LA PUCP Y SU FUTURO

Se ha escrito mucho en las últimas horas acerca de la PUCP y las nuevas dificultades que afronta a partir de las discordancias sobre la adecuación de su Estatuto a lo señalado por la Congregación para la Educación Católica de la Santa Sede. Situación a la que no ha sido ajeno el Cardenal, quien desde hace años mantiene una pugna con las actuales autoridades de la Universidad.  Siendo parte de la comunidad universitaria, pero a título estrictamente personal, doy unas cuantas opiniones.

El lio en relación con el Estatuto de la PUCP se centra en un punto específico: la elección del Rector de la Universidad. La famosa y mentada constitución apostólica Ex Corde Ecclesiae no menciona nada sobre este punto y de allí las discrepancias sobre la interpretación que debe darse a este punto. Creo yo que la interpretación dada por la PUCP hasta este momento es compatible con dicha constitución apostólica, como también y sobre todo, con la legislación peruana.

Pero creo que, en este caso, al igual que en el ya famoso proceso alrededor del legado patrimonial de José de la Riva Agüero, hay un elemento de trasfondo final: la definición de lo que debe ser una universidad católica. Y creo yo que, con el debido respeto, algunas de las personas que han opinado sobre el tema, están partiendo de un punto de vista equivocado: asumir que el catolicismo es sinónimo de conservadurismo.

De un lado, quienes han asumido la defensa del Cardenal y sus posturas consideran que una universidad católica debe ser sinónimo de un centro de adoctrinamiento para formar personas conservadoras, casí a la manera de los personajes descritos por Pedro Salinas en su novela Mateo Diez. Estas personas conciben que cualquier visión del catolicismo que no sea la suya es desviacionismo (p.e.: la Teología de la Liberación) y que tener posiciones más flexibles en temas que no son de fe, pero sí vinculados con nuestra vida en sociedad (homosexualidad, por mencionar un ejemplo) es caer en pecado. De allí que cualquier crítica al Cardenal sea vista por ellos casi como una apostasía.

Pero, del otro lado, pedir que la Universidad deje de ser católica sería ir contra la esencia de lo que ha sido la PUCP desde su fundación. El catolicismo de la universidad no se vincula sólo con el dictado de cursos de teología – varios de ellos, con sacerdotes bastante abiertos y poco conservadores – o con la existencia de un centro pastoral (al que acuden sólo los que quieren y se sienten cercanos a su visión de la religión). Creo yo que el sentido del mismo está en lo que Eduardo Gonzáles señaló hace algunos meses:

Esa enloquecedora combinación de influencias sólo puede ser católica en el auténtico y original sentido de la palabra, es decir, universal, abarcadora. Y digo “enloquecedora” con intención; porque lo “católico”, lo que desborda, lo que dirige la fascinación en todas y cada una de las direcciones posibles de la actividad intelectual no es, no puede ser, “adoctrinante” por que sería un adoctrinamiento ineficiente.

La riqueza de la PUCP es su pluralidad. Ella no puede ser sólo católica, pero tampoco puede dejar de lado los valores con las que se fundó. Tuve la suerte de tener profesores de distintas tendencias ideológicas, que me enseñaron a pensar y aprender. Dicha pluralidad es su riqueza. Y la que debe ser la fortaleza de todas las universidades, públicas y privadas. De lo contrario, dejaremos de ser una universidad que merezca tal nombre. Que la luz siga brillando en las tinieblas.

CIPRIANI, YOU’VE GOT MAIL

Parece que, con cierto retraso, algunos conspicuos miembros de la Iglesia Católica peruana van llegando a la modernidad. Vía la web del Arzobispado de Lima:

En su emisión del 01 de marzo, el programa “Diálogo de fe” inició una nueva etapa con la implementación de una cuenta de correo electrónico dialogodefe@rpp.com.pe que permitirá un diálogo interactivo entre el Cardenal Juan Luis Cipriani y los fieles que siguen su programa radial semana a semana y que ha cumplido recientemente nueve años.

Bueno, ya que Su Eminencia nos permite establecer un diálogo fluido a través del e-mail, quizás sea una buena oportunidad para que el Cardenal nos aclare algunas dudas, digamos teológicas. Así que, desde aquí y humildemente, sugerimos algunas preguntas:

1. Monseñor, tengo un amigo que es gay y que cree en el Señor: ¿Va a salvarse o sigue pensando que los homosexuales no estan en el plan de Dios?

2. Monseñor, hay una parte en la Biblia que dice que hay que combatir a los tiranos, ¿eso también se aplicaba a Fujimori?

3. Recientemente, la Iglesia ha considerado a la desmedida riqueza como parte de los nuevos pecados capitales. Dígame, ¿como se compatibiliza eso con su mensaje pastoral del año 2000: de los Estados Unidos lo único que queremos es su dinero?

