MAHOMA EN CARICATURA

Entre la tolerancia religiosa y la libertad de expresión.

Ayer miércoles empezó en Francia un juicio contra el semanario satírico Charlie Hebbdo. ¿El motivo? La publicación en sus páginas de las ya célebres caricaturas de Mahoma, el profeta mayor del Islam, que han sido consideradas ofensivas por varios grupos musulmanes.

La demanda, sin precedentes en el país galo, ha sido interpuesta por la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia y por la Gran Mezquita de Paris. Ambas organizaciones alegan que los dibujos constituyen “injurias públicas contra un grupo de personas en razón de su religión”.

En realidad, este problema se originó en Dinamarca cuando el diario Jyllands-Posten, decide romper el tabú de que la imagen del profeta mayor del Islam no es reproducible, convocando a los dibujantes daneses a caricaturizar a Mahoma. A través de esta invitación recibe 12 caricaturas, algunas de ellas vinculando el Islam con el terrorismo, que publica el 30 de septiembre de 2005.

Ello desató una serie de protestas en varios países de mayoría musulmana, con daños a la embajada danesa, y un serio debate sobre la relación entre la libertad de expresión y la tolerancia religiosa.

El tema, a mi modo de ver, es mucho más complejo que lo judicial. Tiene implicancias éticas, valorativas y, ciertamente, hay mucho de prejuicio circulando por allí sobre este tema.

¿UN TEMA DE LIBERTAD RELIGIOSA?

Quienes desde el mundo islámico tienen reparos frente a las caricaturas señalan que esta es una bandera que todos los musulmanes deben asumir, frente a una afrenta que se tiene contra Occidente. La altisonancia de sus declaraciones hace que se tenga

Para comenzar, es necesario señalar que la reacción que se tuvo en países musulmanes como Siria o Afganistán frente a las caricaturas – las que dicho sea de paso, no han sido ampliamente difundidas en el mundo musulmán – no fueron ni espontáneas ni masivas.

En Siria, una “república dinástica” liderada por el presidente Bashar al-Asad, la reacción frente a los dibujos fue manipulada. En dicho momento se tenían problemas en el Consejo de Seguridad por el asesinato del primer ministro libanés Rafik Hariri, por la que se pedía el retiro de las tropas sirias del Líbano.

En Afganistán, en cambio, las manifestaciones se produjeron frente los cuarteles de la OTAN y fue un pretexto para protestar por el real fastidio que se tiene con Europa: la presencia de los aliados europeos de Estados Unidos en su territorio para luchar contra los talibanes.

Mientras que en naciones de mayoría árabe como Indonesia o Pakistán, solo fueron cientos o decenas los que acudieron a estas manifestaciones, convocadas por movimientos con poco respaldo electoral.

El otro elemento a tener en cuenta es la conformación del Islam.

Por lo general, tenemos un prejuicio – llamado también Orientalismo – de procurar analizar a los musulmanes partiendo de la premisa de que la religión lo explica todo. Ello impide ver la diversidad cultural, conflictos internos y lazos con otras culturas.

Muchos desconocen que el Islam se considera la continuación de la tradición judeo cristiana. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son considerados como libros sagrados junto al Corán. Jesús de Nazaret es considerado como un profeta respetado.

De otro lado, debe tenerse en cuenta que el Islam no es monolítico. Tiene 1,200 millones de creyentes, no tiene una jerarquía centralizada, no cuenta con un líder infalible en cuestiones de fe y las divisiones que se tiene en el mundo musulmán tienen más que ver con temas políticos antes que con una interpretación religiosa.

¿LIBERTAD DE EXPRESION?

Desde Europa, el tema ha sido visto como de respeto a la libertad de expresión. Tanto frente al caso danés como frente al francés, varios diarios han publicado en solidaridad con estos medios las caricaturas de la polémica. De otro lado, varios intelectuales han firmado manifiestos en favor de la libertad de expresión, e incluso el candidato presidencial de la derecha francesa Nicolas Sarkozy se ha expresado en favor de la difusión de estas caricaturas, pues considera a la libertad de expresión como el valor a defender en este caso.

