VISIONES URBANAS

Durante las últimas semanas, Lima ha sido materia de dos debates intensos sobre el uso futuro de dos espacios públicos de la ciudad.

El primero, se refiere al Museo de Arte Contemporáneo, ubicado en el Parque Montero Bernales, una de las pocas áreas verdes relativamente extensa de Barranco. El proyecto del MAC forma parte de una concesión del parque, el cual ha sido recortado en su extensión para hacer la estrucura metálica. Posteriormente, el actual alcalde Antonio Mezarina ha clausurado de manera definitiva las actividades del Museo, para congraciarse con los vecinos opositores a la medida.

El tema ha llegado a un punto muerto: de un lado, Lima requiere de un espacio para la exhibición de obras de arte contemporáneo con el que cuenta cualquier ciudad importante en el mundo. De otro, los vecinos de Barranco requieren mantener sus espacios de recreación pública, muchos de los cuales han sido recortados – como las playas de la Costa verde. Y, para completar el panorama, las autoridades municipales y del gobierno central no cuentan con políticas públicas de incentivo de la cultura y de planificación urbana. Parece que el miedo a la palabra planificación heredado de la década de los 90 sigue siendo una suerte de enfermedad común en todas nuestras autoridades.

El segundo conflicto tiene que ver con la posible ampliación del área comercial en la Residencial San Felipe. El cuestionado alcalde de Jesús María Luis Ocrospoma pretende dar cabida a un proyecto de Supermercados Peruanos – propietarios de Santa Isabel, Plaza Vea y Vivanda – en el que se amplíe el área del supermercado, así como la zona de estacionamientos.

Los vecinos de la Residencial San Felipe se han organizado en oposición a una medida que rompe con el espacio ya establecido en una de las pocas zonas de Lima que fue planificada. Rafo León lo describió con atención la semana pasada en Somos:

San Felipe es una de las mejores cosas que le han ocurrido a la ciudad de Lima. Construido en lo que había sido el hipódromo del mismo nombre, heredó el concepto de las unidades vecinales de Odría (cuyo epítome es la excelente Nº 3 del Callao) pero lo proyectó hacia lo alto, mediante edificios de hasta quince pisos. La idea que subyace a San Felipe es la de la planificación urbana en torno a espacios comunes y espacios privados, engarzados en una dialéctica a la vez propia y separada. Lo que es común se debe cuidar como si fuera lo peronal, pues allí se juegan los estándares de comodidad, seguridad y calidad que yo exijo para lo mío.

Ambos conflictos – y otros menores, como las oposiciones de vecinos de algunas zonas de Lima a la instalación de cualquier tipo de negocio que perturbe su tranquilidad – tienen que ver con el manejo de espacios urbanos por parte de las municipalidades y el entendimiento de los mismos por parte de los vecinos.

Dónde está el límite entre los espacios públicos y privados en una ciudad poco planificada es una pregunta irresuelta y que pocas autoridades locales tienen en cuenta. En San Borja tenemos el privilegio de que las zonas de crecimiento hacia arriba del distrito están delimitadas por las avenidas centrales y los topes de los edificios están claramente definidos en las zonas residenciales. Sin embargo, esa es la excepción a la regla. Como lo comenta Roberto Bustamante:

partha chatterjee habla de que en las ciudades poscoloniales ha habido un proceso de negociación entre lo que él llama la “sociedad política” y las autoridades, donde la agenda política está dada por la primera y no por la segunda. la sociedad política está compuesta por el conglomerado de actores subalternos con necesidades concretas.

el gobierno municipal de alberto andrade significó, siguiendo el modelo de chatterjee, un segundo tiempo de una clase media criolla como actor privilegiado en las negociaciones con las autoridades (con las bienales nacionales e internacionales en el centro de la ciudad); un diálogo que le valió finalmente la reelección.

castañeda, por su parte, ha sabido capitalizar un diálogo fluido con esta sociedad política (justamente a través de la construcción de vías de acceso -pistas y escaleras-, las piletas, algunos cambios en ornato, los hospitales de la solidaridad, etc.).

el modelo le sirve a castañeda para mantenerse en el-pi-co-de-la-po-pu-la-ri-dad, pero no para sostener una ciudad que no produce ciudadanos, sino pasajeros y conductores.

