CAVIARES, INTOLERANTES Y GOBERNANTES

Si hay un mote que ha pegado en la política peruana es el de izquierda caviar, palabra que el fujimorismo y el conservadurismo rescataron de las críticas que en Europa se hacía a cierto sector de la socialdemocracia o de la izquierda que provenian de los sectores altos y medios de la sociedad.

Sobre el uso de este término en el Perú, Gonzalo Gamio anota lo siguiente:

La extrema derecha no cuenta con cuadros intelectuales – está claro –, pero su prensa difamatoria y mediocre se ha anotado un lanzamiento de tres puntos, dado que algunos buenos escritores progresistas están usando el término (cargando con el conjunto de prejuicios que le subyace): se trata de una auténtica y lamentable colonización conceptual. Estamos asumiendo su vocabulario, y por lo tanto (al menos en parte) sus sentidos implícitos para nuestra percepción y juicio en el plano político.

¿Y cuáles son esos sentidos implícitos? Martín Tanaka, en la primera parte de una discusión sobre este término, lo ilustra:

De otro lado, el término se usa para criticar algo así como el pensamiento “políticamente correcto” o “progresista”, vinculado a la defensa de los derechos humanos, principalmente. En ese sentido, se superpone con el calificativo de “cívico” que también se usaba mucho hasta muy poco, se superpone también con la crítica al “liberalismo de izquierda”. Así, puede haber liberales, no izquierdistas, que terminan siendo “caviar”. Acá ya el término pierde especificidad y sentido, aunque mantiene la crítica a lo que se considera la impostura de algunos, que pertenencen a sectores medios y altos, que son parte de un “círculo” relativamente cerrado, que defenderían ciertas posiciones principalmente porque ello otorgaría a sus proponentes status o beneficios económicos. Acá el término se usa con fines exclusivamente denigratorios.

Tres anotaciones a lo que señala Tanaka, que me parecen pertinentes.

La primera, es que la utilización del término comienza luego del periodo de transición, cuando varias de las banderas esgrimidas desde parte de los sectores que conformaron la parte más visible del movimiento de recuperación a la democracia fueron tomadas en cuenta por los gobiernos: lucha contra la corrupción, defensa de los derechos humanos, formación de la Comisión de la Verdad, entre otros tópicos. Todos afectaron determinados intereses que se sintieron golpeados y, ahora, que se han reagrupado ante la debilidad de los gobiernos de Toledo y García, emprenden campañas en contra de dichos tópicos y sus defensores.

La segunda, es la coincidencia de agendas entre personas provenientes de las canteras de la izquierda con quienes son más consecuentes con el liberalismo. No en vano a Rosa María Palacios – por mencionar un solo ejemplo .- le han dicho que se ha “caviarizado”, por asumir una agenda sobre derechos humanos que, en realidad, es consecuente con el liberalismo que defiende. Como lo he mencionado en otra oportunidad, el problema en el Perú es que muchos han confundido liberalismo exclusivamente con la defensa de los intereses del mercado – y a media caña -, dejando de lado el componente político de esta corriente ideológica.

Y la tercera, es que más allá de la concordancia de ideas que puedan existir entre liberales y progres, ambos grupos tienen un serio problema en la acción política (es decir, más allá de la teoría): no han sabido construir propuestas políticas que, más allá de la perfección de sus planes de gobierno, puedan empatar con la ciudadanía. Es decir, si bien los temas que colocan en agenda son importantes, han tenido severas dificultades para convertirlos en una opción política popular. He allí un reto que va más más allá del tema de este post, pero que dejo anotado por sondierarlo importante.

Pero volvamos a la pregunta esencial: ¿Por qué se utiliza el término “caviar” en el Perú?

Una primera explicación es obstaculizar la permanencia o contratación de personas calificadas como “caviares” para trabajar en el aparato estatal. Esta es la versión más utilizada por los diarios Expreso y Correo, quienes no conciben que determinados temas formen parte de la agenda del Estado y a los que consideran como parte de los intereses de un grupo minúsculo.

Mirko Lauer ha respondido a esta variable de críticas, en un artículo reciente:

De otro lado está el rechazo a la competencia profesional de los cuadros “progres”, que son muchos y tienen el mismo conocimiento del Estado que los cuadros “neoliberales”, en el diseño de políticas públicas, y muchos bastante más en el diseño de políticas sociales. No es su postura tanto como sus conocimientos.

Por ello, muchas de las acusaciones contra varios funcionarios han provenido de “contaminar ideológicamente” a instituciones como las Fuerzas Armadas o supuestos malos manejos en su gestión, hechos que nunca han podido ser comprobados. Se pasa de la batalla de ideas – saludable en toda democracia – al más concentrado lanzamiento de lodo.

