MENTALIDAD DE BODEGUERO, O TORONJA OTRA VEZ

“Lo que pasa es que quienes critican eso todavía andan con una mentalidad muy pequeña, una mentalidad de bodeguero”

Esta frase de nuestro alcalde, Luis Castañeda Lossio, no expresa más que lo poco que nos conocemos los peruanos unos a otros y, sobre todo, que tan poco valoramos a cierta clase de trabajadores. Quizás al tío Luchito le valdría ver como los bodegueros de la Vía Expresa se preocupan más por la ciudad que él mismo.

Pero, como toda práctica social, ésta también se plasma en otras facetas, no solo en la política. Así…

…De los mismos autores del afiche fallido del Festival de Lima, llega:

EL NUEVO SPOT DE LA UNIVERSIDAD FAVORITA DEL GOBIERNO (cámaras, acción):

Como ya El Morsa y Henry Spencer han mencionado, el blog Choledad Privada ha hecho notar que la narrativa del spot padece del síndrome Castañeda Lossio, al minusvalorar unas tareas antes que otras y olvidarse del tan mentado y necesario “derecho de piso”:

¿”No te ves filmando bautizos, no te ves pegando curitas, no te ves construyendo un closet“? Así como para ser un chef preparado se necesita conocer los avatares del día a día entre sartenes sucias, cebollas por picar y peladores de papa, la Universidad pretende obviar este hecho e invita al estudiante a basurear al equipo operativo y ejecutor de las filmaciones de una empresa audiovisual, u olvidar que todo buen diseñador industrial necesitará saber cómo armar un closet antes de pretender hacer una serie de 500 mil unidades de exportación. La arrogancia inaudita de la universidad que habla es sorprendente, nos hiere y nos asusta.

Se supone que en una universidad aprendemos a aprender y que todos tenemos conciencia que no la vida no la comienzas de gerente general. Sin embargo, frente a la necesidad laboral de ubicarse en un buen puesto, varias universidades – sobre todo aquellas que están bajo el régimen con fines de lucro – intentan minusvalorar los estudios generales, las etapas formativas y la teoría, para irse a la práctica de frente o, en este caso, a saltear etapas necesarias de crecimiento. Digamos, la pedagogía mentada por esta universidad incita a que sus egresados no tengan en cuenta que la vida es un proceso.

Pero el palo también le cae a la agencia publicitaria encargada de la campaña. Ya Toronja había protagonizado un soberano papelón con el afiche del festival de Cine de la PUCP, en el que había ido contra uno de sus rollos principales como empresa: la inclusión. Ahora lo vuelve a hacer, de modo más sutil, pero igualmente pernicioso y granjéandose nuevamente críticas desde una cholósfera particularmente sensible ante este tipo de problemática tan presente en el Perú de hoy.

Sin duda, los publicistas y las empresas – al igual que con las campañas sobre el género en los comerciales – van a tener que poner atención sobre las imágenes que vienen enfatizando sobre a quienes consideran como más o menos peruanos, ciudadanos o trabajadores. Como me dijo alguien hace poco: la cultura se construye todos los días, desde lo más cotidiano. Y la forma de combatir la exclusión también.

CUSCO: LA PELEA POR EL TURISMO Y LA CULTURA

Vamos a ver. No comentaba sobre este tema pues la cantidad de voces contradictorias sobre el mismo era abundante y no tenía todos los elementos de juicio para hacerlo, pero en los últimos días he podido leer algo más sobre el conflicto en el Cusco, sobre la tan mentada Ley Bruce y sobre lo que parece ser un nuevo capítulo de la bronca por Machu Picchu. Tres temas enlazados y que tienen que ver con como estamos pensando la protección nuestro patrimonio cultural y la política turística en el Perú.

Hace una semana me encontré con un amigo que trabaja en el MINCETUR y, claro, aproveché la oportunidad para preguntarle sobre el tan mentado tema de las protestas en Cusco. Y lo que escuché de su parte fueron dos hipótesis: la presencia de elementos de izquierda liderando las protestas – llamémosle, la tesis Alan – y los intereses de los operadores locales de turismo. Pero cuando le inquiri sobre si el Ministerio para el que trabaja no tenía otros programas de fomento del turismo que no fuera de 5 estrellas y 4 tenedores, mi amigo me señaló que, si bien existían, no se les estaba dando el impulso suficiente desde el Viceministerio de Turismo y desde el despacho de Mercedes Araoz.

