POBREZA: LA TAREA PENDIENTE

Aunque somos conscientes que la pobreza es el problema principal del país, generalmente no nos detenemos a ver cual es la manera más efectiva de enfrentarla. Nos encontramos ante un tema frente al cual tenemos pocas ideas de como enfrentarlo, más allá de los sentidos comunes presentes en el ambiente o de los discursos genéricos que se dan condenando el escándalo ético que supone que existan compatriotas que pasen penurias y que, además, nos hayamos vuelto permisivos ante las mismas.

Sin embargo, en los últimos días, he leido algunas cosas sobre el tema, que creo convenientes compartir con ustedes, amigos lectores, pues considero que llamar la atención sobre un tema que parece haberse convertido en “parte del paisaje”, sin que muchos nos detengamos a ver las reales dimensiones de este problema.

Según la Mesa de Concertación de Lucha contra la Pobreza – organismo con participación de entes públicos y de la sociedad civil – el balance de estos últimos años se puede resumir en que, si bien ha existido un crecimiento económico sostenido y se ha logrado una disminución relativa de la pobreza, aún persisten importantes brechas sociales y los mecanismos de redistribución siguen siendo poco eficientes para conseguir sus objetivos.

Desde el punto de vista de la Mesa de Concertación, el problema de la pobreza requiere, en primer lugar, de un cambio de actitud en la sociedad, que implica dejar de lado una tradición de exclusión y discriminación que ha acompañado las formas de vinculación entre el Estado y la sociedad y entre los propios peruanos. Este detalle coincide con las conclusiones de la CVR, que señalan que el conflicto armado interno vivido en nuestro país no habría tenido la cantidad de víctimas que tuvo si es que dichas condiciones no estuviesen tan presentes como sentido común de la sociedad peruana. Así, el tema de la lucha contra la pobreza no solo pasa por el crecimiento económico, sino que también cabe afianzar una cultura de derechos humanos en el Perú.

Este cambio de actitud parte de reconocer al otro como un ciudadano con derechos y obligaciones, por lo que es necesario el fortalecimiento de las instancias de organización y representación de la sociedad, así como de las instancias de participación en la elaboración de políticas públicas, en especial, las vinculadas con la lucha contra la pobreza.

Desde otro punto de vista, el Fondo Monetario Internacional recientemente ha publicado un informe en que indica los retos prácticos que deben enfrentarse en la lucha contra la pobreza. Por un lado, existe una importante brecha en infraestructura, que busca ser cubierta a partir de las modificaciones en el Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP) para acelerar los proyectos, cuyos efectos están pendientes de evaluación. De otro lado, la fusión de los programas sociales, realizada por este gobierno, aunque es un avance en la mejora de la eficiencia de los mismos, aún es un paso pequeño para mejorar la necesaria coordinación entre proyectos y hacia una política integral en esta materia.

Asimismo, el Fondo ha detectado problemas puntuales en los programas sociales de lucha contra la pobreza, centrados básicamente en las trabas burocráticas y administrativas, que retrasan la ejecución de proyectos o terminan siendo aprobados sin necesidad de pasar por el SNIP, lo que puede ser perjudicial, tanto para la transparencia en la ejecución de los proyectos como en su destino final. Ello se complica por los pocos esfuerzos que ha realizado el gobierno en materia de descentralización y de concertación con las autoridades regionales y locales, lo que implica poca coordinación entre ellos para un esfuerzo que debiera comprometer a todos.

Finalmente, el FMI señala, en la misma línea que la Mesa de Concertación, que deben priorizarse aquellos programas que tengan relación con el desarrollo de capacidades que vaya más allá del mero asistencialismo. Ello implica que se trace una estrategia de lucha contra la pobreza que incluya componentes de reforma estructural en salud y educación, potenciación de las microfinanzas, potenciar el trabajo de la Mesa y, un punto que me parece fundamental: el incremento de la cooperación entre sector público y privado.

