EL GOBIERNO Y LOS MEDIOS

Hoy Nadine Heredia, vía Twitter, se mandó con las dos siguientes frases, vinculadas directamente con las acusaciones en su contra, dictadas en las últimas semanas:

Tuit 1Fotocopias “hechas”, reportajes sin verificación, dichos de socios movadef, carta astral, hoja de vida, registro d viaje de hnos, todo vale!

Tuit 2Cuando termine todo, me sentare con mis hijos para contarles q es la concentración de medios al servicio de candidaturas. Pruebas en mano.

Soy de las personas que considera que la mejor relación existente entre el gobierno y los medios está en la tirantez. Resulta normal, en toda democracia, que el gobierno se sienta incómodo ante las denuncias periodísticas y que pretenda hacer un control de daños sobre las mismas. Sobre todo, cuando las mismas están bien fundamentadas. Vean un caso reciente en Chile, donde una denuncia de la revista Qué Pasa llevó a la renuncia del hijo de Michelle Bachelet, Sebastián Dávalos, a su cargo en el Poder Ejecutivo, debido a un conflicto de intereses respecto de un préstamo solicitado al Banco de Chile.

El problema es que, actualmente, existen algunos temas que complican una relación que, de por sí, es tirante.

1. La sospecha permanente sobre el gobierno. Ollanta Humala ganó la presidencia a pesar de varios peros en su contra: cercanías al chavismo en el 2006, el caso Madre Mía, un programa original de gobierno en el 2011 que ilusionaba al sector más radical de nuestra izquierda con estatizaciones, una controvertida propuesta sobre Ley de Medios en el mismo documento y, en el fondo, la expectativa que, en algún momento, brinde un zarpazo autoritario. Sospecha alimentada con las propias ambigüedades del gobierno en varios temas, la necesidad de algunos analistas y periodistas de confirmar que “era mejor viciar o votar por Keiko antes que por Humala en el 2011”, el sanbenito aprista de “reelección conyugal”, las denuncias poco esclarecidas sobre varios casos de inconducta o posible corrupción durante los últimos cuatro años. la debilidad del núcleo gobernante y, porque no decirlo, el hecho que Humala no fuera, precisamente, el candidato favorito de los medios de comunicación durante el último proceso electoral presidencial.

2. La sospecha permanente sobre los medios. La campaña del 2011 dejó varios damnificados, entre ellos la credibilidad de la prensa en general que, en su mayoría, se la jugó por una candidata. Como indicó Marco Sifuentes, en el caso de El Comercio, esto costó críticas internas y externas y un bajón en las suscripciones, pero en general la parcialización resultó mal para casi todos. Y si bien desde varios medios – incluyendo algunos vinculados al GEC – han disparado críticas acertadas al gobierno y buenas denuncias, también se ha percibido el uso abusivo del condicional, la publicación de denuncias puestas en “paquete” con direccionalidad política y sin corroboración, fantasmas en columnas de opinión – llamar chavista, a esta altura del partido, a Humala es tan chistoso como denominarlo neoliberal – y hasta el uso de cartas astrales para el debate político. Más aún cuando las legítimas críticas a la misma señora Heredia muchas veces son acompañadas de varias de las expresiones más machistas vistas en los últimos años en la política peruana.

3. Un duo político que no sabe dar explicaciones: Si de algo adolece el matrimonio Humala Heredia es de timing para dar explicaciones y receptibilidad a las críticas. Temas que podrían haber matado a las 48 horas de ocurridos, como el tema de las cuentas de la señora Heredia, publicando todos los documentos vía web o brindando una entrevista donde se aclaren todas o la mayoría de las dudas son mal manejados. Cualquier denuncia es vista como un “capricho que no debemos atender” o que “lo responderemos a su tiempo”. Y cuando el Presidente de la República brinda entrevistas y tiene la oportunidad de aclarar varios temas, la desperdicia con respuestas poco claras.

