LA INVENCION DE HUMALA

Humala es Chávez. Esa fue la imagen que el sector más reaccionario del lado diestro del espectro político construyó del hoy Presidente de la República. Un monstruo que iba a estatizar las empresas privadas, un sátrapa que conculcaría la libertad de expresión y hasta – esta es mi favorita – un sujeto que pondría a los niños al servicio de una autocracia bolivariana como la que padecen los venezolanos.  A los dos días que fue elegido, comenzaba el besamanos de ese mismo sector. Hoy, ellos se encuentran entre los principales cheerleaders de su otrora cuco.

Humala no es Chávez, pero ojalá hiciera algo parecido. Esa fue la imagen que un sector radical de nuestra izquierda se hizo de su “candidato natural”, como la de un presidente que sería el que transformaría las relaciones entre el Estado y el capital, dando un giro a la izquierda.  El tema es que ignoraron algunos signos que no veían: un partido cuyo objetivo único era ganar las elecciones, espacios de coordinación que solo servían para planificar el paro o marcha de rigor y no una alternativa política, un “candidato natural” al que nadie podía oponerse, un plan de gobierno al que Favre tuvo que quitarle todas las etiquetas “contra el modelo económico neoliberal” para que Humala pasara del 10%. Y ya en la campaña, tampoco vieron venir el carnaval brasilero, con todo lo que ello tenía en temas ambientales y de inversión.

De Humala tenemos dudas. Me quedo con esta parte de la ya inmortal frase de Steve Levitsky porque, en realidad, no hay muchas certezas sobre Humala. De los perfiles hechos por Rosa María Palacios y, más recientemente, por Marco Sifuentes, tenemos pocos elementos para armar el rompecabezas: un hombre con pocas convicciones ideológicas, que no se mueve de sus esquemas hasta que lo convenzan de lo contrario y sobre todo, sumamente desconfiado y amante de los núcleos reducidos. Ello explica a tanto a un metódico candidato que supo moverse hacia el centro para ganar las elecciones, como a un Presidente que viene superando a Luis Castañeda Lossio en cuotas de mudez. Pero las dudas allí permanecen.

Humala a la carta: Así, cada quien se hizo un Humala a la medida. Y por ello podemos encontrar a quienes denostaban sobre él como su principal respaldo mediático, pidiendo incluso que se vaya más a la derecha, sin ver lo contraproducente que esto sería tanto para la gobernabilidad democrática como para la propia sostenibilidad de la inversión privada. Y de allí que veamos al sector zurdo decepcionado, ensayando una serie de nuevos artículos sobre un nuevo fracaso – echándole la culpa a los otros, sin ver los errores propios – y con algunos elementos radicales que terminan enunciando en privado frases del tipo “o se va Valdés o se va Humala”. Los termocéfalos de ambos lados ganan terreno.

¿Quo vadis, Ollanta Humala? El deseo del sector liberal más sensato es que Humala haga política: un mejor Presidente del Consejo de Ministros del que tenemos, una presencia social que vaya más allá de programas asistencialistas focalizados, ir a las zonas de conflictos sociales a explicar porque varió el discurso de opositor en campaña al de Presidente converso y dejar de darle protagonismo al lado más represivo del Estado. Esa, junto a una mejora del proceso de descentralización, sería la salida cuerda.

El problema es que tiene a dos sectores que han fortalecido su discurso en estos meses. De un lado, una izquierda radical herida por el rechazo de “La Gran Transformación”. De otro lado, una derecha conservadora que quiere ir más allá. Como señaló Fernando Tuesta hace meses, comparten el mismo defecto: en lugar de ver que se necesitan a ambas moderadas y fortalecidas, cada una busca eliminar a la otra.

Y en medio de ellas, un gobierno aislado, que no tiende puentes ni siquiera a quienes le permitieron ganar la elección, que reprime por acto reflejo y que olvida que, luego de diez años de (imperfecto) proceso de descentralización, hay otros actores regionales con los que también tiene que saber jugar.

Por ello, quizás más importante que descubrir quien es Ollanta Humala, resulte cada vez más imprescindible saber cuál será su norte. Y sobre todo, que aprenda a defenderlo políticamente. De lo contrario, se limitará al mutis cuando lo critiquen aquí o en el extranjero. Si ser locuaz como García no te salva de ser un gobernante mediocre, ser mudo como Castañeda no te blinda del mismo defecto.

