ZONA DE PROMESAS

Nacemos. Abrimos los ojos al mundo y comenzamos a distinguir colores, formas, olores, sabores. Y poco a poco iremos comenzando a aprender a conocer los sentimientos que llevamos dentro y que nuestro cuerpo reacciona a los mismos.

Crecemos. Nos damos cuenta de la existencia de alguien al costado que, sin ser parte de la familia, resulta ser importante. Juegas, ries, cantas. Haces lo mismo cuando tienes 6, 18, 45, o 70. Y a las mismas edades cometes errores, analizas demasiado, no confías, a veces engañas o dices que te encuentras bien cuando no lo estás. Y a veces sientes que el camino va cuesta arriba y que no podrás salir de aquel agujero en el que te pareces haber sumido.

Sin embargo, conforme comienzas a percatarte que encerrarte en el dolor no hace bien, comienzas a bregar para que, cada día, todos los días, el mañana sea mejor. Para corregir aquello que causó dolor y, a la larga, te hizo daño. Perdemos batallas, queremos regresar a veces el tiempo, pero, antes de retroceder agujas de relojes, más bien habría que plantearnos como vivir el camino de ahora en adelante, aunque a veces ello suponga separarse – sea por un tiempo corto o indefinido – o volvérsela a jugar.

Recuerda, toda insistencia tiene su recompensa. Eso no se puede negar. Tarda en llegar, pero al final, la hallas en tu propia zona de promesas.

TRES AÑOS DESDE EL TERCER PISO

Cuando un niño cumple 3 años – y lo se, porque he visto a mi hermano menor crecer – ya cuenta con ciertas herramientas para comenzar a valerse por si solo en algunas cosas: cierta altura que le permite alcanzar ciertos objetos, puede caminar por si solo sin que nadie le sostenga, emite algunas palabras y, claro, si es superdotado o tiene papás o abuelos que lo han estimulado tempranamente, hasta puede leer algunas palabras o frases. Y claro, todos los que lo quieren y aprecian están orgullosos de esos logros, que, aunque pequeños en comparación a lo que le toca vivir, son grandes pasos en aquel momento.

Algo parecida es la sensación que tengo frente a esta pequeña página web, que hoy, por obra y gracia del Espíritu Santo y mi terquedad en seguir escribiendo, llega a los tres años de existencia y al post número 917.

Decía hace algunos días que no es tarea fácil escribir sobre política y actualidad. Implica, en mi caso, levantarme temprano y, mientras hago ejercicios, ver a Raúl Vargas con los comentarios que todo el país escucha a la hora nona. De allí, entre el desayuno, la ducha y el acicalamiento de todos los dias, alternar entre RPP, CPN y San Borja, para luego pasar a la lectura de 8 diarios. Ojo, no solo por cuestiones de blog, sino también de chamba, que me obliga a estar enterado de todo lo que pasa. Así, en ese órden, pasan por mis manos La Razon, Expreso, Correo, La Primera, La República, Perú.21, El Comercio y, por deformación jurídica, las Normas Legales de El Peruano. Súmenle a eso ver las noticias del día por Internet – sí, también por eso me pagan -, chequear los programas de las 11 de la noche y bueno, ahora entienden porque no es tarea fácil escribir, enlazar y ser breve.

(Y para los amigos que se creen el añejo chiste de Basta Cebolla, yes, i have a life, sino no podría escribir).

Y aunque redactar los comentarios, mini-investigaciones, rayes personales y demás cosas que pongo en este espacio es entera responsabilidad mía, creo que quedaría mal si es que no agradezco, en este momento, a varias personas.

A mis viejos, por aguantar que pase varias horas frente a la computadora y por respetar lo que pienso. La mejor lección que me dieron es la de ser tolerante con los pensamientos ajenos y eso procuro hacer, sin que ello me impida dejar en claro mis convicciones y creencias.

A mis compañeros de trabajo, no solo por darme ideas de enfoques para el blog, sino también por sus comentarios que siempre enriquecen lo que hago, tanto en lo profesional como en este espacio. Y claro, gracias por leer, a pesar de lo extenso.

A todos quienes se han dado una vuelta por aquí. A los conocidos como Rosa María Palacios, César Hildebrandt, Augusto Alvarez Rodrich, Juan Carlos Tafur, Martín Tanaka, Eduardo Villanueva o Pedro Salinas. A los que no conozco y podría conocer más y a quienes todos los días no dejan de leer este blog, pobre pero honrado.

