CAVIARES, INTOLERANTES Y GOBERNANTES

Si hay un mote que ha pegado en la política peruana es el de izquierda caviar, palabra que el fujimorismo y el conservadurismo rescataron de las críticas que en Europa se hacía a cierto sector de la socialdemocracia o de la izquierda que provenian de los sectores altos y medios de la sociedad.

Sobre el uso de este término en el Perú, Gonzalo Gamio anota lo siguiente:

La extrema derecha no cuenta con cuadros intelectuales – está claro –, pero su prensa difamatoria y mediocre se ha anotado un lanzamiento de tres puntos, dado que algunos buenos escritores progresistas están usando el término (cargando con el conjunto de prejuicios que le subyace): se trata de una auténtica y lamentable colonización conceptual. Estamos asumiendo su vocabulario, y por lo tanto (al menos en parte) sus sentidos implícitos para nuestra percepción y juicio en el plano político.

¿Y cuáles son esos sentidos implícitos? Martín Tanaka, en la primera parte de una discusión sobre este término, lo ilustra:

De otro lado, el término se usa para criticar algo así como el pensamiento “políticamente correcto” o “progresista”, vinculado a la defensa de los derechos humanos, principalmente. En ese sentido, se superpone con el calificativo de “cívico” que también se usaba mucho hasta muy poco, se superpone también con la crítica al “liberalismo de izquierda”. Así, puede haber liberales, no izquierdistas, que terminan siendo “caviar”. Acá ya el término pierde especificidad y sentido, aunque mantiene la crítica a lo que se considera la impostura de algunos, que pertenencen a sectores medios y altos, que son parte de un “círculo” relativamente cerrado, que defenderían ciertas posiciones principalmente porque ello otorgaría a sus proponentes status o beneficios económicos. Acá el término se usa con fines exclusivamente denigratorios.

Tres anotaciones a lo que señala Tanaka, que me parecen pertinentes.

La primera, es que la utilización del término comienza luego del periodo de transición, cuando varias de las banderas esgrimidas desde parte de los sectores que conformaron la parte más visible del movimiento de recuperación a la democracia fueron tomadas en cuenta por los gobiernos: lucha contra la corrupción, defensa de los derechos humanos, formación de la Comisión de la Verdad, entre otros tópicos. Todos afectaron determinados intereses que se sintieron golpeados y, ahora, que se han reagrupado ante la debilidad de los gobiernos de Toledo y García, emprenden campañas en contra de dichos tópicos y sus defensores.

La segunda, es la coincidencia de agendas entre personas provenientes de las canteras de la izquierda con quienes son más consecuentes con el liberalismo. No en vano a Rosa María Palacios – por mencionar un solo ejemplo .- le han dicho que se ha “caviarizado”, por asumir una agenda sobre derechos humanos que, en realidad, es consecuente con el liberalismo que defiende. Como lo he mencionado en otra oportunidad, el problema en el Perú es que muchos han confundido liberalismo exclusivamente con la defensa de los intereses del mercado – y a media caña -, dejando de lado el componente político de esta corriente ideológica.

Y la tercera, es que más allá de la concordancia de ideas que puedan existir entre liberales y progres, ambos grupos tienen un serio problema en la acción política (es decir, más allá de la teoría): no han sabido construir propuestas políticas que, más allá de la perfección de sus planes de gobierno, puedan empatar con la ciudadanía. Es decir, si bien los temas que colocan en agenda son importantes, han tenido severas dificultades para convertirlos en una opción política popular. He allí un reto que va más más allá del tema de este post, pero que dejo anotado por sondierarlo importante.

Pero volvamos a la pregunta esencial: ¿Por qué se utiliza el término “caviar” en el Perú?

Una primera explicación es obstaculizar la permanencia o contratación de personas calificadas como “caviares” para trabajar en el aparato estatal. Esta es la versión más utilizada por los diarios Expreso y Correo, quienes no conciben que determinados temas formen parte de la agenda del Estado y a los que consideran como parte de los intereses de un grupo minúsculo.

Mirko Lauer ha respondido a esta variable de críticas, en un artículo reciente:

De otro lado está el rechazo a la competencia profesional de los cuadros “progres”, que son muchos y tienen el mismo conocimiento del Estado que los cuadros “neoliberales”, en el diseño de políticas públicas, y muchos bastante más en el diseño de políticas sociales. No es su postura tanto como sus conocimientos.

Por ello, muchas de las acusaciones contra varios funcionarios han provenido de “contaminar ideológicamente” a instituciones como las Fuerzas Armadas o supuestos malos manejos en su gestión, hechos que nunca han podido ser comprobados. Se pasa de la batalla de ideas – saludable en toda democracia – al más concentrado lanzamiento de lodo.

