DISCRIMINAN A GRUPO 5

Grupo 5

A estas alturas, la cumbia no solo se ha convertido en el ritmo de moda, sino también en uno de los géneros revalorados en el país.  Grupos como Bareto o La Mente la reelaboran, se recuerda constantemente a Chacalón o a Los Shapis y todas las semanas se tocan en las discotecas o tonos de todos los sectores de la ciudad temas como “Que levante la Mano”, “Te Vas” o “El Embrujo”.

Pero quienes sin duda han capitalizado con mayor éxito este fenómeno ha sido los integrantes del Grupo 5, agrupación formada en Monsefú hace 35 años y capitaneada por la familia Yaipén. Se viene una película con ellos, han sacado un disco bastante bien vendido – y que está presto para escuchar en la compu de mi casa – y no falta fin de semana en que no amenicen conciertos o fiestas en cualquier punto de Lima, desde cualquiera de los puntos extremos o hasta en las fiestas de las principales organizaciones empresariales del país.

Bueno, como reflejo de esta popularidad que supera todos los estratos, los cantantes del Grupo 5 han sido entrevistados en Cosas, una revista que está dirigida al sector A-B digamos “clásico”. Ello ya nos da pie para ver hasta donde han llegado los muchachos, quienes portaron en esa entrevista ternos de marcas conocidas en el Jockey Plaza.

Pues bien, a alguien no le parece que los cumbiamberos usen ropa de marcas exclusivas. Vía Perú.com:

La representante de la exclusiva boutique Designers, Vanesa Delacroix, expresó su molestia y lanzó comentarios discriminatorios contra el Grupo 5, luego que éstos aparecieran en la revista ‘Cosas’ vistiendo prendas de la marca como Ermenegildo Zegna o Valentino.

Esa marca es para gente seria y la cumbia no es seria. No sabíamos que la ropa era para el Grupo 5. He recibido malos comentarios de mis clientes“, afirmó en un reportaje del programa ‘Enemigos Íntimos’.

Delacroix explicó que el perfil de sus clientes es el de “gente seria como políticos” y agregó que su público objetivo es “A+”. Asimismo, descartó que la tienda discrimine a los músicos chiclayanos, ya que ellos también tienen “clientes oscuritos”.

Esteee, yo no se si Alan García o Castañeda Lossio se hacen roche porque los muchachos del Grupo 5, que buena chamba les ha costado llegar donde han llegado, usan la misma marca de ternos que ellos utilizan para el diario. Y a estas alturas, varios de los clientes de la señora o señorita Delacroix deben haber bailado con “La Culebrítica” en cuanta fiesta han podido tener.

Lo lamentable es ver que hay gente que no se da cuenta que el país va cambiando en muchas cosas…

Con su permiso, voy a escuchar “Quien Cura”, mientras tipeo el siguiente post.

NUNCA IMAGINASTE UNA UNIVERSIDAD QUE DISCRIMINE

¿O sí?

Hace un par de semanas, dos alumnos de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de San Martín de Porres me entrevistaron para una asignación que tenían que hacer sobre blogs. Entre los temas que conversamos, por cierto, estuvo el famoso comercial hecho por Toronja, frente al cual les aclaré que las dudas y resquemores frente a dicha propaganda no tenían nada que ver con una animadversión por su casa de estudios.

Y creo que la misma atingencia vale para lo que voy a comentar a continuación.

Hace un par de días, Esther Vargas, editora de la sección Sociedad de Perú.21, denunció haber sido discriminada por dos autoridades de la Facultad de Comunicaciones de la San Martín, de la cual ha sido alumna y ahora es docente.

De acuerdo con lo que relata, la razón que motivó la “preocupación” de dos autoridades de dicha Facultad fue la condición de lesbiana de Esther, nada oculta en su blog sobre temas de sexualidad, así como en su columna de Perú.21 sobre este mismo tema. Las quejas venían de alumnos y/o padres de familia, según argumentaron Marina Cho, jefa del Departamento Académico, y Silvia Quintero, responsable de periodismo escrito. Ambas, por cierto, le dijeron: Nos gusta tu chamba, pero tal vez sea mejor que te retires de la docencia en esta universidad.

En una sociedad liberal que se respete, lo que cada uno haga en su alcoba – o en cualquier alcoba – es asunto de cada quien. Nadie tiene derecho a cuestionarte por lo que hagas en la intimidad pues, como sabemos, es parte de tu esfera privada. Y, peor aún, a discriminarte por ello.

