Los medios peruanos y las mujeres

(Histórico paso de Perú.21)

En su más reciente edición, la revista Caretas le dio portada y entrevista central a Adriano Pozo, confeso agresor de la ciudadana Arlette Contreras. La sentencia benigna otorgada a este sujeto, hijo de un regidor ayacuchano, fue una de las que motivó la movilización nacional Ni Una Menos, convocada para este sábado.

En redes sociales, la entrevista fue duramente criticada y con justa razón. Las preguntas no tomaron en consideración los evidentes horrores jurídicos de la sentencia, resulta bastante discutible otorgarle una portada a una persona que es notoriamente un agresor y en ningún momento se le hacen cuestiones críticas respecto de las respuestas dadas a la revista. A ello se suma el tratamiento de la condición borderline de Pozo como una suerte de atenuante para este tipo de hechos.

Caretas respondió señalando que la entrevista buscaba que la otra parte en el caso Contreras brinde su versión de los hechos, dado que era labor periodística dar voz también a personajes nefastos. También indicaron que el reportaje no era neutral hasta los extremos de la complicidad y que, a su criterio, la condición borderline no implicaba una aminoración de la responsabilidad de Pozo en tan execrables hechos.

Sin embargo, al revisar nuevamente el material publicado por la revista, es evidente que hubo errores. Otorgar una portada con el título Violencia Sexual a un agresor cuyas prácticas misóginas han sido apreciadas por todos gracias a las cámaras de seguridad del hotel donde se produjo lo que, a nuestro criterio, calza como tentativa de violación sexual y de feminicidio es, a todas luces, excesivo. La entrevista fue extremadamente complaciente y sin ninguna repregunta de peso. Y los datos que fueron presentados conjuntamente con la entrevista no dan cuenta de la magnitud del problema al que nos enfrentamos. No era necesario llegar al “linchamiento virtual”, como indica la publicación fundada en 1950, para hacer un reportaje mucho más pulcro y una entrevista menos concesiva.

Asimismo, como bien ha recordado hoy la periodista Laura Grados, Caretas acompaña todas sus ediciones con una chica semidesnuda en la penúltima página. Algo que ya era incomprensible en los tiempos de oro de la revista y que hoy, sin duda alguna, resulta anacrónico.

Y este dato viene a cuento de una decisión tomada por Perú.21 esta semana. Ayer se anunció que se dejaría de publicar la “Chica 21”, una sección en la que modelos y actrices posaban en pocas prendas de vestir y que venía desde los primeros días del diario. Si bien la sección ya venía siendo criticada desde hace algunos años, la campaña “Ni Una Menos” motivó una reflexión interna en el diario, que concluyó de la siguiente manera:

“Creemos que no es tiempo de chicas en bikini. Que el foco de nuestra cobertura debe concentrarse en los retos que enfrentan, los desafíos que tienen por delante, las luchas, logros y conquistas de las mujeres peruanas“.

Al mismo tiempo, como señala Grados, es momento que otros medios del Grupo El Comercio den el mismo paso. El diario más vendido del país, Trome, tiene todos los días, en su contraportada una sección denominada “Las Malcriadas”, con fotos similares a las publicadas en “Chica 21”. Hasta el momento, dicho medio no ha acusado recibo del pedido.

Junto con gestos como los de Trome, es necesario que los medios repiensen cuál ha sido su cobertura respecto de sucesos de violencia contra las mujeres en los últimos años y cuál ha sido la forma de representarla. En esa linea, la columna de Rosa María Palacios de ayer indica que:

El tratamiento del abuso es muchas veces deplorable, insistiendo en culpar a la receptora ya sea de los golpes, de su desfiguración o  de su propia muerte. ¿Quién no ha visto el titular “lo hizo por celos”, trasladándole así la culpa a ella? Lamentablemente, periodistas defensores de los perpetradores, no han faltado.

Complementando lo señalado por la abogada y periodista, Raúl Tola destaca hoy que:

Vivimos en un país donde agraviar o menospreciar a las mujeres ha sido tan normal que nunca se lo consideró malo, censurable e incluso punible. ¿Cuántas esposas conocemos que soportan humillaciones diarias de sus maridos, sin que las asumamos como tales? ¿Cuántas veces oímos un piropo procaz y nos reímos pensando que era gracioso, atrevido, criollo? ¿O repetimos frases como «Así manejan las mujeres», «Lloras como una mujer» o «Las mujeres, a la cocina»?

