Lava Jato: los primeros nombres en el Perú

(Edwin Luyo Barrientos, el primer detenido del caso Lava Jato. Foto: Correo)

Anoche se inició el denominado operativo “Palingenesia” (que quiere decir renacimiento o regeneración) que tenía como centro el allanamiento de las viviendas y la captura de dos personas: Edwin Luyo Barrientos y Jorge Luis Cuba Hidalgo. A ambos se les vincula con la recepción de coimas por parte de Odebrecht, en lo que supone los dos primeros nombres conocidos de funcionarios sobornados por la empresa brasileña.

De acuerdo a lo indicado por el Ministerio Público, la empresa brasileña suministró información sobre la existencia de un soborno para la adjudicación de los contratos para los tramos 1 y 2 de la Línea 1 del Metro de Lima. Es decir, lo que conocemos tradicionalmente como “Tren Eléctrico”. En total, los sobornos sumarían 8 millones de dólares, transferidos en pagos parciales a través de una cuenta en Andorra. De acuerdo con la información oficial, hay información que ha permitido ligar a los dos exfuncionarios con las coimas. Extraoficialmente, este blog pudo conocer que no serían las únicas personas ligadas a estas cuentas.

¿Quiénes son estos dos personajes?

EDWIN LUYO BARRIENTOS

Se trata del primer detenido por el caso Lava Jato. Según refiere el MP, recibió los sobornos en su calidad de miembro del Comite de Adjudicación de la Línea 1 del Metro de Lima, durante el segundo gobierno de Alan García, al ser miembro de la Autoridad Autónoma del Tren Eléctrico.

Según informó El Comercio, Luyo fue condecorado con la Orden al Mérito de Transportes y Comunicaciones, cuando Enrique Cornejo, actual candidato a la secretaría general del APRA, ocupaba dicho ministerio. No registra militancia ni aportes a ninguna campaña política.

Asimismo, Luyo trabajó en Protransporte, entidad que maneja el Metropolitano y los Corredores Metropolitanos, durante la primera gestión de Luis Castañeda Lossio.

El Ministerio Público ya solicitó prisión preventiva para Luyo, quien pasó la noche en una carceleta.

JORGE LUIS CUBA HIDALGO

La situación de Cuba Hidalgo es más complicada. Según se pudo conocer, se encuentra fuera del país desde Navidad y se prevé el ordenamiento de su captura nacional e internacional, así como su incorporación al Programa de Recompensas del Ministerio del Interior. Al momento de negociar los sobornos con Odebrecht, era Viceministro de Comunicaciones, también durante el periodo en el que Enrique Cornejo fue titular del MTC.

Las cercanías con Cornejo son fuertes. Registra El Comercio que Cuba fue el coordinador de su plan de gobierno en la sorprendente campaña que tuvo el exministro para la Municipalidad Metropolitana de Lima en 2014 y que la ONPE registra la existencia de un aporte de 5,000 soles en afiches para dicha justa electoral.  La relación con el APRA tampoco es moco de pavo: Cuba fue parte del equipo que hizo el Plan de Gobierno de Alianza Popular en 2016, en la parte de infraestructura. Dicho grupo de trabajo, por cierto, fue liderado por el exministro de Transportes y Comunicaciones.

Según indica el CV que se encuentra en la web del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, Cuba Hidalgo empezó su carrera en el sector público en el controvertido Instituto de Comercio Exterior, presidido por Cornejo durante el primer gobierno aprista. En el fujimorato, estuvo en la Superintendencia Nacional de Aduanas, la Superintendencia de Banca y Seguros, Prompex y en el Congreso, donde pasó piola la transición a la democracia. Ya durante el gobierno de Toledo, estuvo tanto en la fenecida empresa aérea estatal TANS como en Petroperú.

Entre 2005 y 2007, trabajó en Protransporte, durante la primera gestión de Luis Castañeda Lossio, es decir, en el mismo periodo en que Luyo Barrientos estuvo en dicha entidad. De hecho, se ha encontrado que Luyo ocupó el puesto de Gerente de Planificación que ocupó Cubas en su primer año en la entidad municipal. Cuba fue el impulsor del Metropolitano, según su propio CV. La obra recibió críticas en su momento por no tener estudio de impacto ambiental aprobado y por duplicar su costo inicial.

Durante su periodo como Viceministro de Comunicaciones, Cuba fue el funcionario que firmó el arbitrario cierre de la estación de radio “La Voz de Bagua”, a la que se quiso acusar – sin pruebas – de azuzar a los ciudadanos durante las protestas del 5 de junio de 2009. El funcionario indicó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que solo firmó una resolución que ya le había sido preparada.

