SOSA, EL ESPIA Y ALAN GARCIA

 

Hoy, en el marco del juicio a Alberto Fujimori, asistió Jesús Sosa Saavedra, quien ha sido interrogado por el fiscal Avelino Guillén. La línea de preguntas de la mañana y la tarde ha procurado corroborar, en forma cronológica, la serie de revelaciones que dio a Ricardo Uceda, para la elaboración del libro Muerte en el Pentagonito.

El ex miembro de Colina comenzó con el pie en alto, al señalar que dos de los ex Comandantes Generales del Ejército que habían declarado en el proceso habían mentido. Las alusiones a Nicolás Hermoza Ríos y José Villanueva Ruesta Pedro Villanueva fueron bastante obvias.

Pero lo que viene resaltando la prensa es el testimonio de Sosa sobre la captura y asesinato del espía ecuatoriano Enrique Duchicela, ocurrido en 1988, a quien se le ejecutó por haber conseguido secretos militares peruanos. Sosa apunta alto en sus acusaciones:

“Fui llamado por el coronel Oswaldo Hanke para realizar este trabajo. (Hanke) me informó que esta era una orden expresa del presidente de la República, Alan García Pérez, me acuerdo que esto fue en mayo o junio de 1988″, dijo.

“Al término de la misión yo fui a conversar con el coronel Hanke a su despacho, estando allí por el videoteléfono lo llama el comandante general y es felicitado por haberse realizado con éxito la operación y le expresa las felicitaciones del presidente de la República (Alan García Pérez) lo cual me consta porque yo estaba en la oficina del coronel Hanke”, contó ‘Kerosene’.

Cabe mencionar que García, entrevistado por Uceda para su investigación, negó su participación en los hechos. Pero quedó una pregunta flotando para el periodista: ¿cómo informó el Ejército de los hechos al Presidente?

El proceso penal seguido por este hecho involucra tanto a Sosa, como a sus superiores inmediatos – Oswaldo Hanke y Harry Rivera – y tres suboficiales que participaron en la ejecución y posterior incineración de los restos del espía ecuatoriano. García ni siquiera ha sido llamado como testigo en dicho proceso. Luego de esta declaración, ¿seguirán sin llamarlo?

Quizás ahora se entiende mejor porque García no profirió palabra alguna sobre derechos humanos durante su mensaje del lunes.

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MAS ALLA DE LOS GESTOS

Luego de una semana de tensiones, hoy los presidentes de Ecuador, Colombia, Venezuela y Nicaragua limaron asperezas y culminaron una jornada en la que, si bien no dejan de haber puyas, reclamos y acusaciones mutuas, se dejó en claro que no podía continuarse con una crisis diplomática que tenía aún visos de telenovela.

Sin duda, el gesto es acertado para liberar tensiones, luego de una semana en las que no faltaron los malos augurios sobre un conflicto armado y en las que la intemperancia de todas las partes involucradas hizo más dífícil la salida a este problema.

¿Qué nos debe dejar en claro los sucesos vividos? Que la lucha contra el terrorismo debe hacerse respetando la soberanía de los Estados, lo que debe llevar a América Latina a ir viendo las maneras de colaborar para luchar contra un problema internacional que viene siendo cada vez más grave – y bien lo sabemos los peruanos – y que requiere el concurso de todos.

Pero también esto ha servido para establecer que hay un dictador que está tratando de aprovechar errores y rencillas para poder ganar aliados internacionales, así como aminorar las críticas internas a una gestión autoritaria cada vez más cuestionada dentro y fuera de Venezuela.

No olvidemos esas dos lecciones, pues son las que marcarán, de alguna manera, la agenda de la región en los próximos meses.

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EL ROL DEL PERU EN LA REGION

Desde este espacio he sido, soy y seguiré siendo crítico de una gestión de gobierno que parece no tener como prioridad la ejecución de reformas claras ni una visión de futuro que nos introduzca, verdaderamente, en el camino del desarrollo. Sin embargo, una actitud crítica no debe caer en el extremo de la mezquindad a la hora de reconocer aciertos.

Hago esta introducción dado que me he quedado gratamente sorprendido por el comportamiento que ha tenido Alan García frente a la crisis Colombia – Ecuador – Venezuela. El Presidente ha sido claro en mencionar tres puntos claves: la intromisión colombiana en territorio ecuatoriano y la mentira posterior para negarlo estaba fuera de las reglas de juego, la OEA puede ser el potencial escenario de resolución de conflictos, Caracas debe mantenerse lo más lejos posible de la hoguera que ha contribuido a atizar.

