DOS DE LA DECLARACION DE MONTESINOS

Ayer Rosa María Palacios hizo notar, tanto en un comentario en el Utero de Marita, como en una entrevista prolongada con Gustavo Gorriti, el siguiente detalle del interrogatorio de ayer a Vladimiro Montesinos:

Pregunta de Pelaez: ¿Pueden cometerse delitos por razón de Estado?
Respuesta de Montesinos:Si.

Como posteriormente comentó RMP, la “razón de Estado” no ha sido más que el pretexto perfecto para cometer crímenes en nombre de una dictadura. Habiéndose declarado subordinado de Fujimori, esta frase le fue letal al Chino. Ahora se entiende porque Nakasaki dijo que Montesinos lo había perjudicado.

Para quienes se perdieron los detalles, vean este video de Utero.tv, que compila las 4 horas de audiencia de ayer:

Pero no estos no fueron los únicos detalles curiosos, en medio de una declaración con alusiones a Kissinger, a la supuesta balcanización del Perú e historias de espías que hacen quedar a John Le Carre como mero narrador de cuentos.

Ayer Estela Valdivia repartió el video que veremos a continuación y que ha sido colgado por Agencia Perú. Es la famosa conversación entre Abimael Guzmán, Elena Iparraguirre y Montesinos de la que se habló en la audiencia:

http://www.agenciaperu.tv/player_sembebido_final.swf?file=undefined&file2=7382&file3=undefined&thumbsinplaylist=true&height=333&width=592&image=1_7382G&displayheight=333

Apunta Luis Jochamowitz:

La rutina quedó establecida cuando, a falta del libro que seguía en intensa pero hipotética preparación, mandó a hacer un video con escenas de sus conversaciones con Abimael. Si bien el video nunca ha sido propalado al público, muchas personas que frecuentaban el segundo piso pueden hacer su sinopsis. En las primeras imágenes las cumbres del Huascarán anunciaban el título: Aluvión en los Andes: el locutor, la música, hasta el nevado Huascarán, todo resumaba un inevitable estilo militar. Luego, con el fondo musical de Frank Sinatra cantando “My Way”, Abimael escenificaba un momento de “recordación sentimental” que supuestamente debía conmover al espectador. Hacia la mitad de la cinta, la caída del muro, la puerta de Brandemburgo tomada por las muchedumbres y el fondo musical de la Novena Sinfonía de Beethoven ofrecían un Guzmán reanimado, siguiendo gozosamente el himno que celebraba el fin del sueño comunista. Finalmente volvía Frank Sinatra, esta vez con “New York, New York”, y se podía ver a los protagonistas principales firmando las “Cartas de paz”. El video duraba aproximadamente cuarenta y cinco minutos, y como una marca de fábrica del coronel Huamán, el audio era deficiente. Vladimiro se encargaba personalmente de la exhibición de la cinta y detnía las imágenes para hacer comentarios al paso o mostrar fotografías que ilustraban mejor cada detalle.

(Vladimiro, Vida y Tiempo de un corruptor, Lima, El Comercio, 2002, p. 102)

De esta descripción, lo que se puede ver es la parte de “homenaje” a Sinatra y a Beethoven. Y si mi memoria videográfica no me falla, este es el momento previo a la famosa firma del “Acuerdo de Paz”, que fuera presentado por Fujimori en octubre de 1993, antes del referéndum de la Constitución. Como vemos, el psicosocial fue la marca de fábrica del régimen desde su inicio.

Pero, ¿por qué Montesinos saca a la luz esto ahora? El video fue entregado por Estela Valdivia con un mensaje claro: demostrar que, de alguna manera, a pesar de ser un subordinado, Montesinos tenía parte de la sartén por el mango, en el campo de la lucha antisubversiva.

Así que, más allá de las miraditas, los egos siameses se siguen disputando ciertas paternidades que no les corresponden a ninguno de ellos, mientras que sus verdaderas criaturas, sus crímenes, aún esperan una sentencia.

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HISTORIA DE UNA TRAICION

No es secreto para nadie que considero al gobierno de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos como el peor de la historia republicana. Independientemente del desastre económico que supuso la primera gestión de Alan García, considero más grave que el país haya padecido la dictadura más cleptómana de su recorrido como nación independiente, que la economía de mercado se haya asociado con una autocracia travesti que no dudó en convertir al Derecho en un instrumento para cubrir sus peores atrocidades y que, además, existan muertos y desaparecidos como parte de su herencia de gobierno.