Por supuesto, a quienes dejan comentarios – sean caseritos o no -, estén de acuerdo o no con lo que he puesto en pantalla, por propiciar debates y, en la mayoría de las veces, dejar argumentos para pensar o simplemente para discrepar. Como siempre, son todos bienvenidos. Y a los medios que han tenido a bien rebotar este blog cuando lo han considerado necesario.

Dejo un espacio especial para los amigos bloggeros. Este año que ha transcurrido, no solo he podido conocer a muchas personas que hacen blogs, sino que con varias de ellas el vínculo ha ido más allá y se han formado verdaderas amistades, espero que duraderas. Al iniciador de todo, por mostrarme el mundo de los blogs. A todos los blogs que me enlazan y que ya no puedo contar, por pensar que este espacio tiene algo de valor. Para los amigos de Perúblogs, gracias por el apoyo y la compañía en las reus bloggers que han organizado. Para Hans y Christian, por hacerme reir todos los días. A Paco, por sus menciones desde Iquitos y porque su libro está paja. A Alberto, por ser compañero de blogs, de universidad y un amigo de verdad. A Heidi, por los jalones de orejas y por las palabras adecuadas en el momento adecuado. Al exiliado Reaño, por los consejos y por entretenerme con la música más rara del mundo. A Morena, por devolverme a tierra cada vez que puede. A la recientemente egresada Catalina, por el apoyo de estos días y por ser la buena amiga que es. A Marco y a Roberto, mis cómplices en varias de estas aventuras bloggeras, por la ironía y por recordarme todos los días mi pasión por escribir tan largo. Y a Laura, por demostrarme todos los días que escribir sobre política de manera tan fresca es tan posible como hacer, de la nada, una muy buena amistad que espero que perdure.

¿Y que viene para este año? Pues algunos experimentos en el lenguaje de este blog que espero sepan comprender y que aun estoy viendo como ensayar. Pero, sobre todo, seguir persistiendo en la terca tarea de escribir todos los dias sobre lo que nos ocurre, lo que vivimos, pensamos o sentimos cuando vemos alguna noticia en el periódico, en la tarea de investigar y dar más contenido a lo que puedes leer en los noticieros o en otro blog. Y, por supuesto, en seguir creyendo que este, mi querido país, puede ser distinto y mejor a lo que hoy tenemos.

A todos, gracias totales. Y ahora volvemos a nuestra programación habitual.

NAVIDADES DISTINTAS

Te despiertas. Es el día de Navidad. La cena estuvo muy bien y el compartir con la familia se prolongó hasta las cuatro de la mañana, porque la conversación estuvo bien entretenida y todos estaban felices por el hecho de estar allí reunidos, alrededor de la mesa.

Antes de levantarte de la cama, vienen varios pensamientos a tu cabeza, sobre quienes pasan Navidad de manera distinta.

Desde que tienes uso de razón, sabes que la tierra donde nació aquel a quien llamas Salvador es una de las zonas más convulsionadas del planeta. Y te preguntas porque ninguno de los esfuerzos para procurar alcanzar la paz ha tenido éxito duradero, porque entre primos – porque palestinos e israelíes lo son – se disparan todos los días y porque no pueden compartir una misma tierra. Recuerdas la Biblia y ves que la historia es cíclica en cierto sentido.

Cerca de allí, en Iraq, tampoco la están pasando bien. Ya van a ser cinco años de invasión y las cosas, lejos de componerse, siguen siendo violentas. Andar por una calle en Bagdad o Basora sigue siendo un riesgo. ¿Podrá ser posible jugar en medio de minas antipersona o de ataques de Dios sabe que grupo? ¿Será posible ser feliz en medio de las bombas y la hambruna en Darfur?

Y volviendo a la realidad más cercana, te preguntas por el dolor de las familias de los dos policías asesinados ayer en una nueva emboscada. ¿Por qué nos seguimos matando entre peruanos? ¿Por qué seguimos lamentando estas muertes y el gobierno sigue inoperante o recurriendo a supuestas medidas de “mano dura” que no dan resultados certeros?

¿Cómo habrá sido la Navidad en Pisco entre demoliciones y remociones? ¿Como vivirán los niños la esperanza en medio de promesas incumplidas de reconstrucción y del esfuerzo de sus padres para que todo vuelva a la normalidad, a pesar de que FORSUR parece ser cada vez más uno de los peores cuentos de ficción que el país ha vivido en los últimos años?