Justamente sobre este punto, destaco lo que una amiga blogguera ha señalado sobre la relación entre minería y pobreza:

Cierto es que si alguien viene a hacer uso de un “bien” de mi comunidad y se verá beneficiado con ello, resulta justo que por el trabajo realizado comparta el beneficio. En ese sentido, el asunto pasa por algo más que el tema medioambiental. En muchos casos, las zonas en las cuales se desarrolla está actividad, son también las zonas más pobres del país y, por ello, el Estado debería velar (sobre todo si desea reducir el índice de pobreza) que estas comunidades se vean beneficiadas con la mina que tienen ahí.

El descontento de la población en realidad, nace principalmente por este asunto. Digamos que el medioambiental es importantísimo, pero los daños (que son varios y graves) se sienten en un largo plazo. La pobreza es un problema del día a día, un tema que se hace sentir a cada hora y que, por ello, es de vital importancia en el país.

Pero esta reflexión no solo cabe hacerse en el campo de la relación entre la minería y las comunidades que las circundan, sino también, a todas las actividades económicas del país. Me pregunto, ¿de qué manera podemos formar cadenas productivas que generen puestos de trabajo en las zonas más pobres del Perú? ¿En que modo las empresas y la sociedad civil podrán enfrentar la pobreza más allá del asistencialismo y la caridad?

Estas son preguntas y reflexiones para seguir dándole vueltas. Pero creo que todos coincidimos en que el enfoque se centra en que todos tengamos las mismas oportunidades de ejercer nuestros derechos. Si de allí partiera la percepción del Estado y de la sociedad, habríamos ganado bastante. Aun estamos a tiempo de cambiar nuestra percepción.

UNA HISTORIA DEL PERU

Percy llega a una casa que conoce bien, pero a la que hace tiempo no iba. Va a visitar a un amigo del colegio en el que estuvo hace un par de años. Casi nada ha cambiado, excepto el color del edificio cuyas escaleras acaba de subir.

Mientras espera que su amigo termine de alistarse, Percy conversa con la dueña de casa, quien le guarda mucho afecto. Le pregunta sobre como le está yendo en el nuevo colegio, sobre sus hermanos que ya son mayores de edad. Percy le cuenta a la señora de 52 años que su mamá está por irse a España. No es la primera vez que él sufrirá una separación familiar.

Pero Percy la pasa bien durante todo ese día, a pesar de la inminencia de una nueva partida en su vida. Va a almorzar con la familia de su amigo, arma el arbol de Navidad, se entretiene en la computadora y, a las siete de la noche, retorna a su casa feliz, a reencontrarse con los demas niños con los que vive. Se le nota más despierto que antes, menos retaido de la última vez que vino a la casa, comenta el hermano mayor, quien de cuando en cuando se ha asomado a observar a los chicos como se divertían.

La vida no ha sido nada fácil para este joven. Perdió a sus padres a temprana edad y, por suerte para él, fue acogido en una aldea infantil. Tuvo la opción de estar en uno de los mejores colegios de Lima y la supo aprovechar durante toda la primaria. Sin embargo, no logró adaptarse del todo a la secundaria y dejó el colegio donde estaba y pasó a otro, igualmente bueno, pero menos exigente. Su mamá sustituta viajará a España a labrarse un futuro mejor y él ya está viendo la posibilidad de estudiar electrónica y computación. Su sueño es estudiar algo que le permita hacer robots que puedan facilitar la vida de las personas.

Sin embargo, ayer sentí que Percy se sintió muy acogido por nosotros, pues lo tratamos como a todos los amigos de mi hermano. Luego que se fue, mi mamá rompió a llorar, pues veía en él a todos los niños que no tienen las mismas oportunidades y, a los cuales, no siempre se los acoge como alguien igual a “Nos-Otros”. El día de ayer, mientras otros se debatían entre el campeonato de fútbol y descansar de la juerga del sábado, recibíamos una lección de vida y un encuentro con el país al que no siempre miramos de frente a los ojos.

Por la noche, veía en Canal N las desafortunadas declaraciones de Jorge del Castillo sobre las “nuevas prioridades” de los programas sociales del gobierno, luego desdichas. Y me preguntaba, este rapto de estupidez y sectarismo – porque otra expresión no puede dársele a este desliz -, ¿no termina reflejando lo que siente nuestra clase política ante los principales problemas del país?

