Alcaldía de Lima: una elección aún abierta

MML 1
Foto: RPP

Es claro que, para muchos, Renzo Reggiardo y Ricardo Belmont no reúnen las cualidades para encabezar la ciudad más importante del país. Y resulta evidente que sus planes de gobierno no son precisamente consistentes para enfrentar los retos de una ciudad tan compleja como Lima. Sin embargo, gozan de las simpatías iniciales de un público que aún no termina de enganchar con la campaña electoral.

Por ello, es necesario ir más allá de lo que pueden generarnos ambos candidatos y entender porque los limeños, por ahora, le brindan su favoritismo.

1. Campaña apática y presencia mediática: Por distintos motivos, la campaña electoral no ha logrado conectar con los ciudadanos. En ese escenario, ser conocido brinda mayores posibilidades de intención de voto. Reggiardo tiene hace varios años un programa de televisión sobre seguridad ciudadana y Belmont tiene micrófono abierto en su propia emisora durante varias décadas. Sumemos a Urresti, quien a pesar de las acusaciones serias en su contra, se hace notar en los medios de comunicación.

2. Buenos candidatos que no prenden: Existe cierto consenso en que los mejores planes de gobierno corresponden – en orden alfabético – a Alberto Beingolea, Gustavo Guerra García, Jorge Muñoz y Manuel Velarde. Sin embargo, ninguna de las campañas ha logrado prender del todo, tanto por cuestiones de recursos, como por la debilidad de sus organizaciones y errores de los postulantes. Por ahora, Beingolea tiene más opciones, tanto por su ubicación en las encuestas como por la recordación de marca que tiene el PPC, así como la de su propia figura personal.

Pero, luego de la ausencia de Reggiardo en el debate de ayer (volveré luego a este punto), los otros tres tienen opciones aún de posicionarse en estos 14 días que quedan.  Muñoz fue el mejor en términos propositivos en el debate de ayer, pero sigue teniendo serios problemas de aterrizaje de sus ofertas electorales, a lo que se suma una campaña que apostó por lo elitista.

3. Los limeños y la política: En la muy buena tesis doctoral de Hernán Chaparro – próxima a convertirse en libro – se brindan una serie de datos interesantes en torno a la conexión que tienen los ciudadanos de la ciudad con los políticos: capital social bajo, desconfianza interpersonal alta, baja percepción de respeto a las normas, baja percepción de eficacia, muy poca vinculación e interés con temas políticos. En ese panorama, pedir compromiso suena pedir fresas a los naranjos. El voto se definirá en las dos últimas semanas. Harían bien quienes están más involucrados en estas materias en no suponer que todos tienen el mismo interés.

4. Seguridad: Lima es la ciudad que más señala que la seguridad ciudadana es un problema. En particular, porque el hurto y el robo se concentra en objetos tangibles que para muchos supone un gran esfuerzo conseguir (sueldo, cartera, celular). Y si bien es claro que las competencias de la Municipalidad Metropolitana de Lima son escasas en este sentido, la ausencia de políticas por parte del gobierno central – ¿sabían que el ministro del Interior se llama Mauro Medina? – hace que muchos sientan que nadie los atiende en este reclamo.

Por ello, que un político brinde aunque sea un mínimo de preocupación a partir de un programa de televisión les suena a muchos como sinónimo de empatía. Sí, es cierto que el espacio televisivo de Reggiardo es un show y que su plan de gobierno (que, para remate, tiene plagios) no da pie con bola. Pero, para un sector de votantes, “ya es algo”. Lo mismo con Urresti, quien ayer recitaba propuestas directas…para el Ministerio del Interior (que ya ocupó, sin muchos resultados).

5. Insatisfacción: Es notorio que la gente está harta de los políticos y que, en ese clima, alguien que “diga las verdades” (a pesar que sean, en realidad, postverdades) tiene como calar. Belmont (al igual que Philip Butters) recurre al elector más amargo con la política, les da sentidos comunes en los que pensar y los empaqueta en un discurso mediático que le da legitimidad a las bajas pasiones que muchos sienten. No importa que tan machista o xenófobo sea este discurso (y, por tanto, condenable), un sector de ciudadanos se siente identificado con alguien que reafirma su visión del mundo. Y no importa que Belmont presente un PPT bastante rudimentario como plan. No tuvo un plan en 1989, no debatió y ganó. A eso aspira a repetir casi tres décadas después.

6. Locuacidad: Reggiardo y Belmont (y hasta cierto punto, Urresti) son productos mediáticos que se sostienen en base a la palabra y el mensaje directo, sin remilgos. Y en ello se oponen al cada vez más impopular Luis Castañeda Lossio. Como indica Alfredo Torres, una ley histórica en el Perú es que muchas veces el elector busca a un candidato con características opuestas a la actual autoridad. Si el alcalde es poco locuaz, ahora están buscando a alguien con “floro directo”.

Por ello – además de las cuestiones de principio – es que el desplante de ayer de Reggiardo le puede salir bastante caro. No acudir al debate no solo es una falta de respeto a los electores, sino que también, en términos tácticos, es un error serio. El postulante de Perú Patria Segura ha apelado a la victimización, pero esta le puede salir cara. Y probablemente Belmont esté pensando en acudir al debate, luego que vio que Urresti acudió a la polémica y buscó aprovechar ese espacio.

