TRUMAN SHOW ALANISTA

Una de las películas que más me ha gustado es The Truman Show. Para quienes no la han visto, solo puedo decir que se trata de la historia de una persona cuya vida entera – literalmente – ha sido vista a través de una pantalla de televisión. La manipulación de los sentimientos y destinos vitales, la banalización a la que pueden llegar los medios sobre acontecimientos vitales tan importantes y la omnipresencia de las personas ante una cámara son algunos de los tópicos que aborda una cinta verdaderamente interesante.

Asuntos cinemeros al márgen, con los acontecimientos de los últimos días se ha creado un nuevo Truman Burbank. Mejor dicho, el que teníamos ha terminado por copar la pantalla de la televisión durante mañana, tarde y noche, cuando no lo escucho por RPP en cada una de sus conferencias de prensa.

Creo que era importante que Alan salga a dar tranquilidad en los primeros momentos y que estuviera en la zona de desastre. Era lo que cabía hacer en dichos instantes, demostrando sincera preocupación por lo que a todas luces era una tragedia.

Sin embargo, la tranquilidad infundida ha dado paso al insulto fácil, la imprudencia verbal, el riesgo de la vida del Presidente de Colombia y el reclamo para que vayan espectáculos a Ica cuando la gente no está para festejos. Si no me creen lean la crónica hecha por Esther Rebollo para EFE, titulada Los Desatinos del locuaz Presidente Alan García, que detalla todos los exabruptos verbales de Alan.

Cual Cristof, Alan cree que puede controlar toda ayuda que proviene de la emergencia, que sus invocaciones a Dios – podríamos sacarlo de esto, por favor – resolverán el problema y que sus puyas a todo el mundo (desde las ong’s hasta su propio partido) determinarán la mejora de la vida de la gente.

El Presidente debe entender que, así como la presencia es importante, el trabajo silencioso también lo es. Justamente en una circunstancia en que todos debemos unirnos, quien debería ser el encargado de ello, por su cargo de Jefe de Estado y representante de la Nación, termina dividiéndonos más.

Un poco de silencio presidencial y mayor coordinación con las autoridades regionales y locales es lo que se requiere en este momento, en donde las altisonancias y las ganas de aparecer en la foto de la ayuda, parecen ser los modus operandi de varios. Y no solo en Palacio de Gobierno. Cuidado que con ello terminemos banalizando una tragedia humana.

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