Y sin embargo, cada una de estas personas sigue despertando todos los días, con la terca esperanza de que su situación mejore y haciendo todo lo posible para que cambie. Y te aferras a esa esperanza para que las lágrimas que han caido no salgan más. Porque el dolor tiene que dar paso a la acción. Y porque de alguien aprendiste que, a pesar que haya mucho dolor acumulado, el camino a la felicidad se hace todos los días.

Mientras el sol alumbra el tercer piso, la mañana de Navidad.

NAVIDAD

Diciembre llega. Epoca de revisar lo que hicimos en el año. Epoca de ver quienes se quedarán en la agenda del próximo año y quienes se han ido, por ahora o permanentemente. Y de compartir con aquellas personas que no vemos mucho y con las que hablamos todos los días.

Son 31 días en los que piensas que no pasará nada y que los tendrás relajados, pero vienen con su carga de exámenes finales, celebraciones y, por cierto, material de sobra para el blog. Nuestros políticos no descansan nunca en producir “genialidades”, por lo que supongo que algo sucederá para que esta noche tenga algo de material que me obligue a tomar harto vino para pasar el mal sabor. Espero tomar vino por motivos mejores, como los que se celebran hoy.

Para todos, Navidad es una época especial. Días de darnos como personas los unos a los otros. Para mí, es la fase del año en que tengo mayor conciencia de que los seres humanos no somos solo trabajadores, estudiantes, bloggeros o la ocupación que elegimos o que la vida nos deparó, sino que somos personas con defectos y virtudes y con sensibilidad, en algunos más oculta que en otros.

Y, finalmente, para alguien que tiene fe, como yo intento tenerla todos los días, este día termina siendo la esperanza encarnada en un ser superior que vino a este mundo para darnos un mensaje. Que este mundo puede ser otro, más inclusivo, más fraterno, menos hipócrita, más solidario. Y aunque a veces mi iglesia no sea lo suficientemente capaz de traducir ese mensaje en hechos concretos, sigo en la brega para que podamos ser más consecuentes con lo que decimos predicar.

Seguir viviendo intensamente es la tarea que me queda.

Feliz Navidad.

MAS SALUDOS NAVIDEÑOS:
Laura sin canas le da regalos a nuestros políticos
Morena escribe sobre la navidad de Inventarte (Y el C también)
El Morsa politiquea hasta en Navidad y luego nos habla de la historia de esta festividad.
ocraM, con estrellita aprista en el Utero, nos pone “villancico” de Bing Crosby y David Bowie
Tanaka y una iniciativa solidaria
Gonzalo Gamio y el significado de la Navidad
Historiadores nos regalan a Mr. Bean navideño
Spencer prepara con su abuela un postre navideño
Los deseos navideños de Eduardo Villanueva
De la selva, su Navidad en el otro Belén
Tabo y sus peculiares Aires de Navidad
Regala libros: las listas de Iván Thays y Augusto Alvarez Rodrich
Alberto y lo que puede ser un milagro navideño: el ministerio de Medio Ambiente
Javier Prado y una caricatura navideña
Fantomas nos regala el pare del calentamiento global
El verdadero “amo y señor de la cholósfera” nos dedica una de Lavoe en Navidad
Cisneros solo en su casa esta Navidad

REFLEXIONES DE INICIO DE CARRERA

Para Beatriz Boza, Javier Ciurlizza, Eduardo Dargent, Javier Neves y Elizabeth Salmón. Se ganaron el justo derecho de llamarlos maestros

Toda historia tiene su inicio y su final. La mía en la PUCP tendrá su conclusión este viernes. Pero comienza otra, en la que el Derecho, de alguna u otra manera, estará presente. Y es por ello que me tomo la libertad de dejar a un lado la reflexión coyuntural para, en voz alta, dar algunas pequeñas ideas respecto a la vocación que escogí y a lo que he podido aprender en estos años. Más que un compilado contaminado de juridicidad, es un testimonio personal.

Ciertamente, los abogados nos hemos ganado una mala fama. Se nos acusa de enredados, corruptos, poco consecuentes con la justicia, manipuladores del lenguaje y capaces de defender hasta al mismísimo Satanás. No en vano nos hemos ganado dicha impresión. Muchos colegas han hecho de la profesión ciertamente algo reñido con la competencia profesional, la ética y la defensa de los valores democráticos. Mencionar ejemplos sería ocioso, pues todos nos hemos topado con un letrado que tenga alguna de estas características. Y claro, cuando hago con sarcasmo la pregunta: ¿qué sería del mundo sin los abogados?, 9 de cada 10 personas me responden: un lugar mejor.