COMUNICACIÓN PRESIDENCIAL EN TIEMPOS DE HUMALA

A diferencia de su predecesor, Ollanta Humala no apuesta por la locuacidad. Tampoco abusa de la frase prefabricada, como Alejandro Toledo. Y si bien sus apariciones públicas y declaraciones son escasas, tampoco tiene la parquedad republicana de Valentín Paniagua.

¿Cómo definir el estilo comunicacional del Presidente de la República? Cuando da declaraciones públicas, opta por el mensaje sencillo, campechano (incluso improvisa chistes en momentos que no debiera) y, como rezago de su formación militar, da órdenes a sus interlocutores (sobre todo cuando son ministros).

Sus silencios tienen tres causas principales: sus evidentes limitaciones oratorias, el consejo de sus asesores para blindar la figura presidencial y, sobre todo, su desconfianza. Como lo relató Rosa María Palacios en un perfil escrito para este diario, Humala es una persona desconfiada por naturaleza. Y no solo por la campaña electoral del 2006, como mencionó Rosa María.

Quienes lean el libro – entrevista a Humala que Luis Delgado Aparicio quiso usar en su contra (con poco éxito) podrán darse cuenta que el hoy Presidente hace notar el abandono del Estado en sus responsabilidades, tanto en los servicios básicos y la garantía de derechos de miles de ciudadanos, como en el trato brindado a las Fuerzas Armadas, en especial durante el conflicto interno. Ello ha determinado su visión del mundo.

Sin embargo, la desconfianza no es buena consejera. El martes Humala perdió los papeles ante una pregunta del periodista Jorge Ramos, de Univisión, acerca de la posibilidad de una reelección. Si bien a algunos peruanos la pregunta puede parecer impertinente debido a que recién llevamos dos meses de gobierno, al público hispano de Estados Unidos sí le interesa conocer la respuesta, debido a la presencia de cubanos y venezolanos que aún asocian la imagen del mandatario peruano a la de los autócratas que gobiernan sus países.

Es cierto, a las pocas horas, el Presidente de la República pudo hacer control de daños vía Twitter. Y con ello acalló (parte de) las dudas en el Perú. Pero el daño a su imagen internacional está hecho y, en los siguientes días, Humala tendrá que ser más cauto y preciso con sus declaraciones.

No cabe duda que existen periodistas interesados – por razones personales o ideológicas – en que a Ollanta Humala le vaya mal. Conociendo al Presidente, estar a la defensiva todo el tiempo resulta contraproducente y, por el contrario, le facilita la tarea a quienes no lo pueden ver ni en pintura.

(Columna publicada en Diario 16 el 22.09.2011)

MAS SOBRE EL TEMA:

El backstage de la entrevista a Humala en Univisión

Las opiniones de Augusto Álvarez Rodrich y Raúl Mendoza Cánepa

HUMALA: CUESTIONES CASTRENSES

Una de las cuestiones más complejas del gobierno de Ollanta Humala es el tema militar.  Dos son las variables que determinan esta cuestión. De un lado, la situación de Humala como oficial en retiro del Ejército Peruano. Del otro, varios problemas existentes en la gestión del sector Defensa. Veamos algunas de las aristas importantes.

EL MINISTRO MORA:

La crítica principal que se le ha hecho a Humala es el incumplimiento parcial de uno de los compromisos que hizo en un juramento simbólico. Allí dijo:

10. Proclamo que los ministros de Defensa y del Interior serán civiles, en respeto al principio del control civil democrático sobre las fuerzas de seguridad.

Ciertamente, los militares en retiro son civiles. Y como le ha dicho José Robles a Correo Semanal, enfatizar en una división civiles – militares le hace un flaco favor a una mejor relación entre las Fuerzas Armadas y la sociedad.  Y de hecho, hemos tenido experiencias disímiles con ministros militares y civiles en Defensa.

En lo que se refiere a ministros civiles hemos tenido desde personas intachables y con vocación reformista como Loret de Mola con Toledo y Wagner con García, hasta personajes que terminaban defendiendo temas cuestionables, como fue el caso de Rafael Rey, cuyo paso por el sector Defensa es digno de recordación, para que se sepa que es lo que no se tiene que hacer. En el tema de ministros castrenses, hemos tenido a personas que han manejado con cuidado el sector, como el caso de Walter Ledesma en el gobierno de Paniagua, como ministros cuya gestión es francamente olvidable, como el de Marciano Rengifo, a fines del periodo de Toledo.

