BAJADA DE MOTOR

Don Ernesto prende el televisor para ver el noticiero del día, luego de una jornada de trabajo y de pasar tiempo con su hijo menor. En cualquier momento llega su hijo mayor del trabajo para comentar las noticias del día. Está tranquilo, pues dinero no sobra pero tampoco falta y su auto, su fuente de ingresos, está en óptimas condiciones y presto para la revisión técnica cuya cita pedirá luego de la quincena, ya que este mes le toca pasar por allí.

A inicios de año, como transportista responsable, don Ernesto internó su auto en el mecánico durante quince días para que le hagan el mantenimiento y no le haga problemas la gente de la Municipalidad. Le parece bien esto de las revisiones técnicas, pues obliga a los conductores a tener en óptimas condiciones a sus unidades y, además, podrían evitarse más accidentes de los que ve todos los días, cuando recorre de polo a polo de la ciudad para recoger niños y jóvenes de un programa de vacaciones útiles o, como la mayor parte del año, del colegio de su hijo menor.

Por ello, nuestro amigo Ernesto casi bota el control remoto cuando se entera de la primera noticia del día: el contrato de concesión de las revisiones técnicas es declarado como caduco y todo se suspende hasta nuevo aviso.

El encargado de dar la noticia es un señor que bien podría ganar un concurso de mimo, dado que su capacidad de habla está reducida al mínimo. Y parece que su capacidad de gestión también, dado que desde el inicio de las revisiones técnicas, se le advirtió de la improvisación con la que la comuna limeña manejaba el tema y de los severos incumplimientos de la empresa concesionaria. Aun así, el alcalde siguió mudo, con excepción de los oportunos cherrys en los noticieros matutinos para explicar sus obras viales. Para que le rinda cuentas al vecino, está Marco Parra o el abogado de turno que contrate la municipalidad.

Peor aún, como lo ha denunciado un regidor metropolitano, nuestro fantasmagórico alcalde ni siquiera consultó o comunicó al Consejo que iba a dejar sin efecto el contrato. Es decir, rendición de cuentas cero ante un tema que le ha costado a los ciudadanos 7 millones de soles, en pagos efectivos a Lidercon, plata que, por supuesto, no se devolverá a los ciudadanos que cumplieron con la ley y que hoy se sienten estafados por la Municipalidad y por su ex socia.

En teoría, la Municipalidad de Lima ha suspendido las revisiones por 180 días – tiempo en que, se supone, buscará un nuevo concesionario – pero, para complicar las cosas, Lidercon ha dicho que seguirá atendiendo revisiones técnicas. Y mientras tanto personas como don Ernesto no saben si acudir o no a obtener un sticker cuya validez es ahora discutible, mientras que otros propietarios de vehículos siguen preguntándose para que le sirvió invertir en su auto, sí al final el alcalde no especifica como van a valer lo que le han pegado en la luna del auto.

Estas son las consecuencias lógicas de una concesión entregada en monopolio, por parte de un alcalde poco transparente y que solo tiene como mira única mudarse del Palacio Municipal al Palacio de Gobierno, con el único mérito del cemento y las piletas que parecen ser el único producto que sale de sus neuronas.

Mientras tanto, don Ernesto le pregunta a su hijo mayor cuando se va a ir Castañeda Lossio, el más incapaz de los alcaldes que él recuerda. Y yo le respondí: viejo, el 31 de diciembre del 2010. Solo espero que no se mude de casa en la misma Plaza.

MAS SOBRE EL TEMA:
Editorial de El Comercio: Revisiones Técnicas ¡Hasta cuando!
Editorial de La República: ¿Adios Lidercon?
Augusto Alvarez Rodrich: Con las llantas bajas
Alberto Andrade: Errores de Castañeda motivaron fracaso

LA CIUDAD DE LA FURIA Y EL ALCALDE MUDO


Nací en el Centro de Lima hace 26 años y algunos meses atrás. Para mayores señas, a la espalda de Palacio de Justicia, en una clínica de nombre francés. Mi infancia la pasé en medio de casonas coloniales, edificios que en ese entonces tenían 30 años y ya expresaban cierto deterioro y las migraciones que en ese tiempo aún eran abundantes. Luego de 11 años, Pueblo Libre me acogió entre museos, edificios y parques, hasta hace una década, cuando pasé a la zona este de la ciudad.

