INTOLERANCIA AL POR MAYOR

El post anterior, sobre la izquierda caviar y lo que implica el uso de este término, terminaba con una interrogante bastante seria sobre los niveles de intolerancia en el país. En la política peruana, lo hemos visto de sobra, cada vez más son mayores los gestos de este tipo. Alberto Adrianzén lo expresaba el sábado de esta manera:

En nuestra sociedad, como en otras, “mirar hacia afuera” y “decir” lo que sucede, se convierte en un peligro. Hablar de la pobreza, de la desigualdad, de los bajos salarios, del mal gobierno, del medio ambiente, del divorcio, del aborto, de la prepotencia de las elites, de las transnacionales es “introducir” la división cuando lo que debe de primar es la unanimidad oficial. Como también está prohibido “mirar hacia adentro” cuando se habla de los “clubes privados” en las playas de Asia o de otras expresiones del racismo.

Ese mismo día, Luis Castañeda Lossio llamaba a sus detractores “parásitos”, haciendo gala de su reaprendido uso del habla para la descalificación de sus críticos. Así, todo aquel que no alabe su supuesta obra o que lo critique, no sería más que una persona que intenta aprovecharse de la supuesta capacidad de Castañeda para transformas la ciudad, capacidad que, por cierto, está hace rato puesta en duda.

Y ya no hablemos de las, hasta ahora, detenciones poco explicadas de varios jóvenes que fueron a una reunión bolivariana en Ecuador. Independientemente que las ideas chavistas me parecen nefastas y una repetición de los peores males de América Latina – el autoritarismo, la cerrazón frente al mercado, el caudillismo, la utopía totalitaria y la corrupción -, no se puede encarcelar a alguien por tener determinada idea, sobre todo, cuando en el país debe existir la presunción de inocencia como regla. Ello, claro, no implica que no se hagan investigaciones sobre el tema para investigar si realmente hay elementos violentos en dichas agrupaciones.

Si esto no es suficiente, el ejemplo se traslada al fútbol, una de las actividades que contemporáneamente nos definen como sociedad.

Luego de las sanciones a los jugadores juergueros de la selección peruana – justas, en el fondo, pero elaboradas con una redacción que haría jalar el curso de argumentación a quienes hicieron el fallo correspondiente – no han faltado las críticas a la Federación Peruana de Fútbol. Quizás la más cuerda ha sido la de Juan Manuel Vargas, uno de nuestros más importantes jugadores, quien ha dicho lo siguiente sobre los dirigentes:

“A ver, quién los sanciona a ellos. A los directivos les pones un micro y hablan cualquier cosa. Si ellos no hacen las cosas bien, entonces deben dar un paso al costado.”

Es cierto que los jugadores que hicieron de la concentración casi una fiesta romana merecen ser sancionados, pero los dirigentes que apañaron durante muchos años estas actitudes también deberían irse a su casa. Vargas – y en esto no coincido con él – defiende a sus compañeros, pero hace bien en señalar que las cabezas también hacer un mea culpa y presentar su renuncia.

Pero la respuesta de la Comisión Sudáfrica 2010 ha sido destemplada y, nada menos, que por boca del congresista José Mallqui. Perú.21 registra este ejemplo de tolerancia a las críticas:

“Qué autoridad moral puede tener alguien que celebra sus goles besándose con otro hombre”, le respondió Mallqui en declaraciones a radio Ovación.

“Quizá lo que pretende Juan Vargas es que Jaime Bayly sea la cabeza visible de la Federación”, añadió el directivo, quien no descartó que el lateral del Catania sea suspendido.

Todo un prócer del respeto a la diversidad sexual. Y este personaje es un congresista cuestionado por sus prácticas poco santas en el plano deportivo. ¿Se acuerda, señor parlamentario, del intento de soborno en Talara o de como el Sport Ancash salvó la categoría? Si Mallqui acusa a alguien de poca autoridad moral, tal vez debería comenzar por mirarse al espejo.