En medio de un escenario regional donde los países llamados a decir algo – Argentina, Brasil y Chile – se callan la boca en los 7 idiomas o miran hacia el techo, por primera vez en lo que va de su gestión, García logra configurar una visión clara e independiente de su política exterior. No deja de apoyar los esfuerzos de Uribe para combatir el terrorismo, pero le recuerda que esa lucha debe emprenderse dentro de estándares internacionales y en el respeto de las reglas del Derecho y no como pretende Estados Unidos. Asimismo, intenta canalizar el lógico enojo del presidente ecuatoriano hacia canales diplomáticos y sacar a Chávez de uno de los juegos más peligrosos a los que nos ha llevado su megalomanía bolivariana.

En este espacio hemos criticado anteriormente la ausencia de una política exterior clara en el año de las cumbres internacionales y, en particular, ante dos temas que estaban presentes en ese comentario: la relación con los miembros de la Comunidad Andina y la reacción frente a las potencias internacionales cuando las mismas tuvieran actitudes dignas de no ser respaldadas. García ha intentado preservar la unidad de la CAN a la que varias veces ha petardeado en los hechos y, a la vez, manda un mensaje a Washington que debiera ser la tónica de los gobiernos latinoamericanos: somos socios comerciales, pero no por ello avalo todo lo que haces. A ello debe sumarse una posición clara frente al chavismo, que no implique, a la vez, la satanización de las protestas internas, tal como ya se viene presentando en estos momentos.

Sin duda, se ha dado un buen paso que puede ser el inicio de una buena política. En Torre Tagle, debieran tomar nota y comenzar a perfilarla.

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PRECIPITACION Y BELIGERANCIA

Muchas veces los seres humanos actuamos movidos por la pasión y, ello, aunque no en todas las ocasiones, genera situaciones de dificultad para todos quienes se ven involucrados en las mismas. Muchas de las relaciones humanas se ven marcadas y complicadas por la actuación con precipitación frente a hechos que se ven como amenazantes y si a esta complicación se le suma un ánimo beligerante, pues los involucrados terminan siendo más afectados por lo que podía ser un problema que podía solucionarse en otros términos.

Creo yo que esto es lo que ha pasado con la actual crisis entre Colombia y Ecuador, cuyos hechos centrales ya son conocidos pero vale la pena reseñarlos brevemente:
– El sábado, las Fuerzas Armadas Colombianas logran la muerte del número 2 de las FARC, Raúl Reyes. El evento es celebrado por Álvaro Uribe como una de las mayores víctorias de su gobierno. En ese momento, se informó que el bombardeo que causó la muerte del líder de esta organización se produjo cerca a la frontera con Ecuador. Lo mismo fue indicado, en primera instancia, al presidente de dicho país, Rafael Correa. Uribe reconoció que se obtuvo la información de su ubicación por inteligencia de Estados Unidos.
– A las pocas horas, Bogotá reconoce que el ataque se produjo en territorio ecuatoriano. Correa manda llamar a su embajador.
– Allí no queda la cosa. Hugo Chávez mete candela, pone tropas en la frontera con Colombia, habla abiertamente de guerra y llama revolucionarios a los miembros de las FARC. Bueno, no se podía menos de quien llamó beligerantes a quienes cometen actos de terrorismo.
– La cuestión se complica más ayer. Quito tiene que admitir que habían habido contactos con Reyes e incluso Francia señala que este personaje era el enlace para la liberación de Ingrid Betancourt, la ex candidata colombiana secuestrada hace varios años por las FARC. Al final de la jornada, Ecuador rompe relaciones diplomáticas con Colombia y Venezuela expulsa a los diplomáticos colombianos en su territorio.

Mientras tanto, el dia se inicia con la llegada de Correa a Lima, en lo que es el inicio de una gira para pedir respaldo ante lo que considera una invasión a su territorio. De otro lado, Uribe ha señalado que denunciará a Hugo Chávez ante la Corte Penal Internacional por apoyo al terrorismo, siendo interesante en que delito podrá encajar este apoyo y que pruebas presentará. Mientras que la OEA intenta detener la crisis.

Todo esto comenzó con un acto precipitado de Colombia. Es cierto que el gobierno colombiano tiene el derecho y el deber de combatir a quienes atentan contra la democracia y los derechos humanos de sus ciudadanos. Pero no ello no lo ampara para mentir sobre lo ocurrido o para pasar una frontera. Fue lo mismo que, a mayor escala, se cuestionó cuando Estados Unidos invadió Irak. Claro, los norteamericanos, a diferencia de los colombianos, no tenían motivo alguno para dicha invasión. Pero el derecho internacional no ampara este tipo de situaciones.