¿Puede cambiar el panorama? Sí. El primer debate y el berrinche de Reggiardo ha tenido el acierto de comenzar a colocar en agenda la campaña municipal. Hay un grupo que rechaza a los tres punteros que mira otras opciones. El destino judicial de Urresti – procesado por el asesinato del periodista Hugo Bustíos – se define tres días antes de las elecciones. Los colocados en el segundo debate tienen mayor opción de recordación y van a ver lo hecho por los otros diez contendientes. En un contexto donde la seguridad solo es un golpe de efecto y el transporte ya no será una potestad de la MML (está por aprobarse la Autoridad Única de Transporte en segunda votación), hay aún mucho pan por rebanar.

Para variar, esta elección se definirá en los últimos días.

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Partidor municipal limeño

MML
Foto: Gestión

La campaña electoral para la Alcaldía Metropolitana de Lima sigue en el mismo tenor que hace dos meses: la apatía.

Varias razones explican el fenómeno: la concentración de la atención pública en los escándalos de corrupción vinculados al sistema de justicia; la ausencia de un candidato que concentre un antivoto bastante alto como para convertir la elección en plebiscitaria (Luis Castañeda Pardo solo hereda parcialmente las antipatías sobre su padre); el desgaste de las gestiones Villarán y Castañeda Lossio ha generado que la plaza limeña sea un puesto menos atractivo en lo político y, por supuesto, la ausencia de un proyecto político que seduzca al elector limeño.

Por ello, es que, en todas las encuestas, el real puntero es el candidato denominado Ninguno. A todos los factores antes mencionados, debe anotarse uno más. Muchas personas han optado, ante el desencanto sobre los políticos, por mantenerse ajenas a los asuntos públicos o a las noticias políticas. Por tanto, su atención se producirá en los días previos a la elección. Ello hace que el resultado de la elección siga siendo impredecible, aun cuando solo falten seis semanas para acudir a las urnas. Más aún cuando, salvo un candidato, el resto no supera el 10% de intención de voto en las encuestas.

Resulta relevante que la encuesta más reciente de Ipsos Perú incluya entre sus preguntas el conocimiento de los candidatos. Al ver esta pregunta con la intención de voto, existe una correlación entre conocimiento del candidato y su posición en las encuestas. Aquellos postulantes que tienen menos recordación tienen menor intención de voto. Y en una campaña apática, resulta fundamental hacerse conocido. El problema es que, hasta el momento, ninguno de los candidatos tiene una estrategia clara para ello.

Reggiardo
Foto: El Comercio

Así es que se puede explicar el primer lugar que Renzo Reggiardo ocupa en las encuestas. El excongresista ha mantenido un programa televisivo dedicado a la seguridad ciudadana, una de las principales preocupaciones de los limeños. Más allá que muchas de las fórmulas prometidas por el líder de Perú Patria Segura sean más cercanas a un aspirante al Ministerio del Interior que a la alcaldía de Lima, lo cierto es que está fórmula le ha rendido resultados. A ello se suma la adhesión momentánea de ciudadanos más cercanos a Fuerza Popular o Solidaridad Nacional, pero que no simpatizan con sus candidatos actuales. Sin embargo, no tiene la carrera ganada. Hasta ahora, nadie explota la endeblez de sus propuestas o que su partido sea una suerte de empresa familiar (en forma literal).

Belmont
Foto: Trome

A muchos ha sorprendido el puesto que ocupa Ricardo Belmont. Pero responde la misma lógica que Reggiardo: medios que permanentemente transmiten sus mensajes y, ademas, una relativa buena imagen ganada con un mensaje que ha calado en un sector: las deficiencias de su gestión municipal se debieron al boicot de Fujimori. Cuestión que solo es parcialmente cierta, considerando que Andrade hizo más con los mismos recursos y facultades recortadas. Al mismo tiempo, el Hermanón empata con ciertos sentidos comunes extremistas. Basta escuchar sus programas para ver la mezcla de teoría de la conspiración con xenofobia que es alentada por oyentes que creen a pie juntillas su discurso. Su flanco débil: además de sus declaraciones del siglo XIX, su indescriptible plan de gobierno.

Urresti
Foto: Perú.21

Lo mismo ocurre con Daniel Urresti. El controvertido exministro del Interior es seguido por una mezcla de amantes del efectismo en materia de seguridad y de gente que aprecia los trolleos a apristas y fujimoristas. Pero Urresti lleva dos pesadas mochilas: su juicio por su presunta participación en el asesinato del periodista Hugo Bustios (que ya le ha costado una denuncia por posible falsificación de documentos) y las conexiones del vientre de alquiler que lo lleva – Podemos Peru – con el operador José Cavassa, hoy en prisión por sus vínculos con la mafia judicial que escuchamos en los audios.

LAy
Foto: El Comercio

Humberto Lay vive de la imagen de persona honesta y de su recordación como congresista. Pero no mucho más que eso. Su plataforma municipal es endeble, mantiene una vision conservadora, varios de sus candidatos distritales son poco conocidos y la edad – considerando el antecedente de PPK – le juega en contra.

Castañeda Pardo
Foto: El Comercio

Luis Castañeda Pardo no tiene más mérito que el apellido. Ello explica su intención de voto y también su antivoto. Aunque la elección no es plebiscitaria sobre el tres veces alcalde de Lima, lo cierto es que las cruces del candidato son la mediocre tercera gestión de Solidaridad Nacional y los alcaldes distritales elegidos en 2014 con colores amarillos y que hoy están presos.