Pero un segundo punto más interesante de análisis sobre el uso del término “caviar” tiene que ver con la búsqueda de parar con el avance de una agenda que comulga la libertad de mercado, con apertura política, defensa de los derechos humanos, lucha contra la pobreza e impulso de temas como educación, salud y medio ambiente. En su segunda parte sobre este tema, Tanaka señala:

El razonamiento que considera la defensa de los derechos humanos, del Estado de derecho, de los derechos de las mujeres, la preocupación por la exclusión social, etc., como banderas de un grupo político-social minoritario (“caviar”), y por lo tanto pueden ser soslayadas, me parece muy grave. Y me parece que muchos sectores políticos manejan ese criterio. Esas serían ideas que “vienen de afuera”; lo supuestamente “de adentro” sería la eficiencia en la lucha contra la pobreza, el logro del desarrollo económico. Eso sería lo que le interesa a la gente. Lo otro, solamente a los “caviares”.

Este sentido común está muy presente en el gobierno. De un lado, al asociar el término caviar con izquierdistas o liberales consecuentes, el gobierno intenta arrinconar a quienes desde la universidad y otros foros públicos se han convertido en sus críticos más sustentados. De otro lado, al tener esos temas encapsulados hacia un sector que no tiene presencia política electoral, los menosprecia y los toma en cuenta dentro de su modelo. Y finalmente, no hay que olvidar la eterna pelea entre apristas e izquierdistas, que data desde tiempo de la pugna Haya – Mariátegui. Con estos factores, un converso como García se compra todo el paquete de críticas y no duda en fustigar a quienes lo critican, sobre todo, desde las veredas antes mencionadas.

El problema es que, con esta satanización, el gobierno – y sus aliados mediáticos, quienes no en vano son los impulsores de este término – dejan de lado componentes esenciales de la gobernabilidad, en la que izquierdas y derechas pueden poner sus acentos particulares sobre determinados puntos y que son centrales para el debate político de hoy.

Y si esto, como señala Augusto Álvarez Rodrich hoy, se da en un contexto en el que la tolerancia gubernamental a cualquier idea opuesta a la suya se va reduciendo de a pocos, comienza a ser preocupante para el futuro de la democracia en el Perú.

Cuidado, no vaya a ser que de la caricatura pasemos al hostigamiento que vaya más allá de los mediocres artículos presidenciales y terminemos como en el poema de Brecht: lamentándonos cuando nos lleven a nosotros, cuando antes llevaron a otros por pensar distinto.

EL BALANCE DEL CHINO

Trascurridos dos meses y medio del inicio del juicio a Alberto Fujimori, se puede hacer un balance sereno y firme de como va este proceso por violaciones a los derechos humanos que ha conscitado la atención de la prensa nacional y extranjera.

En primer lugar, debe quedar claro que, tal como ha sido planteado el proceso por ambas partes, ninguna de ellas va a ganar – por decirlo en términos prestados del box – por knock out. Cabe recordar que a Fujimori se le procesa por ser autor mediato de crimenes de lesa humanidad. En términos judiciales, ello implica que se vaya construyendo la culpabilidad del acusado a través de un cúmulo de pruebas. Es decir, olvidémonos de un Vladivideo tipo Crousillat o Schutz. Lo más cercano que tengamos a eso será el vídeo de la entrevista hecha por Umberto Jara a Martin Rivas.

Un segundo tópico tiene que ver con las estrategias de los abogados. Quien ha tenido mayor protagonismo ha sido César Nakasaki, el abogado defensor de Fujimori. Sus habilidades como abogado procesalista las ha puesto al servicio de la tesis de la confusión y está jugando en el terreno de la opinión pública más que en el campo estrictamente judicial. ¿Qué es lo que busca?

De un lado, llevar a los abogados de la parte civil y a los fiscales a un terreno pantanoso: que intenten probar la culpabilidad de Fujimori mediante la existencia de documentos oficiales. Como bien saben muchos, si bien existieron directivas y manuales contrasubversivos que contemplaban la eliminación de sospechosos de terrorismo, la creación de Colina y las órdenes por cada operativo no han quedado registrado en documentos, salvo los reportes de inteligencia que pedían cuestiones logísticas para cada una de estas matanzas. Ese tipo de órdenes no son puestas por escrito, pues son incriminatorias. Lo penoso es que, sobre todo los abogados de la parte civil, por momentos se viene cayendo en ocasiones en pisar este palito puesto por Nakasaki.

De otro lado, se busca desacreditar a los testigos, a través de la búsqueda de contradicciones en sus declaraciones. De hecho, en esto el abogado de Fujimori no ha respetado las canas de Edmundo Cruz y quiso ponerle una fecha falsa para hacerlo caer, lo que mereció una reconvención por parte de los jueces. Lo mismo ha pretendido hacer con los miembros de Colina. Y llevando la estrategia al máximo, algunos testigos de la defensa pretenden imponer el infundado rumor de un pago por incriminar a Fujimori, refrito que, por cierto, fue difundido y desmentido en el 2003.