Luego de ver estas actitudes, no me queda más que preguntarme: ¿qué pasa en la política peruana que se tiene poco respeto por la disonancia?

MAS SOBRE EL TEMA:
Philip Butters: La sanción
El Blog del Morsa: Cuando Hulk dialoga
Menos Canas: Ciudadanía Crítica
Real Politik: La intolerancia del pensamiento único
La Hora del Pucho: Intolerancia
La Palabra Ingenua: Los siete de Tumbes

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LA PUCP, LA MEMORIA Y LA TOLERANCIA

En 6 dias, luego de dar mi último examen de la carrera, pasaré a ser un egresado de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Sin duda, el tiempo que he permanecido en la PUCP me ha dado la oportunidad de adquirir las herramientas que me permitirán ser un profesional competente y, por supuesto, la oportunidad de crecer como persona.

Pero la PUCP tiene un carisma especial. Muchos quienes hemos pasado por sus aulas hemos desarrollado cuatro cualidades importantes: la excelencia académica, el respeto por los derechos de los demás, la tolerancia entendida como la visión del otro como alguien igual a nosotros y el espíritu crítico. Alguien muy importante para mi me dijo hace algunos días algo más o menos así: espero que ahora que te vas con el título bajo el brazo y saldrás de las aulas, seas aún más PUCP de lo que eres siendo alumno. Ser PUCP para mí es lo que he descrito antes y quiero ponerlo en práctica en relación con un tema que ha cobrado polémica en la comunidad universitaria y que, creo yo, puede ser importante para reflexionar sobre varios temas que considero importantes.

Hace 4 años, a raíz de la presentación del Informe Final de la Comisión de la Verdad, la Federación de Estudiantes (FEPUC) instaló, en un espacio ubicado frente a los pabellones de Física y Estudios Generales Ciencias, una placa en la que se recordaban a varias personas que habían sido víctimas de la violencia en distintas épocas. Así, este espacio fue llamado Plaza de la Memoria.Sin embargo, el lugar no llamaba la atención de quienes pasaban por allí, sea porque nos habíamos acostumbrado demasiado al lugar, la placa estaba mal ubicada o iluminada o por la indiferencia que existe en muchos frente al tema de la violencia.

Este año se decidió remodelar el lugar, con motivo de los 90 años de la Universidad. Hace poco más de un mes, el 18 de octubre, se entregó la remozada Plaza de la Memoria, con la placa reubicada y mejor iluminada. Pero también con un elemento nuevo: una cafetería bastante moderna, auspiciada por una conocida marca de café. Vean las fotos a continuación que ilustran como ha quedado el lugar:



El tema ha desatado opiniones encontradas. Por un lado, un grupo de profesores y alumnos de la Universidad, encabezados por el Rector Emérito y ex presidente de la CVR Salomón Lerner Febres, ha suscrito un comunicado en el que pide sacar la cafetería instalada por considerar, en términos generales, que termina banalizando el espacio creado alrededor de la memoria de estas personas. Del otro, varios alumnos que consideran que la cafetería y el memorial no son incongruentes entre sí y pueden ocupar el mismo espacio.

Para poderme contestar la pregunta sobre este debate, voy a hacer con ustedes un ejercicio, que tiene que ver con la significación de los lugares de memoria.

Los memoriales están destinados a que las personas recordemos un hecho en particular de la historia colectiva de una colectividad. Un espacio de memoria lo puede ser un cementerio, la Plaza San Martín, el Ojo que Llora o un parque. Cada uno de estos lugares puede tener un significado distinto, correspondiente con el objetivo que queremos darle: podemos encontrarnos ante un espacio público de duelo, de punto de reflexión o de celebración.