Pero un segundo punto más interesante de análisis sobre el uso del término “caviar” tiene que ver con la búsqueda de parar con el avance de una agenda que comulga la libertad de mercado, con apertura política, defensa de los derechos humanos, lucha contra la pobreza e impulso de temas como educación, salud y medio ambiente. En su segunda parte sobre este tema, Tanaka señala:

El razonamiento que considera la defensa de los derechos humanos, del Estado de derecho, de los derechos de las mujeres, la preocupación por la exclusión social, etc., como banderas de un grupo político-social minoritario (“caviar”), y por lo tanto pueden ser soslayadas, me parece muy grave. Y me parece que muchos sectores políticos manejan ese criterio. Esas serían ideas que “vienen de afuera”; lo supuestamente “de adentro” sería la eficiencia en la lucha contra la pobreza, el logro del desarrollo económico. Eso sería lo que le interesa a la gente. Lo otro, solamente a los “caviares”.

Este sentido común está muy presente en el gobierno. De un lado, al asociar el término caviar con izquierdistas o liberales consecuentes, el gobierno intenta arrinconar a quienes desde la universidad y otros foros públicos se han convertido en sus críticos más sustentados. De otro lado, al tener esos temas encapsulados hacia un sector que no tiene presencia política electoral, los menosprecia y los toma en cuenta dentro de su modelo. Y finalmente, no hay que olvidar la eterna pelea entre apristas e izquierdistas, que data desde tiempo de la pugna Haya – Mariátegui. Con estos factores, un converso como García se compra todo el paquete de críticas y no duda en fustigar a quienes lo critican, sobre todo, desde las veredas antes mencionadas.

El problema es que, con esta satanización, el gobierno – y sus aliados mediáticos, quienes no en vano son los impulsores de este término – dejan de lado componentes esenciales de la gobernabilidad, en la que izquierdas y derechas pueden poner sus acentos particulares sobre determinados puntos y que son centrales para el debate político de hoy.

Y si esto, como señala Augusto Álvarez Rodrich hoy, se da en un contexto en el que la tolerancia gubernamental a cualquier idea opuesta a la suya se va reduciendo de a pocos, comienza a ser preocupante para el futuro de la democracia en el Perú.

Cuidado, no vaya a ser que de la caricatura pasemos al hostigamiento que vaya más allá de los mediocres artículos presidenciales y terminemos como en el poema de Brecht: lamentándonos cuando nos lleven a nosotros, cuando antes llevaron a otros por pensar distinto.

BARRANTES E IU EN DEBATE

Entre todas las cosas que estoy leyendo en estos días, la que más me ha llamado la atención se ha encontrado en el blog de Martín Tanaka. Bajo el título de Barrantes: vicios privados, vicios públicos, el conocido sociólogo hace una severa (auto)crítica a lo que fue Izquierda Unida en los años ochenta y el papel que cumplió el más conocido de sus líderes de aquellos años.

Creo que el debate es primordial por tres motivos centrales.

El primero, es que varios analistas – tanto de izquierda como de derecha, pero sobre todo quienes han tenido simpatías zurdas – han señalado que, para que surja un nuevo partido de izquierda con fuerza electoral, debe tenerse un caudillo como Barrantes.

El segundo es que, frente a personas como Belaúnde, Paniagua o Barrantes, debido a su proverbial honestidad, se tiene a totemizar, sin ver cual fue su real legado histórico y sus posibles defectos.

Finalmente, es necesario ver cuales fueron los posibles errores y fortalezas de ese experimento, así como lo que ha cambiado en el país durante estos años, para ver que es lo que vale la pena rescatar y que no lo es.

El artículo de Tanaka cumple con esos tres requisitos. Sin dejar de reconocer su arrastre popular, honestidad y forma fácil de enganchar con la gente, el ex director del IEP demuele el mito de Barrantes y lo coloca en su debido lugar: como co-responsable de lo que fue la crisis de la izquierda peruana. Ya lo había anticipado en su libro sobre la crisis de los partidos en los años ochenta, pero esta vez es más explícito y directo.

Según Tanaka, la crisis comenzó cuando Barrantes se olvidó de hacer su chamba: es decir, gobernar Lima e ir a las bases de IU. Y si a ello se suma la crisis de radicalización en Izquierda Unida, que no se supo manejar bien, el liderazgo dentro de la izquierda por parte del ex alcalde de Lima estaba perdido en 1988, aproximadamente.

