MML: TRANSICION COMPLICADA

En medio de las protestas por la Ley Laboral Juvenil – frente a las cuales, aparentemente, el gobierno buscaría ceder en algunos puntos para evitar que la norma se derogue – y las apariciones mediáticas del ministro del Interior, ha pasado algo desapercibida la forma en cómo se viene afrontando la transición del gobierno municipal en Lima.

Al culminar el gobierno de Susana Villarán, se puede concluir que nos encontramos ante una gestión regular, con varios aciertos y también varias deudas. Entre los primeros, se encuentra el inicio de la reforma del transporte público, el desalojo de La Parada y una mejor puesta en valor del Mercado de Santa Anita, un programa como Barrio Mio que mejoró el programa de escaleras de Luis Castañeda Lossio, una política cultural sin precedentes en la ciudad, continuidad en la política de mejora de los parques zonales y la concesión de grandes obras para la ciudad  (o la mejora en las condiciones de las mismas, como ocurrió con Vía Parque Rímac). Entre las segundas, un manejo político y comunicacional que nunca pudo terminar de entender las necesidades y demandas de los limeños, la falta de atención a los problemas de tránsito generados en Barranco, las pocas explicaciones sobre las demoras en las obras del Túnel Santa Rosa – hoy se sabe que el origen de las demoras estuvo en un error de diseño de parte de la administración Castañeda (pregúntenle a la gente de Graña y Montero) -, demoras en algunas obras (Costa Verde Sur es el más claro ejemplo), se percibió la presencia de más ambulantes en el Centro y solo en el último año de gestión se han dedicado más a este tema (gracias a Susel Paredes) y poner la arena en la playa La Herradura fue un perjuicio más que un buen remate de una obra.  Y aún deja pendiente el tema del mercado minorista de Tierra Prometida.

Pero más allá de este balance de la gestión saliente, lo cierto es que la transición enfrenta varios escollos complicados.

De un lado, queda claro que Luis Castañeda Lossio ya ha logrado atraer a algunos de sus otrora contrincantes. Es sintomático que Fernán Altuve y Jaime Salinas estén interviniendo en el equipo de transición del nuevo alcalde. De allí que ahora se vuelva más importante un posible acercamiento entre el APRA y Diálogo Vecinal para contar con una oposición en serio dentro del Concejo Metropolitano.

Asimismo, han quedado claras las diferencias sobre manejo de presupuesto entre ambas gestiones. Desde Solidaridad Nacional se ha dicho que la Municipalidad Metropolitana de Lima se encuentra quebrada, que se deben despedir a varios trabajadores CAS y que el gasto en inversión pública es bastante pobre. Mientras que la gestión Villarán ha respondido con cifras en el Concejo Metropolitano, ha indicado que hay servicios esenciales que requieren a trabajadores que no se pueden despedir y que el gasto en inversión pública se incrementa a lo largo del año en cada ejercicio presupuestal.

En una posición intermedia, el regidor del PPC Alberto Valenzuela hizo las siguientes precisiones en Perú.21:

Y en el caso del mandato de Susana Villarán, así como hay un gasto excesivo en lo administrativo, también hay que reconocer que existe un gasto que va para pagar las planillas de personal que cumple una labor en las calles, como los inspectores de transporte urbano, los serenos y otros. Hay que diferenciar esos dos gastos corrientes porque algunos sectores podrían quedar desatendidos con los despidos previstos por la nueva gestión.

Por una posición política, se corre el riesgo de que Lima vuelva a tener una administración que pretenda hacer todo de nuevo, como si ya no existieran determinados avances.

Hasta el momento, más allá de las críticas, se desconocen los planes de Castañeda y Solidaridad Nacional para la comuna limeña, porque del anuncio del monorriel no se ha pasado. Empezarán despidiendo gente, pero no se sabe cuáles son sus planes para la ciudad.

Y este es el principal problema. Más allá del consabido lema sobre el regreso de las obras, no se conoce cuales son los planes de Castañeda para Lima. Con un plan de gobierno paupérrimo – desnudado desde algunos medios así como por candidatos como Enrique Cornejo -, sin una visión clara de la ciudad, hasta el momento los voceros del alcalde (que no se ha mostrado en ninguna actividad de la transición) no han indicado que quieren hacer con la ciudad. E incluso son desmentidos por quienes han sido críticos de la gestión, como Valenzuela, en cuestiones básicas como el monto en soles de los proyectos aprobados para la ciudad. Medio en broma, medio en serio, desde este blog hemos señalado que las obras que Castañeda podrá inaugurar el primer año son aquellas que Villarán ha dejado ya encaminadas.

En apenas cuatro días, el señor Castañeda asumirá el mando de la ciudad, gracias a la voluntad popular. Sin embargo, hasta ahora no nos explicita que es lo que hará, que obras realizará, que políticas priorizará y si continuará lo más importante del legado de su antecesora. Peor aún, no aclara si es que las declaraciones de sus cheerleaders no son más que el pretexto perfecto para declarar a la Municipalidad Metropolitana de Lima en emergencia, a fin de evitar que determinados procesos de licitación y adjudicación de bienes y servicios pasen por la vigilancia del Organismo Supervisor de Contrataciones del Estado. Es hora que se deje de lado el silencio y se pase a las aclaraciones. Y, claro está, los medios que fiscalizaron con rigor a la gestión Villarán deberían tener la misma vara de medición con el alcalde entrante.

(Foto: La República)

3 thoughts on “MML: TRANSICION COMPLICADA

  1. Cuando leí en el segundo párrafo que ¨nos encontramos ante una gestión regular¨, me sorprendí. Asi como el APRA dice que no fue malo su 1er gobierno, la izquierda ahora dice lo mismo de Villaran. Pero para el resto de la población es todo lo contrario.

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  2. Asu. Susy remeda los malos modos de Alan García. Ahora los susanitos hablan de “error comunicacional para entender las necesidades de los pobladores” para no confesar su idea base: “me importa un pepino lo que opinen sectores C, D y E: Somos regios”. Triste pero la delirante soberbia de Susana (y Glave, y Zegarra) donde “nunca erramos, ni podemos errar” parece seguir en acción. Las obras inconclusas y la tenaz negativa a dar explicaciones sigue siendo un lema recurrente hasta los últimos días de la gestión actual. Ya sabemos que Castañeda Lossio entra con las peores credenciales, pero eso no basta para “santificar” a Susy; la ineficiencia y el desprecio a las masas suelen girar dolorosas facturas políticas y así lo muestra ese 10% de votos del 5 de octubre (salvo que los susanitos acusen de “rateros pestiferos e incultos” al 90% que no votó por Villarán, como fue tendencia en redes sociales).

    Confieso que hasta después de la revocatoria tenía esperanzas que la administración actual entienda el mensaje de las masas y empiece a tomarse en serio su trabajo, pero me equivoqué. Por eso preferí viciar mi voto antes que colaborar a ojos cerrados con Villarán. Una cosa es tener simpatías por un programa (más allá de las personas) y otra cosa es avalar la soberbia y negarme a pensar.

    Ahora llega Castañeda Lossio. ¡Pobre Lima! (no lo digo por sus votantes, lo digo por la ciudad)

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