Capuñay
Foto: Perú.21

Esther Capuñay aprovecha también la exposición mediática. Pero, a diferencia de otros postulantes, tiene dos radios a su disposición para promocionarla. Ello le ha permitido salir del pelotón de otros. También ha buscado hacerse notar como la única candidata mujer, pero sin añadir un enfoque de género a su plataforma. Las intervenciones de Capuñay usan su trabajo clientelista, pero aportan poca sustancia al debate sobre la ciudad.

Enrique Cornejo
Foto: La República

En la elección pasada, Enrique Cornejo fue una sorpresa. Mostró conocimiento técnico sobre la ciudad y arrinconó a Castañeda. Pero hoy es una sombra. Sin duda, ir con un partido nuevo y las complicaciones del caso Lava Jato lo han dejado con pocas opciones.

Beingolea
Foto: RPP

Alberto Beingolea podría merecer mejor suerte. No solo es una persona seria y fue un buen parlamentario. Y el plan de gobierno del PPC está bastante bien estructurado. Pero su campaña ha tenido perfil bajo, su partido no termina de recuperarse de su crisis interna y, en algunos casos, se ha caído en querer forzar reelecciones directas o conyugales. En lo personal, creo que el principal baldón de su candidatura es llevar a un procesado por desaparición forzada, el actual alcalde de San Borja Marco Álvarez Vargas, como teniente alcalde.

Muñoz
Foto: Perú.21

El caso de Jorge Muñoz es un claro ejemplo de lo que no se debe hacer en comunicacion política. Su campaña ha buscado convencer al elector que puede tener un “Limaflores”, aún cuando no necesariamente eso sea lo que aspire, por diversos motivos. Peor aún, la campaña se le ha vuelto un boomerang pues, a las acusaciones de supuesta pituqueria, le ha abierto un flanco con los vecinos insatisfechos de su propio distrito. Muñoz no ha sabido tener un sello que potencie ir con un partido relativamente limpio como Acción Popular y con un plan de gobierno que tiene buenos aportes.

Manuel Velarde
Foto: La República

Manuel Velarde anda en pasos similares a Muñoz, aunque con menor gravedad. Su principal problema es desconocimiento y hasta ahora no puede revertirlo. En la última semana ha ensayado enfilar como el candidato anticorrupción, donde su perfil contrario a Castañeda lo puede ayudar, pero aún no prende, por problemas de ejecución de la estrategia. Velarde tiene uno de los planes de gobierno más consistentes, pero tampoco lo explota. Y su gestión en San Isidro le ha ganado defensores y detractores, pero ambos siguen siendo AB. Tiene poco tiempo para resolver este problema.

Gustavo Guerra García
Foto: La República

Gustavo Guerra García tiene también un buen plan de gobierno y un perfil honesto. Pero sus dificultades son otras. No comunica en sencillo y requiere una dosis adicional de soltura. Pero su principal problema es ser, entre quiénes lo conocen, demasiado identificado con la gestión Villarán. Por más que GGG haya tomado distancia de la exalcaldesa y haya hecho un mea culpa, está va a ser su cruz, además del desconocimiento sobre él.

Los demás tienen menos opciones. Entre ellos, es especialmente bochornosa es la campaña de Diethell Columbus, con cambio de nombre y propuestas inviables, además de los costos de ser el candidato fujimorista en el peor momento de la agrupación desde el 2000.

Quedan seis semanas. Tiempo aún largo en una campaña electoral peruana.

Una aclaración pertinente

Ministerio Público - El Comercio.jpeg
(Foto: El Comercio)

Desde ayer, diversos periodistas cercanos al conservadurismo han iniciado una campaña en la que pretenden equiparar reuniones indebidas con citas regulares con altos funcionarios públicos para conocer información de primera mano sobre asuntos de interés.

Cómo varias personas, asistí en el mes de diciembre de 2017 a una reunión informativa en la que el entonces Fiscal de la Nación Pablo Sánchez Velarde y el fiscal Rafael Vela Barba nos dieron un estado de la cuestión del caso Lava Jato.

En la reunión participó un grupo plural de periodistas, entre quiénes se encontraban Augusto Alvarez Rodrich, Mirko Lauer, Rolando Toledo, Fernando Rospigliosi, Fernando Vivas, Mitra Taj (quién fue presidenta de la Asociación de Prensa Extranjera) y César Campos (quien llegó con algo de retraso a la cita). No estuvieron ni Juan de la Puente ni Paola Ugaz, como lo ha referido un medio digital con serias tendencias a la tergiversación.

Cómo pueden atestiguar todos los asistentes, la reunión tuvo fines informativos y buscó responder varias interrogantes sobre el estado del caso Lava Jato. Los presentes hicimos preguntas que, en no pocos casos, merecieron algunos arqueos de cejas y titubeos por parte de nuestros interlocutores.

No fue un aquelarre, ni tampoco una reunión en que se buscara trato favorable por parte de la prensa. De hecho, muchos de los asistentes hemos criticado la actuación dispar del Ministerio Público en el caso Lava Jato y la lentitud en el avance de las investigaciones sobre este y otros casos en instancias fiscales.