El problema es que no encontramos un diàlogo claro y fluido entre autoridades locales, los vecinos y el inversionista privado – sea empresa o asociación -. Casí el mismo problema que encontramos entre minería y comunidades. Un Estado (hay que recordar que los gobiernos locales también lo son) que no es capaz de intermediar en los conflictos o que no es capaz de ceder cuando es parte de los mismos. Recuperar el diálogo es parte de la democracia y, claro, que el mismo se traduzca en soluciones concretas para la población.

Y será necesario también que los gobiernos municipales se pongan de acuerdo para el crecimiento de la ciudad. Se hace imperiosa una Asamblea Metropolitana de Alcaldes que Luis Castañeda Lossio no convoca hace 5 años, para tener una visión compartida de ciudad, aquella que no tiene nuestro burgomaestre metropolitano y otros de sus pares, aquella que nos falta para hacer y vivir en una ciudad mejor.

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Roberto Bustamante: Barranco no es Macondo, pero se parece

LA CIUDAD DE LA FURIA Y EL ALCALDE MUDO


Nací en el Centro de Lima hace 26 años y algunos meses atrás. Para mayores señas, a la espalda de Palacio de Justicia, en una clínica de nombre francés. Mi infancia la pasé en medio de casonas coloniales, edificios que en ese entonces tenían 30 años y ya expresaban cierto deterioro y las migraciones que en ese tiempo aún eran abundantes. Luego de 11 años, Pueblo Libre me acogió entre museos, edificios y parques, hasta hace una década, cuando pasé a la zona este de la ciudad.

Hago este recuento biográfico porque he podido ver, durante todo mi recorrido vital, como ha ido evolucionando la ciudad en la que nací, crecí y en la que seguramente seguiré viviendo durante mucho tiempo. Durante estos días he estado en varias zonas de la capital y he sido testigo de esos cambios. Hoy, nuestra casa es mucho más grande y, en realidad, a estas alturas, podríamos hablar de varias Limas antes que una sola. Tenemos varios centros en lugar de uno, con dinámicas políticas y económicas diferenciadas, y hasta los climas cambian de un lado a otro de la ciudad.

Sin embargo, esta diversidad – que no es otra cosa que la expresión de lo que es el Perú – necesita una visión política para solucionar los problemas comunes de todos. Ello debería ser responsabilidad del alcalde metropolitano.

Sin embargo, Luis Castañeda Lossio no ha contado con esa visión sobre la ciudad que tanto se requiere. Más allá del cemento de necesarias obras de infraestructura vial, cualquier vecino puede preguntarse que es lo que ha hecho el alcalde para comenzar a solucionar los grandes problemas de la ciudad.

Un informe preparado para Perú.21 nos da muestras claras de como viene desempeñándose el actual burgomaestre. En lo que se refiere al transporte público, uno de los más caóticos de América Latina, se indica que:

Respecto al transporte público, la evaluación de Ciudad Nuestra califica de positiva la creación del Metropolitano. No obstante, se mencionan como temas pendientes la creación de una autoridad única de transporte metropolitano -dependiente del municipio- que ponga orden en Lima. La ausencia de este ente está causando conflictos de competencia, desorden y falta de autoridad en la definición y aplicación de políticas.

Asimismo, falta la preparación de programas piloto de rutas racionalizadas y de empresas reestructuradas con los programas de renovación y chatarreo de la flota de transporte público , así como la eliminación progresiva de combis y colectivos.

Similar panorama ocurre con la seguridad ciudadana, otro de los problemas mencionados como los más importantes por los limeños en las encuestas. Si bien el combate a la delincuencia tiene responsabilidad bastante grande de la Policía Nacional, los modelos de combate a este flagelo en el mundo vienen teniendo un rol cada vez más activo de los gobiernos locales, sobre todo, de los alcaldes metropolitanos. Castañeda, en esta materia, no ha querido asumir dicha responsabilidad, que sus antecesores si quisieron poner en práctica.