4. El mensaje cristiano habla del amor al prójimo. Por ello le pregunto, ¿que pensaría de un pastor que, en pleno conflicto interno, ponía en su oficina “No se aceptan denuncias sobre Derechos Humanos” y cerraba los programas de la Iglesia sobre ese tema?

5. La religión católica se basa sobre el respeto a la verdad. Dígame, ¿qué parte del testamento de José de la Riva Aguero le da la razón a su representante personal en su lío con la PUCP?

6. Se supone que dos de los mandamientos de la Iglesia son “no robarás” y “no matarás”. Entonces, ¿es cristiano abogar por acusados de asesinato y corrupción?

Preguntas importantes para entender como nuestro Cardenal entiende la evangelización y el mensaje cristiano. ¿Alguien se anima?

CONDORES, MORALES Y DERECHOS HUMANOS

O de como un general podría decir “No me defiendas, compadre”

Si hay una personalidad sobre la cual existe una discusión incipiente sobre su papel en la política peruana contemporánea es la de Francisco Morales Bermúdez. Hay quienes lo recuerdan como lo que efectivamente fue: un dictador, que restringió todo tipo de libertades, que deportó a sus opositores y que finalmente, acorralado por las circunstancias, entregó el poder a la civilidad. Otros prefieren destacar este último aspecto – hábilmente explotado por el general – y, además, anotar su oposición al régimen de Fujimori y lo que señalan como el inicio del desmontaje de las reformas de la llamada “Revolución Peruana”.

Esta discusión, inconclusa aún por la permanencia del personaje en cuestión en este mundo, se ha reavivado por su encausamiento en una corte italiana por su supuesta participación en la Operación Cóndor, esa transnacional de los asesinatos y las desapariciones operada por las dictaduras de Argentina, Chile, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay en la segunda mitad de la década de 1970.

Sobre el Plan Cóndor en el Perú, han sido básicamente dos investigaciones las que han dado serias muestras de que el Plan se extendió sus ramas hasta Lima. La primera es la de John Dinges, quien logró la desclasificación de documentos de la CIA que demostrarían la participación de la dictadura peruana en el plan. La segunda pertenece a Ricardo Uceda, en la que, sin concluir sobre la responsabilidad de Morales Bermúdez o Richter, recuerda el operativo colectivo de los servicios de inteligencia argentino y peruano para capturar a miembros de Montoneros, grupo argentino que supuestamente atentaría contra el dictador Jorge Videla en la transmisión del mando a Fernando Belaúnde en 1980. Los capturados fueron deportados a Bolivia y, posteriormente, asesinados en cumplimiento de las directivas de Cóndor.

En medio de la discusión subyacente, el ex dictador ha tomado el tema con relativa calma y ha señalado que se pondrá a derecho para defender lo que considera una acusación falsa. Lo mismo haría el general Richter.

Para el país y para la democracia peruana, lo mejor es que ambos ex oficiales rindan su testimonio y se sometan a la justicia italiana, para aclarar, de una vez por todas, si es que nuestro país también estuvo incluido en un plan maquiavélico y que no respetó los derechos de cientos de personas en América del Sur. También nos recuerda que los delitos de lesa humanidad no prescriben a pesar de los años transcurridos y que los espacios para dejar de procesar estos hechos son cada día más estrechos.

Desafortunadamente, el gobierno peruano y otros conocidos personajes han salido a declarar este acto – que es un encausamiento, no una declaratoria de culpabilidad – como una afrenta al país o una exageración. Los nombres de los “abogados” del ex dictador: Alan García Pérez, Luis Giampietri Rojas y Juan Luis Cipriani Thorne, presidente, vicepresidente y cardenal, respectivamente.

No extraña que los tres personajes antes mencionados tomen este tipo de actitudes. Conocida es su trayectoria de menosprecio a los derechos humanos. Pero triste es comprobar, nuevamente, que no existe signo de autocrítica alguno en su actuación pública.

Sin embargo, resulta paradójico que este año lo terminemos como lo comenzamos: con un gobierno dispuesto a avalar la impunidad y los atropellos a los derechos de los demás. El caso Castro Castro y las iniciativas en favor de la pena de muerte marcaron la agenda de los primeros días del 2007. Hoy, a dos días de culminar este año, nuevamente vuelven a las andadas.

Aun se nota que, para Palacio de Gobierno y el Palacio Arzobispal, los derechos humanos son una cojudez.

