lejanos. No nos encontramos en una localidad en Ayacucho o Huancavelica donde tienen que convivir, en la misma comunidad, los familiares de una víctima de Sendero Luminoso con los padres o hijos de quien se autodenominaba como “camarada” en aquellos años. El tema del periodo de violencia se utiliza únicamente para invalidar al adversario político o para pretender perpetuar una leyenda de un autócrata salvador y mesiánico.

Dejamos de lado a las víctimas y olvidamos que deben ser el centro de esta historia. Nos concentramos en quién mató más o quién fue más o menos héroe, antes que conmovernos con aquello que vivimos. Olvidamos la empatía con el soldado que regresó con una pierna amputada, con el ciudadano de Lucanamarca que vivió como los senderistas mataban a sus vecinos a machetazos, con el egresado de La Cantuta que se enteró que sus compañeros fueron incinerados luego de ser ejecutados, con el miembro de la comunidad asháninka que se salvó del genocidio senderista, con la madre de un desaparecido que fue visto por última vez en un cuartel hace 35 años, con aquel ciudadano que quiere recordar y con aquella víctima que, por ahora, prefiere no hacerlo.

De nada sirve decir “terrorismo nunca más” o “Grupo Colina nunca más” si es que no aprendemos, de verdad, las lecciones de aquellos años.

 

¿Cómo van los cambios en el Grupo El Comercio?

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(Foto: El Comercio)

Una semana después de la renuncia de Fernando Berckemeyer a la dirección de El Comercio, se decidió a su sucesor: Juan José Garrido Koecklin será el nuevo director del diario más importante del país desde el 1 de junio.

El nombre del economista y administrador sonó inmediatamente desde que se conoció la renuncia de Berckemeyer, el miércoles pasado. Fuentes cercanas al Grupo El Comercio nos indicaron que el directorio tiene especial predilección por “abogados y economistas” para encabezar sus proyectos periodísticos.

Aunque el semanario “Hildebrandt en Sus Trece” señaló que los otros candidatos propuestos por Berckemeyer fueron Juan Aurelio Arévalo (editor de Mundo) y Jaime Bedoya (Editor Central de Estilo y Proyectos Especiales), esta versión no ha podido ser confirmada por este blog.

Garrido Koecklin fue director de Perú.21 entre octubre de 2013 y noviembre de 2017. De acuerdo con la versión que puso en su Facebook hace algunos meses, dejó el tabloide serio del GEC debido a que “sentía que había cumplido un ciclo en el diario”, negando versiones sobre caída en las ventas o por un tema financiero que han circulado en varios corrillos periodísticos dentro y fuera de la corporación propiedad de la familia Miró Quesada, sin una confirmación oficial. La Memoria Anual 2017 del Grupo El Comercio no registra cifras exactas sobre ambos temas.

En términos de línea editorial, Garrido apuesta por un tono bastante liberal en línea económica, como ha sido la constante de El Comercio durante la era Berckemeyer. Incluso, en algunos temas, podría ser hasta más libertario que el director saliente. En temas valorativos, también mantendría una posición parecida a la de Berckemeyer en materias como la defensa de los derechos de la mujer o el reconocimiento legal de las parejas del mismo sexo. De hecho, el nuevo director de EC no es creyente.

Donde sí podrían existir cambios es en materia política. Sin duda, Berckemeyer marcó distancias importantes con el fujimorismo, sobre todo, a partir de la segunda vuelta del año 2016. Su gestión tuvo que enfrentar embates de Fuerza Popular que buscaban aprovechar la posible vinculación de la constructora Graña y Montero – cuyo exprincipal directivo, José Graña Miró Quesada, es a la vez el principal accionista individual del GEC, con poco más del 6% de acciones – con el caso Lava Jato.

Si bien Garrido no dejó de hacer críticas a Fuerza Popular en su gestión en Perú.21, es claro que su tono frente a la agrupación liderada por Keiko Fujimori ha sido más contemporizador. Por tanto, algunas voces en la redacción del jirón Santa Rosa temen por un retroceso en la distancia con el fujimorismo, que costó construir luego de las cercanías que se tuvo durante la campaña electoral 2011, lo que generó un importante perjuicio al GEC en términos de ventas y prestigio. Aunque habría que decir que el hoy designado director de El Comercio no se la jugó por ningún candidato en 2016.

En redes sociales, muchos han criticado posiciones políticas y periodísticas de Garrido. La periodista y abogada Rosa María Palacios recordó que el nuevo director de El Comercio la había acusado de recibir dinero por parte de Nadine Heredia, afirmación de la que Garrido luego se rectificó. Otros usuarios han criticado columnas suyas, como una publicada en julio de 2017 donde dijo que había que clonar al exministro Bruno Giuffra (una afirmación que, a la luz de lo ocurrido con el empresario devenido en político en desgracia, por lo menos resulta naif). U otra pieza publicada en septiembre de 2015, donde alertaba de un supuesto intento de golpe de Estado que daría el propio presidente Ollanta Humala y que nunca ocurrió. Dicha columna, basada supuestamente en fuentes castrenses, fue duramente criticada en su momento por Gustavo Gorriti.

Garrido será el encargado de ejecutar uno de los planes más controvertidos del Grupo El Comercio: la convergencia de redacciones, causa de la renuncia de Berckemeyer. Según lo que pudimos conocer por fuentes cercanas al GEC, se buscan hacer tres núcleos: información común para todas las plataformas, audiovisual (fotógrafos, videoreporteros, diseñadores e infografistas para todos los medios impresos) y audiencias (web y redes sociales). Cada diario mantendría una redacción propia para información a profundidad, que los diferenciaría como productos independientes. La idea es que los tres núcleos estén implementados a fines de 2018.

Finalmente, una decisión aún por tomar es quien será la nueva cabeza de Perú.21, diario actualmente liderado por el periodista Dan Flores. Por ahora, el nombre que más suena es el de la periodista Cecilia Valenzuela, quien mantiene una columna en El Comercio. Se barajaron varias alternativas. De entrar Valenzuela, su proyecto enfatizaría sobre todo en notas de investigación, en su conocido estilo. Otros postulantes al puesto más bien buscaban un énfasis más digital, para recuperar a un público joven que paulatinamente está dejando de lado los diarios impresos.

Dentro y fuera del GEC existe incertidumbre sobre el futuro de los medios impresos del Grupo. Para algunas de las personas consultadas por este blog al interior de la corporación, la apuesta debió proseguir en potenciar equipos periodísticos de calidad, buscando beneficios a largo plazo, fortaleciendo tanto a los medios impresos como a la web. La apuesta de la convergencia, que ha ocasionado estos cambios, buscaría la recuperación a corto plazo de los dividendos para los miembros de la familia Miró Quesada.

Paradójicamente, la tendencia de los medios impresos que vienen recuperando poco a poco sus ganancias a nivel global es precisamente apostar por mejores periodistas en todas su plataformas. Precisamente, el camino inverso en el que parece haberse sumergido el Grupo El Comercio. ¿Vendrán tiempos mejores?