Hace algunas semanas, escribía un post sobre como las dificultades en la aceptación de las otras lenguas que se hablan en el Perú nos reflejaban relaciones de poder y de exclusión. Sin duda, las declaraciones de Del Castillo nos indican el lamentable rumbo de hacia donde vamos en el camino de derrotar a la pobreza. Peor aún, nos refleja como, para un gobierno que dice ser para todos, hay quienes son más iguales que otros.

Mientras tanto, chicos como Percy crecerán, se volverán mayores de edad y los gobernantes los seguirán tratando como clientela antes que como lo que son: ciudadanos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Roberto Bustamante: Ser pobre

CADE: LA INCLUSION Y LOS EMPRESARIOS

El año pasado, justo por esta misma época, este blogger se hacía la pregunta sobre si los empresarios habían comenzado a entender que sus negocios no se podían sostener si es que no se tenía en consideración el entorno social y político en el que se vive en el Perú.

La pregunta era pertinente, pues, luego del susto que supuso la votación de Ollanta Humala en las últimas elecciones presidenciales, la tradicional Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) trató por primera vez de modo sistemático el tema de la inclusión en el Perú.

Este año, con el énfasis sobre Todo lo que nos falta para ser un país justo y próspero, los muchachos de IPAE nos vuelven a plantear el tema de las tareas pendientes para hacer que los dos Perús que vivimos entre la ciudadanía y la ausencia de derechos, entre la integración al mercado y la desigualdad y la pobreza, puedan ser un solo país que, en medio de su diversidad, pueda procurar el bienestar de todos los peruanos.

El debate, sin duda, ya no estará marcado por el miedo a Ollanta Humala, sino por un clima en el que se viene debatiendo el modelo de modernidad que quiere el Perú. La visión presentada por el Presidente de la República en sus dos recientes artículos de opinión ha sido confrontada desde diversas aristas y sectores y, por las reacciones, es bastante nítido que buena parte del público que asistirá a Trujillo en estos días comparte dicha misma visión de “El Perro del Hortelano”. El problema, como lo hemos mencionado ayer, es que dicha cosmovisión económica y social peca de excluyente, antes que de inclusiva.

Me pregunto, con justa razón, si es que los ejecutivos asistentes a la reunión pondrán atención a Augusto Alvarez Rodrich o Rosa María Palacios cuando muevan el tema de la inclusión y las reformas institucionales o si preferirán el aplauso fácil a Jorge del Castillo esta tarde cuando haga su exposición. Mi escepticismo se trasluce cuando escucho a una persona como José Chlimper decir que irá con su arma a reabrir el puerto del Callao, dado que existe una huelga de estibadores en estos días, mientras que el aparentemente radical líder del sindicato tiende la rama de la negociación. Cosas que pasan en el Perú y que parecen darle la razón a quien dijo que, a pesar de sus simpatías incomprensibles por dictaduras como las de Cuba y Venezuela, la dirigencia sindical peruana parece tener mayor ciudadanía democrática que buena parte de los gremios empresariales.

O sin ir a ejemplos tan radicales como el antes mencionado, creo que los empresarios podrían preguntarse si, más allá del aporte minero dado a inicios de este gobierno, cuanto han hecho por tratar de entender un país en el que las distancias no se deben sólo a la falta de infraestructura e inversión en carreteras, sino a una clamorosa ausencia del Estado y a la desconfianza frente a prácticas del pasado que, en algunos casos, se siguen repitiendo. Y claro, desde mi particular punto de vista, sigue pendiente una autocrítica empresarial sobre su papel tan servil durante el fujimorato, frente al cual prefirieron la prebenda antes que la democracia, demostrando que, antes que liberales, seguíamos ante los mercantilistas que Hernando de Soto denunciaba en El Otro Sendero.

