EDUCACION MILITAR: UN RUBRO PENDIENTE

Temprano, lei en Perú.21 la historia de como Umberto Jara logró a entrevistar a Santiago Martin Rivas, el líder operativo del destacamento Colina. La historia nos muestra a un militar que se siente traicionado ante las evidencias de corrupción que recayeron sobre quienes fueron sus superiores y, frente a dichas evidencias de lo que considera como una “traición al código de ética militar”, decide hablar con Jara.

Pero también hay otra lógica detrás y que es la que hizo evidente un editorial de La Razón de hace unas semanas: considerar cualquier acto de la lucha antisubversiva como heroismo, incluyendo las violaciones de los derechos humanos. Esta es la justificación que subyace a los silencios de Martin Rivas y que, para algunos partidarios de Fujimori, debio ser su mejor argumento de defensa en pos de una amnistía.

Y, de hecho, es la misma lógica que, de alguna manera, las Fuerzas Armadas impusieron a varios de sus miembros durante los años de conflicto armado interno. Al revisar Muerte en el Pentagonito nuevamente – ya a la luz del juicio a Fujimori -, pude comprobar que existía toda un pensamiento detrás que Martin Rivas comparte: el heroísmo es entendido como no tener reglas para actuar, dejar de lado los derechos fundamentales de las personas y así ganar la guerra. Ello es incompatible con Fuerzas Armadas que se encuentran bajo el mando de un gobierno democrático. Lamentablemente, como concluye Ricardo Uceda, los tres gobiernos que debían enfrentar a Sendero Luminoso y al MRTA – responsabilidades políticas y penales aparte – tenían la misma lógica de sus operadores castrenses.

¿Qué es lo que queda? Pues un sentido del honor bastante tergiversado y que comparte un sector de la población: se perdona el asesinato, pero no el robo. De hecho, buena parte de la derecha chilena compartió ese argumento frente a Pinochet: eran “necesarias” las desapariciones para acabar con la “amenaza comunista”, pero una vez que se descubrieron las cuentas en el Riggs, le dieron la espalda. No deja de ser sintomático que un sobrino de Pinochet defendiera a Chinochet.

Pero volvamos a la lógica de Martin Rivas y al remedio para la misma. Si algo quedó postergado en los intentos de reforma militar que se han tenido tímidamente en los gobiernos de Toledo – sobre todo, con Loret de Mola – y con García – en la experiencia Wagner -, fue el tema de la reforma educativa militar, es decir, la formación en las escuelas de instrucción militar. Sin duda, ha sido sintomático que recuperada la democracia se instale un Centro de Formación en Derecho Internacional Humanitario o se incorporen cursos de derechos humanos a la currícula de la formación de oficiales y suboficiales.

Pero ello es insuficiente. Si no se ponen en práctica lo que se aprende en estos cursos – léase, incorporándolo como parte de la formación en combate y en prácticas – pues es poco lo que se podrá hacer. Y también lo será si es que no se modifica un tema de cultura castrense resistente a los controles y que subyace en la lógica de la que Martin Rivas hace gala: la impunidad y la no diferenciación entre el buen soldado y el violador de derechos humanos. Ello, en términos educativos, se llama currículo oculto y tiene que ver con las prácticas que, desde lo cotidiano, se consienten y se enfatizan. Ello pasa en una institución educativa civil como en una militar.

Para ello, es necesario que las Fuerzas Armadas dejen de lado su desencuentro con la sociedad y que está mostrado a través de la formación que se nos da a civiles y militares. Por ejemplo, cuando se nos dice que estamos ante “instituciones tutelares de la Patria” y somos adultos que no merecemos ninguna tutela y, más bien, necesitamos tener mayores elementos para tomar nuestras decisiones. O cuando a los militares se les mete el rollo de que son quienes aman más a su patria, en desmedro de la gente de a pie.

Y es que, así como Martin Rivas, Telmo Hurtado y otros opinan que lo que se hizo en materia de violaciones a derechos humanos es justificable, también forma parte del sentido común de muchos civiles. La verdadera brecha a recuperar es la del respeto de los derechos de los demás y entender que, en democracia, no toda salida es justificable y que los medios condicionan el resultado.