Pero, además de los dos problemas más álgidos de la ciudad, preocupa el estilo de un alcalde que no rinde cuenta a los regidores metropolitanos y menos aún a los vecinos. El mencionado informe menciona:

El punto más crítico abordado por el mencionado estudio es el del buen gobierno. El informe cuestiona la casi nula participación del burgomaestre Luis Castañeda Lossio en las sesiones del Concejo Metropolitano y la restricción que enfrentan los propios regidores para acceder a la información pública relevante.

Asimismo, la evaluación considera que de parte de la administración edil hay “poca transparencia y subestimación del interés ciudadano por la información completa y oportuna”, y que un tema tan importante como la discusión presupuestal en el Concejo Metropolitano “es limitada y se lleva a cabo sin la información necesaria”.

De hecho, hasta hace unos pocos meses, las sesiones del Consejo Metropolitano no eran públicas y la pagina web de la Municipalidad de Lima es un canto a la vacuidad. La misma que exhibe Castañeda cuando da una declaración sobre un punto controvertido de su gestión. Como bien ha anotado hoy Alvarez Rodrich, a Castañeda se le escucha más en “Los Chistosos”.

Pero la situación de nuestra ciudad no es de chiste. Aun quedan varios problemas por resolver y que no solo dependen de la ausencia de un alcalde al que hay que encontrar llamando a “Los Cazafantasmas”. También depende de lo que nosotros los vecinos hagamos por nuestra casa: manejar mejor, no ensuciarla, cuidar los parques que aun tenemos, no hacer construcciones fuera de las normas y, por supuesto, querer nuestra ciudad.

Mientras tanto, la ciudad variopinta, rara, bizarra, la horrible, la de la flor de la canela, provinciana, sigue esperando esa visión de futuro y que los limeños debemos dejar de tratar mal. Más que otro vals que le canté a lo que se fue, necesitamos vecinos dispuestos a jugarse por su ciudad.

MAS SOBRE EL TEMA:
Ciudad Nuestra: Evaluación de la gestión metropolitana de Lima durante 2007
Editorial de El Comercio: Lima de Aniversario
Augusto Alvarez Rodrich: La obra del mudo
Eduardo Villanueva: Lima: aniversario en manos de un incapaz
Roberto Bustamante: Lima, la horrible ciudad carretera
Encuesta del Instituto de Opinión Pública de la PUCP sobre Aniversario de Lima
César Hildebrandt: Castañeda apaga velitas
La República: Las tareas pendientes del alcalde de Lima
Carlos Basombrío: Lima ya no es tan horrible
Cinencuentro: ¡Buenos días, Lima!
Cucharas Bravas: Lima engorda
Blogiarquía: Comentarios a la Encuesta PUCP por el aniversario de Lima

EL ALCALDE AUSENTE

Nunca termino de entender porque le prestamos tan poca atención a nuestra ciudad. Al fin y al cabo es aquí donde vivimos, crecemos, nos amargamos, lloramos, reimos, amamos y pasamos la mayor parte del tiempo. Quizás sea el hecho de haber vivido 11 años en el Centro de Lima y que después las mudanzas me hayan trasladado del oeste al este de la ciudad (y del eje La Marina – Javier Prado), pero no se porque razón miro desde el tercer piso la ciudad con otros ojos. No la gris del cielo panza de burro, sino mi verdadera casa, claro, con color de cielo generalmente más cercano al uniforme escolar que nos legó Velasco.

Y quizás sea por eso que rabie por el hecho de que la ciudad esté en piloto automático.

Como sabrán, no voté por Luis Castañeda Lossio en las últimas elecciones municipales. Tampoco lo hice el 2002, por razones que no viene al caso comentar. Pero si no marqué el símbolo de ¿Unidad? Nacional el año pasado fue porque no sentía que la ciudad tuviera un norte claro.

Si, es cierto, el alcalde mudo ha puesto cemento por toda la capital, ha construido escaleras, está haciendo la Estación Central y ha hecho la Vía Expresa de Grau. Sí, el alcalde ha puesto hospitales por todos lados y organiza un Festival de Lima para que la gente se entretenga en octubre.

