BARRANTES E IU EN DEBATE

Entre todas las cosas que estoy leyendo en estos días, la que más me ha llamado la atención se ha encontrado en el blog de Martín Tanaka. Bajo el título de Barrantes: vicios privados, vicios públicos, el conocido sociólogo hace una severa (auto)crítica a lo que fue Izquierda Unida en los años ochenta y el papel que cumplió el más conocido de sus líderes de aquellos años.

Creo que el debate es primordial por tres motivos centrales.

El primero, es que varios analistas – tanto de izquierda como de derecha, pero sobre todo quienes han tenido simpatías zurdas – han señalado que, para que surja un nuevo partido de izquierda con fuerza electoral, debe tenerse un caudillo como Barrantes.

El segundo es que, frente a personas como Belaúnde, Paniagua o Barrantes, debido a su proverbial honestidad, se tiene a totemizar, sin ver cual fue su real legado histórico y sus posibles defectos.

Finalmente, es necesario ver cuales fueron los posibles errores y fortalezas de ese experimento, así como lo que ha cambiado en el país durante estos años, para ver que es lo que vale la pena rescatar y que no lo es.

El artículo de Tanaka cumple con esos tres requisitos. Sin dejar de reconocer su arrastre popular, honestidad y forma fácil de enganchar con la gente, el ex director del IEP demuele el mito de Barrantes y lo coloca en su debido lugar: como co-responsable de lo que fue la crisis de la izquierda peruana. Ya lo había anticipado en su libro sobre la crisis de los partidos en los años ochenta, pero esta vez es más explícito y directo.

Según Tanaka, la crisis comenzó cuando Barrantes se olvidó de hacer su chamba: es decir, gobernar Lima e ir a las bases de IU. Y si a ello se suma la crisis de radicalización en Izquierda Unida, que no se supo manejar bien, el liderazgo dentro de la izquierda por parte del ex alcalde de Lima estaba perdido en 1988, aproximadamente.

Y ello, a mi modo de ver, explica, en parte, porque nuestro país no tiene una socialdemocracia consolidada, sino un partido supuestamente socialdemócrata (el APRA) convertido en la locomotora del conservadurismo más ramplón y a los posibles iniciadores de un nuevo esfuerzo similar (Fuerza Social) empezando prácticamente desde cero.

Sin duda, Barrantes sigue siendo un personaje fundamental en la política peruana. Pero, tal como José Ignacio López Soria lo plantea sobre Mariátegui en un reciente libro, es necesario darle un entierro decoroso. Así como se debe plantear la discusión sobre el Estado – Nación en términos de un contexto dominado por la globalización – sin dejar de lado lo dicho en los años veinte, pero ya no tomándolo como referente central -, lo mismo debiera ocurrir en quienes piensan construir una aventura socialdemócrata o quienes pretenden analizarla.

Por ello, luego de leer este articulo, las preguntas que hace un tiempo me hice siguen quedando abiertas: ¿de verdad se sigue necesitando un caudillo para levantar a la izquierda? ¿No es necesario un mayor trabajo de base, además de contar con los cuadros técnicos que ya se tienen? ¿De qué tipo de izquierda se puede hablar en el siglo XXI?

El debate está abierto.

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Roberto Bustamante: La izquierda en debate