LA AGENTE ZANATTA: 10 AÑOS DESPUES

Hace 10 años, el testimonio de la agente del Servicio de Inteligencia del Ejército Luisa Zanatta remeció al país, por el calibre de sus revelaciones sobre hechos claramente delictivos ocurridos durante la dictadura de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos.

En sus declaraciones, Zanatta dijo varias cosas que hoy se saben ciertas y que pueden ser claves para los procesos judiciales en los que Alberto Fujimori debe aclarar cuentas ante la justicia peruana. Además, develó con ello la entraña de un régimen autoritario y corrupto, independientemente de los supuestos logros de los que sus partidarios se jactan.

Es por esta razón que rescato el testimonio de la agente Zanatta. Esta persona – sin ánimos de volverla martir, pues fue parte de varias de las acciones por las cuales se juzga a varias personas en este momento – tuvo la capacidad de hacer un alto en su vida y decidir salir de un sistema cada día más podrido y denunciar varias de las cosas que hizo, vio y escuchó.

MARIELA BARRETO

En una entrevista larga con el periodista Edmundo Cruz, para el diario La República, Zanatta habla del caso del descuartizamiento de la agente Mariela Barreto, ex miembro del destacamento Colina y ex pareja de Santiago Martin Rivas:

¿De qué tratò su ùltima conversación con Mariela Barreto Riofano?
Me dijo que el “Chato Bazán” (Antonio Sosa Saavedra, miembro del grupo Colina) le habìa dicho que todo apuntaba hacia ella, en relación a una investigación abierta por el SIE para determinar quien filtraba información a la prensa. El Chato Bazàn es el màs maldito de todos, me dijo. Yo le comente que hasta donde sabìa, efectivamente, ella habìa participado en el grupo Colina. Inclusive Maflo (siglas de Marco Flores, miembro tambièn de la banda), que es un técnico, habìa comentado el asunto.
¿Mariela Barreto era del grupo Colina?
Si, ella me lo dijo. Yo la vi muy mal, estresada y nerviosa. Entonces le recomendé que hablara con su jefa y le contara que estaba siendo presionada. “Ah Luisa, tu estás creyendo que los chanchos vuelan”, me respondò: “tu presentas un informe y terminas cantando en la puna. No, no voy a hacer eso, tu sabes que yo tengo una bebé y que están rondando mi casa”
¿Sabía que la estaban persiguiendo?
Si, me dijo que tenía problemas con Maira (agente AIO María Chumpitaz)
(Esta agente también participó en las actividades de Colina)
¿Por qué?
Le habìa confiado algunos problemas a ella y esta (Maira) la había delatado. Mariela le dijo a Maria que quería salirse del Ejército. También le dijo a Maria que ella había sido una de las personas que había entregado informaciones a la revista Sí.
¿Le dijo que los casos La Cantuta y Barrios Altos eran de la autoría de Colina?
Sí, porque ella quería que investiguen a toda la gente que ha particiapdo. Estaba molesta con Martin Rivas porque no le pasaba la pensión para su hija. Esto la irritó y la decidió a delatarlos. yo le pregunté si la habían detectado y me dijo que no, que usaba a una tercera persona. Y le dije “No me cuentes nada, mientras menos sepa, mejor”.

Cabe indicar que, hasta la saciedad, Santiago Martin Rivas ha negado su autoría en estos hechos, pero este indicio apunta hacia el escuadrón de la muerte que este personaje dirigió.

FRAUDE 95

Esta es la firma de Luisa Zanatta en el registro electoral de la mesa de votación en la que votó en las elecciones municipales de 1995. El problema es que, como personal militar, durante esa época, no tenía el derecho a emitir su voto, sino que fue parte de una consigna para aumentar la votación a favor de Alberto Fujimori. Esto fue lo que le contó a Cruz:

¿En cuantas elecciones has votado?
En todas las que han habido desde 1990, pero solo en la de 1995, para Presidente de la República, nos dieron una consigna.
¿Consigna? ¿Orden?

¿El mismo día de las elecciones?
El viernes anterior. El jefe del Departamento de Enlace nos reunió y nos explicó lo que teníamos que hacer.
¿Les dijo por quién había que votar?
Es obvio, teníamos que votar por el que estaba gobernando
¿Quien era?
El presidente Fujimori
¿Cuál fue tu rutina ese sábado nueve?
La verdad, llegué tarde, casi no voto. Después me quedé a observar y chequear para que no pasara nada. Eso fue lo que nos dijeron.
¿Votaban todas las agentes?
Todas las que teníamos libreta habilitada. En general, para cada elección nos reunían y se hacía planes.
¿El SIE te gestionó tu libreta electoral?
No, yo tenía libreta electoral cuando ingresé a la escuela
.

