CLASES SOBRE AMNISTIA PARA EL MINISTRO VEGA

En la noche del último domingo, en el programa ADN Político de Canal N, el Ministro de Trabajo Rudecindo Vega trajo al debate público una controvertida propuesta: una amnistía general en todos los sectores, que incluya a violadores de derechos humanos, sin distinción alguna.

Más allá de que el Ministro de Trabajo se mande con una propuesta que nada tiene que ver con su sector, es necesario aclarar que esta propuesta es inviable, tanto desde el punto de vista ético como político.

En el campo ético, Vega ha señalado que su propuesta tiene como objeto “consolidar el crecimiento económico del país, para hacer sostenible la inclusión social, para fortalecer la descentralización, para luchar contra la corrupción y promover la ética pública”. El problema es que una amnistía no produce ese efecto, ni tampoco una reconciliación nacional, como el Ministro ha afirmado.

En términos coloquiales, se ha asociado el término reconciliación con el perdón. Mejor dicho, con el sacramento católico de la confesión. Pero la reconciliación no pasa por el olvido de hechos execrables, sino por la reconstrucción de lazos que hagan posible y sostenible la vida en sociedad y la convivencia pacífica. Ello implica ejercer la acción del sistema de justicia y no la abstención de la actuación estatal en esta materia.

En el caso concreto del Perú, la Comisión de la Verdad y Reconciliación descartó expresamente la posibilidad de una amnistía para alguno de los actores que haya cometido delitos en el marco del conflicto o de la lucha contra el terrorismo, debido a que la reconciliación no puede basarse en la impunidad. Ello le cierra las puertas tanto a los militantes del MOVADEF, que reclaman una amnistía general que incluya a los miembros de Sendero Luminoso, comenzando por el criminal Abimael Guzmán, como para los políticos y periodistas (sobre todo, los vinculados al fujimorismo y a los sectores más conservadores del país) que cada cierto tiempo plantean iniciativas de impunidad, como el Decreto Legislativo 1097.

Si en términos éticos la propuesta del señor Vega es cuestionable, en términos jurídicos resulta ciertamente inviable, por varias razones que expondremos a continuación:

1. La naturaleza de la amnistía: Esta institución es un rezago de la época absolutista, cuando el monarca despótico era el encargado de tomar las decisiones más importantes en un Estado: desde las normas jurídicas hasta las condenas judiciales. Y se ha mantenido en el Estado contemporáneo como última posibilidad de corregir errores judiciales o responder a “delitos políticos”. Dado que el otorgamiento de la amnistía elimina, para todo fin práctico, el hecho punible, la condena y cualquier otra consecuencia penal, e implica una ingerencia del Poder Legislativo en actos del Poder Judicial, debe usarse en forma excepcional.

2. Los límites puestos por el Tribunal Constitucional: El Tribunal Constitucional ha señalado en la sentencia del expediente N° 679-2005-AA/TC una serie de límites para el ejercicio de esta facultad. La amnistía debe ser dada por una ley expresa del Congreso de la República, no puede oponerse a la obligación que tiene el Estado de defender los derechos fundamentales ni a los compromisos internacionales adquiridos por el Perú en materia de derechos humanos. Tampoco puede otorgarse a los hechos comprendidos como delitos por el Estatuto de la Corte Penal Internacional.

3. La imposibilidad de su otorgamiento para casos de graves violaciones a los derechos humanos:  Existen cuatro sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (casos Barrios Altos, Almonacid Arellano, Gomes Lund y Gelman) que prohíben la expedición de leyes de amnistía, “punto final” o similares a casos de graves violaciones a los derechos humanos. Estas sentencias tienen dos fundamentos centrales: la obligación del Estado de investigar y sancionar a los responsables de este tipo de crímenes y la imposibilidad de establecer mecanismos que impidan el procesamiento penal de estas conductas. Estos argumentos también han sido recogidos por el Tribunal Constitucional y el Poder Judicial para oponerse a la aplicación del Decreto Legislativo N° 1097, una amnistía apenas encubierta promulgada en el gobierno que acaba de irse.

De acuerdo con la hoja de vida del Ministro, ha estudiado y ejercido la carrera de Derecho por varios años. Convendría que revise estos argumentos legales antes de realizar propuestas que no sólo son inviables en términos estrictamente jurídicos, sino que terminan dándose de portazos con las propuestas que un sector mayoritario del gobierno tiene en materia de derechos humanos. Ahora se entiende porque Salomón Lerner Ghitis quería que sus Ministros sólo hablen de temas vinculados a su sector.