LAS CONSECUENCIAS POLITICAS

Fuentes cercanas al APRA señalaron a este blog que Alan Garcia no estaría precisamente triste por la caída de Luyo y Cuba Hidalgo. Al ser personas cercanas a Enrique Cornejo, el tema será usado internamente para minar la postulación del exministro a la secretaría general del partido. De allí el uso del calificativo de “ratas” al denominar a ambos exfuncionarios.

Por su parte, Cornejo ha salido rápidamente en los medios a deslindar tanto con Luyo como, sobre todo, con Jorge Luis Cuba. A Perú.21, el exministro indicó que desconocía las inconductas de su exhombre de confianza y que no recibió dinero alguno por parte de su viceministro de Comunicaciones.

Al mismo tiempo, voces opositoras a Luis Castañeda Lossio ya han comenzado a pedir que el alcalde responda por dos exfuncionarios suyos. Complicado es el caso de Cuba, dados los cuestionamientos hechos al Metropolitano en su momento.

Estos son los primeros nombres. Todo indica que en los próximos días – e incluso, horas – conoceremos más. Lava Jato recién empieza en serio para el Perú.

Ollanta, las Fuerzas Armadas y el Informe Bernales

(Los ascensos militares de Humala bajo la lupa. Foto: El Comercio)

En pocos círculos se ha discutido, hasta ahora, el informe presentado por la Comisión de evaluación de los ascensos y pases al retiro en las Fuerzas Armadas entre 2012 y 2016, conocido también como Informe Bernales (en alusión a que el grupo de trabajo era presidido por el abogado y exsenador Enrique Bernales).

La formación de la Comisión fue una salida que tuvo el Ministerio de Defensa – en el breve paso de Mariano Gonzáles – para poner paños fríos a los reclamos de oficiales en retiro (sobre todo, en el Ejército) sobre un tema que siempre resulta delicado en las instituciones castrenses.

La hipótesis del informe es que Ollanta Humala buscó el control político del Ejército, favoreciendo a oficiales cercanos a él – sobre todo, de su promoción -, para lo cual se variaron las normas sobre permanencia de los altos mandos castrenses en sus rangos.

Este tema comenzó a discutirse públicamente en 2015, cuando la promoción “Héroes de Pucará y Marcavalle” del Ejército Peruano comenzó a tener fuertes expectativas de ascenso al rango mayor de la institución: General de División. A tal punto llegaron las discrepancias que el entonces ministro Jakke Valakivi debió ir al Congreso a explicar los ascensos y que excomandantes generales del Ejército discrepaban en público respecto de los mismos.

Lo mismo ha ocurrido con el Informe Bernales. Como indicó Ricardo Uceda hace semanas, el clima castrense ha ido calentando junto con el verano:

Ahora mismo, en el Ejército, y a escala nacional, hay una confrontación de sectores que ha saltado a las redes, donde se atacan duramente. El informe, dice una parte, reivindica a fujimoristas. A su vez, hay páginas elocuentes respecto del supuesto humalismo de (Luis) Ramos Hume (actual comandante general del Ejército, nota de DTP). El ministerio está en una encrucijada. La gravedad de las aseveraciones del informe bien merece un examen público, aunque el debate en sí mismo no resuelve las cosas. Quizá, entre los promovidos por Humala o por los gobiernos anteriores hay institucionalistas con los que pueda hacerse una pirámide virtuosa.

Ayer Rosa María Palacios terció en el debate, señalando que la comisión Bernales postulaba que, en la práctica, el Presidente de la República no tenga la posibilidad de cambiar las recomendaciones de ascensos y pases al retiro de los institutos armados, lo que resultaba controvertido en términos constitucionales.

Para ahondar más la polémica, en su presentación del miércoles, Bernales indicó que Humala tenía un proyecto de permanencia en el poder de quince años. Y también señaló la bronca con el primer comandante general del Ejército de la era Humala. Citamos a La Republica:

“El general Paul da Silva era el comandante general del Ejército, pero a los nueve días de estar en el cargo durante el gobierno del ex presidente Humala fue destituido. La información que nos ha llegado es que se trató de presionar al general Da Silva para que diese información sobre cómo había sido el voto de los oficiales del Ejército en el proceso electoral del 2011 y quiénes habían votado por Ollanta Humala o Keiko Fujimori”, relató.