CHUPONEO CON COLINA

Esta foto es reveladora de muchas conexiones. Aparece Luisa Zanatta, en medio de una central de espionaje telefónico, en la que se encontraron varios equipos de interceptación. La persona que está a su costado es Marco Flores Albán, jefe del Puesto de Escucha del Servicio de Inteligencia del Ejército y, quien, además, era parte del personal administrativo del destacamento Colina.

Caretas contó cuales fueron las acciones de Zanatta como parte del espionaje:

Luisa pasó todas las pruebas. En 1994 se utilizaban equipos llamados “roperos” o “frigideres” para interceptar llamadas.Estos pertenecían al equipamiento de la CPT y, según el testimonio de Luisa, había una partida presupuestal especial para pagar al personal encubierto en esta empresa por su “colaboración”.

En el “ropero” estaban los cables de las líneas telefónicas y allí se manipulaban los “chupones”. A veces Luisa era una de las agentes que estaba literalmente al otro lado de la línea, en vivo y en directo.

Otras veces, desgrababa cintas activadas por la voz y acumuladas automáticamente.

A fines de 1994, se compraron equipos de origen israelí más modernos y de mayor capacidad.Llegaron con instructor y todo. Quince días de clases con el agente visitante (Luisa hizo las veces de traductora con sus 2 años de inglés) bastaron para aprender el manejo de estos aparatos.

En adelante, el trabajo fue más fácil. La computadora para intervenir las comunicaciones apodada “Octopussi” funcionaba como una audiograbadora múltiple y además registraba cómodamente todos los números telefónicos de las llamadas que recibía el interceptado, imprimiendo las copias necesarias con la identidad de los usuarios.

¿Quiénes eran los “escuchados”? Ella recuerda por lo menos a Henry Pease y a Jorge del Castillo. La mayoría eran políticos de oposición, pero tambien periodistas, incluyendo dos de agencias internacionales y sobre todo oficiales de las propias Fuerzas Armadas.

Fue con los nuevos equipos israelíes que se trabajó en la campaña de 1995. El mayor EP Ricardo Anderson Kohatsu del SIE -a quien en 1997 se le acusara de participar en las torturas a la agente Leonor La Rosa- era jefe de Luisa Zanatta. En 1995 se enteró a través de este oficial que el coronel EP Enrique Oliveros del SIE había dado la orden que se incluyera a una persona más en la lista de los interceptados.

Esa persona era el candidato presidencial Javier Pérez de Cuéllar. Esta versión de la señora Zanatta confirma nuevamente la denuncia lanzada por el programa “Contrapunto” del Canal 2 en la era de Baruch Ivcher.

COLINA SI EXISTIO

Keiko Fujimori ha tenido que aceptarlo, pero, con ello, ha hecho trizas la estrategia de César Nakasaki, el abogado de su padre. Diez años antes, Zanatta decía lo siguiente:

Se que ha existido el grupo Colina desde cuando yo estaba en la Escuela. Recuerdo que un instructor nos comentó lo de Barrios Altos. Inclusive dijo que cuando habían operativos en Ayacucho o el Alto Huallaga y encontraban subversivos, los mataban, los quemaban, los fondeaban, los tiraban al río
¿Tuvo oportunidad de conocer a algún miembro de ese grupo?
Cuando regresé tuve la oportunidad de trabajar con el señor “Bazán”
¿A quién te refieres cuando hablas de Bazán?
Me refiero a Antonio Sosa Saavedra.

Pero también se reveló que Colina era parte de los engreidos del régimen, tal como los propios agentes han revelado en el juicio a Fujimori.

Los Suboficiales del Colina, ¿gozaban de algún privilegio?
Si, se les pagaba una remuneración extra, se les daba movilidad también.
¿Una bonificación o auto?
Un auto. También celulares, biper. Mientras que a nosotras nos daban rines.
(…)
¿Había mucha diferencia con el resto?
Claro, se notaba en el trato
¿Por qué en el trato?
De repente la mala suerte mía fue que entonces yo era una “pinche” porque cuando podíamos preguntar por qué nos trataban mal, la respuesta consoladora era: “Cuando estés en Colina…”. Así nos decían.