Pero ha continuado gracias a la beligerancia que Hugo Chávez ha instalado en la región. Con un azuzador de las hostilidades, Correa, quien estaba visiblemente molesto por una invasión territorial, ha terminado llevando este problema a un extremo en el que no han faltado los agoreros de un conflicto armado, a pesar que los intereses económicos de los tres países impedirían una conflagación bélica.

Sin duda, Ecuador tiene todo el derecho de protestar ante una invasión de su territorio, pero no puede llevar esto a una situación límite como la que hemos vivido en estas horas, gracias a los “consejos” de su mentor bolivariano, quien desde hace tiempo pretende inmiscuirse en el conflicto colombiano, ante la pérdida de popularidad en su país.

¿A que nos debiera llevar la actuación de los demás presidentes de la región? En primer lugar, a atemperar los ánimos. En segundo lugar, a que Uribe reconozca sus errores y precipitaciones. Y, en tercer lugar, a que Ecuador acepte las disculpas y normalice sus relaciones. Y también es claro que los países latinoamericanos deberán tener convenios claros para combatir al terrorismo. La precipitación y la beligerancia, vale la pena recordarlo, hizo que el Perú se demorara en derrotar militarmente a estos grupos, ya que no se supo distinguir a los inocentes de los terroristas ni se respetaron las reglas del derecho nacional e internacional. Justamente los Estados deben diferenciar su actuación sobre la base de la legitimidad que le da la adopción de reglas comunes y que, además, sean cumplidas. Esa fue una lección que tuvimos y que debemos aprender.

Y a Chávez, habría que recordarle lo que dice hoy el diario La Nación de Argentina:

Sin embargo, hace menos de cuatro años, el 9 de noviembre de 2004, el mandatario venezolano, con el mismo acento y entonación, sostenía, en una visita a Colombia: “Yo soy un hombre de honor. Si yo apoyara a las FARC tengan la seguridad de que lo diría, no lo escondería. Para que quede claro: no apoyo, no he apoyado jamás ni apoyaré jamás a la guerrilla colombiana ni a movimiento subversivo alguno contra gobierno democrático alguno, de ninguna manera. Les juro por Dios y mi madre santa que si yo apoyara la guerrilla, no tendría cara para venir aquí”.

Y advertía: “Llámese como se llame al grupo armado que fuere, en el mismo momento en que entren en territorio venezolano violando nuestra soberanía se convertirán en enemigos de Venezuela y serán tratados como tales”.

¿Qué lo ha hecho cambiar de opinión? Desde Caracas, nos deben a todos los latinoamericanos una respuesa.

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LA CONFIRMACION DE SOSA

Revelación sobre muerte de espía ecuatoriano es confirmada ante Poder Judicial.

La noticia más sorprendente del día es la declaración jurada enviada por Jesús Sosa Saavedra, miembro del tristemente célebre Grupo Colina, a la Segunda Sala de Terrorismo, en la que confiesa su participación en uno de los crímenes revelados por el periodista Ricardo Uceda en el libro Muerte en el Pentagonito.

Como es conocido, la investigación realizada por Uceda tuvo como principal fuente al ex agente del Servicio de Inteligencia del Ejército, quien además de participar en las conocidas acciones de Colina durante el gobierno de Alberto Fujimori, también participó en otras ejecuciones extrajudiciales y torturas durante la lucha contrasubversiva en la década de 1980.

Sin embargo, el caso revelado no tiene relación con la lucha contra el terrorismo, sino sobre un poco conocido caso de espionaje, ocurrido en 1988, durante el primer gobierno de Alan García.

Enrique Duchicela era un sargento de la Fuerza Aerea Ecuatoriana que cumplía funciones diplomáticas en nuestro país. Este oficial resultó ser el enlace con oficiales del SIE peruano que se encargaban de proporcionar información al vecino del norte, en momentos en que aún no habíamos resuelto nuestro diferendo limítrofe. El teniente EP Marco Barrantes fue identificado como uno de los vendedores de la información.

De acuerdo a lo señalado por el libro de Uceda, confirmado hoy por Sosa en su declaración, el jefe del SIE de aquel entonces, coronel Oswaldo Hanke, y su superior inmediato, el comandante Harry Rivera, encargaron al agente de inteligencia realizar una operación de seguimiento y captura del espía ecuatoriano. Ya se había detenido a Barrantes, quien se encontraba en los sótanos del Pentagonito.

Según Sosa, también habría tenido conocimiento del hecho el entonces Comandante General del Ejército Artemio Palomino Toledo.

