CASTAÑEDA, ¿EL HOMBRE DE ALAN?

Ayer Luis Castañeda Lossio salió en defensa de Alan García, luego de las declaraciones bastante duras que diera su supuesta aliada Lourdes Flores Nano, respecto de la gestión del actual Presidente.

No es la primera vez que se evidencia un acercamiento entre los vecinos de la Plaza Mayor. De hecho, el Presidente no trata al Alcalde con el mismo rigor que a los Presidentes Regionales, a los cuales insulta cada vez que puede, sino que le ha concedido créditos para la mejora de la ciudad con miras a las cumbres que se realizarán en mayo y noviembre.

Sin duda, no es malo que existan buenas relaciones entre las autoridades y colaboración entre las mismas. En realidad, esa debería ser la relación normal en el país, a pesar de las diferencias políticas. De hecho, mucho daño le hizo a Lima la pelea que Fujimori tuvo con Ricardo Belmont y Alberto Andrade, a los que vio como potenciales rivales electorales.

El problema se encuentra en la falta de congruencia de Castañeda Lossio con la alianza política formada con el Partido Popular Cristiano. De hecho, Unidad Nacional no ha sabido encontrar hasta el momento un perfil que le permita posicionarse políticamente de manera adecuada: ¿es oposicion dura o light o es pro gobierno? Y cuestiones como estas son cada dia más evidentes.

El problema de fondo es que Unidad Nacional está conformada por un partido de larga trayectoria que no ha terminado de definir su identidad política de manera clara y por una agrupación sustentada únicamente en el carisma (¿?) y obras físicas de su líder. Al no haber una unidad sobre ideas y programas, se producen estos cortos circuitos que terminan desdibujando a ambas agrupaciones y a ambos liderazgos.

Pero de hecho, tampoco debe dejar de contemplarse otra hipótesis que se ha tocado antes en Menoscanas: la persistencia de Alan García en tener un candidato no aprista para el año 2011. ¿Evidencias? Están en el pasado de Alan. Recordemos que en 1990 no apoyó a Luis Alva Castro – paradojas de la vida – y prefirió respaldar a Alfonso Barrantes, primero y a Alberto Fujimori, después. ¿El objetivo? Que su liderazgo en el APRA no se viera cuestionado con miras a 1995. Claro, el golpe de Estado varió las cosas, pero no cabe duda que la misma jugada puede estarse comenzando a gestar en estos momentos, a pesar que medios relativamente cercanos a Alfonso Ugarte digan lo contrario. Recordemos que Alan 2016 suena más fuerte que Del Castillo 2011, en términos reales.

Así, dos de los partidos más antiguos del país y dos de las autoridades más importantes están involucradas en una de las comedias políticas más tristes. Sobre todo, porque, al final, no terminan dando risa, sino lástima por la inconsistencia de los partidos y los liderazgos. Y ello es lo que, en buena cuenta, le causa un grave daño al Perú.

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PROGRAMAS SOCIALES ¿INSTRUMENTOS PARA LA CAMPAÑA 2011?

La Contraloría General de la República ha elaborado el Diagnóstico Situacional de los Programas Sociales en el Perú al Tercer Trimestre de 2006, un documento que nos muestra la realidad de los instrumentos para la lucha contra la pobreza en el país y que nos va dando cuenta de los retos y preocupaciones que genera este tema durante la actual administración gubernamental.

Llaman poderosamente la atención varios datos que ya han sido recogidos en otros informes similares, elaborados por organizaciones no gubernamentales u organizaciones internacionales, y que nos dan cuenta clara de los defectos de gestión que provocan el mal funcionamiento de dichos programas.

Así, encontramos que pocos programas sociales cuentan con una norma básica de creación, lo que explica la dispersión de los programas y la débil institucionalidad que los cobija. Este problema se concatena con la ausencia de líneas de base e instrumentos de medición que permitan establecer el real impacto de estos programas en los beneficiarios de los mismos, lo que implica un serio problema para conocer si es que estamos avanzando realmente en combatir la pobreza.