MAS SOBRE EL TEMA:
Perú.21: Flores – Araoz también defiende a Morales Bermúdez
Nelson Manrique: Que la justicia se pronuncie
Isaac Bigio: La moraleja de Bermúdez
José de la Puente Radbil: Morales Bermúdez rechazó participar en Operación Cóndor
Informe de Terra España sobre el caso
Juan Gargurevich: El general Morales Bermúdez y el periodismo

PUCP: OJO CON UN JUEZ Y UN ABOGADO

Hoy Perú.21 da dos datos bien precisos sobre el caso de la Católica:

La sentencia que declaró improcedente el amparo presentado por la Universidad Católica contra el representante del Arzobispado de Lima, en la disputa por la administración de los bienes heredados de José de la Riva Agüero, tendría una curiosa explicación. Resulta que el juez de la causa, Jaime Román Pérez, mantendría estrechos vínculos con el abogado del Arzobispado, Vicente Walde Jáuregui, ex magistrado destituido por el CNM.

Se sabe también que el juez Román habría recibido insistentes llamadas del titular de la Octava Sala Civil de Lima, Manuel Soller Rodríguez, quien es muy amigo de Walde Jáuregui. Es más, Soller es quien preside la sala que resolverá la apelación de la sentencia. Con semejante ‘ayuda’ no es un milagro que el cardenal Juan Luis Cipriani haya vencido en este primer asalto a la Universidad Católica.

Walter Walde Jaúregui fue Vocal de la Corte Suprema y fue destituido por el Consejo Nacional de la Magistratura. ¿El motivo? Anular una sentencia definitiva pasada en autoridad de cosa juzgada, dictada por la propia Sala que él integraba. Osea, ir contra sus propios precedentes. Este abogado es el representante de Cipriani.

Pero no es el único antecedente. Según una hoja de vida confeccionada por el Instituto de Defensa Legal, el abogado del Cardenal tiene estas observaciones:

Se le vincula con el Apra. El caso que más se le recuerda es el de su participación en la estatización de la banca decretada por Alan García en 1987, cuando desestimó una acción de amparo que pretendía impedir la intervención de los bancos, cuando ya otro juez, Eduardo Raffo, había dispuesto el cese de la misma.

En 1991 estuvo involucrado en una investigación que realizó la Oficina de Control Interno sobre un supuesto intento de soborno, que habría comprendido a su secretario y a funcionarios de la Central de Crédito Cooperativo, la CCC. La investigación se interrumpió con el golpe del 5 de abril de 1992 impidió una investigación exhaustiva de la denuncia.

Y sobre Manuel Soller, podemos decir que es un juez que según el Colegio de Abogados era solamente regular. Asimismo, fue procurador del Estado en la época de Fujimori, para defender el Decreto Legislativo 776, que quitaba recursos a las municipalidades provinciales.

Y no deja de tener vínculos con el APRA. Su hermano, Luis Felipe Soller, ha sido “Representante Personal del Presidente de la República Dr. Alan García Pérez para asuntos relativos a la problemática nacional en la gestión del Estado” y “Asesor de la Secretaria General de la Presidencia de la República desde 1986 a 1990”.

Dada la cercanía del Cardenal y del Presidente, como que algo no está bien en esta historia.

(Fotoshop: El Morsa)

PUCP: CUANDO PASE EL TEMBLOR

En 42 días dejaré las aulas universitarias. La PUCP – que se ha convertido en mi segunda casa – me ha dado experiencias buenas y no tan buenas, la oportunidad de contar con una formación que va más allá de lo estrictamente profesional y, por supuesto, de conocer a mucha gente muy valiosa.

Anoche, conversando con alguien a quien siempre agradeceré a la vida y a mi segunda casa haberla conocido, me hizo recordar que mi querida PUCP sigue en peligro.

Esta semana, los dos diarios favoritos del Cardenal y Primado del Perú – Expreso y Correo – informaron sobre la demanda de amparo que la Universidad interpuso frente al representante de Cipriani ante la Junta Administradora de los bienes de Riva Agüero: la demanda habría sido declarada improcedente en primera instancia.

Como dice el Comunicado que la PUCP nos dio a conocer el martes último, resulta bastante extraño que los dos diarios más requeridos del Arzobispado hayan tenido noticia de esto antes que las partes.

¿Y que implica la improcedencia de la demanda? Pues no es un pronunciamiento sobre el fondo del asunto, que tiene que ver con las cláusulas del testamento de Riva Agüero – a pesar de lo que diga cierto abogado cuyos pronósticos sobre la extradición fueron totalmente errados y sesgados -, sino que implicaría – y utilizo el condicional pues hasta ahora no tengo acceso a la sentencia – una de dos cosas: una declaración de carácter formal sobre algún requisito de la demanda o que el juez consideró que el tema no se debe ventilar en un proceso de defensa de derechos fundamentales, sino que hay otras vías judiciales que considera como más adecuadas para ello.

La pelea sin duda, será de largo aliento. La PUCP ya señaló que apelará el fallo y, de ser posible, llegará hasta el Tribunal Constitucional. Y ese es el cauce en donde deberá manejarse, prioritariamente, este tema.