Y ello, a mi modo de ver, explica, en parte, porque nuestro país no tiene una socialdemocracia consolidada, sino un partido supuestamente socialdemócrata (el APRA) convertido en la locomotora del conservadurismo más ramplón y a los posibles iniciadores de un nuevo esfuerzo similar (Fuerza Social) empezando prácticamente desde cero.

Sin duda, Barrantes sigue siendo un personaje fundamental en la política peruana. Pero, tal como José Ignacio López Soria lo plantea sobre Mariátegui en un reciente libro, es necesario darle un entierro decoroso. Así como se debe plantear la discusión sobre el Estado – Nación en términos de un contexto dominado por la globalización – sin dejar de lado lo dicho en los años veinte, pero ya no tomándolo como referente central -, lo mismo debiera ocurrir en quienes piensan construir una aventura socialdemócrata o quienes pretenden analizarla.

Por ello, luego de leer este articulo, las preguntas que hace un tiempo me hice siguen quedando abiertas: ¿de verdad se sigue necesitando un caudillo para levantar a la izquierda? ¿No es necesario un mayor trabajo de base, además de contar con los cuadros técnicos que ya se tienen? ¿De qué tipo de izquierda se puede hablar en el siglo XXI?

El debate está abierto.

MAS SOBRE EL TEMA:
Roberto Bustamante: La izquierda en debate

¿UN INFORME DE ZURDOS?

En el interesante debate que se ha formado sobre el posicionamiento de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en la agenda nacional, iniciado por Martín Tanaka, ha vuelto a aparecer – aunque sin los epítetos repetidos hasta el hartazgo por cierto sector de la prensa – el argumento sobre si la presencia de personajes que militaron antes en partidos de izquierda condicionó el trabajo hecho por la CVR.

Para comenzar, habría que decir que de los 12 comisionados, solo serían 5 personajes los que corresponderían a este perfil: Carlos Tapia, Rolando Ames, Enrique Bernales, Sofía Macher y Carlos Iván Degregori. Ninguno de los mencionados estuvo a favor de la lucha armada durante el periodo del conflicto. Como lo recuerda Caretas:

Algunos críticos de la CVR se han valido de los antecedentes marxistas en el currículo de varios comisionados para desvirtuar los contenidos del informe. Una mirada un poco más inteligente revela un grupo heterogéneo del que las investigaciones se favorecieron.

Carlos Iván Degregori es un antropólogo y estudioso especializado en los temas de violencia, particularmente en todo lo acontecido en Ayacucho. Rolando Ames y Enrique Bernales son ex congresistas, pero ambos presentan perfiles muy distintos. Mientras que Ames es sociólogo y cientista político, Bernales se desarrolló como abogado constitucionalista y se desempeña como Director Ejecutivo de la Comisión Andina de Juristas. La socióloga Sofía Macher es ex secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Carlos Tapia estudió a fondo el fenómeno senderista. Y en esa mescolanza se termina la presencia de la izquierda en la CVR.

Esa presencia no desvirtuó el trabajo hecho. Por el contrario, se tuvo la distancia suficiente para hacer un capítulo bastante crítico sobre el papel de los partidos de izquierda durante los años ochenta, en el que se cuestiona de manera bastante dura el tardío deslinde que se hizo con relación a la violencia como medio para llegar al poder. También se describe el precario equilibrio y las divisiones que caracterizaron a Izquierda Unida. De haberse tenido algún sesgo, no se habría escrito un capítulo como este.

En ningún momento el Informe es condescendiente con Sendero o con el MRTA, como algún despistado director de un diario ha manifestado hoy. El informe señala que ambos grupos fueron los principales responsables de las muertes, se condena claramente su accionar y en ningun momento se plantean amnistias para ellos. Como contaba Salomon Lerner a los que ayer estuvimos en el Campo de Marte: ninguna muerte es justificable o aceptable, sea quien fuere la victima o el victimario.

Y para mayores señas, me permito colocar el primer párrafo del Tomo II del Informe Final, con el que comienza la explicación sobre Sendero Luminoso:

El Partido Comunista del Perú, conocido como Sendero Luminoso (PCP-SL), es una organización subversiva y terrorista, que en mayo de 1980 desencadenó un conflicto armado contra el Estado y la sociedad peruana. La CVR ha constatado que a lo largo de ese conflicto, el más violento de la historia de la República, el PCP-SL cometió gravísimos crímenes que constituyen delitos de lesa humanidad y fue responsable del 54% de víctimas fatales reportadas a la CVR.