Cuando escogí la carrera de Derecho – luego de dilucidar entre Historia y Periodismo como otras opciones – lo hice consciente de esa mala imagen de la profesión. Y también lo hice en un momento particular de nuestra historia: cuando la ley era manipulada por una dictadura de manera tal que podía permitir arbitrariedades mayores y las instituciones eran absolutamente maltratadas. Ese fue un primer impulso para plantearme el camino jurídico: evitar que el colapso institucional sea mayor.

A pesar que la caída del régimen autoritario se produjo antes que entrara propiamente a la Facultad, creo que ese reto sigue presente. Aunque en menor medida, los recursos legales son utilizados como armas para la arbitrariedad y el gobierno que tenemos ahora no es precisamente fanático de la consolidación institucional, más allá de medidas aisladas. Ser abogado en el Perú implica lidiar con esta precariedad, pero también nos impone un reto: hacer que la institucionalidad se pueda consolidar. Buena parte de esa inquietud ha sido plasmada en la mayor parte de los cerca de 900 posts que tiene este blog en casi tres años.

En el camino recorrido he ido aprendiendo varias lecciones profesionales y personales. Quizás la primera de ellas es que, ante todo, somos seres humanos, que debemos preguntarnos quienes somos y que queremos. La respuesta a estas inquietudes no será la misma conforme andamos en el tiempo, pero si persiste una esencia personal en cada afirmación que damos a dichas interrogantes. Como alguien me dijo: La cantidad y calidad de tus dudas deben alegrarte más que preocuparte, pues son una señal de que estás “vivito y coleando”.

La segunda, es que no se puede ser un buen abogado – mejor dicho, un buen profesional – si es que no se adquieren destrezas, competencias y conocimientos. ¿Qué implica ello? Para quienes optamos por esta locura llamada Derecho, pues nos lleva a leer harto, hacernos varias preguntas, intentar mejorar cada día nuestra redacción y nuestra expresión oral. Si no contamos con las herramientas necesarias para pensar jurídicamente – ojo, hablo de pensar y no de paporretear códigos, pues las leyes siempre pueden cambiar -, pues ofreceremos un mal servicio a la persona que nos contrata y seguiremos contribuyendo a la mala imagen que tenemos ante buena parte de la sociedad.

Una tercera, que me toca de manera cercana, es tener en claro que nos proyectamos a la comunidad en la que vivimos. En apariencia, alguien que se dedica a ver los impuestos de una empresa no tiene la misma proyección social que dar que alguien que tiene como tema central la protección de los derechos humanos. Sin embargo, el mismo hecho de ser honesto con el trabajo que se hace, tener en cuenta las consecuencias de los actos que se van a avalar ya implica tener en cuenta a quienes te rodean y constituye un gran paso para sacudirnos del prurito de defensores de lo indefendible.

Como pretendo ser algo breve, dentro del desborde verbal que caracteriza a este espacio, me permito cerrar con una comprobación. Los abogados no tenemos la última palabra sobre todo. Aun en sociedades como la nuestra, se sigue pensando que los hombres de leyes manejan todos los temas y tienen respuestas para todo. Con el pasar de los años, me doy cuenta que necesitamos de nuestros amigos antropólogos, comunicadores, sociólogos, economistas, lingüistas, filósofos y un largo etcétera para poder comprender – o intentar comprender – la compleja realidad del mundo de hoy. La palabra multidisciplinariedad es síntoma de estos tiempos.

Una mención final para quienes puse al inicio de este post. Quienes veo como maestros y amigos – y no solo como meros docentes – me enseñaron a ver muchas de estas cosas que les he comentado, a través de distintas áreas tan disímiles como el conocimiento de la responsabilidad profesional y con nosotros mismos, la defensa de la dignidad del ser humano, la reflexión teórica pura y aplicada y las herramientas para pensar jurídicamente desde lo laboral y lo internacional. Y por supuesto, tener en cuenta que hay un mundo más allá de lo jurídico que es interesante vivir y sentir.