DETRAS DEL FUJIDOCUMENTAL

La foto que pueden ver arriba, tomada por la revista Caretas, es reveladora de uno de los primeros mensajes del “documental” Al Final del Tunel, “dirigido y producido” por el extraditable Alberto Fujimori.

Como se puede ver, las personas que aparecen resaltadas no pertenecen al grupo de comandos que efectuó el valeroso rescate de los rehenes en la residencia del Embajador del Japón. Son agentes del SIN, sin camuflaje, dirigidos por Roberto Huamán Azcurra, el hacedor de los vladivídeos. Se puede ver a uno de los hombres, camarita en mano, registrando la escena.

Este sería el origen de las “imágenes exclusivas” del publicherry de hora y 20 minutos que fue estrenado en el novísimo cine “Raúl Porras Barrenechea” – ex hemiciclo de la Cámara de Senadores, en el Congreso peruano – por los parlamentarios fujimoristas.

Pero confirma una verdad que se decía en susurros: Fujimori se llevó vídeos en su fuga al Asia. Y es la presencia de Huamán la que lo confirma.

Recordemos que fue este personaje quien entregó el video donde Ernesto Schutz Landázuri vendió su “canalazo” a Montesinos. Y, como se recuerda, durante la rocambolesca persecusión de Fujimori a Montesinos en octubre de 2000, Huamán fue detenido por varias horas en Palacio de Gobierno y ya en ese momento se sabía que era el custodio de los vídeos. A los pocos días, con varias maletas, Fujimori partiría a Asia para renunciar por fax.

Pero las incongruencias del fujidocumental no culminan allí.

Fujimori llega a contradecir su propia defensa. Como lo comentamos en su momento, los abogados chilenos del ex dictador argumentaron en su alegato final del proceso de extradición que el Chino no sabía nada de cuestiones militares, para echarle la culpa a las Fuerzas Armadas de las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante su gobierno. Es decir, se presenta como poco menos que un inimputable o un imbécil. Ahora el ex dictador se presenta como el único estratega de la operación militar, sin que ni siquiera aparezca el jefe de los comandos, el General José Williams Zapata en escena alguna del fujivideo. Como consigna La República, las Fuerzas Armadas son relegadas a un segundo plano en el documento fílmico.

Lo segundo es que, sea real o no su participación en la operación, Fujimori se “olvida” de Montesinos. Ignora que existía un audio en el que se les escucha ordenando – supuestamente – el inicio de la operación, así como las declaraciones siguientes:

La noticia (de la toma de la residencia) la recibió con mi hijo Kenji, quien me acompañó al SIN. Me encontré con el asesor Vladimiro Montesinos y los dos evaluamos la situación

La solución de contingencia la dirigía personalmente con un grupo muy pequeño de oficiales. Había tres coroneles del Ejército y por parte del SIN Vladimiro Montesinos. Los cuatro eran citados periódicamente al garaje del Servicio de Inteligencia. Allí teníamos una maqueta, trabajábamos de noche o de madrugada viendo diversas opciones, pero en los dos frentes tenía la dirección total

“En un comienzo, sobre la operación militar del rescate, tienen acceso a la información sólo seis personas. Tres coroneles del Ejército, Montesinos, el que habla y otro oficial del SIN”.

(Entrevista a Alberto Fujimori hecha por Gladys Bernal, El Comercio, 17 de diciembre de 1997).

Un tercer punto cuestionable en el documental es que los entrevistados – además del “director y productor” – sean personajes cercanos a Fujimori, lo que le da un toque más cercano a la propaganda que a la veracidad histórica. En Al Final del Tunel son presentados Domingo Palermo (ex Ministro de Educación de Fujimori), Alberto Pandolfi (un viejo conocido de todos nosotros), Luis Serpa Segura (ex Vocal Supremo vinculado a Montesinos), Juan Luis Cipriani Thorne (el arzobispo del Chino y que fuera durante 5 años miembro del directorio de FONCODES), Francisco Tudela (ex Canciller de la dictadura), Dante Córdova (ex Primer Ministro de Fujimori) y Kenji Fujimori, camarita en mano, no precisamente filmando a su perro “Puñete”. Nadie puede contrastar la versión del otrora “Emperador”, como se haría en cualquier documental que se precie de serlo. Claro, y ni hablar de la ejecución extrajudicial producida por los esbirros de Fuji & Vladi Producciones.

