EL GIRO DE PASCO

Hace algunos días, tuve una conversación con un amigo simpatizante del APRA, en la que conversamos sobre como iba el gobierno y como se percibía desde las bases del partido las tendencias políticas y económicas.

Cuando llegamos al tema laboral, era inevitable la pregunta sobre la presencia de Mario Pasco Cosmópolis. Y la respuesta de mi amigo no dejó de sorprenderme: Por más derechizado que esté el gobierno, en algo que no cederá el APRA es en sus banderas laborales. Pasco es consciente de ello y ya está cambiando sus pareceres de antaño.

Parece que esta apreciación no es desacertada.

Como varios, desconfié de la designación de Pasco, cuyo desempeño profesional ha estado ligado más con los intereses de los empleadores en general, lo que hacía pensar que inclinaría la balanza hacia el lado más fuerte de la relación laboral.

Sin embargo, el Ministro de Trabajo ha dado muestras que no quiere ser considerado como el representante de los empresarios en el gabinete. Para comenzar, ha vuelto a poner en la agenda la Ley General del Trabajo, con un proyecto modificatorio que viene preparando el ex ministro Javier Neves – cuyas tendencias ideológicas están en las antípodas de las de Pasco – y no ha dudado en negarle al Ministerio de la Producción el control del tema de las PYME, tal como lo ha ambicionado Rafael Rey desde que comenzó este gobierno.

Asimismo, despertando la preocupación de columnistas como Mario Ghibellini, Pasco se ha reunido más con los sindicatos que con los gremios empresariales. La verdad, yo no veo nada de malo en ello, como lo quiere dar a entender el co-autor de El Otro Sendero. De un lado, los sindicatos actuales en el Perú no tienen la fuerza suficiente para cooptar a un ministro de Estado. Del otro, es necesario que, sin compartir plenamente su pliego de reclamos y su agenda política, los ministros tengan una relación fluida con los sindicatos. Ya bastantes ejemplos de malcriadeces hacia los gremios hemos tenido en este gobierno como para seguir con una relación de confrontación.

Pero donde mayores sorpresas ha causado Pasco es en su visión sobre el tema de fondo: flexibilizar más o no el régimen laboral. Y en las dos entrevistas que le he visto – tanto en El Comercio como en Prensa Libre – ha manifestado que el problema de la formalización de las pequeñas y microempresas no pasa por “sobrecostos laborales”, sino por bajar las trabas burocráticas y simplificar el régimen tributario de estas empresas. Asimismo, en un gesto de audacia hacia parte del empresariado, ha manifestado que el tema de los despidos no tiene que ser la preocupación central, dado que se trata de una situación de carácter excepcional. Cuestión que, hasta el momento, ha marcado una de las principales barreras para que se adopte una nueva legislación laboral que equilibre lo ocurrido en los años noventa.

Siendo esa la política del Ministro, quedan aún algunas preguntas flotando: ¿Serán los sindicatos lo suficientemente maduros para aprovechar una oportunidad de diálogo que pueda consolidar una nueva normativa que pueda beneficiarlos en algo? ¿Serán los empresarios suficientemente abiertos a esta visión del Ministro Pasco, que los termina descolocando de alguna manera? ¿Cómo manejará el gobierno las tensiones que se produzcan entre el titular de Trabajo con otros de sus pares y con el ala izquierda del APRA?

Daremos un tiempo antes de poder contestar estas interrogantes. Mientras tanto, seguiremos observando que pasa en el campo laboral. No solo son necesarios más puestos de trabajo, sino también que tengan los derechos básicos garantizados. De ello no debe olvidarse el gobierno, los sindicatos, los empresarios y todos los peruanos.

EL DRAMA DE CASAPALCA

Durante las últimas semanas, hemos sido mudos espectadores de uno de los conflictos sociales más dramáticos que he podido ver en los últimos años, que tienen como involucrados a la Compañía Minera Casapalca y a sus trabajadores, junto al Ministerio de Trabajo y a decenas de personas que se encontraron varadas en la Carretera Central por varios días.

