EL IDIOMA DE LA INCLUSION

Para la luz de estos tiempos

Hasta hace unos, aproximadamente, dos meses, dos imágenes se me venían a la mente cuando escuchaba la palabra lingüística. La primera: cualquiera de mis profesores de lenguaje armando el arbolito – no el de Néctar – con las partes de la oración. Ya saben: sujeto, objeto directo, núcleo, objeto indirecto, etc. La segunda: Martha Hildebrandt haciendo de aduanera del habla culta y enfrentándose a su colega María Sumire por la Ley de Lenguas. Y quizás muchos de ustedes, amigos lectores, tengan la misma impresión que yo.

Pero quizás sea hora de ver a la lingüística como una herramienta que no solo sirve para torturarnos con lo que debemos o no decir, como cierta congresista con poco criterio pretende hacernos creer. Ayer, luego de las últimas ponencias del VIII Diálogo de Estudiantes de Lingüística, pude comprobar que las humanidades pueden hacernos ver, de mejor manera, uno de los temas que en la campaña electoral fue de los más tocados y hoy parece haberse diluido en medio del quehacer cotidiano y las propuestas cada vez menos pensadas de Alan: la exclusión.

Uno de los datos que más me sorprendió saber es que cada dos semanas desaparece una lengua. Es decir, sale de la esfera humana no solo una forma de expresarnos, sino también una forma de ser y de sentir lo que somos como personas. Seguramente no faltará quien crea que el deceso idiomático sea tan natural como la muerte de una persona (ya me imagino a Aldo M mandándose un post, digo, un editorial en ese estilo). Pero mis lectores más acuciosos se darán cuenta que la extinción de una lengua se basa en que se dejó de usar porque no fue adecuadamente valorada por quienes hablan el idioma oficial.

Si los seres humanos, de acuerdo a lo que dice la Constitución, somos iguales, pues las lenguas que empleamos para expresar lo que pensamos o sentimos también deberían serlo. Sin embargo, ello no ocurre así en la realidad. ¿Por qué? Quizás la mejor respuesta sea la que me dio una muy buena amiga hace unas semanas: la funcionalidad lingüística. ¿Y eso como se come? Pues nos estamos refiriendo a la capacidad que tiene un idioma de funcionar en distintos contextos, sobre todo, cuando nos encontramos ante el ejercicio de los derechos ciudadanos.

Un ejemplo jurídico nos podrá ayudar a entender la complejidad, aunque no lo crean. Ubiquémonos en cualquier localidad de nuestra sierra, quizás pensemos en Chungui, una de las localidades más afectadas por el conflicto armado. Los pobladores de dicha localidad, en su mayoría quechuahablantes, seguramente tendrán algunos pocos servicios básicos. Imaginemos que tienen un juez de paz en la zona, que, dado que no es abogado, tiene la ventaja de poder entender los problemas de la comunidad y, claro, de hablar quechua. Pero claro, no todos los conflictos pueden ser resueltos por el Juez de Paz. Para algunos de los procesos penales por violaciones de los derechos humanos, nuestros amigos de Chungui tendrán que viajar para acudir a las audiencias, seguramente a Huamanga. Pero, a pesar de ser la capital de departamento – o justamente por ello -, les será difícil encontrar a algún empleado judicial que hable su mismo idioma, un abogado que también comprenda lo que dicen. Quizás por suerte lo logren encontrar, pero, sabiendo como es el sistema judicial peruano, el caso terminará en la Corte Suprema en Lima, con gastos mayores de desplazamiento y claro, con opciones tan remotas como la clasificación de Perú al mundial de ubicar a un juez que se exprese en quechua y menos aún un traductor, tenemos todas las desventajas para acceder a la justicia.

¿Qué nos demuestra esto? Que en el fondo los peruanos hemos hecho del castellano una lengua que ha terminado avasallando a las otras, porque quienes no hablan el idioma en el que me estoy expresando no cuentan con las mismas oportunidades de acceder a los servicios básicos que brinda el Estado. Revísate cualquier parte del Informe Final de la Comisión de la Verdad para que veas que drámatico es esto, pues, en muchos casos, debido a esa distancia, se cometieron crímenes abominables. Y es que en el Perú hemos entendido la tolerancia como un simple ejercicio de ver al otro como diferente, pero no como igual a mi. No ha existido el Nos-Otros tan necesario para la convivencia humana. Quizás ello explique en mucho porque durante 20 años nos matamos entre peruanos.

¿Y qué soluciones nos hemos planteado? Pues una fue la tan discutida Ley de Lenguas propuesta por María Sumire o los Programas de Educación Intercultural y Multilingüe del Ministerio de Educación, propuestas ambas que tienen varias cuestiones destacables, pero que adolecen de tener aún una mirada que sigue mirando a las culturas e idiomas “no occidentales” como mera pieza de observación arqueológica – osea, sin contacto, tal como veía Eliane Karp a los pueblos indígenas – o tratando de adherirle todas las características del castellano, es decir, un lenguaje escrito que muchas de estas expresiones idiomáticas carecen, lo que no implica una falta de desarrollo de las mismas.

Y, con lo bien intencionadas que sean estas propuestas y con todo lo que se puede afinarlas, no son suficientes. Hace falta justamente que volvamos a mirar la gran lección de la elección del 2006. El país requiere de reformas institucionales para que exista una mayor y mejor presencia del Estado en todo su territorio, que deben tomar en cuenta las distintas realidades regionales y, claro, tener a los actores de cada parte de la patria participando en el proceso de elaboración de estas políticas, pues ellos serán los principales beneficiados. Desafortundamente, como sabemos, esa no es la prioridad ni en Palacio de Gobierno ni – y es triste decirlo – tampoco en la mayor parte de gobiernos regionales ni locales.

