LA CARNE Y EL HUESO

Esta mañana fue capturado Jesús Sosa Saavedra, el único miembro del Grupo Colina que se encontraba en la clandestinidad.

El testimonio de Sosa – si es que se anima a contar todo lo que sabe – puede ser clave para aclarar varios de los casos sobre violaciones a los derechos humanos ocurridos durante las décadas de 1980 y 1990. Su participación en hechos de sangre no se limita solo a Colina, sino también a una larga estancia en Ayacucho, en la que intervino en desapariciones y ejecuciones extrajudiciales. No en vano fue una de las fuentes principales de Muerte en el Pentagonito, la investigación de Ricardo Uceda sobre la actuación del Ejército peruano en aquellos años.

Esta captura se produce en un momento clave en el proceso a Alberto Fujimori. Ayer, Umberto Jara indicó que en el Perú se aplicó la guerra de baja intensidad, una doctrina militar norteamericana que enfatizaba en el uso de operaciones encubiertas, las cuales, en teoría, debían ser selectivas. En la versión norteamericana de esta teoría, se enfatizaba mucho en un discurso público que defendiera los derechos humanos, mientras que, en la práctica, se realizaban desapariciones y ejecuciones extrajudiciales.

En el Perú, tuvimos una versión propia de esta doctrina. Para Jara, la aplicación de la doctrina fue una respuesta a la insanía de Sendero Luminoso: Sendero hacía un atentado o mataba a alguien, el Ejercito tenía que responder con una acción similar. Ese es el famoso Ojo por Ojo que titula su libro. Lo curioso es que esta doctrina no fue necesaria para la derrota de la subversión, tal como los fujimoristas aún se empeñan en difundir.

La Comisión de la Verdad y Reconciliación también estableció que la teoría de baja intensidad fue acplicada a la peruana, con el control del SIN sobre las acciones del Destacamento Colina, una creación híbrida que tuvo a agentes del Servicio de Inteligencia del Ejército, los cuales eran insertados en los teatros de operaciones con una orden expresa a los jefes: denles todas las facilidades para que hagan su trabajo. Y ya sabemos a que trabajos nos referimos.

Dice la CVR:

“Las operaciones especiales de inteligencia forman parte de las operaciones militares regulares y no pueden ser planeadas ni ejecutadas a espaldas del jefe operativo ni del jefe de la región militar o frente contrasubversivo donde tengan lugar. Pero esto fue precisamente lo que hizo Montesinos desde el SIN. Los jefes operativos eran inducidos a dejar que se efectúen en sus dependencias operaciones especiales organizadas y dirigidas desde el SIN y el Comando Conjunto. Los objetivos y personal de esas operaciones especiales bajo control directo del SIN y del Comando Conjunto con frecuencia no estaban claros para los jefes operativos locales o les eran simplemente desconocidos. Esta estructura paralela permitió a Montesinos emplear agentes de inteligencia y personal militar de operaciones especiales para trabajos sucios como ajustes de cuentas con narcotraficanes, amenazas, chantajes y sobornos y actos terroristas contra oficiales disidentes u opositores políticos, o para operaciones psicosociales especiales, destinadas a producir cambios de conducta en el público en general, como la matanza de Barrios Altos”.

(Informe Final de la CVR, Tomo II, página 353)

Y como bien sabemos, Montesinos solo tenía un jefe en la práctica: Alberto Fujimori Fujimori. Ello lleva a la CVR a concluir lo siguiente:

“Lo más significativo de este revés de la democracia es que fue producido por la nueva estrategia de conflicto de baja intensidad. De esta estrategia se esperaba que permitieran vencer al terrorismo sin producir numerosas violaciones de los derechos humanos ni retrocesos en la difusión de la democracia en el mundo. Lo primero se consiguió en el Perú parcialmente, pero al costo de crear grupos de operaciones especiales que no sólo cometieron excesos sino que, siendo miembros regulares de las Fuerzas Armadas peruanas (miembros del SIE), se convirtieron en el principal instrumento del SIN, la agencia central de los crímenes de Estado cometidos bajo el mandato y la autoridad directa del presidente Alberto Fujimori. En vista de que las amenazas de origen interno, reforzadas por las conexiones internacionales del narcotráfico, siguen siendo actuales en el Perú y América Lina, es muy importante revisar críticamente la formulación y aplicación de las ideas estratégicas de conflicto de baja intensidad, las cuales indican aún hoy el camino viable de la cooperación internacional para la seguridad y el nivel de fuerza adecuado de la lucha contra el terrorismo”

(IF CVR, Tomo II, página 306)

Creo que por allí está la clave de este asunto.