Hago este recuento biográfico porque he podido ver, durante todo mi recorrido vital, como ha ido evolucionando la ciudad en la que nací, crecí y en la que seguramente seguiré viviendo durante mucho tiempo. Durante estos días he estado en varias zonas de la capital y he sido testigo de esos cambios. Hoy, nuestra casa es mucho más grande y, en realidad, a estas alturas, podríamos hablar de varias Limas antes que una sola. Tenemos varios centros en lugar de uno, con dinámicas políticas y económicas diferenciadas, y hasta los climas cambian de un lado a otro de la ciudad.

Sin embargo, esta diversidad – que no es otra cosa que la expresión de lo que es el Perú – necesita una visión política para solucionar los problemas comunes de todos. Ello debería ser responsabilidad del alcalde metropolitano.

Sin embargo, Luis Castañeda Lossio no ha contado con esa visión sobre la ciudad que tanto se requiere. Más allá del cemento de necesarias obras de infraestructura vial, cualquier vecino puede preguntarse que es lo que ha hecho el alcalde para comenzar a solucionar los grandes problemas de la ciudad.

Un informe preparado para Perú.21 nos da muestras claras de como viene desempeñándose el actual burgomaestre. En lo que se refiere al transporte público, uno de los más caóticos de América Latina, se indica que:

Respecto al transporte público, la evaluación de Ciudad Nuestra califica de positiva la creación del Metropolitano. No obstante, se mencionan como temas pendientes la creación de una autoridad única de transporte metropolitano -dependiente del municipio- que ponga orden en Lima. La ausencia de este ente está causando conflictos de competencia, desorden y falta de autoridad en la definición y aplicación de políticas.

Asimismo, falta la preparación de programas piloto de rutas racionalizadas y de empresas reestructuradas con los programas de renovación y chatarreo de la flota de transporte público , así como la eliminación progresiva de combis y colectivos.

Similar panorama ocurre con la seguridad ciudadana, otro de los problemas mencionados como los más importantes por los limeños en las encuestas. Si bien el combate a la delincuencia tiene responsabilidad bastante grande de la Policía Nacional, los modelos de combate a este flagelo en el mundo vienen teniendo un rol cada vez más activo de los gobiernos locales, sobre todo, de los alcaldes metropolitanos. Castañeda, en esta materia, no ha querido asumir dicha responsabilidad, que sus antecesores si quisieron poner en práctica.

Pero, además de los dos problemas más álgidos de la ciudad, preocupa el estilo de un alcalde que no rinde cuenta a los regidores metropolitanos y menos aún a los vecinos. El mencionado informe menciona:

El punto más crítico abordado por el mencionado estudio es el del buen gobierno. El informe cuestiona la casi nula participación del burgomaestre Luis Castañeda Lossio en las sesiones del Concejo Metropolitano y la restricción que enfrentan los propios regidores para acceder a la información pública relevante.

Asimismo, la evaluación considera que de parte de la administración edil hay “poca transparencia y subestimación del interés ciudadano por la información completa y oportuna”, y que un tema tan importante como la discusión presupuestal en el Concejo Metropolitano “es limitada y se lleva a cabo sin la información necesaria”.

De hecho, hasta hace unos pocos meses, las sesiones del Consejo Metropolitano no eran públicas y la pagina web de la Municipalidad de Lima es un canto a la vacuidad. La misma que exhibe Castañeda cuando da una declaración sobre un punto controvertido de su gestión. Como bien ha anotado hoy Alvarez Rodrich, a Castañeda se le escucha más en “Los Chistosos”.

Pero la situación de nuestra ciudad no es de chiste. Aun quedan varios problemas por resolver y que no solo dependen de la ausencia de un alcalde al que hay que encontrar llamando a “Los Cazafantasmas”. También depende de lo que nosotros los vecinos hagamos por nuestra casa: manejar mejor, no ensuciarla, cuidar los parques que aun tenemos, no hacer construcciones fuera de las normas y, por supuesto, querer nuestra ciudad.

Mientras tanto, la ciudad variopinta, rara, bizarra, la horrible, la de la flor de la canela, provinciana, sigue esperando esa visión de futuro y que los limeños debemos dejar de tratar mal. Más que otro vals que le canté a lo que se fue, necesitamos vecinos dispuestos a jugarse por su ciudad.

