El Comercio: 180 años

El Comercio
(Foto: Grupo El Comercio)

Ayer, 4 de mayo, se cumplieron 180 años desde que el diario El Comercio apareciera por primera vez ante los peruanos. Desde allí, ha buscado ser un diario de referencia que, en palabras de su exdirector Fernando Berckemeyer, se convirtiera en la mejor “historia del presente”.

El Comercio no es solo un diario. Actualmente es una corporación propietaria de varios diarios – a tal punto que existe aún pendiente una demanda sobre concentración de medios -, dos canales de televisión, negocios editoriales y de entretenimiento. Incluso, por algunos años, incursionaron en el ámbito educativo.  Y es, ante todo, una empresa familiar, como muchas de sus pares en América Latina, pero con un accionariado mayor al de empresas similares en la región.

Estos dos párrafos definen un poco la línea editorial del periódico. Estamos ante un medio que, al buscar ser el referente para todos, procura ser más audaz en sus innovaciones tecnológicas y, a la vez, mucho más contemporizador en su línea periodística. Esta es una primera tensión entre la innovación y la continuidad.

Una segunda tensión es la que, con profundidad, hemos trabajado en un texto publicado este año.  Ideológicamente, desde su fundación, El Comercio ha oscilado entre temporadas más liberales y otras más conservadoras.  Existe una línea que conecta a Manuel Amunátegui abogando por los derechos de los indígenas y la abolición de la esclavitud, con Luis Miró Quesada de la Guerra propugnando la jornada laboral de 8 horas y el voto a la mujer, con Alejandro Miró Quesada Cisneros respaldando a la Comisión de la Verdad y Reconciliación y los editoriales recientes a favor del matrimonio igualitario. Como también hay otra línea donde prima el antiaprismo – exacerbado por un condenable asesinato familiar -, las simpatías fascistas de Carlos Miró Quesada Laos, las preferencias odristas de la rama García Miró, el propio Miró Quesada Cisneros aplaudiendo (y bautizando) los artículos de “El Perro del Hortelano” de Alan García y la deplorable cobertura de la campaña electoral 2011. Si hoy El Comercio mantiene cierto equilibrio es porque la coalición conservadora de apristas y fujimoristas con los privilegiados de siempre – ver el sólido artículo de Alberto Vergara de hoy – está en franca decadencia.

Los retos de hoy del viejo diario se encuentran, más bien, en el terreno periodístico y económico. ¿Cómo hacer periodismo en tiempos de fake news e inmediatez requerida por usuarios, se preguntaba Pedro Ortiz Bisso en las páginas del decano? Precisamente, haciendo periodismo, se respondía él, alentando a sus colegas a que continuaran una añeja tradición de verificación de datos, que es la base de su profesion. Pero, al mismo tiempo, la presión económica puede hacer añicos dicha posición. A nivel mundial, los medios de comunicación han tenido que hacer ajustes, debido a que el modelo de negocio en el que se basaban ha fenecido. Y, en el camino, han buscado a tientas que el único commoditie que les queda – la información – resulte tan rentable como el combo que vendían anteriormente. La tentación de reducir costos, sobre todo para empresas donde el rentismo es la norma para algunos accionistas, está a la vuelta de la esquina.

Así, El Comercio llega a sus 180 años con varios dilemas irresueltos: ¿Cómo profesionalizar la empresa y a la vez seguir siendo una corporación familiar? ¿Cómo invertir en más y mejor periodismo cuando tenemos un grupo de accionistas que sólo quiere recibir dividendos? ¿Se mantendrá el actual estatus quo liberal en la línea del diario una vez que el conservadurismo político y social peruano se recupere de los golpes de los últimos años?

He allí un conjunto de interrogantes que implican una serie de costos que la corporación tendrá que asumir, como en cualquier decisión humana. No decidir, a esta altura, resulta ser un paso certero hacia la desaparición. Más allá de las celebraciones de este fin de semana, he aquí una serie de retos para el añejo diario de la familia Miró Quesada.

