PANIAGUA: UN AÑO DE LA PARTIDA

Pocos se han acordado que, hace exactamente un año, Valentín Paniagua partió.

Tan desapercibida ha pasado la noticia que solo el recuerdo de un emotivo Raúl Vargas en RPP, un artículo de su correligionario Pedro Morales y la repetición del inmundo editorial de La Razón de hace un año han sido las únicas notas que han rescatado de la memoria de quien fuera un ilustre peruano, no exento de errores, pero quizás de los políticos más decente que haya visto en mi aun corta vida.

¿Qué rescatar del ex Presidente a un año de su partida? Pues los valores que lo hicieron querido entre la población, luego de salir de una dictadura corrupta: su prudencia en el lenguaje, el respeto institucional y la idea de que la política podía ser distinta y decente.

Y ahora, viendo hacia atrás, el modesto legado de su gobierno de transición se ve engrandecido: la creación de la CVR cuyos aportes permitieron la extradición de Fujimori por casos de derechos humanos, el impulso a la lucha contra la corrupción que ha permitido sancionar por primera vez a autoridades importantes en nuestro país, los mecanismos de transparencia electrónica en el Estado que tanta ayuda nos han dado para fiscalizar a los gobiernos siguientes y detectar corruptelas, regresar a la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para ver que las cosas se hagan bien. Ese legado de 8 meses sigue siendo, a la luz de lo que vino después, rescatable, pues quizás fue el momento en que podríamos creer que todo sería mejor.

Como varios que lo respetabamos, no voté por Paniagua en las últimas elecciones presidenciales. No porque pensaba que no fuera a ganar – de hecho mi voto tuvo poco que ver con lo táctico en primera vuelta -, sino porque percibía que, a sus cualidades, Valentín no había sumado la de la audacia, tan necesaria para gobernar al Perú en un momento diferente de la historia. Pero, con mis diferencias y distancias de algunas posiciones suyas, pienso que el Perú requiere de más personas como él, que adecenten una actividad importante para todos, pero que termina siendo, muchas veces, una cloaca.

Quizás el discreto Valentín prefería que lo recuerden en silencio y estaría complacido de que nos acordáramos que estuvieramos vivos. Aunque, para él, el mejor homenaje es que comencemos a ver a nuestro país con ojos distintos.

DE HACE UN AÑO: Adios, señor Presidente

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EL FUTURO DE ACCION POPULAR


Hoy se celebra un aniversario más de la fundación de Acción Popular, uno de los partidos políticos más longevos de nuestro país. Fechas en las que, además, se recuerda la partida de dos de sus principales figuras: su fundador, Fernando Belaúnde Terry (dos veces Presidente de la República) y Violeta Correa Miller. Momento, además, que puede servir para la reflexión sobre el futuro de este partido, acéfalo desde la partida de Valentín Paniagua.

Acción Popular ha llegado en dos ocasiones al gobierno por la vía popular y uno de sus más dignos representantes encabezó la transición que nos permitió salir dignamente de la cloaca fujimorista. Sin embargo, desde hace muchos años, no cuenta con un respaldo electoral sólido, ni un programa más o menos claro (aunque la indefinición fuera característica de su líder máximo), ni con un líder que le permita tener una presencia mayor de la que tienen sus parlamentarios.

A mi modo de ver, eso pasa por algunas cuestiones que atraviesan a todos los partidos: falta de representatividad, lejanía de la población, mecanismos de democracia interna aún por perfeccionar, adaptación a los nuevos tiempos. Pero también tiene que ver con algunas cuestiones que AP tendría que repensar, luego de la desaparición de sus máximas figuras históricas.

La primera es una reflexión crítica sobre su legado. Sin duda, a Paniagua y a Belaúnde nadie les negará sus calidades democráticas, credenciales alcanzadas no solo por su desempeño en el gobierno, sino también en la lucha contra regímenes autoritarios. A Belaúnde tampoco podrán negarse los méritos de sus obras arquitectónicas durante sus dos gobiernos. Sin embargo, la falta de manejo en las crisis económicas, la permisividad frente a algunos actos de corrupción (hecho reconocido por los actuales dirigentes del partido) y la conducta del régimen durante los inicios del conflicto armado interno son parte de un pasivo que el partido deberá asumir como parte de su historia.