Pero si hay algo más que hizo que la dictadura fujimorista me provocara una melancolía bastante cercana al asco es su vocación por la felonía y por la mentira. Si nadie recuerda las diversas manifestaciones de ambas conductas, expresadas con creces durante la década de los noventa, basta presenciar una audiencia del juicio a Fujimori para darnos cuenta hasta donde quedan las deudas del ex autócrata con la verdad y con quienes dicen ser sus seguidores, al dejarlos sin argumentos de defensa.

Si hay una mentira de esos años que aun quedado grabada en cierto imaginario popular es la del autócrata vencedor del terrorismo – con ayuda de su todopoderoso asesor -, lo que justifica el golpe de Estado, las muertes, las desapariciones, las violaciones de los derechos humanos y las demás tropelías de ese decenio infame. Ello explica porque el fujimorismo ataca con fruición a la Comisión de la Verdad y Reconciliación, cuyo Informe Final derriba, letra por letra, la mitología que durante años se vendió al pueblo peruano sobre la pacificación. Y lo mismo ocurre con cualquier periodista independiente o cualquier ciudadano común que ose recordar a Fujimori pescando zúngaros en Iquitos mientras la Policía Nacional daba el golpe final a la cúpula de la organización más sanguinaria de América Latina.

Pues si esa mentira ya estaba herida de muerte, una investigación de Gustavo Gorriti, publicada en la más reciente edición de Caretas, puede darle el tiro de gracia.

La historia se resume en lo siguiente. El GEIN, la unidad de inteligencia policial que capturó a Abimael Guzmán, pudo haberlo hecho en diciembre de 1990, exactamente al día siguiente del cumpleaños del líder senderista. Las coordenadas estaban establecidas: avenida Buenavista, distrito de San Borja, a pocas cuadras del Pentagonito. Tal como fue la costumbre senderista, su demencial cabecilla residía en barrios de lujo, en los cuales, además, era más fácil despistar a la Policía. Aún así, el preparado GEIN logró ubicar a la jefatura de Sendero.

Pero la captura no se produjo en ese momento. ¿Por qué? Lo que detalla Gorriti detalla movimientos extraños lindantes con la felonía más incomprensible y desdeñable. El 5 de diciembre de 1990, se recibió la orden superior de no proceder con la captura, el Director General de la Policía destituyó al jefe de la DINCOTE y su reemplazo, Héctor Jhon Caro, no ejecutó el plan de detención que se encontraba en marcha. Peor aún, la cúpula de Sendero recibió un mensaje que alertó de la inminencia de la operación policial, lo que les hizo huir.

Para que nos demos cuenta de lo importante que era la casa de Buenavista, leamos este párrafo del Informe Final de la CVR:

El GEIN dedicó este primer mes del año (1991) a la consolidación de la Operación Caballero. Habían ubicado e iniciado vigilancia a una casa de aparente importancia para la organización del PCP-SL. Al finalizar el mes, el día 31, procedieron a su intervención. Se encontró que, en esa casa, ubicada en la calle Buenavista en Chacarilla del Estanque, San Borja, venía funcionando el Departamnto Central del PCP-SL. Si bien no llegaron a tiempo para encontrarlo (ahora sabemos porque), recogieron información valiosa incluyendo el conocido video en que aparecía Guzmán en una reunión social bailando Zorba el griego, acompañado de importantes miembros del partido. Este video sería de especial importancia, pues permitió contar por primera vez con imágnes recientes de altos mandos del partido. Asimismo, se encontró información detallada sobre el I Congreso Nacional del PCP-SL, cuyas sesiones se realizaron entre el 26 de enero de 1998 y el 29 de junio de 1989. Estos documentos permitieron recién a los policías del GEIN saber, con exactitud, quienes eran los miembros del Comité Central, del Buró Político y de otros organismos importantes del PCP-SL. En esta oportunidad, se logró también detener a Nelly Evans Risco de Álvarez Calderón y otros subversivos.
(Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Tomo II, p. 219).