El problema es que la fuente de Bernales tiene una relación – por decir lo menos – complicada con el expresidente. Da Silva y Humala no se tragan por diferencias políticas. Y el proyecto de 15 años resultaba inviable, además de la debilidad de Humala, por el hecho que la oficialidad en actividad y en retiro se hallaba descontenta por el cierre de la cédula viva militar. De hecho, lo ven como un traidor. Lo que sí resulta cierto es que el favorecimiento a la promoción 1984 era, por decir lo menos, inocultable.

El otro punto de polémica del informe se centra en las recomendaciones para revisión de casos. Un informe de Ángel Páez hizo que la comisión Bernales retrocediera en la posibilidad del retorno al Ejército del exsecretario de Vladimiro Montesinos, Mario Ruiz Agüero. Otros dos informes presentados por el periodista de La República consignaron los problemas con los reingresos de Oswaldo Zapata Corrales – tio del controvertido Oscar López Meneses – y Gualberto Zevallos.

Y anoche Rosa María Palacios presentó nuevos problemas con la reincorporación de Zevallos, así como los casos de otros tres oficiales donde las recomendaciones del grupo de trabajo resultan bastante controvertidas. A ellos se suman los casos ya señalados de Ruiz y Zapata.

Por ahora, el ministro Jorge Nieto ha optado por el mutismo, pero también por una salida intermedia. Ya presentó un proyecto de Ley para modificar las normas sobre ascensos y tiempos mínimos en el grado, pero ha mantenido a Luis Ramos Hume al frente del Ejército. Aun no se ha pronunciado sobre los casos presentados por Páez y Palacios que complican las recomendaciones de la Comisión Bernales.

Todo indica que la verdad se ubica en un punto intermedio. Humala sí habría tenido proclividad por su promoción del Ejército, pero también es cierto que algunos oficiales de la misma merecían ascender. Al mismo tiempo, varios pases al retiro de aquellos años si resultan justificados y otros podrían tener una revisión. Y, finalmente, deberá analizarse con calma si es que las actuales disposiciones normativas son las más adecuadas para mantener la institucionalidad castrense.

Vaya que Nieto va a tener harta chamba en este inicio de año.

Morales Bermúdez y el juicio de la Historia

Tradicionalmente, los libros de historia han dedicado poco espacio a la dictadura de Francisco Morales Bermúdez. Se menciona sucintamente que derrocó a Juan Velasco Alvarado y que, ante el fracaso del experimento reformista militar, desmontó algunas de las reformas emprendidas y, finalmente, entregó el poder a los civiles. Su oposición al gobierno de Fujimori hizo que algunos le dieran un aura de demócrata que nunca tuvo. Y allí se quedan los textos escolares e, incluso, universitarios.

Revisando textos sobre el denominado “Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada”, uno encuentra que Morales Bermúdez era un militar muy distinto a su precedesor en el gobierno y a varios de sus compañeros de armas con quienes compartió el poder. Nieto de un expresidente (Remigio Morales Bermúdez, quien gobernó el país entre 1890 y 1894) e hijo de un militar asesinado por el APRA, el futuro gobernante de facto estudio en la Inmaculada, fue primer puesto de su promoción en la Escuela Militar y se dedicó a la especialización en Economía. Incluso fue ministro de Hacienda en el primer gobierno de Belaúnde, para luego ocupar el mismo cargo durante el gobierno de Velasco. No participó inicialmente en el golpe militar, pero luego se plegó al mismo.

Paulatinamente, el militar fue escalando en posiciones y ganó la confianza del dictador, por lo que, a la salida de Edgardo Mercado Jarrín de la Presidencia del Consejo de Ministros, ocupó ese puesto en enero de 1975. Ocho meses después, cuando parecía que Velasco no ejecutaría la sucesión en la que le había prometido ocupar el puesto principal, encabezó un levantamiento en Tacna, apoyado por otros generales que consideraban que el tiempo físico de Velasco había pasado. No faltan quienes atribuyeron a aquella asonada exitosa adelantada algunos efectos de las copas.

Las primeras declaraciones de Morales Bermúdez aludían a que la reforma se volviera revolución de verdad. Y así parecia al colocar a los generales más a la izquierda en el círculo más cercano a Palacio de Gobierno. Pero poco a poco se fue deshaciendo de ellos. Y aunque no desmontó gran cosa de las reformas velasquistas, si detuvo sus avances. De hecho, varia gente cercana a Velasco comenzó a engrosar las listas de deportados.