La segunda es un cambio de estructura partidaria. Quizás el hecho de que AP no tenga en este momento un caudillo carismático o una figura respetable de la envergadura de sus ex Presidentes pueda ser la oportunidad para que esta agrupación – una de las pocas con real presencia nacional – pueda adecuarse a los tiempos y dejar de lado su armazón en base a la figura del “partido de caudillo”, que fue lo que finalmente encarnó Belaúnde y, en cierta medida, Paniagua. De esos pedidos de aggiornamiento han sido partícipes figuras que trataron de darle cierta organicidad ideológica a AP, como Francisco Miró Quesada Rada, actual co – director de El Comercio.

La tercera es abrirse un espacio político. Hoy Acción Popular no sabe hacia donde va a definirse como partido: si postulará una figura más progresista como en sus inicios o como algunos parlamentarios actuales – como Yohny Lescano o Rosario Sasieta – pretenden iniciar, o si continuará siendo un partido más de centro, sin definiciones claras. Tampoco podría descartarse la fusión con grupos políticos más afines a la práxis de esta agrupación, como Perú Posible, Somos Perú y la Coordinadora Nacional de Independientes. Como diría Rubén Blades, es un momento plástico para esta agrupación.

De no hacer cambios, AP irá camino a la desaparición, camino, que, hasta el momento, parece ser el que va emprendiendo luego de la partida de Belaúnde y Paniagua. Mario Vargas Llosa lo señaló con claridad, justo cuando partía Belaúnde:

“¿Qué herencia política deja Fernando Belaunde Terry? Aunque hay entre sus seguidores personas valiosas, yo dudo que Acción Popular sobreviva, a menos que se renueve de raíz. Porque era un partido que reflejaba íntimamente la idiosincrasia y la persona de su fundador, una formación a la antigua usanza, nacida y estructurada en torno a una figura de gran seducción y carisma antes que a un programa o a una ideología, es decir una institución que va siendo ya muy anacrónica en nuestros días, en que la política es cada vez más una tarea de equipos y de cuadros y de técnicas y cada vez menos de líderes y caudillos (aun en la mejor acepción cívica de esta palabra)”

¿Superarán ese reto y seguirán diciendo “Adelante”?

LA ADVERTENCIA DE LAUER Y LA CVR

Una moción en el Congreso que puede complicar las cosas para el sistema democrático.

El martes 27 de marzo, en su habitual columna de La República, Mirko Lauer hizo una advertencia importante sobre una Moción que viene dando vueltas en el Congreso y que podría consagrar el sentido común fujmorista sobre la lucha antisubversiva.

La Moción 965, busca la conformación de una “Comisión Investigadora para que analice la Política Antiterrorista a partir de noviembre del año 2000 hasta julio 2006, investigue los cambios del régimen penitenciario a los condenados por delitos de terrorismo, investigue el otorgamiento de indultos y conmutaciones de penas por terrorismo, investigue el traslado de los condenados por terrorismo a los diferentes penales e investigue la anulación de los procesos judiciales por terrorismo“. Es decir, un exocet contra los gobiernos de Valentín Paniagua y Alejandro Toledo, a los que el fujimorismo y sus voceros mediáticos han pretendido acusar de lenidad con la subversión, bajo la idea de que la democracia es débil para el combate a Sendero Luminoso. En suma, se toma como base la premisa “solo Fujimori y su autoritarismo, salvarán al Perú”, la misma que esta semana señaló sin escrúpulo alguno Martha Chávez.

Es cierto que el Congreso de la República tiene todo el derecho a evaluar la política antisubversiva, a fin de verificar lo avanzado y recomendar mejoras de ser necesario. Es parte de su labor de fiscalización y de canalización de demandas ciudadanas. Sin embargo, la forma en cómo se presenta la moción y quienes la presentan me hace pensar en un interés subalterno detrás.

Esta moción señala, como justificación, que “la política antiterrorista iniciada con la presente década, la flexibilización del sistema penitenciario de los condenados por terrorismo, el sistema de conmutación de penas, el otorgamiento de indultos a condenados por terrorismo, la anulación de los procesos contra terroristas y demás acciones y omisiones del Estado, han podido ser un elemento coadyuvante para que no se haya logrado la total erradicación de dicho fenómeno“.

Lo que no toma en cuenta la moción es que durante los últimos años de Fujimori se descuidó la política contrasubversiva y que, más bien, en democracia se corrigieron los errores cometidos durante el fujimorato. Según indica la Comisión de la Verdad y Reconciliación en su estudio sobre el regimen fujimorista:

“Debido a la inacción, una de las herencias que su gobierno dejó fue una situación penitenciaria descontrolada, gracias a la cual los reclusos del PCP-SL habían logrado nuevamente el control de las cárceles como sus “luminosas trincheras de combate”. El estricto régimen carcelario de dichos reclusos en los penales de máxima seguridad, incluyendo la Base Naval del Callao, no era tal para 1999“.