Tampoco fue una cita en la que se insinuara campaña alguna contra el actual Fiscal de la Nación, Pedro Chávarry. La reunión terminó y, por lo menos en lo que a mí respecta, no he vuelto a tener contacto con Pablo Sánchez Velarde ni con Rafael Vela. Y no tengo reparo alguno en dar cuenta de mi presencia en esta cita.

Una reunión cómo esta es, sin duda, muy distinta de aquella cita organizada, en forma aconchavada por los señores Antonio Camayo (hoy en prisión), César Hinostroza y Pedro Chávarry, en la que se buscaba tener un trato favorable hacia el hoy Fiscal de la Nación. Como bien lo ha señalado Fernando Rospigliosi, si esta cita no tenía ningún propósito subalterno, ¿por qué ningún periodista reconoce su asistencia?

Cómo ha quedado atestiguado en los audios que hoy hemos escuchado sobre una cita en la que Hinostroza busca convencer a Aldo Mariátegui que se convierta en poco menos que su cheerleader – a lo que él se ha negó -, estos personajes mencionados en el párrafo anterior tenían la subalterna intención de hacer frente a lo que consideraban como “una iniciativa caviar”. Esta visión binaria de los hechos, en la que prima la ideología antes que la verdad, es que viene caracterizando al conservadurismo más ramplón en no enfocarse en que, en este caso, “los enemigos de sus enemigos” son personas con conductas que tranquilamente vulneran el Código Penal.

Esta campaña de equiparación de citas de corte distinto es enunciada por los mismos personajes que ayer quedaron en ridículo con un audio en el que buscaban enlodar a la periodista Rosa María Palacios. Son los mismos personajes con alianzas claras con el fujimorismo, el aprismo y con un plagiador serial que funge de Arzobispo de Lima.

Y con este tipo de campañas, sin duda, se busca evitar el fondo del asunto: la develación de una red de corrupción enquistada en el sistema de justicia, que tiene fuertes ramificaciones políticas, mediáticas y una conexión clara con el trafico ilícito de drogas. Una trama en la que es la investigación periodística y fiscal paciente la que hace rendir sus frutos para revelarla.

No cabe duda que los operadores mediáticos de intereses oscuros y oscurantistas volverán a buscar enlodar a personas honorables. Que estas campañas no nos distraigan de la verdad.

Solo una pregunta final: ¿Cuántos de los que han buscado enlodar a periodistas y analistas honestos fueron a la reunión con Chávarri, Hinostroza y Camayo?

La letra pequeña del mensaje de Vizcarra

Vizcarra EFE
Abriendo juego. Vizcarra inicia su presidencia en la práctica (Foto: EFE)

El mensaje presidencial por Fiestas Patrias ha supuesto un parteaguas. Para todo efecto práctico, Martín Vizcarra ha inaugurado su periodo en forma efectiva. Luego de mucho tiempo, vimos a un jefe de Estado y de gobierno planteando medidas de agenda nacional en un discurso que se había convertido en la habitual gimnasia verbal de presentación de cifras, recuento de carreteras y algunos anuncios efectistas.

El Presidente de la República parece haber entendido – como no lo hizo su predecesor – que, para gobernar frente a un Congreso con mayoría opositora, resulta necesario hacer política. Y ello implica presentar iniciativas, comprometer a la ciudadanía con la aprobación de las mismas y jugar en pared con otras fuerzas políticas. En ello, el mensaje ha sido positivo.

Reformas políticas

Resulta claro que Vizcarra ha leído el evidente hartazgo de la ciudadanía con la clase política. La iniciativa para plantear un referéndum sobre la no reelección de congresistas, el financiamiento privado a los partidos y la bicameralidad manteniendo el número legal de congresistas busca, antes que un planteamiento técnico más fino, representar tres medidas que, en la cabeza de la gente, pueden presentar el inicio de algunos cambios en la representación.

Varios politólogos ya han señalado que la prohibición de autoridades, per se, no necesariamente implica una mejora de la calidad. De hecho, en el caso peruano, son los parlamentarios novatos quienes han protagonizado más escándalos y presentan los proyectos normativos más estrambóticos, además que la tasa de reelección de autoridades es bastante baja. Medidas menos sexys, pero más efectivas, para mejorar la calidad se podrían vincular con el fin de la inmunidad parlamentaria o el cambio de la fecha de las elecciones parlamentarias.

Sin embargo, más allá de lo que se decida sobre la reelección, la formación de partidos políticos más sólidos parece ser una medida más adecuada para una profesionalización de la política. Y en ello, salvo la alusión al financiamiento partidario (¿prohibición? ¿mejor regulación?), no se dijo mucho hoy. Pero también resulta cierto que la prohibición de la reelección es harto popular entre los ciudadanos y, por ello, Vizcarra la ha puesto en agenda, para pechar a un Congreso de la República que ha reaccionado como era de esperarse (léase, defendiendo el sueldo).

En torno a la bicameralidad, resulta evidente que Vizcarra ha sido tímido en esta iniciativa. Todos los expertos serios en temas políticos y electorales refieren que el Congreso peruano es pequeño en términos de representatividad numérica. Por tanto, el planteamiento presidencial juega a la popularidad antes que a la precisión técnica.

En suma, las medidas buscan arrinconar a un Congreso de la República que se sentía muy seguro en su rol de dirimente de las disputas políticas, pero que arrastra una muy baja popularidad. Vizcarra apuesta a un sentido común muy enraizado: primero la depuración, luego la necesidad de carrera política. Y en esa línea también se inscribió el reconocimiento al periodismo de investigación.