He sido lector de El Comercio durante más de 30 años. He coincidido muchas veces con el periódico, he discrepado en otras tantas y, en los últimos años, lo he estudiado con rigor académico. Muchas lecciones se deben haber sacado en 180 años de historia, tanto de los aciertos como de los errores. Más aún, cuando la precariedad institucional, ese viejo mal peruano, también está presente en el diario más antiguo del país.

Felices 180 años.

¿Cómo van los cambios en el Grupo El Comercio?

El Comercio Sede.jpg
(Foto: El Comercio)

Una semana después de la renuncia de Fernando Berckemeyer a la dirección de El Comercio, se decidió a su sucesor: Juan José Garrido Koecklin será el nuevo director del diario más importante del país desde el 1 de junio.

El nombre del economista y administrador sonó inmediatamente desde que se conoció la renuncia de Berckemeyer, el miércoles pasado. Fuentes cercanas al Grupo El Comercio nos indicaron que el directorio tiene especial predilección por “abogados y economistas” para encabezar sus proyectos periodísticos.

Aunque el semanario “Hildebrandt en Sus Trece” señaló que los otros candidatos propuestos por Berckemeyer fueron Juan Aurelio Arévalo (editor de Mundo) y Jaime Bedoya (Editor Central de Estilo y Proyectos Especiales), esta versión no ha podido ser confirmada por este blog.

Garrido Koecklin fue director de Perú.21 entre octubre de 2013 y noviembre de 2017. De acuerdo con la versión que puso en su Facebook hace algunos meses, dejó el tabloide serio del GEC debido a que “sentía que había cumplido un ciclo en el diario”, negando versiones sobre caída en las ventas o por un tema financiero que han circulado en varios corrillos periodísticos dentro y fuera de la corporación propiedad de la familia Miró Quesada, sin una confirmación oficial. La Memoria Anual 2017 del Grupo El Comercio no registra cifras exactas sobre ambos temas.

En términos de línea editorial, Garrido apuesta por un tono bastante liberal en línea económica, como ha sido la constante de El Comercio durante la era Berckemeyer. Incluso, en algunos temas, podría ser hasta más libertario que el director saliente. En temas valorativos, también mantendría una posición parecida a la de Berckemeyer en materias como la defensa de los derechos de la mujer o el reconocimiento legal de las parejas del mismo sexo. De hecho, el nuevo director de EC no es creyente.

Donde sí podrían existir cambios es en materia política. Sin duda, Berckemeyer marcó distancias importantes con el fujimorismo, sobre todo, a partir de la segunda vuelta del año 2016. Su gestión tuvo que enfrentar embates de Fuerza Popular que buscaban aprovechar la posible vinculación de la constructora Graña y Montero – cuyo exprincipal directivo, José Graña Miró Quesada, es a la vez el principal accionista individual del GEC, con poco más del 6% de acciones – con el caso Lava Jato.

Si bien Garrido no dejó de hacer críticas a Fuerza Popular en su gestión en Perú.21, es claro que su tono frente a la agrupación liderada por Keiko Fujimori ha sido más contemporizador. Por tanto, algunas voces en la redacción del jirón Santa Rosa temen por un retroceso en la distancia con el fujimorismo, que costó construir luego de las cercanías que se tuvo durante la campaña electoral 2011, lo que generó un importante perjuicio al GEC en términos de ventas y prestigio. Aunque habría que decir que el hoy designado director de El Comercio no se la jugó por ningún candidato en 2016.

En redes sociales, muchos han criticado posiciones políticas y periodísticas de Garrido. La periodista y abogada Rosa María Palacios recordó que el nuevo director de El Comercio la había acusado de recibir dinero por parte de Nadine Heredia, afirmación de la que Garrido luego se rectificó. Otros usuarios han criticado columnas suyas, como una publicada en julio de 2017 donde dijo que había que clonar al exministro Bruno Giuffra (una afirmación que, a la luz de lo ocurrido con el empresario devenido en político en desgracia, por lo menos resulta naif). U otra pieza publicada en septiembre de 2015, donde alertaba de un supuesto intento de golpe de Estado que daría el propio presidente Ollanta Humala y que nunca ocurrió. Dicha columna, basada supuestamente en fuentes castrenses, fue duramente criticada en su momento por Gustavo Gorriti.