La CVR recogió lo que ocurrió en los penales de Yanamayo (Puno), Picsi (Lambayeque), Socabaya (Arequipa) y Potracancha (Huánuco): en estos establecimientos la infraestructura penitenciaria colapsó y los pabellones se convirtieron nuevamente en centros de adoctrinamiento. ¿Y Fujimori? No hizo nada para remediar dicha situación.

Claro, los proponentes también se olvidan de las tortas de cumpleaños a Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre dadas por Montesinos o, como recuerda Lauer, “las visitas a la Base Naval de más de 17 dirigentes de Sendero (en distintas ocasiones), la última de las cuales fue el 14 de noviembre del 2000“. Esta última reunión supuso la instauración del plan “por una solución política a los problemas derivados de la guerra“, que plantea una amnistía general – inaceptable desde todo punto de vista – para los miembros de Sendero.

Y también se olvida que los regímenes de conmutación de penas e indultos vienen desde la época de Fujimori y no se ha podido comprobar que alguna de las personas beneficiadas haya incurrido en actos terroristas. Esta fue la acusación que quisieron plantearle, en su momento, a Diego García – Sayán en su momento, y que fue archivada hace un mes por el propio Congreso. Ahora quieren reactivar esta vieja acusación, pero pretendiendo enlodar a todos los ministros de Justicia del gobierno toledista.

Tampoco se recuerda que el cambio de la legislación antisubversiva se debió a que buena parte de la misma era inconstitucional. No se quiere tomar en cuenta que sólo un mínimo porcentaje de los subversivos que fueron vueltos a procesar han sido absueltos por falta de pruebas y, claro, se omite que los principales cabecillas de SL y el MRTA han sido condenados a penas severas por la Sala Penal Nacional, que ha realizado un eficiente trabajo. ¿Se pretende ignorar estos logros en democracia y volver a consagrar a los jueces sin rostro, los tribunales militares para procesar a civiles, los inocentes en prisión?

¿Y quienes han presentado esta moción? Para comenzar, los fujimoristas Renzo Reggiardo y Cecilia Chacón, en un afan de defender el supuesto “legado” de su jefe. Se han sumado congresistas inimputables como Isaac Mekler y Luciana León, pero, sobre todo, han firmado gustosos esta propuesta la parlamentaria de Unidad Nacional Lourdes Alcorta – cuyo “respeto” por la vida humana es por todos conocido – y el primer vicepresidente de la República Luis Giampietri Rojas, cuyas posiciones sobre la guerra contrasubversiva son por todos conocidas.

Y conociendo a estos últimos, no dudo cuál va a ser el objetivo final de esta propuesta: la invalidación del documento que documenta mejor la violencia provocada por los grupos subversivos y los groseros errores cometidos durante la guerra contra la subversión: el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

La ojeriza que el fujimorismo y los congresistas antes mencionados tienen a dicho documento se centra en que va a contracorriente de la “historia oficial” sobre la derrota del terrorismo, que centra las glorias de dicha victoria en las Fuerzas Armadas y Fujimori, olvidando lo fundamental del trabajo de la Policía y de los Comités de Autodefensa, que fueron las entidades realmente decisivas para dicha victoria. Y claro, el Informe contradice los discursos de los partidos políticos sobre sus responsabilidades políticas – y en el caso de Fujimori, penales – sobre lo ocurrido durante los años de violencia.

Además, la CVR plantea cuestionamientos de fondo a la política antisubversiva empleada durante los años noventa y no avala seguir una “línea dura” en el combate a los remanentes del terrorismo, sino que propone una estrategia integral que vaya más allá de lo estrictamente militar.

Dado que existe este peligro, me permito una sugerencia a los defensores del Informe Final y del trabajo de la CVR. Muchos de ellos se han concentrado sustancialmente en el tema de las responsabilidades penales y políticas, a modo de respuesta a los detractores de su trabajo – algunas veces, sólo tomando algunos elementos del Informe Final, sin considerar otros – cayendo en el error centrar su agenda sobre este tema en responder a los ataques de los detractores de este documento.

Mi propuesta va hacia lo siguiente: es necesario concientizar a la clase política, a los intelectuales y a la opinión pública en el hecho de que la CVR, su trabajo y su Informe Final constituyen en conjunto uno de los más importantes instrumentos para generar políticas públicas en diversos temas.