Tampoco el Informe es antimilitarista o anticlerical, dos de las banderas que tradicionalmente se señalan como patrimonio zurdo. Se reconoce el esfuerzo y heroísmo de nuestras Fuerzas Armadas, pero no por ello se deja de señalar aquello que, desde una perspectiva ética totalmente compatible con la democracia liberal, debía decirse: que existieron violaciones a los derechos humanos que no fueron simples “excesos” o “costos a pagar”, sino que fueron severos daños a la dignidad humana. En el caso de la Iglesia Católica, termina siendo una de las instituciones que queda mejor paradas en el Informe Final. Claro, distinguiendo la actuación específica en Ayacucho, que ha sido documentada no solo por la CVR, sino en varios libros sobre la historia reciente de la Iglesia en el Perú.

Voy más allá y lanzo una idea más provocadora aún. Si se quiere calificar de alguna manera al sesgo de la CVR, tendría que ser un “sesgo liberal”. Me explico. El Informe Final contiene un detallado relato y caracterización jurídica de los hechos de violencia ocurridos entre 1980 y 2000. Muchos de estos hechos son violaciones a los derechos humanos que, por cierto, no fueron inventados por Marx, sino que tienen una raigambre liberal bastante fuerte. De hecho, el reconocimiento de los derechos a la vida y a la integridad personal, por mencionar los dos más afectados en un conflicto armado, fueron producto de las distintas revoluciones liberales en Europa.

De otro lado, el Informe no cuestiona al mercado como productor de recursos. Por el contrario, señala como una de las secuelas más importantes la pérdida del aparato productivo, lo que ha generado más atraso en el país o menores posibilidades para captar los beneficios del crecimiento macroeconómico. Quizás este sea un dato que nuestros economistas – tanto los de una orilla como los de otra – debieran tener en cuenta en sus análisis.

Finalmente, la CVR propone una serie de recomendaciones para refundar el Estado y establecer un pacto social en democracia, no para instaurar la dictadura del proletariado.

Así, el sesgo “zurdo” se vería reducido a las cuestiones como pobreza, exclusión o discriminación, puestos como telón de fondo del conflicto, que generalmente han sido banderas de la izquierda. Sin embargo, con los nuevos enfoques de economía del desarrollo, señalados por Amartya Sen de manera clara, estas preocupaciones pasan a interesar a los liberales más consecuentes. De hecho, este enfoque termina señalando que el desarrollo de las capacidades humanas y, por ende, del desarrollo humano, está directamente relacionado con la vigencia de todos los derechos humanos.

En suma, calificar al trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación como un producto de la izquierda no tendría mucho sustento. Quizás la pregunta tendría que ser porque nuestra derecha no ha defendido con la misma vehemencia que el libre mercado a los derechos humanos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Salomón Lerner Febres: García ha hecho poco por DDHH
La República: Investigaciones por la violación de derechos humanos sigue siendo una tarea pendiente.
Juan Paredes Castro: Apelando a la acción del Estado, ¿de qué Estado?
Mirko Lauer: ¿Damnificados hasta cuando?
José Talavera: Lugares comunes sobre el Informe Final de la CVR

MCCARTHY GARCIA

“El comunismo ha fracasado en su intento de promover el desorden y el caos en el país, el comunismo que desde hace un buen tiempo viene tomando posiciones disociadoras para frenar el avance económico y social que el Perú tiene, ha propalado una y otra vez y lamentablemente con la ayuda de algunos medios de comunicación, la idea que podía atacar el corazón del orden y la seguridad del país que está en la Policía Nacional y la Fuerzas Armadas. El comunismo intenta agitar, promover e instigar supuestos desordenes al interior de las fuerzas del orden, no tiene más propósito, que el eterno propósito del comunismo, enfrentar a los peruanos”

Si no tuviera la palabra Perú y peruanos, creería que que esta frase fue pronunciada por Joseph McCarthy, el perseguidor de comunistas en Estados Unidos durante la década de 1950, lo que ocasionó que ese periodo fuera conocido como la “caza de brujas”.

Pero quien la profirió fue nada menos que Alan García, Presidente Constitucional de la República del Perú y presidente de un partido democrático, el APRA, frente a la frustrada huelga policial que se anunciaba vía mail y en algunos medios de comunicación.

Creo que nadie en su sano juicio quisiera una huelga policial, pero tampoco estamos conformes con los bajos sueldos y calidad de vida que tienen los policías – sobre todo, los suboficiales – y me parece legítimo que los partidos políticos intenten representar a dicho sector que, además, desde hace un par de años, vota. De hecho, el actual Presidente del Congreso ha hecho parte de su carrera justamente bregando para la mejora de la calidad de vida de militares y policías – aunque con gazapos autoritarios como querer una amnistía para los que violaron derechos humanos – y así se convirtió en referente para este sector. Si Gonzáles Posada puede, ¿por qué no otros partidos, quienes, por cierto, no han tenido que ver con esta convocatoria?