¿Recuerdan cuantas notas se referían a los feminicidios como “crimenes pasionales”? ¿Cuántas veces se ha cosificado a la mujer en medios de comunicación? Y con esto último no solo me refiero a los reality que se pasan de lunes a viernes en otros canales. Ayer varios comentaristas deportivos de Latina – no todos, vale aclarar – se la pasaron enunciando frases como “averiguen cuál es el nombre de esas bellezas” o destacando los atributos físicos de las competidoras antes que su performance en las competencias de los Juegos Olímpicos.  Ello para no hablar de los “all male panel” en varios medios de comunicación, como fue notorio en la cobertura de Fiestas Patrias de la mayoría de canales.

Finalmente, también se pone de manifiesto un tema muy poco tocado: las posiciones de poder dentro de los medios de comunicación. Así lo manifiesta Diego Salazar, editor multiplataforma de Perú.21, al constatar que solo seis mujeres han sido directoras de un diario en el país:

La brecha se ha acortado en números, pero al igual que en otras profesiones con prestigio social —alicaído en nuestro caso, pero prestigio al fin y al cabo— una mujer alcanza su techo laboral en un diario antes de acceder a puestos directivos. Incluso cuando logra la silla de directora se le somete a un escrutinio distinto al de sus colegas hombres. Esto fue materia de una intensa discusión en los medios americanos en 2014, cuando la primera y, hasta ahora única, directora del New York Times, Jill Abramson, fue despedida. La historia de lo que ocurrió realmente aún está por contar, tanto Abramson como el Times como algunos reporteros que dieron cuenta del caso han relatado diversas versiones. Pero la versión oficial, en boca de Arthur Sulzberger Jr —presidente del directorio de la empresa— es que existían problemas con el “estilo de management” de Abramson. A lo que ella respondió: “Se dijo que se debía a mi estilo. Yo era una directora frontal, y había gente que trabajaba para mí a la que eso no le gustaba. Las mujeres en roles de liderazgo son escudriñadas de forma constante y, a veces, de forma distinta a los hombres”.

Que una periodista, editora o directora sea mujer no garantiza nada en términos de calidad. Un periodista puede ser bueno, malo, competente, inútil, culto, ignorante, honesto, corrupto, con independencia de su sexo o género. La identidad sexual de una persona, así como su raza o creencias religiosas, pese a lo que se diga en campaña electoral, no es un valor en sí mismo. Pero si bien no hay incidencia directa sobre la calidad, sí la hay sobre la representación de hombres y mujeres en los medios. Un estudio publicado en octubre de 2015 en The America Sociological Review encontró que el 82% de los nombres mencionados en prensa norteamericana entre 1983 y 2009 respondían a hombres. De nuevo: el 82% de las personas mencionadas en prensa en las dos últimas décadas del siglo XX y la primera del XXI tenían nombre de hombre. Si bien no tengo estudios concretos, resulta verosímil suponer que, de existir más mujeres en puestos directivos, esa disparidad no sería tan exagerada. Y no porque las mujeres sean necesariamente menos machistas —esa es otra discusión—, sino porque las periodistas, por lo general, están más al tanto de lo que hacen otras mujeres que sus colegas hombres.

Todos estos temas, sin duda, deberían estar en la agenda de los medios durante las siguientes semanas. No basta con apoyar una importante movilización como la de este sábado, sino también dar pasos para mejorar la forma como tratan a las mujeres, tanto en la cobertura como en su propia organización.

One thought on “Los medios peruanos y las mujeres

  1. El machismo, Godoy, está imbricado en cada estamento profesional del Perú, y la prensa no es la excepción. De ahí que sea lamentable, pero no sorprendente,. que “Caretas” publique una entrevista con aspecto de lavada de cara para Adriano Pozo, sin compulsar su versión con el video incriminador ni con las opiniones de Arlette Contreras, con “comentarios periodísticos” que minimizan la agresión (poniendo como excusa la “alteracion mental” del atacante), y dando tribuna a Pozo para acusar a su víctima.

    Peru21, creo yo, no merece aplauso por suprimir Chica21. Total, el Grupo El Comercio se sube al carro de NiUnaMenos con una enmienda que hace rato debió hacerse. Y peor si, como bien recuerdas, el Trome sigue poniendo en vitrina chiquillas en lencería para atraer ventas. Lo revolucionario sería que supriman a Las Malcriadas del Trome pero eso es mucho pedir…además es jocoso que eso lo cuestione gente del Grupo La República ¿ya se olvidaron de Las Gatitas de El Popular? Claro, el GLR tiene más recato: Chicho Mohme cuida que las Gatitas en bikini sólo salgan en las páginas centrales, lejos de los niños (fin del modo sarcasmo).

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