Tecnocracia y empatía

En su más reciente artículo publicado en El Comercio, el politólogo Alberto Vergara alude a uno de los males de la vieja forma de gobernar el país durante la última década y media: el predominio de una narrativa de modernización en base únicamente a la economía antes a una visión institucional y republicana.

Comparto la preocupación de Vergara, que se refleja en este párrafo de su columna, la cual recomiendo leer completa:

Pero la dificultad para una práctica republicana no es un asunto de maldad o ineptitud. Estamos ideológicamente incapacitados para respirar fuera del pulmón de acero de la modernización. Incluso alguien innovador y genuinamente preocupado por el Perú como el primer ministro Fernando Zavala resbala en la modernización. Hace una semana publicó en estas páginas el artículo “Por un Estado más ágil y moderno”, título que revela una preocupación infrecuente por el Estado en nuestros gobernantes. Sin embargo, la prioridad del artículo era notoriamente el “destrabe de inversiones” pues “solo si somos capaces de echar a andar nuestra economía de forma sostenida podremos dar una respuesta adecuada a las demandas de nuestra ciudadanía en materia de seguridad, salud y servicios públicos esenciales”. Este es el supuesto modernizador que, sostengo, debemos poner en entredicho. El Estado de derecho y la república no son un subproducto del crecimiento económico. Merecen y deben ser prioritarios en sí mismos.

Pero creo que a nuestra tecnocracia, hoy ya en la cima de su poder, no solo le falta un mayor compromiso institucional, sino también una cuestión clave para vincularse con los ciudadanos: empatía.

Volviendo al ejemplo que Alberto propone, una de las primeras medidas que ha propuesto el gobierno se vincula con la reducción de una serie de requisitos burócraticos para la atención expeditiva de trámites sencillos. Sin embargo, con excepción de un video que tuvo relativa rotación en redes sociales, el gobierno no fue capaz de explicar cómo cuestiones tan comunes como no pedirle copia del DNI a un ciudadano para hacer un trámite o eliminar el cobro de una tasa por la denuncia policial impactaban claramente en la vida de la gente. Y, al mismo tiempo, si es que el funcionario público que se encarga de estos trámites sigue poniendo la misma mala cara para atender a quien se acerca a su oficina, difícilmente estos cambios se verán reflejados en la persona común y corriente, normalmente alejada del juego político, cuyo contacto central con el Estado se juega en este tipo de acercamientos.

La visión, así las cosas, no debería ser “destrabar inversiones” sino cómo hacerle la vida más fácil a las personas. Si seguimos pensando en clientes antes que en ciudadanos con derechos, cualquier esfuerzo por simplificar la administración pública se verá con esas anteojeras y, peor aún, el público pensará que el gobierno no está haciendo nada por mejorar su vida.

Un segundo ejemplo tiene que ver con un problema mayor: Cantagallo. Han transcurrido dos semanas del incendio y, el sábado último, el menor de 11 años que había resultado con quemaduras falleció. Si bien el Ministerio de la Mujer y la segunda vicepresidenta se comprometieron a apoyar con los gastos del sepelio, resulta claro que el gobierno central no se ha comprometido del todo en tratar este tema. Y no solo me refiero para suplir la clamorosa indolencia de la Municipalidad Metropolitana de Lima, sino para buscar una solución definitiva para que los ciudadanos que habitan allí tengan una vivienda digna. Incluso la ausencia de la palabra del Presidente de la República frente a este caso ha sido un signo claro que contrastó con lo ocurrido en el incendio de Larcomar. Este es el tipo de situaciones donde, al quedar fuera del marco tecnocrático, el gobierno parece no saber como lidiar con ellas. Peor aún, añade un vacío estatal a la inoperancia de la administración Castañeda.

Un último ejemplo tiene que ver con el manejo de los conflictos sociales. Es cierto que el gobierno, a diferencia de sus antecesores, ha lamentado los fallecidos ocurridos en los mismos y ha buscado el diálogo. Sin embargo, resulta sintomático que haya demorado tanto tiempo en atender el conflicto en Saramurillo, para el cual recién en la madrugada del domingo se ha fijado una hoja de ruta. O que prácticamente se ha tenido que negociar una tregua con los ciudadanos de Aguas Calientes para evitar que el servicio de tren a Machu Picchu se vea afectado durante la cumbre de APEC. La atención de estas demandas debe ser más rápida y más directa, estableciendo claramente que se puede conceder y que no se puede hacer.

No considero que estemos ante un gobierno caracterizado por la indolencia. Gestos como la presencia activa de la ministra de justicia Marisol Pérez Tello en la entrega de restos de víctimas del periodo de violencia en Ayacucho nos muestran que la legitimidad del régimen democrático se puede basar en la cercanía con el ciudadano, más allá de las buenas cifras económicas.