Reforma judicial

Precisamente, en la misma medida va la propuesta constitucional doble sobre el Consejo Nacional de la Magistratura. De un lado, modificar su conformación, sin anunciar previamente cuál sería la nueva propuesta, permitirá discutir en serio las propuestas sobre la materia. De otro lado, revisar todos los nombramientos hechos por la recientemente expulsada conformación, permitiría la salida de César Hinostroza Pariachi y Ángel Romero de la Corte Suprema de Justicia.

Los seis proyectos de Ley presentados, en principio, son bastante adecuados para lo que se pide. Sin embargo, se pudo ser más ambicioso en cuestiones de transparencia, al solicitar que las elecciones judiciales también se adecuen a estos criterios, como viene requiriendo el Instituto de Defensa Legal hace varios años. Al mismo tiempo, serán necesarias modificaciones legales de fondo para reducir la posibilidad que las redes de corrupción que han copado parte del sistema de justicia puedan reproducirse.

Género, educación y derechos: luces y sombras. 

Sorprendió gratamente que el Presidente de la República se haya referido, con todas sus letras, al enfoque de género. Y que planteara que a fin de año se tendrá una Política Nacional de Igualdad de Género. Conmovió a todos que el mandatario hiciera alusión, con nombre y apellido, de los casos de feminicidio que más han impactado a la opinión pública. Al mismo tiempo, fue sensato recordar que la responsabilidad para acabar con el machismo también se encuentra en la sociedad peruana. Sin duda, este fue uno de los puntos más altos del mensaje y se refleja en las casi inmediatas reacciones de grupos conservadores.

Pero también es notorio que se ha dejado de lado a los derechos de los ciudadanos LGTBI, sea por cálculo político – midiendo que la coalición conservadora puede tener una baja importante con la salida de Cipriani en diciembre – o porque ha considerado que solo puede lidiar con algunas batallas en lugar de otras. Sin duda, aquí hay una importante deuda presidencial.

Fue importante que el presidente proponga, expresamente, un marco legal contra el racismo y que se siga incidiendo en un canal del Estado para todos los peruanos. También resultó clave el pedido para dejar de usar paulatinamente bolsas de plástico.

En términos educativos, fue destacado que se enfatizara en la necesidad de incorporar componentes en “formación de valores y pensamiento crítico”, además de la calidad académica. También fue importante que reafirmara su compromiso con la reforma universitaria.

Sin embargo, quedó en deuda en relación con los contenidos escolares sobre género y el periodo de violencia. En general, sobre este último punto, Vizcarra no hizo alusiones al tema, salvo al referirse a la lucha contra los remanentes terroristas en el VRAEM, lo que le valió algunos de los pocos aplausos fujimoristas. Temas como el LUM, la búsqueda de personas desaparecidas o la anulación del indulto a Fujimori no estuvieron en la mesa.

Finalmente, entre lo positivo, merece destacarse los anuncios hechos en materia de Defensa Civil, como el sistema de alerta temprana en la costa peruana, que se implementará para 2021.

Ausencias y vacíos

A las ausencias y vacíos ya comentados, se añade que el tratamiento económico del mensaje fue relativamente cansino. Aquí Vizcarra entró, salvo cuando enunció los proyectos mineros y el crecimiento del PBI a 4% en 2018, en la intrascendencia o el mero desarrollo de lo que se viene haciendo. Y, más allá de remarcar que no subirá impuestos o tasas impositivas para quienes menos ganan, tampoco soltó mucha prenda sobre lo que hará con las facultades delegadas por el Congreso de la República hace algunas semanas.

Lo mismo ocurrió con la descentralización, materia en la que se esperaba más de un mandatario y un presidente del Consejo de Ministros que provienen del mundo regional. Más allá de continuar con los GORE y MUNI Ejecutivo, así como con transferencias presupuestales, la audacia que Vizcarra ha tenido en temas políticos y judiciales no se notó en esta materia.

Otras ausencias notables son los derechos de las personas con discapacidad, la ciencia y la tecnología y, por cierto, las actividades vinculadas al Bicentenario de la Independencia.

Interrogantes (a modo de conclusión)

¿Cuáles serán los siguientes pasos de Vizcarra? ¿Cómo va a jugar políticamente con las bancadas ajenas al fujimorismo en el Congreso de la República? ¿Cuál va ser la postura política de Fuerza Popular más allá de las rabietas de hoy? ¿Cómo articulará el Presidente una coalición que pueda hacer frente a los grupos conservadores que le tienen pavor a la palabra género?

El Presidente ha planteado un rumbo y una agenda de discusión. Ello es positivo en medio de mandatarios que han preferido no arriesgar. Es momento, ahora, de ver la letra pequeña de cada uno de los anuncios.

H & H. Vida privada, historia nacional

H&H
(Portada: Planeta)

Decía Balzac que la novela es la vida privada de las naciones, como bien lo ha recordado mi colega Iván Lanegra. Contemporáneamente, el periodismo – sobre todo, la crónica -, se ha encargado de aquella labor otrora dejada a la ficción. Más aún en países en los que la institucionalidad es escasa y la vida privada de quienes toman las decisiones, sin duda, es en sí misma un tópico de interés nacional. La trastienda del poder resulta tan o más importante que partidos convertidos en entelequias o instituciones que, como lo comprueban los audios revelados en estas semanas, terminan resolviendo sus decisiones entre ceviches, whisky de doce años y reuniones informales con periodistas.