A estos problemas se suma la dispersión de los programas, lo que ocasiona varios efectos: el incumplimiento de los objetivos planteados, la subcobertura de beneficiarios y la ausencia de sinergias, lo que no llega a completar una política pública coherente.

Pero los males se complican por otros aspectos que ya no con cubiertos por la Contraloría y que tienen que ver con nuestra agitada política nacional.

Como sabemos, hace algunas semanas, Jorge del Castillo tuvo un rapto de honestidad y habló de los privilegios para los lugares que tuvieran autoridades locales del partido de gobierno. Si bien luego existió una retractación – y el pretexto perfecto para el cambio de ministros -, la sensación de que el uso político de los programas sociales existiría en este gobierno se ha mantenido.

Peor aún, dicha sensación se puede incrementar debido a los deseos presidenciales de mantener al APRA en el sillón presidencial en 2011. Cabe recordar que las declaraciones de Alan se produjeron en medio de una reunión de gobernadores de la región La Libertad. Los gobernadores son autoridades que, en teoría, representan al Presidente en todos los distritos del país y que son nombrados por la Dirección General de Gobierno Interior, una dependencia de la cartera que “dirige” Luis Alva Castro. En todos los gobiernos, esta Dirección ha estado en manos de un miembro de la agrupación política que sostiene al gobierno y no es la excepción en este caso: Víctor López Orihuela, vinculado a Agustín Mantilla, es el encargado de hacer estas designaciones. Ello implica la presencia de una maquinaria partidaria destinada a manejar el tema electoral de manera directa, a lo que se suman esta serie de mítines ministeriales a los que el actual gabinete parece acostumbrarse.

Y parece que el primer indicador claro en los programas sociales se acaba de producir. Juntos es el programa social del Estado que más fondos tiene asignados y, desde el gobierno pasado, era presidido por Alfonso Velásquez, ex Ministro de la Producción. Pues a Velásquez acaban de pedirle la renuncia. ¿Los motivos?

Fuentes de la institución revelaron que, el último sábado 9 – en la sede del Ejecutivo -, Huarachi había acusado a Velásquez de no facilitar la ampliación del ámbito de acción de los distritos beneficiarios de 628 a 870.

También se supo que Juntos no venía respondiendo a las expectativas del Gobierno y que la remoción del cargo de su titular, por ser de confianza, es una decisión que le compete a la Presidencia del Consejo de Ministros.

Asimismo, se comenta que el renunciante jefe del programa fue marginado de la reunión palaciega y que su salida obedecería a una intención política del Apra de controlar un programa que maneja 700 millones de soles.

Todas las versiones sobre el particular apuntan a que el reemplazante de Velàsquez sería Iván Hidalgo Romero, quien es una suerte de “zar antipobreza” desde tiempos de Virginia Borra. Claro, pocos han notado que es miembro del Partido Aprista Peruano.

Si a las deficiencias de gestión se suma el control partidario de los programas sociales, pues estaremos ante un manejo bastante ineficiente y sesgado de la lucha contra la pobreza. En un panorama en el que, además de los defectos antes anotados, no existe confianza en la entidad estatal encargada de elaborar los indicadores sobre pobreza, el celo sobre lo que este gobierno haga con los programas sociales va a tener que ser mayor.

Con la pobreza no se juega. Pero en Palacio parece que quieren jugar a quien obtiene más votos manipulando la misma. Jugar con fuego siempre implica quemarse.

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APRA 2011, ¿ALAN 2011?

Todavía no pongamos las mismas caras de terror que el personaje de la foto. Sin embargo, parece que el gobierno ha decidido adelantar la carrera electoral hacia el 2011.

Todo comenzó el viernes, cuando en una reunión con gobernadores apristas en La Libertad, Alan dijo que pensaba en un tercer gobierno aprista en el 2011. La pregunta inmediata que a todos se nos vino a la mente es quien lo encabezaría. Y, conociendo la megalomanía del Presidente, la primera respuesta fue que, en realidad, se estaría buscando la reelección inmediata de García.

