LA CONDENA A ZEVALLOS


Supone una buena noticia para el país que la Corte Suprema de Justicia haya confirmado la sentencia a 20 años de prisión a Fernando Zevallos, pues implica un gran paso en evitar las presiones de uno de los poderes invisibles más poderosos del país: el narcotráfico.

Durante muchos años, Fernando Zevallos fungió de tipo honesto y empresario de éxito. Su empresa Aérocontinente se preciaba de tener las tarifas más baratas del mercado y claro, con eso barrió con una competencia leal, como fueron Faucett y la mal privatizada – porque se vendió a una mafia mexicana – Aeroperú. Aunque era un secreto a voces que los fondos provenían de actividades poco santas. Y es que la pregunta era válida: si tus precios son menores que el costo de operación, ¿como sostener tu empresa si la aviación comercial no es algo masificado en el Perú?

Y cuando Chile comenzó a investigar las operaciones de esta empresa, no faltaron aquellos que, en nombre de un antichilenismo engendrado en sus entrañas o porque los periodistas que investigaban eran liderados por un enemigo mortal, defendían a capa y espada a la empresa sin hacerse la pregunta de fondo: ¿Es cierto lo que se dice?

Hay muchos méritos que reconocer en esta sentencia. En primer lugar, a los jueces, quienes, frente a presiones y amenazas respondieron con aquello que les da un grado de poder: la Constitución y la norma penal. En segundo lugar, a la Procuradora Antidrogas, Sonia Medina Calvo, que ha denunciado todas las triquiñuelas que Zevallos intentaba hacer para quebrar el proceso. En tercer lugar, a la prensa independiente, sobre todo al diario El Comercio, que se compró el pleito de enfrentar a una mafia, lo que le ha valido amenazas, pero también premios internacionales.

Si la justicia funcionara así todos los días, otro sería el país que legaríamos a nuestros hijos.

OFF TOPIC:
Agradezco a Uri Ben Schmuel, director de La Razón, el reconocimiento por la autoría del dato de los pagos irregulares a los miembros del Tribunal Fiscal. También agradezco las clases de gramática española que gentilmente me dedica. En donde si no me rectifico es en el calificativo que les dediqué el jueves pasado. Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, “adyecto“, en su primera acepción quiere decir Despreciable, vil en extremo. Y no me rectifico porque describe su trabajo, al propagar infundios sin sustento alguno y al defender al presidente más corrupto que ha padecido este, mi país. Se los dice alguien a quien cuya familia le enseñó que los golpes de Estado no se aplauden y que los asesinatos son asesinatos, sea de quien se trate.