ACLARANDO POSICIONES

En este blog y en el de Marco Sifuentes, se ha desatado un debate acerca de las detenciones de los dirigentes del SUTEP y del ex parlamentario Javier Diez Canseco. El debate no solo ha comprendido el hecho de las detenciones en sí – a esta hora, varios de los ayer retenidos, incluyendo a Diez Canseco, han recuperado su libertad – sino también sobre las protestas sociales, las posiciones de izquierda y derecha, Ollanta Humala y las posiciones frente al gobierno de Alan García.

Por ello, creo que es necesario aclarar algunos puntos sobre mi posición personal sobre todos estos temas.

Sobre el tema coyuntural que motivó el comentario de ayer, luego de ver las imágenes en los dos programas de las 11 de la noche, debo señalar algunas cosas.

Por un lado, la marcha de ayer no era autorizada y, por tanto, se tenía el perfecto derecho de impedir el desorden del tránsito en la ciudad. Ello no implica que apruebe los golpes y patadas que miembros de la Policía dieron a los dirigentes del SUTEP. El respeto a la ley y a los derechos de los demás, que las fuerzas del orden deben garantizar, no implica que la autoridad tenga carta blanca para abusar de su poder.

Por otro lado, en el caso de Javier Diez Canseco, no se ha podido ver una agresión de su parte, pero si un forcejeo en que teníamos a 10 policías rodeándolo. Ratifico mi opinión de ayer, en que creo que su detención fue arbitraria.

Creo en el legítimo derecho que tiene la gente a protestar por aquello que le parece injusto. Pero ese derecho, como todos, tiene un límite claro: los derechos de los demás. Los bloqueos de carreteras son una modalidad penalizada por la ley y, por tanto, aquellos que los practiquen o los azuzen como medio de protesta deben ser sancionados. Es un mínimo de orden que un país civilizado, como el que pretendemos construir, debe mantener para canalizar lo que, en muchos casos, son demandas plenamente justificadas.

En el caso particular de la huelga magisterial, hay que separar dos cosas. Por un lado, una Ley de Carrera Pública Magisterial que, luego de revisarla exhaustivamente, resulta ser adecuada para dos objetivos claros: mejorar la calidad de vida de los profesores – quienes se encuentran mal pagados y con condiciones de trabajo que francamente son inaceptables – y tener reglas claras en el ingreso y salida de los profesores, estableciendo criterios claros de evaluación. Quizás hay aspectos de la Ley que puedan mejorarse, pero la norma, en términos generales resulta siendo adecuada.

Por otro lado, el gobierno erró tremendamente al vender una norma solo como una ley de despidos, haciendo eco de lo que los aúlicos de una derecha cavernaria quieren conseguir: que cualquier resquicio de izquierda o afectación de lo que consideran sus intereses particulares desaparezca. Basta leer los editoriales de Expreso o las columnas de Aldo Mariátegui para notar el odio que destilan frente a todo aquel que piensa distinto a ellos.

Lamentablemente, eso también pasa en el lado zurdo más radical y varios de los comentarios a los blogs antes mencionados van en esa línea. Como se mencionó como réplica a estos comentarios, ocurre la siguiente ecuación:
Zurdos:
JDC = bueno
todo lo que él critica = malo
Derecha extremis:
JDC = malo
arrestarlo = bueno
Opositores a Alan:
el gobierno = malo
todo lo que se oponga a él = bueno

Esto, en todas partes del mundo, se llama maniqueismo y, como análisis político resulta siendo realmente pobre, pues no permite ver que los procesos políticos, sociales y económicos, como todo en la vida, son mucho más complejos de lo que el simple blanco – negro nos hace aparecer.

Con respecto a la izquierda, recuerdo un post que hice en plena campaña electoral llamado Esquizofrenia Zurda. En él analizaba como los tres grupos políticos que se presentaban con banderas de izquierda tenían diferentes banderas y signos. Los radicales que seguían teniendo un programa al estilo Oxigeno (es decir, full década de los 80’s), los democráticos y modernos que habían comprendido las bondades de la democracia y el mercado pero que seguían aspirando al cambio social y a la consolidación de los derechos humanos (lo que yo llamo, más bien, liberales de izquierda) y aquellos, como Javier Diez Canseco, que eran los que padecían realmente de esquizofrenia, pues no sabían si seguir cantando “Hasta Siempre Comandante”, aplaudir a Chavez y auparse a Humala, o si ir por el camino que la izquierda chilena – incluso la más radical – u otros países en la región han seguido.