En la estrategía, digamos, “política”, los fujimoristas han corrido con cierta ventaja. El hecho de que no se difunda el juicio por Canal 7 – un grosero error que Carlos Manrique Negrón debiera corregir – y la existencia de encuestas que siguen arrojando un importante índice de aprobación a Fujimori hacen que sus seguidores y familiares sigan arrojando bravatas a la opinión pública, pretendiendo que la inocencia de Fujimori se va a definir en un mitin. Y aquí es donde nuevamente se equivocan: si Fujimori será sentenciado es en virtud de cuestiones judiciales, no de una encuesta. Al ex dictador no se le juzga por venganza o enquina, sino por la existencia de pruebas que lo comprometen en crímenes graves y que, de hecho, ya le valieron una sentencia condenatoria.

Ese error de percepción – o, más bien, estrategia para una amnistía, como ellos lo han definido claramente – es el que hace ver a Kenji Fujimori decir “están matando a mi padre de a pocos”, cuando su viejo tiene un régimen penitenciario estricto, pero que respeta sus derechos fundamentales y su celda es más grande y cómoda que cualquier instalación del mismo tipo en Castro Castro o Piedras Gordas.

¿Qué es lo que se viene? Pues las declaraciones más importantes del proceso: Umberto Jara y su investigación sobre Fujimori, Martin Rivas, Hermoza Ríos, las investigaciones de la CVR explicadas por Carlos Iván Degregori y Salomón Lerner Febres y, en términos mediáticos, el careo con Vladimiro Montesinos. Entretenimiento tendremos, cuestiones interesantes para el análisis también.

Y al final, esperemos que sera la justicia la que se alcance.

MAS SOBRE EL TEMA:
Rosario Fernández, Ministra de Justicia: Fujimoristas deben dejar de desinformar
Augusto Alvarez Rodrich: Se le viene la noche
Agencia Perú y Umberto Jara: Ojo por Ojo – Parte 1 y Parte 2
Santiago Pedraglio: ¿Qué va quedando en claro?

LO QUE VARGUITAS SI DIJO

Hace 20 años esto era impensable. Mario Vargas Llosa elogiando el gobierno de Alan García y acudiendo a Palacio de Gobierno.

Ante esta imagen, me quedan dos reacciones. La primera, la estupefacción por ver que un liberal consecuente aplaude un gobierno conservador. La segunda, es recurrir al rico archivo, dado que en este blog palpita el recuerdo.

Asi que, por cortesía de todas las radios que nos ofrecen lo mejor de los 80’s, veamos una breve selección de Mario Vargas Llosa hablando de Alan García hace unos pocos años, a través de varios extractos de El Pez en el Agua (Las citas pertenecen a la edición de Alfaguara, 2005):

Yo lo había visto una vez, antes, durante su campaña electoral de 1985, en casa de un amigo común, el martillero y coleccionista de arte Manuel Checa Solari, quien se empeñó en hacernos comer juntos. La impresión que me hizo fue la de un hombre inteligente, pero de una ambición sin frenos y capaz de cualquier cosa con tal de llegar al poder. (página 40)

Además, la estatización del sistema financiero tenía un agravante político. Iba a poner en manos de un gobernante capaz de mentir sin escrúpulos – apenas un año antes, a fines de noviembre de 1984, había asegurado en el CADE, que nunca nacionalizaría los bancos – el control absoluto de los créditos. Con lo cual todas las empresas del país, empezando por las estaciones de radio, los canales de televisión y los periódicos, estaría a merced del gobierno. (página 43)

Cuentan los chismes que aquella noche, al ver en la pequeña pantalla la magnitud del Encuentro por la Libertad, Alan García hizo trizas el televisor. (página 50)

Todo esto, como los negociados al amparo del poder por quienes ocupan la presidencia, los ministerios y cargos importantes en la administración, es algo tan generalizado que la opinión pública ha llegado a resignarse a ello como a algo fatídico: ¿tiene sentido protestar contra la ley de la gravedad? Corrupción, tráficos, aprovecha un puesto público para enriquecerse, es congénito a la política peruana desde tiempo inmemorial. Y durante el gobierno de Alan García esto batió todas las marcas. (página 187)

El Perú de mi infancia era un país pobre y atrasado; en las últimas décadas, principalmente desde la dictadura de Velasco y sobre todo con Alan García, se habia ido volviendo pobrísimo y, en muchas regiones, miserable, un país que retrocedía a formas inhumanas de existencia. (página 237)