Pero quizás sea por su mudez que no termino de entender algunas cosas. Como la inexistencia de un nuevo Plan para una ciudad que a la vez es región – el último se hizo en la época de Orrego y Barrantes, cuando este blogger estaba en edad de pediatría -, o que continue la Costa Verde tan contaminada como siempre, o que añore el día del censo por el insoportable tránsito de una ciudad poco ordenada en ese aspecto, o que el señor no diga (o haga) nada sobre seguridad ciudadana (y a eso súmenle que no tenemos Ministro del Interior, el que está en Corpac lo es entre comillas) o que la cultura sea una prioridad al final de las bolsas de cemento.

No, no es solo la mudez. Es el hecho de saber que no da explicaciones por nada. Como las piletas en las que gastó 13 millones de dólares, o el ninguneo a los Regidores Metropolitanos o a sus pares alcaldes a los que nunca ha convocado a una Asamblea Metropolitana en 5 años. O saber que su amigo Walter Menchola aprovechaba las camionetas de EMAPE para uso de su pareja sentimental. Y sobre todo eso, un mutis que sería la envidia de Bernardo, el fiel ayudante del Zorro.

Porque nuestro alcalde solo puede ser entrevistado cuando anuncia más cemento o cuando se reune con su nuevo amigo el Presidente de la República. Cuando las papas queman, tiene que ser su eterno escudero, Marco Parra, quien tenga que responder a todos los cuestionamientos porque al señor no quiere quemar su imagen, su alta popularidad y su posible candidatura al 2011.

Una autoridad pública tiene que entender que está ante el escrutinio público. Hasta el Presidente de la República, que tiene sus grandes raptos de intolerancia con la prensa, lo entiende así y al menos responde a algunas preguntas incómodas. Sin embargo, el alcalde ausente no responde a nada. Dice que sus obras hablarán por él.

Pero son sus silencios y sus omisiones más elocuentes que cualquier otra cosa que diga. Y mientras tanto, en medio de la indiferencia general, la vieja Ciudad de los Reyes espera un alcalde con visión de futuro y vecinos más preocupados porque así sea. Quizás ese día veamos, en medio de nuestro tradicional cielo de color asfalto, alguna luz que ilumine el camino a casa.

MAS SOBRE EL TEMA:
La República y La Primera: Castañeda quería vender parte de los Pantanos de Villa

UN PASEO SUI GENERIS

Recorriendo la ciudad entre 8:00 p.m. y 1:00 a.m. de un sábado en la noche

Sabado, minutos antes de las 7 p.m. Mando un mensaje a un amigo con el que nos ibamos a reunir a tomar unas chelas el sábado. La respuesta a mi mensaje, “ya fue“. Entro a un compromiso que tenía en La Molina. Termina. Salgo de allí y me dirijo a Barranco, donde aún había quedado con otro pata para el mismo plan chelero.

7:25 p.m. aprox. Altura de la Vía Expresa, llama mi otro pata para cancelar. Ya estaba montado en el taxi y no iba a hacer perder al hombre que se gana la vida en el volante la carrera, asi que decidí ir a Barranco, a ver que se me ocurría hacer.

7:45 p.m. Luego de dar una vuelta por el Puente de los Suspiros y por el Parque Municipal, decido enrumbar a Miraflores. A pesar que tenía dinero suficiente como para pasar una buena noche, decidí caminar. La ruta: Av. Grau hacia Larco Mar.

8:05 p.m. Veo por primera vez abierto el Metro de Barranco. Ha sido edificado en el antiguo mercado municipal y conserva la fachada histórica. Claro, me acuerdo en ese momento que Barranco es “zona monumental”. Durante el camino he ido viendo varias casas antiguas, algunas bien conservadas, otras no tanto. Me pregunto, ¿cuándo será el día en que revaloricemos todo el legado histórico de nuestra ciudad?

8:15 p.m. Hago mi primera parada en una cabina de Internet. Veo si hay novedades en el correo para algún plan. Cero Balas. Reviso los diarios. Salvo una noticia del inicio del Plan de Reparaciones, nada importante. Mando un par de correos a gente de la oficina, para que el lunes estemos atentos sobre el tema.