Pero el descontento fue creciendo. Un paro nacional en julio de 1977 hace ver a los militares que el desgaste era demasiado y los obliga a presentar un cronograma ordenado para la salida del poder. Morales Bermúdez hace guiños hacia el APRA y el PPC para que algunas prerrogativas militares se mantengan en la Constitución de 1979. Al mismo tiempo, comienza a enterrar el viejo antiaprismo del Ejército Peruano. Son estos gestos los que han hecho crecer la fama de demócrata de FMB, pero es claro que el poder lo entregó por la fuerza de las circunstancias.

Retirado del servicio activo, fue candidato a la Presidencia de la República en 1985, con poca fortuna. Sus apariciones en la prensa durante los últimos treinta años se centraron en tres temas: la lucha antisubversiva, sus denuncias contra la cooptación que hizo el fujimorato del Ejército y la defensa de su gobierno. Había logrado cierta imagen de prestigio en algunos sectores.

Pero esta semana, los fantasmas de su gobierno volvieron. Una sentencia en Italia recordó que su dictadura participó en algunas de las acciones del Plan Cóndor, aquella maquinaria de la muerte para secuestrar y matar personas, implementadas por las dictaduras sudamericanas de la década de 1970. Y un proceso judicial actual en el Perú sobre el secuestro y posterior deportación de opositores a su gobierno continúa a paso lento. Todo ello cuando, retirado de la vída pública, el dictador vive un cómodo retiro en su casa de San Isidro.

En términos reales, será muy difícil que sea extraditado a Italia para que cumpla la cadena perpetua impuesta. El paso de los años y la previsible contemplación de sus canas que tendrá el gobierno actual harán inviable ello. Pero, para el futuro, no solo quedará como un autócrata, sino también, por su permisividad frente a secuestros de argentinos en su gobierno, como un criminal.

Finalmente la página en la historia peruana que ocupará Francisco Morales Bermúdez parece haberse completado.

Mitad abusadores, mitad impunes

En noviembre de 2000, José Enrique Escardó publicó en la revista Gente una serie de artículos sobre el Sodalicio de Vida Cristiana. Por primera vez, quedaron expuestos el abuso psicológico y físico, las “órdenes absurdas” y las técnicas de manipulación empleadas para captar a menores de edad, en su mayoría, chicos de clases altas y medias altas.

Ya desde allí comenzó un modus operandi que luego sería visto en casos posteriores: presiones económicas contra la publicación de la familia Escardó, intentos de desacreditar al periodista e infundios repartidos por medio Lima.

Debo añadir, además, que fue entre 1998 y 2000, cuando el SCV intentó captarme en sus filas. En tres ocasiones, miembros de la organización intentaron convencerme de entrar, sin éxito. Mi visión de una religión menos basada en la culpa y más fundamentada en la libertad hizo que no fuera blanco fácil de lo que, sin duda alguna, eran medios de manipulación psicológica. Otros jóvenes – hoy en sus treinta – no corrieron la misma suerte.

En 2002, el programa Entre Líneas, conducido y producido por Cecilia Valenzuela, presentó un reportaje bastante completo donde se presentaron las versiones de padres de familia y exmiembros de la entidad católica, quienes documentaron otras denuncias de abusos y lo que, a todas luces, podía ser calificado como secuestro. Asimismo, Escardó presentó su testimonio y el psicoanalista Jorge Bruce analizó el caso. Allí, este último dio un vaticinio sobre lo que se conocería años más tarde: no descartaba la existencia de abusos sexuales en la institución.

A los pocos meses, Pedro Salinas presentó su novela “Mateo Diez”. Más allá de los méritos narrativos de la obra, el periodista contó claramente lo que ocurría al interior de la institución: deformación en la formación de adolescentes y jóvenes, golpes, maltratos, órdenes sin sentido, fascismo en la doctrina y, al final, se insinúa la existencia de un caso de abuso sexual.

En 2007, el sodálite Daniel Murguía fue atrapado in fraganti tomandole fotos semidesnudo a un niño de 11 años. Aunque formalmente fue expulsado del SCV, su hermana Patricia indica que se le puso a un abogado cercano a la institución. Su paradero es desconocido.

A fines de 2010, Luis Fernando Figari, el fundador del Sodalicio, anunciaba su retiro por “razones de salud” para dedicarse a una vida de “contemplación y meditación”. Lo que no se sabía es que ya se conocía que el número 2 de la organización, Germán Doig, tenía a cuestas por lo menos tres casos de abuso sexual. Y que, internamente, la fraterna Rocío Figueroa había pedido tanto que se hicieran públicas las razones por las que se retiró el expediente de beatificación de Doig, como la salida de Figari de la conducción del movimiento. Recién en febrero de 2011 se conocería que el fundador del Movimiento de Vida Cristiana mantenía una “doble vida”.

