QUIEBRE OFICIALISTA

Ayer se consumó un nuevo quiebre en el oficialismo. 6 parlamentarios hicieron oficial su salida de Gana Perú. Y con ello – mas las divisiones de posiciones en otras bancadas – la elección del nuevo (o nueva) presidente del Congreso, a realizarse mañana, estará al rojo vivo.

La lista es encabezada por Esther Saavedra, cuya trayectoria disidente fue reseñada en este blog la semana pasada. Se sumaron a ella parlamentarios que ya tenían, desde hace buen tiempo, distancias frente al oficialismo, como Natalie Condori, Justiniano Apaza y Claudia Coari. Sí han sorprendido las salidas de Juan Pari, exmiembro de la Megacomisión, y de Amado Romero, cuestionado por sus posibles vínculos con la minería ilegal en Madre de Dios.

¿Por qué se ha producido este quiebre? Se han acumulado varios factores.

Para empezar, el gobierno nunca pudo dar una explicación suficiente, tanto a sus electores originales como a sus parlamentarios, sobre un viraje que fue más allá de la Hoja de Ruta. Muchos de los desencuentros que ha tenido dentro y fuera del partido se han debido precisamente a esta mezcla de soberbia, desidia y pobre comunicación para señalar las razones para su cambio. Es parte de algo que se llama política.

En segundo lugar, ha ocurrido una situación que ya le ha pasado a Toledo durante el periodo 2001 – 2006: el descontento de los congresistas que vienen fuera de Lima por no ser tomados en cuenta para la entrega de presidencias de comisión y vocerías. Cierto es que congresistas provincianos (Isla, Otárola, Solórzano) han ocupado puestos importantes dentro del Congreso, pero varios de ellos son parlamentarios reelectos o que tienen cercanía a la pareja presidencial.

En tercer lugar, el sueño de la casa propia parlamentaria. Tener una bancada propia implica acceso a presidencias de comisión, un puesto en la Junta de Portavoces y en la Comisión Permanente. Y, en un Congreso que – como anticipa Augusto Álvarez Rodrich – va a ser caótico por la disparidad de bancadas (fenómeno común a los tres últimos periodos parlamentarios en su cuarto año), el grupo parlamentario propio brinda capacidad de negociación.

Finalmente, la razón central se encuentra en el pobre manejo que Palacio de Gobierno ha dado a su relación con la bancada oficialista. Al inicio del periodo parlamentario, las quejas eran constantes por las pocas reuniones entre Humala y los congresistas de su partido. Si bien esta situación fue enmendándose de a pocos, nunca se pudo superar el entendimiento que la bancada debía ser algo más que la mesa de partes del Ejecutivo. Y, del otro lado, en algunas materias económicas, varias medidas del gobierno fueron desnaturalizadas (como el ingreso de los independientes a las AFPs, gracias Jaime Delgado).

Ahora se puede entender por qué el gobierno deberá bregar hasta las primeras horas de mañana para que Ana María Solórzano pueda encabezar la mesa directiva del Congreso para el siguiente año.

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