Preocupado por la victoria aplastante del Frente Democrático que anunciaban las encuestas, el 27 de noviembre de 1989 Alan García rompió lo que, por disposición gubernamental y costumbre, ha de ser la actitud del presidente en los comicios: una auténtica o fingida neutalidad. Y, en conferencia de prensa, salió a las pantallas de televisión a decir que si nadie “se le pone al frente” (a mi), lo haría él. (página 299)

Más tarde, siempre diligente en el servicio al amo de turno, el personaje (Guillermo Thorndike, nota de DTP) publicaría una hagiografía de Alan García y, en la campaña electoral, éste volvería a traerlo al Perú a dirigir una hoja, Página Libre, que, en los meses finales antes de las elecciones, desempeñó el papel que cabe imaginar. (página 348)

Los investigadores de la oficina del odio encontraron, en un artículo mío sobre la huachafería – forma del mal gusto que es una propensión nacional – titulado “¿Un champancito, hermanito?”, una frase burlona sobre la procesión del Señor de los Milagros. Alan García, que, para mostrar al pueblo peruano lo devoto que era, se vestía de morado en octubre y cargaba el anda con expresión de pecador contrito, se apresuró a declarar a la prensa que yo habia ofendido gravemente a la Iglesia y a la más cara devoción del pueblo peruano. (página 461)

La sensación, alimentada por las encuestas a lo largo de casi tres años, de que no había manera legal de atajar ese intruso resucitador de la “derecha” que llegaría al poder en olor de multitudes, había envenenado aún más su animadversión y, exasperada esta por las intrigas que orquestaba desde Palacio Alan García, había aumentado su encono contra mí de una manera demencial (página 496)

A la mañana siguiente se presentó en la playa Genaro Delgado Parker, a buscarme. Maliciando a qué venía, no lo vi. Habló con él Lucho Llosa y, como imaginaba, traía un mensaje de Alan García, quien me proponía una entrevista secreta. No acepté y tampoco las otras dos veces en que el presidente me hizo la misma propuesta, a través de otras personas. ¿Cuàl podía ser el objeto de esa reunión? ¿Negociar el apoyo del voto aprista en la segunda vuelta? Ese apoyo tenía un precio que yo no estaba dispuesto a pagar y mi desconfianza hacia el personaje y su ilimitada capacidad para la intriga era tal que, de entrada, invalidaba cualquier entendimiento. (páginas 537 – 538)

Luego de ver estas declaraciones de mi escritor favorito, no le recomiendo que escriba un nuevo libro de memorias. O tal vez sí, para comprobar aquella frase de Alejandro Lerner: Defender mi ideología, buena o mala pero mía, tan humana como la contradicción.

MAS SOBRE EL TEMA:
Augusto Alvarez Rodrich: El tío Alan y el escribidor
Juan Paredes Castro: Una decente manera de dejar el pasado atrás
Laura Arroyo Gárate: Alan: versión renovada
Carlos Raffo: Fujimorismo rechaza declaraciones de MVLL sobre la justicia del juicio a su lìder.
Utero de Marita: Dios felicita al Anticristo

OTORONGOS, PARTIDOS Y CONDUCTAS POLITICAS

Entre los varios libros que he estado leyendo en estos días, uno de los más recomendables es El Nacimiento de los Otorongos de Carlos Iván Degregori y Carlos Meléndez. A pesar que es un estudio sobre lo que fueron las diversas bancadas fujimoristas en el Congreso durante los años noventa, no deja de ser un texto actual, tanto por lo que nos dice sobre la actual conformación del grupo que apoya al ex dictador, como por lo que apunta sobre nuestros partidos políticos post-Fujimori.

Durante los últimos días se ha escrito mucho sobre la formación de Fuerza 2011 y las divergencias partidario – familiares que ha motivado la creación de este nuevo experimento. A estas alturas, nos va quedando claro que la intención del ex candidato al Senado de Japón no es la consolidación de un partido político democrático, sino la formación de membretes funcionales para cada uno de los fines que ha tenido en su dilatada carrera política y, ahora, judicial – penal. Del Cambio 90 primigenio, concebido para una candidatura al Senado peruano, al Fuerza 2011 como “pasaporte a la libertad” del reo de Barbadillo (Kenji Fujimori dixit).

¿Qué es lo que ha traído esto como consecuencia? Para el fujimorismo, no poca. Además de no consolidarse como agrupación, ha terminado convirtiéndose en un reducto cerrado de personas cuyo único mérito es deberle su presente político al ex dictador. Degregori y Melendez lo señalan, de manera bastante clara, en los dos últimos párrafos del libro.