Se supone que una universidad, ante todo, debe ser el ejemplo de universalidad, es decir, de diversidad y de tolerancia. Es cierto, pueden existir universidades confesionales que puedan, dentro de esa libertad, tomar ciertas posturas congruentes con dicha confesión, pero ello no puede ser sinónimo de discriminación o vulneración de derechos fundamentales.

Pero la San Martín no es una universidad confesional, ni mucho menos. Y tiene como principal directivo a un señor que es Ministro de Educación, por lo que debería ser ejemplo de respeto de las normas constitucionales. Y en este caso – aunque felizmente no se consumó un despido -, es claro que a Esther le han hecho pasar un grave mal rato y, tranquilamente, podría acudir al Ministerio de Trabajo a quejarse por este tipo de prácticas.

Desafortunadamente, no es la primera vez que se atropellan derechos fundamentales en dicha Facultad. Hace algunos meses, sancionaron a una alumna por no apagar el celular violando el debido proceso. Parece que el señor Johan Leuridan Huys – sacerdote poco congruente con la tolerancia cristiana – tiene poca idea de lo que es la Constitución y los derechos de cada persona.

Pero volvamos al caso de Esther Vargas. Uno de los últimos párrafos de su artículo del jueves da para la reflexión:

No renuncio. Esperaré que me despidan o que se me indique muy claro las razones de esa actitud, o quizás que se me explique por qué una profesora lesbiana no puede enseñar periodismo en una universidad que, supuestamente, piensa en grande. No quiero premios consuelo. Simplemente quiero denunciar este hecho de intolerancia que le puede pasar a cualquiera o que quizás ya esté pasando, con alumnos o con profesores.

Da que pensar, ¿en cuantos lugares de trabajo se está discriminando por la opción sexual? ¿Pensamos en la imagen para atraer alumnos de “metas grandes” y no nos preocupamos del tipo de ejemplo que dan sus autoridades?

Digo, si este es el tipo de formación que el Ministro de Educación piensa para todos los peruanos, creo que vayamos diciendole adios a una reforma educativa que nos haga mejores ciudadanos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Perú.21: Alan rechaza discriminación de cualquier tipo
El otro blog de Esther Vargas: Clases de Periodismo
Utero.tv: Esther Vargas, discriminada en la San Martín (entrevista de Marco Sifuentes)
El Morsa: Dos caras de la moneda

TANAKA WAS RIGHT

Martín Tanaka, quien ha venido siguiendo (y alentando) la discusión sobre discriminación y racismo en el Perú, acaba de escribir un post sobre el afiche del Festival de Lima.

La conclusión de Tanaka: más que racista, el afiche parece no expresar bien lo que Sandro Venturo tenía en la cabeza y terminó presentando una idea totalmente distinta y, además, contraproducente para el propio esfuerzo que hace la PUCP con el Encuentro Latinoamericano de Cine, al colocarlo al margen de la cotidianeidad que supone un barrio como el que Toronja quiso plasmar. Y (esto añado yo) ni siquiera el elemento de novedad que podría suponer un evento así es explotada.

Solo me queda por decir una cosa. Además de llamarnos la atención sobre la discriminación en el Perú e ingresar a un debate más de fondo sobre el tema, este affair debería ayudar a pensar a la gente de la PUCP sobre qué es lo que quiere hacer con el ahora llamado Festival de Lima y con su Centro Cultural y de que manera puede dejar de ser una isla en el país. La inclusión en el Festival (o en cualquier actividad del Centro Cultural), como anota Martín, no tiene que ver solo con el tema de las salas de cine o galerías en Lima Norte o con los precios de las entradas para los espectáculos culturales, sino también con estímulos a los jóvenes creadores en general.

LA REPLICA:
Roberto Bustamante: Más sobre racismo y publicidad en el Perú

LO INEXPLICABLE:
Para El Comercio, ni siquiera hay debate válido sobre el tema.

TORONJAS, DISCOTECAS Y DISCRIMINACION

Dos temas coyunturales han vuelto a poner en la vista de la cholósfera el tópico de la discriminaciòn en el Perú.

Por un lado, la reciente discriminación al periodista Marco Avilés en el Bar La Sede y las sanciones al lounge Café del Mar han motivado toda una discusión sobre la discriminación. El recién formado blog Lo justo Varón y la plataforma blogger de Martín Tanaka han cubierto con mayor detalle esta discusión, intentando ir más allá de lo ya señalado sobre este tipo de prácticas, por todos conocidas.