Preocupa ciertamente esta declaración del Presidente de la República. Aunque a estas alturas, el comportamiento del jefe de Estado ya no es de extrañar. De hecho, desde inicios de este periodo, varios personajes del gobierno y medios afines al mismo padecen de una misma enfermedad: macartismo. Primero se refirió a la izquierda democrática y al movimiento de derechos humanos y hoy se refiere a los sindicatos y a los partidos de izquierda radical.

Ni el Presidente, ni sus compañeros, ni sus aliados mediáticos han entendido que, en democracia, hasta los sectores más radicales tienen que estar representados. Empujarlos fuera del sistema o satanizarlos provoca solo dos efectos: el primero, darles más importancia de la que realmente tienen en el juego político; el segundo, empujar a estos sectores hacia opciones que linden con la lucha armada y de allí el camino hacia algo como Sendero Luminoso está garantizado.

El sistema político de los años ochenta, con todos los deméritos que tuvo, tenía el plus de incorporar a todos los sectores del espectro político peruano: desde los radicales de izquierda hasta los radicales de derecha. Ello evitó que más sectores se incorporaran a Sendero Luminoso o al MRTA o que se resistiera los embates del terrorismo en varias zonas de nuestro país. Y eso a pesar de la división de la izquierda y de su tardío deslinde con la lucha armada como forma de hacer política.

Creo que en el Perú no se ha logrado entender que los proyectos nacionales no son de un solo sentido, sino que tienen que incorporar los aporte de todos. Aun se cree, en la izquierda, la derecha y el aprismo que su receta para cambiar las cosas es unívoca, sin errores y que cualquier aporte del sector contrario la vuelve impura o impracticable. No creen en la concertación y parece que tampoco en la democracia, a la que solo entienden – como Aldo Mariátegui – en un mero mecanismo de elección de autoridades y no en una forma de vida que implica el respeto de quien piensa distinto y no su satanización.

Discrepar no es insultar, Dr. García.

HILDEBRANDT Y LA ZURDA



Hoy Hildebrandt, en su columna diaria en La Primera, se responde a la pregunta de porque no tenemos una izquierda meridianamente sensata y democrática y que, además, tenga arraigo popular.

El periodista hace varias reflexiones históricas: la muerte temprana de Mariátegui (José Carlos, por siaca), el dependentismo de la zurda local de lo que Moscú y Pekín decían y, finalmente, un Alfonso Barrantes que, a pesar de ser lo más carismático que parió la izquierda en el país, coqueteó demasiado con el APRA y terminó devorado por los radicales. De esa visión histórica podemos coincidir algo, poco o nada. Personalmente, creo que tiene mucho de cierto, aunque creo que resulta ser bastante injusto con Barrantes.

Cuando llega al análisis contemporáneo es donde se le van más los adjetivos, pero no deja de tener algo de razón:

El muro cayó en 1989 –hace 18 años– y la izquierda sigue aquí pasmada. Sólo Susana Villarán lo ha intentado, sin éxito ni poder de convocatoria.

¿Y por qué un país que perdió su centro-izquierda cuando el Apra decidió ser de centro-derecha continúa sin tener centro-izquierda? ¿Qué maldición es ésta? ¿Qué malía nos han hecho?

Sucede que parte de la izquierda pensante está desparramada en las cuantiosas ONG financiadas por el primer mundo (y vaya usted a saber si ese primer mundo no los financia para que no tengan la tentación de ser partido y quizás gobierno). Sucede que otra parte de la izquierda sigue creyendo que Mario Huamán y su banda de destructores es un líder atractivo para las masas. Y sucede que gente valiosísima como Javier Diez Canseco sigue pensando que en La Habana tienen algo que enseñarnos y que el mimeógrafo de La Católica sigue atascándose por falta de servicio.

Sobre Javier Diez Canseco, ya he escrito en otra ocasión in extenso sobre lo que pienso de su dicotomía entre su honestidad personal y política y su aupamiento con autócratas. Así que procuraré concentrarme en los otros dos grupos de la zurda lorcha.

Desde mi punto de vista, las ONG’s no son una trampa del primer mundo como seguramente H. lo debe haber leido de Chomsky. Pero ciertamente, para muchos zurdos pensantes, la disyuntiva entre el trabajo y la lógica onegenil y la política es quizás una de las mayores trabas para que se puedan consolidar como una alternativa política. Algo están procurando hacer con el pacto entre el PDS y movimientos regionales (entre ellos, el de Vladimiro Huaroc, Presidente de la Asamblea de Gobiernos Regionales), pero aun esa alternativa se está construyendo y necesitará de tener mayor conexión popular para que tenga éxito.