Estas razones motivaron que, provocadoramente, el año pasado hiciera un extenso cuestionario que dudo que algún empresario haya contestado. Hoy, en esta misma onda de provocación, les presento el Test CADE 2007, con sólo 10 preguntas, que tienen el mismo fondo del año pasado, pero que están en un lenguaje más directo y sencillo:

1. ¿Quién es para usted “El Perro del Hortelano”?
2. ¿Los derechos humanos y la protección ambiental solo son temas de “rojos antiinversión” y “caviares”?
3. ¿Conoce el “Índice de Desarrollo Humano”?
4. ¿Qué haría si su hijo o hija le dice que quiere aprender quechua u otra lengua originaria?
5. Conociendo su prontuario, ¿volvería a votar por Alberto Fujimori?
6. ¿Cree que los sindicatos son un actor necesario para la construcción de reglas laborales claras en el Perú?
7. ¿El narcotráfico se soluciona con medidas estrictamente policiales o militares?
8. ¿Reforma del Estado equivale a la reducción de puestos en el aparato estatal?
9. ¿Cuáles son las medidas mediante las cuales considera que debe repararse a las víctimas del conflicto armado interno?
10. ¿Considera que los empresarios deben comprarse el pleito de la reforma judicial y de qué manera?

¿Y tú, que responderías?

MAS SOBRE EL TEMA:
Blog de Fernando Tuesta: ¿La empresa como alternativa?

EL IDIOMA DE LA INCLUSION

Para la luz de estos tiempos

Hasta hace unos, aproximadamente, dos meses, dos imágenes se me venían a la mente cuando escuchaba la palabra lingüística. La primera: cualquiera de mis profesores de lenguaje armando el arbolito – no el de Néctar – con las partes de la oración. Ya saben: sujeto, objeto directo, núcleo, objeto indirecto, etc. La segunda: Martha Hildebrandt haciendo de aduanera del habla culta y enfrentándose a su colega María Sumire por la Ley de Lenguas. Y quizás muchos de ustedes, amigos lectores, tengan la misma impresión que yo.

Pero quizás sea hora de ver a la lingüística como una herramienta que no solo sirve para torturarnos con lo que debemos o no decir, como cierta congresista con poco criterio pretende hacernos creer. Ayer, luego de las últimas ponencias del VIII Diálogo de Estudiantes de Lingüística, pude comprobar que las humanidades pueden hacernos ver, de mejor manera, uno de los temas que en la campaña electoral fue de los más tocados y hoy parece haberse diluido en medio del quehacer cotidiano y las propuestas cada vez menos pensadas de Alan: la exclusión.

Uno de los datos que más me sorprendió saber es que cada dos semanas desaparece una lengua. Es decir, sale de la esfera humana no solo una forma de expresarnos, sino también una forma de ser y de sentir lo que somos como personas. Seguramente no faltará quien crea que el deceso idiomático sea tan natural como la muerte de una persona (ya me imagino a Aldo M mandándose un post, digo, un editorial en ese estilo). Pero mis lectores más acuciosos se darán cuenta que la extinción de una lengua se basa en que se dejó de usar porque no fue adecuadamente valorada por quienes hablan el idioma oficial.

Si los seres humanos, de acuerdo a lo que dice la Constitución, somos iguales, pues las lenguas que empleamos para expresar lo que pensamos o sentimos también deberían serlo. Sin embargo, ello no ocurre así en la realidad. ¿Por qué? Quizás la mejor respuesta sea la que me dio una muy buena amiga hace unas semanas: la funcionalidad lingüística. ¿Y eso como se come? Pues nos estamos refiriendo a la capacidad que tiene un idioma de funcionar en distintos contextos, sobre todo, cuando nos encontramos ante el ejercicio de los derechos ciudadanos.

Un ejemplo jurídico nos podrá ayudar a entender la complejidad, aunque no lo crean. Ubiquémonos en cualquier localidad de nuestra sierra, quizás pensemos en Chungui, una de las localidades más afectadas por el conflicto armado. Los pobladores de dicha localidad, en su mayoría quechuahablantes, seguramente tendrán algunos pocos servicios básicos. Imaginemos que tienen un juez de paz en la zona, que, dado que no es abogado, tiene la ventaja de poder entender los problemas de la comunidad y, claro, de hablar quechua. Pero claro, no todos los conflictos pueden ser resueltos por el Juez de Paz. Para algunos de los procesos penales por violaciones de los derechos humanos, nuestros amigos de Chungui tendrán que viajar para acudir a las audiencias, seguramente a Huamanga. Pero, a pesar de ser la capital de departamento – o justamente por ello -, les será difícil encontrar a algún empleado judicial que hable su mismo idioma, un abogado que también comprenda lo que dicen. Quizás por suerte lo logren encontrar, pero, sabiendo como es el sistema judicial peruano, el caso terminará en la Corte Suprema en Lima, con gastos mayores de desplazamiento y claro, con opciones tan remotas como la clasificación de Perú al mundial de ubicar a un juez que se exprese en quechua y menos aún un traductor, tenemos todas las desventajas para acceder a la justicia.