Sin embargo, el terreno de la opinión pública también es importante. Y por ello es que reafirmo lo que dije en su momento. El testamento de Riva Agüero da la razón a la PUCP sobre la propiedad y no dice nada sobre la orientación ideológica de la Universidad. Y este es un tema que va más allá de la propiedad o el manejo de los bienes de la Católica. Tiene que ver con como concebimos una universidad confesional, que en este caso se ha manejado como Universidad antes como producto de una confesión, basándose en la libertad que, además, no es incompatible con el catolicismo. No es solo un tema de libertad, sino también de libertades.

A pesar que la Católica también tiene sus problemas, por mi parte, seguiré defendiendo a mi Universidad, pues seguirá siendo la casa en donde me formé y donde he vivido varios de los años más intensos de mi aun corta vida. Como dijo Jorge Bruce: “Si se meten con nuestra mamá, nos van a encontrar a todos al frente”.

MAS SOBRE EL TEMA:
El caso PUCP en Desde el Tercer Piso
Menos Canas: PUCP: de largo aliento

OTRA DE JUAN LUIS

Vaya que ha causado impacto nuestro post de hoy sobre la defensa que hacía el Cardenal Juan Luis Cipriani del proceso electoral del 2000, que explica porque hoy reclama que no se haga tantas olas con el juicio a Fujimori.

Muchas veces los lectores son los principales colaboradores de este blog. El primer plato de hoy lo puse yo. El siguiente, es cortesía de un habitual lector de DTP, quien me ha enviado esta nota de Expreso, correspondiente al sábado 12 de febrero de 2000. Otra más donde el Arzobispo de Lima avala el fraudulento proceso electoral.

Una evidencia de que esto no fue una declaración aislada, sino parte de una concordancia con el régimen más corrupto de la historia peruana.

Mañana: una historia de porque se puede afirmar que hubo fraude en el 2000. ¡No se lo pierda!

EL CARDENAL Y LAS COINCIDENCIAS

O porque Juan Luis Cipriani habla de “no polarizar” el país

El fin de semana, luego de la llegada del hoy presidiario Alberto Fujimori, el Cardenal Juan Luis Cipriani se mandó con unas declaraciones que nos hicieron recordar su cercanía con el huesped del Fundo Barbadillo. Habló de un “país polarizado y dividido” o a “dejar de lado los odios y las venganzas”. Más que un pastor de almas, Monseñor parecía César Nagasaki.

Pero quizás, más que a Fujimori, el prelado procuraba defender algo más: la amnesia de los peruanos sobre su trayectoria.

Un episodio poco conocido de la trayectoria del Arzobispo de Lima tiene que ver con el proceso electoral del 2000. Ya saben, el más inmundo desde 1950, cuando Odría se hizo elegir como candidato único. Las firmas falsas de Perú 2000, el cierre de los medios de comunicación a la oposición, el uso de recursos del Estado, el uso de cabinas de Internet para modificar los resultados de la primera vuelta, etc. Todo esto había sido denunciado por los candidatos de la oposición y puesto en evidencia por organizaciones no gubernamentales que vinieron como observadoras a este proceso. Cabe destacar la labor que cumplieron el National Democratic Institute y The Carter Center, a las que claro, los seguidores del Chino les decían de todo.

Claro, eso podía esperarse de Francisco Tudela, Fernando de Trazegnies o Martha Chávez, pero, ¿de un prelado de la Iglesia Católica? Ver para creer, como diría Santo Tomás.

Esta nota hecha a Cipriani corresponde a la edición del sábado 18 de marzo de 2000, en Expreso, controlado en ese entonces por Eduardo Calmell del Solar y alquilado por Montesinos. Entre las cosas que dice el Cardenal, estas son las frases más resaltantes:

“Esas ONG, que están a punto de perder la credibilidad, vienen a fabricar un carnaval”.
“Todo hombre, también los obispos, tiene amor a su patria. Yo, con la soberanía de mi patria y como peruano, le pido a Estados Unidos sus inversiones y su dinero, pero no estoy de acuerdo que esas instituciones – no el gobierno norteamericano – pretendan marcar un ritmo de vida e imponérselo al resto del mundo”
.

Cabe recordar que, por esa misma época, Fernando de Trazegnies, canciller de la dictadura, hablaba del relativismo cultural como justificación para los atentados contra la democracia y los derechos humanos cometidos por el fujimorato. Palabras más o menos que las proferidas por el Cardenal.

Pero Cipriani no solo coincidía con de Trazegnies. Días más tarde, alguien iría un poco más allá:

El mismísimo Chino, según registraba Expreso el lunes 3 de abril de 2000, decía que “Organismos no gubernamentales vienen del exterior para coordinar con organismos peruanos y luego pretenden decir que el proceso electoral es fraudulento”.

6 días más tarde, empezaba la última parte de la resistencia.