MAS SOBRE EL TEMA:
Ciudad Nuestra: Evaluación de la gestión metropolitana de Lima durante 2007
Editorial de El Comercio: Lima de Aniversario
Augusto Alvarez Rodrich: La obra del mudo
Eduardo Villanueva: Lima: aniversario en manos de un incapaz
Roberto Bustamante: Lima, la horrible ciudad carretera
Encuesta del Instituto de Opinión Pública de la PUCP sobre Aniversario de Lima
César Hildebrandt: Castañeda apaga velitas
La República: Las tareas pendientes del alcalde de Lima
Carlos Basombrío: Lima ya no es tan horrible
Cinencuentro: ¡Buenos días, Lima!
Cucharas Bravas: Lima engorda
Blogiarquía: Comentarios a la Encuesta PUCP por el aniversario de Lima

LAS CENIZAS DE LA CULTURA

Cuando el Tercer Piso estaba en el Centro y este blogger se encontraba en edad de pediatría, una de las cosas que mi mamá hacía para distraerme y satisfacer mi curiosidad por conocer el mundo era dedicar las jornadas de los domingos a caminar, por lo general, por aquellas calles que habían constituido el centro de la actividad política y económica desde que un señor llamado Pizarro – al cual no le decían Bombardero de los Andes – llegó a este valle de buen clima y cielo gris.

Uno de los edificios que siempre me llamaba la atención quedaba – bueno, aun queda – en la calle donde yo vivía. Y, de hecho, en dos ocasiones, en aquella época en la el sabor de la leche ENCI era claramente identificable en mi desayuno, entré a ese edificio a ver al Ballet Municipal interpretar El Lago de los Cisnes y otra pieza de danza cuyo nombre no recuerdo, pero, hasta donde la memoria me da, tenía que ver con la historia de una muñeca.

Hace casi diez años, la televisión en vivo transmitía la muerte de un edificio. Y, durante los años siguiente, también pasó – sobre todo en cable – su resurrección como escenario en escombros de diversas obras de teatro, varias de ellas organizadas por mi segunda casa.

Dos artículos recientes, de Alonso Alegría y César Hildebrandt, me hicieron recordar que dicho edificio seguía allí, en ruinas desde hace casi una década, esperando un proyecto de reconstrucción que vaya más allá de la web de la Municipalidad.

Porque, hasta el día de hoy, para la Municipalidad Metropolitana de Lima la cultura es la última rueda del coche. En todas las capitales latinoamericanas, los consejos metropolitanos son los grandes impulsores de las actividades culturales, a través de sus elencos estables, de sus propios escenarios y, sobre todo, de una polìtica cultural que incentive a los creadores a poder hacer su mayor esfuerzo por presentar lo mejor de sus trabajos.

El Teatro quemado, las Bienales canceladas, los pleitos con la gente del Boulevard Quilca, la ausencia total de una mirada cultural nos hacen ver que la cultura sigue quemándose en la casa vecina de Palacio de Gobierno. No hace falta tener las dotes de Nostradamus para saber que pasaremos la década sin contar con un Teatro Municipal.

El Lago de los Cisnes parece ser insuficiente para apagar el incendio.

CASTAÑEDA Y LA VISION FALLIDA DE LIMA

Luis Castañeda Lossio sigue optando por la política de no responder cuestionamientos a su gestión.

Luego del incendio en Mesa Redonda, solo ha optado por echarle la culpa a los comerciantes. Claro, ellos tienen parte de la responsabilidad, pero a la Municipalidad le cabe el otro 50%, como lo ha indicado Defensa Civil. De eso no habla el alcalde.

Tampoco nos explica los costos del Circuito Mágico del Agua, una obra cuestionada por convertir en privado un espacio público y por constituir un gasto innecesario en una ciudad que tiene otras prioridades. Y el tema se le complica en demasía al alcalde.

Cuando se inauguró la obra, en las últimas Fiestas Patrias, se sabía que el costo de la obra era de 13 millones de dólares, lo que ya era un escándalo. Ayer, Perú.21 nos reveló que el costo real era de 16 millones de dólares, ya que en los cálculos hechos por la Municipalidad Metropolitana no se había tomado en consideración los gastos de remodelación del Parque de la Reserva, que forman parte del mismo proyecto.

Peor aún, los supuestos convenios con empresas privadas para financiar este canto al desperdicio simplemente no existen. La Municipalidad ha tenido que reconocer que solo se han enviado cartas y no había habido aceptación de parte de ninguna empresa. Y pensar que hace meses la Municipalidad decía que no podía exhibir los convenios porque eran “asuntos reservados”. En realidad, no podía mostrar algo que no existía, lo que implica que la obra, en el plano real, la pagamos todos los limeños.

