Humala: balance final

Comienzo esta vez por el final. No fue el peor gobierno de la historia. Pero su medianía política hizo que sus logros se opacaran.

Ciertamente, Ollanta Humala tiene varios éxitos que mostrar. El cierre del juicio ante la Corte Internacional de Justicia para definir el límite marítimo con Chile, en un fallo que nos favoreció parcialmente. El inicio de una política educativa con varios visos de reforma – carrera magisterial, régimen de las universidades y de los institutos superiores – y dos liderazgos importantes en el sector. Mantener un crecimiento importante en comparación con el resto de la región. Los innegables éxitos en la lucha contra los remanentes de Sendero Luminoso en el Alto Huallaga y, luego de algunas vacilaciones, en el VRAEM. La aprobación del nuevo Plan contra la Violencia de Género. Los primeros pasos para una política de búsqueda de personas desaparecidas. La implementación de la Ley de Consulta Previa. La consolidación del tratamiento técnico de los programas sociales a través de un Ministerio profesional dedicado a esta materia. El inicio de un Plan de Diversificación Productiva.  La negativa del indulto a Alberto Fujimori, al no existir razones para su otorgamiento. Y esto es, como manifestó Juan Carlos Tafur, mucho más de lo hecho por Alan García en su segundo mandato.

Por supuesto, hubo errores graves. Sin duda, el principal, no haber podido consolidar una política de seguridad ciudadana, a pesar que liquidó el régimen pernicioso 24 x 24, lo que le pasa factura en su aprobación y en su percepción de liderazgo. El pobre manejo de los conflictos sociales, con varias decenas de muertos y proyectos mineros cuya concreción nunca pudo asegurarse. La poca iniciativa que tuvo para reformas como la electoral o los ajustes necesarios para la descentralización. No logró destrabar algunos proyectos importantes de inversión. Nombró, con algunas excepciones, a ministros realmente malos en las áreas de seguridad. Fue pusilánime para dar una posición clara – sea a favor o en contra – de la Unión Civil para parejas del mismo sexo. Hizo un Plan Nacional de Derechos Humanos a media caña. Nunca pudo desprenderse de la desconfianza sobre si, en algún momento, daría el zarpazo autoritario o estatista.

Pero, sin duda, los yerros centrales estuvieron en la política. Su desconfianza lo hizo que su núcleo de confianza se redujera a una sola persona, que cayó en serios errores de frivolidad y, por cierto, en una serie de mentiras alrededor de sus ingresos y agendas que le han costado caro. Nunca explicó los motivos de su giro – y de su falta de ideología -, lo que le valió dilapidar cualquier capital político obtenido y, por supuesto, el quiebre de su propio proto partido. Es el primer gobierno desde la primera gestión de Belaúnde que se va con un gabinete censurado. Acentuó los rasgos de secretismo en materia castrense, lo que tejió serias sospechas sobre la actuación de los servicios de inteligencia. No supo acumular fuerzas políticas para enfrentar varios escenarios de pelea con sus rivales. Y, fundamentalmente, vio la política como guerra.

Al abandonar Palacio de Gobierno, Ollanta Humala se alejará pensando en que su legado será mejor visto con el tiempo. Y, probablemente, sea así. Pero, hasta el momento, no se ha percatado que el principal responsable de la mala percepción con la que se aleja del poder es él mismo. Y sí, como anunció el lunes, desea proseguir en política, será necesario, además de la necesaria distancia de los reflectores, una seria reflexión al respecto.

A fin de cuentas, los pragmáticos como él terminan siendo, como el vals, nubes grises.

3 thoughts on “Humala: balance final

  1. Te doy la razón Godoy, el peor gobierno de los ultimos 40 años ha sido el primer gobierno de Alan García (1985-1990), y desde el retorno de la democracia el 2001, hemos tenido gobiernos bastante mediocres, satisfechos con mantener el “piloto automático” de la economía, destrozando su capital político con frivolidades (Toledo), o arrodillados ante el empresariado y negándose a ver problemas reales (García).
    Humala no es la excepción: no fue el monstruo chavista que nos pintó la derecha de Confiep (quien nunca lo sintió “suyo” ni le perdonó vencer a Keiko), pero tampoco ha sido la “pobrecita víctima” ni el “incomprendido-ramon-castilla-siglo-21” que insisten en mostrarnos sus “palaciegos”.
    Quizá más certera es la visión de sus ex aliados de izquierda, quienes, muy tarde ya, se vieron ante un hombre inconstante, sin ideología definida, atado a un puñado de ideas fijas, pero a quien no pudieron influir (menos todavía dominar) después de ayudarle a subir al poder. Vieron al “firme caudillo” que deseaban ver, y nunca al verdadero Ollanta. Es difícil llamar “traidor” a quien nunca se sintió realmente como miembro de tu bando.
    Faltan varios “errores” -como gentilmente los llamas- de Ollanta Humala: sus “paquetazos ambientales” 2013-2015 para perdonar multas y rebajar la fiscalización, su infeliz “Ley Pulpín” del 2014 (mal concebida y peor explicada) en vez de una reforma laboral seria, su inmovilismo ante la crisis económica mundial y su negativa a adoptar medidas reales para paliar sus efectos (no para “superarla” pues ello era demagogia), y su poco apego a la institucionalidad permitendo que su esposa desautorice a un premier públicamente y enmiende la plana a otro pese a carecer de algún cargo público más allá de ser la presidenta del partido de gobierno.
    Difícil denominar “aciertos” al Plan de Diversificación Productiva y al Plan contra la Violencia de Género. Bien sabemos que estos papeles carecen de efecto en la realidad hasta que se dicte un paquete de normas reglamentarias, sin las cuales quedan en el armario apolillado de las palabras lindas. Lo mismo con el litigio ante la Corte de La Haya: un fallo que nos favorece sólo en parte y cuyo resultado no es fruto de una “especial gestión presidencial” sino del trabajo de un equipo técnico (para colmo, nombrado por el anterior régimen).
    Sí hay un acierto que olvidas, Godoy: la implementación de las leyes sobre carrera laboral del Estado, para eliminar el caos en la Administración Pública y buscando un cuerpo de funcionarios capacitados y profesionales, ajenos a la improvisación politiquera. Es mérito del régimen humalista haber luchado para que esto salga adelante, pese a los muchos intereses oscuros por impedirlo.

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  2. Coincido con esta opinion, el gobierno de Humala puede exhibir muchas cosas positivas: mantener el crecimiento economico, moneda estable, sueldo minimo aumentado, programas sociales, indice de pobreza disminuida, etc., etc.; pero tambien tiene aspectos negativos: inseguridad ciudadana en vez de disminuir ha aumentado, nuevas carceles construidas: casi ninguna, diversificacion productiva en pañales, corrupcion en algo disminuida pero no afrontada; Petroperu: sin encarar el fondo del problema; gas natural no implementado para la mayoria de la poblacion, et., etc.
    Saludos y felices Fiestas Patrias, Julio 2016.
    Julio Sandoval

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  3. Podra el sguiente congreso plantear una investigacion al gobierno de Ollanta por corrupto?. Tanto los periodistas como los legisladores que mostraban pruebas de corrupcion del gobierno, ahora podran seguir en este tema?. El gobierno de Humala fue un gobierno sin cabeza, o tal vez el de las mentes gemelas Ollanta y Nadine. No hubo un verdadero cambio, algo que anhela la poblacion. Ahora la pelota esta en manos de PPK, persona y grupo politico. Pero este tipo de agrupaciones mueren con su creador. Lo que falta son partidos con ideologia clara, ya sea de izquierda o derecha o centro

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