Marco Sifuentes ha tomado esta premisa para escribir – con prosa prolija – la historia del matrimonio más famoso de la política nacional en H & H. Escenas de la vida conyugal de Ollanta Humala y Nadine Heredia (Lima, Planeta, 2018). Una empresa difícil porque, como nos consta a quienes hemos seguido de cerca los avatares de las personas más influyentes en la política peruana entre 2011 y 2016, el misterio ha primado sobre aquellos personajes que conocemos como Ollanta y Nadine.

¿Cómo acomete Sifuentes esta aventura? Son dos los recursos periodísticos que ayudan a generar un relato creible y comprobado. De un lado, el cotejo de buena parte de las investigaciones y datos sueltos que han aparecido sobre las familias Humala y Heredia desde que aparecieron en la política en 2000, en medios de distintas tendencias ideológicas. De otro lado, un conjunto de entrevistas a 71 personas. El trabajo de Sifuentes y Jonathan Castro – quien  emprende una tarea de verificación de información consagratoria en su carrera periodística – resulta pródigo en recordar hechos que habían quedado sumergidos en la nave del olvido, descartar teorías de la conspiración que involucran al matrimonio más célebre de la política peruana (y a otros personajes) y traer a la luz auténticas revelaciones.

Otro mérito de H & H es la construcción de un hilo conductor atractivo para el lector. Una arquitectura narrativa que se asemeja – por confesión de su autor – al Rayuela de Cortazar o a las estructuras intricadas de Vargas Llosa. Con ello, no solo se permite avanzar con libertad en el relato y contar con capítulos redondos en sí mismos, sino también hace que el lector pueda formar su propia construcción de los personajes centrales y el núcleo que los rodea. Y el ritmo tan bien manejado hace que uno quiera pasar las páginas como si estuviéramos con el síndrome de abstinencia que – a algunos con culpa y a varios sin ella – teníamos ante cada capítulo de la serie de Luis Miguel en Netflix.

Precisamente, no han tardado en aparecer las analogías entre el auténtico protagonista de la serie mexicana – el cantante, manager y explotador profesional Luis Rey – y uno de los actores de reparto de esta historia. Isaac Humala es retratado como un villano auténtico, no solo capaz de perpetrar frases genuinamente disparatadas y racistas, sino también de conducir a su propia familia a un desenlace que se asemeja a las tragedias griegas que inspiraron algunos de los nombres de sus hijos.

¿Cómo quedan los protagonistas de esta historia? Mi interpretación es que el libro no dejará satisfechos a los pocos hinchas que aún le quedan a los Humala, pero tampoco a los rabiosos detractores (sobre todo, mediáticos) que tiene la pareja. Sin caer en el spoiler, el texto de Sifuentes deja en claro que estamos ante dos personas menos calculadoras de lo que se piensa, pero también menos inocentes de lo que ellos mismos consideran.

El libro da cuenta del camino que ambos emprendieron para hacerse del poder, así como aquel que los llevó por nueve meses a prisión. No hay sentencias, pero por momentos uno termina sintiendo compasión y, en otros ratos, rabia por la mediocridad con la que manejaron sus asuntos públicos y privados ambos personajes. El relato señala que hay hechos que deberían ser aclarados ante un tribunal, pero que también hay imputaciones disparatadas. Y también hay cabos que quedan sueltos, precisamente al halo de misterio al que aludimos al inicio de esta reseña.

Es claro, por los retuits de Nadine Heredia, que la aparición del libro no le ha caído nada bien. Y por los comentarios de varios trolls que ni siquiera han comentado el texto, que tampoco agradará a quienes consideran que la pareja es culpable de nuestros males contemporáneos.

Finalmente, otro mérito del texto es que, a través de los comentarios de las fuentes que se refieren a los Humala Heredia, podemos encontrar varios de los males que rigen la vida peruana: racismo, machismo, homofobia, discriminación. Se trata de un fresco sobre las relaciones entre las élites y quienes desean pertenecer a ellas que podría leerse, en paralelo, con los pornográficos audios que conmueven a la nación en estos días.

Por estas razones, H & H. Escenas de la vida conyugal de Ollanta Humala y Nadine Heredia es un libro imprescindible para quien desee reconstruir la vida política peruana. Felicitaciones a Sifuentes y Castro por este estupendo fresco del Perú contemporáneo.

Disclaimer: el autor de esta reseña leyó una primera versión del manuscrito.

 

Novos escândalos podem impulsionar ‘outsiders’ no Peru, avalia analista

Marcha Corrupcion - Reuters
Trabajadores de limpieza en Lima protestaron contra la corrupción en multitudinaria marcha ante crisis en el sistema de justicia (Foto: Mariana Bazo – Reuters)

Bruno Salvador, periodista del diario O Globo, el más importante de Brasil, me entrevistó sobre la crisis desatada en la justicia peruana. Reproduzco aquí la nota en portugués, que puede entenderse fácilmente.