Como señala Gorriti, esta operación frustrada por “orden superior” pudo haber cambiado el curso de la historia:

¿Quién ordenó abortar la captura de Abimael Guzmán? ¿Quién saboteó la operación? Si se hubiera actuado entonces se lo habría arrestado y el golpe hubiera sido fulminante, porque con él habría caído Feliciano, y Sendero habría quedado ideológica y operativamente decapitado de un solo golpe.

Además no habría habido la menor excusa para el golpe del 5 de abril de 1992. Y no habría habido ni Tarata, ni Barrios Altos, ni La Cantuta ni los centenares de muertes y destrozos que tuvieron lugar esos dos años. Se habría demostrado además la clara posibilidad de una democracia de defenderse eficazmente, empleando las armas de la inteligencia y los valores de la libertad.

Solo hay dos posibilidades de quien pudo haber ordenado semejante ignonimia: Alberto Fujimori y/o Vladimiro Montesinos. Y de confirmarse esta especie, pues no solo será hora de que la justicia haga su tarea.

Clio, la musa de la historia, tiene una nueva chamba.

UN TRIUNFO DE LA DEMOCRACIA

No ha sido suficientemente resaltado en los medios lo que constituye la noticia más importante del año: la ratificación de la sentencia contra la cúpula de Sendero Luminoso, por parte de la Corte Suprema de Justicia, lo que implica que Abimael Guzmán pasará el resto de sus días en una prisión y que los demás miembros del nivel más alto de lo que fue la organización más peligrosa y letal que padeció el Perú en toda su historia republicana pasarán largos años en la cárcel, por los crímenes que cometieron.

La trascendencia de esta sentencia es mayúscula, por varios motivos.

En primer lugar, se desbarata el argumento común en la década de los noventa, que afirmaba que solo con mano dura y jueces sin rostro podía condenarse a quienes convirtieron al país en un río de sangre. Por el contrario, el proceso ha tenido todas las garantías para los acusados, quienes no tendrán argumentos para acudir al sistema interamericano de derechos humanos, dado que su derecho al debido proceso fue respetado. La Sala Penal Nacional y la Segunda Sala Provisional de la Corte Suprema han conducido el juicio con pulcritud. Esto demuestra que no son necesarias medidas como las tomadas en los años noventa y que hicieron que se tuvieran que realizar nuevos juicios a la cùpula de Sendero Luminoso.

También se descarta el argumento de la defensa de Sendero Luminoso, que señalaba la inexistencia de pruebas contra Guzmán y sus secuaces. La Fiscalía, con acierto, asumió las tesis más modernas en derecho penal – recomendadas por la Comisión de la Verdad y Reconciliación – y acusó a los miembros de la cúpula senderista de autores mediatos de la matanza de Lucanamarca, uno de los peores crímenes cometidos durante el conflicto interno.

¿Cómo pudo demostrarse esta responsabilidad? La autoría mediata, en términos jurídicos, implica la culpabilidad de quienes ordenaron cometer los crímenes, quienes cuentan con el dominio de los hechos. ¿Qué significa esto? Que ellos pueden determinar si se comete o no la acción delictiva, a tal punto que no importa quien sea el ejecutor. Ello, como sabemos, fue la tónica de las acciones de Sendero Luminoso: no importaba quien ponía la bomba o cometía el asesinato, sino la orden del Comité Central.

Dado que Sendero Luminoso acumuló tanto poder en Guzmán y Elena Iparraguirre, ello hace que tengan la mayor responsabilidad en estos hechos. De hecho, la Comisión de la Verdad señala en sus conclusiones:

29/30. La CVR encuentra la más grave responsabilidad en los miembros del sistema de dirección del PCP-SL por el conflicto que desangró a la sociedad peruana, por los siguientes elementos:
• Por haber dado inicio a la violencia en contra del sentimiento abrumadoramente mayoritario de la población;
• por haber planteado su lucha contra la democracia peruana con una estrategia sanguinaria;
• por las prácticas violentas de ocupación y control de territorios rurales y poblaciones campesinas con un alto costo en vidas y en sufrimiento humano;
• por su política de genocidio mediante actos de provocación al Estado;
• por su decisión de proclamar el llamado equilibrio estratégico que acentuó el carácter terrorista de sus acciones

La democracia peruana acaba de dar una muestra importante de que puede hacerse bajo el respeto de la ley y la Constitución. Así como en varios momentos merece críticas, el Poder Judicial merece una felicitación importante por llevar, con pulcritud y severidad, un caso complejo, tanto por las implicancias jurídicas que tiene, como por el daño causado por Sendero Luminoso a la sociedad peruana.

