TACNA Y EL CANON MINERO

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Ayer, por un ajustado margen, se aprobó la modificación de la distribución del canon minero, tema que ha provocado una polémica entre Moquegua y Tacna. Polémica que ayer llevó a los actos de vandalismo producidos en Tacna, ampliamente documentados en los medios del día de hoy. El tema ha llegado a extremos tales como cortar la línea de suministro de agua a Ilo, amen de la destrucción de locales públicos y pases a la frontera vividos ayer.

Más allá de lo que pueden ser estos actos de vandalismo que deben ser sancionados – y eso es responder al respeto de derechos elementales como el respeto de la vida, la integridad física y la propiedad privada -, hay que ver más allá y detectar dos problemas fundamentales: la ineficacia de la acción policial y lo que se debe hacer con el canon minero.

De todas las opiniones que he visto en medios sobre estos temas, me quedo con estas dos. En cuanto a la Policía, Carlos Basombrío pone en relieve lo siguiente:

En general, el problema es grave. No se trata, como creen algunos, de entrar a sangre y fuego o de reemplazar a la Policía por el Ejército. Ambas ‘soluciones’ serían mucho peores que la enfermedad. Revertir la tendencia no va a ser fácil y tomará tiempo. Para ello hay que actuar, reiteradamente bien, en tres frentes.

Prevención: Reduciendo al mínimo aquellas situaciones en que lo único que queda es usar la fuerza.

Devolver confianza en la Policía. Lo principal no es que la gente le tenga miedo a la Policía, sino que esta inspire respeto, algo que se ha perdido por los problemas de la institución –empezando por la corrupción– y que el desgobierno de estos años en Interior ha acentuado.

Actuación profesional. Se puede hacer las cosas mejor y no salir derrotados en todas las ‘batallas’ por el orden público. Ello requiere especialización, entrenamiento, equipamiento, planeamiento y liderazgo.

Por su parte, sin dejar de reconocer que lo que ocurre entre Moquegua y Tacna resulta injusto para el primero de los departamentos mencionados, Humberto Campodónico señala que la ley aprobada ayer es solo un parche para problemas de fondo del canon minero:

El primero es que hay una ausencia total de proyecto común de nación en las diferentes regiones, no solo en Moquegua y Tacna. Cada cual quiere “su” canon –que es el 50% del impuesto a la renta que pagan las empresas– y no lo quiere compartir. Esa fue una de las razones del fracaso de los referéndums para las macrorregiones en el 2005: Cajamarca quiere el canon de Yanacocha; Áncash el de Antamina y Barrick; Cusco el de Camisea. Y así.

Todos desconfían del gobierno central y piensan que la mejor manera de lograr el desarrollo es aprovechar “sus” recursos. Así como cada aportante de las AFP tiene “su” libreta individual y se jubila por su cuenta no importándole el vecino, cada región defiende a muerte “su” canon. Lo que pasa con el resto del país interesa poco. Y si hay que pelearse con el hermano, sea. Ese es el legado del neoliberalismo.

Esto cobra mayores dimensiones porque la extraordinaria alza de precios de los minerales ha multiplicado el canon, generando una bonanza que es vista como la solución a las demandas postergadas por décadas por el gobierno central. En Moquegua y Tacna los ingresos por canon no se pueden invertir en su totalidad porque son tan grandes que sobrepasan la capacidad de inversión. Aunque, ciertamente, esta ha aumentado de manera notable: del 2005 al 2007, las inversiones de los gobiernos regionales de Moquegua y Tacna pasaron de S/. 35 millones a S/. 72 millones y de S/. 41 millones a S/. 74 millones, respectivamente.

La solución no es fácil. Pero hay alternativas. En Colombia, por ejemplo, el 32% del canon se reparte entre los departamentos que no producen el recurso natural y el 68% restante se distribuye entre los productores. Aquí no. Todo el canon se reparte únicamente en la región donde se produce el recurso. Este es un primer cambio a lograr, en el marco de una efectiva Ley de Descentralización Fiscal que acompañe al proceso de regionalización, lo que se discute hace buen tiempo, pero no se implementa.

Descentralización. Palabra que hasta ahora no escuchamos a Yehude Simon.

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