Y es allí que Pedro Salinas y Paola Ugaz comienzan a investigar el caso. Y se comienzan a saber varias cosas: la existencia de denuncias contra Figari por abusos sexuales; el relato del actor Jason Day sobre un episodio con un sacerdote que, años después, sabríamos que tenía denuncias de abusos sexuales. Y, nuevamente, se repetirían las amenazas, los comunicados negando todo, las columnas de opinión defendiendo lo indefendible.

Hasta que, en octubre de 2015, llegó el libro “Mitad Monjes, Mitad Soldados”. Y ya no se pudo rebatir la verdad de lo que se decía: testimonios de abusos sexuales cometidos por Figari, Doig y Jeffrey Daniels.  Una estructura de abusos psicológicos y manipulación. Captación de menores de edad a quienes luego se introducía a la investigación. Una historia sistemática de encubrimiento. Y todo ello fue reafirmado por la Comisión de Ética para la Justicia y la Reparación, que entrevistó a más víctimas y que concluía cosas como estas:

  • Los daños físicos provienen básicamente de los abusos perpetrados al implementar medidas destinadas a exponer la integridad de las personas, a pruebas físicas para las cuales no se encontraban preparados y en condiciones opuestas a una lógica razonable; también quedan comprendidos los daños infringidos a quienes fueron víctimas de golpes o castigos físicos, incluso perpetrados por sus propios compañeros en cumplimiento de órdenes o instigación de sus superiores.Las exigencias físicas fueron mantenidas aún con diagnósticos médicos que aconsejaban lo contrario, generándose daños incluso permanentes a quienes se las impusieron. Las dolencias físicas no fueron comunicadas oportunamente a los familiares, siendo por el contrario ocultadas, de manera que han dejado secuelas de distintos grados.

  • El SCV, tanto bajo la conducción de Luis Fernando Figari como de Germán Doig y las demás autoridades que han transitado por el SCV, a lo largo de su existencia, no han respondido a la confianza depositada por la Iglesia Católica y no solo han permitido los abusos indicados, sino que también han defraudado a fieles laicos que siguiendo la espiritualidad del SCV desarrollaron modos de vida afines a ellos, se desprendieron de bienes materiales y brindaron su tiempo y dedicación para cumplir con los mismos. Hoy día, esos mismos fieles, sufren el dolor de haber conocido situaciones de abuso que desconocían y reprueban.

  • Los daños espirituales y morales, provienen de la utilización que ha hecho el SCV de la vocación manifestada por los jóvenes que deseaban integrarse a su organización, sirviéndose de la misma para responder prioritariamente al culto de Luis Fernando Figari, así como al de Germán Doig. Con ello se infringe igual daño a la Iglesia Católica, que confiando en los fundamentos establecidos en las Constituciones del SCV le otorgó su amparo, para permitir y alentar la formación espiritual de los jóvenes y el crecimiento de la fe y la multiplicación de las vocaciones.

  • Los daños psicológicos, vienen también de la implementación de esas prácticas de sobre exigencia física irrazonable, de la exposición a riesgo de sufrir daño, o perder la vida al imponerse prácticas de actividades peligrosas; de los malos tratos verbales, escarnio, burlas, humillaciones; de una constante manipulación de la voluntad, así como de los abusos sexuales infringidos contra algunos de los formandos, incluso menores de edad. Las víctimas de estos abusos sexuales evidencian daño profundo, no solo por los actos físicos de agresión a los que fueron sometidos sino también a las injustas confusiones a las que se les expuso sobre su propia identidad sexual, dificultando duramente su despliegue personal al incorporarse a la vida civil, incluyendo sus relaciones afectivas. En muchos casos el daño se ha visto incrementado por el temor a la vergüenza de no haber podido denunciar la violencia en su contra, así como advertir la indolencia del SCV en los casos en que, enterados de la ocurrencia de esos actos, no procedió con la firmeza y justicia que esos abusos reclamaban. No se protegió a las víctimas pese a conocer lo ocurrido; se las dejó a su suerte y más bien, en ciertos casos, se privilegió cubrir al victimario y proteger a la organización, llevando a cabo procesos de aparente investigación que no concluían en una sanción efectiva. Las dolencias psicológicas no fueron advertidas o tratadas, ni oportuna, ni adecuadamente.