Dicho esto, sí creo necesario que, en la medida de lo posible, el Ministro de Defensa sea civil y con vocación democrática. Y enfatizo en lo de civil porque, más allá de la saludable identificación de los militares retirados con su institución, lo cierto es que, en muchos casos, no han sido ajenos a las pugnas entre promociones, armas y hasta pleitos personales que pueden provenir desde tiempos de las escuelas castrenses.

En esa medida, ¿cómo calificar el nombramiento de Daniel Mora? Como un error grave. Luego de 15 días en los que los ministros se han venido ubicando en sus distintos puestos y realizando los nombramientos de su plana mayor , queda claro que el punto más bajo del gabinete está en Defensa.

Como lo ha señalado Ana María Tamayo del IDL, un primer error de Mora es un repliegue hacia adentro, con nombramientos que no contemplan a civiles en la plana mayor e incluso la designación de militares con poca capacidad de dialogo con oficiales y suboficiales en retiro. Ello es importante para que la política de Defensa no se convierta en un ghetto vedado para quienes no están en el Ministerio.

El segundo error de Mora son sus declaraciones públicas. Ya antes de asumir se despachó con todo sobre temas vinculados a Chile y la demanda marítima, afortunadamente aplacadas por Salomón Lerner Ghitis. Pero lo dicho esta semana sobre el caso Antauro Humala es una patinada de campeonato que le pone tarjeta amarilla.

EL ASESOR VILLAFUERTE

Para complicar la situación de Mora dentro del Ministerio de Defensa, quien viene teniendo un peso creciente en las decisiones castrenses es Adrián Villafuerte Macha, nombrado como asesor presidencial en estas materias. Marco Sifuentes describió hace un par de meses su breve biografía y conexiones:

Adrián Villafuerte (a) “El Ácido” es el más mediático de los tres compañeros de promoción. Durante los 90 fue el hombre de confianza del general montesinista César Saucedo Sánchez. Ahora, es el principal consejero de Humala en asuntos militares, hasta tal punto que, pese a las críticas, integra la comisión de transferencia del Ministerio de Defensa. En el partido, una de las personas más cercanas a Villafuerte era, precisamente, el pesquero Alexis Humala.

Y hay más. Según una investigación de Angel Páez en La República, el próximo comandante general del Ejército sería el general de división Víctor Ripalda Ganoza. El actual, Paul da Silva, nunca ocultó su antipatía por Humala y sería relevado de inmediato. En la línea de antigüedad le seguirían dos generales más pero ya existen excusas para arrimarlos y que asuma Ripalda.

Ripalda pertenece a la promoción 1977, justamente aquella a la que pertenece Villafuerte y el relevo, en efecto, se produjo esta semana, en la forma antes indicada. De hecho, Paez menciona el peso de esta promoción:

La promoción todavía tiene tres generales de división en línea, Ricardo Moncada Novoa, Carlos Farach Ynga y Benigno Cabrera Pino. Es más, hay dos generales de brigada de la misma promoción, Jaime Araujo Olazábal y Raúl Silva Alván, a la expectativa para el ascenso este año al grado de general de división. Por lo tanto, se confirma la tendencia del apuntalamiento de la Promoción 1977 Coronel Mariano Aragonés, muy vinculada con el presidente por intermedio de su asesor personal, el coronel EP (r) Adrián Villafuerte.

Es cierto, varios de estos militares han llegado a esta posición por sus propios méritos. Tambíén es cierto que el propio Humala ha cuadrado a su propia promoción (1984) en relación con los ascensos. Y también resulta exagerado llamar, como lo hace Fernando Rospigliosi, “aprendiz de Montesinos” a Villafuerte.

Pero también es cierto que uno de los vínculos más fuertes que se tiene dentro de las instituciones castrenses es el de la promoción (el otro es el arma). Y ello hace que se pueda temer una posible cooptación de los mandos militares, un mecanismo de control civil que enfatiza en la lealtad al jefe de Estado y a sus allegados, antes que a la autoridad civil en sí misma. Y he allí un tema en el que Humala, crítico antes de llegar al poder sobre estas prácticas, deberá ser claro en explicar, sobre todo, por el peso que puede tener Villafuerte ante la presencia de un ministro con poca pericia en Defensa.