Pero los cuestionamientos a Castañeda no quedan alli. El Decano del Colegio de Ingenieros de Lima y miembro del directorio de INVERMET (la empresa municipal de inversión y obras públicas) Javier Piqué del Pozo, ha advertido sobre la concesión que se haría sobre las avenidas Javier Prado y La Marina, que conllevaría la instálación de casetas de peaje en la vía.

Si bien es necesario mejorar a gritos ambas vías, colocar peajes solo provocaría lo que viene ocurriendo en la “Vía Expresa del Callao“: que todos se desvién a las vías alternas, congestionándolas más. Y es que uno no termina de entender porque vías urbanas serían puestas en concesión cuando la Municipalidad Metropolitana tiene los recursos suficientes para manejar y mejorar las mismas. Algo raro huele allí.

Sin duda, Castañeda Lossio sigue teniendo el apoyo de la población. El problema para él es que esa falta de rendición de cuentas le puede jugar una mala pasada. Problemas como los antes comentados, a los que se suman los ocurridos con las revisiones técnicas, afectan directamente a los vecinos, lo que puede ocasionar lo que tanto teme: un desbarrancamiento en las encuestas.

MAS SOBRE EL TEMA:
Augusto Alvarez Rodrich: La palabra del mudo
Martín Tanaka: A propósito del incendio en Mesa Redonda
Menos Canas: Como un corcho en el agua

A 6 CUADRAS DE LA PLAZA DE ARMAS

Afortunadamente no fue una tragedia, me decía el vigilante de mi oficina a la hora que terminaba mi jornada de trabajo.

Y sí, que el incendio de ayer y hoy en Mesa Redonda no haya sido una tragedia es producto de la fortuna.

Hace apenas un par de semanas comentaba en este blog sobre la injusta sentencia a los responsables del incendio en Mesa Redonda que costó 300 víctimas. La sensación de que la justicia no era una realidad para las personas de escasos recursos fue algo que estaba muy presente en el ambiente y que los familiares de las víctimas manifestaron en todo momento.

No es de extrañar que el peligro se repitiera. Por un lado, existe una seria responsabilidad de la Municipalidad Metropolitana de Lima en el control de las galerías existentes. De hecho, el edificio incendiado pasó la inspección municipal. Mi pregunta es: ¿que pasó con el alcalde ausente que se olvidó de la existencia de una tragedia que aprovechó bien en su campaña electoral inicial?

Pero también compete un serio llamado de atención a los comerciantes. Esta bien que, como todos en el Perú, querramos ganar dinero para vivir decentemente. Sin embargo, ¿esto se tiene que hacer a costa de la seguridad de los demás? Ya lo vivimos con las personas que se encargan del transporte urbano en Lima o con los comerciantes en otra zona concurrida de la ciudad como Gamarra. ¿Vale menos la vida humana y la seguridad de los demás antes que la venta del día? Pues el mensaje que nos envian es que sí.

Sin duda, para que tengamos un Estado que funcione de verdad es necesario que las autoridades hagan su tarea. Pero también es responsabilidad de los ciudadanos exigir a sus pares que cumplan con las normas mínimas de convivencia. Esto me hace acordar cierto comercial que enfatizaba todos los horrores de la dictadura y que nos hacía ver que nosotros los cometíamos en nuestra vida cotidiana. Quizás el mensaje final de dicha propaganda deba volver a nuestros oidos: Para que el país cambie solo falta que cambiemos nosotros.

MAS SOBRE EL TEMA:
El Comercio: En Mesa Redonda no se aprendió la lección
Augusto Alvarez Rodrich: Tierra de Nadie
Rosa María Palacios: Y de nuevo
Octavio Salazar, jefe de la Séptima Región Policial: Solo han maquillado las cosas
James Atkins, jefe de Defensa Civil de Lima: Esto es responsabilidad municipal
Utero de Marita: El caballero de Mesa Redonda
Cuaderno de Borrador: Otro incendio, misma mesa, mejor suerte

EL ALCALDE AUSENTE

Nunca termino de entender porque le prestamos tan poca atención a nuestra ciudad. Al fin y al cabo es aquí donde vivimos, crecemos, nos amargamos, lloramos, reimos, amamos y pasamos la mayor parte del tiempo. Quizás sea el hecho de haber vivido 11 años en el Centro de Lima y que después las mudanzas me hayan trasladado del oeste al este de la ciudad (y del eje La Marina – Javier Prado), pero no se porque razón miro desde el tercer piso la ciudad con otros ojos. No la gris del cielo panza de burro, sino mi verdadera casa, claro, con color de cielo generalmente más cercano al uniforme escolar que nos legó Velasco.