Y sobre Martin Rivas, Zanatta da varias opiniones bastante fuertes y que terminan de demoler el testimonio que dio hace algunas semanas en el proceso:

El jefe del Colina aparentemente era Martin Rivas, ¿lo llegó a conocer?
A Martin Rivas lo conocía de nombre a través de Mariela. En persona, me crucé con él cuando me tocó cubrir el servicio de penal en el Cuartel Bolivar. Hubo una audiencia y allí estuvo. Tenía que darme su documento para entregarle su tarjeta de visita. Me miró y lo dejé pasar.
¿Como veían usted y sus compañero al mayor Martin Rivas?
Era muy hermético, pero todo el mundo hablaba de que era muy sanguinario.
El dice que era un analista nada mas
Analista, ¿de qué? De muertos.
Ante la Comisión de Derechos Humanos ha dicho que se dedicaba a analizar y elaborar documentos.
No, no. La prueba es Mariela. Mariela antes de morir fue maltratada por él. La lastimaba. Si él era una persona honesta, con nombre, por qué nunca quiso ayudarle con su hija. Mariela sufría además porque dentro del sistema. Es más, a nosotras nos decía. Ya, una semana con Martin Rivas, para que aprenda ¿Qué nos iba a enseñar? ¿A analizar?

EPILOGO

Aunque luego hizo declaraciones ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y ante otros medios de comunicación, Zanatta desapareció del mapa. Hasta donde he podido averiguar, sigue viviendo en Estados Unidos, con la misma vida tranquila que comenzó a llevar por aquellos años. Sin duda, su testimonio permite corroborar varios de los hechos que se han mencionado durante el juicio a Fujimori y se mencionarán en el siguiente proceso, que comprende el tema del espionaje telefónico.

La inexistencia de pruebas no puede ser esgrimida por el fujimorismo. Este testimonio desde dentro lo demuestra. Y quienes quieran leer todo lo que le contó Luisa Zanatta a Edmundo Cruz, pueden revisar La Azotea del Tercer Piso.

Rescatando la memoria, el pasado no se olvida. Sobre todo cuando tenemos un ex presidente amnésico que pretende hacernos “caidos del palto”.

PD: Este es el post 1,000 de este blog. Agradezco a todos los lectores, detractores y amigos de esta página por haberme permitido llegar a este número significativo de actualizaciones.

MENTIRITAS CONMIGO NO

La semana pasada, Santiago Martin Rivas expuso al desnudo la táctica de defensa de Alberto Fujimori: negar hasta el hartazgo la existencia del destacamento Colina, acusar a los testigos de vendidos al sistema o “colaboracionistas” – lo que en jerga militar, quiere decir, traidores (¿a qué o a quién?) – y desacreditar lo que pueden ser los testimonios y documentos más contundentes contra el ex mandatario.

Sin duda, el testimonio de Martin Rivas logró impactar en la opinión pública y, por lo menos el miércoles, logró sorprender incluso a los magistrados y a los abogados de todas las partes. Pero el viernes pasado su suerte cambió, cuando los asistentes al video y quienes lo veían por televisión podían apreciar el video que filmó el líder operativo de Colina ante el periodista Umberto Jara. Vídeo que, por cierto, no admite dudas de su certeza y frente al cual la tesis del ensayo no resiste el mayor análisis y una simple pregunta: ¿Por qué Martin ensayaría una declaración que no es compatible con su defensa judicial?

Pero otras falsedades de la declaración han sido desmentidas. El jefe de Colina llegó a desconocer a sus propios compañeros de armas y de crimen. Pero los conocía y desde algunos años antes de los crímenes. La foto que ven a continuación, presentada por el diario La República, muestra a Martin junto a varios de los personajes a los que negó conocer o a los que mencionó que solo había visto “alguna vez”.

A ello se sumó la presentación de documentos vinculados con las operaciones del Destacamento que fueron firmados por Martin. La firma fue reconocida por Jesús Sosa Saavedra, uno de los jefes de equipo de este escuadrón de la muerte y que actualmente se encuentra en la clandestinidad.