Tampoco creo que Mario Huamán tenga una banda de destructores como señala Hildebrandt. Por el contrario, Huamán, como dirigente de Construcción Civil, logró que regresara la negociación colectiva y que salieran las bandas de delincuentes del sindicato. Pero claro, cuando le preguntas de política, te sale con las mismas ideas de hace 20 a 25 años. Es decir, lo que he llamado “Izquierda Oxígeno”, por la regresión a los 80’s.

El Perú requiere de una derecha democrática y una izquierda moderna. Pero, al ritmo que vamos, parece que ninguna de las dos estará en el horizonte del 2011.

ACLARANDO POSICIONES

En este blog y en el de Marco Sifuentes, se ha desatado un debate acerca de las detenciones de los dirigentes del SUTEP y del ex parlamentario Javier Diez Canseco. El debate no solo ha comprendido el hecho de las detenciones en sí – a esta hora, varios de los ayer retenidos, incluyendo a Diez Canseco, han recuperado su libertad – sino también sobre las protestas sociales, las posiciones de izquierda y derecha, Ollanta Humala y las posiciones frente al gobierno de Alan García.

Por ello, creo que es necesario aclarar algunos puntos sobre mi posición personal sobre todos estos temas.

Sobre el tema coyuntural que motivó el comentario de ayer, luego de ver las imágenes en los dos programas de las 11 de la noche, debo señalar algunas cosas.

Por un lado, la marcha de ayer no era autorizada y, por tanto, se tenía el perfecto derecho de impedir el desorden del tránsito en la ciudad. Ello no implica que apruebe los golpes y patadas que miembros de la Policía dieron a los dirigentes del SUTEP. El respeto a la ley y a los derechos de los demás, que las fuerzas del orden deben garantizar, no implica que la autoridad tenga carta blanca para abusar de su poder.

Por otro lado, en el caso de Javier Diez Canseco, no se ha podido ver una agresión de su parte, pero si un forcejeo en que teníamos a 10 policías rodeándolo. Ratifico mi opinión de ayer, en que creo que su detención fue arbitraria.

Creo en el legítimo derecho que tiene la gente a protestar por aquello que le parece injusto. Pero ese derecho, como todos, tiene un límite claro: los derechos de los demás. Los bloqueos de carreteras son una modalidad penalizada por la ley y, por tanto, aquellos que los practiquen o los azuzen como medio de protesta deben ser sancionados. Es un mínimo de orden que un país civilizado, como el que pretendemos construir, debe mantener para canalizar lo que, en muchos casos, son demandas plenamente justificadas.

En el caso particular de la huelga magisterial, hay que separar dos cosas. Por un lado, una Ley de Carrera Pública Magisterial que, luego de revisarla exhaustivamente, resulta ser adecuada para dos objetivos claros: mejorar la calidad de vida de los profesores – quienes se encuentran mal pagados y con condiciones de trabajo que francamente son inaceptables – y tener reglas claras en el ingreso y salida de los profesores, estableciendo criterios claros de evaluación. Quizás hay aspectos de la Ley que puedan mejorarse, pero la norma, en términos generales resulta siendo adecuada.

Por otro lado, el gobierno erró tremendamente al vender una norma solo como una ley de despidos, haciendo eco de lo que los aúlicos de una derecha cavernaria quieren conseguir: que cualquier resquicio de izquierda o afectación de lo que consideran sus intereses particulares desaparezca. Basta leer los editoriales de Expreso o las columnas de Aldo Mariátegui para notar el odio que destilan frente a todo aquel que piensa distinto a ellos.

Lamentablemente, eso también pasa en el lado zurdo más radical y varios de los comentarios a los blogs antes mencionados van en esa línea. Como se mencionó como réplica a estos comentarios, ocurre la siguiente ecuación:
Zurdos:
JDC = bueno
todo lo que él critica = malo
Derecha extremis:
JDC = malo
arrestarlo = bueno
Opositores a Alan:
el gobierno = malo
todo lo que se oponga a él = bueno

Esto, en todas partes del mundo, se llama maniqueismo y, como análisis político resulta siendo realmente pobre, pues no permite ver que los procesos políticos, sociales y económicos, como todo en la vida, son mucho más complejos de lo que el simple blanco – negro nos hace aparecer.