Decía al inicio que todo tiene un inicio y un final. Ciertamente este post también lo tiene. Pero no quiero cerrar esta reflexión meramente personal sin preguntarme si, luego de 50 años de egresado, tendré la misma intensidad con la carrera que escogí que la que tengo ahora. Quizás la mejor respuesta esté en una frase que le robo a Frank Lloyd Wright: La juventud es un estado de ánimo. La juventud implica ideas frescas, audacia e ir siempre detrás de la verdad. El tiempo me dirá si es que ese ánimo que quiero conservar hasta que la vida me indique la puerta de salida se habrá mantenido. El intento de hacerlo comienza hoy.

INOCENTES: LAS OTRAS VICTIMAS INVISIBLES

¿Y los inocentes? Los vi el otro día en el terraplén de Castro Castro pulcramente alineados, como se dice, blancos y tiesos como una fila de espárragos, y esta mirada reflejaba no el sol de la libertad sino la sombra de la angustia, frente a un mundo que, en su ausencia, había galopado. Tenían en la mano la resolución que permitía su salida, pero ya intuían que este diploma de graduación de la universidad de los condenados no significaba gran cosa. Cuando uno ha sido sentenciado una vez, lo es de por vida
(Hubert Lanssiers)

Cuando uno está por terminar la carrera de Derecho, puede percatarse hábilmente de dos cosas. La primera es que la justicia y la Ley no equivalen a lo mismo. Una norma, por más que cumpla con los estándares formales para su expedición, puede ser profundamente injusta o, peor aún, padecer de esa enfermedad jurídica que los abogados llamamos inconstitucionalidad y que debe ser curada por 7 médicos reunidos en la Casa de Pilatos. La segunda es que uno de los documentos que mayor dolor puede causar en la vida se llama sentencia condenatoria, cuando a quien se envía a San Jorge, Castro Castro o Santa Mónica tiene la misma inocencia que un niño de 5 años.

En el Perú, en los años en que nos matamos entre compatriotas en nombre de una interpretación ideológica fanática y tanática o de la defensa del Estado, confluyeron ambos fenómenos en un grupo de personas, a las que, literalmente, se les cortó la vida por varios años.

Aun hay en mi país quienes señalan que las normas dictadas por un dictador fueron la única respuesta válida para acabar con los ríos de sangre. Olvidan que ese mismo autócrata, luego de una presión fuerte de la opinión pública, tuvo que crear una comisión especial para poder liberar, mediante el indulto, a un importante número de personas: 1,372 seres humanos, de acuerdo a los datos de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Dionisio Huancas Masaje es un campesino piurano de 70 años. Fue obligado a salir de su casa por terroristas encapuchados y armados. Junto a otros pobladores tuvo que presencia uno de los llamados “Juicios Populares” que culminó con la muerte de una persona. Se ha comprobado que el anciano fue obligado a presenciar el suceso, que se encontraba desarmado y con el rostro descubierto y que incluso ayudó a enterrar a la víctima. Pero se la acusó por terrorismo y está encarcelado esperando se resuelva su proceso.
(Eduardo Dargent, Hijos de un Dios Menor: Cifras, súbditos e inocentes)

Cuando estás en la adolescencia, vives en la clase media limeña y estudias en un “buen colegio” no hay muchas cosas que te preocupen, salvo las notas en el colegio. El resto del tiempo lo dedicas a ver tele, jugar con el video juego de moda, salir con tus amigos y preguntarte sobre si la mirada de aquella chica que cuando sonríe se le forman hoyitos es más que la de una amiga.

Pero también esa edad, en dicho espacio y en algunos colegios, puede ser la oportunidad para saber que el país no comienza en la Javier Prado. Aunque yo ya sabía que mi ciudad era mucho más grande que los confines del Zanjón y La Molina, dado que el primer Tercer Piso estuvo en el Centro de la ciudad, el colegio me brindó la oportunidad de conocer ese otro país, el afectado por la violencia.

Con su afectación de erres propia de quienes nacieron en Bélgica, la imagen que imponía respeto y su peculiar sentido del humor, hubo alguien que, sin que muchos lo conocieran, iba todos los días a las cárceles, no a hacer misa como muchos suponen es la principal función de un sacerdote, sino a reconfortar – sea en silencio o con alguna palabra -, a ver los trabajos artísticos que se hacían en los talleres y a comenzar a bregar a sacar a aquellos invisibilizados por el sistema de justicia y por el país que habían sido llevados a una condena de 20 años de prisión en uno de esos procesos tan veloces que empalidecerían el reciente record de Asafa Powell en los 100 metros planos.