Y sumemos a ello la serie de reportajes que Salinas y Ugaz han presentado después de su libro y que dan nuevos nombres de abusadores físicos y psicológicos, así como describen el amplio poder económico de la organización. O la investigación de Ugaz que describe lo que ocurría con los esclavos de Figari, jóvenes dedicados exclusivamente a servir al fundador de la organización.

Con todos estos elementos, ¿no pudo hacer la fiscal María del Pilar Peralta una investigación que fuera más allá de la mera formalidad? ¿No pudo apreciar que existía una organización paralela dentro de la organización – reconocida por la Comisión de Ética – que incluía una estructura vertical de poder, con roles para cada actor, para cometer actos ilegales y donde existe fungibilidad y predisposición de sus miembros? ¿No pudo percatarse que los daños psicológicos estaban acreditados por peritajes distintos al del Instituto de Medicina Legal – que tenía serias falencias – como por el hecho que el propio Sodalicio solventa el tratamiento psicológico de algunas de las víctimas? ¿Por qué no tomó el testimonio de víctimas que acreditaban el abuso sexual – como “Santiago”, testimoniante del libro de Salinas y Ugaz, o Álvaro Urbina – y psicológico – como Martín Scheuch -? ¿Por qué se negó a aceptar como base el completo libro de Salinas y Ugaz para armar un caso? ¿Por qué ni siquiera mencionan el caso de José Enrique Escardó, uno de los denunciantes?

Como indica el periodista Miguel Seminario, es hora que el Sodalicio y la Iglesia Católica den un paso más allá en la aceptación de responsabilidades, pedido de disculpas y acogida a las víctimas. Y, sobre todo, es hora que el Ministerio Público haga caso omiso a las presiones y haga, en base a la apelación de los abogados de las víctimas, una investigación seria sobre 45 años de abusos.

Es hora que se haga justicia. Y es momento que el Sodalicio expulse a sus integrantes podridos.

El fin del teflón de Castañeda

Hoy es el peor día para Luis Castañeda Lossio desde que ocupara el quinto puesto en la elección presidencial de 2011.

Por primera vez en sus tres gestiones de gobierno municipal, la desaprobación a su actuación como autoridad (50%) es mayor a la aprobación (45%). Peor aún, su aprobación se ha ido en picada en el último mes, perdiendo 8 puntos de popularidad.

Para complicar aún más la situación, solo el 26% de los encuestados se encuentra a favor de otorgarle un cuarto periodo como alcalde de Lima. Se incluyó esta pregunta ante la posibilidad de volver a la reelección de alcaldes, gracias a un proyecto de Ley que se debatirá en los próximos meses en el Congreso de la República.

Y si bien la mayor parte de limeños culpa a su precedesora por las protestas en Puente Piedra, un importante sector de ciudadanos de la ciudad tampoco lo exonera de responsabilidad. Para colmo de males, ayer un informe de Daniel Yovera para Cuarto Poder dejó en claro que se elevará el peaje en el tramo correspondiente al proyecto Línea Amarilla, una iniciativa privada original de OAS – traspasada a la empresa francesa Vinci – que fue aprobada en el segundo periodo de Castañeda. En momentos en que este tema ya ha generado dos marchas bastante fuertes en la ciudad, que el 65% de lo recaudado en Lima se vaya a elevar, es una peor noticia para el alcalde. Y allí no puede echarle la culpa a Susana Villarán.

¿Por qué cae Castañeda? Sin duda, en términos coyunturales, hay tres hechos que han acelerado el descenso en su popularidad: el incendio en Cantagallo y el drama de la comunidad shipiba que tuvo que ser resuelto por el gobierno central, la negociación por debajo de la mesa con OAS ligada al proyecto Línea Amarilla y el by pass de 28 de Julio y, por supuesto, las protestas en Puente Piedra.

Pero creo yo que hay algunos temas más de fondo en la desaprobación.

Castañeda llegó sin ninguna idea meridianamente fija a la Municipalidad Metropolitana, con una sola excepción: obras entendidas como construcción de infraestructura. Pero ha comenzado a ser evidente que las necesidades de la ciudad no se resuelven con cemento, que lo único que ha hecho en términos concretos es inaugurar todo lo que su antecesora ha dejado concesionado (y echarle la culpa de todos sus errores) y que su única obra propia en esta gestión – el bypass de 28 de Julio – tiene demasiadas controversias encima como para exhibirla.