Casapalca es un yacimiento minero ubicado en la sierra de Lima, a más de 3,800 metros sobre el nivel del mar, en el que se produce plata, zinc, plomo y cobre. Su Presidente Ejecutivo Alejandro Gubbins Granger – en conflicto con sus hermanos por la titularidad de otra empresa minera – realiza con sus trabajadores prácticas que lo asemejan a los gamonales de la época anterior de la Reforma Agraria.

En Casapalca, casi todos los trabajadores de la empresa son subcontratados. Según ha referido la Ministra de Trabajo Susana Pinilla, varias de las empresas contratistas son Empresas Individuales de Responsabilidad Limitada (es decir, una persona como tu o como yo) con patrimonios tan bajos que no permiten cubrir los costos de una operación minera. Es decir, existen todos los indicios para que presumir que se encubre una relación laboral. ¿Razón principal para ello? No pagar sueldos altos y tampoco repartir utilidades a los trabajadores.

La gota que rebalsó el vaso fue el despido de 35 trabajadores de la empresa, entre ellos, los dirigentes del recién formado sindicato. Ya se imaginarán que la idea de tener un gremio no le gustó para nada a Gubbins y por eso se comportó como un violador flagrante de la ley laboral y de los convenios de la Organización Internacional del Trabajo. A ello se suman sus negativas a negociar cualquier solución a los justos reclamos de los trabajadores, que no solo incluyen sueldos, sino mejora en sus condiciones de trabajo y vivienda.

Claro, ello no implica que uno esté de acuerdo con la violencia vista en estas semanas, o con el bloqueo de carreteras que, a la postre, ha costado varios muertos, sean en los enfrentamientos (tanto mineros como policías) o como consecuencia del bloqueo. Ello termina deslegitimando ante la opinión pública los justos reclamos de los mineros, que terminan salpicados por estos atentados a los derechos fundamentales.

Sin duda, el Ministerio de Trabajo ha hecho lo que ha podido. Ha conseguido el desbloqueo de la vía y, además, ha multado a la empresa por sus malas prácticas laborales. El tema es que Gubbins y los demás representantes de la minera no quieren hacerse responsables por las normas incumplidas y los continuos atropellos a los trabajadores. Si bien hay buena voluntad de parte del Ministerio por solucionar el conflicto, tal parece que la solución definitiva esperará aun más, dado que la intransigencia de los empresarios, en este caso puntual, echa por tierra cualquier intento de resolución del conflicto en el corto plazo.

Esto no es solo un atentado contra los derechos fundamentales, sino que termina salpicando al empresariado, que debe deslindar, con la misma energía que lo hace frente a la inaceptable violencia, con las malas prácticas laborales. Ahora se viene un TLC que exige el cumplimiento de las normas de la OIT, con lo que este triste episodio – esperemos – sea uno de los últimos de este tipo que tengan que cubrirse.

MAS SOBRE EL TEMA:
Caretas: Sangre en Casapalca
Correo: Casapalca podría perder concesión minera por infracciones a normas de seguridad.

WALESA EN LIMA

Veo que todos los medios de comunicación han cubierto con interés y curiosidad la visita de Lech Walesa a Lima. Y claro, cada cual ha jalado agua para su molino, tomando la parte de las declaraciones que a cada uno le conviene.

Por un lado, los progres de La República han titulado la nota sobre Walesa como “El Capitalismo de hoy no sobrevivirá”, en clara alusión a las críticas que Walesa ha enviado a la forma en como se entiende el mercado en nuestros días. Por el otro lado, los liberalis economicus extremis de Correo han puesto su énfasis en que el ex Presidente de Polonia dice que el “Extremismo de los sindicatos no conduce a nada”, consecuente con la posición que este diario tiene hacia los gremios de trabajadores.

Más cautos y serenos en sus notas, El Comercio y Perú.21 han destacado el carácter democrático de su liderazgo y las críticas que por igual repartió a Hugo Chávez y a la actuación norteamericana en Iraq.