El IF describe, de manera singular, los procesos de modernización frustrados, la exclusión de las poblaciones de la sierra y selva de nuestro país, el narcotráfico, los problemas estructurales de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, fallas en los poderes del Estado, los problemas de la educación peruana y las particularidades regionales persistentes hasta hoy. Temas que, por cierto, se hicieron notorios en la campaña electoral presidencial del año pasado y que parecen haber sido dejados de lado.

Tomar como foco los procesos y problemas señalados por la CVR implica centralizar la discusión en los temas de fondo y, además, da pie para que, en ese marco de análisis, se puedan ver sus recomendaciones y el tema de las responsabilidades. Ello implica que el país se asuma como una sociedad de post-guerra – cuestión que hasta el día de hoy no se ha hecho – y que el Estado varíe sus políticas sobre la base de este reconocimiento.

No digo con esto que los juicios deban detenerse. Por el contrario, es necesario atender a la demanda de justicia y lucha contra la impunidad de la manera más rápida, con el respeto al debido proceso y garantizando el derecho de las víctimas. Pero estas legítimas demandas debe comprenderse en un proceso mayor de cambios institucionales y reparaciones que consoliden la democracia y los derechos humanos en su integridad en el país.

Hacer esta variación de enfoque determinaría que se pueda posicionar de mejor manera el trabajo de la CVR en la agenda pública y deje de verse como un tema entre “conservadores” y “pro militares” vs. “caviares” y “pro senderistas”, sino como un diagnóstico que involucra problemas de toda la sociedad, así como de realiddes particulares de cada región.

Por ello, la advertencia hecha por Mirko Lauer no sólo nos debe invitar a estar alertas para evitar reversiones perjudiciales para el sistema democrático, sino a tomar una actitud más propositiva. Ello implica no sólo continuar con las denuncias sobre estos intentos autoritarios – liderados por el Primer Vicepresidente de la República -, sino también implica posicionar de mejor manera los temas necesarios para la consolidación democrática en el Perú. De lo contrario, la democracia que tanto esfuerzo nos costó recuperar, se habrá perdido nuevamente, esta vez, por nuestra falta de acción.

ADIOS, SEÑOR PRESIDENTE

VALENTIN PANIAGUA CORAZAO (1936 – 2006)

Mi gratitud imperecedera al pueblo del Perú que, en medio de la tempestad, no perdió jamás la ilusión, como no la perdieron los jóvenes y niños que, con su fresco entusiasmo, nos infundieron fuerza en la tarea. A todos ellos, les pido, en esta hora, no desmayar en el empeño, sabiendo que el Altísimo no desoirá la plegaria de un pueblo que ama la paz y anhela la reconciliación, y que está decidido a reprender su camino en la historia, bajo la misma divisa que los padres fundadores inscribieron, en el Escudo Nacional, como una apuesta y un anhelo de futuro que ahora repetimos como conjuro y como una clara determinación, para que el Perú sea siempre firme y feliz por la unión“.
(Mensaje a la Nación, 28 de Julio de 2001)

Ha fallecido el día de hoy un ilustre peruano.

Valentín Paniagua Corazao fue uno de los políticos más honestos de la historia política peruana. Y ello, en un país donde la excepción parece ser la honestidad en la política es un mérito indudable.

Me cuesta mucho trabajo escribir algo sobre una persona que hasta hace poco tiempo fue una figura importante de la política peruana y por la cual nunca escondí mi admiración y respeto personal.

El gobierno de transición que encabezó Paniagua fue un ejemplo de pluralidad, transparencia y eficiencia. Se organizó el sistema anticorrupción, se presentó la Iniciativa Nacional Anticorrupción. Se detuvo la recesión económica que venía de tiempos de Fujimori. Se realizaron elecciones libres, justas y transparentes en el 2001. Se logró la captura de Vladimiro Montesinos y de varios de los líderes de la mafia fujimorista. Se inició el plan de gobierno electrónico, inaugurándose los portales de transparencia electrónica. Se retornó a la competencia contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Se creó la Comisión de la Verdad, la Mesa de Concertación de Lucha contra la Pobreza y el Acuerdo Nacional por la Educación.

Pero fundamentalmente, Paniagua demostró, luego de la cobarde huída de Fujimori, que el ejercicio del poder en democracia se basaba en el respeto institucional, en la discreción presidencial y en escuchar a su equipo ministerial.

