POLITICA Y FARÁNDULA

(Casi candidatos. Foto: Alejandro Benites “Zumba”)

Las posibles presencias de Mario Hart y Alejandro “Zumba” Benites, dos conocidos concursantes de reality shows, en las listas parlamentarias de Alianza Popular y el Partido Nacionalista trajeron a colación un añejo debate: ¿los personajes de la farándula están impedidos de participar en el mundo político?

En términos legales, la cuestión está zanjada. La Constitución no coloca ningún requisito más allá de una edad mínima tope (25 años) para poder postular al Congreso de la República. Queda, por tanto, a criterio de cada partido, llamar a una figura del espectáculo para postular o militar en sus filas.

En segundo término, tradicionalmente la forma como se ha visto al mundo del espectáculo hace que fácilmente se diluya con las artes. Así, muchas veces el compromiso político de figuras como el Jilguero del Huascarán (constituyente en 1979) o Elvira de la Puente, militante y congresista aprista, así como de los actores y músicos que apoyaron el No a la Revocatoria se equipara con la elección sorpresiva de Susy Diaz por el ignoto Movimiento Independiente Agrario en 1995. La proliferación de programas de farándula ha acentuado la diferencia entre las figuras de primera linea del mundo artístico con aquellas que aparecen más en dichos espacios por sus escándalos antes que por su talento (paradójicamente, con la exparlamentaria y vedette a la cabeza), por lo que esta diferencia parece ser más clara ahora.

Así, lo que se critica es, de un lado, la supuesta poca preparación de estos personajes para desempeñar un puesto de representación. El problema es que la mayoría de nuestros parlamentarios tienen grados y títulos académicos y ello no les impide tener los problemas que tienen tanto con el ciudadano como con la justicia en algunos casos. Digamos, los defectos de nuestros congresistas están menos en el cartón y más en sus credenciales éticas o en la comprensión del mundo político. Muchos recién llegados y que, además, con la pobre tasa de reelección, terminan yéndose bastante rápido.

De otro lado, el argumento clave es el aprovechamiento político de estas figuras. Si bien políticos como Javier Barreda han buscado argumentar que la inclusión de Hart se debió a un legítimo afán de conectarse con los sectores juveniles desafectos a la política – lo que, por cierto, no está mal en sí mismo -, lo que se notó tanto en este caso como en el de Zumba era la desesperación por parte de dos candidaturas que no terminan de despegar, por diversos motivos. Antes que el interés en llevar a los tradicionales televidentes de Combate o Esto Es Guerra en edad de votar a dejar la evasión por unos minutos, se notaba la necesidad de jalar votos de donde sea.

Lo curioso es que los partidos que han querido llevar a estas figuras tan apreciadas por los jóvenes ignoran un dato. Con la excepción de Díaz – y probablemente, de Giancarlo Vacchelli en 2011 -, las figuras de farándula no han entrado al Congreso.

Finalmente, como dice Eduardo Adrianzén:

Los affaires de esta semana fueron tan, pero tan reveladores de lo que es hacer política actualmente: cero ideas, cero convicciones. Armar una lista para pichanga es más difícil: por lo menos los hinchas sí tienen algún amor por alguna camiseta, y la defienden. En política peruana ya ni eso se pide, porque la misma opinión pública no las considera importantes. ¿Defender una idea? No te pases, ¡si prácticamente casi todas son iguales! En fin…

Apago el televisor.

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