Este diálogo me fue revelando cuales eran las limitaciones de la política turística del país y a la que Carlos Bruce ha contribuido.

Creo que nadie en su sano juicio estaría en contra de la inversión privada en turismo. Por el contrario, se trata de una inversión que, bien realizada, puede potenciar la llegada de más personas al país y activar una industria que no contamina y que genera divisas. Perú tiene varios atractivos turísticos por explotar y sean bienvenidos al país todos quienes quieran venir.

El problema es que, tanto el Congresista Bruce como Mercedes Araoz, no se han percatado de dos elementos. El primero, referido a los diversos tipos de oferta turística, ha sido comentado por Roberto Bustamante:

1. el modelo de turismo (sobre la base de desarrollo sostenible) utilizado aquí es el de los hoteles y restaurantes cuatro y cinco estrellas/tenedores. es decir, casi siguiendo el modelo de la receta contra el perro del hortelano, se privilegia la gran inversión sobre la posibilidad de tener un turismo basado en la pequeña y mediana empresa. el nuevo latifundio sobre los pequeños dueños asociados. si eres un campesino y quieres tener un albergue con tus vecinos, fuiste.

Sin duda, con las cumbres internacionales llegaran muchos visitantes que también querrán conocer el país y que seguramente querrán las comodidades del caso. Esa demanda tiene que ser cubierta por instalaciones adecuadas a ese tipo de turista. Pero tampoco puede dejarse de lado a quienes quieran hacer turismo vivencial o a los tan famosos “mochileros”, quienes también requieren de un lugar adecuado para estar y quienes generalmente son atendidos por pequeños empresarios o pobladores de la zona. A ese grupo de personas, simplemente, el MINCETUR y el ex ministro de Alejandro Toledo no les han prestado atención.

Y es aquí donde viene el segundo elemento: los reclamos por incorporación al mercado turìstico por parte de estos pequeños y medianos operadores. Comenta Rosa María Palacios:

Con muy buena intención (y, creo, es lo correcto), la ley levanta las barreras de acceso al negocio turístico en lugares muy apreciados en términos académicos, pero no explotados en términos comerciales. Salvo en el Cusco. De ahí la protesta exclusiva en esa región. La ley reserva para la gran inversión privada (hoteles de cinco estrellas y restaurantes de cuatro tenedores) y, probablemente, extranjera (por los capitales de los que debe disponer) zonas contiguas a monumentos que hoy se encuentran invadidas de pequeños comerciantes que venden artesanías, así como de hoteles de bajo presupuesto. Estos (que son miles) van a tener que competir con la gran inversión o, peor aún, corren el riesgo de ser desalojados en el ánimo de formalizar estas zonas, sujetos al futuro arbitrio (léase coima) del INC o del gobierno regional.

Y allí nos vemos sujetos al otro tema: la institucionalidad existente para implementar la norma. ¿Un Instituto Nacional de Cultura sin recursos y que no ha tenido precisamente la mejor de las gestiones va a ser capaz de hacer el control de calidad de la inversión para que no se deteriore el patrimonio cultural? ¿Ocurre lo mismo con los gobiernos regionales? Eso, en mi tierra, se llama institucionalidad para la competitividad y que también alcanza al turismo. Si tenemos un producto con valor agregado en el Perú es ese y pretendemos poner controles y mecanismos informales para que llegue la gran inversión y/o no fomentar a los pequeños empresarios. Es como si pusiera a Laura Bozzo al frente del INC, ejem, bueno, eso ya pasó en el gobierno aprista anterior.

Y ya que hablamos del INC, pasemos a otro bochornoso incidente que da cuenta de la poca confianza que merece esta institución, tanto en limeños como en costeños. Hace algunos meses se habló sobre las negociaciones para que la Universidad de Yale le devuelva al Perú las piezas arqueológicas que Hiram Bingham se llevó de Machu Picchu. Nuestro “negociador” fue el hoy Ministro de Salud Hernán Garrido Lecca. Y al cierre de dichas tratativas, se alertó que solo se nos devolvería las piezas de menor valor de la colección sustraida por el polémico arqueólogo.

