LA CAIDA DEL PULPIN

El Congreso aprobó ayer la derogatoria de la Ley Laboral Juvenil. Y ahora pasa para que el Poder Ejecutivo la promulgue u observe. O que simplemente no la firme para que sea la presidenta del Congreso que lo haga.

Más allá de lo formal, creo que hay tres cuestiones a anotar en torno al debate sobre esta controvertida norma.

a) Existe ya un agotamiento de la fórmula que se basa estrictamente en lo que se llama “flexibilidad laboral” y que para muchos implica el recorte de derechos laborales. Los hijos de quienes, por razones de la crisis económica de los años 80, sufrieron los cambios de la legislación laboral justamente no quieren pasar por lo que sus padres pasaron. Aspiran a lo que se encuentra consagrado en el régimen laboral general. Y eso es algo que los políticos y sobre todo los tecnócratas deberán tener en cuenta. Eso no quiere decir que no haya cuestiones por debatir en temas de flexibilidad (quizás el tema del despido entre en esta discusión).

b) Ello implica que el debate sobre temas laborales e informalidad vaya más allá del tema “sobrecostos – derechos”. Cuestiones como productividad, competitividad, reglas tributarias, fomento de la capacitación y fiscalización del cumplimiento de las normas laborales han comenzado a entrar, tímidamente, en debate. Por que ojo, el tema no solo es de los jóvenes, sino de tanto trabajador que pasa por “locación de servicios” o “contrato a plazo fijo” para no darle todos los derechos.

c) Es cierto que existen algunos regímenes laborales especiales en razón de la naturaleza del trabajo. Sin embargo, esta debe ser la oportunidad para discutir una Ley General del Trabajo que zanje de una vez por todas el debate existente. Y allí probablemente se tendrá que llegar a una fórmula de transacción.

En lo político, no hay ganadores, con excepción de los jóvenes que salieron a marchar. Sin duda, el gobierno es el que pierde más (hasta su vicepresidenta votó a favor de la derogatoria), pero ni el APRA (que propuso una norma similar en 2011) ni el fujimorismo (campeón invicto en abusos laborales) pueden atribuirse una victoria. La gran interrogante es si esta energía juvenil logrará articular algo nuevo o, como en otras ocasiones, simplemente será flor de un día.

MAS SOBRE EL TEMA:

Augusto Álvarez Rodrich: Respuesta a una derrota estridente

Fernando Vivas: Reglaje, pasa; “ley pulpín”, no pasa

Carlos Meléndez: ¿Qué se siente tecnócrata?

(Foto: El Comercio)

3 thoughts on “LA CAIDA DEL PULPIN

  1. Lo malo es este país que se dice “demócrata” existen entre el sector publico y privado mas de 40 regímenes laborales cada uno con sistema de remuneraciones y otras cosas. ¿Es posible esta desesperante desigualdad en un país que quiere salir del subdesarrollo? ¿quien podrá hacer algo al respecto? ¿SERVIR? ¿El MEF? ¿algún candidato de estos que la prensa concentrada nos pone en las narices todos los días? Difícil.
    A ese cambio debemos apuntar la sociedad en su conjunto.

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