Lo que critico en personas como Diez Canseco no es su trayectoria moral, tanto en lo público como en lo privado, sino que terminen aplaudiendo a dictadores como Fidel Castro, Hugo Chávez o a aprendices de tiranos como Ollanta Humala. Y es que, como lo conversaba con varias personas en estas horas, esta parte de la izquierda peruana construyó una utopía sobre la transformación social que era muy valiosa en muchos casos, dada la pobreza y la marginalidad subsistentes en nuestro país, pero que olvidaba que sin democracia y sin legalidad cualquier cambio es efímero, pues dura lo que el voluntarismo del gobierno de turno propone y puede terminarse vulnerando las libertades en nombre de una supuesta utopía igualitaria.

Y sobre Humala, me remito a un comentario previo a la segunda vuelta electoral:

Como toda persona que desconoce que la separación de poderes y funciones es consustancial a la democracia y a cualquier Estado que pretenda funcionar de manera adecuada, Humala nos vende la idea de que él y sólo él podrá encabezar una “gran transformación”, que con su mera voluntad se bajarán los combustibles al 30%, que por su mera imposición cambiará las reglas de juego, tanto las de la Constitución como los de los contratos de concesión, que por ser él quien lo decrete “nacionalizará” actividades económicas, sin precisarnos aún que es lo que ese vocablo, que tanto nos evoca a Juan Velasco Alvarado, significa.

Su impronta militar y su formación familiar hacen que Ollanta sea poco proclive a consensos y entendimientos, lo que es pernicioso para cualquier sistema democrático, en la que la voz de las minorías debe respetarse y en la que los acuerdos políticos – ojo, no las componendas – deben primar en los temas importantes.

No puedo votar por Humala, en suma, porque veo en él, nuevamente, la perversión de la política y la economía, aplicando una receta económica ya fracasada y con una vocación por la impunidad.

Ciertamente, el gobierno de Alan García ha cometido serios errores, sobre todo, en lo que respecta al campo de la institucionalidad, los derechos humanos, la lucha contra la corrupción y la impunidad. Y ha sido incapaz de generar consensos e improductivo para atender a los sectores que no votaron por él, aunque debe reconocerse que ha sabido mantener la estabilidad económica y tener algunas medidas puntuales que considero acertadas. La encuesta nacional de la PUCP, realizada a un año de mandato, confirma un bajón significativo en la popularidad del mandatario, que ya había sido registrado por la Universidad de Lima.

Pero a pesar de los errores, groserías, exhuabruptos y tensiones con el Presidente y las abiertas discrepancias que este espacio mantiene con su persona, no estamos a favor de cualquier interrupción del mandato constitucional o de intentos claros de sacarlo del poder. Eso sí, este blog seguirá estando alerta sobre aquellos actos que merezcan nuestra atención sobre la conducta del Gobierno en general, lo que no quiere decir que la oposición no deba ser criticada, tan o más que quien está en Palacio de Gobierno.

MAS SOBRE EL TEMA:
El Comercio: Ministro de Economía admite que la mejora no llega a todos los sectores del país.
Perú.21: En Trujillo, manifestantes intentan a acercarse a Alan
Fernando Obregón: La izquierda en el Perú. Ni calco ni copia, solo creación heroíca.
Y demostrando que no aprenden, congresista aprista Edgar Nuñez ataca a Defensora del Pueblo a través de El Peruano.

¿Y LA OPOSICION?



El artículo de hoy de Martín Tanaka en Perú.21 pone sobre la mesa otra de las aristas del actual momento político en nuestro país.

Y es que para el reconocido polítólogo, el monólogo de Alan en que se ha convertido la escena política peruana no sólo se debe al voluntarismo casi patológico del Presidente de la República, sino a la ausencia de una oposición (o por lo menos de alguien) que coloque una agenda alternativa a la del gobierno, o le de un “estate quieto” a AGP.