En las últimas horas, el tema que más ha sacudido los ánimos con relación a este tópico ha sido el afiche del Festival de Lima, nombre con el que se conoce ahora al Encuentro Latinoamericano de Cine. El afiche, hecho por la agencia de comunicación integral Toronja, muestra el contraste entre figuras latinoamericanas de cine y un anónimo vendedor de rasgos étnicos andinos bastante evidentes. Las bitácoras La Habitación de Harry Spencer, Cinencuentro, el Utero de Marita y el Blog del Morsa han tocado in extenso las repercusiones del polémico afiche.

En este último caso, la conmoción ha sido grande, dado que Toronja, dirigida por el publicista Gustavo Rodriguez y el sociólogo Sandro Venturo, siempre ha dado la imagen de vanguardia y corrección política al máximo. Incluso Rodriguez escribió en El Comercio un artículo previo a las elecciones 2006 preguntándose sobre lo poco que el sector A-B había hecho contra la exclusión y que había generado un fenómeno electoral como Ollanta Humala. Por ello, Sandro Venturo ha dado explicaciones sobre lo que quisieron hacer con la campaña, lo que de alguna manera implica admitir un error. Las campañas publicitarias no necesitan explicación, cuando lo requieren es que el mensaje que intentaba transmitirse ha fallado.

Ciertamente, en un sector de la población existe una hipersensibilidad – en otros algo de pose, como señala el blogger Fantomas – real frente al tema de la discriminación. Esta indignación, impensada hace solo hace unos pocos años, es un síntoma saludable de que por lo menos existe una masa crítica que es sensible a este tipo de temáticas.

Sin embargo, y aquí vengo con el papel de aguafiestas, parece ser que la discusión solo se viene centrando en tópicos puntuales o síntomas del problema. No digo que esté mal señalar estos actos. Por el contrario, me parece bacán y siempre es bueno que se haga. Pero considero que es necesario ir a cuestiones más de fondo con relación a la discriminación. Muchas veces se olvida que la discriminación tiene caras mucho más dramáticas en el Perú: el analfabetismo que afecta, en su mayoría, a mujeres mayores de 15 años en el campo; la discriminación soterrada que nos hacemos unos a otros en ámbitos privados como los clubes (p.e.: las mujeres no pueden ser socias del Regatas); la desigualdad en los ingresos entre hombres y mujeres, a pesar de que muchas veces ellas tienen mayores calificaciones que nosotros; la falta de acceso a empleos por la llamada “buena presencia” u otros problemas similares.

Ya tampoco recordamos que nuestro episodio más dramático de violencia, el conflicto armado interno que vivió el país entre 1980 y 2000, a pesar de no ser de carácter étnico, sí reflejó varias de las tensiones discriminadoras del país. El hecho de que las víctimas pertenecieran al segmento pobre, quechuahablante, rural y con mayor tasa de analfabetismo no se debió solo al hecho de que la confrontación se realizara en la sierra. Respondió a una lógica en la que los distintos actores – armados o no – manifestaron su desprecio por un grupo de personas a las que nunca consideraron como ciudadanos: solo los vieron como masa enemiga para la “revolución”, o como “costos a pagar” por la pacificación. Quizás allí esté la raíz de muchos de los argumentos en contra de la estimación de cifras hecha por la CVR: no llegamos a aceptar que miles de peruanos murieran en nuestra cara, ante nuestra propia indiferencia.

Ahora que hablamos de pacto social, sería paja que, más allá de aumentos de sueldos de S/. 30 o más, comenzáramos a hablar – más allá de lo coyuntural – de un tema que viene afectando nuestra convivencia entre nosotros. Y es que un pacto entre todos los peruanos implica ciudadanía para todos. La discriminación, soterrada o no, es un obstáculo para ello. Más allá del bienintencionado activismo, ¿qué más se puede hacer?

MAS SOBRE EL TEMA:
Martín Tanaka: Identidad Etnica y Discriminación
Maritza Espinoza: ¿El cine no es para los cholos?
Utero de Marita: Reacciones al afiche del Festival de Lima
El Morsa: La polémica del afiche del Festival de Lima
Cinencuentro: Alfredo Vanini, quien inició la polémica, hace algunas precisiones.
Sala de Fumadores: ¿El afiche del Festival de Cine de Lima discrimina?