EL VRAE

Aquí las noticias son algo más alentadoras, pero, antes que por una directiva del ministro Mora, por el aprendizaje hecho por las propias Fuerzas Armadas de los errores cometidos durante el quinquenio anterior. Ambos cambios vienen en el tema del manejo de la inteligencia frente a Sendero Luminoso.

El primero es la unificación de la inteligencia de las Fuerzas Armadas y Policiales en el VRAE. Y ello tiene buenas implicancias según indica Angel Páez:

Con la aprobación de la jefatura del Estado, la conformación del Centro de Fusión de Inteligencia es un paso excepcional para la unificación del procesamiento de información oportuna, actualizada y eficaz con la finalidad de identificar el desplazamiento de las columnas terroristas, sus centros de aprovisionamiento, sus refugios móviles o temporales, así como la red de colaboradores que  proveen de logística, alimentos y medicina a los senderistas, señalaron a La República fuentes militares y policiales.

Una de las graves fallas que siempre se tuvo en el tema del VRAE es la falta de información conjunta y compartida. Desafortunadamente, siempre los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas competían entre sí. Y menos aún con la Policía Nacional. Ello implicaba celos, pugnas y, sobre todo, quedarse cada uno con información importante. ¿El resultado? Varios oficiales y suboficiales fallecidos y el robo de armas en cada emboscada senderistas.

El segundo tiene que ver con la reestructuración de Inteligencia del Ejército. Aquí se profundizará en la especialización, la conformación de batallones especializados en tareas de inteligencia electrónica y de contrainteligencia. El refuerzo en la labor de inteligencia es fundamental para terminar con un foco importante de inseguridad que permanece desde tiempos de Fujimori, que no quiso liquidar el tema para seguir con el fantasma del terrorismo para ahondar en su permanencia en el poder.

LOS TEMAS PENDIENTES DEL SECTOR

Finalmente, quedan algunos temas pendientes, que tienen que ver, sobre todo, con el personal militar. El más mediático, sin duda, es el de las pensiones de los oficiales y suboficiales retirados. Y allí se tendrá que idear una fórmula moderna para el futuro, que tome en cuenta el tipo de trabajo especial de los sectores castrenses, pero que sea sostenible en términos económicos, como no ocurre ahora con la Caja de Pensiones Militar Policial. Ello implicará un trabajo político y también garantizar a quienes ya están jubilados bajo el sistema actual pensiones dignas.

Otro tema tiene que ver con los derechos del personal militar. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos elaboró un informe el año pasado sobre esta materia, que comprende la atención en servicios de salud, sepelio, beneficios por conflictos específicos y otros. El bienestar de la familia militar sí es una bandera que ha asumido Mora por lo menos en el discurso, pero allí tendrá que conseguir los recursos necesarios y sobre todo, administrarlos bien.

Finalmente, un tema que debería comenzar a cerrarse en este quinquenio es el legado del conflicto armado interno. Ello implica, de un lado, que el Ministerio de Defensa brinde la información necesaria para terminar de identificar a violadores de derechos humanos, a fin que sean procesados y, finalmente, se distinga a ellos de los oficiales y suboficiales que cumplieron con su deber. Del otro lado, que el Plan Integral de Reparaciones para las víctimas del conflicto, que ya los incluye según la ley y reglamento de la materia, comprenda en forma más nítida a la familia militar. Y claro, ir avanzando en una memoria común que reconozca el heroismo de muchos, pero también, las violaciones a los derechos humanos que otros cometieron.

Menuda tarea. Pero para ello, el Presidente de la República deberá evaluar si el esquema de poder que ha armado en torno a los temas castrenses es el más adecuado.

BALANCE POLITICO DE MEDIO AÑO

Alan García: Termina un semestre complicado y le espera un mes de movilizaciones sociales. Ha acentuado sus rasgos intolerantes frente a cualquier tipo de crítica, lo que evita que los mecanismos de diálogo y concertación tengan algún tipo de éxito. No tener oposición consistente le permite gobernar sin mas contratiempos que las críticas de la prensa. El paquete de normas emitido esta semana termina siendo su reforma más importante de los dos años, pero sin consolidación institucional que exhibir, podría terminar en lo mismo que los noventa, claro, sin autoritarismo, pero con debilidad estatal.