Pues bien, este fin de semana Eliane Karp – sí, nuestra ex primera dama – ha escrito un artículo sobre este tema, dos de cuyos párrafos son bastantes reveladores:

De acuerdo con el Memorándum de Entendimiento entre Yale y el presidente García, el Perú se compromete a construir un museo y un centro de investigación en el Cusco, la ciudad más cercana a Machu Picchu, donde parte de la colección sería exhibida. Yale sería una institución asesora del centro, y se encargaría de seleccionar qué piezas serían entregadas al museo. El derecho soberano del Perú a ejercer la propiedad de la colección no ha sido reconocido, y queda claro que Yale mantendría una proporción significativa de los materiales.

Al Perú, como lo plantearon antes, no se le permitirá realizar un inventario propio. Solamente cuando el museo haya sido construido cumpliendo con las especificaciones presentadas por Yale, solo una porción de los materiales retornaría, permitiéndole a los peruanos disfrutar de artefactos históricos que nunca han visto.

Y a pesar que yo no comparto las tesis de la Dra. Karp sobre el rechazo del acuerdo planteado anteriormente por Alejandro Toledo – lo atribuye a racismo – ni sus tesis sobre los pueblos indígenas, lo que queda claro es que se ha dado el trabajo de comprobar que lo que varios medios han señalado sobre este tema es cierto: el país no ha sabido negociar la devolución de su patrimonio cultural y no hemos sabido preservarlo de manera adecuada.

Como vemos, estamos ante un problema severo de confianza institucional y de falta de explicación de lo que se quiere hacer con el turismo y el patrimonio histórico del país. Peor aún, no estamos estimando adecuadamente todas las posibilidades que la actividad turística tiene potencial o realmente en el Perú y, además, no estamos enviando a las personas adecuadas a tratar temas delicados. Los hechos ocurridos en Cusco y el malestar de los cusqueños es entendible – lo que no avala actitudes violentas – y explicable. Y ese factor se sigue llamando exclusión del Estado y del mercado.

Visto esto, el Perro del Hortelano parece vivir cómodamente en Palacio de Gobierno.

MAS SOBRE EL TEMA:
Rosa María Palacios: Ni terrucos, ni locos, ni suicidas
Roberto Bustamante: La Ley Bruce para Dummies
Eliane Karp: Sobre el tesoro perdido de Machu Picchu
Menos Canas: Decir “No”

UNA HISTORIA DEL PERU

Percy llega a una casa que conoce bien, pero a la que hace tiempo no iba. Va a visitar a un amigo del colegio en el que estuvo hace un par de años. Casi nada ha cambiado, excepto el color del edificio cuyas escaleras acaba de subir.

Mientras espera que su amigo termine de alistarse, Percy conversa con la dueña de casa, quien le guarda mucho afecto. Le pregunta sobre como le está yendo en el nuevo colegio, sobre sus hermanos que ya son mayores de edad. Percy le cuenta a la señora de 52 años que su mamá está por irse a España. No es la primera vez que él sufrirá una separación familiar.

Pero Percy la pasa bien durante todo ese día, a pesar de la inminencia de una nueva partida en su vida. Va a almorzar con la familia de su amigo, arma el arbol de Navidad, se entretiene en la computadora y, a las siete de la noche, retorna a su casa feliz, a reencontrarse con los demas niños con los que vive. Se le nota más despierto que antes, menos retaido de la última vez que vino a la casa, comenta el hermano mayor, quien de cuando en cuando se ha asomado a observar a los chicos como se divertían.

La vida no ha sido nada fácil para este joven. Perdió a sus padres a temprana edad y, por suerte para él, fue acogido en una aldea infantil. Tuvo la opción de estar en uno de los mejores colegios de Lima y la supo aprovechar durante toda la primaria. Sin embargo, no logró adaptarse del todo a la secundaria y dejó el colegio donde estaba y pasó a otro, igualmente bueno, pero menos exigente. Su mamá sustituta viajará a España a labrarse un futuro mejor y él ya está viendo la posibilidad de estudiar electrónica y computación. Su sueño es estudiar algo que le permita hacer robots que puedan facilitar la vida de las personas.