Lo cierto es que, declaraciones contingentes o de coyuntura al margen, nuestro visitante es un personaje bastante importante en la historia contemporánea.

Walesa no era un hombre de partido – es más, no lo fue durante su presidencia, bastante controvertida para los polacos -, sino alguien que desde la sociedad civil se enfrentó a una dictadura que copaba todos los espacios de la vida de sus ciudadanos. Y resulta curioso que el movimiento fuera construido desde un sindicato de trabajadores, quienes debían ser, desde la óptica comunista, los grandes beneficiarios de su proyecto político y económico.

Y no era fácil enfrentar a una maquinaria que tenía todo el apoyo de una gran potencia detrás. Por eso es que el esfuerzo de Walesa por devolver la libertad a su país debe ser resaltado en toda su dimensión, dado que tuvo que enfrentar toda serie de persecusiones, espionaje e incomprensiones. Y fue a base de coraje que pudo construir un liderazgo capaz de sacudir la Cortina de Hierro.

Acabo de escucharlo en una entrevista en RPP y, más allá de las declaraciones sobre coyuntura, veo que Walesa tiene claro que la solidaridad es necesaria para que los beneficios del mercado y la globalización puedan llegar a todos y tiene muy presente que los sindicatos tienen un gran rol en la construcción de una sociedad más igual. Quizás esto no les guste mucho a los amigos de la CONFIEP, quienes son los que lo han traido a Lima, pero quizás expresa que, más que un líder anticomunista – como Aldo Mariátegui ha tratado de presentarlo – hay un líder democrático que no deja de preocuparse por la justicia social.

Por ello, además que preguntarse que piensa la CGTP de él, habría que meditar si es que los empresarios peruanos habrán captado el mensaje.

DESTRUCCION CIVIL, DELITO PENAL

Cayó quien maleaba al gremio de Construcción Civil

Durante muchos años, el gremio de trabajadores de Construcción Civil fue temido por la violencia que solían emplear en sus protestas. Con el cambio en su dirigencia – cuando Mario Huamán comenzó a liderar al sindicato – y una mejor relación con CAPECO, la mala fama que se habían hecho los obreros cada vez que salían a marchar fue dejada de lado.

Sin embargo, en los últimos meses se volvieron a registrar hechos delictuosos que involcraban, de manera indirecta, a Construcción Civil. Todos los indicios apuntaban a un nombre: Vicente Aponte.

Durante la década de los 90, Aponte se forjó una imagen de conciliador con los empresarios, hecho que lo llevó a que Drago Kisic se fijara en él y lo llevara en la lista parlamentaria de Unidad Nacional en 2001, como parte de la Coordinadora Nacional de Independientes.

Dato curioso. Según reportó Marco Sifuentes en 2005, un singular partido político fundado en el penal de Lurigancho tenía contactos con la CNI, a través de Aponte.

El dirigente tenía varios procesos abiertos en el Poder Judicial, lo que le impidió postular por el Frente de Centro en las pasadas elecciones generales.

En marzo, los métodos de Aponte fueron eco de la opinión pública: fue responsabilizado por una gresca en el Callao que acabó con la muerte de un bebé y fue acusado por Mario Huamán de asesinar a su guardia de seguridad. Tan serios sucesos merituaron su separación del gremio de Construcción Civil.

Finalmente, hace unos días, Aponte cayó con las manos en la masa, cuando junto a sus compinches extorsionaba a un empresario constructor en Pucusana.

Lo bueno de todo esto es que tanto el Gremio como CAPECO se han unido para sacar del camino a una figura que estaba haciéndole mucho daño al sindicalismo peruano. La relación actual entre los empresarios y trabajadores del sector, a pesar de las diferencias que puedan tener, es la mejor en años, y ha rendido sus frutos en la negociación del pliego de reclamos. Todo un ejemplo a seguir por los pares de ambos grupos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Agencia Perú: ¿Quién es Vicente Aponte?