Al mismo tiempo, el estilo poco transparente del alcalde ha comenzado ha ser cuestionado fuerte y permanentemente. La formación de colectivos políticos y profesionales que han hecho notorias las fallas de la administración Castañeda ha sido clave, al igual que la mirada de algunos medios respecto de la gestión. Si bien no se llega a los niveles de crítica que tenía la gestión Villarán encima, resulta claro que las faltas son tan inocultables que hasta periodistas que antes ni siquiera tocaban a Castañeda con el pétalo de una rosa ahora se permiten criticarlo. Y se ha formado un interesante grupo opositor en el que confluye tanto Diálogo Vecinal como la mayor parte de la bancada del APRA.

Una tercera cuestión clara es que el estilo Castañeda resulta anacrónico a estas alturas del partido. Si bien la ciudad requiere ordenar el tránsito, ha calado la idea que la infraestructura es solo una parte de la solución. Los peajes dentro de la ciudad son cuestionados. Las necesidades de la ciudad no son atendidas. Y el discurso del alcalde se reduce únicamente a dos elementos: cemento y echar la culpa de la gestión anterior. Y es claro que ambos elementos se están agotando como únicas respuestas, sobre todo, considerando que la administración actual de la MML tiene serios problemas de transparencia.

Finalmente, la situación debería preocupar a Solidaridad Nacional. Dado que el partido no ha construido ningún tipo de liderazgo alternativo – el que existía, José Luna, se marchó a hacer su proyecto propio con miras a ser alcalde de Lima en 2018 -, la suerte de SN está atada a su único candidato potable. Y aunque tienen mecenas, les será difícil construir a un postulante de fuste que pueda reemplazar a Castañeda.

Ahora que se rompió el teflón, todo le va a ser cuesta abajo al alcalde de Lima.

Crisis Aprista

(El APRA en una hora complicada. Foto: Andina)

Con el correr de las semanas, resulta más evidente que Alan García está poco interesado en la renovación partidaria que él mismo anunció luego de su clamorosa derrota electoral en abril del año pasado.

Como es conocido, una vez que García terminó en quinto lugar y con una representación parlamentaria que solo le dio una curul más en el partido – y, para colmo, a su rival Jorge del Castillo -, el expresidente anunció su retiro de los máximos cargos dentro del Partido Aprista Peruano, así como la convocatoria a un Congreso que elegiría nuevas autoridades internas. Asimismo, meses después, tomó la decisión de realizar una estancia académica en Madrid, lo que implicaba su apartamiento de la política del día a día.

Sin embargo, AGP no ha podido con su genio y, cada vez que puede, enrumba hacia Lima para dar directivas y también para atender su propia agenda personal, que no necesariamente pasar por el APRA. Y, en ese contexto, el Tribunal Electoral aprista, encabezado por el exabogado de Alan Moisés Tambini del Valle, ha postergado ya hasta en cuatro veces el Congreso partidario, lo que ha motivado las protestas de los dos principales candidatos a la secretaria general: Enrique Cornejo y Renzo Ibañez.

Ambos postulantes también han coincidido en una apreciación: la postergación se debería a que García no ha podido conseguir un rival de fuste que haga frente a ellos. Mientras que militantes como el historiador Daniel Parodi son fuertes en señalar que el partido se haya secuestrado:

Termino; ¿será penalmente punible el secuestro de una institución formal por parte de una dirigencia con mandato vencido hace 3 años y que viola los estatutos y la ley de Partidos al impedir a la militancia del PAP elegir a sus nuevos dirigentes? Es hora de que el JNE y la fiscalía resuelvan la enajenante situación por la que atraviesa el APRA, que es absolutamente atentatoria contra los principios democráticos en los que se basa nuestra república y vejatoria del estado de derecho. Y no me digan que los trapos sucios se lavan en casa, porque la casa está tomada.

A ello se suman otras diferencias internas. La bronca entre Jorge del Castillo y Mauricio Mulder por el liderazgo al interior de la Cédula Parlamentaria Aprista es abierta y también tiene consecuencias en la disputa por la secretaría general: Del Castillo endosa a Cornejo y Mulder a Ibañez. Las disputas entre Cornejo e Ibañez apuestan a formas distintas de entender la renovación: un candidato que tuvo una muy buena performance limeña y que anda recorriendo bases hace rato y otro postulante que contrapone la edad y su preparación académica frente a un rostro conocido.

Para completar el panorama, un evento externo complica las cosas: el caso Lava Jato. Mientras que la cercanía a Alan se mide en cuanto ponen las manos al fuego por él, resulta claro que adentro de la Casa del Pueblo se espera un cataclismo, donde cada quien piensa como salvarse mejor – o acusar al rival interno de turno de estar más embarrado – en lo que podría ser una hecatombe de proporciones en Alfonso Ugarte.