Es cierto que Lourdes Flores Nano ha hecho esfuerzos mediáticos por aparecer como la lideresa de la oposición. Sin embargo, y más allá de sus muchas veces consistentes críticas al gobierno, Flores aparece desgastada. ¿Factores? Básicamente sus dos derrotas electorales, el hecho de que buena parte de su entorno pasó a las filas gubernamentales (Rey, Barba, Woodman y hasta Antero) y otra parte coquetée abiertamente con el (como parece ser el caso de Lourdes Alcorta) y finalmente, la poca consistencia de un PPC que llegó a los 40 años sin resolver su disyuntiva eterna: ¿derecha liberal, socialcristianismo, o derecha conservadora?

El caso de Ollanta Humala parece más penoso y curioso. Ha visto diluido su caudal electoral, no ha tenido presiencias regionales, no articula un discurso orgánico (ayer, con Rosa María Palacios, incluso hasta parecía nervioso) y de organización mejor ni hablemos. Paradójicamente, tiene una bancada medianamente importante y que no ha hecho desarreglos ni propuesto sandeces (bueno, con excepción de algunos proyectos de ley antes comentados en este espacio). Humala no se ha sabido sacudir la aureola de candidato radical y antisistema, aunque ha creado una paradoja en torno a sí mismo: un presunto violador de derechos humanos y un propugnador del autoritarismo ha terminado defendiendo la institucionalidad y estando en contra de la pena de muerte. Claro, paradoja creada por las patinadas apristas, pero que nadie ha sabido canalizar.

Desde Acción Popular y Perú Posible se han hecho los esfuerzos más consistentes de oposición parlamentaria y política, sea por convicción, sea, en el caso de PP, por defender a su líder. Sin embargo, la debilidad de estas agrupaciones y la lejanía de sus líderes máximos (uno, en Stanford y el otro, fallecido el año pasado) hace que se tenga el signo de interrogación puesto sobre cual será su futuro. Con Restauración Nacional pasa algo parecido, pero con la diferencia de que Lay no emite declaraciones sobre el gobierno y en este momento se sacan los ojos por presuntas irregularidades durante la campaña.

Pero con quien Tanaka es más duro – y con razón, vale la pena decirlo – es con dos personas cuya trayectoria personal y política debía obligarlos a que estuvieran más metidos en el debate cotidiano, más aún, con todo lo que ha ocurrido en las últimas semanas: Susana Villarán y Javier Diez Canseco. Sobre ellos, Tanaka dice lo siguiente:

“De otro lado, ¿dónde están Susana Villarán y Javier Diez Canseco? ¿Son solamente columnistas de opinión? ¿Renunciaron a encabezar propuestas políticas globales? Deberían ser mucho más claros en proponer rumbos alternativos y agendas diferentes”.

Y es que más allá de sus columnas en algunos diarios, Villarán y Diez Canseco no han estado presentes en el debate nacional, a pesar de tener cuadros importantes – muchos de los cuales ahora son hasta comentaristas de El Comercio, cosa impensada 15 años atrás – sus partidos parecen haberse adormilado y no ponen temas sobre la agenda. Quienes fueron sus especialistas principales en diversos temas opinan desde su trabajo profesional y no como parte del partido.

A ello se suma un grave defecto que el PDS y el PS tienen y del cual debieron darse cuenta desde la campaña electoral del año pasado. Un partido no tiene presencia si no tiene bases, contacto directo con la población, trabajo en el interior del país que vaya más allá de las giras proselitistas de cada elección. Y pareciera que muchas ganas de ensuciarse los zapatos y hacer eso no tienen. Es allí donde se encuentra una – sino la central – de sus limitaciones.

La columna de MT de hoy es un serio llamado de atención a los políticos para que hagan su chamba, al cual deberían responder, no con un editorial o un pronunciamiento, sino con acciones concretas. ¿Lo harán?

MAS SOBRE EL TEMA:
Martín Tanaka: ¿Quién le hace el pare y le pone otra agenda al Presidente?
Utero de Marita: Izquierda Prozac