¿Qué nos demuestra esto? Que en el fondo los peruanos hemos hecho del castellano una lengua que ha terminado avasallando a las otras, porque quienes no hablan el idioma en el que me estoy expresando no cuentan con las mismas oportunidades de acceder a los servicios básicos que brinda el Estado. Revísate cualquier parte del Informe Final de la Comisión de la Verdad para que veas que drámatico es esto, pues, en muchos casos, debido a esa distancia, se cometieron crímenes abominables. Y es que en el Perú hemos entendido la tolerancia como un simple ejercicio de ver al otro como diferente, pero no como igual a mi. No ha existido el Nos-Otros tan necesario para la convivencia humana. Quizás ello explique en mucho porque durante 20 años nos matamos entre peruanos.

¿Y qué soluciones nos hemos planteado? Pues una fue la tan discutida Ley de Lenguas propuesta por María Sumire o los Programas de Educación Intercultural y Multilingüe del Ministerio de Educación, propuestas ambas que tienen varias cuestiones destacables, pero que adolecen de tener aún una mirada que sigue mirando a las culturas e idiomas “no occidentales” como mera pieza de observación arqueológica – osea, sin contacto, tal como veía Eliane Karp a los pueblos indígenas – o tratando de adherirle todas las características del castellano, es decir, un lenguaje escrito que muchas de estas expresiones idiomáticas carecen, lo que no implica una falta de desarrollo de las mismas.

Y, con lo bien intencionadas que sean estas propuestas y con todo lo que se puede afinarlas, no son suficientes. Hace falta justamente que volvamos a mirar la gran lección de la elección del 2006. El país requiere de reformas institucionales para que exista una mayor y mejor presencia del Estado en todo su territorio, que deben tomar en cuenta las distintas realidades regionales y, claro, tener a los actores de cada parte de la patria participando en el proceso de elaboración de estas políticas, pues ellos serán los principales beneficiados. Desafortundamente, como sabemos, esa no es la prioridad ni en Palacio de Gobierno ni – y es triste decirlo – tampoco en la mayor parte de gobiernos regionales ni locales.

Sin embargo, no quiero terminar este post como habitualmente lo hago, con esa saludable cuota de pesimismo, indignación e ironía que caracterizan a este blog. Si me animé a mandarme todo este rollo es justamente porque ayer entendí que este tema de las desigualdades idiomáticas tiene, en el fondo, que ver con relaciones de poder. Y, cuando uno mira hacia atrás, ve que el gran tema de Desde el Tercer Piso ha sido ese: como las relaciones de poder actuales han configurado el país que tenemos y que todos tenemos la obligación de comenzar a ayudar a cambiar.

Ayer comprendí cuanto nos puede ayudar una especialidad que generalmente es ignorada o poco comprendida en nuestro medio para poder tener otra entrada a un tema que todos tenemos presente. Muchas veces los abogados tenemos el ombliguismo de creer que tenemos las soluciones a todos los problemas. Tal vez nos hace falta entender que, en el fondo, de los pequeños y hermosos arroyos nacen los grandes ríos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Nila Vigil: Revitalizacion lingüística: enseñanza de lengua indígena como segunda lengua.
Jorge Acurio: Verdades y Disparates
Virginia Zavala: Lenguas sí, hablantes no

¿LA HORA DE LA INCLUSION LLEGO A LOS EMPRESARIOS?

Como todos los años, la Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) convocada por el Instituto Peruano de Administración de Empresas (IPAE) atrae la atención de la prensa y del público especializado en temas políticos y empresariales.