Luis Gonzales Posada: Una de las Presidencias más grises que recuerde el Congreso en su historia.  La demora en el caso Tula Benites y el papelón de la reforma constitucional frustrada han marcado a un Congreso sin agenda clara y que delegó en el Poder Ejecutivo las normas más importantes. A pesar de ello, gracias a la debilidad opositora, Javier Velásquez Quesquén tiene aun grandes opciones de ser Presidente del Congreso.

Ollanta Humala: Viene procurando conseguir la formación de un frente de izquierda que consolide su candidatura al 2011 y marcando un perfil opositor en el plano económico. El problema es que no aparece encabezando las movilizaciones sociales y, en provincias, las bases del PNP piensan más en las elecciones regionales. Por default, sigue ocupando el lugar de “cuco” de la derecha.

Lourdes Flores: Intenta volver a la escena pública con un discurso más social y menos de derecha que García. Sin embargo, su ausencia y el matrimonio tirante con Solidaridad Nacional, además de las disputas internas en el PPC, han impedido que sea este discurso el que se consolide. Mayor presencia pública en el segundo semestre podrían hacerla encabezar la oposición, pero la táctica que viene privilegiando UN es un corset demasiado grande para ello.

Luis Castañeda Lossio: Las encuestas lo siguen favoreciendo, pero viene quedando más en claro que su gestión tiene severos límites, reflejados ya no solo en una clamorosa ausencia de visión de ciudad, sino en las limitaciones de sus obras, que todos los limeños padecemos. Al igual que Alan, no se aprovecha más sus errores para capitalizar un movimiento ciudadano que procure una mejor administración municipal.

Alejandro Toledo: Entre viajes de ida y venida, no ha perdido presencia política. Busca ser el representante del sector de centro, por lo que sus críticas a AGP se han acentuado en los últimos meses. La carencia de un partido sólido sigue siendo su principal lastre.

Alberto Fujimori: Con menos margen de maniobra que hace meses. Si bien sus partidarios políticos y mediáticos lucen envalentonados y siguen blandiendo encuestas, lo cierto es que su futuro se juega en un tribunal y no en las calles o en una confrontación con el gobierno, del que se vienen desmarcando. La intención de la amnistía revela cierta resignación ante lo que puede ser un fallo judicial adverso.

El peligro: Que Alan se crea cosas como esta (ver a partir del minuto 0:40):

http://www.agenciaperu.tv/player_sembebido_final.swf?file=12-Intro&file2=7312&file3=video&thumbsinplaylist=true&height=333&width=592&image=1_7312&displayheight=333

Y no, no es un chiste que le quita seriedad a este análisis. Todo lo contrario, refleja algo bastante peligroso para un país como este: un presidente que se crea monarca sin controles.

Por ello, la conclusión seria: necesitamos una oposición de verdad, urgente.

OTRO PLAGIO DE CORREO

No se que pasa en la redacción de Correo. Si el escándalo del plagio a Henry Spencer ha causado indignación, pues conocer que las prácticas de este tipo vienen de antes en EPENSA les va a resultar aún peor.

Alberto de Belaúnde es el administrador del blog Real Politik, una bitácora que ha comentado temas vinculados a la política nacional, medio ambiente y derecho y, más recientemente, sobre política internacional.

Hace un par de años, con motivo del pase de Carlos Tapia a las filas del Humalismo, Alberto escribió un post recordando las frases del veterano hombre de izquierda sobre el Capitán Carlos y su familia. Eso fue el 22 de abril de 2006.

Pero el diario de los Agois – ya dirigido por Aldo Mariátegui en ese entonces – hizo, el 1 de junio de 2006, tres días antes de la segunda vuelta, un artículo en que copió 5 de las 9 frases recopiladas por De Belaúnde en su celebrado post, sin, por supuesto, citar a quien se dio el trabajito de buscar los greatest hits del vocero de Ollanta Humala.

Hoy Alberto ha denunciado el hecho y no puedo hacer más que solidarizarme con él. Y recordarle a los amigos de Correo que el plagio es un delito y que cualquier persona que se sienta afectada por el mismo puede hacer la denuncia correspondiente. Y claro, siempre queda el camino del Consejo de la Prensa Peruana para la interposición de la queja de rigor.