4. La “concentración de medios” y la posición de Humala sobre el tema. La compra de Epensa por parte de El Comercio ha suscitado tanto una demanda de amparo que está pendiente de resolución como una polémica en torno a lo que será su actuación en la campaña de 2016. Para algunos, la pregunta es esta: “si en el 2011 la posición editorial de los medios de EC y Epensa coincidió contra Humala, ¿harán lo mismo a favor y en contra de un candidato en 2016?”. Y varios periodistas al interior de estos medios son conscientes que este es un tema que tendrán que enfrentar.

Y, para complicar el panorama, el propio Humala, a fines de 2013, dio su opinión sobre el tema, lo que ha enturbiado las relaciones entre el gobierno – cuyos voceros y funcionarios contratados de cuando en cuando sueltan el tema de la concentración como defensa frente a cualquier denuncia – y el GEC, que lo tiene en la mira con mayor fuerza desde aquella declaración.

5. Campaña electoral adelantada: Las denuncias contra Heredia, quien está en el punto más bajo de su popularidad, son obviamente aprovechados por la oposición. Comenta Rosa María Palacios:

La pregunta es ¿por qué el ataque? El liderazgo opositor del Apra y el fujimorismo necesita un antagonista y es probable que tanto García como Fujimori vean a Heredia como un objetivo a demoler más sencillo que su esposo porque la caída de ella no compromete la estabilidad demo­crática. Lo segundo es reducir las posibilidades de la cabeza de lista parlamentaria del nacionalismo el 2016. ¿Funciona? Por ahora, sí.

Y el gobierno, que no es manco, sale a responder en el estilo de Heredia o con las chabacanerías acostumbradas de Urresti o con algunos de sus funcionarios en Twitter tratando de tapar el sol con un dedo frente a cada acusación.

Dicho esto, ¿qué rol le corresponde a ambos actores?

Al gobierno, responder de buen grado las críticas y dudas. Dejar de atribuir a cada acusación la mano del APRA o del fujimorismo – vamos, la misma no estuvo detrás de denuncias serias como el caso Belaúnde Lossio, las aventuras de Chehade en las Brujas de Cachiche o las acusaciones contra Urresti por violaciones de derechos humanos en los 80s -. Salir a explicar cuanto antes cualquier cuestión sobre el patrimonio personal de sus funcionarios y allegados (allí hasta Blanca Rosales fue más viva que Nadine Heredia). Colocar en la congeladora a cualquier funcionario que dedica su tiempo a tuitear al gobierno de denuncias periodísticas (para eso están los ministros). Y no meterse en un tema como el debate sobre la “concentración de medios”, donde su sola palabra enturbia cualquier discusión seria sobre la materia.

Pero vamos, también la prensa tiene que reflexionar sobre su rol en estos años. Si quiere demostrar que hay corrupción en el gobierno, debe demostrarlo con evidencias concretas y no solo con conjeturas. Debe publicar lo que realmente se haya podido comprobar. Debe corroborar cada paquete que llega con evidencia, no solo para demostrar la verdad del mismo, sino también para poder desprenderse en forma más clara de las intenciones de su fuente (poco altruistas en el 95% de casos). Concentrarse más en el análisis a profundidad que en el “periodismo de declaraciones”. Separar la parte editorial de la informativa en campañas electorales. Y no llegar a extremos de frivolización como poner análisis de cosmobiólogos, noticias sobre realitys o notas web destinadas solo al clickbait fijo en el mismo espacio donde se tratan denuncias e informaciones de otro corte.

A ver si ambas partes enmiendan rumbos en esta semana. Pero tengo mis serias dudas al respecto.

(Foto: Alessandro Currarino para El Comercio)