8:25 p.m. Al frente del Estadio Galvez Chipoco, se suscitan dos sucesos contrastantes. Al frente de la puerta, como ya es costumbre, varios hombres festejan el final del partido – y la clasificación de Perú a la segunda ronda del sudamericano sub 17 – consumiendo cantidades industriales de Pilsen, Cusqueña, Cristal y Brahma. Música de fondo: salsa. A 150 metros, en la cuadra siguiente, un velorio en una casa, veo las coronas de flores y me persigno. La celebración de la vida y la resignación ante la partida, a pocos pasos, en el mismo escenario.

8:40 p.m. Paso por la Iglesia de Fátima. Como es costumbre en ese día y a esa hora: Matrimonio. Mientras los contrayentes están atentos a las palabras del sacerdote y los asistentes espectan emocionados el acontecimiento, el chofer del Mercedes Benz contratado para la ocasión duerme a pierna suelta en el auto.

8:43 p.m. Llegada a Larco Mar. El ambiente, como de costumbre: harta gente comiendo, viendo el mar, paseando por las tiendas. No hacía mucho viento. Fui a ver un rato el mar y contemplar el horizonte de una Costa Verde que debería ser como Copacabana pero a la que le hemos dado la espalda. Extraño las luces de la cruz de Chorrillos que ya no se contempla, pero diviso el malecón de Barranco con sus nuevos edificios y los autos pasando por la autopista. Una banda de payasos se da la vuelta por el Centro Comercial, tocando sus instrumentos, mientras que un grupo de seminaristas conversa con un sacerdote en uno de los cafés al pie del mar.

8:50 p.m. Larco ya no es la avenida agitada que dio origen a la célebre canción de Frágil, hace casi 26 años atrás. Sin embargo, sigue siendo concurrida, al igual que sus cafés y tiendas. Publico de la hora: señores de más de 50 años transitando, jóvenes que comenzarán la juerga en algunos minutos, familias enteras paseando.

9:05 p.m. Diagonal es una de las avenidas que suscita mis primeros recuerdos de niñez. Mi primer intento de aprender a nadar lo hice en la piscina del Champagnat, a los 3 años. Mi abuela me llevaba por esa calle hasta llegar a San Ramón, la célebre calle de las pizzas, donde estaba la entrada a la piscina. Hoy el Champagnat ya no está ahí, aunque queda el local, pero permanecen otras cosas: la calle de las Pizzas, el Haiti abarrotado de gente, la gente haciendo cola para ir a El Pacífico y claro, símbolo de los tiempos, Mc Donald’s repleto.

9:10 p.m. Entre la disyuntiva de chapar combi (para los no peruanos: esto significa abordar un vehìculo de transporte público) hacia Surco, para seguir por allí con la caminata y buscar algo de comer, el hambre y la curiosidad me motivan a ir por Pardo hacia Comandante Espinar.

9:30 p.m. Segunda parada: Pasquale Hermanos, la sanguchería del célebre Gastón Acurio, que pisaba por primera vez. Hice mi colita de 5 minutos para pedir un sanguche de chicharrón, que hace tiempo no probaba. No estuvo mal, pero tampoco fue extraordinario. Las yuquitas fritas si están espectaculares. Mensaje para Gastón: El local está bien, pero el segundo piso es algo chico. Va buena cantidad de gente, más aún a la hora en que yo llegaba.

10:00 p.m. Vuelta por Crisol, a ver que novedades en discos y libros hay. Comienzo por ver las curiosidades musicales: me detengo a ver novedades en MPB (Musica Popular Brasileña), Rock Clásico y World Music. Luego paso a ver lo último que ha llegado en libros sobre Perú Actual. Mientras reviso un libro sobre la evolución de la visión sobre la mujer en el Perú, a mi costado, el congresista aprista César Zumaeta revisa las últimas publicaciones del Instituto de Estudios Peruanos. Luego, paso al recomendado del día: Carlincaturas. Realmente delicioso. Mientras me dirijo a la sección de libros de historia y sociología, veo una cara conocida. Luego de revisar libros por 10 minutos, volteo la mirada y me quedo con la duda sobre si la persona que había visto era o no Rosa María Palacios.