RIO E LIMA – O Peru vive uma crise quase sem precedentes em seu Judiciário. Desde que, há duas semanas, áudios de juízes de diferentes instâncias foram revelados mostrando supostas compras e combinações de sentenças para ajudar criminosos, a Justiça sofre um esfacelamento. Já caíram o presidente do Supremo e o ministro da Justiça; um juiz foi preso; cinco ministros do Supremo acabaram suspensos; dois membros do conselho que nomeia os magistrados nacionais renunciaram; e o novo procurador-geral do país tem o cargo ameaçado no mesmo dia em que toma posse, por causa das conversas suspeitas.

O inconformismo só ganha força nas ruas de um país que tem cinco ex-presidentes acusados de corrupção e um Legislativo sempre às voltas com casos de tráfico de influência mostra extrema fraqueza institucional. É o que acredita o jornalista e cientista político José Alejandro Godoy, que colabora para importantes veículos de comunicação do país. Para ele, este sentimento deve fomentar o inconformismo social e impulsionar candidatos fora do sistema para a próxima eleição presidencial.

Qual a dimensão do escândalo no Judiciário? Os efeitos dos áudios que envolveram os membros do Conselho Nacional de Magistratura (CNM), o Poder Judiciário e também o novo procurador-geral só parecem crescer.

Este é o maior escândalo de corrupção no Judiciário desde a queda do regime autoritário de Alberto Fujimori, em 2000. Para além dos efeitos imediatos, o caso gerou uma rápida reação pública e mobilizou as ruas em exigência ao processo rápido dos mesmos. Além disso, a situação ocorre em um momento em que o descrédito sobre a política é amplo no país, devido a vários fatores, entre eles, a Lava Jato, cujos avanços em investigação e em punições no Peru ainda são insuficientes.

O que chamou mais sua atenção nestes casos? Existem tantos áudios e situações controversas envolvidos…

Duas situações mais me chamaram a atenção. De um lado, a maioria das pessoas envolvidas nos áudios já havia sido questionada por ONGs e jornalistas por causa de outros episódios de sua carreira no sistema de Justiça. Do outro, a existência de uma rede que inclui juízes, procuradores, funcionários públicos, empresários e jornalistas, tendo em vista o controle do Judiciário.

O presidente Martín Vizcarra prometeu fazer uma reforma judicial. Como isso pode acontecer, efetivamente?

Uma reforma judicial efetiva implica em uma série de modificações constitucionais e legais, que necessariamente passam pelo Congresso da República. Também requer o apoio de juízes e promotores, já que uma reforma não pode ser feita sem os elementos honestos do Judiciário e do Ministério Público. Mas o apoio de outras organizações também é necessário, tais como universidades, que devem se empenhar em melhorar a educação jurídica no Peru, e associações de advogados, que devem cumprir o seu papel como fiadores da retidão ética dos seus membros.

Vizcarra terá credibilidade e força para fazer mudanças reais? Ele era vice de um presidente também envolvido em um escândalo de corrupção…

Até algumas semanas atrás, a resposta teria sido negativa. Vizcarra governou sem grandes confrontos com o Força Popular (partido dos fujimoristas), que domina o Congresso peruano. No entanto, o presidente começou a mostrar alguns gestos e mensagens que sugerem que ele tenha força para propor mudanças. Vizcarra apoiou as manifestações públicas realizadas na quinta-feira contra a corrupção, bem como a proposta de reforma judicial, o que lhe permite colocar-se como o ator político mais bem posicionado nessa crise.

Todos os Poderes do Peru estão envolvidos em casos de corrupção. A situação da Justiça, os escândalos no Congresso, os presidentes acusados pela Odebrecht… O que isso explica sobre as instituições do país? Qual momento o Peru está encarando?

O Peru está passando por um momento de extrema fraqueza institucional. Embora seja verdade que o país tenha crescido nos últimos 15 anos, não houve o mesmo zelo em melhorar as instituições e a democracia. O país não tem partidos políticos sólidos, e a corrupção, cíclica na História peruana, voltou a ter um pico importante com os casos ligados à Lava Jato. Isso alimentou a desconfiança do público em um país onde a credibilidade da classe política já é bastante baixa. Isto poderia levar à possibilidade de um outsider antissistema, independente de seu signo ideológico, em 2021 (próxima eleição presidencial), o que poderia colocar em risco a democracia peruana.

 

Sistema de justicia: crónica de una crisis anunciada

Palacio de Justicia
El epicentro de la crisis del año (Foto: Gestión)

En un periodo ya complicado por casos de corrupción, ha sido mayúscula la conmoción provocada por la difusión de audios que involucran como interlocutores a miembros del Consejo Nacional de la Magistratura, así como a integrantes del Poder Judicial, atrapados en lo que es, en el menor de los casos, una singular “cadena de favores”. Y, en el mayor, una de las más amplias redes de corrupción vistas en los últimos años en el país (y vaya que hemos apreciado varias), así como un mecanismo de control de la judicatura tan sofisticado como el que se tenía en tiempos de Fujimori y Montesinos.

En particular, lo que me ha impresionado más de este caso es aquello que se sabía y que, durante años, voces solitarias como las del Instituto de Defensa Legal y un puñado de periodistas habían conseguido relatar. Veamos el listado sobre algunos hechos y protagonistas de esta semana:

Como entonaría el finado Héctor Lavoe, hasta hace una semana y media, esta historia “todos la comentaban, nadie la delataba”. Y muchas de las piezas que hoy comienzan a armar un siniestro rompecabezas estaban a la vista de todo aquel que quisiera apreciarlas.