MAS SOBRE EL TEMA:
Utero de Marita: Las declaraciones sospechosas de Sosa

LA CONFIRMACION DE SOSA

Revelación sobre muerte de espía ecuatoriano es confirmada ante Poder Judicial.

La noticia más sorprendente del día es la declaración jurada enviada por Jesús Sosa Saavedra, miembro del tristemente célebre Grupo Colina, a la Segunda Sala de Terrorismo, en la que confiesa su participación en uno de los crímenes revelados por el periodista Ricardo Uceda en el libro Muerte en el Pentagonito.

Como es conocido, la investigación realizada por Uceda tuvo como principal fuente al ex agente del Servicio de Inteligencia del Ejército, quien además de participar en las conocidas acciones de Colina durante el gobierno de Alberto Fujimori, también participó en otras ejecuciones extrajudiciales y torturas durante la lucha contrasubversiva en la década de 1980.

Sin embargo, el caso revelado no tiene relación con la lucha contra el terrorismo, sino sobre un poco conocido caso de espionaje, ocurrido en 1988, durante el primer gobierno de Alan García.

Enrique Duchicela era un sargento de la Fuerza Aerea Ecuatoriana que cumplía funciones diplomáticas en nuestro país. Este oficial resultó ser el enlace con oficiales del SIE peruano que se encargaban de proporcionar información al vecino del norte, en momentos en que aún no habíamos resuelto nuestro diferendo limítrofe. El teniente EP Marco Barrantes fue identificado como uno de los vendedores de la información.

De acuerdo a lo señalado por el libro de Uceda, confirmado hoy por Sosa en su declaración, el jefe del SIE de aquel entonces, coronel Oswaldo Hanke, y su superior inmediato, el comandante Harry Rivera, encargaron al agente de inteligencia realizar una operación de seguimiento y captura del espía ecuatoriano. Ya se había detenido a Barrantes, quien se encontraba en los sótanos del Pentagonito.

Según Sosa, también habría tenido conocimiento del hecho el entonces Comandante General del Ejército Artemio Palomino Toledo.

Con posterioridad a su captura, Duchicela y Barrantes fueron eliminados por órdenes de Hanke y Rivera. Los cuerpos, de acuerdo a lo narrado por Uceda en su libro, posteriormente fueron cremados en un horno destinado para este tipo de operaciones. El Estado peruano nunca ha reconocido la desaparición o detención de ambas personas.

Como señala Uceda en su libro, hay varios temas a dilucidar:

La revelación de la pérdida (de documentos claves para la relación Perú – Ecuador), escondida en un expediente judicial hasta la aparición de este libro, habría producido un escándalo político en 1988. Las muertes evitaron el descrédito, la posible remoción de la cúpula militar. De otro lado, la desaparición de su espía indicó a Ecuador que el Perú sabía todo. Encajó el golpe, en la expectativa de devolverlo. Hasta hoy es un misterio cómo informó de esta sitación el comandante general del Ejército, Artemio Palomino, al Ministro de Defensa, Enrique López Albujar (asesinado por el MRTA en 1990), y al Presidente Alan García“.

Ni Palomino ni Alan García quisieron dar su versión de los hechos sobre este caso al periodista.

Actualmente vienen siendo procesados por este caso 5 personas: Hanke, Rivera y los suboficiales Julio Ramos Álvarez, Gumercindo Zambrano Salazar y Jorge Ortíz Mantas. Palomino no está comprendido en el proceso y Alan García no ha sido llamado como testigo. El Fiscal los acusa de secuestro y ha pedido 25 años de prisión para los implicados. No se ha ampliado el caso por torturas, desaparición forzada y asesinato.

Sosa es una personaje que sabe bastante. Quizás sea el momento en que, de una vez por todas, se presente ante el Poder Judicial y declare todo lo que conoce. Ello no le librará de la condena por los crímenes en los que participó, pero permitirá ir develando algunos de los cementerios secretos del Ejército Peruano.