LA PAZ SE HAGA EN LA HAYA


La presentación de la demanda peruana ante la Corte Internacional de Justicia por la delimitación de la frontera marítima con Chile supone el inicio de un proceso judicial que durará varios años en pos de una solución pacífica y definitiva a la mayor controversia que se tiene con el vecino del sur.

En el mundo civilizado de hoy, cuyas bases fueron puestas, entre otros documentos, por la Carta de las Naciones Unidas de 1945, la solución de controversias se realiza sin utilizar tanques o armas. Para ello, se emplean diversos mecanismos, siendo el recurso a un proceso judicial – al igual que en el derecho interno – la última solución pacífica para la resolución de una controversia de este tipo. Fue por ello que se creó una Corte Internacional de Justicia que pueda canalizar dicha disputa.

Esto es importante remarcar en momentos en que, de ambos lados de la frontera, no faltan quienes pretenden iniciar una carrera armamentista, sobre la base de la interposición de esta demanda. Y por ello creo necesario rescatar el comentario de un lector chileno, que me dejó lo siguiente esta mañana:

Me topé con este blog buscando saber que piensan los peruanos del litigio marítimo, y que bueno saber que La Razón no es la voz de todos ustedes. En los noticieros chilenos de vez en cuando aparece ese diario con sus arengas beligerantes contra nosotros, algo que resulta “pintoresco” por decir lo menos…

Y como chileno les digo… jamás mi país va invadir Perú, ese temor no puede ser más infundado. Asimismo, tampoco nosotros pensamos que Perú vaya a declararnos la guerra o algo así. Estamos a la espera e lo que La Haya diga, y cualquier decisión se acatará. Es lo que siente el chileno común y corriente. Las relaciones con Perú son de las que más la Cancillería chilena propicia, y por lo mismo se esforzará siempre por buscar consensos pacíficos.

Saludos a su bello país.

La presentación de la demanda supone la culminación de un esfuerzo que, hay que decirlo, comenzó el ex canciller Allan Wagner hace màs de dos décadas y que, durante el gobierno de Fujimori, fuera dejado de lado. La posibilidad de una demanda ante la Corte de la Haya fue retomada con fuerza en el gobierno de Alejandro Toledo, en particular, por el Ministro de Relaciones Exteriores Manuel Rodríguez Cuadros. Y, durante esta administración, se ha visto por conveniente iniciar el cierre de uno de los capítulos más tristes de la historia latinoamericana.

Nuestra historia con Chile no ha sido nada fácil. Una desconfianza mutua entre gobernantes que se remonta a los inicios de la República, una guerra traumática que recién se comienza a procesar en serio por parte de nuestros historiadores y científicos sociales, la demora en culminar con la delimitación de límites y conflictos de carácter comercial y cultural que son magnificados por la prensa han marcado el devenir de una relación que se puede caracterizar como la de dos vecinos de un edificio que pueden saludarse amablemente, e incluso pueden tomarse un par de cervezas en una reunión en la que coincidan, pero que se pelean en una sorda guerra fría que no quiere repetir la de los bisabuelos batiendose en duelo hace 120 años.

Ayer, luego de ver una entrevista hecha por Rosa María Palacios al general Roberto Chiabra, me quedó una pregunta en el aire que bien podía haber sido hecha: ¿Y que pasa si Perú gana la demanda ante la CIJ y Chile acata el fallo? ¿Qué pasará con los halcones de ambos países: seguirán buscando pretextos para que nos sigamos peleando o por fin entenderán que lo que más le conviene a ambos pueblos en vivir en una armonía saludablemente competitiva?

Tienen 6 años – por lo menos – para pensar una respuesta.

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