Y quizás sea por eso que rabie por el hecho de que la ciudad esté en piloto automático.

Como sabrán, no voté por Luis Castañeda Lossio en las últimas elecciones municipales. Tampoco lo hice el 2002, por razones que no viene al caso comentar. Pero si no marqué el símbolo de ¿Unidad? Nacional el año pasado fue porque no sentía que la ciudad tuviera un norte claro.

Si, es cierto, el alcalde mudo ha puesto cemento por toda la capital, ha construido escaleras, está haciendo la Estación Central y ha hecho la Vía Expresa de Grau. Sí, el alcalde ha puesto hospitales por todos lados y organiza un Festival de Lima para que la gente se entretenga en octubre.

Pero quizás sea por su mudez que no termino de entender algunas cosas. Como la inexistencia de un nuevo Plan para una ciudad que a la vez es región – el último se hizo en la época de Orrego y Barrantes, cuando este blogger estaba en edad de pediatría -, o que continue la Costa Verde tan contaminada como siempre, o que añore el día del censo por el insoportable tránsito de una ciudad poco ordenada en ese aspecto, o que el señor no diga (o haga) nada sobre seguridad ciudadana (y a eso súmenle que no tenemos Ministro del Interior, el que está en Corpac lo es entre comillas) o que la cultura sea una prioridad al final de las bolsas de cemento.

No, no es solo la mudez. Es el hecho de saber que no da explicaciones por nada. Como las piletas en las que gastó 13 millones de dólares, o el ninguneo a los Regidores Metropolitanos o a sus pares alcaldes a los que nunca ha convocado a una Asamblea Metropolitana en 5 años. O saber que su amigo Walter Menchola aprovechaba las camionetas de EMAPE para uso de su pareja sentimental. Y sobre todo eso, un mutis que sería la envidia de Bernardo, el fiel ayudante del Zorro.

Porque nuestro alcalde solo puede ser entrevistado cuando anuncia más cemento o cuando se reune con su nuevo amigo el Presidente de la República. Cuando las papas queman, tiene que ser su eterno escudero, Marco Parra, quien tenga que responder a todos los cuestionamientos porque al señor no quiere quemar su imagen, su alta popularidad y su posible candidatura al 2011.

Una autoridad pública tiene que entender que está ante el escrutinio público. Hasta el Presidente de la República, que tiene sus grandes raptos de intolerancia con la prensa, lo entiende así y al menos responde a algunas preguntas incómodas. Sin embargo, el alcalde ausente no responde a nada. Dice que sus obras hablarán por él.

Pero son sus silencios y sus omisiones más elocuentes que cualquier otra cosa que diga. Y mientras tanto, en medio de la indiferencia general, la vieja Ciudad de los Reyes espera un alcalde con visión de futuro y vecinos más preocupados porque así sea. Quizás ese día veamos, en medio de nuestro tradicional cielo de color asfalto, alguna luz que ilumine el camino a casa.

MAS SOBRE EL TEMA:
La República y La Primera: Castañeda quería vender parte de los Pantanos de Villa

BLOG ACTION DAY: COSTA (NADA) VERDE

Hoy muchos bloggers nos hemos adherido al Blog Action Day, una iniciativa destinada a que toquemos en nuestros respectivos un tema en común. Este año nos tocará hablar sobre algún tópico relacionado con el Medio Ambiente. Por la cercanía que tenemos, a pesar que muchas veces ignoramos la magnitud del mismo, les presentaré algo sobre la problemática de la Costa Verde, un rincón de la ciudad al que pocas veces observamos con detenimiento.

Y si quieres unirte a esta iniciativa, solo postea hoy sobre un tema ambiental. No es tan complicado. Ahora sí, al tema de fondo

Somos unos privilegiados que no nos damos cuenta de lo que tenemos. Somos de las pocas ciudades capitales en el mundo que tiene el mar a la vuelta de la esquina y le hemos dado durante muchos años la espalda, no solo en términos simbólicos, sino también en términos ambientales.