8 thoughts on “EL GOBIERNO Y LOS MEDIOS

  1. Sobre este tema hay mucho por escribir, sin embargo y espero que se siga tocando el tema, me veo en la necesidad de dar mi humilde punto de vista.
    Creo que la pareja ya no les sirve a los grupos de poder, peor si cuando se trata de concesiones no le das la preferencia a un monstruo de la construcción y socio del grupo El Comercio, como es Graña y Montero.
    También creo que cuando llegan elecciones, los grupos de poder se van reacomodando y negociando posibles candidatos porque necesitan seguir acumulando mucho mas sin restricciones en los próximos 5 años, entonces se fabrican encuestas, se entrevistan personajes de ultratumba, se pone en primera plana cuando estornudan, etc, etc.
    Y por ultimo, tambien creo que por todo ese panorama futuro donde las cosas no andan tan bien en Europa y en Brasil, Bolivia, Chile y Uruguay volvieron a ganar las izquierdas y posiblemente lo harán también en Ecuador, Argentina, Venezuela; es indispensable impedir a toda costa la posible aparición de un izquierdoso que ponga en peligro el sacro modelo, por tanto las ganancias y toda esa indignante legislacion a favor de las empresas que precisamente lo obtuvieron gracias a la pareja que hoy desechan; entonces es necesario crear operaciones políticas (concentracion de medios), crear candidatos con alta intención de voto, demoler a posibles izquierdosos que puedan aparecer por ahí. Es decir el mismo juego de siempre, la misma estrategia de siempre y los mismos resultados de siempre. Ellos mismos se crean sus monstruos y ellos mismos no saben como escapar de los mismos. ¿Saben amigos con quien pactó el Presidente Lula Da Silva cuando llegó al poder? No con la prensa sino los blogueros.
    Por cierto, estaré presente con mi familia en la marcha contra la tv basura.

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  2. si todos tomáramos conciencia a la hora de votar no estariamos viendo ni viviendo estos tristes espectaculos politiqueros. Los tres últimos gobiernos son producto de vota en contra de alguien… nunca por una propuesta política clara, con tal que no salga x o y voto por el opositor… Lo cierto es que le resultó andar derecho a alguien.

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  3. El Comercio, Peru21 y Caretas no critican a Alan García por nada del mundo. Muy a pesar de que García comete un grave error de apreciación histórica y realismo al extremar posturas opositoras frente al actual gobierno.

    No solo porque su condcuta injustificada –este gobierno podrá ser para él y muchos peruanos mediocre, pero no hay evidencia alguna de que sea regentado por una mafia corrupta ni por núcleos autoritarios embarcados en una destrucción democrática– sino porque va a recibir respuesta, y esta sí va a estar provista de verdad, basada en hechos que Alan García no puede negar sí sucedieron y son inexpugnablemente graves, así como reincidentes. Las denuncias sobre actos de corrución contra él no son invenciones de sus adversarios; los casos BCCI, Villa Coca, Zanetti, el Frontón, Narcoindultos, Essalud, Crisol/MinEdu, Petroaudios, Business Track, Forsur y Collique todos sucedieron y están directamente vinculados a su persona. ¿Quién en su sano juicio, por ejemplo, puede negar que el líder aprista firmó con su propio puño y letra los indultos de más de 500 presos condenados por casos de narcotráfico agravado y, aparte, que él ni siquiera ha querido aceptar que cayó por lo menos un descriterio gravísimo? La autocrítica no es precisamente su fuerte, ni el de su partido.

    Manipular todos los contactos judiciales, fiscales, mediáticos y gremiales a su disposición para jaquear a Ollanta Humala solo se justificaría si estuviésemos en medio de una crisis institucional que amenazase con llevar al abismo al país, como la que él ocasionó en su primer gobierno, condición que evidentemente no ocurre ahora. De la misma manera, enarbolar el argumento de que la Megacomisión que justificadamente lo investigó humilló su investidura presidencial y que ello justifica su desquiciada venganza, es una aberración que solo un narcisismo vengativo y soberbio puede explicar.

    Cabe anotar, como razón adicional contra tal maquiavélica manifestación y egocéntrica estrategia, que el escenario beligerante diseñado reiterando viejos rituales partidarios, se despliega, además, frente a un gobierno que no es manco y sabe responder.
    APRA pudo cosechar frutos de su agenda desestabilizadora. Vamos, el APRA prefirió unirse al odriísmo (su más acérrimo
    No estamos en una situación parecida a la que sucedió cuando un aprismo enceguecido al extremo de la conspiración ante derrotas electorales limpias y contundentes, la emprendió contra Fernando Belaunde, tanto en su primer como segundo gobierno ni tampoco a lo sucedido durante la gestión de Alejandro Toledo, durante en la cual Jorge del Castillo condujo la polarización a niveles irracionales, pretendiendo incluso llegar hasta la vacancia presidencial, todo bajo su turbio titiritereo detrás del telón.