Garrido será el encargado de ejecutar uno de los planes más controvertidos del Grupo El Comercio: la convergencia de redacciones, causa de la renuncia de Berckemeyer. Según lo que pudimos conocer por fuentes cercanas al GEC, se buscan hacer tres núcleos: información común para todas las plataformas, audiovisual (fotógrafos, videoreporteros, diseñadores e infografistas para todos los medios impresos) y audiencias (web y redes sociales). Cada diario mantendría una redacción propia para información a profundidad, que los diferenciaría como productos independientes. La idea es que los tres núcleos estén implementados a fines de 2018.

Finalmente, una decisión aún por tomar es quien será la nueva cabeza de Perú.21, diario actualmente liderado por el periodista Dan Flores. Por ahora, el nombre que más suena es el de la periodista Cecilia Valenzuela, quien mantiene una columna en El Comercio. Se barajaron varias alternativas. De entrar Valenzuela, su proyecto enfatizaría sobre todo en notas de investigación, en su conocido estilo. Otros postulantes al puesto más bien buscaban un énfasis más digital, para recuperar a un público joven que paulatinamente está dejando de lado los diarios impresos.

Dentro y fuera del GEC existe incertidumbre sobre el futuro de los medios impresos del Grupo. Para algunas de las personas consultadas por este blog al interior de la corporación, la apuesta debió proseguir en potenciar equipos periodísticos de calidad, buscando beneficios a largo plazo, fortaleciendo tanto a los medios impresos como a la web. La apuesta de la convergencia, que ha ocasionado estos cambios, buscaría la recuperación a corto plazo de los dividendos para los miembros de la familia Miró Quesada.

Paradójicamente, la tendencia de los medios impresos que vienen recuperando poco a poco sus ganancias a nivel global es precisamente apostar por mejores periodistas en todas su plataformas. Precisamente, el camino inverso en el que parece haberse sumergido el Grupo El Comercio. ¿Vendrán tiempos mejores?

Relevo en la dirección de El Comercio: renuncia Fernando Berckemeyer

Berckemeyer
Fernando Berckemeyer dejará, luego de tres años y medio, la dirección de El Comercio (Foto: CNN en Español)

Hoy Fernando Berckemeyer presentó su renuncia a la dirección del diario El Comercio. El anuncio fue comunicado a la redacción del periódico más importante del país esta tarde.

La causa central de la dimisión de Berckemeyer, que se hará efectiva en junio, es el proceso de convergencia de redacciones entre todos los diarios del Grupo El Comercio. Esto nos fue confirmado por fuentes al interior del periódico. Se trata de un tema que la propia nota del diario sobre la salida de su director ha colocado en extenso:

“Como ustedes saben – dijo Berckemeyer – los diarios del grupo se acercan a un nuevo proceso de reorganización de sus redacciones. Este es un proceso complejo y delicado, que, desde luego, supone una opción legítima ante los retos que enfrenta la industria de los diarios y que ha sido ya llevado a cabo por varios grupos de prensa en el mundo. Se trata también de un proceso que requiere para encabezarlo de una persona convencida de sus virtudes y posibilidades. Tras un periodo de conversaciones y reflexión conjunta, el directorio y yo hemos llegado a la conclusión de que lo mejor para el Diario es que venga un nuevo director para enfrentar este nuevo reto en la historia de El Comercio.”

La decisión de la convergencia de redacciones ha generado temor dentro del GEC, debido a que supone, en la práctica, la fusión de diversos puestos. Ello implicará, sin duda, despidos de periodistas y trabajadores administrativos del diario. Según supimos hace algunas semanas por diversas fuentes, Berckemeyer estaba dispuesto a pelear por el presupuesto de su redacción.

Esta determinación empresarial se tomó en un contexto en el que las ganancias del Grupo El Comercio se han reducido sustancialmente en los últimos años. Ello se debe, fundamentalmente, a la contracción en ganancias por publicidad que han tenido los diversos medios del GEC. El creciente peso de la información a través de Internet, que no viene acompañada de los mismos ingresos que se tuvieron en años anteriores, es la principal causa de un fenómeno que viene ocurriendo en varias partes del mundo. Y ello fue más complicado para el Grupo con la adquisición de Epensa hace algunos años.