Para resumirlo claro, estamos ante una muestra clara sobre cómo funciona la justicia en el Perú. Un mundo eminentemente masculino, abiertamente misógino – no solo hay que ver las sentencias de Hinostroza, sino también el trato que se da a las mujeres en los audios – , donde no se escatima en discriminar a personas con discapacidad. En el que muchos tratos se consiguen entre platos de la sabrosa gastronomía nacional y vasos de whisky de doce años. Donde el diálogo de picaresca se confunde, una y otra vez, con varios artículos del Código Penal. Y en el que se generaba una cadena de favores en la que todos le debían algo a alguien, que se iban a cobrar en el momento oportuno, como bien demuestra cierta célebre novela de Mario Puzo, llevada a la pantalla por Francis Ford Coppola.

Incluso algunos de los magistrados que podríamos considerar más correctos, como Duberlí Rodríguez, no han podido explicar fehacientemente que hacían en algunas reuniones con alguno de los arriba mencionados. Los balbuceos dados por el presidente del Poder Judicial en la entrevista que dio esta mañana en el programa de Rosa María Palacios, el reconocimiento abierto que la lucha contra la corrupción judicial no fue la prioridad en su gestión, así como la aparición de algunos personajes de su entorno en los audios hacen preguntarnos si es que debe seguir ocupando el cargo que hoy ostenta. Para que notemos la magnitud de la crisis.

¿Por qué llegamos a este punto? En primer lugar, porque los temas judiciales parecen haber estado confinados a la esfera abogadil, lo que hace más difícil su entendimiento por el ciudadano común y corriente, así como evita que se haga más visible, en un ambiente en donde varios se deben favores. En segundo lugar, porque muchos ciudadanos y empresas, con no poca cuota de cinismo, han decidido asumir que nada cambiará en el sistema de justicia y conviven cotidianamente con redes de corrupción en todos los niveles. Y, en tercer lugar, porque nuestras élites terminaron privilegiando una mirada sobre el desarrollo que es criticada por el politólogo Alberto Vergara:

Entonces, ¿por qué en estas últimas dos décadas hemos crecido económicamente mientras la vida pública se pudre por los cuatro costados? Porque como mandaba el catecismo, la inversión era “lo único” que nos haría progresar. Por gracia divina modernizadora, ella se convertiría en mejores instituciones. O, como repetía Jaime de Althaus en su libro del 2011 (¡citando a un marxista!): Sin burguesía no hay democracia. Ese es el corazón del mito hortelano. Que el mundo de la democracia y las instituciones puede postergarse hasta que haya riqueza o burguesía. Y eso hicimos. Pero, chesss (in memóriam, ‘Gordo’ Casaretto), la revolución capitalista no civilizó al juez Hinostroza ni a Becerril. Falló el plan.

El gradual deterioro que ha generado la crisis presente, entonces, reside exactamente en aquello que el hortelanismo deliberadamenteconsidera secundario, sino trivial: instituciones, Estado de derecho y ciudadanos. Somos hechura de nuestra derecha hortelana; más alanista que vargasllosista, menos paniagüista que fujimorista. Basta ver cuánta gente del establishment (no de la ciudadanía) considera que el segundo gobierno de García fue excelente. Tácita confesión de su simpatía por el crecimiento sin ley.

Toca hacer el balance y liquidación del hortelanismo: su principal deficiencia es menos lo que promueve, que lo que impide. El hortelanismo nos paraliza porque las reformas que precisamos generarán necesariamente “ruido político”. Y para el hortelanismo esto es peor que la compraventa de sentencias judiciales. ¿Pelear para que desde la escuela niñas y niños interioricen la igualdad de derechos y oportunidades? No, hermanito, esa batalla va a costarnos un punto del PBI. ¿Defender la Constitución alterada ilegalmente desde el reglamento del Congreso? Eso pondría nerviosos a los inversionistas. Todos deberíamos recordar las opiniones que llamaban a que PPK deje caer a Saavedra, pues la economía se resentiría si daba batalla por la educación. Ofrendaron su cabeza y en el 2017 crecimos la mitad que en el 2016. Ni soga ni cabra. El Estado de derecho y la democracia hacen sostenible el capitalismo; el capitalismo sin Estado de derecho solo segrega corrupción.

No va a ser fácil hacer una modificación en serio. Exmagistrados llaman a los cuarteles a pronunciarse. Un vocal supremo recientemente suspendido se fanfarroneaba de saber cuántos casos pendientes tenía el Presidente de la República. El fujimorismo anda salvaje en redes sociales (aunque ello también implica serias cuotas de desesperación). El CNM quiere seguir funcionando como si nada – y meternos a una accesitaria con vínculos evidentes con el APRA -. Algunos comentaristas están en el plan de “reforma sí, siempre que “no incluya a los caviares”” y el conservadurismo más ramplón quiere aprovechar la ocasión para meter a su gente (y sus ideas de caverna) al sistema de justicia.

Pero será necesario empujar una reforma en serio. Cambios que impliquen corregir todo lo malo que se ha visto en el CNM (lean el libro de la abogada Cruz Silva del Carpio, la persona que mejor conoce esta institución), mejorar el plan presentado por la CERIAJUS hace 14 años, hacer una poda en serio del Poder Judicial y el Ministerio Público e incorporar el enfoque de género. La ciudadanía, en su mayoría, está en esta línea. Queda por ver si tenemos autoridades que estén a la altura de esta urgente demanda.