Sin embargo, existen dos obstáculos a dicha idea, si es que esta existió alguna vez. El primero es el reformado artículo 112° de la Constitución, que impide la reelección inmediata. Como se sabe, para modificar la Carta de 1993 se requiere dos votaciones de 81 votos en el Congreso, en dos legislaturas ordinarias sucesivas, o llevar el asunto a referéndum, luego de una votación favorable de 61 congresistas. Si el Congreso no se ha puesto de acuerdo en llevar a buen puerto reformas constitucionales importantes, como las referidas a la bicameralidad o a la reforma judicial, pues menos interés se tendrá en modificar el más polémico de los artículos constitucionales.

De hecho, si me preguntan mi opinión, modifiquemos la Constitución, pero para que nunca más un Presidente de la República vuelva a serlo. Ello haría que los partidos políticos renueven sus cuadros más rápidamente y no tengamos a Presidentes pensando en su reelección – pues si no es el 2011, será el 2016, piensa García – antes que en gobernar adecuadamente el país.

El segundo obstáculo se encuentra en García y su aprobación. Como bien lo comenta Carlos Melendez, además de tener un respaldo que apenas llegaría a un tercio de la población en el país, la aprobación a la gestión presidencial se está concentrando en los sectores A y B. LQQD, la reelección alanista tiene tanto futuro como la clasificación de Perú a Sudáfrica 2010.

Pero si bien está descartada la posibilidad de reelección de Alan, pues sí es claro que el APRA quiere quedarse en Palacio hasta luego del 2011. Y si bien todo partido de gobierno tiene legítimas aspiraciones de pretender nuevamente la presidencia, pues hay que tener mucho cuidado con el manejo de recursos públicos por tres motivos: la desigualdad en la competencia, la crisis económica internacional y la corrupción.

De hecho, comencemos a activar las señales de alarma. Perú.21 informa hoy que:

EL DÍA DE LA FRATERNIDAD – I
La vuelta de Alan
El secretario general del Apra, Mauricio Mulder, indicó a Plaza de armas que el presidente Alan García volverá a ser el orador principal en el Día de la Fraternidad, que se realizará el próximo viernes 22. “García es presidente del partido y de todos los peruanos, desde el partido se dirige a los peruanos, no existe ninguna estrategia especial”, manifestó Mulder. Correcto, pero lo justo sería que Canal 7 no transmitiera dicho mitin partidario.

EL DÍA DE LA FRATERNIDAD – II
Un poco de memoria
Si bien el presidente tiene el derecho de pronunciar un
discurso en cualquier jornada partidaria, lo cierto es que el año pasado él desistió de hacerlo porque consideraba que, como jefe de Estado, representaba a todos los peruanos y no solo al Partido Aprista. Pues bien, parece que hoy García ya piensa del mismo modo y alista su verborragia, justo cuando la oposición acusa al Apra de haber adelantado la campaña del año 2011.

Peor aún, una ceremonia en Cutervo desarrollada ayer con la presencia de Jorge del Castillo tuvo todos los visos de un mitin partidario. Y si recordamos la honestidad de sus declaraciones sobre los programas sociales de hace poco más de un mes, pues las suspicacias están fundadas.

Mucho ojo con este tipo de manifestaciones que expresan que el gobierno, más que en hacer una mejor gestión, va pensando en el partidor electoral. Cierto es que la oposición anda en lo mismo, pero, a quien elegimos para gobernar no debería estar considerando aún, dicha posibilidad.

Por cierto, ¿qué fue del cambio responsable del 2006?

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EL RITMO DE KEIKO

A estas alturas del partido, cuando hasta los testigos llamados por César Nakasaki dejan mal parado a su padre, Keiko Fujimori saca un conejo de la galera del Fundo Barbadillo y anuncia la creación de un nuevo partido fujimorista con miras a las elecciones del 2011, en el que ella sería la candidata presidencial.

El anuncio ha tomado por sorpresa a todos, comenzando por los detractores del sentenciado, pero, por sobretodo, a sus propios partidarios, quienes se encuentran divididos ante el anuncio hecho por quien ahora es la heredera política del ex dictador.