Sin embargo, ayer sentí que Percy se sintió muy acogido por nosotros, pues lo tratamos como a todos los amigos de mi hermano. Luego que se fue, mi mamá rompió a llorar, pues veía en él a todos los niños que no tienen las mismas oportunidades y, a los cuales, no siempre se los acoge como alguien igual a “Nos-Otros”. El día de ayer, mientras otros se debatían entre el campeonato de fútbol y descansar de la juerga del sábado, recibíamos una lección de vida y un encuentro con el país al que no siempre miramos de frente a los ojos.

Por la noche, veía en Canal N las desafortunadas declaraciones de Jorge del Castillo sobre las “nuevas prioridades” de los programas sociales del gobierno, luego desdichas. Y me preguntaba, este rapto de estupidez y sectarismo – porque otra expresión no puede dársele a este desliz -, ¿no termina reflejando lo que siente nuestra clase política ante los principales problemas del país?

Hace algunas semanas, escribía un post sobre como las dificultades en la aceptación de las otras lenguas que se hablan en el Perú nos reflejaban relaciones de poder y de exclusión. Sin duda, las declaraciones de Del Castillo nos indican el lamentable rumbo de hacia donde vamos en el camino de derrotar a la pobreza. Peor aún, nos refleja como, para un gobierno que dice ser para todos, hay quienes son más iguales que otros.

Mientras tanto, chicos como Percy crecerán, se volverán mayores de edad y los gobernantes los seguirán tratando como clientela antes que como lo que son: ciudadanos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Roberto Bustamante: Ser pobre

EL IDIOMA DE LA INCLUSION

Para la luz de estos tiempos

Hasta hace unos, aproximadamente, dos meses, dos imágenes se me venían a la mente cuando escuchaba la palabra lingüística. La primera: cualquiera de mis profesores de lenguaje armando el arbolito – no el de Néctar – con las partes de la oración. Ya saben: sujeto, objeto directo, núcleo, objeto indirecto, etc. La segunda: Martha Hildebrandt haciendo de aduanera del habla culta y enfrentándose a su colega María Sumire por la Ley de Lenguas. Y quizás muchos de ustedes, amigos lectores, tengan la misma impresión que yo.

Pero quizás sea hora de ver a la lingüística como una herramienta que no solo sirve para torturarnos con lo que debemos o no decir, como cierta congresista con poco criterio pretende hacernos creer. Ayer, luego de las últimas ponencias del VIII Diálogo de Estudiantes de Lingüística, pude comprobar que las humanidades pueden hacernos ver, de mejor manera, uno de los temas que en la campaña electoral fue de los más tocados y hoy parece haberse diluido en medio del quehacer cotidiano y las propuestas cada vez menos pensadas de Alan: la exclusión.

Uno de los datos que más me sorprendió saber es que cada dos semanas desaparece una lengua. Es decir, sale de la esfera humana no solo una forma de expresarnos, sino también una forma de ser y de sentir lo que somos como personas. Seguramente no faltará quien crea que el deceso idiomático sea tan natural como la muerte de una persona (ya me imagino a Aldo M mandándose un post, digo, un editorial en ese estilo). Pero mis lectores más acuciosos se darán cuenta que la extinción de una lengua se basa en que se dejó de usar porque no fue adecuadamente valorada por quienes hablan el idioma oficial.

Si los seres humanos, de acuerdo a lo que dice la Constitución, somos iguales, pues las lenguas que empleamos para expresar lo que pensamos o sentimos también deberían serlo. Sin embargo, ello no ocurre así en la realidad. ¿Por qué? Quizás la mejor respuesta sea la que me dio una muy buena amiga hace unas semanas: la funcionalidad lingüística. ¿Y eso como se come? Pues nos estamos refiriendo a la capacidad que tiene un idioma de funcionar en distintos contextos, sobre todo, cuando nos encontramos ante el ejercicio de los derechos ciudadanos.