Pasada la resaca de la cumbre APEC, resulta necesario que el Presidente de la República y su gabinete vuelvan a este componente central. Justamente, la lejanía de las personas es algo que puede jugar en su contra, no solo en popularidad, sino también para gobernar.

Es necesario que el gabinete Zavala recuerde que las personas deben ser el centro de su preocupación. Y que las inversiones se orientan para ello.

2 thoughts on “Tecnocracia y empatía

  1. Rosa Maria Palacios ha soltado una bombita nuclear que promote remover los esqueletos dentro del closet del fujimontesinismo. La noticia no es sorprendente y, menos aun, novedosa. Pero si evidencia el arraigo autocratico de los Fujimori, sean quienes fueren, y tambien su predisposicion al abuso de su poder, al maltrato, a la mentira y la tergiversacion de la verdad como modus vivendi y operandi. Este bien claro mensaje debe ir directo a aquellas mentes debiles que le regalaron un voto absurdo a quien no se lo merecia, dando mas poder legislativo del que deberia poseer una mafia para perjuicio de toda la nacion y en contradiccion con los grados de logica y razon mas elementales.

    Eso les pasa a las congresistas implicadas por convenidas, por codiciosas, por creer que podian sacarle alguito de tajada a las suciedades de los Fujimori y su tio Vladimiro Montesinos, quienes, queda clarisimo como el agua, no comparten su riqueza ilicita con nadie porque ese dinero sucio, que en realidad es tuyo y mio, es precisamente lo que les da el poder que nunca se ganaron bajo merito propio. Los Fujimori estan obligados a comprar el apoyo politico que les brindan una sarta de asquerozos corruptos, incompetentes y vendepatrias solo por animo de lucro personal.

    PPK tuvo una actuacion deslumbrante en la cumbre del APEC. Puso al Peru arriba, bien arriba. Opaco a las delegaciones de Mexico, Chile y Colombia con elegante astucia, con clase. Su carisma personal, su gran dominio de cuatro idiomas, su capacidad de negociacion, su versatilidad global, su experiencia en el rubro y su intachable reputacion bien ganada a traves de los años de servicio publico lo avalaron, fueron puestos a buen recaudo con suma eficacia. Y eso cuenta en favor del Peru entero.

    A ver pues, ¿en que lo podria haber superado Keiko Fujimori en este caso en particular? En nada. Keiko no tiene nada que pueda superar la solvencia profesional de PPK. Nada. Ya hubieramos visto a la huachafa e inculta de Cecilia Chacon, toda atorrante, toda impulsiva, haciendo algun planteamiento sustancial sin tener el minimo de nivel academico, ni cultural para meter un solo gol en favor del Peru ante tanta competencia tan alturada. ¿Quien en todo ese grupete podria haber sacado la cara por el pais? Nadie. Ni uno solo esta a la altura.

    Fuera de aca. Vayanse a llorar al baño.

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  2. El problema, Godoy, es que todos los tecnócratas que han partidicpado en gobiernos peruanos, desde hace 25 años, creen firmemente que los ciudadanos son “clientes” que estarán felices si, con una sonrisa, les ofreces trámites más rápidos y simples. si su “ciudadano-cliente” va al hospital y lo halla sin medidinas ni equipos, o si su denuncia en la comisaría es ineficaz, los tecnócratas replican (¡hace 25 años!) que ello sucede por “externalidades” imposibles de controlar… O sea, si tantísimas “externalidades” frustran tus planes ¿no será que el enfoque de esos planes es absurdo en el contexto donde los aplicas?

    Pero nuestros tecnócratas, obsesionados con el grado de inversión peruano en Nueva York, y que estallan en orgasmos unicamente si un empresario extranjero abre una sola tienda en Perú (chillan “llegaron en masa las grandes inversiones”), no pretenden satisfacer necesidades de la población . Para nada. Anular la tramitología es un clamor de Confiep o de la SNI, pero que en poco o nada impacta sobre la vida de 29 millones de peruanos. Pero nuestros tecnócratas, incluyendo los del actual gobierno, parecen creer que la tramitología es la preocupación esencial de todos los peruanos, incluyendo informales y desempleados, 24 horas al día, siete días a la semana. Creen que al peruano común no le preocupa (o, más bien, no debería preocuparle) la inseguridad en las calles, el colapso del sistema de salud pública, la destrucción del sistema educativo estatal, la subisa del costo de vida, y temas similares. No. Nuestros tecnócratas insisten en forzarnos a creer que solamente los temores de los CEO de empresas criollas deben ser compartidos por todos.

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