Por otro lado, para el fujimorismo, las elecciones fueron una suerte de “retorno a la semilla”. En efecto, la bancada de Alianza por el Futuro guarda reminicencias con la de Cambio 90, pero solo en el perfil familiar / amical de sus componentes, no en su recorrido político. Una suerte de último bastión de lealtad a rajatabla, compuesto de familiares y amigos, así como hijos de conspicuos fujimoristas de la década pasda y válidos personales del ex mandatario. Así, de los trece representantes, dos son familiares directos de Fujimori, su hija Keiko y su hermano Santiago. Otros dos, tres si incluyéramos a Keiko en este grupo, son hijos de líderes del fujimorismo: Renzo Reggiardo y Cecilia Chacón. Tres pertenence al grupo de las fieles, autoritarias y agresivas “Marthas”: Hildebrandt, Moyano y Luisa María Cuculiza. Dos válidos, el abogado de Fujimori, Rolando Souza, y Carlos Raffo, asesor de imagen del extraditado, cuyo cargo resulta una contradicción en sus términos. Los otros cuatro son militantes provincianos sin mayor lustre durante el decenio pasado, cuyos triunfos en sus respectivas regiones merecen mayor análisis. Resalta sin embargo el caso de Oswaldo de la Cruz, elegido por Pasco, en cuyo currículum destaca tanto o más que haber sido alcalde de Pasco, el hcho de ser propietario de dos radios y un canal de TV local.

Esta composición de la actual bancada de Alianza por el Futuro probaría que el fujimorismo nunca formó una clase política, sino un equipo de mudos y leales colaboradores, “súbditos” que vivían bajo la sombra de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. La gran pregunta es qué pasará con ellos, tan cortejados y tratados con guante de seda por el resto de otorongos, desde ahora hasta el 2011 en que tendremos nuevas elecciones. Pero esa es otra historia.

El problema es que varias de nuestras agrupaciones políticas no son ajenas a esta lógica. Si hablamos de membretes electorales, pues los “partidos” de Rafael Rey y José Barba Caballero, hoy funcionarios del gobierno actual, son muestra de lo que supone la presencia de una figura relativamente carismática encabezando una agrupación en la que lo que cuenta es la lealtad al líder y no las ideas. Ello explica también porque estos grupos fueron funcionales al régimen en su momento.

Pero hay otro factor pernicioso para la política peruana que ha sido la gran herencia de los años del fujimorismo: el pragmatismo como sinónimo de cinismo. Vuelvo a citar a Degregori y Meléndez, quienes describen así el fenómeno:

El pragmatismo es necesario en política y en otros aspectos de la vida. Lo específico del autoritarismo fujimorista es que se entendió como una manera de privilegiar la eficacia en desmedro de los procedimientos democráticos, y privilegiar el interés grupal o personal sobre el institucional y el nacional.

La exacerbación del pragmatismo corresponde al abandono de todo referente ideológico, planteamiento programático y ética política. La “caballerosidad gallarda” que añoraba Belaúnde – evidente rezago de uan sociedad estamental – no fue reemplazada por una ética democrática, republicana y ciudadana. Ante esa ausencia, si en la década pasada el autoritarismo competitivo buscó arrasar y someter a sus adversarios, en el actual contexto de “democracia competitiva de baja intensidad” se ha creado el clima para la proliferación de los otorongos: muchos de los participantes en el sistema democrático y se apañan corporativamente.

Pero no solo en la proliferación de los otorongos y de los apañamientos congresales es donde pervive el cinismo pragmático. La alianza conservadora que sostiene al gobierno no se ha formado sobre la base de una idea, sino de intereses bastante primarios: cerrazón del modelo económico tal como se encuentra planteado, restricciones a los reclamos sociales y ambientales, defensa de militares en retiro acusados por violaciones de derechos humanos y pervivencia de un estilo en el que el programa de gobierno sigue importando poco. Lo mismo podríamos decir de sucesos como los asesores fantasmas del Congreso o la permanencia de ministros cuestionados como Alva Castro.

Esto resulta siendo un efecto pernicioso para la politica peruana. Si bien existen espacios para la crítica, el cuestionamiento y la investigación sobre este tipo de conductas, su alcance sigue siendo limitado en medio de un panorama social de insatisfacción con la democracia, en la que este tipo de conductas, asentadas machaconamente durante una década, siguen siendo percibidas como “saludables” o como “lo que le gusta a la gente”. Peor aún, los políticos – salvo excepciones – siguen pensando que es la única forma de hacer su trabajo.

¿Alguien se atreverá a romper este círculo vicioso?

VARGAS LLOSA Y YO

Yo creo que Perú se perdió un gran presidente, pero hubiera dimitido al año porque no hubiera aguantado.
(Joaquín Sabina, sobre Mario Vargas Llosa)

Ayer en la mañana no deje de sentirme conmovido, cuando nuestro Presidente anunció que Mario Vargas Llosa estaba hospitalizado por un mal cardiaco, dolencia que ha sido desmentida por su esposa, esta mañana. Fue la primera vez que quienes somos admiradores del más conocido de nuestros escritores percibimos como cercana su mortalidad, por lo menos, así lo vi.