En suma, un documento sin valor histórico, salvo para los enceguecidos fanáticos del Chino. Y eso de fanáticos no es broma, revisen un reportaje del 2002 en el que se muestra a los fujimoristas deidificando al ex dictador.

Pregunta final: ¿Por qué los supuestos “financiadores” del documental – según Carlos Raffo, fujimoristas en Estados Unidos – no dan la cara?

NI MEZQUINDAD, NI COMPLICIDAD

Más precisiones sobre la operación Chavín de Huantar

El artículo que escribiera ayer sobre la crisis de los rehenes de Lima y la Operación Chavín de Huantar ha desatado una polvareda que sigue haciéndome pensar en cómo Sendero Luminoso y el MRTA fueron, no sólo los grandes responsables de la mayor parte de muertos durante el conflicto armado interno, sino también co-responsables de que el desprecio por los derechos humanos se haya convertido en nota corriente de un sector de la opinión pública peruana.

La insanía de las acciones de estos dos grupos, la crueldad con la que los perpetraban y la no asunción de responsabilidades – con contadas excepciones – ha hecho que un grupo de peruanos considere como válido y natural el hecho de que se hayan producido violaciones a los derechos humanos por parte de agentes del Estado y que, además, considere como una afrenta a las Fuerzas Armadas.

En ningún momento he regateado el éxito de la operación, por el contrario, he señalado su valía como tal y el valor de los comandos, en especial, de los dos héroes militares que murieron en dicha ocasión.

Sin embargo, no se puede negar lo evidente: por lo menos existió una ejecucion extrajudicial, cometida por un equipo directamente dirigido por Fujimori y Montesinos, que se diferenciaba de los comandos por estar con pasamontañas y cámaras de vídeo. Los dos principales involucrados como autores directos son Jesús Zamudio y Roberto Huamán Azcurra. Los autores intelectuales: Vladimiro Montesinos y Nicolás Hermoza Ríos.

Pero creo que no puede descartarse el conocimiento de Alberto Fujimori sobre estos hechos dado que existía un patrón de violaciones a los derechos humanos cometidas durante su gobierno. Estamos hablando de crímenes donde se separaban a los ejecutados extrajudicialmente en un grupo aparte. Convendría revisar los casos Universidad Nacional del Centro, La Cantuta, Castro Castro, El Santa, Operación Aries y Embajada del Japón como parte de un mismo patrón. Patrón que puede ser confirmado por la existencia del Manual del Ejército conocido como Equipos Básicos, en el que se señalaba que había que eliminar a los presuntos subversivos o no capturar prisioneros.

La tesis de los “gallinazos”, como la llamó el ex Ministro de Defensa Aurelio Loret de Mola ya ha sido esgrimida en el año 2002, cuando reportajes de Caretas y Agencia Perú indicaron que los casos de ejecución fueron cometidos por un grupo que no tuvo relación directa por los comandos dirigidos por el General José Williams Zapata y que son los héroes de la historia. La Comisión de la Verdad y Reconciliación confimó la tesis. Umberto Jara, 5 años después, ha retomado dicha hipótesis de trabajo, que es la misma que maneja el Poder Judicial.

Por ello, resultan curiosas las declaraciones dadas en la ceremonia castrense de celebración, producida ayer en Chorrillos. Ninguno de los comandos será procesado por el tema de las ejecuciones extrajuiciales. Sin embargo, ayer el Comandante General del Ejércíto hacía una defensa ante un supuesto maltrato. Quizás Edwin Donayre ignore el hecho de que ser héroe nacional no le da a una persona una prerrogativa especial de no presentarse a declarar en un proceso como testigo. Ese es el pensamiento que tiene Luis Giampietri en la cabeza.

La mejor forma de diferenciar a los héroes de los criminales es un proceso judicial. El caso de Chavín de Huantar señala que el Poder Judicial lo ha comenzado a hacer.

MAS SOBRE EL TEMA:
Utero de Marita: Sobre el Operativo Chavín de Huantar.
La Pura Purita: V de Verdad.

CHAVIN DE HUANTAR: 10 AÑOS DESPUES

Uno de los acontecimientos que mayores sentimientos encontrados me suscita es la toma de la residencia del Embajador de Japón en Lima durante 126 días y su culminación en la Operación Chavín de Huantar, cuyo décimo aniversario se cumple el día de hoy.