Esperemos que, en otros casos, el Poder Judicial se siga portando a la altura de las circunstancias.

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CUATRO SOBRE DERECHOS HUMANOS

Noticias que, salvo excepciones, no verás en la primera plana de los diarios

JUICIO A FUJIMORI EN HORA CERO

Ayer, la Sala Penal Especial de la Corte Suprema ordenó la apertura de juicio oral a Alberto Fujimori en el megaproceso por violaciones de los derechos humanos.

En el documento que convoca al juicio oral, que se iniciaría el 26 de noviembre, destacan algunas cosas. Mediáticamente, la convocatoria como testigo a Vladimiro Montesinos es la noticia más importante. La pregunta es si, ahora que está siendo procesado también por el caso La Cantuta, el Doc se animará a cantar o si se dedicara a la protección de su ex jefe con el silencio.

También serán importantes otros testimonios, sobre todo, los de los sobrevivientes de la matanza de Barrios Altos, los secuestrados Dyer y Gorriti y de los ex miembros del Grupo Colina, varios de los cuales ya han señalado que el ex dictador tenía conocimiento de los hechos imputados. Sobre éstos últimos, la abogada de los familiares de las víctimas Gloria Cano ha señalado presiones mediante extrañas visitas del congresista Rolando Souza a varios de los testigos. También desfilarán personajes como Ketín Vidal, Rodolfo Robles, Ricardo Uceda, Edmundo Cruz, Gilberto Hume y Máximo San Román.

Y una de las pruebas más importantes es el ya famoso vídeo de Santiago Martin Rivas en el que confiesa que Fujimori estaba al tanto de las actividades y que las violaciones a los derechos humanos eran parte de su política. Dado que esas declaraciones fueron dadas a Umberto Jara sin presión, sin duda, van a ser claves en el proceso, al igual que otros documentos fundamentales que demuestran la relación.

Sin duda, el Poder Judicial se juega su partido más importante.

EL JUICIO A SL: LA ETAPA FINAL

Como también es clave lo que pase en la Corte Suprema el mismo día que se inicia el juicio a Abimael. La Segunda Sala Penal Transitoria, presidida por el controvertido Javier Villa Stein, será la que se encargue de revisar las condenas dadas por la Sala Penal Nacional a Abimael Guzmán y la cúpula de Sendero Luminoso.

La trascendencia de este proceso es bastante alta. De confirmarse las sentencias, se demostraría a los partidarios del autoritarismo que es posible juzgar a criminales tan avezados y repudiables como estos en democracia y con respeto a las reglas del debido proceso. Algo que Santiago Pedraglio nos recordó hace algún tiempo. Y se acabaría la falacia de que la democracia es débil con el terrorismo y que sólo con jueces sin rostro se puede procesar a esta gente.

Además, la sentencia de primera instancia, que esperemos sea ratificada, tuvo dos planteamientos jurídicos que son revolucionarios para el Perú: la aceptación de la teoría de dominio del hecho para aparatos organizados de criminalidad – lo que implica que es tan responsable el que puso la bomba como quien ordenó ponerla – y la aplicación del Derecho Internacional Humanitario para los procesos contra la subversión, sin que ello implique reconocer status especial ni ninguna prerrogativa a los miembros de Sendero Luminoso.

Si la Sala que preside el cuestionado Villa Stein confirma estos elementos habrá limpiado en algo la imagen negra de este magistrado. Y, por cierto, el país podrá respirar aliviado.

TOLEDO Y CASTRO CASTRO

Imagen negra y consagración involuntaria de heroísmos es lo que pretendió hacer el APRA con la absurda acusación constitucional contra Alejandro Toledo por el allanamiento del Estado Peruano en el caso Castro Castro.

Como lo hemos mencionado en otras oportunidades, la acusación era realmente disparatada, toda vez que el allanamiento se debió a que el caso era lo suficientemente claro: habían existido ejecuciones extrajudiciales ordenadas por un gobierno de facto, que constituyen violaciones a los derechos humanos.