Con posterioridad a su captura, Duchicela y Barrantes fueron eliminados por órdenes de Hanke y Rivera. Los cuerpos, de acuerdo a lo narrado por Uceda en su libro, posteriormente fueron cremados en un horno destinado para este tipo de operaciones. El Estado peruano nunca ha reconocido la desaparición o detención de ambas personas.

Como señala Uceda en su libro, hay varios temas a dilucidar:

La revelación de la pérdida (de documentos claves para la relación Perú – Ecuador), escondida en un expediente judicial hasta la aparición de este libro, habría producido un escándalo político en 1988. Las muertes evitaron el descrédito, la posible remoción de la cúpula militar. De otro lado, la desaparición de su espía indicó a Ecuador que el Perú sabía todo. Encajó el golpe, en la expectativa de devolverlo. Hasta hoy es un misterio cómo informó de esta sitación el comandante general del Ejército, Artemio Palomino, al Ministro de Defensa, Enrique López Albujar (asesinado por el MRTA en 1990), y al Presidente Alan García“.

Ni Palomino ni Alan García quisieron dar su versión de los hechos sobre este caso al periodista.

Actualmente vienen siendo procesados por este caso 5 personas: Hanke, Rivera y los suboficiales Julio Ramos Álvarez, Gumercindo Zambrano Salazar y Jorge Ortíz Mantas. Palomino no está comprendido en el proceso y Alan García no ha sido llamado como testigo. El Fiscal los acusa de secuestro y ha pedido 25 años de prisión para los implicados. No se ha ampliado el caso por torturas, desaparición forzada y asesinato.

Sosa es una personaje que sabe bastante. Quizás sea el momento en que, de una vez por todas, se presente ante el Poder Judicial y declare todo lo que conoce. Ello no le librará de la condena por los crímenes en los que participó, pero permitirá ir develando algunos de los cementerios secretos del Ejército Peruano.

¿CORREA DE TRANSMISION?

¿Qué implica la victoria de Rafael Correa en Ecuador?

Ayer se celebró la penultima elección del año en la región. En segunda vuelta y, aparentemente, por amplio margen, Rafael Correa, un economista de 43 años lider del movimiento Alianza País se ha convertido en el nuevo presidente de Ecuador.

Como sabemos, durante los últimos diez años, Ecuador ha sido el país más inestable de la región. Ha cambiado de presidente 7 veces en 10 años. Veamos: Abdalá Bucarám, Fabián Alarcón, Jamil Mahuad, Gustavo Noboa, Lucio Gutiérrez, Alfredo Palacio y ahora Correa.

La inestabilidad ha caracterizado a un país que ha depuesto presidentes por motivos diversos: corrupción, crisis económica e interferencia en el Poder Judicial. En estas crisis, el Congreso decidió el orden sucesorio, los conglomerados indígenas pusieron las masas y el Ejército la fuerza. Ello se debió a la atomización política ecuatoriana (donde 13 grupos están representados), a la fuerza del movimiento indígena en un país con 30% de extrema pobreza y donde el Ejército maneja buena parte de la economía ecuatoriana (incluyendo la empresa petrolera, la quinta en importancia en América Latina).

Correa es un político que plantea un aparente cambio radical en Ecuador. Quiere una mayor rdistribución de la riqueza, aunque no piensa firmar un TLC con Estados Unidos. Convocaría a una Asamblea Constituyente, por lo que no presentó candidatos al Congreso (lo que, de todas maneras, le quitaría cierta legitimidad) y, además, no cuenta con mayor experiencia política. Proclama, además, mayores derechos para mujeres e indígenas, pero no los ha incluido en su plataforma para llegar al poder.

La propia trayectoria personal de Correa no permite dilucidar cuál será el camino que finalmente tome. Correa ha seguido estudios de post-grado en Bélgica y Estados Unidos (siendo doctor en Economía por la Universidad de Illinois) y se confiesa como un izquierdista cristiano, aunque su discurso es más bien populista. De otro lado, el nuevo presidente no ha ocultado su admiración por Hugo Chávez, el tiranuelo venezolano que ha destrozado a su país, aunque en la última etapa de la campaña procuró dejar el perfil pro-chavista, para evitar complicaciones electorales (como las que tuvo Ollanta Humala en Perú).

Lo cierto es que el discurso cambiante, la inexperiencia política, la posible cercanía venezolana, la polarización social (el nuevo presidente ganó al multimillonario Alvaro Noboa) y la inestabilidad política dejan a Rafael Correa como una incógnita por despejar, antes que como una certeza de que el país del norte podrá alcanzar cierta estabilidad económica y política.