No cabe duda alguna que la familia Fujimori tiene como cálculo central, a estas alturas, que el patriarca del clan no saldrá libre para las próximas elecciones presidenciales, dada la sentencia que tiene ya en ejecución y la inhabilitación que le impide ser candidato hasta el 2011. Aunque mantiene coincidencias claras con la agenda del actual gobierno y Alan les hace guiños de cuando en cuando, no se encuentra dentro de los cálculos actuales la posibilidad de una amnistía o indulto para el ingeniero agrónomo.

Sin embargo, las posibilidades reales de una candidatura de Keiko Fujimori pasan por tres obstáculos centrales.

El primero y principal tiene que ver con la imagen que viene dando su padre en el proceso por derechos humanos que se lleva a cabo en la sede de la DIROES. Luego de escuchar atentamente la más de una decena de audiencias que se han llevado a cabo, me queda claro que Fujimori miente deliberadamente en el proceso y que las contradicciones en las que cae han sido aumentadas por las declaraciones de los diversos testigos que han acudido a este proceso hasta el momento. La monserga de la inexistencia de pruebas esgrimida por los partidarios de Fujimori ya no es posible de fundamentar con precisión en este momento.

En el camino, Fujimori ha hecho añicos su “prestigio” de presidente sabelotodo para pasar a ser un sumo ignorante. Pero, como bien nos recuerdan los hechos – y en términos prestaditos del ingeniero – el ex candidato al senado del Japón no era ningún “caído del palto”. El Fujimori victorioso pasa a ser un pelele profesional en el juicio, aunque hoy Martín Tanaka nos recuerda:

Fujimori tuvo desde el inicio, y a lo largo de todo su gobierno, más de una oportunidad de cambiar de rumbo y seguir un camino democrático. Si miramos otros contextos, encontraremos que los momentos de crisis y de cambio profundo sirven no solo para destruir democracias, también para iniciar procesos de institucionalización; pero, para que ello ocurra, la intervención de líderes capaces y comprometidos es imprescindible. Visto Fujimori desde este ángulo, su chatura es más que evidente.

El segundo obstáculo tiene que ver con los propios enfrentamientos dentro del fujimorismo. No son pocos los que ven con malos ojos lo que parece ser una sucesión dinástica dentro de una agrupación a la que muchos aspiran a convertir en un partido. Y tampoco pasan a los escuderos actuales, a quienes culpan de ser los autores de la mala estrategia del viaje a Chile que ha terminado con Fujimori en una prisión. De otro lado, la disputa de las cuotas de poder entre ellos mismos, cuestión presente de manera nítida desde el año 2000, termina por complicar las cosas al interior de los grupos fujimoristas.

Finalmente, y como bien se ha anotado en otro blog, resulta siendo una burla a los peruanos que los fujimoristas inventen un partido para cada elección. Ello no solo contribuye al debilitamiento del sistema de partidos, sino también da cuenta de lo poco serio del proyecto fujimorista. Decir que solo se basan en las pequeñas obras de infraestructura que hizo Fujimori como único programa político solo da cuenta del pragmatismo chato y sin una visión de país clara que caracterizó a los 10 años de gobierno de un dictador que llegó a la presidencia por una casualidad y que hoy puede terminar sus días no precisamente contándole cuentos a los nietos en condiciones normales.

Alguna vez Manuel D’Ornellas, en la época en que escribía en el alineadísimo Expreso de los noventa, quiso esgrimir la tesis del “Fujimorismo sin Fujimori”. Parece que el viejo periodista uruguayo, desde donde se encuentre, se habrá dado cuenta que ello es imposible. Los caudillismos se heredan, no se transforman en partidos.

MAS SOBRE EL TEMA:
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¿ANTAURO 2011? O LA POSIBLIDAD DEL OUTSIDER

Una de las especulaciones más comunes que se hace desde el análisis político es la posibilidad de tener un outsider (radical) ganador de las elecciones de 2011. De hecho, – con la excepción de 1995 – desde 1990, cada elección presidencial nos ha deparado un candidato que corre por fuera del sistema relativamente establecido y lo sacude. Fue el caso de Fujimori en 1990, Toledo en 2000, Alan García en 2001 y Ollanta Humala en 2006.

