A 6 CUADRAS DE LA PLAZA DE ARMAS

Afortunadamente no fue una tragedia, me decía el vigilante de mi oficina a la hora que terminaba mi jornada de trabajo.

Y sí, que el incendio de ayer y hoy en Mesa Redonda no haya sido una tragedia es producto de la fortuna.

Hace apenas un par de semanas comentaba en este blog sobre la injusta sentencia a los responsables del incendio en Mesa Redonda que costó 300 víctimas. La sensación de que la justicia no era una realidad para las personas de escasos recursos fue algo que estaba muy presente en el ambiente y que los familiares de las víctimas manifestaron en todo momento.

No es de extrañar que el peligro se repitiera. Por un lado, existe una seria responsabilidad de la Municipalidad Metropolitana de Lima en el control de las galerías existentes. De hecho, el edificio incendiado pasó la inspección municipal. Mi pregunta es: ¿que pasó con el alcalde ausente que se olvidó de la existencia de una tragedia que aprovechó bien en su campaña electoral inicial?

Pero también compete un serio llamado de atención a los comerciantes. Esta bien que, como todos en el Perú, querramos ganar dinero para vivir decentemente. Sin embargo, ¿esto se tiene que hacer a costa de la seguridad de los demás? Ya lo vivimos con las personas que se encargan del transporte urbano en Lima o con los comerciantes en otra zona concurrida de la ciudad como Gamarra. ¿Vale menos la vida humana y la seguridad de los demás antes que la venta del día? Pues el mensaje que nos envian es que sí.

Sin duda, para que tengamos un Estado que funcione de verdad es necesario que las autoridades hagan su tarea. Pero también es responsabilidad de los ciudadanos exigir a sus pares que cumplan con las normas mínimas de convivencia. Esto me hace acordar cierto comercial que enfatizaba todos los horrores de la dictadura y que nos hacía ver que nosotros los cometíamos en nuestra vida cotidiana. Quizás el mensaje final de dicha propaganda deba volver a nuestros oidos: Para que el país cambie solo falta que cambiemos nosotros.

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MESA REDONDA O LA JUSTICIA ESTRECHA

Luego de casi 6 años de ocurrido, ayer se expidió la sentencia sobre el incendio ocurrido en Mesa Redonda, en las vísperas de año nuevo del 2001 y que costó las vidas de 300 personas.

Desde el inicio, el caso se debatió en medio de la indiferencia general, hecho que nos demuestra nuevamente la valorización de la vida humana en nuestra sociedad. Cuando, con justa razón, los familiares de los fallecidos en Utopía reclamaron por sus deudos, todo el país mediático se solidarizó con ellos. Con los familiares de Mesa Redonda, no ocurrió lo mismo.

La sentencia de ayer ha sido calificada como benigna. Y es que la pena impuesta más alta es de 4 años de prisión efectiva. Es cierto que nos hayamos ante un hecho culposo antes que doloso, pero sin duda, para los familiares, la sanción impuesta no es la que ellos esperaban.

Peor aún, una de las personas que mayor responsabilidad tiene por el incendio no fue condenada: Ricardo Wong, el ex dueño de La Primera, ni siquiera fue comprendido en este proceso penal, a pesar que era el principal comerciante pirotécnico de la zona. Este empresario, que ha estado vinculado con el fujimorismo y el aprismo, simple y llanamente no pagará por el daño causado.

Por eso, además de la Ley de Carrera Judicial que hoy se debatirá en el Congreso, hace falta un cambio mayor en el Poder Judicial: que nos consideren a todos como ciudadanos.

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El Comercio: Tras seis años de cenizas