Mesa Redonda: 15 años

(Una noche trágica. Foto: El Comercio)

Fue una noche dura. Quienes vimos por las pantallas de la televisión lo que venía ocurriendo aquel sábado, sabíamos que estábamos ante una tragedia. Y ante un hecho que, para todos los que transitamos el Centro de Lima, estaba anunciado.

Desde que tengo uso de razón, Mesa Redonda fue un sinónimo de informalidad. No solo por la cantidad de vendedores callejeros – llamarlos ambulantes sería faltar a la verdad – que existen desde hace años, o por el hecho que mucha de la mercadería allí colocada se encontraba bajo el signo del contrabando. Si uno detenía la mirada en los edificios circundantes o siquiera levantara la vista y se topaba con las conexiones clandestinas, sabía que un sismo o la primera chispa de un incendio podría generar una noticia que enlutara a toda la ciudad.

Y ello ocurrió.

Luego de la tragedia, parecía que se iniciaba un periodo de conciencia sobre los riesgos del comercio informal. Pero los limeños vivieron, meses después, otra tragedia. Esta vez en lo que muchos pensaban que constituía las antipodas de Mesa Redonda: el Jockey Plaza.

Y transcurridos algunos años en los que los ciudadanos teníamos mucho más prudencia frente al manejo de productos pirotécnicos, volvimos a lo de siempre. No solo porque la ciudad se volvía una réplica de la Operación Tormenta del Desierto cada Navidad y Año Nuevo, sino también porque la precariedad respecto del comercio y los centros de esparcimiento continuó. Lo ocurrido en Larcomar lo demuestra y nos encara respecto del cumplimiento de las normas sobre Defensa Civil en los últimos tres lustros.

Peor aún, la justicia no hizo bien su trabajo en Mesa Redonda. No solo porque el caso demoró varios años en ser atendido. Sino porque, como indicó hoy el abogado Oscar Schiappa-Pietra en RPP, solo una persona fue sentenciada por las graves negligencias existentes en este incendio y las reparaciones por cada víctima llegaron a la irrisoria suma de 700 nuevos soles.

Mesa Redonda sigue siendo una bomba de tiempo. Nuestras autoridades no hacen cumplir las reglamentaciones sobre prevención y gestión de riesgos. Y los ciudadanos seguimos comprando pirotécnicos en lugares con gran peligro.

No aprendimos nada. Y esa es una tragedia tan grande como la que vivimos hace 15 años.

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