Mi relación literaria y política con Vargas Llosa fue intermitente durante mi niñez y adolescencia. Y no fue fácil. Mi madre y mi abuela no le tenían mucho cariño, dado que era “el candidato de la derecha”, el apóstata, el antiaprista. Mi viejo si votó por MVLL y, en gesto premonitorio, nos dijo que el país se desbarrancaría en manos de un desconocido. No se si Sabina tendría razón o, como es mi intuición, Vargas Llosa hubiera sido un mejor presidente que Fujimori, pero, de todas maneras, que la podedumbre moral de aquella década no se hubiera suscitado.

Esas pugnas familiares de inicios de los noventa – luego, cuando vino la dictadura, todos en casa aplaudieron el civismo del escritor – hicieron que mi llegada a Vargas Llosa escritor fuera tardía. Recién a los 16 años compré mi ejemplar de La Ciudad y los Perros, que leí de un solo tirón durante un sabado de verano allá por 1998. Y allí empecé a descubrir que la forma de contar la historia, las estructuras del edificio novelístico y la dosificación de la intriga eran tan importantes como las anécdotas que cuenta una novela. Comprendí también porque existe aquella leyenda de los libros quemados en el Colegio Leoncio Prado, pues el libro es durisimo con aquellos antivalores del militarismo ramplón que hemos padecido en América Latina: el malentendido espíritu de cuerpo, el machismo de cuadra, el ocultamiento de la verdad.

Un curso de Narrativa en la PUCP, al año siguiente, me hizo disfrutar de la que creo que es una de las novelas más acabadas: La Guerra del Fin del Mundo. De hecho, el primer recuerdo literario de MVLL lo tuve a los 8 años, cuando vi, entre los libros de un primo que estudió en mi colegio, la primera sección del primer capítulo, cuando se comienza a describir al personaje central: Antonio el Consejero. Y con esa idea me quedé durante años, hasta que fui descubriendo lo que era lo más cercano al sueño vargasllosiano de la novela total: una serie de personajes de distintos orígenes e historias paralelas que al final se terminan entrecruzando, temas universales como la política, el fanatismo religioso, el amor, la incomprensión entre dos formas de entender el mundo. Y quizás allí se terminó de forjar mi alergia a cualquier proyecto violento que dice cambiar el mundo. Siempre terminan en fracaso. Canudos no fue la excepción.

De esta manera, hasta el día de hoy, llevo en promedio un libro de Vargas Llosa por año. En plena campaña electoral del 2000, alternaba mi lectura diaria de Liberación y El Comercio con El Pez en el Agua, donde me sorprendió su aversión a personajes como Mirko Lauer y Raúl Vargas, con quienes en estos años ha hecho las paces, y en el que entendí que el proyecto político de Vargas Llosa se frustró no solo por los votos de apristas e izquierdistas, sino por la propia negativa del escritor a consensuar políticas, como lo haría cualquier demócrata que se precie de serlo. A pesar de ello, admiro la valentía con la que se enfrentó a sus propios aliados a defender las ideas por las cuales él creía que debía ser Presidente.

Y llegaron luego a mis manos La Tía Julia y la alternidad entre radionovelas y una historia de amor que ya conocía por El Pez en el Agua; Pantaleón, sus visitadoras y mi primer contacto literario con la amazonía peruana; el contrapunto entre Flora Tristán y su nieto Paul Gauguin que no es de lo mejor que ha escrito; una novela redonda como La Fiesta del Chivo; y una niña mala con travesuras que se hacían algo repetitivas.

No siempre he coincidido con las ideas de Vargas Llosa de sus ensayos políticos y culturales, que leía en Caretas y ahora en El Comercio. Pero siempre vuelvo a ellos, porque hay algo en el escritor que me atrae: la forma de escribir, el lugar correcto para adjetivar una palabra, el énfasis en desarrollar claramente una idea y, por supuesto, la pasión con la que defiende sus ideas y convicciones. Quizás por eso tiene el respeto hasta de sus detractores y, también, no haya ganado el Premio Nobel de Literatura, que tan esquivo le ha sido en tantos años que ha sido candidato eterno.

Y es que para admirar a alguien no te tiene que gustar todo lo que hace esa persona. Pero si hay cosas que te permiten llegar a respetarla. En mi caso con Vargas Llosa, no solo se trata de los indudables méritos literarios que buena parte del mundo ha reconocido en cerca de 50 años de escritor, sino también de la defensa de valores claves como la democracia, los derechos humanos y la libertad. He allí su trascendencia.