Por esas casualidades de la vida, ese mismo hombre que no tenía cuello de televisor y que solo usaba sotana para hacer misa, vivía y enseñaba Filosofía en el mismo colegio donde este blogger hizo la primaria y la secundaria. Y claro, Hubert hacía locuras como la de tener una tienda en el colegio – que aún permanece hasta hoy – donde se venden los trabajos de las personas que moran en una celda de 4 x 2 o de hacernos rezar a todos los alumnos una semana en familia, en el año que me iba del colegio, por una persona inocente que aun no había sido liberada o que recientemente había recuperado la libertad.

Y por ello fue que muchos pudimos conocer, en nuestro mundo de privilegiados, que los inocentes en prisión eran más que las cifras que Jorge Santistevan decía en el programa de Hildebrandt, que habian muchas historias detrás de los abrazos a la salida de las cárceles. Y veíamos a Hubert al lado de ellos, sonriendo luego que aquellos que pertenecían a los mismos grupos que la CVR nos diría fueron aquellos desde donde provenieron las cifras de muertos y desaparecidos.

Y yo me pregunto: si Lanssiers estuviera aquí con nosotros, ¿que diría al ver el periódico de ayer?

Y allí me sentencian unos jueces sin rostro. Inclusive no me dejaron entrar a los abogados, a ninguno de los abogados. Yo reclamé mi abogado. Yo reclamé mi abogado y me contestaron: no, no te preocupes, nosotros somos tus abogados.
(Informe Final CVR. Testimonio de Eleuterio Zárate Lujan)

Pero la realidad de los inocentes en prisión no estaba tan lejana como podía pensar.

1997. Programa de Confirmación. Por las cuestiones medio locas de mi colegio y la responsabilidad absoluta de mi profesor de religión, la confirma la hago en el Colegio Héctor de Cárdenas. Una de esas experiencias que marcó mi vida por las experiencias que tuve y las personas que conocí. A algunas de ellas las veo hasta el día de hoy.

Entre los chicos y chicas que estabamos allí, en un programa de confirma que nos hacía vivir la fe con los pies bien puestos en el país – recuerden, en dictadura, con el TC defenestrado y con el tema de Frecuencia Latina en efervescencia -, destacaba un chico con aptitudes de líder. Se llamaba – se llama – Yail y luego supe que su papá estaba en la cárcel, condenado injustamente por terrorismo.

El papá de Yail hoy es Presidente Regional de Lambayeque.

Yehude, al que pude conocer en el 2005, por motivo de un Foro en el que pude hacerle algunas preguntas sobre la competitividad en el Perú, ha reflexionado mucho sobre lo que fue su experiencia en la cárcel y su activismo radical de los años ochenta. Activismo que nunca lo llevó a militar en el MRTA, como el gobierno de Fujimori hizo creer. Pero lo mantuvieron 8 años en prisión porque querían un trofeo que exhibir, como lo hicieron con cientos de peruanos anónimos. Y por ello tiene hoy la autoridad moral suficiente para criticar la nueva estigmatización a la que a muchos peruanos como él quieren someter.

A los años de cárcel, Alan Garcia quiere sumarles el señalamiento del vecino.

“El criminal que participó en el atentado de El Polo es un terrorista que fue indultado”, vocifera un ex policía. Sucede que el aludido nunca había pisado una prisión en su vida. Un periódico publicó la lista de indultados que recuperaron su libertad durante el gobierno de transición y el actual con la venenosa advertencia: “ ¡Ojo con estos nombres!” y sigue el alegre festival de los cazadores de brujas. Un venerable diario, pasando por encima de fiscales y jueces, en un articulo mal escrito y rebozando de estupideces acusa a un achica de terrorista, ni siquiera “presunta terrorista”; la joven, si esto puede concitar el interés de alguien, acaba de recuperar su completa libertad sin mérito a juicio oral, claro que el necio periodista le malogró la existencia pero supongo que es un detalle.
(Hubert Lanssiers, testimonio ante la CVR)

Si, Hubert, la estigmatización y la estupidez vuelven de cuando en cuando al país, sobre todo, cuando el terror, sea la denominación que tuviere, vuelva a dar zarpazos. Porque seguimos sin aprender nada, porque seguimos sin entender que las soluciones de mano dura son contraproducentes por poco éticas y poco prácticas. Porque seguimos pensando en estadísticas y no en seres humanos.

