CHAVEZ Y UNA PROPUESTA NADA SANTA

La liberación de dos rehenes colombianas retenidas por las FARC ha supuesto un revuelo político en el que lo más importante no ha sido el tema humanitario, sino como se ha terminado ubicando Hugo Chávez como un factor adicional de perturbación del conflicto armado interno en el país del norte.

Si bien los afanes de influencia de Chávez en la región son por todos conocidos, éstos se limitaban al financiamiento o apoyo tácito a candidatos presidenciales antisistema, los cuales, a pesar de su discurso, competían en elecciones libres y democráticas. Estas semanas ha dado un paso adelante, al pretender convertirse en lo que, en su tiempo, fue Fidel Castro: el puente con algunos de los grupos armados aún activos en el continente y que tuvieron influencia de lo que algunos siguen llamando “Revolución Cubana”. El hecho de aparecer como interlocutor reconocido por Manuel Marulanda, el líder de esta organización, le da pie para seguir interviniendo, cuantas veces se lo proponga, dado que Alvaro Uribe quedaría bastante mal si es que se niega a seguir permitiendo liberaciones de rehenes.

Pero han sido las últimas declaraciones del dictador venezolano las que han llamado más la atención, al mencionar que ni las FARC ni el ELN son grupos terroristas y que debería darles el status de beligerantes, temeridad que le ha costado el rechazo de varios estados de América Latina, con excepción de sus aliados.

Desde los puntos de vista jurídico y ético, lo que ha dicho Chávez es una barbaridad. El status de beligerantes es reconocido, en el Derecho Internacional, solo a aquellos ejércitos irregulares a los que se considera que luchan por una causa justa, que, por lo general, se asocia a la liberación de un régimen opresor o por la independencia. Que se recuerde, el caso más reciente y único sobre la materia ha sido el reconocimiento de la Organización para la Liberación de Palestina, en los años setenta y que, en su momento, fuera bastante discutible, dado que durante años los dirigidos por Yasser Arafat emplearon métodos terroristas.

Las FARC no compatibilizan con dicha categoría. Colombia, con sus dificultades, es un estado democrático y con plena apertura para todas las corrientes políticas y no se tiene una vocación separatista dentro de dicho estado. Y la caracterización de sus actividades como terroristas es acertada. De hecho, varias de las conductas que han cometido las FARC – en particular, asesinatos selectivos, atentados y secuestros – no solo califican como delitos destinados a causar terror en la población, sino que también suponen violaciones masivas de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario.

Por tanto, dicha declaración poco feliz – por decir lo menos – nos obliga a hacernos una pregunta: ¿A qué está jugando Chávez?

A diferencia de otros países de la región, el hombre fuerte de Venezuela no tiene influencia en la agrupación ubicada a la izquierda de Uribe: el Polo Democrático Alternativo. Esto hace que la alternativa de influencia en Colombia sea el camino más peligroso, a través de una agrupación armada desacreditada a nivel internacional, pero que aun cuenta con poder militar suficiente como para evitar que el conflicto se resuelva por dicha vía. Lamentablemente y por razones que hasta ahora parecen incomprensibles, Uribe ha dejado que maniobre hasta cierto punto, lo cual le ha dado una cabecera de playa a quien ha sido su rival más duro en el plano internacional.

En medio de estos cubileteos políticos, persiste un drama. El de más de 700 personas secuestradas y sometidas a pobres condiciones de subsistencia. El de un país que no quiere seguir sufiendo más violencia. El de una región en la que no se quisiera que se aproveche una circunstancia triste para un beneficio político subalterno.

Pero, como en el caso de la libertad de su pueblo, Hugo Chávez Frías no está dispuesto a ceder. La terquedad, en algunas personas, no es sinónimo de un bien entendido espíritu crítico, sino de un triste indicio de una megalomanía que le hará mucho daño a un grupo significativo de personas. Estamos advertidos.

MAS SOBRE EL TEMA:
La República: Carta de un rehén de las FARC
Augusto Alvarez Rodrich: La corporación del terrorismo
Carlos Basombrio: Historia de muchos secuestros
Ariel Segal: Cambalache selvático