La salida de Berckemeyer, según indican nuestras fuentes en el GEC, se ha producido en términos bastante amistosos. Nuestras fuentes nos indicaron que el directorio no había tenido mayores discrepancias editoriales con el director de El Comercio. De hecho, no existen diferencias ideológicas mayores entre el liberal Berckemeyer y la instancia más alta del GEC, a pesar de la presencia de Martha Meier Miró Quesada, editora despedida en 2015.

No se ha confirmado quien será el sucesor de Berckemeyer al frente del diario más importante del país. Si bien algunas versiones daban el nombre de Juan José Garrido como posible nuevo director, las mismas no han sido corroboradas. Lo cierto es que la nueva cabeza periodística de El Comercio tendrá que enfrentar, antes que las disputas ideológicas que marcaron al diario durante buena parte del siglo XXI, una tormenta económica que va a transformar al grupo periodístico más importante del país.

Los reales problemas del Caso El Frontón

El Frontón

La acusación constitucional contra cuatro miembros del Tribunal Constitucional por un fallo emitido en el 2016 sobre el Caso El Frontón activó una falacia. Se ha señalado que esta resolución perjudicaba a los miembros de la Marina de Guerra procesados por presuntas ejecuciones extrajudiciales, al declarar que lo ocurrido podría constituir un crimen de lesa humanidad y, por tanto, reabrir el caso. Se omite que, en realidad, el proceso judicial por los posibles delitos cometidos con posterioridad al legítimo debelamiento de un motín senderista en 1986 nunca se cerró.

La resolución emitida el año pasado, que corrige el fallo emitido por el Tribunal Constitucional en el 2013, corresponde a un proceso de hábeas corpus iniciado en el 2009 por quienes hoy se encuentran en juicio oral ante la Sala Penal Nacional. El fin último de esa demanda habría sido que el caso prescriba.

Yerros hay en ambas resoluciones. El Tribunal Constitucional nunca debió pronunciarse – ni en el 2013 ni en el 2016 – sobre si estábamos ante un delito de lesa humanidad, cuestión que corresponde al Poder Judicial. Tampoco debió, como se hizo en la sentencia original, interpretar que el caso no se cerraba para los acusados como perpetradores directos, pero sí para los posibles autores intelectuales. Este punto contraría las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) sobre este caso. Y a ello se suma la errática corrección sobre el voto contradictorio del magistrado Juan Vergara Gotelli, cuyo sentido real no conoceremos, debido a un mal degenerativo.

En realidad, el Tribunal Constitucional debió declarar que el proceso por presuntas ejecuciones extrajudiciales no prescribía porque se trataba de posibles delitos que, de confirmarse, constituirían una grave violación a los derechos humanos, de acuerdo con las sentencias de la Corte IDH en los casos Barrios Altos, Gomes Lund y Gelman. Aún puede hacerlo, dado que se interpuso una queja contra su segunda resolución en el proceso de hábeas corpus.

Pero las discrepancias que puedan existir sobre una interpretación legal no deben procesarse a través de una acusación constitucional. Tampoco existen evidencias de prevaricato en este caso, como han indicado bien los abogados de los magistrados. Por ello, el Congreso de la República debería cerrar este procedimiento. Más aun cuando la acusación se habría contaminado con intereses políticos subalternos, que buscarían magistrados más afines en el Tribunal Constitucional o cerrar un caso incómodo para un partido criticado por los errores de sus dos gobiernos.

Dicho esto, el sistema de justicia debe ser más expeditivo en el procesamiento de violaciones a los derechos humanos cometidas durante el conflicto armado interno que vivió el país entre 1980 y el 2000. Tanto las víctimas como los acusados se ven afectados por la demora en estos procesos, que deben culminar con sentencias absolutorias o condenatorias.

Como sociedad, debemos comprender que de confirmarse la ejecución de prisioneros rendidos, por más delincuentes que hubieran sido, sería una conducta punible. Peor aun, no investigar este caso podría impedir que los peruanos distingamos entre quienes deshonraron el uniforme de Grau y los marinos que nos defendieron adecuadamente frente al terror que amenazó al Perú.