Lo peor, es que quien lo hace, dijo que fue perseguido y estigmatizado por 9 años. ¿No se acuerda de eso, señor Presidente?

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UNA HISTORIA DEL FRAUDE 2000

Esta historia no la he contado antes, pero creo que es pertinente ponerla en la memoria de todos los que pasan por este espacio. Trata de como me vi involucrado de manera indirecta y casual en una de las mayores mentiras de la historia peruana. Pero, sobre todo, demuestra que la elección del año 2000 fue un auténtico fraude.

10 de abril de 2000. Era lunes, al día siguiente de uno de los días más largos de mi historia personal y de la historia del país. Luego que estuviera con mi polo de Transparencia verificando cuantas infracciones a la Ley Electoral se cometían el día anterior y de indignarme con el cambiazo de las cifras de la tarde – noche anterior, me disponía a iniciar una mañana en la PUCP, con mi Liberación bajo el brazo. En clase de Filosofía Antigua, ningún comentario sobre lo de ayer, pero claro, el clima hervía y la convocatoria a la marcha para hacer presión y evitar que el Chino se proclamara vencedor en primera vuelta – contra la voluntad popular – no se hizo esperar.

Fui a casa a almorzar y de allí salir para el Centro. Cuando llegué, veo a mi abuela viendo Canal N y en la pantalla, un lugar que me parecía bastante familiar.

La noticia, que semanas más tarde contó Caretas, decía más o menos así:

Jorge Enrique Mejía (el sujeto que ven en la foto) fue encontrado el 10 de abril, manipulando actas electorales en una cabina pública de Internet en el exclusivo distrito limeño de La Molina.

Sorprendido por periodistas de Canal N, Mejía aseguró trabajar para la organización política oficialista Perú 2000. Explicó además que se encontraba ingresando resultados de mesas de votación del distrito de San Borja, a una página web del mencionado grupo político.

A pedido de la Asociación Civil Transparencia, la página web fue cancelada, ante la posibilidad de que sea una puerta falsa de acceso a los sistemas informáticos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales, ONPE.

Ahora les cuento la historia detrás de esa noticia.

Por esa época, como toda familia de clase media, había que ver de donde obtener más recursos para continuar para adelante. Mi mamá se asoció con tres personas con las que trabajaba y puso unas cabinas de Internet en el Centro Comercial La Fontana, que ustedes ubican en la cuadra 52 de Javier Prado Este, por el Colegio Recoleta.

Pues bien, ese día, mientras solo estaban los chicos que atendían, llegó esta persona, Jorge Enrique Mejía a las cabinas. Pidió tiempo libre. En sus manos tenía varias actas de sufragio. La dirección que apretó remitía a un servidor en Nueva Zelanda que lo conducía a una página en la que ingresó una serie de resultados electorales, similar a la que tenía la ONPE para registrar sus resultados.

Mejía sabía que había poca gente a esa hora. De hecho, un muchacho que fue el primero que contrataron para que atendiera, se fue a las pocas semanas a trabajar a la ONPE, que en ese momento sabemos que estaba controlada por el gobierno. No era difícil deducir quien le había dado el dato de un lugar discreto donde poder hacer lo que todos sabemos que hizo.

Afortunadamente, un cliente vio la página, las actas y salió a llamar por teléfono público. A los pocos minutos, llegaron las cámaras de Canal N y lo pescaron al tipo con las manos en el mouse. Mejía salió raudamente y tomó un taxi. Los reporteros de N lo persiguieron por Javier Prado, el auto se dirigió a un local en la cuadra 10 de la avenida Rosa Toro, donde funcionaba un local de Perú 2000. Allí le tomaron la foto que fue portada de Caretas durante una semana. La revista descubrió que Mejía pertenecía a una mafia de hackers que habían saboteado el sistema de la UPC para alterar sus calificaciones y aparecer como canceladas sus boletas de pago.

Desde ese día, tengo el pleno convencimiento que esa página no solo había sido operada desde la cabina con la que tenía vinculación – y que hace varios años que no existe – sino desde otros puntos de Lima y del país. Y me confirmó que dicha elección no solo era inconstitucional, sino que se había hecho trampa.

Desconozco si Mejía fue procesado por este caso. Lo único cierto es que, con o sin sentencia, esta historia nos demuestra lo que fue una década de oprobio.