Pues ayer se recomendó archivar la denuncia constitucional contra Toledo. Así lo señaló el congresista Fredy Otárola:

“Más allá de cualquier posición política discrepante o coincidente, jurídicamente la decisión del allanamiento parcial era la correcta. No nos queda duda que hubo gruesos errores en la gestión de Toledo pero a la luz del análisis jurídico este no es uno de ellos”.

Si se aprobaba la acusación constitucional, se habría dado un nefasto y absurdo precedente: por respetar los derechos humanos, un gobernante puede ser inhabilitado por el Congreso. País de locos en el que solo a Javier Velásquez Quesquén puede ocurrísele semejante patinada.

CHUNGUI O LA INVISIBILIZACION DEL OTRO

Si quieren conocer porque el país vota por Ollanta Humala o por cualquier outsider que aparezca en el camino, les recomiendo el artículo de ayer de Carlos Iván Degregori sobre Chungui y Oreja de Perro, dos de las zonas ayacuchanas más azotadas por la violencia durante el conflicto armado interno.

Y es que esta región del país, estudiada en profundidad por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, padece de uno de los fenómenos tan comunes a nuestra realidad: la invisibilización de cientos de compatriotas, quienes no se sienten parte de un proyecto nacional, regional o, siquiera, local.

El último párrafo del artículo de Degregori nos ilustra, además, sobre los problemas que quedaron evidenciados con los sucesos de Ocobamba: la influencia del narcotráfico:

No parece perra de ningún hortelano, tampoco su canción dice que va a pedir algo, solo conversar, como pudiera hacerlo cualquier ciudadano. Tal vez para decirle al doctor Alan que en las cumbres por encima del VRAE, desde Viscatán, pasando por Putis y hasta Oreja de Perro, hay una franja que sufrió demasiado la violencia y que ahora, más pobre, debilitada y despoblada, es tierra de nadie por donde los cárteles sacan droga pagando migajas a los muchachos, que si no emigran, no tienen casi alternativa sino volverse “mochileros”. Respetando la opción preferencial por los empresarios, asumida apasionadamente por el doctor Alan. Asumiendo incluso su preferencia por ungir zares y zarinas en vez de fortalecer la institucionalidad democrática, ¿no sería urgente que el gobierno, empresarios y ciudadanos en general, hagamos algo antes de vernos envueltos en otro ciclo de violencia, esta vez sí transnacional?

Esta es una urgencia mayor que los negocios con Chávez. ¿La atenderá, Dr. García?

EL SENDERO DE RONCAGLIOLO

Gesù piccino piciò, Gesù Bambino alla deriva,
se questa guerra deve proprio farsi fa che non sia cattiva.
Tu che le hai viste tutte e sai che tutto non è ancora niente,
se questa guerra deve proprio farsi fa che non la faccia la gente.
E poi perdona tutti quanti, tutti quanti tranne qualcuno,
e quando poi sarà finita fa che non la ricordi nessuno.

(Gesù Bambino, Francisco de Gregori)

Haz que la guerra no sea recordada cuando haya acabado. Así dice más o menos la última frase de esta canción italiana en la se hace un ruego a quien se supone habita en los cielos para que se olvide aquello que tanto daño nos hizo. En un ensayo al que siempre vuelvo, Alberto Vergara Paniagua nos dice que el país ha procurado asumir un silencio frente al conflicto armado interno, como si una anestesia o enterrar el dolor bajo la alfombra fuera verdadera solución a un drama de veinte años.

Les mencioné esta semana que estaba leyendo el libro de Santiago Roncagliolo sobre Sendero Luminoso y Abimael Guzmán. Y ya algunas impresiones les había dado sobre dicho ejercicio de crónica periodística. Habiendo culminado con dicha lectura, tal como les prometí, puedo señalar un juicio más preciso sobre La Cuarta Espada.

Para comenzar, habría que decirle al lector que nos encontramos ante una visión muy personal de lo que ocurrió durante aquellos años. Santiago se toma varios párrafos para contar sus sensaciones sobre varios hechos que lo tocaron directamente durante aquellos años. Ello termina enriqueciendo en parte el trabajo. De hecho, quizás el pasaje que más me conmovió es aquel en que Roncagliolo expresa su impotencia por querer hablar sobre la guerra y que nadie lo escuche. Me recuerda a mi mismo en algunos lugares y momentos.