El ex Presidente no estuvo exento de críticas.

Algunos le reprocharon cierta lenidad y pasividad. Pero fue demostrado con su gesto frente a la denuncia infame que Nicolás Lucar pretendió insinuar que el ex mandatario tenía carácter. Nunca sus críticos pudieron demostrar con pruebas fehacientes que Paniagua liberó terroristas o que le temblara la mano a aplicar la Ley. Fue uno de los activos participantes de la Marcha de los Cuatro Suyos, aquella protesta mayor en contra de una dictadura a la cual Paniagua, desde el inicio, no dudo en llamarla como tal.

Muchos reprochan a Paniagua el hecho de que no haya podido declinar su última y aun reciente candidatura presidencial en favor de Lourdes Flores Nano para que no gane Alan García. Quizás cabría preguntarles a ellos si es que Flores hubiera ganado con un endose de votos, tomando en consideración que su derrota electoral se debió casi exclusivamente a sus errores como candidata, o si es que una posible alianza con el PPC debió tener, desde el inicio, a un candidato con menos resistencias como el ex presidente.

Quizás el único baldón que Paniagua puede llevarse en su larga trayectoria, que comenzó en las filas de la Democracia Cristiana y luego en Acción Popular, sea su poca predisposición a aceptar las críticas que se hicieran de la actuación del gobierno de Fernando Belaúnde durante el conflicto interno, en particular, sobre el diagnóstico que se tuvo sobre el fenómeno y la desprotección de los derechos de las personas.

Este ciclo, Paniagua debía volver a las aulas universitarias. En la PUCP iba a dictar un Seminario de Derecho Constitucional para los alumnos de pre grado. La enfermedad que lo llevó al hospital le impidió dictar aquella cátedra a la que tanto ansiaba volver. Aquel curso donde, alguna vez, el 6 de abril de 1992, dijo que no tenía nada que dictar, pues se había roto el orden constitucional.

Paniagua es una de esas figuras que la política peruana extrañará, por los valores que encarnó en vida. Esperamos que, en un futuro cercano, más gente honesta y con valores democráticos enraizados pueda tener un papel más relevante en el quehacer académico y político del país. El respeto a la legalidad y la transparencia en la vida es algo que el ex Presidente quisiera que el resto de peruanos pudieramos encarnar y que quizás sea el mejor homenaje a su memoria.

UPDATE: CEREMONIAS OFICIALES:
Lunes 16:
12 m.: Homenaje en Partido Acción Popular
3 p.m.: Homenaje en Casona de San Marcos
4 p.m.: Homenaje en Congreso de la República
5:40 a 10 p.m.: Velatorio en Catedral de Lima.

Martes 17 – Programa Oficial:
11 a.m.: Honras Fúnebres en la Catedral de Lima, con asistencia del Presidente de la República, altas autoridades nacionales y cuerpo diplomático.
12:15 p.m.: Traslado de los restos mortales hasta la entrada principal de Palacio de Gobierno.
12:30 p.m.: Homenaje del Presidente de la República Alan García, Plaza de Armas.
12:45 p.m.: Traslado de los restos mortales al Cementerio Jardines de la Paz.
1:15 p.m.: Llegada al Cementerio Jardines de la Paz.
1:30 p.m.: Ceremonia Fúnebre – Discursos.
1:45 p.m.: Discurso del Presidente del Consejo de Ministros, Jorge del Castillo
2:00 p.m.: Responso.
2:05 p.m.: Inhumación de los restos mortales.

ENLACES:
El Comercio: Perfil hecho por Renato Cisneros.
Caretas: El día que Paniagua llegó a la Presidencia.
CNN: Paniagua, led Perú after Fujimori flie, dies at 69.
Diario El Mundo de España: Valentín Paniagua, baluarte de la transición democrática en Perú.
Homenaje del Presidente Alan García.
Homenaje del Congreso.
Alan García suspende actividades por fallecimiento de Paniagua y declara duelo nacional.
Jorge del Castillo: Paniagua fue un hombre correcto, noble y bueno.
Javier Pérez de Cuellar: Perú pierde a uno de los mayores valores de este siglo.
Los detalles de los funerales.
Desde Atlanta, ex Presidente Alejandro Toledo expresa sus condolencias.
Políticos expresan su pesar.
Intelectualesde diversas tendencias expresan su pesar.
Discurso de Valentín Paniagua al asumir la Presidencia de la República.
Discurso de Valentín Paniagua al dejar la Presidencia de la República.