Entre tanto, los sectores más honestos dentro del APRA están preocupados porque sienten que las acusaciones pueden golpear al partido a tal punto que será muy difícil recuperarse, considerando que fueron cuestiones ligadas a la corrupción el principal factor – junto a una campaña desangelada – que liquidó las opciones de García en 2016.

El problema para los apristas es que, hasta ahora, desprenderse de Alan les resulta muy difícil. Los llevó dos veces a la Presidencia y, sin duda, sigue siendo la figura más fuerte dentro del partido. Sin embargo, también es claro que ha debilitado la estructura y que, mientras siga obstaculizando cualquier intento de renovación, será un tapón para el surgimiento de nuevos liderazgos que buena falta le hacen a la añeja agrupación.

El final de Toledo

Cuando se destapó el caso Ecoteva y Alejandro Toledo pronunció sus primeras faltas a la verdad, indicamos que el escenario más benigno, en términos judiciales, para el expresidente, era que se descubriera que estábamos ante una transacción de inmuebles controvertida, pero legal, donde el objetivo final fuera evitar que los bienes adquiridos fueran parte de la masa hereditaria, a fin que su hija menor no pudiera acceder a los mismos a la fecha del fallecimiento del líder de Perú Posible.

El problema para Toledo es que, judicialmente, el escenario es más complejo.

Hoy La República publica un completo informe respecto de los movimientos en las cuentas bancarias de Joseph Maiman, empresario y amigo personal de Toledo, vinculados a la recepción de dinero presuntamente vinculado a empresas brasileñas. La sospecha de las instancias de investigación en Estados Unidos, Suiza y Perú es que esta es la ruta de presuntas coimas a un alto funcionario de la administración Toledo y un emisario. Las empresas a las que se haría alusión son Camargo Correa y Odebrecht.

¿Cómo complica esto a Toledo? En dos aspectos clave: dos empresas constructoras brasileñas – Camargo Correa y Queiroz Galvao – aportaron abiertamente a la campaña electoral de 2011, aportes que, siendo legales, el expresidente no pudo explicar nunca políticamente. Y, sobre todo, porque el origen del dinero de la empresa Ecoteva, constituida en Costa Rica, fue achacado por Toledo precisamente a Maiman. Recordemos que esta fue la off shore a través de la cual se adquirió una casa en Las Casuarinas y una oficina a pocas cuadras de la casa del expresidente en Camacho.

Y si se descubre que la ruta del dinero final fue esa, la situación del expresidente puede terminar siendo más que complicada en el proceso por lavado de activos que se le sigue por el caso Ecoteva. Mejor dicho, podría terminar, por lo menos, en arresto domiciliario en lo que queda de las indagaciones por este caso y el más que posible juicio oral.

En otras palabras, de todos los políticos presuntamente involucrados en el megacaso de corrupción de empresas brasileñas en el Perú, es Toledo quien, en términos probatorios, la tiene más complicada hasta el momento.

Y, políticamente, su situación no es mucho mejor. El caso Ecoteva hizo recordar los serios problemas con la verdad que ha tenido Toledo durante toda su carrera política. Perú Posible perdió la inscripción gracias a su pobre performance en las últimas elecciones. No tiene un solo congresista que lo defienda, en medio de un congreso con mayoría fujimorista que querrá cobrarse revancha por los juicios contra la organización criminal que encabezó su líder histórico. Casi todos los rostros que salieron a la luz gracias a PP han terminado en otras fuerzas. E incluso los periodistas y personajes de la sociedad civil que consideran que su gobierno tuvo varios logros hoy muestran serias y claras distancias de la conducta ética del expresidente. Y es claro que su tiempo político ha terminado.

Asimismo, lo que pase con Toledo en términos políticos no va a servir para pegarle a un expresidente cuya imagen ya viene bastante deteriorada o a un partido inexistente – y que él nunca quiso institucionalizar en serio -, sino básicamente buscará ser empleado contra aquellos sectores que, en algún momento, lo apoyaron. Para desgracia de los fujimoristas y conservadores que aspiran a ese escenario, hace rato que todos quienes en algún momento vieron en Toledo una esperanza le dieron la espalda, con excepción de un pequeño núcleo de incondicionales.

Bien haría, por tanto, Alejandro Toledo en retornar al país (salió del territorio nacional hacia Estados Unidos en la madrugada del viernes) y explicar, finalmente, con la verdad, el origen de este dinero. Sin futuro político y con su credibilidad pública más que mellada, a esta altura solo le queda contar todo, para salvar el legado de su gobierno ante la historia. Su tiempo ha terminado.