Termino con lo que escribió Gonzalo Vargas Llosa sobre su padre, al perder la larga campaña electoral de 1990, y que creo que resume en mucho lo que varios sentimos:

Bienvenido nuevamente, maestro, al lugar donde siempre perteneciste: tu escritorio. Es desde aquí, y no desde el sillón presidencial, donde batallando con tus demonios seguirás contribuyendo al progreso de tu país y de la humanidad en general, en la medida que tus libros representan, más que en ningún otro escritor, lo que tú tan correctamente llamaste una tentativa de corrección y cambio de la realidad. Ningún presidente en la historia del Perú ha contribuido tanto como lo hicieron y lo seguirán haciendo el Poeta, Pantaleón Pantoja, Raúl Zuratas, Fushia o La Chunga – a través de la conciencia que estos personales crean en sus lectore – a tratar de revelar los profundos problemas que afectan a nuestro país y a intentar superarlos. La derrota en las urnas no significa, pues, sino un triunfo para aquel mundo que ya reclamaba tu presencia: la literatura. Felizmente para nosotros, los intelectuales de este mundo, ha quedado establecido nuevamente que la literatura es la fuerza suprema por excelencia, obligándote a reintegrarte a sus filas. La política tendrá que resignarse a jugar un papel secundario en tu vida. En todo caso, tu paso por la política no ha significado tiempo perdido, pues con aquella honestidad y transparencia que demostrate a lo largo de esos dos años de campaña ayudaste a probar que la polìtica en el Perú no es, necesariamente, como lo creen muchos, sinónimo de demagogia.

Recupérese pronto, maestro. Y con su permiso, me espera La Casa Verde sobre mi escritorio.

EL PODER DEL NARCOTRAFICO

A estas alturas, me queda claro que la principal amenaza para la seguridad del país es el narcotráfico. No solo por las acciones violentas que ha protagonizado en las ultimas semanas, sino porque termina convirtiendo a la política y a las instituciones en presas de un poder corruptor que, como vemos en las experiencias cercanas de México y Colombia, puede hacer bastante daño a las estructuras políticas y sociales del país.

Esta mañana, vi con estupor el buen reportaje de investigación que saca hoy La República: Fernando Zevallos logró tener contactos claves en el Congreso de la República y el Tribunal Constitucional. Dentro de su computadora se lograron localizar comunicaciones claves referidas al ex magistado del TC Juan Bardelli Lartirigoyen y con los ex parlamentarios Heriberto Benitez y Víctor Valdez.

Los resultados de dichas comunicaciones:
– A Bardelli – como a muchos políticos, empresarios y periodistas – le regalaron pasajes en Aérocontinente, conversaron con él y finalmente se expidió una resolucíón favorable en un amparo.
– En el caso de Benitez, a través de él pudieron conocer las entrevistas con los informantes del caso Zevallos, en el marco del trabajo de la Comisión Herrera. La Comisión no llegó a incluir lo vinculado al narcotraficante entre sus conclusiones, aunque 11 meses despúes Zevallos sería incluido en la famosa lista de la Kingpin Act.
– Valdez, uno de los congresistas más controvertidos de la gestión pasada, fue quien presentó una moción en el Congreso para investigar a los policías que acompañaron a quienes declararon en Chile en contra de Zevallos, Incluso se habría solventado las campañas populistas del parlamentario en Pucallpa.

No es la primera vez que se detecta un tema como este en el pais. Hace unas semanas, este blog habló de las relaciones del abogado aprista de Moisés Wolfenson con los Sánchez Paredes, recientemente incluidos en la lista de mayores narcotraficantes peruanos, para ya no hablar de lo ocurrido con candidatos al Congreso, el propio Vladimiro Montesinos y experiencias pasadas en la década de los ochenta.

Hace unas semanas, Miguel Ramírez, el periodista que destapó el caso Zevallos, señaló que el tema tenía aún muchas aristas que abordar. Hace unos meses, Santiago Pedraglio dijo en una conferencia que el tema que más debía abordar el periodismo es el narcotráfico y sus redes de poder. Las alertas periodísticas están dadas y los primeros resultados los estamos viendo ahora.

Los destapes sobre narcotráfico nos pueden ayudar a saber quien es quien en la política peruana. Puede que esto afecte, en el corto plazo, a varias agrupaciones, pero siempre es mejor saber la verdad a vivir en el engaño. Sin duda alguna, el país merece conocer quienes están del lado de la legalidad y quienes apoyan a la mayor amenaza para el país.

¿Cuál será el próximo titular?

NADA QUE VER…POR LA CENSURA

Nada que Ver era parte del espacio Políticamente Incorrecto, una de las nuevas propuestas de Sony hechos especialmente para América Latina. En esta suerte de South Park light, los muñequitos representaban a los presidentes más conocidos de la región: Chávez, Evo, Uribe, Lula, Kirchner, Alan y Bachelet.