Por ello, la pregunta previa que debemos hacernos para dilucidar este tema en la PUCP tiene que ver con el significado que queremos darle a este lugar llamado Plaza de la Memoria. ¿Quéremos que sea un espacio de duelo, un punto de reflexión o un lugar de recordación en el que la memoria no sea incompatible con la vida cotidiana? Creo que esa pregunta no se la ha hecho la comunidad universitaria y, por ello, aparecen posiciones tan enfrentadas como estas.

Ciertamente, coincido con los firmantes del comunicado en que existe un peligro de banalización del tema de la memoria. Sin duda, en un país que no ha terminado de asimilar las lecciones del conflicto armado interno y en el que la satanización del Informe Final de la CVR se ha convertido casi en un deporte para un sector de la opinión pública, siempre es necesario tener presentes los hechos que nos ocurrieron y no tomarlos a la ligera.

Pero, ¿se logrará eso eliminando un espacio como el de Cafetal? Creo que no. Esa es una solución, a mi modo de ver, un tanto maximalista. El énfasis particular que debieramos tener quienes creemos en los derechos humanos es, por un lado, seguir persistentes en nuestras convicciones e ideas, las cuales son base para la convivencia elemental entre seres humanos. Y, de otro lado, encontrar formas en como el tema de la defensa de la dignidad humana lo colocamos de formas más cotidianas, no necesariamente solemnes, en la que el recuerdo de aquellos sucesos que no podemos olvidar no sea óbice para que podamos seguir teniendo esperanza en el futuro y dejemos la cotidianidad de lado.

En esa medida, la resignificación del espacio llamado Plaza de la Memoria pasa, a mi modo de ver, por una mejor ubicación de la placa conmemorativa, y por la integración de la cafetería al significado que se le quiera dar al monumento. Ello, por supuesto, tiene que tener en cuenta un elemento importante: la memoria siempre es reelaborada por los seres humanos, por lo que este tipo de lugares adquieren nuevamente significado constantemente. Veamos sino lo que pasó con El Ojo que Llora: la pintura naranja convirtió al símbolo de lo que nos pasó como país en un testimonio de lo que puede causar la intolerancia.

Y creo que ese peligro puede darse alrededor del tema. Hablar de inexperiencia como argumento para descartar cualquier observación al comunicado es tan contraproducente como calificar de caviares a todo aquel que se interese en el tema de los derechos humanos. Creo en los derechos humanos, pero me permito discrepar aquí con personas a las que respeto y aprecio, pues considero que la argumentación que he dado es, humildemente, congruente con los principios que mi segunda casa me enseñó desde hace años.

Un comentario final: ya que estamos evaluando el tema de la Plaza de la Memoria, quizás sea oportunidad para reevaluar la pertinencia de haber colocado en la placa el nombre de Javier Heraud. Con todo lo que significa su poesía para la literatura, ¿Qué hace una persona que tomó un fusil como Heraud, que murió en nombre de la violencia que tomó como camino, junto a personas con las que, pensemos o no como ellas, fueron víctimas de violaciones de los derechos humanos? Osea, así como con el Che Guevara no me trago el cuento de la heroicidad y el heroismo, tampoco lo hago con Heraud.

Ahora si termino. ¿Esta discrepancia que es lo que expresa? Que estamos vivos como universidad y que podemos tener la capacidad suficiente para discutir abiertamente sobre temas que a todos nos pueden concernir. La universidad viene de universalidad, lo que implica heterogeneidad y disenso, dentro del respeto a cada persona. Esa es la gran lección que me dio la Católica estos años. Solo espero que no se pierda, tanto por las amenazas externas que todos conocemos, o porque sus propios miembros puedan perder de vista que, en democracia, todos los puntos de vista son debatibles. Sigamos siendo esa luz que brilla en las tinieblas.

MAHOMA EN CARICATURA

Entre la tolerancia religiosa y la libertad de expresión.

Ayer miércoles empezó en Francia un juicio contra el semanario satírico Charlie Hebbdo. ¿El motivo? La publicación en sus páginas de las ya célebres caricaturas de Mahoma, el profeta mayor del Islam, que han sido consideradas ofensivas por varios grupos musulmanes.