¿LA SEDE DE LA DISCRIMINACION?

La Sede es el pub open-mind – ojo, no “de ambiente” – más in de Lima, al que acude varia gente de la farándula limeña y varios personajes de la inteligenzia (y la blogósfera) lorcha también. No he pisado el lugar aún, pero me cuentan que es bastante interesante y divertido.

Marco Avilés es periodista. Actualmente es editor adjunto de Etiqueta Negra, ha escrito en Letras Libres – la mejor revista del mundo hispano, junto con Gatopardo – y acaba de sacar Dia de Visita, un libro imprescindible para entender la realidad de las cárceles en el Perú.

Como cualquier mortal en 28 de julio, Marco quería pasarla bien. Y ligarse a alguien. Su compañía de turno lo invitó a La Sede y, en la entrada, pasó lo siguiente, según nos cuenta en su crónica para Perú.21:

“y, entonces, al tocar con mis manos la puerta tras de la cual fluía la música linda, el lindo bodoque que custodiaba el digno local me soltó el mismo cuento del cual, como periodista hogareño que soy, he tenido noticias lejanas y del que me he enterado a través de los diarios y a veces por los testimonios de feos amigos noctámbulos que osan frecuentar los lindos locales de moda:

Perdón, la fiesta es privada.

Debo repetir que iba solo, pues ya algunos de mis lindos amigos escritores y editores habían entrado al lugar apenas unos minutos antes, lo cual, evidentemente, me convertía en ese mismo instante, por lógica empresarial, en un simple y anónimo indeseable, modestamente vestido de seda, sin fama y sin credenciales que dieran cuenta de mi lindura interior: cholo frente al mundo.

– Pero mis amigos acaban de entrar balbuceé, confundido.
– ¿De verdad? Esta es una reunión privada.
– Le digo que mis amigos acaban de entrar.
– ¿Sí? Entonces llámalos por celular y que salgan”.

Y para que veamos lo que ocurre en algunos lugares de Lima, veamos la salida a la que Avilés llegó:

“y, entonces, desesperado por la visión de que mi final feliz con aquella chica linda se esfumaba, desesperado por ese fatal destino, repito, se me ocurrió la denigrante idea de mencionar el famoso nombre de uno de mis lindos amigos que ya habían ingresado allí; por supuesto, él sí sin tener que batallar con ese lindo monigote amaestrado. Y, claro, cuando dije el bendito nombre (moralmente de rodillas), la puerta de la santa Sede se abrió, y allí, claro está, no había ninguna reunión privada (esto es obvio, ¿no?), sino el lindo paisaje de una afiebrada discotequita con ínfulas de pub, que de manera discreta se reserva el derecho de admisión, con sus lucecitas ad hoc y sus sillones muy lounge rebasados por la masa de gente nice que, supongo, estaba allí luego de haber pasado por el fino cernidor sin las molestias que yo sí tuve que enfrentar. ¿La chica de mis pensamientos bien valía la humillación? Los hombres a veces pensamos con las pelotas. Mea culpa. No debí entrar a ese antro de mierda”.

Seria denuncia que la gente de La Sede deberá responder, por respeto al público y a las normas contra la discriminación. Ojo que ya Indecopi ha multado a varios locales por incurrir en este tipo de prácticas.

DOS SOBRE DISCRIMINACION

Ayer, mientras leía el Perú.21 camino a la oficina, recordaba un polémico post de hace un par de añitos, referido a una campaña para que Plus TV tuviera en su programación menos “blanquitos” presentando los programas. Cuestioné en aquel momento dos cosas – más allá de la buena y loable intención de sus organizadores: el hecho de que dicho canal tenga una propuesta relativamente variada de entrevistados dentro del segmento al que está dirigido y, además, la recurrente fijación sobre los lugares de diversión pública, dejando de lado otras manifestaciones de racismo en el país.

Felizmente, me escucharon y un operativo como Empleada Audaz causó el impacto deseado en la opinión pública, sensibilizando a muchos sobre los malos tratos que reciben las empleadas del hogar en nuestro país.

Pero ayer sentí, como les decía, una sensación de Deja Vu cuando leía Perú.21.