Pero no se toma en cuenta que en Esados Unidos y Europa existen leyes que penalizan ideas que inciten al odio. En aplicación de estas normas, se ha sancionado incluso con pena de cárcel a los negacionistas del Holocausto judío. El caso más célebre es el del historiador inglés David Irving, quien fue condenado en Austria a tres años de prisión por sus libros que niegan la responsabilidad de Hitler en estos hechos.

Independendientemente de la veracidad de estas teorías – yo estoy plenamente convencido de la existencia del Holocausto y que fue una de las peores atrocidades que ha conocido la humanidad – cabe preguntarse si la sanción de ideas – por más retorcidas que estas sean – debe ser un delito penal. Esa es la pregunta que se haría un liberal consecuente. Sin embargo, aquí cabría también preguntarse por el dolor implícito que causa el olvido o la negación de un acontecimiento que ha marcada la vida de la humanidad, en especial en Europa y el derecho que toda sociedd tiene a mantener su memoria viva sobre estos acontecimientos.

Finalmente, otra cuestión tiene que ver con los problemas que suscitaría en Occidente la difusión de obras que atenten – supuestamente – contra la fe cristiana.

¿Que pasaría, por ejemplo, si es que alguien interpone una demanda para evitar ver una cinta como La Vida de Brian, una parodia de la vida de Jesús hecha por el grupo inglés Monty Python? ¿O si se hace caso a los pedidos para censurar a Madonna por “crucificarse” en el Confessions Tour que da por todo el mundo?

Ya en América Latina se ha presentado un caso de este tipo. En Chile, un grupo ultra-católico consiguió prohibir la exhibición de la cinta La Ultima Tentación de Cristo, por considerarla ofensiva a la reputación de quienes los católicos consideramos como Dios. Incluso la emanda fue interpuesta “por y a nombre de Jesucristo y de la Iglesia Católica”. El caso llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, quien sentenció que la cinta debía exhibirse y que las leyes de censura en Chile debían ser cambiadas. Uno de los párrafos de la sentencia indica que:

“79. Según el artículo 12 de la Convención, el derecho a la libertad de conciencia y de religión permite que las personas conserven, cambien, profesen y divulguen su religión o sus creencias. Este derecho es uno de los cimientos de la sociedad democrática. En su dimensión religiosa, constituye un elemento trascendental en la protección de las convicciones de los creyentes y en su forma de vida. En el presente caso, sin embargo, no existe prueba alguna que acredite la violación de ninguna de las libertades consagradas en el artículo 12 de la Convención. En efecto, entiende la Corte que la prohibición de la exhibición de la película “La Última Tentación de Cristo” no privó o menoscabó a ninguna persona su derecho de conservar, cambiar, profesar o divulgar, con absoluta libertad, su religión o sus creencias.”

Es decir, debe analizarse caso por caso lo ocurrido. Y la solución no es nada fácil. Siempre habrán quienes se sientan insatisfechos con lo resuelto.

¿Y ENTONCES?

El filósofo esloveno Slavoj Zizek tiene una hipótesis bastante interesante sobre lo ocurrido en torno a las caricaturas de Mahoma, partiendo de los valores en juego en este caso.

Para Zizek, este acontecimiento configura una antinomia de la razón tolerante: dos posiciones irreconciliables, con argumentos a favor y en contra con igual peso, que evitan la formación de un consenso sobre lo ocurrido o una solución que satisfaga a ambas partes.

Sea como termine el caso, la solución no será satisfactoria para ambos bandos. A pesar que el tema ya se ventila en tribunales, creo yo que lo jurídico no nos termina de explicar lo que ocurre en este tipo de situaciones. Las preguntas y las opiniones quedan a tu criterio.