Un ejemplo jurídico nos podrá ayudar a entender la complejidad, aunque no lo crean. Ubiquémonos en cualquier localidad de nuestra sierra, quizás pensemos en Chungui, una de las localidades más afectadas por el conflicto armado. Los pobladores de dicha localidad, en su mayoría quechuahablantes, seguramente tendrán algunos pocos servicios básicos. Imaginemos que tienen un juez de paz en la zona, que, dado que no es abogado, tiene la ventaja de poder entender los problemas de la comunidad y, claro, de hablar quechua. Pero claro, no todos los conflictos pueden ser resueltos por el Juez de Paz. Para algunos de los procesos penales por violaciones de los derechos humanos, nuestros amigos de Chungui tendrán que viajar para acudir a las audiencias, seguramente a Huamanga. Pero, a pesar de ser la capital de departamento – o justamente por ello -, les será difícil encontrar a algún empleado judicial que hable su mismo idioma, un abogado que también comprenda lo que dicen. Quizás por suerte lo logren encontrar, pero, sabiendo como es el sistema judicial peruano, el caso terminará en la Corte Suprema en Lima, con gastos mayores de desplazamiento y claro, con opciones tan remotas como la clasificación de Perú al mundial de ubicar a un juez que se exprese en quechua y menos aún un traductor, tenemos todas las desventajas para acceder a la justicia.

¿Qué nos demuestra esto? Que en el fondo los peruanos hemos hecho del castellano una lengua que ha terminado avasallando a las otras, porque quienes no hablan el idioma en el que me estoy expresando no cuentan con las mismas oportunidades de acceder a los servicios básicos que brinda el Estado. Revísate cualquier parte del Informe Final de la Comisión de la Verdad para que veas que drámatico es esto, pues, en muchos casos, debido a esa distancia, se cometieron crímenes abominables. Y es que en el Perú hemos entendido la tolerancia como un simple ejercicio de ver al otro como diferente, pero no como igual a mi. No ha existido el Nos-Otros tan necesario para la convivencia humana. Quizás ello explique en mucho porque durante 20 años nos matamos entre peruanos.

¿Y qué soluciones nos hemos planteado? Pues una fue la tan discutida Ley de Lenguas propuesta por María Sumire o los Programas de Educación Intercultural y Multilingüe del Ministerio de Educación, propuestas ambas que tienen varias cuestiones destacables, pero que adolecen de tener aún una mirada que sigue mirando a las culturas e idiomas “no occidentales” como mera pieza de observación arqueológica – osea, sin contacto, tal como veía Eliane Karp a los pueblos indígenas – o tratando de adherirle todas las características del castellano, es decir, un lenguaje escrito que muchas de estas expresiones idiomáticas carecen, lo que no implica una falta de desarrollo de las mismas.

Y, con lo bien intencionadas que sean estas propuestas y con todo lo que se puede afinarlas, no son suficientes. Hace falta justamente que volvamos a mirar la gran lección de la elección del 2006. El país requiere de reformas institucionales para que exista una mayor y mejor presencia del Estado en todo su territorio, que deben tomar en cuenta las distintas realidades regionales y, claro, tener a los actores de cada parte de la patria participando en el proceso de elaboración de estas políticas, pues ellos serán los principales beneficiados. Desafortundamente, como sabemos, esa no es la prioridad ni en Palacio de Gobierno ni – y es triste decirlo – tampoco en la mayor parte de gobiernos regionales ni locales.

Sin embargo, no quiero terminar este post como habitualmente lo hago, con esa saludable cuota de pesimismo, indignación e ironía que caracterizan a este blog. Si me animé a mandarme todo este rollo es justamente porque ayer entendí que este tema de las desigualdades idiomáticas tiene, en el fondo, que ver con relaciones de poder. Y, cuando uno mira hacia atrás, ve que el gran tema de Desde el Tercer Piso ha sido ese: como las relaciones de poder actuales han configurado el país que tenemos y que todos tenemos la obligación de comenzar a ayudar a cambiar.

Ayer comprendí cuanto nos puede ayudar una especialidad que generalmente es ignorada o poco comprendida en nuestro medio para poder tener otra entrada a un tema que todos tenemos presente. Muchas veces los abogados tenemos el ombliguismo de creer que tenemos las soluciones a todos los problemas. Tal vez nos hace falta entender que, en el fondo, de los pequeños y hermosos arroyos nacen los grandes ríos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Nila Vigil: Revitalizacion lingüística: enseñanza de lengua indígena como segunda lengua.
Jorge Acurio: Verdades y Disparates
Virginia Zavala: Lenguas sí, hablantes no

UN FRIO QUE MATA

Todos sentimos que el invierno que tenemos este año debe ser uno de los más crudos que debemos haber tenido. Ello, luego de uno de los veranos más calurosos que hayamos tenido. No soy meteorólogo – ni pretendo pasar por tal – pero no hace falta serlo para darnos cuenta que las cosas no andan bien con el clima, producto de aquello que llaman calentamiento global.

