MENTALIDAD DE BODEGUERO, O TORONJA OTRA VEZ

“Lo que pasa es que quienes critican eso todavía andan con una mentalidad muy pequeña, una mentalidad de bodeguero”

Esta frase de nuestro alcalde, Luis Castañeda Lossio, no expresa más que lo poco que nos conocemos los peruanos unos a otros y, sobre todo, que tan poco valoramos a cierta clase de trabajadores. Quizás al tío Luchito le valdría ver como los bodegueros de la Vía Expresa se preocupan más por la ciudad que él mismo.

Pero, como toda práctica social, ésta también se plasma en otras facetas, no solo en la política. Así…

…De los mismos autores del afiche fallido del Festival de Lima, llega:

EL NUEVO SPOT DE LA UNIVERSIDAD FAVORITA DEL GOBIERNO (cámaras, acción):

Como ya El Morsa y Henry Spencer han mencionado, el blog Choledad Privada ha hecho notar que la narrativa del spot padece del síndrome Castañeda Lossio, al minusvalorar unas tareas antes que otras y olvidarse del tan mentado y necesario “derecho de piso”:

¿”No te ves filmando bautizos, no te ves pegando curitas, no te ves construyendo un closet“? Así como para ser un chef preparado se necesita conocer los avatares del día a día entre sartenes sucias, cebollas por picar y peladores de papa, la Universidad pretende obviar este hecho e invita al estudiante a basurear al equipo operativo y ejecutor de las filmaciones de una empresa audiovisual, u olvidar que todo buen diseñador industrial necesitará saber cómo armar un closet antes de pretender hacer una serie de 500 mil unidades de exportación. La arrogancia inaudita de la universidad que habla es sorprendente, nos hiere y nos asusta.

Se supone que en una universidad aprendemos a aprender y que todos tenemos conciencia que no la vida no la comienzas de gerente general. Sin embargo, frente a la necesidad laboral de ubicarse en un buen puesto, varias universidades – sobre todo aquellas que están bajo el régimen con fines de lucro – intentan minusvalorar los estudios generales, las etapas formativas y la teoría, para irse a la práctica de frente o, en este caso, a saltear etapas necesarias de crecimiento. Digamos, la pedagogía mentada por esta universidad incita a que sus egresados no tengan en cuenta que la vida es un proceso.

Pero el palo también le cae a la agencia publicitaria encargada de la campaña. Ya Toronja había protagonizado un soberano papelón con el afiche del festival de Cine de la PUCP, en el que había ido contra uno de sus rollos principales como empresa: la inclusión. Ahora lo vuelve a hacer, de modo más sutil, pero igualmente pernicioso y granjéandose nuevamente críticas desde una cholósfera particularmente sensible ante este tipo de problemática tan presente en el Perú de hoy.

Sin duda, los publicistas y las empresas – al igual que con las campañas sobre el género en los comerciales – van a tener que poner atención sobre las imágenes que vienen enfatizando sobre a quienes consideran como más o menos peruanos, ciudadanos o trabajadores. Como me dijo alguien hace poco: la cultura se construye todos los días, desde lo más cotidiano. Y la forma de combatir la exclusión también.

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TANAKA WAS RIGHT

Martín Tanaka, quien ha venido siguiendo (y alentando) la discusión sobre discriminación y racismo en el Perú, acaba de escribir un post sobre el afiche del Festival de Lima.

La conclusión de Tanaka: más que racista, el afiche parece no expresar bien lo que Sandro Venturo tenía en la cabeza y terminó presentando una idea totalmente distinta y, además, contraproducente para el propio esfuerzo que hace la PUCP con el Encuentro Latinoamericano de Cine, al colocarlo al margen de la cotidianeidad que supone un barrio como el que Toronja quiso plasmar. Y (esto añado yo) ni siquiera el elemento de novedad que podría suponer un evento así es explotada.

Solo me queda por decir una cosa. Además de llamarnos la atención sobre la discriminación en el Perú e ingresar a un debate más de fondo sobre el tema, este affair debería ayudar a pensar a la gente de la PUCP sobre qué es lo que quiere hacer con el ahora llamado Festival de Lima y con su Centro Cultural y de que manera puede dejar de ser una isla en el país. La inclusión en el Festival (o en cualquier actividad del Centro Cultural), como anota Martín, no tiene que ver solo con el tema de las salas de cine o galerías en Lima Norte o con los precios de las entradas para los espectáculos culturales, sino también con estímulos a los jóvenes creadores en general.

LA REPLICA:
Roberto Bustamante: Más sobre racismo y publicidad en el Perú

LO INEXPLICABLE:
Para El Comercio, ni siquiera hay debate válido sobre el tema.

TORONJAS, DISCOTECAS Y DISCRIMINACION

Dos temas coyunturales han vuelto a poner en la vista de la cholósfera el tópico de la discriminaciòn en el Perú.