Pero no es lo único que ha dicho Sosa, quien además es una de las fuentes principales del libro Muerte en el Pentagonito. En declaraciones más amplias a La República, indicó que la orden para ejecutar la matanza de Barrios Altos provino de Vladimiro Montesinos. Esta es la parte pertinente del diálogo:

¿Qué fue lo primero que comenzaron a hacer como grupo?
Entrenar, como es normal. Solo que aquí se incluía un entrenamiento con armamento, y había que tener más continuidad porque se supone que en cualquier momento puedes hacer operaciones. No es lo mismo que estar en oficina.

Barrios Altos fue la primera operación, ¿no es cierto?
Claro.
¿Quién la ordenó?
Montesinos, que era el asesor del presidente Fujimori.
¿Directamente él?
Sí, porque le fueron a dar parte a él, le fueron a decir ‘ya se cumplió el trabajo’. Y tú le das parte a la persona que te pide hacer el operativo.
¿Cómo fue?
Al día siguiente de lo que pasó, fuimos con Martin, Pichilingüe y Rodríguez Zabalbeascoa a la oficina del SIN y en la puerta se encontraron con Montesinos y ahí le informaron. No escuché todo, pero sí que dijeron que ya se había hecho el operativo y ahí estaban los muertos. Yo estaba a cuatro metros.
¿Y en el camino hacia el SIN ellos comentaron lo que le dirían a Montesinos?
Se lamentaban por la muerte del chiquillo. Ahora buscan quién lo mató, pero nadie sabe quién lo hizo. El chiquillo se metió justo cuando se estaba disparando a los terroristas que Abadía había señalado.
¿Cómo llegó la orden para Barrios Altos?
Nosotros nos preparábamos, entrenando. Yo he tenido dos o tres contactos con Abadía, fui a hacer un reconocimiento al lugar donde se iba a hacer la pollada y hasta ahí yo no sabía que se iba a entrar a eliminar o sacar gente. La orden llega cuando ya se iba a ejecutar.
¿Martin Rivas les dijo que había orden de matar?
No. Nosotros fuimos cerca del lugar y paramos a tres cuadras para esperar e hicimos un reconocimiento. Entonces solo pensábamos que haríamos una detención. Martin Rivas dijo: entramos, juntamos a la gente y ahí nomás les damos, nos demoraremos dos o tres minutos.
¿Al terminar la reunión con Montesinos recibieron alguna felicitación?
Cuando nos regresamos, ellos (Martin Rivas, Pichilingüe y Rodríguez Zabalbeascoa) comentaron que no querían seguir trabajando para él. Dijeron: ‘ta cojudo este, nosotros somos verdes, tenemos que trabajar con el comandante general
.

Sosa admite otras cosas más: la existencia del destacamento – aunque con el nombre de “Lima” -, cuyas ordenes operativas estaban a cargo de Martin Rivas. Y, con posterioridad a Barrios Altos, las órdenes de matar – pues Sosa admite los crímenes – ya vinieron del Comandante General del Ejército, Nicolás Hermoza Ríos. Con ello se confirma la tesis de que Colina respondió a dos tipos distintos de mando, pero que ambos tendrían como cúspide a Alberto Fujimori. Todo ello desbarata la tesis esgrimida por Martin de que Colina no existía o nunca cometio asesinatos.

Ayer jueves, se terminó de conocer el grosor de las mentiras brindadas la semana pasada en el proceso. En un artículo en Caretas, Umberto Jara contó las presiones que sobre él han caído por los famosos vídeos de Martin Rivas y como Carlos Pichilingüe ha intentado desprestigiarlo con la especie de que se plagió sus escritos. La verdad es que el ex Colina tuvo escritora a cargo y su libro no fue editado por su contenido difamatorio.

Pero Jara deja una sorpresa más: Un nuevo video de Martin Rivas. Y dos imágenes de regalo que lo muestran explicando lo mismo que dijo en el primer video, pero con cuadros, papelógrafos y demás elementos ilustrativos. Solo le faltaba el power point.

¿Otro ensayo, mayor?

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LA LOGICA DE MARTIN RIVAS

No sorprende que Martin Rivas haya esgrimido la palabra “No” tantas veces que pretendiera hacer que creamos su cinismo y sus mentiras.