10:40 p.m. Salgo de Crisol y a la salida, en Urban Café, veo a Cattone cenando con su asistente personal. Informal, pero siempre se viste bien el conocido director de teatro. Continuo camino por Conquistadores.

11:05 p.m. Voy por Juan de Arona. Como no quiero ir hoy a casa de mis primos, a los que veré durante esta semana, cambio de rumbo y me dirijo hacia la avenida Aramburu. El ritmo de vida y la cantidad de personas es mucho más sosegado que por las calles que he recorrido durante más de tres horas. Paso el puente de Aramburú con la Vía Expresa mientras 3 chiquillos que venden caramelos cantan en la esquina. Sorprendentemente, no se detienen a venderme nada.

11:10 p.m. Aramburú tiene locales de comida de diverso tipo. Al frente del local de la Comunidad Andina, se instala una pick up en cuya tolva se halla una parrilla sanguchera, y un cartel con el nombre de “Sanguches Aramburú”. Público objetivo: taxistas. Una cuadra más adelante, un chifa más bien familiar. Tres cuadras más allà, local de caldo de gallina y chifa más amoblado. Publico objetivo: noctámbulos, solitarios, parejas y efectivos policiales de la DINANDRO, que se encuentra a pocos metros.

11:35 p.m. Pasando Aramburú y República de Panamá, encuentro, en un lugar bastante escondido, un Starbucks. La verdad, el último lugar donde lo hubiera imaginado. A 50 metros, comienza una constante en lo que queda de periplo, carros con música a todo volumen y gente tomando en la calle. Al costado, en una licorería más o menos grande, los amigos del dueño de la misma, entre 25 y 30 años, se matan de risa con los últimos minutos de El Especial del Humor.

11:50 p.m. Transito entre San Isidro y San Borja. La zona de Corpac, donde me encuentro con mayor frecuencia el mismo panorama antes descrito. A ello, añádanle dos o tres hostales con por lo menos 10 a 12 vehículos estacionados en sus afueras. Si a ello se suma la venta de alcohol en los grifos, a horas en que ambos distritos lo prohiben, digamos que estamos en lo que un pata denominaría Tijuana, donde todo puede pasar.

12:05 a.m. Primavera Park & Plaza. Hago una parada técnica aquí. Ya no hay los locales de hace unos dos o tres años, donde alguna vez acudí a tonear. Solo están abiertos los locales de comida, incluyendo el Pardo’s Chicken.

12:20 a.m. A 20 metros de la esquina de Angamos con Caminos del Inca están estacionados un vehículo de serenazgo y una combi de la Policía Municipal de Surco. ¿Motivo? Estar atentos a lo que ocurría en el mini boulevard que se ha formado allí, con por lo menos 6 locales de expendio de bebidas alcohólicas, poblado de chicos entre 18 y 21 años, en su mayoría. Aunque estaba con sed, decido no tomar asiento en alguno de los locales – ni siquiera en el que había más gente por arriba de los 21 años – y me dirijo al grifo a comprar una gaseosa. Allí, en sus inmediaciones, habían dos grupos de chiquillos que ya estaban hechos con el alcohol. No se porque, pero la tonadita de una canción de Bacilos (“será que me estoy poniendo viejo”) comenzó a sonar en mi cabeza.

12:55 a.m. Llego al Tercer Piso. Cansado pero satisfecho por la caminata larga. Me permitió ver una Lima que generalmente no veo. Curiosamente, no había ningún suceso policial de por medio, lo cual me hace ver que esta ciudad, a la que a veces detestamos con ganas, también tiene su lado positivo. A pesar de los problemas, la gente se divierte y, bueno, es una manera de sobrellevar la carga de la semana.

Veremos que nos depara nuestra siguiente aventura urbana.

VENDIENDO EL BOULEVARD

¡San Borjinos unidos, jamás seremos vencidos!