    Ambos casos, los de Belaunde y Toledo, fueron gobiernos azotados por sus propias torpezas y poca voluntad para contratacar con la verdad de su lado. A partir de esas dos falencias el enemigo, el APRA cosech frutos para alimentar su agenda desestabilizadora. Vamos, prefiri unirse al odriísmo (su acérrimo archi-enemigo) y provocar una dictadura que aceptar su fracaso electoral. ¿Hay algo más antidemocrático que esta posición?

    Este no es un gobierno carente de recursos, ni temeroso. Ollanta Humala mantiene, además, respetables índices de aprobación (alrededor del 30%). Si bien no se advierten riesgos de que se Humala quiera patear el tablero como lo hizo Alberto Fujimori cuando sintió que el APRA lo quería maniatar, es menester advertir los peligros para el Perú que conlleva una conducta opositora pueril e irresponsable como la que Alan García insiste majaderamente en demostrar. Esta actitud deja bien en claro que es mejor que él, su cúpula, su corrupción y su partido queden fuera del poder en el 2016; no porque el humalismo haya dado mejores resultados que el segundo mandato presidencial alanista, sino por una razón de principios: este no ha sido un gobierno mafioso.

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  4. El grupo El Comercio es feroz opositor de Humala y no tiene reparos en recurrir a “astrólogos” para sustentar reportajes, lo cual ya es un nivel patético en la prensa. Y claro está que al aprismo lo aprovecha al máximo: saben que la única forma de parar las denuncias graves contra Alan García es formando gobierno como sea el 2016, y los apristas son grandes aficionados a las tácticas mentirosas, a torcer la verdad y engañar al pueblo…recuérdese como entre el 2001-2006 luchaban diariamente para que el gobierno de Toledo sea destituido y entronizar a Alan García en la presidencia, insinuando hasta una revuelta civil si fuera preciso para cumplir el capricho de su jefe.
    Pero inclusive sin “grupo concentrador” en contra, el duo Humala-Heredia muestra conductas absurdas que desmerecen un trabajo serio de gobierno.
    La negativa de OH a dar explicaciones, y la orden de “no distraerse en idioteces” es muy útil ante 50 reclutas en el Fuerte Arica de Locumba, pero le duele a OH entender que esa situación de ventaja no la tiene ante 30 millones de peruanos (y que el Perú no es el Fuerte Arica pues): entre esos 30 millones hay enemigos, ambiciosos, angurirentos, puñaleros…y la solución no pasa por un par de carajeadas contra la prensa. Eso es insuficiente.
    Y me da risa escuchar las teorias conspiranoicas de OH y su esposa sobre una “operación para desestabilizar al régimen” cuando entre el 2006-2011 Humala y su grupo lanzaban cada semana la idea de vacar a Alan García, patrocinaban mineros ilegales, auspiciaban cocaleros, y se metían en cuanta marcha, mítin, o desagravio se lanzara contra el régimen. Ya pues…ahora Humala-Heredia no sabe como reaccionar hábilmente ante sus rivales pues no adivinaron lo precario de sus bases y lo frágil de sus alianzas.

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  5. Con Alan Garcia (el alanismo masonico); el extremismo de la ultra derecha; la inseguridad ciudadana y el indice de criminalidad; la corrupcion estatal y corporativa; la concentracion de medios; el fujimontesinismo; el cachaquismo antidemocratico, inutil, abusivo y ladron; el elitismo; el chisme y la mentira; y la fuerte tendencia a la submission, la cobardia y el conformismo que tenemos los peruanos hay solo una cosa que hacer…jalar de una vez por todas la cadena del water y ¡¡¡ZAS!!! se acabo el problema para siempre.

    Tomemos la decision.

    Depende solo de nosotros.

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  6. (Escribe: Gustavo Gorriti)

    Veamos ahora la geografía del Linchaysuyo donde se prepara la ejecución conyugal.