Con respecto a la izquierda, recuerdo un post que hice en plena campaña electoral llamado Esquizofrenia Zurda. En él analizaba como los tres grupos políticos que se presentaban con banderas de izquierda tenían diferentes banderas y signos. Los radicales que seguían teniendo un programa al estilo Oxigeno (es decir, full década de los 80’s), los democráticos y modernos que habían comprendido las bondades de la democracia y el mercado pero que seguían aspirando al cambio social y a la consolidación de los derechos humanos (lo que yo llamo, más bien, liberales de izquierda) y aquellos, como Javier Diez Canseco, que eran los que padecían realmente de esquizofrenia, pues no sabían si seguir cantando “Hasta Siempre Comandante”, aplaudir a Chavez y auparse a Humala, o si ir por el camino que la izquierda chilena – incluso la más radical – u otros países en la región han seguido.

Lo que critico en personas como Diez Canseco no es su trayectoria moral, tanto en lo público como en lo privado, sino que terminen aplaudiendo a dictadores como Fidel Castro, Hugo Chávez o a aprendices de tiranos como Ollanta Humala. Y es que, como lo conversaba con varias personas en estas horas, esta parte de la izquierda peruana construyó una utopía sobre la transformación social que era muy valiosa en muchos casos, dada la pobreza y la marginalidad subsistentes en nuestro país, pero que olvidaba que sin democracia y sin legalidad cualquier cambio es efímero, pues dura lo que el voluntarismo del gobierno de turno propone y puede terminarse vulnerando las libertades en nombre de una supuesta utopía igualitaria.

Y sobre Humala, me remito a un comentario previo a la segunda vuelta electoral:

Como toda persona que desconoce que la separación de poderes y funciones es consustancial a la democracia y a cualquier Estado que pretenda funcionar de manera adecuada, Humala nos vende la idea de que él y sólo él podrá encabezar una “gran transformación”, que con su mera voluntad se bajarán los combustibles al 30%, que por su mera imposición cambiará las reglas de juego, tanto las de la Constitución como los de los contratos de concesión, que por ser él quien lo decrete “nacionalizará” actividades económicas, sin precisarnos aún que es lo que ese vocablo, que tanto nos evoca a Juan Velasco Alvarado, significa.

Su impronta militar y su formación familiar hacen que Ollanta sea poco proclive a consensos y entendimientos, lo que es pernicioso para cualquier sistema democrático, en la que la voz de las minorías debe respetarse y en la que los acuerdos políticos – ojo, no las componendas – deben primar en los temas importantes.

No puedo votar por Humala, en suma, porque veo en él, nuevamente, la perversión de la política y la economía, aplicando una receta económica ya fracasada y con una vocación por la impunidad.

Ciertamente, el gobierno de Alan García ha cometido serios errores, sobre todo, en lo que respecta al campo de la institucionalidad, los derechos humanos, la lucha contra la corrupción y la impunidad. Y ha sido incapaz de generar consensos e improductivo para atender a los sectores que no votaron por él, aunque debe reconocerse que ha sabido mantener la estabilidad económica y tener algunas medidas puntuales que considero acertadas. La encuesta nacional de la PUCP, realizada a un año de mandato, confirma un bajón significativo en la popularidad del mandatario, que ya había sido registrado por la Universidad de Lima.

Pero a pesar de los errores, groserías, exhuabruptos y tensiones con el Presidente y las abiertas discrepancias que este espacio mantiene con su persona, no estamos a favor de cualquier interrupción del mandato constitucional o de intentos claros de sacarlo del poder. Eso sí, este blog seguirá estando alerta sobre aquellos actos que merezcan nuestra atención sobre la conducta del Gobierno en general, lo que no quiere decir que la oposición no deba ser criticada, tan o más que quien está en Palacio de Gobierno.

MAS SOBRE EL TEMA:
El Comercio: Ministro de Economía admite que la mejora no llega a todos los sectores del país.
Perú.21: En Trujillo, manifestantes intentan a acercarse a Alan
Fernando Obregón: La izquierda en el Perú. Ni calco ni copia, solo creación heroíca.
Y demostrando que no aprenden, congresista aprista Edgar Nuñez ataca a Defensora del Pueblo a través de El Peruano.

LOS GIROS EN LA PRIMERA

Hoy, el diario La Primera ha sufrido otro de los varios cambios que ha tenido durante su corta existencia.

UN DIARIO DE AZAROSA EXISTENCIA

Como recuerdan, el diario comenzó siendo dirigido por Juan Carlos Tafur, quien se llevó a buena parte de los columnistas que lo acompañaron durante su estancia en Correo, desde Rosa María Palacios hasta Javier Diez Canseco. El diario también dio cabida a personajes como Luis Giampietri y Lourdes Alcorta y mostraba, digamos, pluralidad en sus columnistas.