Quienes vivimos más o menos cómodamente tenemos una casa donde cobijarnos, ropa con que abrigarnos y hartas frazadas para taparnos cuando vamos a dormir. Desafortunadamente, esa no es la nota común en nuestro país, sobre todo en el sur, donde el frío se siente con mayor intensidad.

Leía, antes de sentarme en la computadora, una columna del ex Ministro de Salud Uriel García en Caretas. Desde su experiencia de médico, señalaba que las muertes por Infección Respiratoria Aguda no se deben a un mal manejo médico frente a las enfermedades causadas por el invierno, sino gracias a la pobreza y a la exclusión.

Y claro, pensaba en como nuestros hermanos de Ayacucho, Puno o Apurímac (por mencionar algunos ejemplos), no tienen calefacción, menos aún la suficiente ropa para abrigarse para soportar temperaturas bajo cero. O basta ver sus viviendas para saber que pueden guarecer de todo, menos de un clima general de indiferencia, que parece cobrar más vidas que el frío. Bien los saben quienes vivieron en esa zona del país, pues cuando ocurrió el conflicto armado interno eso fue lo que exactamente pasó.

¿Qué hace el Estado? Pues lo de siempre: esperar a que ocurra la emergencia, a que los corresponsales de prensa informen como se mueren niños, ancianos y animales para recién reaccionar y convocar a masivas campañas de donación de ropa y abrigo para colaborar con nuestros compatriotas. Y claro, está muy bien que apoyemos y seamos solidarios con quienes lo necesitan. Sin embargo, todo este discurso de solidaridad presidencial y estatal parece tardío frente a algo que es un mal común del Estado peruano: la falta de previsión, pues todos sabemos que en esta época del año se producen las heladas, cada vez más frecuentes por la forma en como hemos ido maltratando nuestro planeta.

Quizás esta pequeña reflexión nos sirva para pensar de nuevo en aquello que durante el año pasado la campaña electoral nos sacó dramáticamente en cara: este, nuestro país, es un lugar de grandes contradicciones sociales y de abismos de exclusión que harán inviable cualquier intento de democratización o desarrollo económico si es que no cerramos las brechas que nos separan. Ayudar a quienes lo necesitan y sumar esfuerzos en las campañas que se vienen difundiendo por los medios de comunicación es una manera de hacerlo. Pero quizás, más duradero y satisfactorio para todos será que le comencemos a exigir al Estado – y a nosotros mismos – que la indiferencia no sea la característica principal de nuestra conducta y que la improvisación y el gesto falaz no se conviertan en intentos de hacer más puntos en las encuestas con lo que es, simplemente, un deber moral y una obligación.

MAS SOBRE EL TEMA:
Defensa Civil: Campaña de Donaciones por el Frío
Mirko Lauer: Tibia ayuda
El blog del Morsa: Llorar de Frío

EXCLUSION: EL TEMA OLVIDADO

Ya nos parece lejana la campaña electoral del 2006. Hace sólo unos meses que ocurrió.

Parece lejano el miedo a Humala. Ahora parecen existir otros miedos.

Y hemos olvidado el gran tema: la exclusión.

Pero varios me lo hacen recordar, todos los días.

Cada vez que veo a los constantes vendedores ambulantes que suben a los micros todos los días, de camino al trabajo y de camino a la casa.

Cada vez que veo el Informe de la Comisión de la Verdad y leo: 85% de las vìctimas vivìan en los departamentos más pobres del país, 75% tenía el quechua u otra lengua nativa como idioma materno.

Cada vez que me acuerdo de Mesa Redonda y digo, cinco años han pasado y no se hace justicia.

Cada vez que recuerdo que la educación pública peruana es un desastre.

Cada vez que veo en los noticieros – cada vez con menos frecuencia, por higiene mental – un linchamiento como una curiosidad o una perversa forma de “justicia popular”.

O cuando un reportero amigo hace un reportaje estremecedor sobre lo que ocurre en Ayacucho luego de la guerra y nos damos cuenta que no hemos hecho nada para remediarlo. Y que cuando pretendemos hacerlo, se nos vienen encima pretendiendo matar al mensajero.

Seguimos siendo un país con las prioridades trastocadas.

MAS SOBRE EL TEMA:
Utero de Marita: Sacharaccay.