Aunque no esperaba encontrar un ensayo de análisis tipo Carlos Iván Degregori, lo cierto es que Roncagliolo no termina de cuajar una reflexión más solida sobre su objeto de estudio. Quizás sea porque el objeto de su libro sea justamente la trastienda de lo que nos ocurrió – es decir, a los senderistas como seres humanos – se deja de lado un análisis más profundo. El gazapo de la comparación de la ideología senderista con la “Fuerza” evocada en Star Wars tal vez sea el término más grueso que se emplea en el libro, pero se dejan de lado otros componentes de lo que fue la crisis de aquellos años. Ya que hablaba de la historia de un profesor y de un puñado de personas que iniciaron una supuesta revolución desde la universidad, me preocupa que el autor no haya hecho siquiera una reflexión más profunda sobre la crisis de la educación peruana como factor que permitió a esta gente difundir una ideología tan arcaica y chata.

O que se cometan dos errores en datos que, aunque menores, reflejan que algo falló a la hora de afinar el texto. Estimado Santiago: Benedicto Jiménez no fue elegido congresista en 2006. De hecho, su falla en el intento lo hizo ser candidato a alcalde y luego en su desastrosa gestión de un mes en el INPE. Y José Carlos Mariátegui no fundó el Partido Comunista del Perú. Por el contrario, el abuelo de Aldo M se resistió hasta el final a asociarse con Moscú. Ello lo hicieron sus seguidores.

¿Y sobre Guzmán? El libro nos ayuda a saber más sobre el ser humano y a percibir que su conducta estaba marcada fuertemente por la ideología, como si fuera un producto de su época. Pero nos dice mucho sobre sus motivaciones para hacer lo que hizo. Pero ello ya no es defecto de Roncagliolo, sino de la incapacidad de Abimael para aceptar errores o darnos a conocer porque llevó al país a tener cerca de 70,000 tumbas más en los cementerios.

¿Qué de valioso tiene el libro? Para comenzar, está escrito en un lenguaje bastante agil y accesible al público y, para quien no está enterado de lo que nos ocurrió – es decir, para quienes no son peruanos – es una buena introducción de pincelada sobre un conflicto ciertamente un tanto más complejo del que se nos presenta. Aunque claro, Roncagliolo no deja de asumir lo que es la versión más tamizada sobre el conflicto: Sendero fue el principal responsable, las víctimas estuvieron dentro de la gente menos visibilizada del país y los agentes del Estado también contribuyeron a que esa cuota de sangre fuera alta.

Pero quizás el mayor valor que tenga el libro es su invitación a no olvidar. Porque muchos quieren vivir sin acordarse de lo que fueron esos años – y no los culpo porque yo también viví ese horror – pero dejando de lado que, para cientos de nuestros compatriotas, aun es necesario conocer más sobre el conflicto. Para conocer su dolor, para comenzar a reparar, para que no se repita.

Claro, quisiera que ese recuerdo se hiciera en lenguaje fácil, pero a la vez de modo más profundo. ¿Lo podrá hacer otro de nuestros escritores?

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LA CUARTA ESPADA DE RONCAGLIOLO

En estos días, estoy leyendo La Cuarta Espada. La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso, escrita por Santiago Roncagliolo, peruano que vive en España y a quien todos conocen por la novela Abril Rojo.

Para quienes ya manejan ciertos códigos y datos con relación a Abimael Guzmán o Sendero Luminoso el libro les podrá decir muy poco. En realidad, creo que Roncagliolo ha escrito el libro – por cierto, con una prosa que se deja leer rápidamente – principalmente para el público foráneo, que desconoce muchos detalles de lo ocurrido en el Perú.

Y en ese intento, Roncagliolo busca dar ciertas interpretaciones y metáforas a sus lectores para acercarse más a un inexpugnable personaje y a su intrincada visión de la realidad. La intención es loable, pero parece que, por momentos, el autor no mide hasta donde puede llegar con los recursos literarios. Por ejemplo, en la página 71, deja la siguiente analogía sobre la ideología de Sendero Luminoso:

El valor casi místico que se atribuye la ideología recuerda a la Fuerza de Luke Skywalker, una herramienta espiritual y trascendente que le da a su usuario poder ilimitado. Por supuesto, materialista no cree en fuerzas del más allá. Pero para Guzmán, el marxismo es “ciencia y, a su vez, una ideología”, es decir, una verdad trascendental. Este tipo de marxista realiza el mismo proceso racional que un teólogo. Dispone de argumentos racionales, pero en lo fundamental, lo suyo es un acto de fe”.

