TORONJAS, DISCOTECAS Y DISCRIMINACION

Dos temas coyunturales han vuelto a poner en la vista de la cholósfera el tópico de la discriminaciòn en el Perú.

Por un lado, la reciente discriminación al periodista Marco Avilés en el Bar La Sede y las sanciones al lounge Café del Mar han motivado toda una discusión sobre la discriminación. El recién formado blog Lo justo Varón y la plataforma blogger de Martín Tanaka han cubierto con mayor detalle esta discusión, intentando ir más allá de lo ya señalado sobre este tipo de prácticas, por todos conocidas.

En las últimas horas, el tema que más ha sacudido los ánimos con relación a este tópico ha sido el afiche del Festival de Lima, nombre con el que se conoce ahora al Encuentro Latinoamericano de Cine. El afiche, hecho por la agencia de comunicación integral Toronja, muestra el contraste entre figuras latinoamericanas de cine y un anónimo vendedor de rasgos étnicos andinos bastante evidentes. Las bitácoras La Habitación de Harry Spencer, Cinencuentro, el Utero de Marita y el Blog del Morsa han tocado in extenso las repercusiones del polémico afiche.

En este último caso, la conmoción ha sido grande, dado que Toronja, dirigida por el publicista Gustavo Rodriguez y el sociólogo Sandro Venturo, siempre ha dado la imagen de vanguardia y corrección política al máximo. Incluso Rodriguez escribió en El Comercio un artículo previo a las elecciones 2006 preguntándose sobre lo poco que el sector A-B había hecho contra la exclusión y que había generado un fenómeno electoral como Ollanta Humala. Por ello, Sandro Venturo ha dado explicaciones sobre lo que quisieron hacer con la campaña, lo que de alguna manera implica admitir un error. Las campañas publicitarias no necesitan explicación, cuando lo requieren es que el mensaje que intentaba transmitirse ha fallado.

Ciertamente, en un sector de la población existe una hipersensibilidad – en otros algo de pose, como señala el blogger Fantomas – real frente al tema de la discriminación. Esta indignación, impensada hace solo hace unos pocos años, es un síntoma saludable de que por lo menos existe una masa crítica que es sensible a este tipo de temáticas.

Sin embargo, y aquí vengo con el papel de aguafiestas, parece ser que la discusión solo se viene centrando en tópicos puntuales o síntomas del problema. No digo que esté mal señalar estos actos. Por el contrario, me parece bacán y siempre es bueno que se haga. Pero considero que es necesario ir a cuestiones más de fondo con relación a la discriminación. Muchas veces se olvida que la discriminación tiene caras mucho más dramáticas en el Perú: el analfabetismo que afecta, en su mayoría, a mujeres mayores de 15 años en el campo; la discriminación soterrada que nos hacemos unos a otros en ámbitos privados como los clubes (p.e.: las mujeres no pueden ser socias del Regatas); la desigualdad en los ingresos entre hombres y mujeres, a pesar de que muchas veces ellas tienen mayores calificaciones que nosotros; la falta de acceso a empleos por la llamada “buena presencia” u otros problemas similares.

Ya tampoco recordamos que nuestro episodio más dramático de violencia, el conflicto armado interno que vivió el país entre 1980 y 2000, a pesar de no ser de carácter étnico, sí reflejó varias de las tensiones discriminadoras del país. El hecho de que las víctimas pertenecieran al segmento pobre, quechuahablante, rural y con mayor tasa de analfabetismo no se debió solo al hecho de que la confrontación se realizara en la sierra. Respondió a una lógica en la que los distintos actores – armados o no – manifestaron su desprecio por un grupo de personas a las que nunca consideraron como ciudadanos: solo los vieron como masa enemiga para la “revolución”, o como “costos a pagar” por la pacificación. Quizás allí esté la raíz de muchos de los argumentos en contra de la estimación de cifras hecha por la CVR: no llegamos a aceptar que miles de peruanos murieran en nuestra cara, ante nuestra propia indiferencia.

Ahora que hablamos de pacto social, sería paja que, más allá de aumentos de sueldos de S/. 30 o más, comenzáramos a hablar – más allá de lo coyuntural – de un tema que viene afectando nuestra convivencia entre nosotros. Y es que un pacto entre todos los peruanos implica ciudadanía para todos. La discriminación, soterrada o no, es un obstáculo para ello. Más allá del bienintencionado activismo, ¿qué más se puede hacer?

MAS SOBRE EL TEMA:
Martín Tanaka: Identidad Etnica y Discriminación
Maritza Espinoza: ¿El cine no es para los cholos?
Utero de Marita: Reacciones al afiche del Festival de Lima
El Morsa: La polémica del afiche del Festival de Lima
Cinencuentro: Alfredo Vanini, quien inició la polémica, hace algunas precisiones.
Sala de Fumadores: ¿El afiche del Festival de Cine de Lima discrimina?