Luego de la campaña electoral, el diario, que pertenecía al empresario chakano José Lolas Miani, pasó a ser propiedad del pirotécnico Ricardo Wong, ex candidato presidencial y luego amigo del Presidente García. En ese tránsito, ingresó César Hildebrandt a tener una columna diaria y salió Tafur del diario, siendo el nuevo director el periodista Carlos Quiroga, bastante cercano a las filas apristas.

Como sabrán, luego vino el affaire Federico Dantón, revelado por Hildebrandt en su columna y los despidos del columnista y de Quiroga. Entró luego Juan de la Puente, que se retiró por motivos de trabajo y, posteriormente, Enrique Sánchez Hernani. Y, en nuevo desbarajuste con Wong, en enero de este año, Sánchez Hernani y 10 periodistas más renunciaron al medio. A los pocos días, Hildebrandt también se fue.

Ocupó la dirección el militar en retiro Juan Sebastían Verástegui Marchena, ex editor de Actualidad Militar, la revista oficial del Ejército Peruano. Resulta más curioso que Ricardo Wong haya contratado a alguien que ponía su Curriculum en Neurona.com antes de ser director de un medio. El medio se vino en picada, perdió credibilidad, contrató como columnistas a Javier Espinoza (¿se acuerdan?, el candidato de los guantes blancos), el general aprista Germán Parra Herrera y, glup, Luz Salgado Rubianes.

EL NUEVO RUMBO DEL DIARIO

Pues bien, hoy La Primera sale con nueva diagramación, director y línea editorial.

El nuevo director es el conocido periodista de izquierda César Lévano. En su primera columna al frente del medio, ya va señalando por donde van a ir los tiros:

No hay primera sin segunda. Este diario inicia hoy una nueva etapa. Lo hace en momentos en que los factores de crisis se acumulan en la amplia rosa de los vientos del país.

A los gobernantes se les dijo, se les advirtió, se les demostró con abundantísimas razones. No hicieron caso.

Contra la sordera social y la miopía política, contra la claudicación nacional del neopierolismo pro chileno, surge ahora la nueva versión de LA PRIMERA. Será, pues, un diario de oposición.

Dejamos a otros el triste privilegio de callar cuando la corrupción se reinstala en las alturas, y el abuso y la sobreexplotación –así como las sobreutilidades— se enseñorean.

Y en otro párrafo, para que no nos quede duda de la filiación del diario:

“Estos principios conducen a definir este diario como agrarista, regionalista y amazónico, vinculado a la defensa de los obreros, los campesinos y los empresarios nacionales y nacionalistas”

Otras novedades: Hildebrandt vuelve como columnista fijo del diario, el polémico periodista (tambien zurdo y radical) Raúl Wiener será el jefe de investigación. Como pueden notar, este medio se coloca claramente a la izquierda de La República. Un giro de 180 grados con lo que han representado sus anteriores lineas editoriales.

De acuerdo con Pepitaspuntocom, el nombre de Lévano fue sugerido por Hildebrandt, con quien tiene una amistad de vieja data. Pero también la presencia de Wiener se debería a H., dado que fue columnista de Liberación, cuando ese diario estaba bajo la dirección del conocido periodista.

LOS HOMBRES DETRAS DE LA PRIMERA

La Primera ha cambiado de manos. Se ha vendido el nombre – no así el logo – y se ha formado una nueva empresa editora. Se sabía que Martín Belaúnde, personaje vinculado a Ollanta Humala, estaba detrás del diario. Sin embargo, aunque no se ha podido confirmar que Belaúnde es el verdadero dueño, aparecen otras personas como accionistas de este medio.

Por ello, resulta interesante conocer quienes están detrás del nuevo diario. Primero, veamos la partida electrónica de Las Rosas Editorial SAC, la nueva empresa detrás de La Primera.


Los accionistas son Gastón Cajina Barrera (Presidente del Directorio), Jorge Chang Soto (Director y Gerente General) y Francisco García Lozada. Resulta bastante variopinta esta mezcla, dado que Cajina es Secretario Nacional de Organización del PPC (ello explique quizás porque la primera entrevistada sea Lourdes Flores) y regidor en la Municipalidad de La Molina, mientras que Chang Soto ha sido Personero Legal del Partido Nacionalista Peruano.

Es decir, un propietario pepecista y otro humalista, un director marxista clásico, un columnista central que podría llamársele de simpatías zurdas y un radical de izquierda de jefe de investigaciones. La pregunta es: ¿qué saldrá de todo esto?

Esperemos que sean los intereses periodísticos, más allá de las tendencias particulares de las personas que se han arrejuntado en este proyecto, los que primen en esta nueva etapa de La Primera. Es saludable ver nuevas alternativas en el mercado periodístico, pero habrá que ver si esta termina de cuajar.