Sin embargo, no quiero terminar este post como habitualmente lo hago, con esa saludable cuota de pesimismo, indignación e ironía que caracterizan a este blog. Si me animé a mandarme todo este rollo es justamente porque ayer entendí que este tema de las desigualdades idiomáticas tiene, en el fondo, que ver con relaciones de poder. Y, cuando uno mira hacia atrás, ve que el gran tema de Desde el Tercer Piso ha sido ese: como las relaciones de poder actuales han configurado el país que tenemos y que todos tenemos la obligación de comenzar a ayudar a cambiar.

Ayer comprendí cuanto nos puede ayudar una especialidad que generalmente es ignorada o poco comprendida en nuestro medio para poder tener otra entrada a un tema que todos tenemos presente. Muchas veces los abogados tenemos el ombliguismo de creer que tenemos las soluciones a todos los problemas. Tal vez nos hace falta entender que, en el fondo, de los pequeños y hermosos arroyos nacen los grandes ríos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Nila Vigil: Revitalizacion lingüística: enseñanza de lengua indígena como segunda lengua.
Jorge Acurio: Verdades y Disparates
Virginia Zavala: Lenguas sí, hablantes no

CUESTIONES UNIVERSITARIAS

Pocas veces, por no decir ninguna, tengo coincidencias con el fujimorismo o con los fujimoristas. Su autoritarismo ramplón, su desprecio por la vida y los derechos humanos y su colusión con el gobierno más corrupto de la historia son diferencias insalvables con dicho grupo de personas.

Ello no implica dejar de reconocer que tienen una congresista que tiene más neuronas juntas que todos los que fueron (y son) parlamentarios por la bancada fujimorista: Martha Hildebrandt.

A despecho de su aparente poca productividad – cuantas veces la hemos visto durmiendo en el Congreso – esta vez la lingüista ha puesto sobre la mesa un proyecto de Ley que, aunque ciertamente polémico, pone un tema sobre el tapete: la subvención de la educación universitaria.

Esta iniciativa legislativa plantea que los estudiantes que provienen de colegios particulares pagarán mensualmente una suma equivalente a la mitad del total de los derechos que cobra el colegio de donde provienen en el último año de educación secundaria, a menos que demuestren que la capacidad económica familiar ha disminuido considerablemente.

¿Qué plantearía esto? El hecho de que deba darse ua discriminación por escalas dentro de las universidades nacionales, donde aquel que pueda solventar algo más que el resto.

Es obvio que las universidades estatales necesitan recursos a gritos. Buena parte de la baja en su calidad – salvo grandes excepciones como San Marcos, la UNI o la Agraria – se debe a la carencia de recursos con los que cuentan para el pago de docentes, infraestructura y fondos para la investigación científica, tecnológica y social. Un pago hecho por quienes más tienen para solventar la gratuidad de quienes no pueden pagar y tienen buen rendimiento es, a todas luces, bastante justo.

Sin embargo, encuentro dos problemas en la propuesta. Uno de índole conceptual y el otro de índole práctica.

El primero es que este proyecto se pone al margen de la discusión de la nueva Ley Universitaria, que se encuentra en debate en la Comisión de Educación del Congreso. Debate que debiera suponer, entre otras cosas, la posibilidad de un aumento del presupuesto del Estado destinado a las universidades públicas. y, claro, la visión que se tendrá de la educación superior peruana, que se reclama a gritos, visión que deberá cuidar que la educación pública no sea privatizada.

La segunda tiene que ver con la implementación de la medida en sí. No todos los colegios particulares son iguales. Asimismo, dentro de cada colegio particular existen alumnos cuya educación también es subvencionada porque no pueden pagar el íntegro de la mensualidad o que hacen grandes esfuerzos para solventar su educación. El proyecto debería contemplar, por tanto, los porcentajes de pago precisos y los mecanismos a través de los cuales se implementaría la propuesta en términos concretos.

Pero, demostrando que la estupidez es patrimonio del fujimorismo, a Luisa María Cuculiza no se le ha ocurrido peor idea aprovechar la inciativa de su colega de bancada que plantear la peregrina idea de que los almunos de universidades privadas ya no pague pasaje universitario.

Aunque a estas alturas hablar de medio pasaje es una utopía, con la mayoría de combis cobrando S/. 1.00, ciertamente la propuesta de Cuculiza no tiene asidero en la realidad, ya que ignora que buena parte de los alumnos de universidades particulares hace malabares para pagar su educación. Se parte del prejuicio de que estudiar en universidad particular es equivalente a tener mayor capacidad económica. Además ignora las distancias entre universidades particulares, que también existe.

Creo que más allá de estos proyectos debemos comenzar un debate en serio sobre la Universidad y lo que queremos hacer como Nación con ella. Estoy en mi ultimo año de estudios, pero creo que es necesario que quienes vienen detrás tengan una mejor formación de la que tuvimos. Ojala el debate se centre en lo medular y no en medidas disparatadas.

MAS SOBRE EL TEMA:
Vea el proyecto presentado por Martha Hildebrandt aquí.
Perú.21: Universidad estatal ya no sería gratuita para todos.
Especialistas en Educación opinan sobre la “propuesta Hildebrandt”.
Luisa María Cuculiza quiere volarse el Medio Pasaje para quienes están en universidades particulares.
Augusto Alvarez Rodrich: Gratuidad Ciega.
Física 3: Y seguimos con los parches: gratuidad universitaria??
Federación de Estudiantes del Perú y FEPUC rechazan propuestas.
Transportistas piden que medio pasaje sea solo para universidades del Estado.
Alucinaciones Siderales: Fujimorista quiere eliminar medio pasaje.