(Para quienes quieran ver hasta donde la ideología senderista era subordinadora y la metáfora del autor es desacertada, ver aquí)

Más que la historia grande del conflicto armado interno – que la podemos leer en el Informe Final de la CVR – Roncagliolo apuesta por contarnos lo que ocurría en la trastienda y lo enlaza con su propia historia personal. La pregunta que me queda en el camino es si no termina banalizando al personaje del que intenta hablar y a la historia detrás del personaje que intenta resaltar. La respuesta espero tenerla al terminar el libro.

MAS SOBRE EL TEMA:
La República: Roncagliolo: “Nuestra sociedad puede ser psicópata y brutal”

15 AÑOS DE UNA CAPTURA

Hace un año, en esta misma fecha, escribía una reflexión sobre uno de los hechos más significativos de los últimos años en el Perú: la captura de Abimael Guzmán, el líder de la organización más totalitaria que nuestras tierras han podido ver y que supuso el inicio del fin del conflicto armado interno.

A raíz de este aniversario, Juan Carlos Tafur y Juan Carlos Valdivia han propuesto una idea ciertamente interesante: que los 12 de septiembre sean una fecha de conmemoración de lo que fue una victoria frente a un grupo que la sociedad y los tribunales han condenado, tanto por su desviada ideología – que no era más que la antojadiza interpretación cuasi mesiánica del marxismo – como por sus acciones que supusieron crímenes de lesa humanidad y vulneraciones al derecho internacional humanitario.

Refuerzo más la idea de Tafur y Valdivia, señalando que la conmemoración nos serviría para recordar dos cuestiones fundamentales que generalmente se olvidan. La primera, es que a Guzmán se le capturó sin vulnerar los derechos humanos de nadie, en un operativo de inteligencia modélico y en el que no tuvieron nada que ver los principales aprovechadores mediáticos de la captura: Alberto Fujimori – que estaba pescando en Iquitos – y Vladimiro Montesinos – quien se hallaba en una recepción castrense. La segunda, es enfatizar que, hace poco menos de un año, se condenó a Guzmán y al resto de la cúpula senderista a penas severas, que incluyen, en dos casos, la cadena perpetua, sin que se vulnerara el debido proceso como ocurrió en los deslegitimados procesos hechos por jueces sin rostro.

Y es que una fecha como esta debe hacernos recordar, como señalan ambos periodistas, que, en efecto, el Estado peruano derrotó a Sendero Luminoso. Pero dicha victoria no se debió – como señalan aún algunos personajes de la derecha más retardataria y del fujimorismo – a las violaciones a los derechos humanos cometidas por agentes del Estado, sino que el triunfo fue a contracorriente de un pensamiento anclado en un sector importante de la clase política y militar y de la sociedad peruana: la tesis de los “costos a pagar” por la pacificación, sin importar que fueran vidas humanas.

Estos aspectos fueron suficientemente enfatizados por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que no tuvo resquemor alguno en condenar las acciones, ideología y justificaciones hechas por Abimael Guzmán y el grupo que lideró. Un grupo de trabajo que, cabe recordar, fue denostado por la propia Elena Iparraguirre, que lo calificó como “de derecha”. Ese insulto de la otra lìder principal de Sendero es la más clara prueba de que el trabajo de la CVR no benefició en nada a dicha agrupación que, con métodos terroristas, inició un conflicto que dejó cerca de 70,000 víctimas durante 20 años.

Sin duda, un día para recordar. Quizás la mejor manera sea con la imagen de lo que fueron esos años de barbarie, que nos marcaron a todos nosotros. Los dejo con un reportaje del recordado Bruno de Olazábal sobre Sendero Luminoso.

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Marco Sifuentes: Fujimori y la caída de Abimael
Roberto Bustamante: Abimael Guzmán: verdades y mentiras
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