Por un lado, el rechazo a toda acción que implique la limitación de la libertad. Lo cometido por los miembros del MRTA que capturaron a cientos de personas – quedando, al final 72 rehenes -, exponiendo la vida de los capturados, así como su accionar violento es condenable desde todo punto de vista. La violencia no es el medio para poder acceder al poder ni para conseguir nada.

Pero también existió la solidaridad. Recuerdo que durante la crisis se cancelaron, por solidaridad, varias fiestas de promoción y los festejos de Año Nuevo fueron bastante moderados. Cadenas de oración por los rehenes, invocaciones en ceremonias de diverso tipo, la cobertura noticiosa de la prensa peruana que fue bastante responsable, me hizo sentir que, de alguna manera, todos fuimos rehenes durante aquel centenar y un poco más de días.

Dentro de los rehenes se generó un espíritu de familia. Frente a la adversidad que suponía estar en cautiverio, con las condiciones básicas para vivir severamente recortadas y con poca esperanza por saber si saldrían con vida, hubo momentos para disipar tensiones, aprender los unos de los otros – a pesar de las diferencias que subsistían entre el grupo de capturados – la vida espritual e incluso varias sesiones de conferencias y clases que durante esos días se dictaron.

La operación militar de rescate fue todo un éxito. Mérito de los comandos dirigidos por el General José Williams Zapata. Y un sentido reconocimiento a Juan Valer Sandoval y Raúl Jiménez, los dos miembros del equipo que murieron en dicha operación.

Pero no dejaron de haber cosas que no fueron, sin duda, agradables.

Por un lado, el hecho de que fracasara una salida pacífica. Varia gente estuvo bregando por ella. Tengo para mi que esas lágrimas de Juan Luis Cipriani – luego de la única acción meritoria que hizo durante el conflicto armado interno – eran verdaderas. La intransigencia de los miembros del MRTA y la búsqueda del gobierno de una salida militar a como diera lugar tuvieron este desenlace. Esto lo viví de cerca. Durante esos días de cautiverio, mi familia estuvo bastante cerca a la esposa de Carlos Giusti Acuña, el único rehén que falleció. Su viuda, durante los días en que el honorable juez estaba capturado, no quería una operación militar, tal vez presintiendo que no volvería a ver a su esposo con vida. Ese 22 de abril debe haber sido de los días en que mis viejos han derramado más lágrimas. Y, diez años después, ambos siguen pensando que la salida pacífica hubiera podido evitar esa muerte lamentable.

Por otro lado, el aprovechamiento político que se le dio a este tema. El gobierno de Alberto Fujimori pretendió hacernos olvidar que fueron errores groseros de inteligencia los que permitieron que estos hechos se desarrollaran. Y luego que la operación militar deviniera en exitosa, los triunviros Fujimori, Montesinos y Hermoza terminaron disputándose los méritos de la operación: el “general victorioso” presentando un libro donde sólo él y Montesinos tenían méritos, Fujimori diciendo que el telescopio de Kenji fue clave para las operaciones, los generales desagraviando al corrupto general en público. Y, como no recordarlo, las patéticas escenas de Fujimori desfilando entre los muertos de la operación, mirándolos de reojo, friamente. Sólo faltaba la Marcha Imperial de Star Wars como fondo musical.

Finalmente, tal como lo señalaron testigos, la Comisión de la Verdad y Reconciliación e incluso periodistas que otrora fueron parte clave del aparato mediático fujimorista, existió un grupo de militares vinculados a Fujimori y Montesinos que tuvieron la misión de rematar a los terroristas muertos y ejecutar a los que capturaran vivos. El proceso judicial sobre este caso, cuya fase oral comenzará en el mes de mayo, permitirá diferenciar a los héroes de aquellos que cometieron una orden que era claramente vulneratoria de los derechos humanos, por más delincuentes que fuesen los afectados.

Termino, con unas palabras escritas por Juan Julio Wicht, sacerdote, economista, rehen voluntario y un ser humano a carta cabal:

Podemos celebrar la victoria, pero no nos engañemos con falsos triunfalismos, muy explicables pero ilusorios. No pensemos que con esta victoria se han resuelto los problemas. Queda mucho por hacer. Precisamente construir un Perú más humano, ordenado, en armonía y paz.