La demanda, sin precedentes en el país galo, ha sido interpuesta por la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia y por la Gran Mezquita de Paris. Ambas organizaciones alegan que los dibujos constituyen “injurias públicas contra un grupo de personas en razón de su religión”.

En realidad, este problema se originó en Dinamarca cuando el diario Jyllands-Posten, decide romper el tabú de que la imagen del profeta mayor del Islam no es reproducible, convocando a los dibujantes daneses a caricaturizar a Mahoma. A través de esta invitación recibe 12 caricaturas, algunas de ellas vinculando el Islam con el terrorismo, que publica el 30 de septiembre de 2005.

Ello desató una serie de protestas en varios países de mayoría musulmana, con daños a la embajada danesa, y un serio debate sobre la relación entre la libertad de expresión y la tolerancia religiosa.

El tema, a mi modo de ver, es mucho más complejo que lo judicial. Tiene implicancias éticas, valorativas y, ciertamente, hay mucho de prejuicio circulando por allí sobre este tema.

¿UN TEMA DE LIBERTAD RELIGIOSA?

Quienes desde el mundo islámico tienen reparos frente a las caricaturas señalan que esta es una bandera que todos los musulmanes deben asumir, frente a una afrenta que se tiene contra Occidente. La altisonancia de sus declaraciones hace que se tenga

Para comenzar, es necesario señalar que la reacción que se tuvo en países musulmanes como Siria o Afganistán frente a las caricaturas – las que dicho sea de paso, no han sido ampliamente difundidas en el mundo musulmán – no fueron ni espontáneas ni masivas.

En Siria, una “república dinástica” liderada por el presidente Bashar al-Asad, la reacción frente a los dibujos fue manipulada. En dicho momento se tenían problemas en el Consejo de Seguridad por el asesinato del primer ministro libanés Rafik Hariri, por la que se pedía el retiro de las tropas sirias del Líbano.

En Afganistán, en cambio, las manifestaciones se produjeron frente los cuarteles de la OTAN y fue un pretexto para protestar por el real fastidio que se tiene con Europa: la presencia de los aliados europeos de Estados Unidos en su territorio para luchar contra los talibanes.

Mientras que en naciones de mayoría árabe como Indonesia o Pakistán, solo fueron cientos o decenas los que acudieron a estas manifestaciones, convocadas por movimientos con poco respaldo electoral.

El otro elemento a tener en cuenta es la conformación del Islam.

Por lo general, tenemos un prejuicio – llamado también Orientalismo – de procurar analizar a los musulmanes partiendo de la premisa de que la religión lo explica todo. Ello impide ver la diversidad cultural, conflictos internos y lazos con otras culturas.

Muchos desconocen que el Islam se considera la continuación de la tradición judeo cristiana. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son considerados como libros sagrados junto al Corán. Jesús de Nazaret es considerado como un profeta respetado.

De otro lado, debe tenerse en cuenta que el Islam no es monolítico. Tiene 1,200 millones de creyentes, no tiene una jerarquía centralizada, no cuenta con un líder infalible en cuestiones de fe y las divisiones que se tiene en el mundo musulmán tienen más que ver con temas políticos antes que con una interpretación religiosa.

¿LIBERTAD DE EXPRESION?

Desde Europa, el tema ha sido visto como de respeto a la libertad de expresión. Tanto frente al caso danés como frente al francés, varios diarios han publicado en solidaridad con estos medios las caricaturas de la polémica. De otro lado, varios intelectuales han firmado manifiestos en favor de la libertad de expresión, e incluso el candidato presidencial de la derecha francesa Nicolas Sarkozy se ha expresado en favor de la difusión de estas caricaturas, pues considera a la libertad de expresión como el valor a defender en este caso.