(Publicado originalmente en el diario El Comercio)

¿QUIEN REPRESENTA AL CENTRO?

Hace algunos años, en una entrevista hecha por Eduardo Dargent y Alberto Vergara, Valentin Paniagua definía lo que consideraba como “centro radical” a partir de esta frase: “Bobbio prefiere usar el término libertario y por eso él, siendo un liberal, dice que es un liberal socialista, porque él no entiende la libertad sin un acento social y sin un sentido de responsabilidad y solidaridad elemental con los demás”. Cabe preguntarse, entonces, si es posible la existencia de una alternativa política que represente esta visión de país.

Dargent señaló hace algunos meses que tenemos tres segmentos claros en el electorado peruano. De un lado, existe un sector de ciudadanos críticos que demandan reformas profundas, vinculadas con una mayor presencia del Estado. De otro lado, hay un grupo de ciudadanos beneficiados con el crecimiento económico, con tendencias más conservadoras. Finalmente, aparece un conjunto de peruanos, entre el 40% y 50% de votantes, inclinados hacia cambios graduales en la economía y la política. Esta última fracción ha definido las elecciones presidenciales de la última década.

Esta clasificación de los electores cuadra con algunos datos proporcionados por Alfredo Torres en su libro “Opinión Pública 1921 – 2021”. Ni la izquierda – radical o moderada – ha podido ganar elecciones por sí sola, ni la derecha liberal democrática ha podido sacarse la etiqueta de representante de los sectores más pudientes. Mientras que la mayor parte de peruanos prefiere que el Estado intervenga en el mercado solo en lo necesario.

Sin embargo, a pesar de ganar con los votos del centro, los dos últimos presidentes que tuvo nuestro país terminaron como garantes del orden económico, con poca capacidad para emprender políticas sociales más allá del asistencialismo ni reformas políticas democráticas. Humala va en dirección a convertirse en una réplica de sus antecesores, debido a su precariedad y su idea de orden.

Alejandro Toledo era el llamado a ocupar este espacio centrista. Sin embargo, sus esfuerzos por consolidar Perú Posible sólo han conseguido construir un estado mayor propio. Sin Acción Popular como aliado, queda perdida para él, por ahora, la oportunidad de ser el heredero político legítimo de Fernando Belaúnde o del propio Paniagua. A ello se suman sus indefiniciones en relación con este gobierno, que lo muestran tan vacilante como en la campaña electoral.

A la ausencia de un “líder natural” de este espacio político, se suma un factor enunciado hace un año por Martín Tanaka, quien indicó que en contextos ideologizados y de polarización social y política, el centro termina debilitado. Y en la coyuntura actual se tiende a posiciones extremas, sin matices. Valdés y Santos son ejemplos de ello.

Por ello ha resultado solitaria la propuesta de Álvaro Vargas Llosa de un Presidente de Consejo de Ministros centrista. Si bien coincido con dicha propuesta, es más importante la construcción de un partido en esa línea, para que este sector no quede a expensas del mal menor de turno. Una tarea a contracorriente, pero imprescindible.

(Columna publicada en El Comercio el 08.06.2012)

MAS SOBRE EL TEMA:

Un análisis sobre la representación de la izquierda en la columna de Eduardo Dargent

(Foto extraída de aquí)

LA CONDENA A ZEVALLOS


Supone una buena noticia para el país que la Corte Suprema de Justicia haya confirmado la sentencia a 20 años de prisión a Fernando Zevallos, pues implica un gran paso en evitar las presiones de uno de los poderes invisibles más poderosos del país: el narcotráfico.

Durante muchos años, Fernando Zevallos fungió de tipo honesto y empresario de éxito. Su empresa Aérocontinente se preciaba de tener las tarifas más baratas del mercado y claro, con eso barrió con una competencia leal, como fueron Faucett y la mal privatizada – porque se vendió a una mafia mexicana – Aeroperú. Aunque era un secreto a voces que los fondos provenían de actividades poco santas. Y es que la pregunta era válida: si tus precios son menores que el costo de operación, ¿como sostener tu empresa si la aviación comercial no es algo masificado en el Perú?