MAS SOBRE EL TEMA:
Slavoj Zizek: The Antinomies of Tolerant Reason: A Blood-Dimmed Tide is Loosed.
El Mundo: Comienza el juicio en Francia sobre las viñetas de Mahoma en un semanario satírico.
El País (España): Juicio en Francia por caricaturas de Mahoma.

EL LAPSUS PAPAL Y LA INTOLERANCIA RELIGIOSA

A pesar de nuestras preocupaciones por lo que podría ser el futuro de la Iglesia durante su pontificado, durante su primer año como Papa, Benedicto XVI dio ciertas muestras de apertura y de que su paso por el trono de San Pedro estaría marcado por pocos cambios, dando la razón a quienes afirmaban que nos encontrábamos ante un “Papa de Transición”.

Pero un discurso papal ha puesto a Joseph Ratzinger en una de las mayores polémicas religiosas de los últimos años.

Durante su viaje a Alemania, celebrado la semana pasada, el Papa dio una conferencia en la Universidad de Ratisbona, titulado “Fe, razón y verdad. Recuerdos y Reflexiones”. Allí comenzó su conferencia con las siguientes frases, que han levantado la polémica:

En el séptimo coloquio (controversia) editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la “yihad” (guerra santa). Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: “Ninguna constricción en las cosas de la fe”. Es una de las suras del periodo inicial en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa.

Sin detenerse en los particulares, como la diferencia de trato entre los que poseen el “Libro” y los “incrédulos”, de manera sorprendentemente brusca se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo: “Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba”.

El emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. “Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo.

Por lo tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas… Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir a los músculos ni a instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte…”.

Estas palabras, en particular la cita hecha sobre Mahoma, han desatado las iras de los sectores más fundamentalistas del Islam, en particular los vinculados a Al Qaeda, quienes han llamado para el viernes para una “jornada de ira” pacífica.

El domingo, Benedicto XVI ofreció algo parecido a unas disculpas por las expresiones vertidas en Alemania. Ese mismo día, Leonela Sgorbati, monja italiana, fue asesinada en Somalia (país de mayoría musulmana y una de las naciones más convulsionadas del planeta), en represalia por las declaraciones papales.

Sin duda alguna. Benedicto XVI enfocó mal el inicio de su conferencia, que según he podido leer en versión completa, buscaba dejar en claro de lo contraproducente de la justificación de la violencia basada en motivos religiosos y de la manipulación de textos biblicos o religiosos en nombre de una guerra santa.

Este error ha sido tomado en consideración por personas que no responden a lo que piensa la mayor parte de los creyentes musulmanes y que buscan, en nombre de la religión, imponer una idea al resto del mundo, olvidando los valores de la tolerancia y del respeto a las creencias de los demás.

Lamentablemente, Ratzinger despidió (con anterioridad a los discursos) a quien se encargaba de las relaciones con el Islam, el arzobispo británico Michael Fitzgerald, quien cual profeta había señalado que si el Vaticano decía “algo tonto” sobre el Islam, podrían desencadenarse consecuencias lamentables como muerte de cristianos en Africa o quema de iglesias. Un hombre prudente, al que Benedicto XVI no supo aprovechar.

Creo que hablar de guerra de religiones es excesivo y contraproducente. Pero sí es necesario que los fundamentalistas de uno y otro lado entiendan que la mayoría de la población quiere vivir en paz y no morir en nombre de una creencia religiosa, por más respetable que ésta sea. Esperemos que en el Vaticano enmienden rumbos y no provoquen más a aquellos que desean provocar la barbarie.

ENLACES:
Benedicto XVI: El discurso de la polémica en versión completa.
Ocram: Ratzinger se la buscó.
BBC Mundo: El Vaticano y el Islam.
Archivo del Tercer Piso: Benedicto XVI:un Papa de transición (conservadora).

(Foto: Agencia France Presse)