Llegaba ayer de comer fuera y me pusé a ver televisión con mis viejos. Para variar, el tradicional zapping entre La Ventana Indiscreta y Prensa Libre, aunque no estábamos con muchos ánimos de ver algo más sobre the Sao Paulo True Cholywood History.

Pero un reportaje de LVI nos hizo poner los cinco sentidos alertas. No sólo porque ocurría una de esas cosas que pasan siempre en el Perú, sino porque nos afecta directamente: parte del Boulevard Francisco Bolognesi, una de las áreas verdes más grandes de San Borja, a apenas 5 cuadras de mi casa, estaba siendo vendida por el NBK Bank en liquidación.

Ocurre que dos invasores de este parque, desalojados hace muchos años, a inicios de los noventa se hicieron con la propiedad de cerca de 14,000 metros cuadrados de parque, comprendidos entre las avenidas San Borja Norte y Las Artes, mediante una figura legal que se llama prescripción adquisitiva. Sin embargo, el juez que otorgó esta inscripción no se percató que el terreno adquirido era un área verde y, además, comprendido dentro del cauce del Río Surco, que de acuerdo a una norma expedida durante el primer gobierno de Fernando Belaúnde lo declaraba zona intangible.

Este terreno es posteriormente vendido. Percatándose de la estafa, los nuevos propietarios deciden hacer una nueva operación dolosa: piden un prestamo para sus empresas al Banco del Progreso, que nunca pagan, en el que la garantía era el parque. Consecuencia, el banco se hace de la propiedad del parque. Años más tarde, esta entidad financiera es absorvida por NBK Bank, que entra en problemas el 2000 y está en proceso de liquidación. Sospechosamente, los bancos no se percataron que este terreno era un área verde desde hace 40 años.

Como es obvio, los vecinos – en particular, los que viven frente a la zona – se han comenzado a organizar para impedir la venta. Tanto las municpalidades de Lima y San Borja reconocen que esto es un parque y que debe quedar como tal. Así las cosas sólo quedan dos caminos: o impedimos la venta o los sanborjinos compramos nuestro parque.

Por lo menos una vez a la semana camino por la avenida Boulevard para poder relajarme. La presencia de áreas verdes no sólo nos purifica el aire, sino que a esta zona tan tranquila de Lima, donde está ubicado este Tercer Piso, la hace más habitable. Desde aquí estaré apoyando las acciones que los vecinos – y espero que a ello se sumen nuestras autoridades locales, que para algo las elegimos – emprendamos en defensa de uno de nuestros pulmones más cercanos.

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“Lima está de fiesta, la canción Criolla se viste de gala,
las guapas limeñaslucen su belleza y gracia sin par.
Las cuerdas de las guitarras trinan,los criollos corazones vibran
a los alegres sones de la canción popular”
(Manuel Raygada, Acuarela Criolla)

“Puentecito dormido entre murmullos, en la querencia
Abrazado a recuerdos, barrancos y escalinatas
Puente de los suspiros, quiero que guardes
en tu grato silencio, mi confidencia”
(Chabuca Granda, Puente de los Suspiros)

“Nostalgia provinciana en busca de oportunidad
Ahora ha pasado el tiempo, ahora somos mucho mas
La dura vida urbana y eso de ser marginal
hizo de nuestra raza acero de superacion”
(Los Mojarras, Nostalgia Provinciana)

“Soy un muchacho provinciano, me levanto bien temprano;
para ir con mis hermanos, ayayay, a trabajar.
No tengo padre ni madre, ni perro que a mi me ladre;
sólo tengo la esperanza, ayayay, de progresar”.
(Chacalón y la Nueva Crema, Muchacho Provinciano)

“Denme una algarrobina de esas que saben pero a bien limeñas
Y traiganme un anticucho, que me lo sirva una linda limeña
Que huela a Perú y por supuesto que me sepa a Perú
Que huela a Perú y por supuesto que me sepa a Perú”
(Grupo Niche, Me sabe a Perú)

No voy a escribir un apologético o una oda a la ciudad. Chabuca Granda sabía hacerlas aun cuando lo que describía había desaparecido o quizás nunca existió.