Y cuando Chile comenzó a investigar las operaciones de esta empresa, no faltaron aquellos que, en nombre de un antichilenismo engendrado en sus entrañas o porque los periodistas que investigaban eran liderados por un enemigo mortal, defendían a capa y espada a la empresa sin hacerse la pregunta de fondo: ¿Es cierto lo que se dice?

Hay muchos méritos que reconocer en esta sentencia. En primer lugar, a los jueces, quienes, frente a presiones y amenazas respondieron con aquello que les da un grado de poder: la Constitución y la norma penal. En segundo lugar, a la Procuradora Antidrogas, Sonia Medina Calvo, que ha denunciado todas las triquiñuelas que Zevallos intentaba hacer para quebrar el proceso. En tercer lugar, a la prensa independiente, sobre todo al diario El Comercio, que se compró el pleito de enfrentar a una mafia, lo que le ha valido amenazas, pero también premios internacionales.

Si la justicia funcionara así todos los días, otro sería el país que legaríamos a nuestros hijos.

OFF TOPIC:
Agradezco a Uri Ben Schmuel, director de La Razón, el reconocimiento por la autoría del dato de los pagos irregulares a los miembros del Tribunal Fiscal. También agradezco las clases de gramática española que gentilmente me dedica. En donde si no me rectifico es en el calificativo que les dediqué el jueves pasado. Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, “adyecto“, en su primera acepción quiere decir Despreciable, vil en extremo. Y no me rectifico porque describe su trabajo, al propagar infundios sin sustento alguno y al defender al presidente más corrupto que ha padecido este, mi país. Se los dice alguien a quien cuya familia le enseñó que los golpes de Estado no se aplauden y que los asesinatos son asesinatos, sea de quien se trate.

LA “ETICA” DE LA RAZON

A diferencia de otros días, hoy revise los diarios en la tarde, dadas las otras ocupaciones que tenía durante el día. Como es mi costumbre, ví La Razón, como cada día, para ver que es lo que piensa el fujimorismo mediático más abierto y abyecto.

La nota principal de este diario hoy ha sido la famosa planilla secreta del Ministerio de Economía y Finanzas, de la cual todos los medios ya han hablado y ellos presentan como gran primicia.

Dos cuestiones que delatan la ética periodística de este medio:

PARRAFO 1:
LA RAZON detectó que sólo a través del Cafae 470 trabajadores del MEF entre funcionarios, directivos y otros recibirán por todo este año la suma de 28 millones 423 mil 240 soles

A John Colonio, autor de la nota, cabría recordarle que fue El Comercio quien dio a conocer los datos proporcionados por la Contaloría. Es más, fue dicho diario quien publicó en su web las planillas secretas del MEF.

PARRAFO 2:
De la misma manera los integrantes del Tribunal Fiscal, la entidad que resuelve en última instancia todos los reclamos tributarios, es decir quienes resuelven nuestros reclamos sobre impuestos también reciben por Cafae sin pagar impuestos por una parte importante de sus ingresos.

Y aquí me dirijo a Uri Ben Schmuel, director del medio en cuestión. A estas alturas, todos sabemos que usted y sus periodistas son asiduos lectores de blogs y, de hecho, a Fantomas, Fabber y Ocram los han citado como corresponde. Vale su esfuerzo por reconocer a la blogósfera. Sin embargo, su periodista encargado de hacer la nota olvidó que, como pequeño detalle, el dato sobre los pagos irregulares al Tribunal Fiscal fue obra y gracia de una verificación de este blog.

Quizas los amigos de La Razón puedan recordar todas las veces que han visitado Desde el Tercer Piso. Aquí, una de las tantas:

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A diferencia de otro caso de la misma casa editora, aquí no ha existido un plagio. Pero si una falta ética bastante seria, al pretender hacer pasar como suya una investigación que corresponde al diario más antiguo del país y a una página en Internet que, con modestos recursos, saca pequeños datos verificables. Una pasadita por el curso de Deontología, no les vendría mal.

PD: Uri, ¿no que los caviares no valiamos nada?