La Costa Verde tiene todo para ser un potencial centro turístico de Lima: cercanía a la ciudad, playas con olas para practicar surfing, posibles espacios de entretenimiento – eso sí, no matando la playa como en Barranco – o simplemente un nuevo rincón ecológico para una ciudad que los necesita a gritos.

Sin embargo, la seguimos maltratando. Los colectores de la ciudad la contaminan tanto al norte – Marbella – como al sur – La Chira -, no dejamos la basura en su lugar, municipios como San Isidro dejan a sus playas como meros depósitos y otros como Barranco simplemente permiten que recorten los espacios libres para el esparcimiento de todos.

¿Y nuestro fantasmal alcalde de Lima? Sobre eso, dejo a Augusto Ortiz de Zevallos:

Veamos sus crisis y abandonos negligentes. En la Costa Verde, el Municipio de Lima ha renunciado absurdamente a sus indispensables competencias de orquestar un patrimonio metropolitano y permite, en silencio, los abusos autistas y rentistas, con proyectos mediocres, de un municipio que se salta la razón y las leyes (según la Contraloría, los colegios de arquitectos e ingenieros y la opinión mayoritaria).

Hay un ente llamado Autoridad del Proyecto Costa Verde que ha elaborado un Plan Maestro para esta zona de la ciudad. Pero, además de la dejadez en su aplicación, algunos de los proyectos aprobados por esta entidad no son necesariamente compatibles con una visión que preserve la playa y su entorno cercano. El propio alcalde Castañeda lo ha admitido, pero de modificaciones, hasta ahora seguimos esperando.

Y sobre el tema de los colectores, pues la ciudad sigue esperando hasta ahora una respuesta. Durante el gobierno anterior, se iniciaron algunas obras del Interceptor Norte, para desviar las aguas de los colectores hacia una planta de tratamiento, aunque con la oposición del Callao, donde se ubicaría la planta. En suma, aun tenemos dificultades para sacar adelante una obra necesaria para el ornato de la ciudad, a pesar que otras autoridades municipales si se han sensibilizado sobre el tema.

El tema de la contaminación es tan grave que ha afectado ya a varios vecinos de la zona. Hace algunos meses, así informaba La República:

En medio de la discusión por el interceptor y la planta de tratamiento, están los vecinos. En la avenida Costanera, justo donde desemboca el mayor colector de Lima, la pestilencia es avasalladora y las moscas una plaga.

Jorge Gonzales Ramos vive hace 40 años en la cuadra 24 de la Costanera. Ahí tiene también un taller de mecánica. Asegura que nunca la situación fue tan difícil como ahora. “La pestilencia es terrible. A veces trabajamos mediodía y luego nos vamos, no se puede por el olor. El desagüe se empoza. Mi hermana pintó su casa de blanco y se puso negra por las moscas. Estamos expuestos a cualquier infección”, sostiene.

Otro caso es el de Liane Benavides. Cuando nació su hija, Isabela, se fue a vivir a la casa de su suegra, en la cuadra 25 de la avenida Costanera. De pronto, su hija enfermó. Convulsionó. Le dijeron que padecía de meningitis bacteriana. Ella dice que los médicos de la clínica Maisón de Santé le dijeron que “es muy probable que se deba al aire contaminado de los desagües de la zona en que vive”.

Como vemos, el maltrato a nuestra mirada principal al mar ya está afectando la salud de los vecinos de la zona. ¿Esperarán las autoridades a que siga empeorando?

Hace algunos meses caminaba por el malecón de Miraflores y me di cuenta de lo ciegos que habíamos sido durante estos años a no ver al mar y lo que le estabamos haciendo. Tal vez sea hora de actuar y de impulsar que nuestras autoridades no sigan dormidas sobre este tema. Si algo quisiera legarle a mis hijos es que puedan seguir viendo el mar, pero, claro, sin contaminación.

ALGUNOS BLOGGERS PERUANOS QUE SE HAN SUMADO AL BLOG DAY:
Menos Canas: En el Perú, ¿Como vamos?
Real Politik: Mi experiencia reciclando
Susana Villarán: Desde Loreto
Martín Tanaka: Al Gore’s Inconvenient Truth
Paola Ugaz: La realidad ambiental en La Oroya
El Morsa: La isla de las flores
El Cuy Verde: Apago la luz ¿y?
El Mundo de Plástico: Lo justo tío Al
Utero de Marita: Cocaleros e impacto ecológico
Y más en el resto de la cholósfera.