Para comenzar, el editorial de Augusto Alvarez Rodrich sobre la clausura temporal de Café del Mar por discriminar su ingreso al público en base a criterios raciales. Y Augusto va a al fondo del problema en este caso, al señalar que la culpa no solo es de los empresarios que siguen estas prácticas, sino también sobre el público que asiste a estos lugares, a sabiendas que discriminan.

Y luego, en Pandemonio, en la columna de Beto Ortiz, me encuentro con que Flavio Balaguer, el gerente general de Plus TV, ha vetado una secuencia de Denise Arregui en el Jammin’ en la que el polémico conductor aparecería contando las canciones que más lo han marcado. El motivo: el mail de Denise Arregui lo explica:

Beautiful man: Alucina que en el canal me dijeron que no haga la nota contigo porque, por alguna razón, alguien no quiere poner en nuestra pantalla a figuras. ¿¿¡¡ “tan polémicas” !!?? como tú. No podía creerlo cuando me lo dijeron y, por supuesto, piteé por su ridícula censura. Le he pedido a mi productor que, por favor, haga algo al respecto para que me dejen trabajar tranquila. Mientras tanto, esperaré.

Y claro, creo que tanto Alvarez Rodrich como Ortiz tienen el legítimo derecho de pitear por este tipo de prácticas, por demás condenables. Sin embargo, sigue vigente la pregunta que hace un par de años me hice: ¿No hay otros actos de discriminación que merecen ser visibilizados? De hecho, Perú.21 lo hace a menudo, no veo porque no destacarlos tan igual como se ha hecho en dos espacios tan destacados de su diario.

CASTIGANDO LA MATERNIDAD

El caso de la cadete de la Policía Nacional Flor de María Cahuaya, expulsada de la Escuela de Oficiales de la institución a la que quería pertenecer, constituye un ejemplo de hasta que punto las instituciones que deberían ser las encargadas de cumplir los derechos humanos son las primeras que los incumplen.

La norma sobre la cual se basó la sanción contra la cadete vulnera la Constitución. No existe razón alguna para discriminar a una mujer por el hecho de quedar encinta, pudiéndose contemplar la posibilidad de que ella pueda reingresar a su centro de estudios, como existe en cualquier Universidad o centro de estudios superiores. Una restricción como la aplicada no resiste un test de proporcionalidad como el que aplica el Tribunal Constitucional para definir si una conducta es discriminatoria. Además, en el fondo, se viene penalizando el libre ejercicio de la sexualidad de una persona, que tiene todo el derecho de elegir en que momento decide tener un hijo o, simplemente, tener una relación íntima con su pareja.

Comentarios como los del ex Director General de la Policía Eduardo Pérez Rocha, quien se ha mostrado a favor de la medida discriminatoria por señalar que la Policía se convertiría en una “conejera” nos demuestran hasta que punto se tienen anteojeras sexistas sobre este tipo de situaciones. Ello se confirma con el silencio que han tenido el Director de la Policía Nacional, el Ministro del Interior, la Defensora de la Policía y el Ministro de Defensa (en las Escuelas de las Fuerzas Armadas se tiene la misma norma).

Señalar que cumplir los reglamentos es un valor que debe defenderse a rajatabla en una institución que se caracteriza por la disciplina es un argumento falaz. Porque un reglamento que vulnera la norma fundamental que la Policía Nacional jura defender, es decir, la Constitución del Estado, no puede ser acatado por el hecho de estar allí. Por el contrario, lo que merece es un cambio radical que, por cierto, ya había sido impulsado mientras duró la reforma policial durante el gobierno pasado, pero que, una vez que la chakana se apoderó del Ministerio del Interior, se volvió a restituir.

Flor de María Cahuaya, de seguro, ganará un proceso judicial que la revindique en sus derechos. Pero un caso como el de ella no debe volver a repetirse. Luis Alva Castro y Allan Wagner deberán dejar de lado prejuicios existentes y modificar normas de bajo rango que vulneran valores como el derecho a la educación, el principio de no discriminación y la libertad de escoger en que momento se opta por la maternidad. Respetar los derechos humanos es el primer deber que tiene un funcionario público y que dos personas con experiencia, como los ministros antes citados, debieran tener como guìa de conducta.

MAS SOBRE EL TEMA:
Ideele Radio: La cadete expulsada de la PNP ¿Un reglamento puede más que la Constitución?
Susana Villarán: Debe desaparecer Reglamento que impide permanencia de cadetes embarazadas en Escuelas de Oficiales.