Este tipo de conductas dicen mucho de los redactores de un medio de comunicación. Parece que en algunos medios están acostumbrados a sacar las noticias de internet, sin citar la fuente, y no reconocen el crédito de las personas que se mataron elaborando la información para compartirla con el público. Esta suerte de “flojera de redacción” es inaceptable para un medio que pretende tener credibilidad como Correo, o al menos, es lo que su director y sus periodistas nos pretenden hacer creer.

Un comentario final. Hoy Correo comete otro error más que involucra a los de Belaúnde. El papá de Alberto, el reconocido abogado Javier de Belaúnde, dio ayer una entrevista a La República sobre la polémica norma del tercio superior para la contratación de maestros. Y hoy el director de Correo saca una de sus frases fuera de contexto para sustentar la posición contraria a la expuesta por el constitucionalista.

Amigos de las facultades de Comunicaciones. Se requiere dictado del curso de Deontología Profesional en la redacción de Correo. Voluntarios, acudir a Jorge Salazar Araoz 171, Santa Catalina. Supongo que los Agois pagarán. Por algo piden que dejen su currículo en su página web.

LA ENCURCIJADA DE HUMALA

Ollanta Humala parece haber sumado otra disyuntiva a las que ya tiene en términos políticos – y que Mirko Lauer ha resumido en outsider, desaparecido o demócrata converso –: su situación judicial. Una acusación fiscal por los sucesos de Andahuaylas, en los que participó directamente su hermano Antauro, le abre otro flanco a uno de los personajes más controvertidos de la política peruana.

¿Por qué se abre una nueva disyuntiva?

Para comenzar, por que si hay signos evidentes de su, por lo menos, complacencia con una rebelión contra un gobierno cuyas credenciales democráticas – a pesar de sus errores – fueron impecables, como el de Alejandro Toledo. Declaraciones dadas a RPP el primer día del 2005 fueron más que claras, aunque luego haya querido desdecirse de las mismas. Antauro Humala amenaza con documentos incriminatorios y el delirante abogado Edmundo Inga Garay – involucrado en la cortina de humo de la presunta violación de Alejandro Toledo – señala que el líder nacionalista no debe temerle a la cárcel. Caín y Abel van a parecer niños de 5 años jugando en un nido frente a lo que va a ser un careo judicial bastante caldeado.

Un segundo tema para Humala es contemplar con qué actitud toma el proceso judicial. Por lo pronto, utiliza el viejo truco que le ha servido en su aún corta carrera política: la víctimización y echar la culpa a los demás de las acusaciones en su contra. Con el caso Madre Mía le sirvió, a pesar de las evidencias. Hoy, que ya no está en campaña y su perfil de opositor radical parece morigerarse, el cuento de la persecución política – ya desgastado hasta la saciedad por el fujimorismo – parece ser más difícil de sostener en el tiempo, pues comienza a sonar a no me quiero presentar en el juicio. A su favor juega el hecho de que, junto a la pena de 15 años por rebelión, se pida la expatriación del ex candidato presidencial, sanción que ya no es permitida por nuestra actual Constitución.

Y una tercera cuestión tiene que ver con sus relaciones internacionales. El fin de semana lo volvieron a defender desde Caracas, lo que ha desagradado a la clase política peruana, incluyendo hasta a parlamentarios del PN. La búsqueda de un perfil propio para Humala, sin el padrinazgo chavista, se complejiza, dado que: 1. Chávez quiere meter sus narices en un país que le es hostil a su proyecto y/o 2. Humala no quiere o no puede salir de dicha relación de compadrazgo bolivariano. No me defiendas compadre parece ser una frase que no saldrá de la boca de Ollanta.

Lo que si tiene que tener en cuenta Humala es que lo que tiene por delante es un proceso judicial, no una persecusión. Pero también tiene la oportunidad de zanjar con un pasado poco compatible con la democracia y, en buena parte, allí se juega su verdadero futuro político y un perfil propio que, hasta el momento, parece bastante difuso.

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¿ANTAURO 2011? O LA POSIBLIDAD DEL OUTSIDER

Una de las especulaciones más comunes que se hace desde el análisis político es la posibilidad de tener un outsider (radical) ganador de las elecciones de 2011. De hecho, – con la excepción de 1995 – desde 1990, cada elección presidencial nos ha deparado un candidato que corre por fuera del sistema relativamente establecido y lo sacude. Fue el caso de Fujimori en 1990, Toledo en 2000, Alan García en 2001 y Ollanta Humala en 2006.