Decir que la entrevista brindada a Umberto Jara fue “un ensayo de lo que iba a declarar en el Poder Judicial” resulta francamente inverosimil, sobre todo cuando en dicha “práctica pre – judicial” esgrime una autoconfesión, ante un periodista con el que se sentía cómodo, sobre las actividades del Destacamento Colina, “ensayo” que, por cierto, no ha puesto en práctica en sus declaraciones judiciales.

¿A qué está jugando Martin Rivas? Pues no esta jugando precisamente para el esclarecimiento de los hechos. De hecho, el ex procurador César Azabache explicó ayer en Prensa Libre la serie de incongruencias del testimonio del jefe operativo de Colina, así como los elementos que el tribunal debería tomar en cuenta para ponderar el testimonio de alguien que ha faltado a la verdad. Y también recomendó a todos los abogados involucrados en el proceso que hagan bien su tarea y se dediquen a convencer a quien tienen que convencer, que es a la Sala Penal Especial y no necesariamente a la opinión pública.

Sin embargo, el juicio si puede servir, como apunta bien Laura Arroyo Gárate, para desarmar la tesis esgrimida por los medios adictos a la dictadura de que era necesario vulnerar derechos humanos para derrotar a Sendero Luminoso – y que es la tesis que Martin Rivas esgrime en el libro de Jara – y para el mundo confirme que lo que indicó la Corte Suprema de Chile, al aprobar por unanimidad la extradición en violaciones de los derechos humanos, lo que indica que sí existen elementos claves para el procesamiento y sanción de Alberto Fujimori.

Pero creo que este proceso judicial también deberá servir para comenzar a separar la paja del trigo. Ayer, el jefe de Colina quiso arguir que las acusaciones en su contra eran una campaña contra las Fuerzas Armadas. No todos en las Fuerzas Armadas actuaron como este sujeto y su grupo de la muerte. Hubieron oficiales que defendieron al país con honor y respeto a los derechos humanos y quienes dejaron su vida por defender la democracia. ¿Pueden los familiares de estos militares honorables sentirse bien por ser confundidos con asesinos por declaraciones como estas? No lo creo. Y si bien las Fuerzas Armadas aun son reticentes a aceptar la dimensión de violaciones a los derechos humanos cometidas por sus miembros, no toleran grupos como Colina en su seno.

Seguiremos viendo más declaraciones como estas en varios dias. Y sin duda, no habrá quien se ofrezca a justificarlas. Pero, al final, serán los jueces quienes ponderen. Y para ello, la Fiscalía y los abogados de la parte civil deberán hacer bien su trabajo.

MAS SOBRE EL TEMA:
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Caretas: Las dos caras de Martin Rivas

LA OTRA EMPRESA DE MARTIN RIVAS

Santiago Enrique Martin Rivas, principal agente operativo del tristemente célebre Destacamento Colina, no solo se dedicaba a dar órdenes para matar, sino que también fue encargado de ejecutar parte de la cobertura legal del grupo de aniquilamiento cuyas acciones podrían terminar con un ex dictador con una condena de 30 años de prisión.

Como parte de esa cobertura, se formó una empresa, denominada Consultores y Constructores de Proyectos América (COPRANSA), ubicada en Miraflores y que supuestamente se dedicaba a labores de ingeniería civil, arquitectura y urbanismo. El local de la misma servía como sitio de reunión para la coordinación de los jefes de los subgrupos que conformaban el Destacamento. Nótese en la ficha registral de la empresa – la cual vemos a continuación – que los miembros de Colina que conformaron la empresa (Martin Rivas, Rivero Lazo, Rodríguez Zaballescoa y Pichiligüe Guevara) se registran, eufemísticamente, como industriales.

Sin embargo, hay otra empresa que también merecería ser investigada por la Policía y el Poder Judicial. El nombre de la misma es Corporación Nacional de Integración S.A., dedicada al rubro inmobiliario, y fue constituida en 1999, cuando Martin Rivas gozaba ya de la libertad ganada por la Ley de Amnistía.

Como se puede ver en la Partida Electrónica de la empresa, el principal accionista de esta compañía se llama Edgar Espinoza Chacón – persona relacionada con la Asociación Mutualista de los técnicos del Ejército – y es un viejo conocido del asesino de La Cantuta y Barrios Altos.