Pues bien, en Chile se armó un gran escándalo por la escena final del capítulo de la semana pasada: una parodia de los talk shows – conducido por Kofi Annan, el ex Secretario General de la ONU – que, para el diario Las Ultimas Noticias, era poco menos que una afrenta para la presidenta de Chile.

Como señala OcraM, cosas muchas más fuertes se han visto en televisión. Y peores parodias se han hecho a la presidenta chilena, como las que El Especial del Humor perpetró en una época con el Gordo Cassaretto a la cabeza.

Paréntesis: Por cierto, también hay una jocosa foto de los dibujos de Alan y Uribe en un cabaret.

La polémica se desató en Chile. El diputado Marcelo Forni (de la pinochetista UDI) puso el grito en el cielo y planteó una denuncia ante el Consejo Nacional de Televisión. El vicepresidente de esta entidad, Hernán Chadwick, dijo que se estaba atentando contra la dignidad de las personas. Y el Comité Pro Defensa Ciudadana había manifestado su protesta contra Forni y Chadwick, ante lo que era claramente un intento de censura.

Golpe de Imagen: Sony anunció frente a la polémica desatada que incorporaría al difunto dictador Augusto Pinochet en próximos capítulos de Nada que Ver.

Pero hoy todos los medios latinoamericanos destacan que los dibujos animados han sido sacados del aire, horas antes que se emitiera el tercer programa. Vía La Tercera de Chile:

En un comunicado muy al estilo “irreverente” que caracterizaba al espacio, la empresa anunció el fin de la serie animada.

“Lo hicimos de nuevo. No es la primera vez que prometemos algo, y lo cumplimos. Dijimos que haríamos la serie más irreverente e inútil jamás vista antes en televisión por cable. Parodiamos de la forma más irracional e infame a personajes insólitos en Nada que Ver. Y la gente nos vio. Pero hubo siempre una advertencia: A alguien botarían por esto. Y así fue”, explica el comunicado.

Ahora “los guionistas están en un rincón del salón. Volteados, mirando hacía la pared. Alguien los regañó, y feo. A alguien botaron por esto.Y de Nada que Ver quedará evidencia en http://www.canalsony.com. Seguiremos, eso sí, burlándonos del mundo los martes, en la hora PI. De eso, que no quede la menor duda. Ahora Nada que Ver, no será visto en las pantallas de Sony Entertainment Television”, concluye.

Y luego del comunicado en joda, ya en serio, los directivos de Sony indicaron que la medida se tomó por el impacto y polémica que tuvo la serie en Chile. Cualquier parecido con el caso Piero Quijano no es mera coincidencia.

No me extraña que esto ocurra en Chile. Hasta hace pocos años, nuestro vecino del sur tenía un Consejo de Calificación Cinematográfica que tenía a su cargo un sistema de censura abierta para la exhibición de películas. Así, fueron censuradas obras como Brian’s Life (la parodia de los Monty Python sobre Jesús), Il Casanova de Federico Fellini, Missing (sobre los desaparecidos en Chile, ya se imaginan cuando fue censurada), Pepi, Luci, Bom y otras chicas del Montón (el primer Almodovar) o Bilbao (del polémico Bigas Luna).

Pero, el caso más grosero y conocido fue el ocurrido con La Ultima Tentación de Cristo, la película de Martin Scorsese basada en una obra de ficcion de Nikos Kasantakis sobre Jesús de Nazaret.

Luego de 8 años de censura, en 1996 el Consejo de Calificación Cinematográfica había autorizado su exhibición para mayores de 18 años. Inmediatamente después, 7 abogados presentaron un recurso de amparo contra dicha decisión, por y a nombre de Jesucristo (no, no es broma), la Iglesia Católica y por sí mismos, por considerar que la cinta ofendía la reputación de Cristo y de los católicos. El entonces conservador Poder Judicial chileno dio la razón a los demandantes. El caso llegó hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que indicó, de manera clara, citando a una sentencia de su par eutopea, que la libertad de expresión no solo se aplica para las informaciones o ideas que son favorablemente favorecidas, sino para aquellas que chocan, inquietan u ofenden al Estado o a una fracción cualquiera de la población (¿escuchaste, Alan?). Y, sobre el caso en particular, señaló que no estaba permitida la censura previa por los motivos alegados por los demandantes, por lo que la película debió ser exhibida.

Como vemos, los políticos chilenos suman otro papelón más a su cuota de pacatería y censura. Lástima que algunos aquí en Lima quieran seguirles los pasos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Radio Cooperativa de Chile: You Tube saca el video de las caricaturas.
La Nuez también comenta el caso.
La Tercera: Diputado que protestó contra la serie pide regular programación de televisión por Cable.