Tampoco me voy a mandar con un rollo a lo Salazar Bondy sobre “la horrible”. Para eso mejor léanse la columna de César Hildebrandt de hoy.

Hoy se supone que es un día de fiesta y, sin embargo, casi ni lo festejamos, a pesar de la fama de jaraneros que la canción criolla nos ha hechos. Nos acordamos de la ciudad sólo cuando es 18 de enero o cuando se vienen las elecciones municipales.

Seguimos hablando de un centro histórico que debemos preservar. Pero, ¿no convendría hablar que somos una ciudad con muchos centros? Sino, que son Miraflores, San Isidro, Los Olivos, San Miguel, San Borja, Villa El Salvador o Asia. Son centros. Los conos pasaron a la historia y hoy se habla de Lima Norte, Lima Sur, Lima Este y Lima Centro.

Pertenezco a esa rara especie en extinción de limeños que tienen más de tres generaciones de ascendientes viviendo en la ciudad. La migración y la globalización han cambiado el rostro de la ciudad. Hoy ya no somos la Lima de la calesita y la saya y manto, tampoco la de los criollos jaranones en Barrios Altos al pie de un callejón de un solo caño. Seguimos siendo criollos de alguna manera, pero igual cabida tienen los huaynos con arpa de Dina Paucar, los subtes de Quilca, los miraflorinos que ahora escuchan “Cholo Soy” en versión electrónica, el reggeaton o la chicha con la que los choferes de combi nos machacan todos los días, o los salseros que escuchan Radio Mar todo el día.

Mezcla rara de monumentos y de arquitectura. Desde el monolito a Taulichusco hasta Francisco Pizarro arrinconado en el Parque de la Muralla. Desde la Plaza de la Democracia hecha por Toledo hasta la estatua de San Martín con un auquenido sobre la efigie de la Patria. Desde “El Ojo que Llora” hasta la plaza a María Elena Moyano. Cementerios bicentenarios con visitas nocturnas. Balcones coloniales al costado de edificios que no llegan a los 5 décadas y están abandonados. Boteros esculturalizados en el Parque del Amor y en Agua Dulce. Iglesias coloniales en el centro y casi casas grandes en la periferia. Nuestras playas ahora se delinean entre la casi anacrónica rusticidad de Punta Hermoza, los edificios del malecón de Barranco y las modernas casas de playa del kilómetro 80 para adelante.

Niños que ya no juegan al clásico U – Alianza, sino que por la muestra de la globalización disfrutan de un Chelsea – Arsenal o de un Real Madrid – Barcelona. Y si es en Playstation 3 o Game Cube mejor. Yo me quedé en el Supernintendo.

Alcaldes buenos y malos han transitado por el sillón de Nicolás de Ribera “El Viejo”. Desde Rufino Torrico que defendió lo que quedó de la ciudad de la invasión chilena, hasta Anita Fernandini que más se preocupaba por las “malas costumbres” de las muchachas limeñas. Desde Bedoya que nos dejó el primer Zanjón, hasta Andrade que recuperó el centro luego de años de abandono. Barrantes precursor de la planificación metropolitana y el trabajo en los otros centros y un Del Castillo que solo nos legó un tren fantasma. Trabajos buenos, pero que, al final, no lo entendieron lo central: que una ciudad había que administrarla como un todo, con los alcaldes distritales como colaboradores.

Lamentablemente, el actual alcalde adolece de esa visión integral de la ciudad. Su forma de manejar las cosas queda reflejada en la absurda decisión de no dejar a la prensa cubrir las sesiones de Consejo Metropolitano. Esa falta de transparencia, esa vocación por el cemento, esa falta de palabras. Si Lima, la urbe, pudiera hablar, me pediría que me preocupara más por ella y me preguntaría: ¿por qué me maneja gente tan limitada?

Mientras tanto, la ciudad variopinta, rara, bizarra, la horrible, la de la flor de la canela, provinciana, sigue esperando esa visión de futuro y que los limeños debemos dejar de tratarla mal.

Feliz aniversario, Lima.