COALICIONES DE INDEPENDIENTES

Este ha sido un año en el que los gobiernos subnacionales – regionales y municipales – han constituido uno de los ejes centrales de la discusión pública. No solo por el proceso electoral del 5 de octubre (y que, en algunas regiones, tendrá una segunda vuelta), sino también por los casos de corrupción que involucran a varios presidentes regionales, hechos que han evidenciado tanto problemas en los mecanismos de control, como la forma en la que se viene haciendo política en torno a estos niveles del Estado.

Mauricio Zavaleta acaba de publicar Coaliciones de Independientes (Lima, IEP, 2014), texto que considero fundamental para dar respuesta a una pregunta que viene rondando en la cabeza de los científicos sociales – especialmente, los politólogos – desde hace algunos años. Si el Perú no tiene un sistema de partidos consolidado (o se discute su propia existencia), ¿cuáles son las organizaciones políticas realmente existentes en el país, sobre todo, en los niveles regionales y municipales?

Sin perder la rigurosidad académica y contando con una metodología clara, Zavaleta nos presenta una hipótesis constatable en la realidad. En nuestro país, la política regional y local se articula a través de coaliciones poco estables de políticos para un fin exclusivo: acceder a un cargo público. No existe una línea programática e ideológica entre ellos y lo que los hermana es la capacidad de poder obtener recursos y/o reducir costos para poder afrontar con éxito las campañas políticas.

Prima la presencia de un líder carísmático capaz de articular un emprendimiento político, candidatos atractivos en las diversas provincias, operadores bajo alquiler (que varía dependiendo de la región o del tamaño de la circunscripción), empresas (generalmente vinculadas a los líderes de estas coaliciones) que aportan la logística económica y medios de comunicación (sobre todo radios) para difundir sus mensajes, sean propuestas o contracampañas contra sus opositores.

¿Existen excepciones a esta regla? Sí. Zavaleta da cuenta de la existencia de algunas agrupaciones en determinadas regiones que tienen un nivel algo más alto de sofisticación por determinadas circunstancias. Sea por la poca comunicación intrarregional (Nueva Amazonía en San Martín) o por la presencia de un partido nacional fuerte (Alianza Para el Progreso en La Libertad como alternativa al APRA), se cuenta con mayores incentivos para contar con organizaciones algo más duraderas. Sin embargo, el autor no se arriesga en llamarlos partidos consolidados, debido a que cuentan con importantes limitaciones tanto para dar un paso más allá en lo nacional, como por la dependencia de un líder carismático que no tiene posibles reemplazos.

¿Dónde se encuentra lo más valioso de la publicación? Creo yo que existen varios méritos. Uno es el ya anotado por Eduardo Dargent: Coaliciones de Independientes logra darle nombre, forma y descripción a un fenómeno que sólo veíamos fragmentariamente o a través de otras categorías. Finalmente se cuenta con un concepto a través del cual podemos definir, en términos reales, cómo se hace política en el Perú a nivel subnacional. Y ojo, no solo a ese nivel. Al final del libro Zavaleta da cuenta sobre cómo los líderes de estas coaliciones – sobre todo, los que quedaron en segundo lugar – son vistos como atractivos por los partidos (o membretes) nacionales, con miras a armar las listas al Congreso en todo el país. Veamos nomás como se conformaron las listas parlamentarias del Partido Nacionalista, Fuerza Popular o Perú Posible y varios nombres que aparecen en esta publicación se repiten.

En segundo lugar, nos da cuenta sobre los retos para los partidos nacionales o que desean tener mayor capacidad de organización. Zavaleta no solo cuenta casos “exitosos”, sino también muestra como aún resulta difícil construir una institución partidaria nacional a partir de movimientos o coaliciones regionales. El caso del Partido Democrático Fuerza Social es el mayor ejemplo que aún no se logra esa conjunción y que, por el momento, este tipo de liderazgos no pueden dar el salto hacia la cancha nacional en forma independiente. Y lo mismo ocurre con aquellas agrupaciones con mayor capacidad de organización en Lima que no pueden ganar en el interior del país.

Finalmente, y aunque no es el tema del libro de Zavaleta, el panorama presentado nos muestra cuáles son algunas de las causas que nos han llevado a casos como los de César Álvarez. La respuesta no solo se encuentra en la carencia de controles institucionales, las fallas en el sistema de justicia o la codicia de autoridades y empresarios por hacer negocios a costa del erario nacional. También se produce porque existen fuertes incentivos para no tener organizaciones consolidadas: dos operadores, un par de programas de radio, una fuerte inversión empresarial y la inexistencia de una idea fija de nación o región en estas agrupaciones lleva, literalmente, a cualquier persona a tentar cargos importantes, con literalmente cualquier interés financiando la campaña y con cualquier periodista alquilando su posición política al mejor postor.

El autor cumple, finalmente, en describirnos los síntomas. Queda en manos de nosotros idear las soluciones. Estamos ante un trabajo imprescindible para entender la política peruana de hoy.

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