¿Quién es el próximo outsider? Pues parece que varios se la siguen jugando por Antauro Humala, la misma persona a la cual le acaban de ampliar el plazo de detención a 36 meses más por la asonada de Andahuaylas y a quien dos parlamentarios pretenden amnistiar, cuando lo que cometió no fue un delito político, sino un delito común.

¿Qué elementos pueden existir a favor de la hipótesis?

En primer lugar, un nacionalismo que muchos sectores pretenden exacerbar. Algo de ello hay en la inmunda campaña contra Allan Wagner que Mirko Lauer reseñó ayer. El odio a Chile que proclaman medios como La Razón no es más que la expresión caricaturesca de una desconfianza que se ha plasmado hasta en asuntos menores como la compra de Wong por un consorcio chileno. Los Humala – ambos – pusieron el nacionalismo como una de sus principales banderas y les resultó en la elección anterior. Y es que culpar al otro de los males ajenos es uno de los más efectivos recursos de la política desde que el mundo es mundo.

Claro, ello olvida que ideas como las antes mencionadas agravan los conflictos sociales latentes en nuestra sociedad. al procurar la construcción de la sociedad sobre la base de la discriminación y al señalar que todo lo foráneo es malo y que lo “nacional” (¿alguien me puede decir como se define en abstracto un elemento que está en constante redefinición en todos los países?) es lo único bueno.

En segundo lugar, el caldo de cultivo que generó a Ollanta Humala está vivito y coleando.

Una de las interpretaciones más novedosas que he leido recientemente es la de Alberto Vergara en su libro Ni Amnésicos, ni Irracionales. Más que hablar de tradiciones autoritarias o democráticas, Vergara insiste en tres ideas básicas: a) La convivencia en el país de distintos tiempos en el avance ciudadano: desde personas a las que no se reconoce siquiera – en la práctica – los derechos que los liberales propugnaron en el siglo XVIII, hasta quienes están plenamente integrados al país y que miran con interés el paradigma globalizador; b) Esta convivencia configura las relaciones políticas del país y, si no se operan cambios, la distancia entre ambos Perús – o los múltiples Perús – será más amplia; c) Es necesario ahondar en una democracia el bienestar de los ciudadanos, lo que implica hacer políticas sostenidas para mejorar los problemas básicos de la población.

Y, como sabemos, de manera infortunada, este gobierno viene haciendo todo lo posible por hacer poco caso a este diagnóstico.

Sin embargo, a pesar que estos dos elementos podrían configurar, en principio, una alternativa radical con posibilidades de ganar, no creo que la misma esté encabezada por Antauro Humala y mucho menos por Ollanta Humala.

En el caso del primero, como sabemos, pesa la acusación por sedición y la muerte de 4 policías, que le puede acarrear, por lo menos, 20 años de prisión. Siendo estos delitos comunes y que, en el caso del asesinato de los policías, son violaciones de los derechos humanos, la incompatibilidad de una ley de amnistía con el derecho internacional es clamorosa, así como políticamente inviable.

En el caso del segundo, como lo mencionamos hace algunos meses, Humala sigue sin ser un creyente en la democracia, pero su bancada no ha protagonizado incidentes mayores, y él mismo no se ha insubordinado a las reglas constitucionales, aunque sigue haciendo bravatas de vez en cuando. Parece integrado al sistema, aunque con los dilemas de la izquierda radical de los 80: participan en el sistema, pero quisieran patear el tablero.

Ello no implica, sin embargo, que la posibilidad de un radical disputando entrar a Palacio no esté subyacente. De hecho, los elementos antes indicados vienen configurando un escenario que va hacia ese sentido. Sin embargo, aun se está a tiempo de no llegar a esa posibilidad. En la cancha de los políticos está hacer algo por modificar las condiciones que generan este tipo de posibilidades. En la de los ciudadanos está no dejarnos sorprender por opciones que nos prometen un cambio radical y, al final, terminemos peor de lo que estábamos.

De todos depende que, como dijo Basadre hace muchos años, el Perú no se pierda por la obra o la inanición de los peruanos.

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