Por un lado, la reciente discriminación al periodista Marco Avilés en el Bar La Sede y las sanciones al lounge Café del Mar han motivado toda una discusión sobre la discriminación. El recién formado blog Lo justo Varón y la plataforma blogger de Martín Tanaka han cubierto con mayor detalle esta discusión, intentando ir más allá de lo ya señalado sobre este tipo de prácticas, por todos conocidas.

En las últimas horas, el tema que más ha sacudido los ánimos con relación a este tópico ha sido el afiche del Festival de Lima, nombre con el que se conoce ahora al Encuentro Latinoamericano de Cine. El afiche, hecho por la agencia de comunicación integral Toronja, muestra el contraste entre figuras latinoamericanas de cine y un anónimo vendedor de rasgos étnicos andinos bastante evidentes. Las bitácoras La Habitación de Harry Spencer, Cinencuentro, el Utero de Marita y el Blog del Morsa han tocado in extenso las repercusiones del polémico afiche.

En este último caso, la conmoción ha sido grande, dado que Toronja, dirigida por el publicista Gustavo Rodriguez y el sociólogo Sandro Venturo, siempre ha dado la imagen de vanguardia y corrección política al máximo. Incluso Rodriguez escribió en El Comercio un artículo previo a las elecciones 2006 preguntándose sobre lo poco que el sector A-B había hecho contra la exclusión y que había generado un fenómeno electoral como Ollanta Humala. Por ello, Sandro Venturo ha dado explicaciones sobre lo que quisieron hacer con la campaña, lo que de alguna manera implica admitir un error. Las campañas publicitarias no necesitan explicación, cuando lo requieren es que el mensaje que intentaba transmitirse ha fallado.

Ciertamente, en un sector de la población existe una hipersensibilidad – en otros algo de pose, como señala el blogger Fantomas – real frente al tema de la discriminación. Esta indignación, impensada hace solo hace unos pocos años, es un síntoma saludable de que por lo menos existe una masa crítica que es sensible a este tipo de temáticas.

Sin embargo, y aquí vengo con el papel de aguafiestas, parece ser que la discusión solo se viene centrando en tópicos puntuales o síntomas del problema. No digo que esté mal señalar estos actos. Por el contrario, me parece bacán y siempre es bueno que se haga. Pero considero que es necesario ir a cuestiones más de fondo con relación a la discriminación. Muchas veces se olvida que la discriminación tiene caras mucho más dramáticas en el Perú: el analfabetismo que afecta, en su mayoría, a mujeres mayores de 15 años en el campo; la discriminación soterrada que nos hacemos unos a otros en ámbitos privados como los clubes (p.e.: las mujeres no pueden ser socias del Regatas); la desigualdad en los ingresos entre hombres y mujeres, a pesar de que muchas veces ellas tienen mayores calificaciones que nosotros; la falta de acceso a empleos por la llamada “buena presencia” u otros problemas similares.

Ya tampoco recordamos que nuestro episodio más dramático de violencia, el conflicto armado interno que vivió el país entre 1980 y 2000, a pesar de no ser de carácter étnico, sí reflejó varias de las tensiones discriminadoras del país. El hecho de que las víctimas pertenecieran al segmento pobre, quechuahablante, rural y con mayor tasa de analfabetismo no se debió solo al hecho de que la confrontación se realizara en la sierra. Respondió a una lógica en la que los distintos actores – armados o no – manifestaron su desprecio por un grupo de personas a las que nunca consideraron como ciudadanos: solo los vieron como masa enemiga para la “revolución”, o como “costos a pagar” por la pacificación. Quizás allí esté la raíz de muchos de los argumentos en contra de la estimación de cifras hecha por la CVR: no llegamos a aceptar que miles de peruanos murieran en nuestra cara, ante nuestra propia indiferencia.

Ahora que hablamos de pacto social, sería paja que, más allá de aumentos de sueldos de S/. 30 o más, comenzáramos a hablar – más allá de lo coyuntural – de un tema que viene afectando nuestra convivencia entre nosotros. Y es que un pacto entre todos los peruanos implica ciudadanía para todos. La discriminación, soterrada o no, es un obstáculo para ello. Más allá del bienintencionado activismo, ¿qué más se puede hacer?

MAS SOBRE EL TEMA:
Martín Tanaka: Identidad Etnica y Discriminación
Maritza Espinoza: ¿El cine no es para los cholos?
Utero de Marita: Reacciones al afiche del Festival de Lima
El Morsa: La polémica del afiche del Festival de Lima
Cinencuentro: Alfredo Vanini, quien inició la polémica, hace algunas precisiones.
Sala de Fumadores: ¿El afiche del Festival de Cine de Lima discrimina?