Pero no se toma en cuenta que en Esados Unidos y Europa existen leyes que penalizan ideas que inciten al odio. En aplicación de estas normas, se ha sancionado incluso con pena de cárcel a los negacionistas del Holocausto judío. El caso más célebre es el del historiador inglés David Irving, quien fue condenado en Austria a tres años de prisión por sus libros que niegan la responsabilidad de Hitler en estos hechos.

Independendientemente de la veracidad de estas teorías – yo estoy plenamente convencido de la existencia del Holocausto y que fue una de las peores atrocidades que ha conocido la humanidad – cabe preguntarse si la sanción de ideas – por más retorcidas que estas sean – debe ser un delito penal. Esa es la pregunta que se haría un liberal consecuente. Sin embargo, aquí cabría también preguntarse por el dolor implícito que causa el olvido o la negación de un acontecimiento que ha marcada la vida de la humanidad, en especial en Europa y el derecho que toda sociedd tiene a mantener su memoria viva sobre estos acontecimientos.

Finalmente, otra cuestión tiene que ver con los problemas que suscitaría en Occidente la difusión de obras que atenten – supuestamente – contra la fe cristiana.

¿Que pasaría, por ejemplo, si es que alguien interpone una demanda para evitar ver una cinta como La Vida de Brian, una parodia de la vida de Jesús hecha por el grupo inglés Monty Python? ¿O si se hace caso a los pedidos para censurar a Madonna por “crucificarse” en el Confessions Tour que da por todo el mundo?

Ya en América Latina se ha presentado un caso de este tipo. En Chile, un grupo ultra-católico consiguió prohibir la exhibición de la cinta La Ultima Tentación de Cristo, por considerarla ofensiva a la reputación de quienes los católicos consideramos como Dios. Incluso la emanda fue interpuesta “por y a nombre de Jesucristo y de la Iglesia Católica”. El caso llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, quien sentenció que la cinta debía exhibirse y que las leyes de censura en Chile debían ser cambiadas. Uno de los párrafos de la sentencia indica que:

“79. Según el artículo 12 de la Convención, el derecho a la libertad de conciencia y de religión permite que las personas conserven, cambien, profesen y divulguen su religión o sus creencias. Este derecho es uno de los cimientos de la sociedad democrática. En su dimensión religiosa, constituye un elemento trascendental en la protección de las convicciones de los creyentes y en su forma de vida. En el presente caso, sin embargo, no existe prueba alguna que acredite la violación de ninguna de las libertades consagradas en el artículo 12 de la Convención. En efecto, entiende la Corte que la prohibición de la exhibición de la película “La Última Tentación de Cristo” no privó o menoscabó a ninguna persona su derecho de conservar, cambiar, profesar o divulgar, con absoluta libertad, su religión o sus creencias.”

Es decir, debe analizarse caso por caso lo ocurrido. Y la solución no es nada fácil. Siempre habrán quienes se sientan insatisfechos con lo resuelto.

¿Y ENTONCES?

El filósofo esloveno Slavoj Zizek tiene una hipótesis bastante interesante sobre lo ocurrido en torno a las caricaturas de Mahoma, partiendo de los valores en juego en este caso.

Para Zizek, este acontecimiento configura una antinomia de la razón tolerante: dos posiciones irreconciliables, con argumentos a favor y en contra con igual peso, que evitan la formación de un consenso sobre lo ocurrido o una solución que satisfaga a ambas partes.

Sea como termine el caso, la solución no será satisfactoria para ambos bandos. A pesar que el tema ya se ventila en tribunales, creo yo que lo jurídico no nos termina de explicar lo que ocurre en este tipo de situaciones. Las preguntas y las opiniones quedan a tu criterio.

MAS SOBRE EL TEMA:
Slavoj Zizek: The Antinomies of Tolerant Reason: A Blood-Dimmed Tide is Loosed.
El Mundo: Comienza el juicio en Francia sobre las viñetas de Mahoma en un semanario satírico.
El País (España): Juicio en Francia por caricaturas de Mahoma.