    Lo primero que llama la atención es la obvia insinceridad y la patente estridencia en buena parte de las investigaciones publicadas. Hay algunas, debo repetirlo, que están basadas en hechos (como las que ha sacado Hildebrandt en sus Trece) y que, como tales, son no solo legítimas sino necesarias.

    Pero, desde el canal de Schutz hasta una periodista que habla, escribe y piensa como si viviera en un perpetuo té de tías, la animosidad, distorsión y mala fe son más que evidentes. Y se van enardeciendo conforme el Presidente y su esposa callan, balbucean o actúan con los deslumbrados reflejos de un herbívoro en autopista.

    ¿Savonarolas que demandan irreductibles durezas contra la corrupción? ¡Por favor! Si algo hay de evidente en esta campaña es que darle y darle ad nauseam a las soluciones capilares y a la palma aceitera han servido para borrar del radar toda referencia (y toda investigación) a las graves cutras del regímen de García, unas pocas de Toledo, y, muy por encima de ellas dos, las de la cleptocracia fujimontesinista.

    Ahí está el fondo del asunto. Buena parte de quienes azuzan los ataques sachainvestigativos contra Ollanta Humala y Nadine Heredia son gente que apoyó activamente al fujimorismo en las pasadas elecciones. Donde, pese a la inmensa inversión y esfuerzo que pusieron, terminaron perdiendo. Su derrota fue, por supuesto, la victoria y la sobrevivencia de la democracia.

    Ollanta Humala, quien fue el 2006 un peligro felizmente conjurado contra la democracia (fue entonces el candidato del chavismo), había cambiado lo suficiente el 2011 como para que su juramento de lealtad a la democracia tuviera fuerza, basamento y credibilidad. Humala ha sido un presidente demócrata, como lo fueron Toledo y García. Pero, si se hace una comparación detallada de criterios de gobernabilidad democrática, Humala superará sin problemas a García. ¿Se animan a comparar?

    Además, pese a su inexperiencia y a la mala organización ejecutiva de la presidencia de la República, Humala ha tenido algunos éxitos que eludieron a sus predecesores. La victoria contra Sendero Luminoso en el Huallaga y los duros (aunque no definitivos) golpes asestados al SL-VRAE, fueron logros de importancia estratégica, que mejoraron claramente la seguridad interna del país.

    Es verdad que la seguridad ciudadana no ha progresado y que en varios aspectos se ha deteriorado. Pero aún así está mejor que en la época de García, donde fue un verdadero desastre (excepto el trabajo de unas pocas unidades especializadas). Incluso el modesto crecimiento (2,3%) de la economía el año pasado, que los manejadores de opinión pública pintan como el apocalipsis, es claramente superior al 0,9% que tuvo García en 2009, sin que le suscitara entonces ni siquiera un susurro de alarma a aquellos y menos un intento de vacancia presidencial extremista con el que comandó Jorge del Castillo, con García, sin ninguna duda, dirigiéndolo detrás del telón.

    Cuando uno ve campañas de demolición y encubrimiento mal disfrazadas de investigaciones, queda preguntarse cuál es el objetivo. ¿Acaso Humala –como escribí en mi último artículo del 2014– no dio todo lo que pedía el empresariado naranja desde fines de 2011?

    Creo que los oligarcas nunca dejaron de desconfiar de Humala y de Nadine Heredia. Teniendo el control casi total de medios, su estrategia fue mantener al Presidente “permanentemente ansioso, caminando sobre la punta de los pies, para que las decisiones centrales en la economía llevaran a las previsibles salidas supuestamente ‘pragmáticas’”. Y también a la inevitable erosión del capital político de Humala.

    ¿Cómo afecta eso la estabilidad democrática del país? Los claros ganadores del desmantelamiento de la gobernabilidad de este régimen son Alan García y el fujimorismo. ¿Es eso bueno o útil para la democracia? Con seguridad que no.

    La campaña ha empezado temprano y ciertamente habrá muchas vueltas de tuerca en los meses siguientes. Por lo pronto, en lo que concierne a investigaciones sobre corrupción, hay que hacer que continúen y lleguen al más revelador resultado posible, velando por su honestidad intelectual e impidiendo que se conviertan en arma de encubrimiento de bribones.

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