¿Quién es el próximo outsider? Pues parece que varios se la siguen jugando por Antauro Humala, la misma persona a la cual le acaban de ampliar el plazo de detención a 36 meses más por la asonada de Andahuaylas y a quien dos parlamentarios pretenden amnistiar, cuando lo que cometió no fue un delito político, sino un delito común.

¿Qué elementos pueden existir a favor de la hipótesis?

En primer lugar, un nacionalismo que muchos sectores pretenden exacerbar. Algo de ello hay en la inmunda campaña contra Allan Wagner que Mirko Lauer reseñó ayer. El odio a Chile que proclaman medios como La Razón no es más que la expresión caricaturesca de una desconfianza que se ha plasmado hasta en asuntos menores como la compra de Wong por un consorcio chileno. Los Humala – ambos – pusieron el nacionalismo como una de sus principales banderas y les resultó en la elección anterior. Y es que culpar al otro de los males ajenos es uno de los más efectivos recursos de la política desde que el mundo es mundo.

Claro, ello olvida que ideas como las antes mencionadas agravan los conflictos sociales latentes en nuestra sociedad. al procurar la construcción de la sociedad sobre la base de la discriminación y al señalar que todo lo foráneo es malo y que lo “nacional” (¿alguien me puede decir como se define en abstracto un elemento que está en constante redefinición en todos los países?) es lo único bueno.

En segundo lugar, el caldo de cultivo que generó a Ollanta Humala está vivito y coleando.

Una de las interpretaciones más novedosas que he leido recientemente es la de Alberto Vergara en su libro Ni Amnésicos, ni Irracionales. Más que hablar de tradiciones autoritarias o democráticas, Vergara insiste en tres ideas básicas: a) La convivencia en el país de distintos tiempos en el avance ciudadano: desde personas a las que no se reconoce siquiera – en la práctica – los derechos que los liberales propugnaron en el siglo XVIII, hasta quienes están plenamente integrados al país y que miran con interés el paradigma globalizador; b) Esta convivencia configura las relaciones políticas del país y, si no se operan cambios, la distancia entre ambos Perús – o los múltiples Perús – será más amplia; c) Es necesario ahondar en una democracia el bienestar de los ciudadanos, lo que implica hacer políticas sostenidas para mejorar los problemas básicos de la población.

Y, como sabemos, de manera infortunada, este gobierno viene haciendo todo lo posible por hacer poco caso a este diagnóstico.

Sin embargo, a pesar que estos dos elementos podrían configurar, en principio, una alternativa radical con posibilidades de ganar, no creo que la misma esté encabezada por Antauro Humala y mucho menos por Ollanta Humala.

En el caso del primero, como sabemos, pesa la acusación por sedición y la muerte de 4 policías, que le puede acarrear, por lo menos, 20 años de prisión. Siendo estos delitos comunes y que, en el caso del asesinato de los policías, son violaciones de los derechos humanos, la incompatibilidad de una ley de amnistía con el derecho internacional es clamorosa, así como políticamente inviable.

En el caso del segundo, como lo mencionamos hace algunos meses, Humala sigue sin ser un creyente en la democracia, pero su bancada no ha protagonizado incidentes mayores, y él mismo no se ha insubordinado a las reglas constitucionales, aunque sigue haciendo bravatas de vez en cuando. Parece integrado al sistema, aunque con los dilemas de la izquierda radical de los 80: participan en el sistema, pero quisieran patear el tablero.

Ello no implica, sin embargo, que la posibilidad de un radical disputando entrar a Palacio no esté subyacente. De hecho, los elementos antes indicados vienen configurando un escenario que va hacia ese sentido. Sin embargo, aun se está a tiempo de no llegar a esa posibilidad. En la cancha de los políticos está hacer algo por modificar las condiciones que generan este tipo de posibilidades. En la de los ciudadanos está no dejarnos sorprender por opciones que nos prometen un cambio radical y, al final, terminemos peor de lo que estábamos.

De todos depende que, como dijo Basadre hace muchos años, el Perú no se pierda por la obra o la inanición de los peruanos.

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