ALVA CASTRO DEBE IRSE

Ayer Luis Alva Castro afrontó una interpelación dura y que podría costarle el puesto. Independientemente de las disquisiciones legales sobre la procedencia de la moción presentada – cuestión que puede subsanarse con la presentación de otra que la reemplace – lo cierto es que el destino del Ministro depende de Unidad Nacional y del Fujimorismo, que en estos días tomarán una decisión final sobre una gestión sumamente cuestionada.

A mi modo de ver, no hay riesgo de desestabilización del régimen por la salida de Alva Castro, como lo han mencionado Antero Flores – Araoz y César Zumaeta. Por el contrario, el gobierno debería dar las gracias a la oposición por librarlo de un ministro que ha dado grandes muestras de incompetencia.

El caso Patrulleros II olía mal desde el inicio. Desde una empresa vinculada con el tráfico de mercenarios a Iraq, pasando por la sobrevaloración de los vehículos, la mala calidad de los mismos, los talleres de barrio donde se repararían, hasta llegar al extremo leguleyo para anular la operación – lo que permitió decir a Alva Castro que no se había pagado ni un solo sol – son un cúmulo de evidencias que ponen de relieve la poca capacidad del Ministro para: 1) Ordenar y reformar un sector que necesita cambios a gritos, 2) dejar bien parado al Presidente que lo respalda y 3) hacer una compra bien luego del desastre que supuso la primera adquisición de patrulleros.

Y en lo que se refiere a la cuestionada compra de pertrechos policiales, Alva Castro tuvo la caradura de mentir ayer. Según ANDINA:

Además, dijo que las bombas lacrimógenas eran obsoletas al haber expirado en 1999.

Recordó que la última vez que se compró dicho material fue en 1994 y en cuyo contrato se establecía un periodo de vida de 5 años

Dos reportajes periodísticos lo desmienten. Cuando Correo investigó una compra de bombas lacrimógenas otorgada a quien vendió estos pertrechos robados a la Policía, se dijo lo siguiente:

En este caso -y de acuerdo a la Inspectoría General de la PNP- Renato Díaz Costa ingresó a los almacenes de la Dirección de Operaciones Especiales (Diroes) de la PNP la cantidad de 1,095 bombas lacrimógenas y 516 cartuchos de salva en presunto mal estado y sin la garantías necesarias para una correcta y segura utilización.

Este material de guerra, curiosamente, había sido adquirido en el 2000 y para repeler la Marcha de los Cuatro Suyos.

Y lo mismo dijo Marco Antonio Vásquez de La Ventana Indiscreta sobre una compra sobrevalorada de gases lacrimógenos en 2005 (osea, que el problema es añejo):

El seis de mayo de este año, la Policía Nacional del Perú convocó la licitación número 001-2005-DIRECFIN /PNP con el objeto de adquirir granadas y cartuchos lacrimógenos. Según datos de la División de Municiones y Armamento, la última compra a gran escala de material lacrimógeno se realizó en el 2000. La venta de las bases este año, empezó el 6 de mayo.

Para mentir y comer pescado, hay que tener cuidado. Puede costar un puesto de Ministro.