Los más mordaces críticos de este tipo de conferencias aluden a su poca importancia y trascendencia real para el futuro del país, más aun si los empresarios peruanos han sido dados a aplaudir al gobierno de turno por cuanta política favorable los beneficiara, independientemente si el resto del país reventaba o si se trataba de democracias o dictaduras. Recordemos sino los aplausos a AGP en 1985, los vivas a Velasco cuando la llamada Revolución Peruana rendía frutos para los industriales que hicieron plata en ese lapso de tiempo o la convivencia con el fujimorismo durante los 90.

Hoy, la CADE toca un tema que en gremios y circulos empresariales se habla poco. La inclusión social como único camino para que el modelo económico no termine descalabrándose y para generar un bienestar para todos.

Pero, más allá de la complaciente encuesta hecha por el Grupo de Opinión Pública de la Universidad de Lima, donde los empresarios responden a las preguntas de siempre con la misma complaciencia y auto-mirada de ombligo de todos los años, cabría hacerles algunas preguntitas, una suerte de test de inclusión social. Aquí van las preguntitas para los chicos que, al margen de la elección del Miss CADE 2006, deberían tomar más su atención:

1. Nombre a 5 presidentes regionales que no sean Yehude Simon, Alex Kouri o Juan Manuel Guillen.
2. ¿Conoce cuáles son los distritos con menor índice de desarrollo humano?
3. ¿Ha oido hablar del índice de desarrollo humano?
4. Junto a sus libros de Tom Peters y Peter Drucker, ¿aparece alguno de Amartya Sen? ¿Lo ha leido?
5. ¿Sabe quien preside el Comite de PYMES de la CONFIEP o de la SNI?
6. ¿Por qué los Añaños, Renzo Costa o los empresarios de Lima Norte no son invitados a la CADE?
7. ¿Sigue pensando que un autócrata como Fujimori es la mejor alternativa para el país?
8. ¿La política no tiene que ver con la economía?
9. ¿Ha leido por lo menos las conclusiones del Informe Final de la CVR? ¿Las ha reflexionado?
10. ¿Permite que sus empleadas se bañen en la playa donde tiene su casa de playa?
11. ¿Ha viajado alguna vez a Ayacucho, Huancavelica, Apurímac, Ucayali, Cajamarca o Junín (los departamentos más pobres del Perú)?
12. ¿A qué le sabe el medio ambiente: a rojos reclamones, a algo que debe preservar o a la marcha del orgullo gay?
13. ¿Qué futuro le ve a las empresas familiares?
14. ¿Por qué hablar de inclusión ahora y no cuando tuvimos Velasco, una izquierda fuerte o un conflicto interno?
15. ¿Sigue pensando que el problema de la educación es que no es privada?
16. ¿Cómo trata a los trabajadores de su empresa? ¿Cuántos despidos arbitrarios ha hecho durante el último año? ¿Cuántos procesos laborales tiene su empresa?
17. ¿Sabe qué es Responsabilidad Social Empresarial? ¿La practica en su empresa?
18. ¿Las ONG’s solo son un grupo de rojos resentidos en contra de la inversión privada? ¿Sabía que el Instituto Libertad y Democracia de Hernando de Soto es una ONG?
19. ¿Sigue pensando que el “ruido político” es sinónimo de protesta social?
20. ¿Que considera como “estabilidad jurídica”: qué tengamos un Poder Judicial confiable o que aquello que lo beneficia no se cambie?
21. ¿Sus hijos conocen algo más que el Jockey Plaza, Eischa, Larco Mar o el Aeropuerto, las Casuarinas o La Molina?
22. ¿Cree que seguridad ciudadana es sólo meter bala o encerrar ladrones en la cárcel?
23 y final: ¿Conoce el nombre y apellido de su empleada del hogar?

Como para que la piensen, entre whisky y conferencias.

MAS SOBRE EL TEMA:
Mirko Lauer: Como monos en costurero.
Cecilia Blume: Un Perú para todos.
Utero de Marita.com: CADE de risa (Sobre la CADE del año pasado).

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