PRECIPITACION Y BELIGERANCIA

Muchas veces los seres humanos actuamos movidos por la pasión y, ello, aunque no en todas las ocasiones, genera situaciones de dificultad para todos quienes se ven involucrados en las mismas. Muchas de las relaciones humanas se ven marcadas y complicadas por la actuación con precipitación frente a hechos que se ven como amenazantes y si a esta complicación se le suma un ánimo beligerante, pues los involucrados terminan siendo más afectados por lo que podía ser un problema que podía solucionarse en otros términos.

Creo yo que esto es lo que ha pasado con la actual crisis entre Colombia y Ecuador, cuyos hechos centrales ya son conocidos pero vale la pena reseñarlos brevemente:
– El sábado, las Fuerzas Armadas Colombianas logran la muerte del número 2 de las FARC, Raúl Reyes. El evento es celebrado por Álvaro Uribe como una de las mayores víctorias de su gobierno. En ese momento, se informó que el bombardeo que causó la muerte del líder de esta organización se produjo cerca a la frontera con Ecuador. Lo mismo fue indicado, en primera instancia, al presidente de dicho país, Rafael Correa. Uribe reconoció que se obtuvo la información de su ubicación por inteligencia de Estados Unidos.
– A las pocas horas, Bogotá reconoce que el ataque se produjo en territorio ecuatoriano. Correa manda llamar a su embajador.
– Allí no queda la cosa. Hugo Chávez mete candela, pone tropas en la frontera con Colombia, habla abiertamente de guerra y llama revolucionarios a los miembros de las FARC. Bueno, no se podía menos de quien llamó beligerantes a quienes cometen actos de terrorismo.
– La cuestión se complica más ayer. Quito tiene que admitir que habían habido contactos con Reyes e incluso Francia señala que este personaje era el enlace para la liberación de Ingrid Betancourt, la ex candidata colombiana secuestrada hace varios años por las FARC. Al final de la jornada, Ecuador rompe relaciones diplomáticas con Colombia y Venezuela expulsa a los diplomáticos colombianos en su territorio.

Mientras tanto, el dia se inicia con la llegada de Correa a Lima, en lo que es el inicio de una gira para pedir respaldo ante lo que considera una invasión a su territorio. De otro lado, Uribe ha señalado que denunciará a Hugo Chávez ante la Corte Penal Internacional por apoyo al terrorismo, siendo interesante en que delito podrá encajar este apoyo y que pruebas presentará. Mientras que la OEA intenta detener la crisis.

Todo esto comenzó con un acto precipitado de Colombia. Es cierto que el gobierno colombiano tiene el derecho y el deber de combatir a quienes atentan contra la democracia y los derechos humanos de sus ciudadanos. Pero no ello no lo ampara para mentir sobre lo ocurrido o para pasar una frontera. Fue lo mismo que, a mayor escala, se cuestionó cuando Estados Unidos invadió Irak. Claro, los norteamericanos, a diferencia de los colombianos, no tenían motivo alguno para dicha invasión. Pero el derecho internacional no ampara este tipo de situaciones.

Pero ha continuado gracias a la beligerancia que Hugo Chávez ha instalado en la región. Con un azuzador de las hostilidades, Correa, quien estaba visiblemente molesto por una invasión territorial, ha terminado llevando este problema a un extremo en el que no han faltado los agoreros de un conflicto armado, a pesar que los intereses económicos de los tres países impedirían una conflagación bélica.

Sin duda, Ecuador tiene todo el derecho de protestar ante una invasión de su territorio, pero no puede llevar esto a una situación límite como la que hemos vivido en estas horas, gracias a los “consejos” de su mentor bolivariano, quien desde hace tiempo pretende inmiscuirse en el conflicto colombiano, ante la pérdida de popularidad en su país.

¿A que nos debiera llevar la actuación de los demás presidentes de la región? En primer lugar, a atemperar los ánimos. En segundo lugar, a que Uribe reconozca sus errores y precipitaciones. Y, en tercer lugar, a que Ecuador acepte las disculpas y normalice sus relaciones. Y también es claro que los países latinoamericanos deberán tener convenios claros para combatir al terrorismo. La precipitación y la beligerancia, vale la pena recordarlo, hizo que el Perú se demorara en derrotar militarmente a estos grupos, ya que no se supo distinguir a los inocentes de los terroristas ni se respetaron las reglas del derecho nacional e internacional. Justamente los Estados deben diferenciar su actuación sobre la base de la legitimidad que le da la adopción de reglas comunes y que, además, sean cumplidas. Esa fue una lección que tuvimos y que debemos aprender.

Y a Chávez, habría que recordarle lo que dice hoy el diario La Nación de Argentina:

Sin embargo, hace menos de cuatro años, el 9 de noviembre de 2004, el mandatario venezolano, con el mismo acento y entonación, sostenía, en una visita a Colombia: “Yo soy un hombre de honor. Si yo apoyara a las FARC tengan la seguridad de que lo diría, no lo escondería. Para que quede claro: no apoyo, no he apoyado jamás ni apoyaré jamás a la guerrilla colombiana ni a movimiento subversivo alguno contra gobierno democrático alguno, de ninguna manera. Les juro por Dios y mi madre santa que si yo apoyara la guerrilla, no tendría cara para venir aquí”.

Y advertía: “Llámese como se llame al grupo armado que fuere, en el mismo momento en que entren en territorio venezolano violando nuestra soberanía se convertirán en enemigos de Venezuela y serán tratados como tales”.

¿Qué lo ha hecho cambiar de opinión? Desde Caracas, nos deben a todos los latinoamericanos una respuesa.

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