Una investigación de Agenciaperu.com reveló en su momento que Espinoza Chacón habría ayudado económicamente a Martin Rivas durante parte del periodo que estaba fuera del alcance de la justicia. A través de otra empresa, World Business Investrors S.A., se le daba un sueldo al miembro de Colina. Resulta curioso que dicha empresa tenga como uno de sus socios principales a Manuel Custodio Poémape, la persona que manejaba las cuentas de Vladimiro Montesinos en el Banco Wiese.

En su momento, Espinoza quiso deslindar este vínculo, pero este es un nuevo elemento de prueba que las investigaciones antes mencionadas apuntaban en sentido correcto.

Pero eso no es todo. Otro de los socios de Martin y Espinoza es el ex miembro del Ejercito Pablo Larrea de la Piedra, de quien he encontrado que, como varios oficiales, fue a hacer cursos a la tristemente célebre Escuela de las Américas.

Aquí hay dos preguntas que hacernos: 1. ¿Cuáles fueron las conexiones de Martin Rivas con el Ejército y el gobierno peruano entre 1995 y 2000? 2. ¿Por qué se asoció con una persona relacionada con el entorno económico de Vladimiro Montesinos?

Cuestiones que, en medio del juicio más importante de la historia, tal vez merecerían más de una explicación.

MAS SOBRE EL TEMA:
Archivo del Tercer Piso: Para que se vuelva a atragantar (07.02.2007)
La República: Audios revelan que Fujimori negoció amnistía con Colina
Ricardo Uceda: Fujimori debe ser sancionado por su complicidad con el grupo Colina

EL CINISMO DE UN ASESINO

Ayer, en medio de la insulsa discusión sobre la ética parlamentaria a raíz del ya comentado caso de las fotos de la pachanga de dos congresistas en Brasil, o sobre si Alan había mandado a La República (literalmente) a la basura, se produjo uno de aquellos sucesos que confirman que el cinismo humano puede no tener límites.

En una de las audiencias del juicio oral al grupo Colina, el escuadrón de la muerte que operó con la anuencia de Alberto Fujimori, prestó su declaración Santiago Martin Rivas, el jefe operativo del tristemente célebre destacamento del Ejército que perpetró las matanzas de La Cantuta y Barrios Altos, el asesinato del periodista Pedro Yauri y el asesinato de campesinos en el valle del Santa.

Martin Rivas tuvo el desparpajo de decir que los eventos por los que se le procesa son utilizados políticamente para “desestabilizar gobiernos y perseguir a las Fuerzas Armadas”. Cabría recordarle a este criminal que su jefe Fujimori lo condecoró por los “trabajos especiales” que realizaba y que las Fuerzas Armadas se vieron manchadas por hombres como este, que no tienen la hombría de reconocer su falta.

Pero eso no fue todo, Rivas tuvo el atrevimiento de compararse con Juan Valer Sandoval, el héroe de la operación Chavín de Huantar, de quien dijo era su compañero de promoción. De las organizaciones de defensa de los derechos humanos habló pestes y repitió el manido epíteto de “defensores de terroristas” y justificó el asesinato de un niño en la masacre de Barrios Altos diciendo que nadie se preocupó de los niños ashaninkas asesinados por Sendero Luminoso, cuando bien sabe que la Comisión de la Verdad y Reconciliación señaló que la conducta contra el pueblo asháninka, el más afectado como colectivo por el conflicto, podría ser calificada como genocidio.

Este sujeto no está arrepentido de nada y cree que lo que hizo estuvo bien. Lamentablemente, no pocos militares – incluso muchos de los que nunca estuvieron involucrados en violaciones a los derechos humanos – piensan de la misma manera que este personaje, que se considera a sí mismo como héroe de la patria. Y medios de comunicación como Expreso y La Razón se hace eco de este mal entendido “espíritu de cuerpo” y escriben los mismos argumentos todas las semanas.

Rivas será condenado, de eso no hay ninguna duda. Pero me preocupa sobremanera que dicha cultura de encubrimiento y de no aceptación de lo ocurrido siga cundiendo en las Fuerzas Armadas. De persistir, seguirán confundiendo a militares asesinados como el general López Albujar o el almirante Cafferatta, o a héroes como Valer y Raúl Jiménez, con criminales como los del grupo Colina, el “comandante Camión” o José Valdivia Dueñas. Hace falta que los institutos armados hagan una sincera reflexión de su papel durante el conflicto, para no terminar coincidiendo con personas que terminarán pagando por las consecuencias de sus actos.

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